By Annie-ly-chan
Hola ^^ y Muchas Gracias AliceSaguiz y princesa tsunade por sus reviews. :D
Es verdad que estos pequeños diablitos son muy tiernos, tal vez esa es la principal razón por la cual no los han asesinado aún los Santos mayores :p aunque es seguro que son una amenaza para el Santuario.
Y pues aquí les dejo otro capítulo de estos "angelitos"
Saludos ^^
***Nota: Los personajes de Saint Seiya pertenecen al bueno de Don Kuru. No escribo esto con fines de lucro, sólo soy una amante de ciertos Santos Dorados a los que mis musas gustan de hacer sufrir.***
—¿Qué estás haciendo Milo? —El alacrán dio un salto.
—Kanon, me asustaste. Sólo quería pedirle permiso a Saga para salir con Aioria.
—Mejor no lo despiertes o se enfadará. De cualquier forma me dijo que tienes la mañana libre, haz lo que te plazca siempre y cuando no salgas de los territorios del Santuario y no se metan en problemas.
—Qué bien, eso quiere decir que podemos irnos gato.
—Genial vámonos.
—Puedo saber a dónde se dirigen con tanta prisa.
—¡Al Coliseo! —Gritaron mientras se alejaban.
—¿Al Coliseo?
.c-o-c-o-c-o.
—Ahora, estás listo, es tu turno.
—No sé si podré hacerlo.
—Vamos Milo, inténtalo.
—¡Aioria! ¿No nos presentas?
—¡Mu, Alde! Por supuesto, él es Milo futuro Santo de Escorpión, llegó ayer.
—Hola Milo, Yo soy Mu, futuro Santo de Aries.
—Y yo soy Aldebarán futuro Santo de Tauro.
—Mucho gusto.
—Además, adivinen, ahora Milito es el miembro más joven entre nosotros. —Milo se sonrojó un poco. —Oh y Milo, para que no te sientas mal por el maestro que te tocó, Mu tiene al maestro más rudo de todos, nada más ni nada menos que el Gran Patriarca.
—¿El Gran Patriarca es tu Maestro? —Preguntó Milo asombrado.
—Así es. —Dijo Mu orgulloso.
—No ha habido Santo de Aries, desde la última guerra santa. —Apuntó Alde. —Nuestro amigo Mu sí que es uno en un millón, por eso lo entrena personalmente el Gran Patriarca.
Mu se sonrojó.
—¡Wow! qué impresión.
—Pero yo no he sido el único Santo de nuestra generación entrenado por el Pontífice, también fueron entrenados por el Gran Patriarca Saga y Kanon.
—Respecto a eso les contaré un secreto, pero deben prometer que quedará entre nosotros.
—¡Prometido! —Dijeron los pequeños al unísono con el puño en el corazón.
—Mi hermano me contó que en unos años, después del nacimiento de la Diosa Atenea, el Patriarca va a retirarse para dedicarse a su educación y así estar listos para la siguiente Guerra Santa… Y adivinen quién será su sucesor.
—¿Saga? —Preguntó el alacrancito emocionado por obtener tanta información en tan sólo su segundo día.
—Así es. Tú eres nuevo y no lo sabes Milo, pero Saga y Kanon, fueron ambos señalados como Santo de Géminis. Pero la realidad es que sólo uno puede portar la armadura. Éste es Saga, dado que es el mayor, pero no será así por siempre. Todo parece indicar que el Patriarca nombrará a Saga su sucesor en unos años y entonces será Kanon el que porte la armadura Dorada de Géminis.
—Eso es impresionante.
—Claro que aún son sólo rumores. Pero lo más seguro es que todo pase así.
—Ehem… odio interrumpir niños, pero este es un lugar de entrenamiento, los lavaderos están por allá. —Les sonrió el imponente Santo de Tauro. —Ahora si no les molesta, me llevo a mi aprendiz.
—Disculpe maestro. —Dijo Aldebarán mirando el piso.
—No te preocupes Alde, pero es mejor que nos apresuremos con el entrenamiento, mientras más pronto terminemos, más pronto podrás disfrutar de tiempo libre con tus amigos.
—Sí Maestro, nos vemos luego chicos.
—¡Adiós Alde!
—El maestro de Alde es el más noble de todos. —Dijo Mu pensativo.
—Es verdad, jamás lo he visto gritándole o algo así. —Suspiró Aioria —Qué envidia…
—Pero tú de qué te quejas, Aioros es bastante flexible contigo. —Se burló Mu. —Envidia deberíamos tener Milo y yo, nuestros maestros sí que son estrictos. Lo que me recuerda que también debo irme. Los veré después. —Se despidió.
—Así que aquí han estado toda la mañana. —Los pequeños aprendices a Santos Dorados dieron tremendo salto al oír la voz de Saga.
—Maestro.
Milo se enderezó y adopto una posición casi militar, que por poco hace reír al Santo Dorado. Saga le revolvió los cabellos con dulzura.
—Ahm… Saga: Yo quería… pedirte una disculpa por faltarte el respeto ayer, a ti y a tu templo. —Dijo el cachorro, totalmente colorado y examinando atentamente sus pies.
Saga se inclinó para estar a su altura y extendió su mano derecha. Aioria lo miró integrado.
—No hay rencor gato. —Aioria sonrió y abrazó a Saga.
—Lo siento. —Dijo enderezándose un poco y estrechando su mano. —Es verdad, Saga. Milo tiene algo que quiere enseñarte.
Próximo Capítulo: "—Vaya, parece que has estado trabajando duro esta mañana. —Le sonrió Saga."
Gracias por los ánimos y por seguir leyendo ^^
