Neon Génesis Evangelion: Segunda Agenda

4 – Transición (momento introspectivo)

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El fuerte sonido de vidrio rompiéndose perturbó el silencio casi absoluto del ambiente. La noche era oscura. No había señal alguna de vida. Sin embargo, eso no era de extrañarse. El hombre, todo cubierto de harapos y restos de ropa, sujetaba un bastón de madera con ambas manos. Lo había usado, justo entonces, para romper la ventana del hospital, o lo que quedaba de él. No se notaba su rostro, pero se notaba que era joven; no tendría más de veinte años.

Introdujo el brazo, cautelosamente, por el agujero de la ventana rota, abriendo la puerta desde adentro. Algunos de los pocos vidrios que colgaban cayeron al piso en el momento de mover la puerta, rompiendo nuevamente el silencio. El suave sonido del viento mantuvo la sensación de estar vivo en el hombre, el cual se movía únicamente por cumplir su propósito. El silencio se había esfumado, y al mismo tiempo el vacío. Se detuvo brevemente para mirar el desértico y estéril paraje, totalmente oscuro por la noche. Sólo la luz de la Luna le permitía ver, aunque no había mucho que apreciar. La calle, totalmente destruida, meramente aparentaba ser lo que una vez fue. Sin embargo, con el dolor de su alma, prosiguió a cumplir su propósito sin más demoras.

El hospital, o lo que quedaba de él, estaba tan mal o peor que el exterior. Por lo menos la poca estructura que quedaba parecía ser lo bastante estable para no caerse. Buscó en la oscuridad por poco tiempo, pues sabía dónde encontrar lo que necesitaba. El libro de medicina estaba en buen estado, a pesar de todo. Lo abrió y consultó por lo que debería conseguir, actuando rápidamente. Tomó un viejo estante móvil para la comida y empezó a poner las cosas encima, con el cuidado necesario de no romperlas o ensuciarlas. En una vacija de metal vertió alcohol y puso los instrumentos adentro, con el fin de desinfectarlos. Por suerte, una antorcha bastante rudimentaria le proveyó de suficiente luz, y pudo trabajar con eficiencia. Una vez que tuvo todas las cosas que necesitaba, y hubo hecho todo lo que debía, cerró el libro, lo puso encima junto a las demás cosas, y se dirigió a la puerta por la cual había entrado. Sin embargo, antes de empezar a avanzar, miró a su derecha, absolutamente extrañado. Ahí, echado en el piso, un esqueleto miraba en su dirección. Parecía tener bastante tiempo muerto. Se quedó congelado por más tiempo del que notó, y luego continuó con su propósito, casi corriendo de pánico. Había sido una señal.

El camino de regreso fue bastante tortuoso y largo. La antorcha ya se había apagado, pero la luz de la Luna le era suficiente. Conocía la ruta. No supo cuánto tiempo pasó, pero llegó.

El refugio era muy sencillo, pero funcionaba bastante bien. Había sido reforzado y reparado de diversas formas, y tenía todo lo necesario. A pesar de ello, era bastante lúgubre. Las paredes negras, chamuscadas y derruidas, conformaban la mayoría de la estructura. Una puerta rudimentaria, hecha con una gran tabla de madera, cubría la entrada. Era fácil de mover, pero pesaba. El hombre la sacó de su paso e ingresó, cerrándola posteriormente. Adentro, encima de una sencilla cama con sucias frazadas, una mujer dormía. Su larga cabellera pelirroja caía libremente por un lado, y un pañuelo húmedo cubría su frente. La frazada la cubría hasta los hombros, pero tenía el brazo izquierdo encima.

No tendría más de veinte años, y estaba embarazada.

El hombre se acercó y tomó su mano izquierda con las suyas. Ella despertó suavemente y le miró, alegre de verlo volver.

"Idiota, ¿por qué te demoraste…?" le reclamó ella, débil.

"Lo siento…" le respondió él.

Justo entonces, la chica empezó a dar señales de dolor, y a hacer gemidos suaves. Había llegado el momento. El hombre se arrodilló a su lado, se descubrió el rostro y sujetó su mano fuertemente. Tenía el cabello negro, descuidado y desarreglado, aunque lo bastante corto para no causar problemas. Un inicio de barba empezaba a poblar su rostro, empezando desde las patillas y conectándose en el mentón, pero sin dar indicios de bigote. Sus ojos marrones estaban vacíos por la preocupación.

