Sucesos ocurridos poco después de los acontecimientos de Avengers.

Disclaimer: Los personajes que aparecen en ésta obra —además de mi OC— son propiedad de Marvel, escribo este fanfic con la única finalidad de entretener.

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Nueva York, Estados Unidos. Agosto, 2012.

Pasaron 3 meses en los que Kat se dedicó a investigar estos secuestros que nadie parecía notar. Gracias a Daniel descubrió que aquella marca en la frente del atacante, era sin duda la marca de los seguidores de Dormammu, pero era extraño verlos metidos en secuestros y no en asuntos mágicos.

Empezó a recorrer las calles de Manhattan cada vez más seguido, era común encontrarse con uno que otro atraco y no podía ignorarlos, pero su objetivo principal era encontrar alguna pista que la llevara hacia esos fanáticos y averiguar para que secuestraban gente.

Más pronto que tarde, el periódico empezó a hablar de el fantasma de Manhattan, pues había múltiples testigos de sus delitos, como lo llamaba la policía. Rápidamente se corrió el rumor y la gente empezó a reconocerla cuando rondaba la ciudad de noche. En su interior agradecía haber usado el hechizo de apariencia desde el principio para salir cotidianamente.

Después de unos días, se topó con una escena violenta: tres hombres con sus rostros cubiertos pateaban a un hombre en el suelo visiblemente herido. Rápidamente se acercó al lugar. Aprovechó la oscuridad para aparecer detrás de uno de ellos y golpearlo en el cuello, pero esto solo lo aturdió durante unos minutos, en ese tiempo, su compañero sacó su arma y apuntó a la muchacha, quien logró golpear su brazo antes de que apretase el gatillo. El hombre restante, ajeno a la escena, aprovechaba la pelea para subir el cuerpo del hombre al maletero del auto. El sujeto en el suelo se levantó apenas pasó el aturdimiento, golpeando un costado de Kat con un bate de beisbol que traían con ellos, ésta retrocedió adolorida.

—¡Vamos! —Gritó aquel que había metido el cuerpo al auto— ¡O el Tenebroso nos cortará la cabeza!

Ambos hombres se levantaron y corrieron al auto, pero Kat logró derribar a uno antes de que llegase. Sus compañeros arrancaron de la escena.

Después de un forcejeo, la chica lo redujo lo suficiente para quedar sobre él, con la rodilla presionándole el pecho. Le quitó la máscara y pudo apreciar la marca de Dormammu en su frente.

—¿Quién es ese Tenebroso del que hablaban? —Interrogó— ¿Es su líder?

—Nuestro único lider es Dormammu, inepta. Tenebroso es solo el intermediario —Escupió él.

—Eres más colaborador que tus compañeros. ¿A dónde llevan a ese hombre? —El hombre bajo ella no respondió— Responde o no tendré reparo en desfigurarte la cara a golpes. —Le dijo antes de darle un fuerte golpe en la cara que lo hizo retorcerse— Primer aviso.

—Lo llevan al punto de espera. —Dijo quejándose— Tenebroso debe verlo antes para decidir si es digno de nuestro señor.

—¿Y si lo aprueba?

—¿Cómo crees que se realizan los sacrificios? —Se burló.

—¿Dónde? —Preguntó ella presionando más su pierna contra él.

—En la intersección de la 49 y la 72 hay una fábrica de textiles que se usa como fachada, pero te lo advierto, niñita, van a matarte antes de que...—No lo dejó terminar y le dio un fuerte golpe en la cien que lo dejó inconsciente.

Decidió ir esa misma noche al lugar, pero antes llevó el cuerpo amarrado del sujeto a la entrada de la estación de policía junto con una nota con la ubicación. Adicionalmente, hizo una llamada anónima al 911.

El lugar estaba ubicado en un excelente lugar para ser una fachada, poco poblado, con más tiendas y pequeñas fábricas que otra cosa, lejos de una estación de policía.

Kat se metió por el techo a observar el interior, en efecto era una fábrica textil, pero adicional a ello estaban los dos hombres que enfrentó anteriormente junto con el de la víctima, que se encontraba amarrada a una silla.

Se metió por una apertura en el techo al edificio, quería interrogar a esos dos, la policía seguro estaba por llegar.

