- ¿Qué estás haciendo, mi amor? - preguntó la mujer, agachándose a observar qué hacía su pequeño. En la calidez de sus palabras se apreciaba el cariño maternal.
- Estoy escribiendo - respondió el cachorro sin levantar la vista de su papel.
- A ver... - la elegante mujer se asomó al dibujo de su hijo y descubrió una palabra en letras mayúsculas en el centro del folio: MAMÁ - Es muy bonito, cielo - comentó.
Entonces el niño dejó de lado su labor para mirar a los ojos de la mujer:
- Escribo el nombre de la gente a la que quiero - explicó.
El salón estaba en calma y la escena estaba gobernada por la simple presencia de madre e hijo, que terminaron fundiéndose en un tierno abrazo.
- Mamá, en casa no hace falta que te maquilles, ¿a que no? - comentó el pequeño al ver el rostro de la mujer, el cual contenía una pequeña y poco perceptible base de maquillaje.
- Estoy en casa - advirtió una imponente y brusca voz proveniente de la entrada.
Al escuchar tal conocida voz, la mujer dejó escapar un suspiro de desánimo y se colocó un dedo sobre los labios para indicarle a su cachorro que estuviera en silencio.
- Sigue escribiendo - le pidió antes de besar su frente y marchar al doloroso encuentro de su marido.
Una maldita semana había transcurrido desde la última vez que había tenido aquel incidente con el erizo azul. Mientras reescribía sus apuntes y los pasaba a limpio, no podía evitar fijarse en el dorso de su mano, donde todavía era posible vislumbrarse una pequeña cicatriz, la cual ya daba indicios de estar comenzando a desaparecer de su piel. Se reclinó hacia atrás en su silla y suspiró con frustración.
El puercoespín azabache había estado evitando a Sonic desde entonces, pues pretendía librarse de un nuevo ataque a pesar de que lo veía como algo utópico, ya que, tarde o temprano, terminaría buscando él mismo al erizo azul. En cuanto a su investigación, no parecía haber progresado mucho: ya sabía que era bipolar, y no gracias a los documentos del despacho. Desde aquel fatídico día, había estado buscando cualquier distracción que le permitiera evadirse de su insana obsesión, ya fueran los libros o los estudios.
Mientras observaba el techo de su habitación no pudo evitar que las advertencias acerca del riesgo que suponía estar cerca de aquel chico marginado agolparan en su mente como una taladradora. Chasqueó la lengua con fastidio al pensarlo, pues se consideraba un chico con un pensamiento plenamente racional como para descartar que su presencia se evadía cada vez que pasaba tiempo con Sonic. Entonces se abrió los dos primeros botones de la camisa de su uniforme para tragar saliva al verse incapaz de rechazar que aquellos recuerdos volvieran a su mente. Y rió. Empezó a reír tras valorar lo absurdo, lo ridículo que suponía aceptar como verosímiles aquellas afirmaciones. Era muy posible que riera para apartar de su cuerpo el miedo a lo desconocido, mas sería algo que nunca admitiría el puercoespín azabache.
- Shadow, cariño, deja de estudiar y baja a cenar - llamó su madre tras golpear con suavidad la puerta de su habitación, sin llegar a abrirla.
El chico, ante tal interrupción, volvió a caer en la realidad de golpe, dejando de lado sus obsesivos pensamientos.
- Ya voy, mamá... - respondió, escuchando cómo los pasos de la mujer se iban alejando poco a poco.
El erizo negro se levantó de la silla y estiró los brazos con ganas. A continuación recogió todos sus libros y apuntes, no sin antes echar una última a las anotaciones de su perturbada investigación.
Seguramente se dedicaba a ello porque no tenía nada mejor que hacer.
Inútil.
Era prácticamente inútil intentar escapar, pues Shadow tenía la certeza de que terminaría encontrándose con el mocoso marginado, así que simplemente se dejó llevar. Volver a ver esos ojos era algo inevitable.
"¿Dónde está?" se encontró preguntándose a sí mismo por el paradero de ese maldito loco, negando que estaba ansioso por verle.
Entonces volvió la vista tras sentarse en su pupitre y... ahí estaba.
El erizo azul se mantenía centrado en sus cosas como cada día, ajeno al mundo que le rodeaba. En ese momento, a Shadow le resultaba imposible distinguir el tipo de ojos que predominaban esa vez, pues el muchacho inadaptado estaba empeñado en repasar aquella misteriosa letra en su mesa, como si tuviera miedo de que el paso del tiempo causase estragos en ella. Sin embargo, Shadow juró que había logrado distinguir cómo el objeto de su investigación avanzaba sobre el pupitre y se decidía a escribir más letras o, por lo menos, a dejar de lado aquella maldita "C" para dar paso a otras.
Entonces un compañero que pasó al lado de la mesa del erizo azul sin decirle nada le tiró accidentalmente un libro. No obstante, Sonic no mostró reacción alguna y siguió centrado en su aparentemente inútil labor, sin siquiera levantar la cabeza.
El puercoespín azabache suspiró, se levantó y se dirigió hacia la mesa de Sonic.
- Ten - soltó, recogiendo su libro del suelo y dejándolo caer encima de la mesa del erizo azul.
Éste, por su parte, dio un respingo como si aquel imprevisto le hubiera sacado de su mundo interior.
- Hola, Shadow... - saludó el erizo azul, mostrando un hipnótico número 2.