El tiempo pareció eterno, y el suplicio de la chica infinito. A cada rato le gritaba y recargaba la culpa al hombre, diciéndole idiota y demás cosas. Sin embargo, terminó. Las sucias frazadas estaban bañadas de sangre, y un bebé yacía en ellas, con el cordón umbilical y la placenta a su lado. El hombre se apresuró en hacer lo que el libro decía, apoyado a su lado. Tenía sus instrumentos junto a él, en el estante, y veía las ilustraciones con pánico. Sus manos temblaban casi descontroladamente, pero con seriedad y determinación hizo la operación. El bebé lloró estruendosamente, y el hombre no se pudo mover al verlo. Era un niño.

Con cariño abrazó al recién nacido y lo acercó a su madre, quien yacía agotada en la cama. Meramente pudo levantar la cabeza de la almohada para ver al frente, y mantener los ojos abiertos. El niño, empapado de sangre, había dejado de llorar. El hombre limpió sus ojos lo mejor que pudo y se lo dejó a su madre, quien lo sostuvo. Ella estaba llorando mientras veía a la criatura abrir sus pequeños ojos y mirarla, como si fuera lo único que existiera en el mundo.

Y así siguieron, por más tiempo del que pudieron notar cualquiera de los tres.

"¿Ya decidiste cómo llamarlo?" preguntó ella, cariñosamente. Su voz era bastante tierna.

El dijo el nombre de la criatura, mirándola directamente a los ojos. Sonrió un poco, anonadado después de todo lo que había ocurrido. Ella le sonrió de vuelta.

Al poco tiempo, ambos miraron hacia arriba, mientras el niño dormía. El cielo nocturno no era bloqueado por cielo raso alguno, así que pudieron apreciarlo libremente. La Luna, atravezada por el haz rojo que se estiraba hasta más allá del horizonte, estaba en su plenitud, y las estrellas brillaban sin inhibiciones.

***

Rei despertó, confundida, en medio de una neblina blanca que no le permitía ver más allá de sí misma. Estaba echada en el piso, blanco también, y vestía su uniforme escolar. No podía recordar cómo había llegado ahí. Se levantó y empezó a caminar.

***

Sentada en su escritorio privado, en su habitación dentro de la Central, la comandante miraba nostálgica una imagen. Era una fotografía estática, como las que había antiguamente. El marco era de un compuesto que asemejaba la madera, material bastante escaso y considerablemente fino. Un marco así no era fácil de conseguir, y eso resaltaba la importancia de la imagen.

"Es la tercera vez que esto me pasa…" se dijo la comandante a sí misma, mirando la fotografía detenidamente. Su voz, a diferencia de las otras ocasiones, era bastante suave y lenta, sin ninguna clase de autoridad. Era, más bien, triste.

Apoyaba su cabeza sobre sus brazos cruzados encima del escritorio. Había retrocedido el ordenador portátil para tener espacio, pero la imagen no la había movido. Pudo sentir cierta humedad en su brazo derecho, el más cercano a su rostro, pero no le dio importancia. Desde antes esa humedad había recorrido su rostro, y tampoco le había dado importancia.

***

"¿Quién está ahí?"
'¿Quién eres?'
"¿Qué?"
'¿Dónde estoy?'
"¿Qué está sucediendo?"

Una luz bastante blanca la cegó en su andar. Tuvo que detenerse y cubrirse el rostro con su brazo, en un intento de ver la procedencia de la luz. No sabía qué estaba sucediendo.

***

"Me alegro que haya podido presentarse, comandante."

Sentado con gran pomposidad, apoyando sus piernas cruzadas sobre la mesa y fumando un habano, el Emperador le dirigió la palabra a la comandante. No se volteó a mirarla.

"Usted me mandó a llamar, señor Emperador."

"Cierto." volteó el rostro y la miró directamente, como para confirmar que fuera ella. Luego, lentamente, se levantó y adquirió una postura más formal. "Tenemos que hablar sobre los recientes sucesos que han acontecido sobre el complejo de Erythro."

La comandante estrechó los ojos. Sabía que esa reunión tenía algo que ver con eso.

"La situación es muy poco favorable. El nuevo ángel sigue todavía vivo, si se puede decir que esa cosa está viva… Y su unidad Evangelion que derrotó al anterior no lo logró esta vez. Entiendo que todavía tiene capacidad para contrarrestar el ataque. ¿Es eso cierto?"

