Hellow, Kittys :3 ¿Cómo están? Yo estresada. Tengo prueba mañana y lloraré... por lo menos se viene un fin de semana largo y espero poder avanzar con el capítulo siete del fanfic ya que no he hecho nada y se están acercando ;-;
No recordaba de qué era este capítulo y mientras volvia a poner los guiones fue como "Aww, este era! Es tan adhakdha" Ojalá lo disfruten tanto como yo cuando lo imaginaba xD
Mmm... Más notas, notas, notas... Nop. Salvo que: Hiyaku eres maravillosa. Te amo u/u casemonos(?) Amo tus comentarios. Me haces feliz. Esto es para ti y sí, me encanta la invasión de Personal space, es sexy! y tratar a Bucky como Buckitty. Oh. Bucky.. Con orejitas akdhajhd. Estoy segura hare un fanfic OmegaVerse con Bucky gato. Es mi sueño xD
Besitos!
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Capítulo 4
"Han pasado los años y aún es una perdida lamentable. No solo para nosotros sus amigos, sino para cualquiera que lo haya conocido… él, él fue un muy buen hombre. Se perdió un gran soldado ese día… se perdió un gran héroe. El Sarge era muy dinámico. Nunca fue como los otros soldados. Él tenía una gran autonomía. Claro, también sabía acatar órdenes y cumplía muy bien, pero lo que más lo caracterizaba era eso de llevar la contraria (risas) Sobretodo al Cap. Siempre discutían por cualquier cosa." Timothy Aloysius Cadwallader (Dum Dum Dugan)
Gracias al desastre con HYDRA creciendo a la sombra de SHIELD y el útil regalo de Stark junto al wifi gratis le permitieron pasar días enteros investigando. Los archivos secretos y ultra secretos ahora son públicos y están al acceso de todos en internet, auspiciados, digitalizados y custodiados por el Archivo Nacional de los Estados Unidos.
Al Soldado de Invierno no le son desconocidas estas herramientas, después de todo en cada despertar para una nueva misión debió familiarizarse en tiempo record con la nueva tecnología de época para lograr un trabajo más óptimo. Utilizar estos mismos conocimientos para investigar a alguien tan público como lo es James Buchanan Barnes es la tarea más fácil que se ha impuesto.
Curiosa e irónicamente descubre que SHIELD cuenta a Bucky Barnes como el primer miembro caído en el frente de batalla perteneciente a la organización. Seguramente eso fue idea de Peggy.
El segundo caído era Steve.
"Recuerdo… (risas) Recuerdo una vez que estábamos infiltrados y como nunca el Capitán había dejado al Sarge ir al frente. Era algo pequeño, pero se activó una alarma y todo se fue al diablo. Recuerdo que ni siquiera llegue a pensar cuando el Sarge me tomó y nos lanzó dentro de unas cajas. Yo caí y el Sarge sobre mí. Fue una posición terrible. Nada recomendable (más risas) Estuvimos así como una hora y apenas podíamos respirar así que el Sarge se puso rojísimo. Entonces de la nada apareció Frenchie buscándonos, y dijo algo como "Es como encontrar a mamá engañando a papá. Qué asco"… (risas de los comando) Al final entre los tres decidimos mantener el secreto hasta ahora. Es divertido recordar eso… El Sarge tenía un gran sentido del humor." Gabriel (Gabe) Jones.
El Soldado puede imaginarse la escena, pero no puede entender qué es lo gracioso del asunto. Asume que Bucky se hubiera reído al leerlo.
Por las fotografías no recuerda ni a Gabe Jones ni a Dum Dum, ni a nadie aparte de a Steve. Pero hay uno del que recuerda la voz y puede reconocer el acento parisino en ella. Cree haber tenido largas conversaciones con él aunque no recuerda su contenido.
"A mis nietos les gusta jugar a los Comando Aulladores. Creo que es un juego común entre niños. Siempre tienen problemas para decidir quién será Capitán América. Todos quieren serlo. Pero elegir al Sargento Barnes… ¡Uf! Eso es trabajo (suspiro) Nadie se atreve a tomar su papel si lo conoce bien. Y mis nietos lo hacen. Y es que ¿Cómo podrían?... ¿Quién se atrevería a ser el superhéroe de un superhéroe?" James (Jim) Morita.
No es bueno reconociendo emociones, pero tiene claro que esas palabras le incomodan. Se frustra y le dan ganas de no seguir leyendo.
