Naruto © Masashi Kishimoto
La doncella del eterno invierno.
Capitulo 3
Parte 2
Poco después de haberla dejado no pudo caminar más… su estado lo hizo comenzar a correr con urgencia. Su gran desesperación dejaba ver en claro el estado famélico en que se encontraba. Como si tuviese años sin beber nada en absoluto. Sabiendo bien que la sangre del castillo era sagrada y que consumiría mucha de esta debido a su hambruna, se dirigió al único lugar en donde podía beber con libertad. Los calabozos. En ellos estaban todos aquellos vampiros y vampiresas que habían sido capturados en algunos enfrentamientos. Prisioneros. Sangre cuyo sabor cada vez se asemejaba más al de sus tierras, tras haber pasado mucho tiempo allí. Quedaría satisfecho, pero sería una escena atroz. Lo sabía bien… pues toda mujer que mordiera moriría al quedar completamente vacía. Igual cada hombre si decidía beber de alguno…comer de algunos. Esa hambre suya que tanto temía había estado a punto de salir frente a su esposa. Esa sed de sangre tan bestial, sus ganas de devorar y despedazar todo cuanto sus manos podían tocar. Esa sed y hambre tan ancestrales, herencia de su familia. Legado de cada uno de sus antepasados, sufrida y amada por todos y cada uno de los miembros de su clan. Algo que los hacia temibles, respetados por sus más allegados…él…el único de todos los nacidos bajo el nombre Uchiha… el único que se sentía abominable gracias a tal herencia. Al verlo sus hombres entendieron por qué estaba allí. Había ido a alimentarse ya en algunas ocasiones aunque nunca con frecuencia. Temía que con su esposa allí… su hambre seria inextinguible. Siempre que las mujeres lo veían ansiaban que bebiera de ellas aun cuando sabían que morirían si lo hacía.
En un principio tener prisioneros era algo que no deseaba más debía proteger a su gente no había más remedio. Sentándose dentro de una de las celdas, no tuvo que esperar mucho, pues pronto tres vampiresas se le habían acercado, mostrándole sus cuellos. Mientras las bebía una a una finalmente comprendió porque ese estupor, porque las veía tan envueltas en éxtasis. Todas aquellas que alguna vez habían muerto siendo bebidas lo habían hecho sintiendo ese gran éxtasis. Sin duda eso era lo que había sentido al ser bebido por su esposa. Algo que no podía explicar, algo en lo que no podía dejar de pensar mientras consumía hasta la última gota. Pensar en ello… recordarlo… estaba volviéndolo insaciable. Sus manos con fuerza las apretaban, las desmembraba. Allí estuvo hasta que amaneció… marchándose tras haber bebido a seis de ellas…. Tras haberse comido los corazones y arterias de tres vampiros…. Pensó que jamás se saciaría. Caminando de regreso iba pensativo… pensando en lo que acababa de hacer… todos los vampiros eran iguales se bebían los unos a los otros… pero él no solo bebía también los comía. Algo que ningún otro vampiro solía hacer. Si tan solo pudiera devorar a todos aquellos que oprimían a su pueblo. ¿Qué tenía de especial la sangre de sus tierras? Eso era algo que nunca había sabido con exactitud. Pero siempre había sido codiciada. Tanto que esta era recolectada por muchos en el imperio…por reinos más grandes y poderosos que el suyo. De pronto la culpa se postro en él… pues ¿Qué habría pensado su esposa? Una de las razones por las que se había contenido tanto había sido esa… el temor a devorarla por completo. A sacarle el corazón y masticarlo, tragarlo. Algo definitivamente no conveniente para su reino. Devorar a su esposa en la noche de bodas, rompería el trato con el clan Haruno. Pensando en que lo que ella le decía sobre sonreír… ¿Podría sonreír ante lo que él había hecho? ¿Qué sentiría al verlo comer esos órganos? Reflexionado en esto se vio sorprendido por la presencia de un caballo blanco. –
Una de las muchas respuestas que le había dado el día que le pregunto que deseaba como regalo de bodas fue que amaba la naturaleza. Sabiendo muy bien que por el momento no podría llevarla a ver esas montañas que tanto anhelaba ver, decidió que le daría algo más. Por varios días pensó en que debía obsequiarle más ninguna idea se le presentaba. Recordando su mención de la naturaleza concluyo que le daría un caballo blanco. En vano mando a sus hombres a capturar a uno de ellos, pues regresaron con las manos vacías.