"Lo es, señor Emperador." respondió ella, agresiva pero respetuosamente. "La piloto de la unidad Alpha, la cual derrotó al anterior ángel, se encuentra en estado comatoso. Sin embargo, su recuperación es bastante prometedora y parece que dentro de poco tiempo podrá volver a luchar. Su unidad ha sido dañada levemente, en comparación a la piloto. Las reparaciones no deben demorar más de diez horas. La piloto de la unidad Marcus se encuentra en rehabilitación y podrá luchar en menos de dos horas, y su Evangelion no necesita tiempo para prepararse."

La comandante habló casi orgullosamente. Sin embargo, sabía que el Emperador no prestaba verdadero interés de su autosuficiencia, ni la marciana. Pasó un momento de silencio.

"Dígame Natalya, ¿es cierto que ambas pilotos son sus hijas?"

La pregunta tomó por sorpresa a la comandante. Abrió los ojos, casi imperceptiblemente, y retrocedió un poco. Demoró en contestar.

"Así es, señor Emperador."

El hombre sonrió notablemente ante la respuesta.

"Usted parece estar exponiendo a un grado bastante elevado de peligro a estas chicas. ¿No teme por su seguridad?"

"Temo más por la seguridad de Erythro y de toda la población marciana, señor Emperador. Aparte, ¿quién luchará si no son ellas? Nadie más puede."

El hombre se mostró complacido, casi alegre.

"Si hay alguien más que puede, comandante. Debo informarle que ya ha sido despachada la capitana Cabrera, de los Apus de la Confederación Latinoamericana. Estará llegando a Marte en aproximadamente un mes desde ahora."

La comandante recibió la noticia como un disparo. Debió esperar algo parecido.

"Su centro de operaciones está hecho un desastre, su liderazgo ha causado a dos unidades costosos daños y podría haber permitido la destrucción del complejo marciano y todas las personas que lo habitan. Estoy tomando cargo de la situación y prosiguiendo con la primera fase del plan establecido. Así que asegúrese de hacer las cosas bien esta vez, comandante, o para cuando me vea forzado a cumplir la siguiente fase usted podría ser deportada de regreso a Rusia."

Al terminar de casi gritar su amenaza a la comandante, la imagen del Emperador se desvaneció, dejando a la mujer sola en un cuarto oscuro. Ella miró hacia adelante, en dirección de donde estaba antes el hombre, y expresó su fuerte enojo hacia él.

"Muy bien, entonces veremos quién puede más, querido primo…" pensó para sí misma, antes de regresarse y salir de la habitación.

***

"¿Quién eres tu?"

Rei se encontraba sentada en uno de los vagones de uno de los trenes de la subestructura de Erythro, avanzando hacia alguna de sus estaciones. El exterior era muy vago y brillante por los sistemas de iluminación de las paredes del tunel. No había referencia alguna para saber a dónde estaba yendo.

'No lo sé.'

Delante suyo estaba sentada otra chica, muy parecida a ella. Casi idéntica.

"¿Cómo puedes no saber quién eres?"
'¿Acaso tu sabes quién eres?'
"Si, yo soy Rei Ikari."
'¿Y quién es Rei Ikari?'

Esa respuesta la tomó por sorpresa. No sabía qué decir.

"Pues, soy yo."
'¿Y quién eres tu?'
"¡Rei Ikari!"
'¿Eres tu la entidad que se reconoce como Rei Ikari?'
"¡Si, soy yo!"

La chica de enfrente levantó el rostro, que lo tenía bajo. Hasta entonces no se podía reconocer quién era, pero al levantarlo se notó claramente.

'Yo también me reconozco como Rei Ikari.'

*

"¡Rei, contesta!"

El grito la sacó de donde antes había estado, haciéndola mirar al frente. Dimitri estaba sentado en la carpeta delantera, haciendo una mueca que variaba entre sonrisa y preocupación.

"¿Otra vez pensando?"

"Si… ¿Qué más?"

"¿En qué estabas pensando?"

"No lo sé."

"¿Cómo puedes no saber lo que piensas?"

Rei se demoró un momento en responder, pero descubrió la respuesta.

