Título: La mascota Capítulo 4


En el interior de la cabaña

Todas las miradas se concentraron atónitas en la joven que Regina tenía, literalmente, entre sus brazos.

-¿Pero qué?-, la morena miraba alucinada a la joven de piel clara que yacía sobre ella. Mary Margaret le tapó inmediatamente los ojos a David y Emma se puso delante de Hook. Gold miraba a quien fue una labradora sin sentimiento y muy altivo, seguía desconfiado.

La pelirroja giró su rostro y sus ojos azules parecían pedir disculpas.

-Lo…¿siento?-, fue lo primero que salió de sus labios, su voz era dulce y a la vez frágil.

-¿Lo siento por, … es decir, tú, Reb…, ¿cómo… -, Regina no podía organizar sus pensamientos.

La joven aun agazapada escondió su cabeza en el estómago de Regina, como si aun se tratase de su perrita labradora. Y tembló.

-¿Nos dejáis solas?-, le pidió a los presentes.

Salieron todos menos Emma y su madre, era cuestión de chicas. Regina la ayudó a levantarse, se quitó su abrigo y se lo hizo poner. –Tienes frío-, su voz ya era cercana y cálida. Y es que ahora Regina lo estaba entendiendo todo, ese comportamiento tan humano en su mascota y aquella voz en la cocina aquel día …, siempre había sido ella. Pero, ¿quién era ella?.

A las afueras de la cabaña

-¿Dónde la encontrasteis?- preguntó Gold a Killian y a David.

-Apareció en el parque, bajo un árbol.

-No confías en ella-, le dijo Hook.

-No aún, no sin saber por qué se hacía pasar por un perro y acabó viviendo con la alcaldesa. Tiene que estar tramando algo, sacarle información por ejemplo.

-¿Información de qué?

Gold miró el cielo pero no contestó. Típico de él.

Mientras tanto…

-¿Cómo has acabado convirtiéndote en un perro?-, le preguntó Regina a Becca, como la estaba llamando por último mientras la ayudaba a sentarse sobre una caja de madera. Margaret le había dejado su bufanda y Emma sus guantes, era un sentimiento colectivo de pena hacia esa chica.

Becca miró el suelo de madera ennegrecida con gesto melancólico mientras tragaba saliva.

-No siempre he sido así, ni era la primera vez en la que yo era un animal.

Regina frunció el ceño confusa pero se agachó en cuclillas frente a ella.

-No soy de los vuestros, al menos, no cien por cien-, Margaret compartió miradas con su hija, ¿debían empezar a desconfiar de ella?.

-Soy una druida, o dríade más bien-, las tres alzaron las cejas sorprendidas, -mi origen es celta y soy la más joven de los que viven en los bosques y se nutren de su energía, los de mi especie hablamos con la naturaleza y podemos ver a través de los ojos de nuestro animal guía o transformarnos en él, más adelante ya tomamos forma de cualquier animal, - hizo una pausa, - y aunque es divertido, no lo hacemos a menudo, sólo para nuestros rituales y cacerías, pero una vez me colé sin saberlo en la casa de una bruja y ella me maldijo a ser siempre el animal en el que estaba convertida, me quitó el poder de volver a ser quien era; aquella noche me había convertido en quien he sido hasta ahora y de eso ha pasado ya unos años…-, terminó con la voz apagada.

No hubo ni una sola interrupción ante aquella explicación sobre el origen de Becca, y eso la joven dríade no supo como tomarlo.

-Me creéis, ¿verdad?.

-Pensaba que formabais parte del folclore nórdico-, dijo Emma totalmente sorprendida.

Becca se quedó en silencio, iba a responder que si existían ellas que provenían de cuentos de hadas por qué ella no podía existir, pero no quería incomodar a Regina.

-¿Y tienes nombre?-, le preguntó Blanca.

-Si lo tengo nunca me lo dijeron, me gusta Becca-, sonrió por primera vez.

Regina mantenía la mirada fija en cada detalle del cuerpo de la chica, en sus ojos, su boca que ahora sonreía, sus dientes, su lengua, … aun le costaba creer que ese cuerpo que tenía delante ella lo había acariciado una y mil veces, pero en otro estado.

Margaret le acomodó maternalmente el abrigo, mientras tanto…

-¿Qué piensas hacer con ella?-, le dijo la rubia al oído a la morena sacándola de sus recientes recuerdos. Regina se giró y la miró molesta. –No la voy a abandonar, si es lo que te preocupa-, puso los brazos en jarra, como hacía cuando se ponía a la defensiva.

-Tranquila, no te enfades, solo es que ya no vas a tener mascota-, le susurró mirando a la pelirroja.

-Yo seré tu mascota de nuevo- soltó a voz de pronto Becca mientras se ponía en pie. -Si quieres claro-, le aclaró apretándose el abrigo al cuerpo y acercándose a ella.

-¿No quieres volver con los tuyos?. Ahora que eres humana de nuevo.

-No sabría cómo hacerlo, quizás sí, pero ahora no, siempre me he sentido controlada de alguna manera, el qué hacer, el cuando y encerrada en una frontera que no podía cruzar. Nunca había salido del bosque de Ewin, no sabía que había más allá de sus colinas y sus ríos, y ahora que he conocido este lugar,… lleno de tantas cosas nuevas para mí, me gustaría disfrutarlo.

Hubo unos segundos de silencio y una mirada de inquietud en la chica de pelo rizado.

-Pues decidido, te vienes conmigo-, Regina le sonrió.

-¡Gracias!-, la joven se abalanzó sobre ella abrazándola con fuerza.

Emma la miró recelosa, ese abrazo no le parecía adecuado. "Mentira", le dijo una voz en su cabeza. "Han vivido juntas, y han compartido cosas que tú ni sabes ni sabrás, por favor Emma Swan, oblígate a que no te caiga mal por eso, por Regina".

Odiaba esa vocecita de la conciencia pero tenía razón.

Tras momentos en que la barrera de Regina de mujer fuerte había caído tras ese abrazo ella tenía una pregunta pendiente y esperó a que Blanca y Emma saliesen de la cabaña para hacérsela.

-Una pregunta, Becca, tú… , es decir, vosotros, los druidas, ¿recordáis todo lo que habéis vivido estando en forma animal?.

-Si lo dices por todo lo que me has contado en este tiempo sí-, se rió, -aham-, reaccionó la morena, -y si lo dices por todo lo que he visto, también.

Emma había aprovechado el comentario de la desconfianza de Gold hacia la nueva habitante del pueblo para decirse "no dejemos a Regina con ella a solas, sólo por seguridad" y se había dejado la puerta entre abierta para escucharlas, uno de sus oídos lo tenía pendiente a la conversación entre ellas, el otro omitía lo que se hablaba fuera.

Regina se sonrojó ante esa respuesta clara y directa de la pelirroja y se giró, esta chica iba a cambiar su vida. Emma asomó medio rostro y las observó expectante, deseando ver algún gesto extraño en Becca para tener el pretexto de poder estar en contra de ella.

Continuará!

Ha sido más corto de lo que lo tenía pues lo siguiente me parecía muy apresurado y lo he dejado para más adelante, tenía dos páginas más, sorry ;) gracias por comentarr, a los que no estáis registrados no os puedo contestar fuu, pero gracias igualmente