Se escabulló hasta bajar a la planta principal, dónde se acercó con cautela a ambos sujetos.

—La policía viene en camino. —Dijo— Podemos hacer esto por la buena. —En ese momento se oyó la sirena a lo lejos y ella hizo un gesto para que escuchasen.

—Cometiste un grave error al venir aquí. —Le respondió uno de ellos.

—Nadie tiene porqué salir herido, chicos. —La encapuchada se siguió acercando, la sirena de la policía se oía afuera— Si no usan sus armas, todo saldrá bien.

—Niña, no tenemos porqué usar nuestras armas. —En ese momento, dos policias: uno joven y uno viejo, entraron al recinto con sus armas desenfundadas. "¡Quieta!", gritó el mayor y, para sorpresa de Kat, no estaban apuntando a los dos sujetos con armas en las manos y un rehén junto a ellos, sino a ella.

Todo pasó en el transcurso de pocos segundos, en los que Kat volteó a ver a aquellos policías, quienes también portaban la marca en sus frentes y el menor jaló el gatillo, seguido del mayor. Kat desapareció, pero eso no evitó que una bala le perforara el estómago, cosa que la trajo de vuelta de golpe. Se levantó como pudo y escapó del lugar por detrás.

Su visión empezaba a ponerse borrosa y sentía como se desvanecía por momentos. Logró perderlos atravesando algunos muros, pero poco a poco la fatiga se hizo presente. Llegó hasta una calle principal, sus sentidos ya no estaban funcionando bien, por lo que no se percató del auto que venía a toda velocidad hasta ella.

Lo primero que oyó fueron las voces.

—¡Salió de la nada! No puedes culparme a mí, además mira como dejó mi auto. —Dijo una voz masculina.

—¿¡A quién demonios le importa tu auto?! ¡Llama a la ambulancia! —Le replicó una voz femenina.

Ambulancia.

Esa palabra la trajo a la realidad, tomó el brazo de la mujer, quién pegó un salto del susto.— No, al hospital no.

—Debes ir al hospital. —Le dijo la mujer revisando algunas partes de su cuerpo— Estás muy mal.

—Si llamas me van a arrestar y no puedo ir a la cárcel... aún. —Dijo débilmente. La mujer se lo pensó y suspiró.

—Stephen, ayúdame a subirla al auto. —Dijo ella.

—¿Te volviste loca? —Replicó él, pero terminó ayudándola a subirla al auto ante la insistencia de su compañera.

Christine se sentó en el asiento trasero junto a Kat, mientras que Stephen se sentó en el asiento del piloto y partió.

—¿A dónde? —Preguntó Strange.

—A dónde podamos tratarla sin que alguien meta sus narices. —Contestó ella.

—A mi apartamento entonces, tus vecinos son muy metiches y no quiero que te arresten. —Christine sonrió ante el comentario y puso su atención en Kat.

—¿Quien te hizo esto? —Dijo presionando la herida, Kat se quejó del dolor.

—Estaba siguiendo a un grupo, una especie de culto que ha estado secuestrando gente... Pensé que les llevaba la delantera, pero fui descuidada...

—Y estúpida. —Interrumpió Strange— ¿No se te ocurrió llamar a la policía?

—Sí y fue la policía la que me disparó. —Christine miró a Stephen preocupada— Tienen gente dentro. —El hombre frunció el ceño y siguió manejando— ¿A dónde me llevan? ¿Quién eres?

—Mi nombre es Christine Palmer, soy doctora, no te preocupes. —La muchacha asintió, al menos no había tenido mala suerte del todo— Además de la bala, tienes un hematoma en el costado.

—Me golpearon con un bate de beisbol. —Respondió ella y soltó una débil risa ante la mirada de Christine— Me pillaste en un mal día.

—Eh, hola. —Llamó la atención el hombre al volante— Me llamo Stephen Strange, ¿y tú quién demonios eres?

—Ella es de quién hablan en el periódico, el fantasma de Manhattan, es algo así como un mito en la sala de emergencias. —Dijo mirando a su compañero y luego a la chica— Haz salvado a muchas personas. —Stephen rodó los ojos.