"Estaba pensando en mi madre…"

*

La imagen de su madre en el tren, tomando a su hermana mayor de la mano, fue bloqueada por la puerta que se cerró. A través del vidrio podía verse aún, pero alejándose. El tren se movía y ellas se iban.

"Mamá, no me dejes…" pudo ver sus cortos brazos estirarse, intentando alcanzar la imagen que se escapaba para no volver. "¡Mamá!"

*

"Vaya, mira tu. ¿Y te encontraste con la comandante?"

Jack estaba sentado en la silla del comedor, mirando a Rei con cierto grado de consternación, y hablando así también.

"Si. Ella fue a verme porque quería hablar conmigo."

*

"¿Tu querías hablar con tu madre?" le preguntó Dimitri desde la carpeta delantera.

"No verdaderamente."

*

'¿Por qué no?'
"Porque tengo miedo."
'¿Por qué le tienes miedo a tu madre?'

*

"¿Sabes por qué te he mandado a traer?" le preguntó la comandante, con un tono impositivo. Su imagen completa se estaba imponiendo.

"No…"

*

"¿Por qué te mando a llamar la comandante?" le preguntó Jack, consternado.

"No lo sé…"

*

"¿Por qué te mandó a llamar tu madre?" le preguntó Dimitri, preocupado.

"No lo sé."

*

'¿Por qué te mandó a llamar tu madre?'
"¡No lo sé!"

***

Dentro de un tubo vertical de vidrio, lleno de un extraño líquido amarillento, Yurika despertó. Se sobresaltó al verse inundada y flotando en medio de la nada, y al verse atrapada en aquel extraño lugar. Pero lo que más la sobresaltó fue el hecho de que estaba desnuda. Rápidamente se cubrió con sus brazos, instintivamente.

"Hola Yurika." escuchó una voz cercana que le hablaba. Se asustó, entonces, al descubrir a una persona parada delante del tubo, mirándola atentamente. Era la comandante.

***

El comedor del departamento de Jack estaba bastante ordenado, casi como si esperaran recibir visita o algo parecido. Rei estaba parada, a un lado de la mesa, mirando el cuadro que colgaba en la pared, justo por encima de la línea visual. El sencillo paisaje era bastante sereno. Transmitía una sensación de paz.

"Siempre me he preguntado sobre eso, pero la verdad no sé…"

*

'¿Habías visto alguna vez algo parecido?'
"No que me acuerde."

*

El cielo azul presentaba pequeñas, casi imperceptibles, nubes blancas. Eran bastante escasas, casi como una decoración para romper con una infinidad. A la distancia, aunque cubierto parcialmente por una nube, el sol proyectaba su luz, regalando un cálido día.

*

'¿Habías sentido alguna vez algo parecido?'
"No que me acuerde."

*

El duro suelo, amarillento, se extendía hasta más allá de lo que se podía ver. Las largas plantas eran lo que le confería el color al ambiente, y parecían tener algo como granos en la parte superior, el en extremo. Eran suaves al tacto, y Rei se quedó tocándolos por bastante tiempo, sacándole el máximo provecho a cada segundo, a cada sensación. No había sonido alguno. Tan sólo el sonido del viento.

*

'¿Tuviste alguna vez una sensación similar?'
"Ahora que lo preguntas, me acuerdo de una."

*

La imagen, el símbolo de Erythro, cubría una sección bastante grande de la pared de la terminal. Su círculo rojo encerraba cuatro columnas de estilo griego, y la palabra Erythro, también en rojo, se presentaba importantemente entre las columnas. Abajo de la misma estaba grabada una frase escrita en ruso. Rei no supo entonces lo que decía.

"De los restos resurge la historia…" escuchó la voz de Jack, a su lado. Estaba mirando el símbolo también. "Lo que es ya ha sido, y lo que fue volverá a ser…"

'Porque las cosas se repiten…'

(Dimitri) "Porque el tiempo no es lineal…"

(Madre) "Porque las cosas se pierden y se olvidan…"

(Rei) "¿Por qué?"

(Todos) "Porque así es cómo las cosas son."

*

"¿Entonces… los Evas volverán a luchar contra los ángeles para salvar a la humanidad…?"

"Si alguien te ataca a ti y a todo lo que tu quieres, tienes que defenderte y luchar, ¿no es cierto?" le repondió Jack, hablando con bastante amabilidad. Se volteó de mirar el exterior del tren, que mostraba la base de Erythro en todo su esplendor, y miró directamente a Rei, sonriendo sinceramente. "Yo tampoco sé lo que sucede, pero vamos igual. Hay mucho por hacer, y mejor no nos demoremos."