Ha intentado encontrarse a sí mismo en los testimonios que hay del Sargento Barnes, pero le cuesta creer que él fue en algún momento alguien así de grandioso y bueno, tal cual lo describen. También tiene en cuenta el hecho de que cuando alguien muere las personas a su alrededor tienen a destacar y engrandecer sus virtudes, olvidan sus errores, pero incluso así… no es él.
Esas descripciones no encajan con la profunda pena y la angustia que le traen sus recuerdos. La soledad que siente arraigada en el interior de Bucky Barnes como único hijo hombre de su familia, sobreprotector y leal.
Pasan algunos minutos en donde bloquea la pantalla del celular y se queda en silencio mirando el techo difuso. Según recuerda son las tres veinticinco de la mañana.
Perdió la cuenta de cuantos días lleva sin dormir más de dos hora de corrido. Sabe la causa y sabe cómo remediarlo, pero no quiere volver con Steve y fingir que nada ha pasado, seria hipócrita. También lo es decir que no le hace falta, pero el sentimiento de culpa es más poderoso que su necesidad por él.
Su pared sigue agrietada como prueba del conflicto que tuvieron. Junto a eso, en vez de tener presente el impacto de su mano contra el escudo lo primero que se le viene a la mente es el calor del cuerpo del supersoldado. Cierra los ojos y piensa en eso.
Le gusta pensar en eso, lo ayuda a dormir.
Al salir de la habitación, veinticinco para las seis, sin querer se topa con Sam quien se está amarrando las zapatillas deportivas en la sala y se detiene en seco en medio de la oscuridad.
Lo ve acomodarse las agujetas y comprobar su comodidad golpeando un poco la punta del calzado. Sonríe para sí mismo y mueve los hombros para destensarse al igual que la cabeza, entonces se gira en su dirección porque parece haber olvidado algo y cuando le ve suelta un grito y una grosería escandalosa.
-¡Con un demonio, Barnes! Me haz asustado—alega como si fuera culpa suya lo cual le causa un poco de gracia—Eres demasiado silencioso para mi salud.
Sam le agrada, puede reconocerlo. Sabe que es así porque al igual que con Steve no puede ser indiferente con él. Su forma de hablarle le agrada. No le trata como a un extraño y aunque también se han enfrentado tampoco lo hace con miedo por haberle roto un ala lanzándolo a su suerte al vacío. Le conversa como a un igual, su sonrisa es cálida y le gusta, al igual que su timbre de voz que es demasiado simpático para ignorar, además… además está el hecho de que él cuida de Steve y de algún modo eso lo hace difícil de ignorar.
Lo ve ladear un poco la cabeza mientras se mueve hacia la cocina y le sigue. Bucky busca comida, enciende la cafetera y agrega pan al tostador.
-Dos más, por favor—escucha la voz de Sam bastante cerca desde una de las sillas y James no tiene más opción que sumar una ración a lo que prepara.
Cuando se sienta a comer con él por mera cortesía éste devora su pan y le comenta que ha quedado preciso. No comprende por qué lo hace ya que es el aparato quien lo tuesta, pero de todos modos asiente.
-¿Qué tal haz dormido? Es algo temprano para que te levantes—le comenta luego de beber algo de café.
Aun ni siquiera ha amanecido. Están comiendo casi a oscuras.
-Tú ya te levantaste.
Sam se mira como si no lo hubiera notado y le sonríe con soltura.
-Es porque iré a la sala de entrenamiento. A esta hora esta vacía. Tengo la costumbre de ir a correr en las mañanas, pero aquí entre nos…—se inclina hacia él y no está seguro de cómo lo logra, pero se ve imitándolo sin pensar—…Aquí alrededor es un poco feo. Todo lleno de edificios y calles y más calles. No le digas a Tony que dije eso capaz y me clausure la entrada. Pero es que cerca de mi casa hay áreas verdes y mucho pasto y está el Capitulo entonces la vista es increíble. Te dan verdaderas ganas de ir a correr, no como aquí todo asfixiado.
Se esfuerza por entender y cree lograrlo, un poco al menos. Sam es de hablar rápido cuando se emociona y sus cambios de ritmo al subir o bajar el volumen lo hacen perderse en ocasiones. Lo mismo le pasa con sus manos en constante movimiento.