En cambio ahora uno estaba frente a él, probablemente uno de los pocos, pues sabía bien que ya no quedaban muchos. El corcel permaneció frente al pelinegro unos segundos y después comenzó a avanzar.
- ¿Acaso no te aterra? –se dirigió al caballo – no te da miedo venir a mí, oliendo la sangre ajena que salpico mi cuerpo. El aroma de quienes acabo de devorar… – el animal camino hasta llegar a él, nada temeroso, muy confiado por el contrario. Levantando su mano, acaricio la melena del caballo. – ¿Sabías que andaba buscando a uno como tú? ¿has venido a mí sabiendo que no te dejare marcharte? –como respuesta el caballo le dio la espalda, comenzando a caminar por sí mismo hacia el castillo. Le pidió a su sirviente que levantara a su esposa a pesar de que aún había luz. Sabía que al igual que a él la luz de sus tierras no lastimaría a Sakura. Se retiró hacia el castillo. Dejaría que ella viese al corcel por sí misma. Mientras él tomaría un baño en otra habitación. No quería ser visto en ese estado… toda la sangre que había bebido y que lo había salpicado –.
Tras cambiarse, Fumiko le ayudo a ponerse un ligero abrigo.
- ¿Me está esperando mi esposo? –pregunto Sakura –.
- Me temo que no. Hiromu me ha informado que este se ha marchado a atender algunos asuntos. Pero al parecer antes de irse se nos indicó que le entregáramos un obsequio.
- ¿obsequio?
- Así es mi señora. Se trata del regalo de bodas que Sasuke-sama preparo para usted –le explico mientras se dirigían a los establos. Finalmente llegando hasta ellos, el ama de llaves le pidió que esperara. Sentada en una banca de concreto comenzó a divagar por el cielo, observando la poca luz que había en esas tierras. No lograba entender como habiendo luz esta no era tan intensa. Al menos no lo suficiente para verse afectada. El curioso trotar la hizo volver su vista hacia el corcel que se detenía no muy lejos de ella. Camino hasta el con una sonrisa, no dudando en acariciarle el hocico, melena y nariz tan pronto estuvo a su lado. –
- Eres muy hermoso…Nunca antes había visto un caballo como tu…tan blanco –al aspirar y percibir no solo el aroma de Sasuke, pero también el de la sangre de varios más suspiro –Ya veo. así que por eso él no está aquí. No quiso que lo viera en ese estado… hiciste bien en no temerle… quiero pensar que no le temiste… aunque seguramente su estado se debía a que seguramente tenía mucha hambre. ¿Cómo te llamare? –se dirigió al caballo mientras le acariciaba la melena una vez más – aunque no quisiera darte un nombre porque al hacerlo me convertiría en tu dueña y no deseo tal cosa. Pero aun así me gustaría que te quedaras junto a mí por un tiempo. Quien te trajo a mí lo hizo con buenas intenciones. Lo hizo pensando en mí y quizás eso le pareció mal, pero me pensó al fin. Así que por esta razón te amare… te amare ya que ahora eres algo preciado para mí.
Mientras ella hablaba con el caballo, Sasuke la observaba desde un enorme ventanal. El agua escurría de su cuerpo desnudo, recién salido de su baño. No entendía por qué pero viéndola tan feliz lo enfureció. Él había matado y devorado y ella sonreía sin cesar. Le detesto un poco al verla montar el corcel para alejarse de allí y pasear. A su mente vinieron esas vampiresas que extasiadas se dejaban ser bebidas hasta la última gota, sonriendo antes de volverse cenizas. Si Sakura lo hubiese visto bañado en sangre… ella que decía ser una vampiresa pacifica ¿Habría sonreído?
Durante el día había dormido un poco, despertándose al comenzar la noche para tratar unos asuntos con sus consejeros. Viendo que no quedaba mucho tiempo para que la noche terminara se dirigió a su habitación dudoso. Estaba seguro que la vería allí. No es como que podía evitar a su esposa. Y no solo eso. Parte de si tenía curiosidad… curiosidad por saber si le diría algo por haberla dejado de esa manera. Quizás debería asustarla un poco para que escarmentara. Quizás debería decirle lo que hizo para perturbarla. Aun le molestaba haberla visto sonriendo al cabalgar mientras él a pesar de haberse bañado aun podía oler la sangre de todos los que había devorado. Ese olor a sangre albergado en sus fosas nasales. Aunque hacerlo también la haría descubrir todo el desprecio propio que llevaba consigo. Se odiaba por ser peor que esos otros vampiros tiranos que oprimían a su gente… incapaz de controlar su hambre y sed cuando estas lo invadían. Devorar… devorarlo todo por completo y sentir satisfacción al ver esas vidas ser consumidas por él.