***

Yurika miraba la proyección sin hacer expresión alguna. Estaba atónita. De pronto, la misma se desvaneció.

"Muy bien Yurika, ya has visto contra qué estamos lidiando." empezó a hablarle la comandante. Su voz era fría, como era habitual. "Tu permanecerás en espera dentro de Marcus. La operación comenzará en la mayor brevedad posible, una vez esté todo listo. Mientras tanto, lo que podemos hacer es observar e investigar, y esperar a que el ángel haga su siguiente jugada."

Yurika todavía no se había inmutado en lo más mínimo. Aún se mantenía de pie débilmente debido a la rehabilitación que tuvo que pasar, y por permanecer tanto tiempo inerte. Vestía el traje ajustado, color gris oscuro con negro, que usaba para pilotear su Eva. Su cabello estaba muy bien cuidado, haciendo contraste con el resto de su persona.

"¿Qué…?" empezó a murmurar, en un tímido intento de hablar. "¿Qué pasó con Rei…?"

La comandante se detuvo un momento para observarla. Esa pregunta no le extrañó, pero el hecho de que no la extrañara si la confundió.

"Está dentro del reporte. No te distraigas por eso…" se detuvo nuevamente, no sabiendo qué decir. Luego de reflexionarlo brevemente, prosiguió. "Pronto la verás."

Yurika levantó el rostro para ver a su madre a los ojos por primera vez en aquel día. Su frío rostro le devolvió la mirada, sin revelar nada profundo. Sin embargo, pudo ver algo, enterrado detrás de su oscura mirada sin emoción.

***

El pasillo del colegio era un ambiente tranquilo y relajante, en comparación de las clases. El sonido era casi mínimo, y las bancas bastante acogedoras. Sin embargo, lo que realmente era apreciable era la soledad. Esa soledad permitía distraerse de la cotidianeidad, y ponerse a pensar. Pero los pensamientos no eran tan acogedores como el ambiente. Recordaba otros momentos en que había estado ahí. Habían sido momentos que guardaba con mucho cariño en su recuerdo, pero no pensó jamás que se sentiría así al recordarlos. En su mano sujetaba un equipo portátil de sonido, con sus audífonos inalámbricos asegurados al sistema. No había cambiado la memoria de las canciones guardadas, a pesar de saber que debían tener por lo menos unos años sin modificarse. No era suyo como para poder hacerlo.

"¿Dónde estás, Rei?" pensó Dimitri para sí mismo, mirando la nada enfrente suyo.

***

Rei se conmocionó y tuvo que retroceder. La habían agarrado por sorpresa.

"Perdone, no quise asustarla, jóven dama." le dijo un chico del colegio. Ella no lo conocía, pero creía haberlo visto anteriormente. Su cabello era negro, y su rostro bastante amigable. No parecía muy japonés, en especial por lo último que dijo.

"Disculpa, ¿te conozco?" le preguntó ella, algo extrañada.

"En verdad no. Soy nuevo. Dimitri es mi nombre, o si lo desea puede llamarme Dezhnev."

El tono jocoso aunque formal y la personalidad con que el chico se presentó hicieron sonreir a Rei, quien le tomó confianza inmediatamente. Estrechó su mano, amablemente.

"Yo soy Rei Ikari. Mucho gusto."

El chico soltó su mano luego del saludo y permaneció bastante formal frente a ella. Nerviosa debido a lo inusual de la situación, Rei intentó sacar un tema de conversación.

"Dimitri Dezhnev… ¿estoy pronunciándolo bien?" le preguntó, tímidamente. El, sin esfuerzo alguno, pronunció unas palabras en lo que Rei consideró sería ruso. No entendió lo que dijo.

"Así pronuncias mi nombre en el idioma nativo, pero la forma cómo lo dices está bien. Igualmente, mi japonés no es lo bastante bueno. Cada tanto tengo que usar algunas palabras en ruso."

Empezaron a caminar y, al rato, se sentaron juntos en una banca cercana. La conversación era bastante interesante, y ambos parecieron olvidarse de todo lo demás.

"Pero tu pareces mayor que once años, y es sorprendente que sepas dos idiomas tan bien."