Asiente lentamente. Sabe que a la gente le gusta eso.
-Y no pienses nada, no es una queja. O sea sí, pero no como crees—le corrige casi tan emocionado como si le hubiera contestado algo de vuelta—No soy malagradecido. Es genial tener todo a tu alcance con solo llegar al ascensor, pero amigo, sea Torre Stark o no, a esto le falta área verde. Un arbolito, una maceta que sea.
No se había dado cuenta de que tiene un asomo de sonrisa hasta que ambos se quedan en silencio y Sam corresponde al gesto. Toman café en silencio y su sonrisa desaparece casi al segundo siguiente de nacer.
-¿Y tú?—su voz le llama la atención y espera a que continúe—¿Por qué no estas durmiendo?
Miente. Es lo primero que cruza su mente y sabe que lo lograría con facilidad, pero al pensarlo bien, tomando en cuenta la amabilidad de Sam y lo bueno que ha sido con él se resigna ante su carisma. Respira profundamente y llega a una conclusión; no puede con ese hombre, está seguro de eso.
-Llevaba un rato sin dormir y sentí sed.
Sam puede reconocer verdad en sus palabras, lo delata su expresión. Lo ve levantarse e ir por más café antes de regresar con él. Le ofrece un poco y accede acercándole su taza. La próxima vez que se acerca a la mesa se toma la libertad de sentarse a su lado.
-¿Y me quieres contar qué te desvelaba o mejor pasamos a otro tema?
Sam siempre le da opciones reducidas y se maneja muy bien en ellas. Con Steve le cuesta más interactuar porque le da una gran libertad de elección lo que provoca que se frustre al pensar, en cambio Falcón siempre propone una salida y eso lo hace sentir cómodo.
Su protocolo funcionaba bajo presión y a opciones limitadas. No puede decir que es agradable, pero para él es más natural de ésta forma.
-Steve.
Es una palabra, un nombre que suena bien decirlo y es capaz de cambiar todo a su alrededor. Es como un rayito de sol, uno tan potente y llamativo que a veces le gusta pensar que también brilla para él, que logrará tocar algo de esa calidez. Algún día.
-¿Y qué hizo Steve?
-Ser un patán irresponsable.
Sam se sorprende tanto que deja a medias el recorrido de su taza y Barnes pasa este hecho por alto.
Las palabras han nacido de su boca como si siempre hubiera sabido la respuesta y eso lo cabrea. Se marea un poco y parpadea más de la cuenta, aprieta el puente de su nariz y respira profundamente. Sam le espera creyendo que dirá algo más hasta que se da cuenta de que no pasará.
-¿Te refieres a ahora? O sea, hace unos días.
-No. Antes. Antes del suero.
-Oh—disimula el haberse sorprendido porque recuerde algo y continúa rápidamente—supongo que no tuvo que ser fácil hacer sobrevivir al pequeño Steve.
-Él nunca puso de su parte.
Sam lo observa fijamente antes de sonreír y tocar su hombro firmemente como muestra de apoyo.
-Cuando era niño los grandes solían contar historias del Capitán América y Bucky Barnes. No sé si todas eran ciertas, pero para un niño ver tal admiración en los ojos de un hombre adulto te hacía pensar "Ah, yo debo ser así para que ellos me admiren"—su voz es suave y el Soldado de Invierno es paciente. Quiere saber a dónde quiere llegar—Muchos hablan del personaje, del ícono en el que se convirtieron ustedes y los Comandos Aulladores, pero creo que casi nadie repara en que son personas bajo las mallas y el uniforme.
Eso le hace sentido. Le hace mucho más sentido que todo lo que ha leído para intentar explicar sus memorias.
-Incluso para mí que es un honor conocerlos a los dos me es difícil recordar que existe un Steve Rogers y un James Barnes comunes y corrientes que crecieron en Brooklyn como cualquier niño—bebe café y se toma su tiempo. Debe ser cuidadoso al hablar ya que transformar sus pensamientos en palabras comienza a ser difícil—Lo que quiero decir es que yo puedo suponer como fue, como era, pero tú… ustedes, ustedes si se conocen ¿Entiendes? Aunque no lo recuerdes. Antes de todo, antes de la guerra, antes del suero. Yo, Tony, Natasha, los Vengadores, todo el resto del mundo ve y habla con el Capitán América y creemos que esa es su personalidad.