- Estaba esperándote –le aseguro su esposa caminando hasta él, ayudándolo a quitarse su capa. Tomándola para no arrugarla, la colgó sobre el perchero. Sasuke la observo en silencio no sabiendo que decirle, pues sin duda no esperaba ser recibido de esa manera. Sus ganas de infundirle miedo se evaporaron sin que él lo notase. Siguió mirándola hasta que de nuevo hubo llegado hasta él. Le sonrió alegre de verlo y espero a que su esposo le dijera algo. Este camino para sentarse sobre la cama y quitarse las botas. Viendo que aún lo veía se decidió a hablar–
- ¿Sucede algo? –le pregunto el pelinegro al ver la insistencia con que lo miraba –
- Si…. Deseaba darte las gracias.
- ¿De qué?
- Jamás había visto un caballo tan hermoso… gracias –le respondió mientras subía a la cama sentándose detrás de él que aún estaba quitándose la última de sus botas. –
- No tienes por qué hacerlo –le respondió aun dándole la espalda –
- Claro que si…
- No era lo que habías pedido…
- No, pero aun así recibir algo tan bello me ha hecho muy feliz… gracias…
- Ya te dije que no tienes por qué darme las gracias… lo hice por compromiso… lo sabes bien.
- Estas molesto – intuyó abrazándose de su espalda y recargando su cabeza sobre uno de sus hombros –no lo estés no me gusta ver que esos frente a mí no son felices. En verdad es un caballo muy hermoso… –
- Te pido que me sueltes –al decir esto movió su hombro dándole un ligero golpe a su esposa en su mejilla, cosa que la hizo incorporarse un poco, mas sin dejar de abrazarlo –.
- No quiero… -le contesto abrazándolo mas fuerte –
- Por favor… –quería que lo soltara, esa cercanía no solo lo incomodaba también comenzaba a alterarlo–.
- No…
- Te he dicho que me sueltes –explotó finalmente soltándose bruscamente de su abrazo. La pelirrosa cayó de espaldas sobre la cama y él sobre ella. Sus pupilas escarlatas y enfurecidas la miraban sin parpadear. Su cuerpo temblaba de manera apenas imperceptible, como si estuviese haciendo un grandísimo esfuerzo por contenerse. Su esposa lo miro con suavidad, llevando una de sus manos a su mejilla para palparla. –
- Te prometo que no beberé de ti…no lo hare –al ver que el pelinegro no le decía nada prosiguió –no me harás daño no temas –le aseguro mientras intentaba serenarlo acariciando la ceja de uno sus ojos con los nudillos de sus dedos. De ahí los deslizo hasta su mejilla y a su afilada mandíbula como si hubiese dibujado en ellos un número tres. – no me lastimaras Sasuke –le dijo incorporándose con lentitud para besarlo. El pelinegro permaneció unos segundos inmóvil, pero finalmente le correspondió al sentir que ambas de las manos de su esposa le acariciaban su nuca, sus dedos enredándose en su cabello. Sin haberse dado cuenta su cuerpo había descendido, sintiendo sus senos bajo su pecho. Aun besándola sintió una oleada de aire golpear su espalda, dándose cuenta que ella le había subido la camisa.
Dejo de besarlo para permitirle incorporarse para halarle la camisa por el cuello. También le desabotono los pantalones. La pelirrosa llevo su mano a su pecho para jalarse un listón de su camisón blanco, exponiendo su blanquecino esternón, estomago e intimidad. Al verla de esa forma él solo se deshizo de sus pantalones. Llevando ambas manos para moverle el camisón y que este revelara sus senos. Sus ojos aún estaban rojos y su cuerpo temblaba pero detenerse ya no le pasaba por la cabeza. Se recostó de nuevo sobre ella al verla abrir sus piernas y revelarle la anchura de sus caderas. Sin pensarlo mucho unió sus cuerpos y comenzó a moverse con frenesí, mientras que su esposa deslizaba sus dedos por su fuerte y tensa espalda. Al escucharla gemirle al oído no pudo evitar acurrucársele en el cuello, involuntariamente usando su lengua para lamerlo, acercando sus colmillos para morderla. Al sentir que estos penetraban su piel volvió en sí. De nuevo aterrorizado, se incorporó tan aprisa que sus colmillos le rasgaron el cuello a su esposa. Esta llevo su mano hasta la herida viéndolo a los ojos.