"Ni tanto. Me enseñaron con bastante rigurosidad, y por eso puedo hacer lo que hago ahora. Debo decir, tu tampoco parecías ser de diez."

Dimitri casi estalla de risa mientras Rei casi le lanza un grito, completamente sorprendida ante tal pregunta. Se puso a perseguirlo, pero él corría bastante rápido y no podía alcanzarlo. Sin embargo, una vez se alejaron un poco del resto de estudiantes, Rei se tropezó y cayó al suelo, golpeándose la rodilla. Dimitri no demoró en regresar y revisar cómo estaba ella. Había sido un golpe menor, con una pequeña herida sangrante. Ella ya había empezado a llorar, pero él le sujetó la pierna, a pesar de sus protestas, y le limpió la herida con un conveniente pañuelo que sacó de su bolsillo. Lo mantuvo presionado por un momento, y ella dejó de llorar al poco tiempo. El le hizo una pregunta en ruso, pero ella dio signos de no haber entendido.

"Que si ya estás mejor." reformuló la pregunta, esta vez en japonés.

Rei se sonrrojó visiblemente ante la pregunta. Le miraba a los ojos, los cuales expresaban sinceridad. Entonces, tan súbitamente que Dimitri no pudo reaccionar, ella lo agarró de los hombros y empezó a sacudirlo.

"¡¿Cómo quieres que esté si me has hecho correr por todos lados como loca y me has hecho que me golpee la rodilla, loco?!" le gritó, casi frenética. El balbuceaba algunas palabras en ruso, las que aparentaban ser súplicas o perdones de alguna clase, pero ella siguió zamaqueándolo. Entonces dejó de moverlo tan brúscamente, y estalló de risa. El la miraba confuso, pero entendió lo que sucedía y se rió con ella. Después de todo, tenían diez y once años.

*

"Recuerdo ese momento, con bastante claridad." pensó Rei para sí misma al terminar de ver la escena. Estaba parada a un lado de ambos chicos, quienes jugaban aparentando ser mayores pero siempre regresaban a su propia edad. Esos juegos eran bastante divertidos, y el acuerdo tácito con respecto a la edad era algo que habían mantenido, así sea inconscientemente, por mucho tiempo. Hacía por lo menos un año que ya no actuaban así. Rei sintió añoranza, y extrañó a Dimitri en ese entonces.

"¿En serio…?" le habló una voz que provino de la nada. Rei volteó rápidamente, asustada.

*

Una chica se reía enfrente suyo. Parecía considerar bastante divertida la idea.

"Por favor, Rei, no me hagas reir."

"¿Qué…? ¿Quién eres tu?"

"¿Acaso no reconoces a tu propia hermana?"

*

Rei miraba, con la cabeza y hombros bajos, a su hermana a través de un ventanal. Estaba en un estado muy delicado, cubierta de vendas y conectada a un suero con un líquido transparente. Dormía profundamente.

"Hermana…" pronunció ella, con profundo pesar en su voz.

*

"¿Qué haces TU aquí? Este es MI trabajo, no el tuyo." le gritó, prácticamente, con una mezcla de desprecio y enojo. Estaba echada en una camilla, rodeada de médicos que la asistían y transportaban. Le habían removido una máscara de oxígeno y varios sueros e inyecciones conectadas en diversas partes de sus brazos. Vestía un traje gris oscuro con negro, bastante ajustado, que parecía hecho a la medida. Sólo su cabeza y su cuello estaban descubiertos. Su rostro expresaba una mezcla de sentimientos de total molestia.

"No, hermana. No puedes hacerlo… ¡Estás muy lastimada!"

"¡No voy a ser reemplazada por una inútil como TU! ¡Déjame!"

Rei abrió los ojos completamente mientras escuchaba las últimas palabras resonar en su mente. Le habían golpeado como un martillo.

*

A la distancia, el tren era visible a las justas, y las figuras de su madre y hermana habían dejado de serlo desde hace tiempo. Sin embargo, todavía podía escuchar el sonido de las puertas cerrarse, y el distante sonido del tren alejándose.


Neon Génesis Evangelion: Segunda Agenda

4 – Y él dijo: Ni yo mismo sé quién soy…

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En medio de un desértico paraje rojo, cubierto por la desolación, una nave sobrevolaba. Era pequeña en comparación a las demás, y no cumplía una función militar. Sin embargo, su propósito actual era bastante importante.

