Venía yo a subir la historia sobre Percy cuando me di cuenta de que no había subido la de Charlie. ¡Menudo despiste! Me fui unos días y pensé que había dejado la historia colgada, pero los nervios del viaje debieron confundirme :P

En fin, lamento el retraso y espero que os guste ^^

Disclaimer: Todos estos adorables pelirrojos pertenecen a J.K. Rowling. Yo únicamente les doy unas líneas más de vida.


Los Weasley.


Rumanía, 1991

Charlie estaba emocionado. Después de un par de días viajando en traslador por todo el continente europeo, por fin había llegado a su destino. O eso era lo que creía, porque allí no había nada. Ni rastro de las inmensas criaturas que habían sido su sueño y la pesadilla de su madre desde que tenía memoria. En ese lugar solo había árboles y silencio.

El mago se sentó agotado. El cansancio empezaba a hacer mella en él; tenía todos los músculos doloridos y los párpados se le cerraban de sueño. La excitación, por llegar a la reserva y ver a los dragones, le había ayudado a permanecer en pie durante todo el trayecto, pero parecía que la adrenalina ya no era lo suficientemente potente cómo para mantenerlo despierto. Si no aparecía pronto alguien, Charlie estaba convencido de que se lo encontrarían dormido al pie de aquellos árboles y no creía que esa fuera la mejor manera de conocer a su futuro jefe.

Para evitar rendirse al sueño, el joven decidió que debía mantener la mente ocupada, de modo que comenzó a repasar en su cabeza los breves conocimientos que tenía sobre el rumano. Charlie sabía que los hechizos traductores se habían perfeccionado en los últimos años y que no tendría problemas a la hora de hacerse entender, pero había preferido comenzar a estudiar la lengua y la cultura de aquel país que estaba destinado a convertirse en su nueva patria.

Apenas llevaba diez minutos dedicados a esto, cuando un ruido a su derecha llamó su atención. Charlie levantó la mirada y sujeto su varita con fuerza. Era cierto que apenas contaba con dieciocho años y que estaba esperando a alguien, pero no era estúpido. Se encontraba en mitad de un bosque perdido en Rumanía. Las precauciones no estaban de más.

Unos instantes más tarde, un hombre moreno de mediana edad apareció entre los árboles. Se acercó al joven con una sonrisa amabe que contrastaba con su aspecto serio y, con una voz profunda y gutural, dijo:

– ¿Charlie Weasley? –Charlie asintió –. Mi nombre es Andrei Balan, aquí tiene mis credenciales –continuó en un inglés bastante bueno –. Lamento el retraso, pero tuvimos un incidente de última hora. Nos han traído un hocilargo portugués que no esperábamos hasta mañana. Una criatura formidable, desde luego. ¿Estás listo, muchacho? Agárrate a mí y nos apareceremos en la reserva.

Charlie, que todavía no había pronunciado una palabra, se aproximó a su interlocutor y tomó el brazo que le ofrecía. Pudo observar que su rostro estaba lleno de cicatrices de todos los tamaños y formas. La más espectacular nacía cerca de su oreja izquierda y continuaba su camino por todo el cuello, perdiéndose entre la túnica del mago. Charlie se estremeció involuntariamente al pensar en cómo debía habérsela hecho y la preocupación le recorrió el cuerpo. Si una simple cicatriz lo asustaba de tal manera, quizás no sirviese para ser draconólogo. Antes de que pudiese expresar sus dudas, el mago se desapareció arrastrando al joven Weasley con él.

Cuando abrió los ojos de nuevo, Charlie se quedó extasiado. A apenas unos treinta metros de distancia, un enorme dragón, salvaje y terriblemente hermoso, se alzaba imponente en el cielo. Los rayos del sol resplandecían en las brillantes escamas que cubrían el cuerpo de la bestia y, en ese momento, Charlie olvidó todas las dudas que habían atribulado su mente. Ya no tuvo miedo por su integridad física, ni por saber si había hecho la elección correcta habiéndose ido a un país extranjero del que nada sabía. En ese preciso instante, Charlie sólo podía admirar a la criatura que tenía delante y se juró a sí mismo que proteger a esos animales sería su meta en la vida. El joven sonrió. No podía esperar a empezar a trabajar.