Siente un bajón de presión, se le cierran las vías respiratorias y es como si se le congelara la sangre. Al parpadear nota un recuerdo que se va formando de a poco en su mente y la voz de una mujer le habla con un tono maternal.
-Pero tú no, tú puedes ver a Steve. Cuando me hablas de él lo noto. Tú tienes la capacidad de hablar con el Capitán América sin olvidar que es Steve Rogers y eres el único en este tiempo que puede hacer eso—se miran y Sam le sonríe como si de pronto hubiera recordado algo realmente bueno—Tal vez eres el único en cualquier tiempo… No sé si lo entiendes bien, pero cuando yo hablo contigo no veo al Soldado de Invierno veo a Bucky Barnes, al de las historias, pero el Cap… En serio Barnes, no me imagino todas las cosas que puede ver y sentir el Cap cada vez que te busca y estas aquí, con él.
Piensa en Ripley y su sonrisa no desaparece. Puede suponer lo que el Capitán siente, pero no es lo mismo. Se pierde un poco en su mente, en su amigo y cuando vuelve nota que Bucky también se ha ausentado.
Los ojos grises lo ven complicarse porque no está seguro de cuál es la mejor forma de continuar esa conversación cuando por un sonido desde el pasillo lo tensa.
El instinto lo mueve porque tiene las defensas bajas. Se estira, toma y lanza un cuchillo de cocina con punta afilada que Steve alcanza a detener en el aire cuando su brazo aparece desde atrás de un muro.
Sam solo parpadeó un momento, menos de un segundo, y de repente está en medio de una batalla campal de miradas y un cuchillo indefenso es devuelto a la mesa una vez Steve ha entrado por completo a la cocina.
-Me notaste…
-Haces mucho ruido.
Sam sigue petrificado hasta que se cabrea y los observa con el ceño fruncido a ambos, moviendo los ojos del rubio al castaño y viceversa.
-¿Pueden tener un poco más de consideración con las visitas?—les reclama aferrado a su taza como si fuera un soporte de aliento—¿Saben? Ni siquiera cuando estaba en las Fuerzas Armadas tomaba desayuno con cuchillos voladores ¡Ni siquiera ha salido el sol!
Los dos pares de ojos se centran en él y aunque los dos tienen la intención de contestarle al final ninguno se atreve. Sam se termina su café de golpe y rueda los ojos al dejar su taza con fuerza sobre la mesa. Traga saliva e intenta parecer furioso.
-Es el colmo—habla, ahora más dramático mientras se levanta y los dos presentes comienzan a sospechar de su actuación—Me dijeron "Estas loco ¿Crees que es seguro convivir con un supersoldado y un espía?" Claro, dije yo. Ni dudé. Son muy buenas personas y vamos, todos somos soldados, seguro algo bueno saco y aprendo una que otra cosa, pero no.
Lo ven refunfuñar hacia la sala mientras va moviendo las manos y por instinto lo siguen. Steve trata de interrumpirlo, se escucha su voz algo ahogada mientras alza la mano, pero Wilson es letal.
-¡Ni se te ocurra Rogers!—lo señala con el dedo acusadoramente antes de acomodarse el polerón con cierre en el centro y encaminarse a la salida—Más les vale haber resuelto sus conflictos para cuando vuelva jovencitos o no me hago responsable de mis actos.
Lo ven girarse una última vez para darles lo que creen es un intento de mirada asesina antes de irse. Los dos se quedan en silencio y Bucky se encoge de hombros antes de girarse y volver a la cocina. Todavía tiene un desayuno a medio comer.
Steve le sigue de cerca y justo cuando atraviesa el umbral de entrada éste le sostiene la muñeca, deteniendo sus pasos.
-Bucky.
Steve ha tomado su brazo derecho por obvias razones. Es cauteloso y puede entenderlo. Vuelve a llamarlo, busca que se gire y lo encare, pero no puede hacerlo en esas condiciones.
No cuando le cuesta escuchar ese nombre que por algún extraño motivo cada que Steve lo dice desea con más pasión que sea suyo, sentirlo suyo.
Se zafa de su prisión, pero no se mueve y sigue dándole la espalda. La presión en el aire alrededor de Steve la advierte su estado de ánimo, pero no hace nada por aminorar su malestar. No sabe cómo. Comienza a pesarle el estómago y no le gusta. De pronto su necesidad de más café ya no existe y lo único que realmente quiere, lo único que quiere es a él.