- Sasuke no te preocupes todo esta –en vano le hablo pues este de nuevo se alejó de la habitación corriendo, el hambre invadiéndolo con cada paso que daba. ¿Cuántos serían devorados por él esta vez?
La situación siguió repitiéndose cada vez que dormía con ella, su hambre y ganas de aniquilar creciendo, no apagándose fácilmente. Acababan de cumplir los dos meses de casados y una vez más corría para satisfacer su hambruna. Para llenar ese hueco. Mas esta vez nevaba. El invierno había llegado pintándolo todo de blanco y el corría, corría velozmente. Pero era su culpa. Siempre se decía a si mismo que la rechazaría. Más una vez que la tenía frente a si terminaba consumido por su lujuria y la poseía. La hacia suya con la mente en blanco, disfrutándola y viéndose tentado a beberla. Aun sabiendo que todo culminaría con él sufriendo esa hambre tan violenta le era imposible negarse. Tan pronto lo besaba, tan pronto la sentía, sus sentidos se nublaban, lo dejaban. ¿Cuantas veces había llegado a una de sus habitaciones bañado en sangre? ¿Cuántas veces la tina había terminado ensangrentada? Ya había perdido la cuenta. ¿Cuántas vidas había consumido? Seguramente las suficientes para alimentar todo un pueblo por varias temporadas. ¿Cuántas veces se había escondido de ella para que no lo viera en ese estado?
Esta vez había sido precavido, evitando mancharse las ropas de la sangre bebida de sus víctimas. No esperaba que al ir regresando a su castillo se toparía con su esposa en medio de un bosquejo. Esta jugaba y acariciaba a un zorro blanco. Iba descalza, aun con el camisón de dormir puesto. Lo había seguido de eso estaba seguro. Debió imaginar que algún día lo haría. ¿Le habría visto devorando a todos y cada uno de ellos? Lo dudaba pues esta sonreía alegremente mientras le rascaba el costado al zorro blanco. Días atrás le había advertido de la agresividad de esos zorros y sin embargo, allí estaba jugando con uno. Sin pensarlo le hablo.
- No te dije acaso que esos zorros son muy agresivos.
- Sasuke –le sonrió al verlo regresar –.
- ¿Qué haces aquí?
- Te esperaba… y al hacerlo me topé con este zorrito. Me habías dicho que eran muy agresivos, pero parece que te equivocaste. –le aseguro mientras tomaba al animal en brazos y caminaba hasta él. –lo ves no es agresivo. Al tener al animal frente así extendió su mano y esta fue mordida de la palma. Al soltarse el animal de su palma forcejeo con los brazos de Sakura y escapo corriendo tras dejarle un rasguño –.
- Te lo dije… debes tener cuidado con ellos.
- No entiendo lo que paso… seguramente lo asustaste.
- Son agresivos por naturaleza… aunque el rasguño que te hizo ya ni siquiera se nota…
- Suelo sanar muy rápido… y este fue tan superficial que se cerró en segundos.
- No me preguntaras de dónde vengo…–pregunto deseando confrontarla, aun deseaba asustarla, dejarla saber lo que podía hacer cuando sentía esa hambre voraz –
- Estabas bebiendo ya lo sé –le contesto con una sonrisa, lo opuesto a la reacción que esperaba. Al ver que la pelirrosa dejaba de caminar se volvió a ella –.
- ¿no regresaras al castillo?
- Mas al rato… iré a los establos, cabalgare un poco aunque sea de mañana. Es curioso pero me agrada que la luz del sol de tus tierras no sea tan lastimera. En ninguna otra parte podía caminar bajo la luz con frecuencia… en fin te veré más tarde…
- Quizás no te vea en algunos días…
- ¿Y eso?
- Hoy mismo parto para el fuerte… tendré una reunión con algunos de mis consejeros… y terratenientes.