Shadow frunció los labios, pues no estaba dispuesto a dejarse enloquecer por los encantos de ese chico después de que intentara rajarle cada vez que le veía.
- ¿Estás enfadado conmigo? - preguntó el puercoespín azul, dejando a la vista su trabajo grabado en la mesa.
- No, no me hagas caso - respondió Shadow mientras intentaba ocultar su tono de irritabilidad, pues, aunque daba por hecho que el mocoso tenía un problema, le mosqueaba que le hablara con una voz que reflejaba tanta inocencia.
Fue entonces cuando se asomó al dibujo del erizo azul y descubrió que había añadido una segunda "C" invertida, situada justo debajo debajo de la primera "C".
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó Shadow, intentando fingir desinterés.
Sonic miró a los ojos a su compañero, adoptando entonces una expresión desenfadada y juvenil. Normalmente se le veía tranquilo siempre que escribía.
- ¿Es que no te acuerdas? Te lo dije la primera vez que me lo preguntaste - respondió a Shadow, haciendo uso de su inusual e inquietante amabilidad.
El puercoespín azabache chasqueó la lengua, mostrando así su impaciencia, y decidió volver a su sitio. Sonic estaba en uno de sus días agradables, y ya sabía por experiencia que lo mejor era dejarle con su buen humor en lugar de ponerle nervioso.
"Qué tío más raro..." pensó de camino a casa. Al contrario que Sonic, Shadow estaba ese día peligrosamente irascible; el ver al erizo azul tan relajado le hacía desesperarse. ¿Cómo es que había pasado tanto tiempo sin que Sonic hubiera montado alguna de las suyas? ¿Qué pasaba entonces con su investigación? Si no volvía a ver esos ojos cambiantes, no entendería la causa de su aparición y todo su esfuerzo habría sido en vano.
No. No pensaba rendirse tan fácilmente. Ese maldito niño era ahora su obsesión y cada minuto que pasaba a su lado era un paso adelante hacia su objetivo. Incluso podría decirse que ya no tenía otra meta en la vida. O, por lo menos, en lo que quedaba de curso.
Shadow rebuscó en el bolsillo de su pantalón su móvil al notar que vibraba y lo desbloqueó, descubriendo que le había llegado un mensaje instantáneo.
"¿Quieres venir a mi casa?"
Arqueó una ceja al leer el nombre propietario de aquel mensaje. ¿En qué momento le había dado su número de móvil a Sonic?
Entonces se planteó tranquilamente si sería buena idea visitar la vivienda de ese chico desequilibrado. Ya había sufrido sus ataques, leves, por suerte, dentro del instituto. Quién sabía lo que era capaz de hacer en la intimidad de su hogar.
Mientras caminaba hacia su casa, una conocida voz femenina trató de llamar su atención:
- ¡Shadow! - exclamó la extrovertida Amy mientras corría hacia él. ¿Es que no iba a tener ni un minuto a solas?
Shadow dejó escapar un suspiro y se detuvo hasta que la eriza rosa le alcanzó.
- ¿Qué quieres? - preguntó, intentando por una vez en aquel día ocultar su irritabilidad, pues era ya lo que le faltaba: tener que lidiar con esa niña.
- Mira, quiero que veas una cosa - dijo mientras rebuscaba el contenido de su móvil, ignorando el tono de frialdad con el que Shadow se dirigía a ella.
Al puercoespín azabache se le secó la garganta en cuanto observó aquella imagen. No podía negar que le resultaba perturbadora, y más que la tuviera Amy.
Se trataba de la pared de una habitación que estaba repleta de folios en blanco a modo de pósteres. Varios de estos folios tenían escrito MAMÁ en letras mayúsculas situadas justo en el centro de la hoja, mientras que otros llevaban grabada la palabra PAPÁ. No era difícil averiguar a quién pertenecía esa letra.
- ¿De dónde has sacado esa foto? - preguntó el erizo negro, adoptando un tono de seriedad - ¿Por qué la tienes tú?
- El antiguo chico que andaba siempre al lado de Sonic la consiguió - explicó mientras volvía a guardar su teléfono móvil - Es muy fuerte, ¿verdad? Es como si ese tarado hubiera matado a sus padres...
La tranquilidad con la que Amy comentaba aquello tan a la ligera provocó que el puercoespín azabache apretara los puños con rabia. ¿Hasta cuándo iban a seguir insistiendo con el mismo cuento?
- Amy, deja de ver tantas películas y estudia, que seguro que te hace falta - le reprochó Shadow, agotado de las acusaciones de su compañera, y se marchó de su lado, retomando así su paseo y dejando a la chica con la palabra en la boca.
Sin embargo, aquel oscuro pensamiento se hizo un hueco en la confundida mente del erizo negro. ¿Matar a sus padres? ¿Sonic? Era una acusación muy seria y, a pesar de que no quería imaginárselo, se lo estaba planteando. No obstante, no pensaba aceptar aquella sospecha tan a la ligera, y menos viniendo de una chica que tendría que empezar a aprender a tener vida propia.
Shadow comenzó a acelerar el paso, pues no podía evitar sentir un par de ojos a su espalda, como si alguien le estuviera observando y supiera acerca de su investigación, mas esa extraña sensación no distaba de ser una simple ilusión.
Lo único que pudo sacar en limpio el erizo negro aquel día fue que aquella maldita y misteriosa "C" se había desvanecido de su mente, dejando paso a una maldita y misteriosa "S".
