Días con amigos

IV


El cielo encapotado, gris y frío, recordaba que aquellos días de otoño aún no se habían despedido del todo pese a que el invierno estaba cada vez más próximo. Se había anunciado una tormenta pero la amenaza aparente del clima no se veía como una realidad cercana.

Además, sus planes para ese día no eran precisamente estar a la intemperie.

—¿Aquí vive Kouji? —Takuya cuestionó, señalando hacia el frente.

Izumi rodó los ojos ante la pregunta estúpida y Junpei soltó una risa divertida, sin poder evitarlo. Tomoki contempló el frente de la casa con asombro pero no dijo nada al respecto, como sí estuviese meditando una forma de expresar su admiración. Kouichi, que caminaba detrás de ellos, dio un resoplido que escondía una sonrisa. Él había tenido una reacción muy distinta a todas las de sus amigos cuando vio el lugar donde vivía Kouji, la primera vez. Aunque, claro, él había tenido otros motivos para acudir a la casa Minamoto, en aquel momento.

Le divertía la idea de saber que había visto muchas veces la casa pero que esa ocasión era diferente a todas las demás.

—Sí, aquí vive —replicó, finalmente.

Takuya se volvió hacia él con una mirada elocuente y Kouichi se ruborizó de forma inmediata al comprender la acusación escondida. Kanbara, después de todo, había estado presente cuando él le confesó a Kouji que lo había estado siguiendo —acosando, corrigió en su fuero interno para hablar con él. Izumi hizo eco de su expresión, en menor medida y con mayor diversión. Junpei simplemente se sonreía, como conocedor de un secreto que nadie poseía y Tomoki parecía más absorto en la fachada del hogar Minamoto que en la plática de sus compañeros.

—¿Llamamos?

—Pueden quedarse aquí afuera, sí quieren —declaró una sexta voz.

Kouichi volvió a resoplar una risita y se giró lentamente, para ver el rostro de su gemelo. No lo había escuchado llegar pero había estado absorto en la discusión de sus amigos como para notarlo.

Kouji sonreía con inusual diversión brillando en el fondo de sus ojos. Kouichi supuso que se debía a los vacilantes muchachos que estaban frente a la puerta de su casa y que, desde su perspectiva, debían resultar muy cómicos.

—¡No te aparezcas de ese modo! —Junpei demandó, después de recuperarse de la impresión. Fue el más rápido— ¿Quieres que nos de un ataque?

—Me hubiesen escuchado sí no fuesen tan ruidosos —Kouji determinó, sin perder esa extraña expresión divertida.

Kouichi sabía que su hermano, en general, tenía una respuesta para cada cosa.

—Tú casa es linda, Kouji-san —Tomoki susurró, mirando al joven Minamoto.

Kouichi fue conciente de la incomodidad de su hermano cuando lo vio cambiar de peso sobre sus piernas. Le parecía triste que su gemelo se sintiese de ese modo al recibir comentarios agradables. ¿Por qué sería? Era triste pensar que no sabía mucho sobre el pasado de Kouji. Ciertamente, se habían conocido en octubre y de eso habían pasado apenas unas semanas. Sintió una mirada repentina de parte de su hermano y se sintió inmediatamente inquieto, como sí hubiese sido descubierto en medio de una travesura.

—¿Es tu perro, Kouji? —dudó Tomoki.

—Sí. Se escapó y tuve que ir tras él. Es un perro caprichoso.

Kouichi dio un respingo cuando Okami, —su hermano le había hablado vagamente de él— se colocó a su lado y comenzó a lamer su mano sin previo aviso. Dudaba que estuviese en busca de atención porque era la forma en la que siempre actuaba a su alrededor pero igualmente se inclinó, para acariciar al cachorro.

Era extraño ver a un perro tan amigable como Okami. En especial, porque a él, nunca le habían llamado la atención los perros. En realidad, prefería a los gatos —y los felinos lo preferían a él— pero tenía una especie de cariño por ese cachorro, en particular. Varias veces lo había visto rondar la casa y, salvo la primera vez, nunca había hecho ningún intento de atacarlo ni parecía rechazarlo. Tal vez se debía a que se parecía a Kouji, aunque lo dudaba. Quizá Okami sabía que no quería hacerle daño a su dueño y eso era todo.

Rascó detrás de las orejas de Okami y el perro se volvió para mirarlo, con la lengua asomándose entre sus dientes.

— ¿Co…? —Kouji pareció sorprendido del accionar de su mascota. Entonces, una luz se encendió—. Ya conoces a Okami, niisan.

Kouichi vio que el cachorro movía la cabeza hacia su dueño ante la mención de su nombre y no pudo evitar soltar una risita cuando sus orejas cayeron ante la seria expresión de su gemelo.

—Él me vio varias veces cuando vine antes —confesó, en voz baja. Y era conciente de que todos sabían a que tiempo pasado se refería.