- Ya veo… entonces te deseo suerte Sasuke…–le sonrió para después acercársele a darle un beso corto en los labios. Se alejó caminado y retozando por la nieve como si fuera el día más feliz de su vida. En cambio él se molestó, pues sabía que ella seguramente había podido no solo oler la sangre ajena pero también saborearla. Sabía bien que las comisuras de sus labios aún tenían algo de la sangre que había bebido y ella seguramente al besarlo la había probado también. ¿Por qué no le afectaba? Llegando al castillo se topó con Fumiko que parecía tener tiempo esperándolo.
- Buenos días mi señor.
- ¿Sucede algo Fumiko?
- Dos cosas mi señor…
- Dime…
- No había querido decirle para no preocuparlo… pero su esposa no se ha alimentado ni una sola vez desde que llego a estas tierras. Siempre que voy y le ofrezco una copa de sangre la rechaza. Me preocupa que esté pasando hambre…
- ¿ni una sola vez?
- Así es mi señor ni una sola vez ha bebido …
- Ya veo… y que es lo otro de lo que querías hablarme…
- Hiromu mi esposo… me dice que tiene algo importante que hablar con usted… me ha pedido que antes de ir al fuerte lo vea en la torre de los anocheceres. Que no le diga a nadie que irá a verle…
- ¿sabes de lo que quiere hablarme?
- No mi señor… nunca me cuenta nada hasta no habérselo dicho a usted primero… pero imagino que tiene que ver con el viaje del cual acaba de regresar.
- Está bien Fumiko… gracias por informarme.
Después de hablar con Hiromu supo que nada volvería a ser como antes. Se aproximaban tiempos difíciles, pero sacaría a su gente adelante. Las cosas ya no seguirían así, obtendría la independencia de su reino fuese como fuese. Tras darse cuenta de la gran hipocresía que lo acompañaba encarnada en cada uno de sus consejeros, en la traición de sus más allegados, se dio cuenta que seguir escondiendo, reprimiendo su yo interior había sido en vano. Por mucho tiempo se había controlado, pero esta vez su lado más violento, el que más odiaba, debía salir para proteger a su gente. Ya no dejaría que le dijeran que hacer ni como reinar por miedo a ser un mal regente. Aunque terminara siendo su perdición ese lado tan monstruoso y sanguinario seria su fuerza y aliado en los días venideros.
Hesitando al estar frente a la puerta de su habitación finalmente se decidió a entrar. Temía que esa noche fuera una de las más sangrientas. No solo porque cada vez que dormía con su esposa lo dejaba hambriento, pero también por las ganas que tenia de exterminarlos a todos. A cada uno de aquellos que lo habían estado traicionando desde mucho tiempo atrás.
- Sasuke has vuelto –le sonrió mientras cerraba el libro que había estado leyendo, haciéndolo a un lado y saliendo de la cama para acercarse a recibirlo. –Aunque fueron solo un par de días en verdad siento que te extrañe. Sobre todo tu ceño fruncido, siempre molesto por razones desconocidas. Hasta yo misma me sorprendí al darme cuenta que extrañaba tu mal humor. – le aseguro tras sonreírle de nuevo para después abrazarlo. Sasuke permaneció inmóvil pues sabía que pronto ella lo iniciaría todo. Y en un par de minutos, él sucumbiría y sin duda alguna la haría suya. Aun sabiendo que el hambre se haría presente y que su lado brutal devoraría por largas horas, él dormiría con ella –. ¿Cómo estuvo tu reunión con el consejo? –al preguntarle esto el pelinegro deshizo el abrazo y camino hasta él baño para evitar contestarle. Al salir ya se había despojado de sus ropas por completo. Su cabello esta húmedo como si hubiera lavado su rostro y los mechones se hubieran mojado. Al ver que Sakura lo esperaba recostada sobre la cama, camino hasta ella. Deteniéndose para mirarla –.
- Te ves muy cansado Sasuke, anda ven a dormir. –le pidió mientras levantaba el edredón para que él se recostara. Una vez recostado espero que ella se le acercara e iniciara todo, pero la pelirrosa no lo hizo. Solo se acercó a besarle la mejilla y a susurrarle que descansara. Dándose la vuelta para darle la espalda se acurruco y comenzó a respirar profundamente para conciliar el sueño. Sasuke la miraba un tanto extrañado, pues las únicas veces que no habían dormido juntos había sido porque él había estado ocupado, trabajando en algunos de sus asuntos. Durante esos dos meses habían dormido juntos sin excepción alguna. Aun cuando ella sabía que la dejaría para ir a beber de alguien más, ella seguía durmiendo con él. ¿entonces por qué no esa noche? –.