-Lo lamento. Me desesperé porque creí que te irías y necesité verte, saber que seguías aquí—suelta una risa floja y Bucky casi le puede ver las manos en las caderas—No supe cómo actuar y entré en pánico… Lo lamento. No debí hacerlo.
Escucha culpa en su tono y tiene la intención de girarse, de conversar, pero no puede. Steve espera a Bucky y el Sargento Barnes no va a venir por él.
Steve le dijo que le da igual, pero no es cierto. Él no espera al Soldado de Invierno.
-Bucky no existe.
Su voz es mínima, ha sido casi un balbuceo e incluso así sabe que el superdesarrollado oído del Capitán lo ha alcanzado a oír. Ante su falta de respuesta se voltea chocando contra una expresión descompuesta y un particular tintineo en los orbes azules le demuestra su alarma.
Mueve sus dedos de metal, los hace sonar y se recuerda quien es, lo que es. Escucha la voz de Zola en su cabeza, ve la habitación blanca, la sangre perdida, escucha los murmullos.
El puño de HYDRA.
Él es el Soldado de Invierno. Antiguamente Bucky Barnes, el mejor amigo de Steve Rogers.
-Debes entender eso. Él no volverá.
Sus recuerdos lo han cambiado. Vivir con el miedo de perder a Steve ante cualquier situación es algo que comparte con su pasado. Admira a Bucky porque él sí pudo vivir con ello, pero el Soldado de Invierno no lo logrará. Tiene plena consciencia de lo vulnerable e inestable que es. Lo poco que recuerda para sustentar su personalidad y su vida que sigue avanzando son solo asesinatos y entrenamiento. Y el recuerdo del rostro golpeado de Steve.
El rayo de sol frente a él se va apagando y su determinación flaquea.
No quiere lastimarlo, lo aprecia demasiado para hacerlo. Pero no dejara que Steve se lastime a sí mismo esperándolo y si para ello debe romper la burbuja…
Que así sea.
-Yo no soy James Buchanan Barnes, al menos no el que recuerdas.
-Lo sé.
-No, no lo sabes. Es el nombre de mi cuerpo, pero no me pertenece.
Las cejas de Steve se unen con temblor cuando estira su mano en su búsqueda y el castaño sacude la cabeza. Se detiene a medio camino.
-Esperas a alguien que no regresará. Incluso si pasara él cambiaria porque yo he hecho cosas que no se podrá perdonar. He asesinado a mucha gente Steve, no podría contarlas.
-Yo también lo he hecho.
-No lo has hecho sin un propósito, sin dudar o sin culpa, sin creer que es correcto. Yo sí.
El rubio lo escucha, procesa, pero no logra entender la magnitud de sus palabras así que interna su mano derecha por el escote de su camiseta para tomar su hombro metálico y seguir con la mirada fija en sus atormentados ojos azules.
Los ojos de Bucky son fríos, entrecerrados y carentes de interés en las penumbras de la mañana.
-Nombre clave; Soldado de Invierno. Fui enviado por Howard Stark. Objetivo eliminado—su propia voz dando breves reportes de misión lo impulsan a hablar—Peggy Carter y Chester Phillips eran rostro en fotografías que siempre estaban ahí. "Son una amenaza, asesínalos por el bien de HYDRA."…Chester Phillips, objetivo eliminado.
La mandíbula de Steve se tensa, sus pupilas se dilatan ante el sol que recién comienza a salir y vuelve a alzar la mano en su dirección. Bucky se echa hacia atrás, sin comprender. Choca contra la isla en medio de la cocina al retroceder y Rogers sigue avanzando hasta tocar su rostro. Le toma desde la mejilla y le acaricia con el pulgar por debajo del ojo, rozando sus pestañas.
Se estremece. Aprieta las manos a ambos lados de su cuerpo para controlar su ira y su ceño se frunce al devolverle la mirada. No quiere que le toque, no lo quiere cerca. Él no debería estar cerca de un asesino.
Steve no lo necesita y lo único que hará estando a su alrededor será entorpecer su camino. Él ya es parte del pasado.
-¿No me escuchas?
-Ya no te dedicas a eso.
-Pero lo hice. Muchas veces. Plante bombas. Torture. Entrené agentes. Secuestré personas… ¡Demonios, Steve! ¡Detente! ¡Escúchame!