Kouichi giró el rostro hacia la casa y decidió concentrarse en algo más aparte de la mirada de Kouji. No había caído en la cuenta de lo molesto que resultaba que alguien pudiese leer todo lo que pensaba hasta que lo vivió en carne propia.

Junpei se aclaró la garganta para cambiar el tema, buscando regresar a la tranquilidad del ambiente anterior.

—Creo que deberíamos entrar. Comienza a levantarse el viento, ¿no es así?

Kouichi ladeó el rostro en dirección a ellos, para estar de acuerdo, y se dio cuenta que sus amigos ya se encaminaban hacia el interior de la morada.

—No te quedes atrás, Niisan —Kouji pidió.

—Lo siento —replicó y cortó la distancia que los separaba con unos pocos pasos.

Kouji había quedado hasta el final del grupo y lo esperaba.

Izumi y Takuya estaban discutiendo sobre algo que él no llegaba a comprender pero parecía ser de vital importancia. Kouichi tenía la certeza que esos dos peleaban cada vez más seguido, cuando se veían. Lamentablemente, se reunían poco, así que parecía que peleaban por todas las veces que no podían hacerlo. Como estaban en época de clases, los fines de semana eran la mejor opción para los encuentros así que habían armado una especie de rutina cuando todos podían coincidir.

La mayoría de las veces se veían en Shibuya, por una extraña añoranza que se mezclaba con nostalgia.

Junpei y Tomoki siempre habían sido más armoniosos, así que no le sorprendía verlos hablar con entusiasmo sobre unos juegos de video que el primero había adquirido. Kouichi sonrió cuando distinguió la figura de Satomi Minamoto en medio de la sala de estar. Fue un gesto automático que nacía al ver a la mujer, no sabía exactamente la causa.

—Oh, muchachos. No los esperaba hasta más tarde —ella saludó.

Sus ojos se detuvieron involuntariamente en los gemelos. Había pasado poco tiempo desde que los había visto juntos por primera vez y aún no se acostumbraba del todo. Sin embargo, le alegraba verlos. Desde que Kouji había conocido a su hermano y a sus nuevos amigos, las cosas habían cambiado muchísimo para ella, no, para todos.

No podía evitar sentirse feliz.

—Me alegra que hayas encontrado a Okami, Kouji. Déjalo que se quede.

Antes de que alguno pudiese devolver el saludo o decir algo siquiera, escucharon un extraño gruñido proveniente de un rincón. Kouichi volvió a sonreír cuando reconoció la silueta de Okami y se relajó pese a que le sorprendía que se viese tan hostil. Takuya había extendido el brazo para tocarlo y el perro había rezongado.

—¡Okami! —llamó Satomi. Era natural que Okami no reconociese a los visitantes y se sintiese amenazado. En realidad no dejaban que el perro se quedase dentro de la casa pero como habían anunciado tormenta, Satomi le había permitido quedarse. Okami odiaba la lluvia y no tenía corazón para dejarlo fuera de la casa, a merced de los cambios del clima.

—Se pone nervioso con desconocidos —Kouji explicó a sus amigos, que contemplaban con interés a su mascota. Caminó hacia el cachorro y le acarició la cabeza.

Okami movió la cola, como toda respuesta.

—Es un poco huraño al principio —Satomi continuó, sonriéndoles a sus visitas—, pero en el fondo es un cachorro que sólo quiere jugar... Oh, por favor, siéntense. Les traeré algo para comer... Quédate aquí, Kouji. No queremos que Okami se ponga nervioso con tus amigos...

—Dicen que se parecen a sus dueños —Kouichi susurró, logrando que Takuya se riese sin miramientos ante la declaración.

Kouji contempló a su hermano y a su mejor amigo con un deje de irritación brillando en el fondo de sus ojos.

—Supongo que por eso no le gruñó a Kouichi, ¿cierto? —cuestionó Junpei, torpemente.

—Él ya me había visto antes —confirmó Kimura, sintiéndose avergonzado. No le gustaba traer el tema al escenario central.

Takuya protestó—. El perro me odia porque quiero tocarlo y quiere que tú le juegues. Es tan injusto.

—Yo creo que le gustas —Izumi se rió, suavemente.

Kouichi quería esconderse detrás de algo. Sabía que su cara comenzaba a tomar color. La sonrisa divertida en la cara de Kouji se lo confirmó. Imagino que eso sería un tema al que recurriría su hermano en el futuro para avergonzarlo. Intuyó que tendría algunas preguntas para él.

No se sentía demasiado mal por eso, a fin de cuentas. Al menos, pensó, habría un futuro. Para todos ellos.


N/A: No directamente relacionado con los capítulos anteriores pero tampoco demasiado lejos. Mayormente, un capítulo para hablar sobre el perro de Kouji y, claro, para mostrar como conocen los chicos a Satomi.