—Soy Kat. —Respondió un tanto halagada— Gracias por no dejarme ahí.

—No nos diste muchas opciones cuando te pusiste en medio de la calle. —Murmuró Stephen.

—Stephen. —Le regañó Christine.

El apartamento de Strange era el penthouse del edificio, por lo que no habría vecinos husmeando en sus asuntos.

Al llegar, Christine le prestó su chaqueta para disimular la herida de bala, el sangrado había parado, así que no sería un problema mientras se apresurasen. Subieron al penthouse disimulando lo mejor posible la situación y al llegar Christine la recostó en el lujoso sofá mientras Stephen le traía algunos implementos médicos que tenía guardados.

—La bala sigue dentro. —Afirmó ella— No hay salida por su espalda.

—Christine, tráeme la botella de Whisky que está en la despensa. —Dijo el doctor, arrodillándose para ver de cerca la herida. La mujer se apresuró a traer dicha botella y se la acercó— Oh no, no es para mí, es para ella. —Kat lo miró confundida. Stephen la ayudó a sentarse y le acercó la botella a la boca— No tengo anestesia, así que esto va a doler. —Ella miró la botella, luego al doctor y terminó por tomar un trago largo y quejarse por el sabor y la quemazón en su garganta— Muerde esto. —Le dijo poniendole un mantel de cocina en la boca.

Stephen se puso guantes y tomó las pinzas quirúrgicas que afortunadamente tenía guardadas, usualmente no usaría implementos no esterilizados, pero la situación lo ameritaba, así que se conformó con lavarlos. Se abrió pasó en la herida abierta de la muchacha en busca de la bala, mientras ésta mordía el mantel intentando desesperadamente no gritar.

Después de dos minutos que se hicieron eternos, Stephen sacó el cuerpo extraño de Kat y lo dejó en un plato que Christine le acercó. La muchacha respiraba agitada y su rostro estaba cubierto de sudor. Strange se levantó y se fue al baño, mientras la doctora se sentó junto a ella.

—Tendrás que quedarte muy quieta, volveré al hospital para traer algo para suturar tu herida. —Le dijo acomodando una almohada para que se recostara.

—¿Por qué haces esto? —Le dijo débilmente, pues aún no se recuperaba del shock del dolor que acababa de pasar.

—Porque es lo correcto. —Le contestó— Trabajo en la sala de emergencias, veo a diario los resultados de lo que ustedes hacen. Tú y el diablo de Hell's kitchen. No sé quien les pone esos nombres, por cierto. —Murmuró para sí— El punto es que, desde que los alienígenas bajaron del cielo, todo se ha puesto más y más raro, y tal vez la gente como tú sea necesaria. —Kat la miró pensativa.

—Tal vez. —Respondió.

Christine se levantó y avisó a Stephen de lo que iba a hacer, Kat escuchó como le reprochaba que iba a hacer él con ella. "Sólo asegurate de que no muera", le respondió la mujer antes de irse. Fastidiado por su cita arruinada, Stephen se dirigió al salón, dónde halló a la muchacha dormida —o desmayada—. Se acercó para tomar sus signos vitales y, al verificar de que estaba estable, se sirvió un trago.

Una hora más tarde, Christine volvió con todo lo necesario para suturar la herida. Kat despertó con el ruido de la puerta y al encontrarse un poco mejor tras el shock inicial, pudo apreciar dónde estaba. El apartamento era enorme, con un ventanal como pared exterior, un piano, una lujosa sala y una cocina igual de impresionante.

Parado frente a la puerta, de espaldas a ella, se encontraba Stephen Strange, el tipo era alto, delgado, bastante normal a su parecer, pero una vez volteó hacia ella se quedó apreciándolo detalladamente, tenía un rostro inusual, era atractivo de una forma que no pudo identificar y por más que lo intentó, no pudo decidir de que color eran sus ojos, culpó por ésto último a sus heridas, pues le costaba enfocar la vista. Sin embargo, esa belleza física se vio opacada en cuanto abrió la boca.

—¿Se te perdió algo en mi cara, niña? —Le dijo de forma desagradable.

—Stephen... —Le regañó casi maternalmente Christine. La mujer procedió a inyectarle algo para el dolor y a suturar su herida, mientras Stephen se encerró en el baño otra vez.