Escucha su propia voz quebrarse y al parpadear le arden los ojos por lo que sus facciones se contraen. La pelicular comezón en la nariz y en el centro de sus cejas se expande a sus mejillas y se intensifica por el tacto de sus fuertes manos.
Ahora ambas acunan su rostro.
Su silencio le mata. Lo sigue observando como el ser más perfecto y valioso de la tierra y no entiende, no entiende qué es lo que Steve ve que valga la pena tanto esfuerzo. Sus sinceros ojos azules parecen tan felices con lo que está diciendo, con lo que ve que siente el suelo bajo sus pies inestable y se aferra a su camiseta con su diestra, egoístamente buscándole como su único sustento.
-Sigo feliz de que estés vivo.
-¡Deja de decir eso! Bucky está muerto ¡Cayó de un tren porque no logró sostener tu mano!
Prácticamente se lo grita al agachar la cabeza y al cerrar los ojos para dejar de verlo mientras gotas cálidas se deslizan por los bordes de su rostro. Se encorva y con ambas manos hace presión en su pecho para impedirle avanzar fijando la vista sobre ellas.
Tan diferentes, tan extremas como parece serlo su vida.
-No importa lo que hagas, cuánto lo intentes o cuánto lo intente yo… yo nunca seré el Bucky que tú quieres.
Le parece que antes de terminar de hablar el rubio ya lo estaba envolviendo con sus musculosos brazos, ignorando totalmente la barrera que quiere formar entre los dos. Sus labios quedan fijos contra la base de su cuello y oler su aroma pasa a ser lo más importante de su vida. Lo estrecha con firmeza, sin darle opciones de salida y se ve a sí mismo sin fuerzas para querer apartarlo.
-Steve… Entiende…
El rubio reacciona a apretarse contra su cuerpo y retenerlo sin hablar. La acumulación de emociones lo sigue haciendo llorar y no logra detenerse, no sabe reconocer qué emoción es más fuerte y el calor de su cuerpo mientras el sol inunda la estancia forman el momento más indispensable de lo que sabe será el resto de su vida.
Esta es la primera vez que lo escucha tan serio, su voz resuena grave contra su oído porque él se oculta justo detrás, en medio de su cabello.
-No me importa lo que hayas hecho, lo que hagas… no importa nada con tal de que no desaparezcas de mi vida de nuevo. Debí buscarte, debí haberme lanzado a buscarte en ese momento. No lo hice y me arrepiento tanto… tanto. Nunca debí seguir sin ti, Buck. Te deje y nunca me perdonaré por eso.
Steve acaricia su espalda y apenas le da posibilidad de moverse, prácticamente lo tiene sometido contra su cuerpo y su fuerza lo mantiene estático, pero incluso sin todo eso, en este minuto… no está seguro de si quiere escapar del lugar más seguro del mundo.
-Pasaron tantas cosas sólo porque no lo hice. Daría todo lo que tengo ahora para regresar a Brooklyn, antes de la guerra y seguir siendo solo nosotros dos—su mano se mueve por su cabello y lo aprieta con firmeza. Sosteniéndolo—No estuve para ti y no hay algo que lamente más que eso. Te falle, cuando más me necesitaste te falle.
Se aparta apenas para verlo y unir sus frentes. Ninguno está seguro de cual está más afectado, pero es lo de menos. Los ojos azules están cristalinos y los grises han vuelto a colorarse en la superficie como siempre ha sido cada vez que llora.
-Entiéndeme tú, que me da igual si nunca vuelves a ser él, lo que puedas… lo que quieras darme voy a amarlo igual. Yo amaré al Bucky que quieras darme.
No es capaz de contradecir a su sinceridad y llora, llora sin detenerse por todos aquellos que gritan en su mente, por lo que no sabía que sentía en ese momento y ahora le pesa. Llora por la expresión de Phillips antes de morir, por el auto de Stark que explota en sus oídos, las bombas en Europa, los gritos desesperados de multitudes, los cráneos molidos bajo su metal, por las suplicas que nunca escuchó y en medio de todo escucha una hermosa voz que toma su mano con gentileza y le susurra. "Estaré eternamente agradecida de que seas amigo de Steve, James… Cuídalo por mí"
-Tu mamá… Tú mamá se llamaba Sarah—murmura sin saber por qué en el mismo instante que descubre de quien es esa voz—Murió de neumonía y tú estabas tan triste, pero no me dejabas ayudarte… nunca me dejabas y yo-
-Shh. Está bien, está bien. No tienes que esforzarte—lo arrulla, lo contiene mientras sus dedos limpian su rostro y sus labios besan su frente casi sin apartarse de su piel—Estamos juntos en esto.