- Sasuke –le hablo adormilada – ¿no puedes dormir? –no escuchando respuesta alguna siguió hablando aun adormilada – a pesar de que te extrañe… estos días fueron muy divertidos. Tuve la oportunidad de conocer a las esposas de Ichizo y Mifune-san… son muy agradables. Al llegar a tus tierras pensé que sería difícil formar amistades, pero me da mucho gusto haberme equivocado. Eres afortunado de contar con hombres como ellos en tu corte. – tras decirlo esto último guardo silencio, indicando que ya estaba dormida. Al escuchar su último comentario se puso de pie inesperadamente y se marchó. De nuevo buscando sangre que beber y vampiros que despedazar. El gran coraje acumulándose en su estómago, haciéndole compañía al hambre y a la sed inapagable. No podía contener sus ganas de exterminar a cada uno de los que lo habían traicionado.
- Amo… le he traído una copa de sangre Sasuke-sama –le anuncio Fumiko entrando al cuarto que estaba detrás del trono. –
- Gracias Fumiko… –agradeció para volverse al pergamino que estaba leyendo – ¿sucede algo? –interrogo al ver a su ama de llaves mirándolo con insistencia –.
- Amo…. Es sobre Sakura-sama…
- ¿Qué con ella? –pregunto aun leyendo su pergamino –.
- Me temo que lo vio durante esta mañana…
- ¿mañana?
- Así es… lo vio bebiendo sangre de una de las jóvenes de la servidumbre. –Sasuke permaneció serio, pues entendió que quizás esa era la razón por la cual ella había permanecido dormida. Usualmente se levantaba junto con él para desearle una buena noche, pero esa noche nada. A pesar de que el sol se había ocultado ella no se despertó. Después de haber bebido y devorado a vampiros y vampiresas había saciado su ser. Pero el último que había bebido le había dejado un mal sabor de boca. Por lo que había ido al cuarto donde se almacenaba la sangre. Dándose cuenta que beber sangre que sería entregada a su gente después de haber bebido tanto, no le pareció correcto. Así que no quedándole más remedio, le pidió a alguien de la servidumbre que se descubriera el cuello. Pensando en quitarse ese sabor bebió y bebió hasta que este hubo desaparecido, deteniéndose con esfuerzo al ver que la chica comenzaba a gemir extasiada, igual que aquellas cautivas que gemían hasta convertirse en cenizas. –
- Gracias por decírmelo Fumiko, pero ¿Y eso como lo sabes?
- La vi mi señor… yo sabía bien lo que usted estaba haciendo, pero en un descuido no me percate que ella entro al cuarto donde mantenemos la sangre que será entregada.
- Ya veo –viendo que su ama de llaves no se marchaba supuso que aún tenía más que decir –. ¿algo más?
- Mi señora sigue sin beber ni una gota de sangre… me preguntaba si la razón es que satisface su sed y hambre con solo beberlo a usted mi señor. Porque si bebe de usted mi señor ¿cierto?–ante tal pregunta Sasuke se quedó un tanto estupefacto – supongo que su silencio me dice que esa es la razón.
- No Fumiko, tampoco bebe de mi sangre…
- Eso sí es preocupante mi señor…me tranquilizaba pensar que lo hacía…
- Hablare con ella, le diré que debe beber aunque sea de vez en cuando. Que no debe pasar ni sed ni hambre. Llámala Fumiko…
- Me temo que no será posible en estos momentos…
- ¿Por qué?
- Se encuentra charlando con las esposas de Ichizo-san y Mifune-san …
- Fumiko… trata de que no pasen mucho tiempo solas…
- ¿Es por lo que imagino mi señor?
- Supongo que Hiromu ya te puso al tanto…
- Así es…
- En estos momentos solo puedo confiar en Hiromu… y en ti Fumiko. –al marcharse el ama de llaves, pensó en que no se había dado cuenta en que momento las esposas de esos dos habían entrado al castillo. Esa era la desventaja de que la sala del trono y la parte habitable del castillo tuvieran entradas diferentes. Recordando lo que le había dicho Fumiko sobre suponer que Sakura bebía de él, se estremeció al recordar la sensación que había sentido al ser bebido.