Christine era una mujer baja, de cabello castaño y ojos del mismo color, su rostro no dejó de verse preocupado durante todo el tiempo que duró la sutura y eso conmovió un poco a la menor, pues se notaba que la mujer era devota a su trabajo.

—¿Cómo terminó una mujer como tú con un cretino como ese? —Se aventuró a preguntar en voz baja— No creas que no escuché como "arruiné" su precioso auto. —Agregó ante la mirada de la doctora.

—No es tan malo una vez que lo conoces. —Afirmó ella con una sonrisa de medio lado— Es complicado y en muchos aspectos egoísta, pero... No lo sé...

—Crees que, tal vez, tú seas la excepción. —Sentenció.

—Sí. —Respondió ella, avergonzada de hablar ese tema con una desconocida.

En otro lado

Damian se movía impaciente por el complejo que habían destinado a ser el punto de encuentro, se trataba de un viejo galpón que antes era usado como bodega para los productos del muelle. Caminaba de un lado a otro, se mantenía 5 minutos en el lugar y otros 5 en el otro lado, pues tal y como le había dicho a su hermana, no podía mantenerse en el lado de los vivos por mucho tiempo.

Tiempo.

La palabra le repugnaba, le recordaba su propia debilidad, su propio enemigo invisible.

Un estruendo resonó en todo el complejo, la puerta oxidada se abrió y entraron dos hombres junto con un hombre amarrado y amordazado. Una vez estuvieron en el centro del gran recinto, Damian apareció, los hombres tomaron de la ropa a su víctima y lo tiraron a sus pies.

—La edad justa, Tenebroso. Ni muy joven, ni muy viejo. —Habló el primero. Damian no respondió, se acercó al hombre en cuestión y tomó su rostro, éste se encontraba asustado y respiraba con dificultad, eso lo hizo sonreír, disfrutaba ese pequeño poder: el miedo.

Sin perder más tiempo, puso sus manos en la cabeza del hombre, una a cada lado, a la altura de la cien. Sus hombres retrocedieron, nerviosos. Damian inhaló y exhaló, sin dejar de mirar fijamente al hombre frente a él, quien le devolvía una mirada llena de miedo.

—¿Qué estas...? —Balbuceó el hombre, aunque apenas se entendió lo que dijo, pues tenía la mordaza puesta.

—Relájate, Dormammu va a recibirte a través de mí. —Dijo Damian, con una sonrisa que le heló la sangre. Empezó a sentir frío, un frío desgarrador desde lo más profundo de su pecho.

Los hombres de Damian miraban expectantes como éste absorbía la fuerza vital del hombre hasta dejarlo como un cascarón vacío, seco y sin vida. Apenas soltó su cabeza el cuerpo cayó inerte hacia un lado y Damian cerró los ojos disfrutando la sensación. Se sintió vivo.

—Tiren el cuerpo. —Dijo finalmente.

—Señor... —Se adelantó uno— ¿Que pasará con...?

—No te preocupes, Clarence. —Habló— Dormammu es justo y valora el trabajo que hacemos para preparar este mundo para él. Yo también lo valoro. Ve a ver a tu esposa, de seguro el tiempo va a su favor ahora.

—Gracias. —Dijo el hombre— Gracias, Tene... Damian.

—¿Tuvieron algún problema? —Les preguntó mientras caminaba lentamente en la dirección contraria.

—Una loca que se hacía invisible quizo detenernos, derribó a dos de los nuestros y a otros cuántos en días anteriores, tuvimos que recurrir a los contactos que tenemos en la policía, pero no te preocupes, le dispararon, no puede haber ido lejos. —Damian se detuvo sin voltear a verlos— Odio a esos fenómenos.

—Éste fenómeno... ¿De casualidad tenía el cabello blanco? —Preguntó.

—Sí, ¿por qué?

—Por nada. —Dijo antes de desaparecer.

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¡Hola! Por fin introduje a Strange, ya veremos como va evolucionando todo esto. Quiero aclarar que, si bien sí quiero meter romance, mi fic no va a girar en torno a eso.

Damian tiene sus motivos para ser malo... Ah, y sí, él es el villano.

Gracias por leer.

Nathalie H.