Steve lo acuna en su pecho, justo bajo su mentón y acaricia su cabello lentamente, rozando la yema de sus dedos contra su nuca. Lo abraza y se permite abrazarlo de vuelta, ambos firmes, necesitados del otro.
No sabe en qué momento se queda dormido, pero cuando despierta esta oscuro y el brazo que automáticamente reconoce que es de Steve le rodea la cintura mientras su aliento rítmico cae contra su coronilla. Su espalda se siente muy cálida y la unión de su cuerpo con el metal no duele porque no está frío. Reconoce el aroma de Steve en todas partes y sabe que es su habitación.
Toca su mano de metal con su diestra bajo las sabanas para comprobar que no está fría a pesar de la inactividad y su movimiento parece despertar a Steve porque comienza a removerse.
-¿James?
-No me digas James… creo que no me gusta.
La risa cantarina de Steve hace cosquillas contra sus hebras. Agradece el intento por no identificarlo como Bucky, pero ahora puede asegurar que no le gustará otro nombre además de ese. Si Bucky ya es algo extraño… James queda completamente ajeno. Además no le gusta tanto como suena ese nombre en los labios de Steve.
-Si te hace sentir mejor sólo mi mamá y tu mamá te llamaban así.
Las piernas de Steve se mueven y entonces distingue que están completamente entrelazadas a las suyas, las mueve por instinto y sin proponérselo juegan un poco mientras las acomodan.
-¿Qué hora es?
-Deben ser como las ocho ¿Por qué? ¿Tienes hambre?
-No—bosteza y se estremece. Se encoje de hombros al temblar y Steve lo estrecha un poco más cerca—¿Has estado conmigo todo este tiempo?
-Comí a eso de las cuatro. Por eso pregunto si tienes hambre.
-Eran alrededor de las seis cuando me dormí—calcula que son demasiadas horas para hacerle compañía a alguien dormido.
-Lo sé. Yo te acosté.
No es la respuesta que quiere, pero la imagen de él siendo cargado en los brazos del supersoldado hacia la habitación en un trayecto en donde ni siquiera despertó le genera sentimientos contradictorios.
-¿Solíamos hacer esto?—lo pregunta para encontrarle una explicación a su falta de incomodidad.
Y no es que no se sienta incómodo en sí, pero hay algo que le resulta familiar y le impide moverse.
-¿Dormir juntos?—Bucky asiente—Sí. Hasta grandes. Cuando enfermaba tú ibas a dormir conmigo y me cuidabas, después, en misiones cuando nos tocaba un clima muy duro también ¿Te molesta?
-No.
Steve no necesita más que eso. Mueve su mano por debajo del metal y le obliga a separar los dedos para entrelazarlos a los suyos. Bucky se tensa, pero se apega a él mientras deposita pequeños besos en su cabello antes de acomodar su mejilla sobre el mismo.
Están perfectamente soldados el uno al otro, de los tobillos a la cabeza y sabe que se volverá adicto a esa sensación.
-¿También solíamos hacer eso?
-¿Qué cosa?
-Besarnos para hacernos sentir mejor.
-¿Crees que por eso lo hago?
-¿Existe otra razón?
-Solo me dan ganas de besarte, Buck. No es nada malo ¿Te molesta?
El castaño no responde, pero niega con la cabeza mientras se acomoda en posición fetal y Steve lo sigue sin problemas.
-Es bueno saberlo. Me agrada besarte.
Steve enrojece de golpe y se sorprende a sí mismo diciendo aquello. No es mentira, pero aun así las palabras suenan extrañas y un pequeño revoltijo de nervios se acumula en su sistema. Bucky no parece perturbado y lo agradece.
Suspira para calmar su pulso disparado, pero todo se va al diablo cuando Bucky aprieta el agarre de sus dedos y sube sus manos unidas hasta el nivel de su pecho, acurrucándose más contra el pecho de Steve.
-Me agrada que lo hagas.
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Cada vez falta menos para la pelicula! Dejenme amor :c
Sí, sí. No es el objetivo, pero pucha que ayuda a la inspiración cuando sabes que te esperan xD