"¿Cuál es el estado del objetivo?" preguntó el oficial, autoritariamente, a su subordinado. Ambos tenían una banda de vendas que les rodeaban la cabeza, pero al oficial esta le cubría el ojo izquierdo, y tenía además el brazo izquierdo fijamente sujeto y vendado. Estaban muy maltrechos.

"Todavía nada, señor. Sigue inerte, y regenerándose."

El oficial miró al frente, a la proyección holográfica que simulaba el exterior. Estaba totalmente centrado en aquello, y lo miraba con desdeño. No obstante, justo entonces se presentó una nueva proyección encima del mando de control principal del puente de la nave. El oficial, que ocupaba aquel puesto, le prestó atención a aquella novedad. La imagen de un hombre relativamente jóven, uniformado como capitán de la Flota, le miraba seriamente.

"Robespierre… pensé había caido con su nave." comentó el oficial, sorprendido.

"Lo mismo digo, almirante Gregonovich. Me alegro de ver que se encuentre bien… relativamente."

"Sigo vivo, Jack. Es todo lo que necesito. Sin embargo, este monstruo nos agarró por sorpresa. No daba sugerencia alguna de tratarse de un ángel. Podía haber sido un helado gigante, por lo que sabíamos."

El hombre en la proyección sonrió levemente. Sin embargo, se notó turbado.

"Entonces fuiste tu quien ideó aquella hazaña y lo detuvo, ¿verdad Jack?"

Recobró su compostura previa. El oficial no notó el cambio.

"He tenido suerte, almirante, pero ya se me acabó. Necesito de su ayuda."

El almirante se mostró interesado. Aquel hombre había destacado en la Flota desde que había ingresado, y su nombre era bastante conocido. Temerario Jack, como le llamaban, era responsable de gran cantidad de logros impresionantes, y las mismas le habían ganado amistades importantes. Sin embargo, ahora se mostraba casi indefenso. No recordaba haberlo visto así alguna vez. No obstante, no podía quedarse con sus brazos cruzados. El almirante era hombre de palabra, y por nada contraría a Jack Roberts.

"Muy bien capitán, le escucho."

***

"¿Alguna vez te has detenido a mirar el cielo? Simplemente dejar todo de lado, y mirar el cielo. Echarse en el suelo, despreocupadamente, y observar. No es un panorama muy impresionante, dicen muchos, pero yo podría quedarme todo el día mirando. Es precioso. Se mueve muy lentamente, casi imperceptible. Es como estar viendo al vacío, y dejar cualquier problema o preocupación atrás. Te disuelves, dejas de existir. Te vuelves parte de aquel espectáculo, y te le unes por una infinidad. La realidad se vuelve tan simple, entonces, que hasta la considero incluso más real. Siento que formo parte de un todo, y que ese todo es paz, tranquilidad, harmonía, felicidad. Siento que vuelo, sin ninguna limitación, miedo o problema, y que todo es perfecto. ¿Alguna vez te has sentido así? Es la sensación más hermosa del mundo. Pero, luego de unos momentos, algo me regresa a la realidad. Sea lo que sea, sea quien fuere, me saca de ese trance, y lo pierdo por siempre. Y luego vuelvo al mundo real, a vivir mi aburrida vida. Mi triste y solitaria vida. No hay caso. No se puede evitar. Las cosas son como son, y nada más."

*

"Nunca había sentido tanta soledad, tanto dolor, tanto sufrimiento. Me di cuenta, así, porqué me gusta tanto volar. El mundo se siente tan sencillo entonces, pero no lo es. Con el tiempo uno crece, y ve que no hay forma de evitarlo. Eso nunca me molestó verdaderamente. Lo único que siempre me ha atormentado es…"
'La soledad…'

Rei se detuvo en su discurso, mirando adelante a la sombra que tenía al frente. La chica estaba sentada en las bancas del tren, al igual que ella, pero la oscuridad no permitía definirla claramente. Sin embargo, eso no le importaba; ya sabía quién era. Lo que le interesaba era la expresión dolida de su rostro. Nada más se podía ver.

"¿Por qué tengo tanta soledad? ¿Por qué…?"
'Porque estoy sola. No tengo a nadie.'

Pensó detenidamente en aquello que la sombra acababa de decir. Su dolor no había disminuido, y el propio tampoco. Sin embargo, sabía que algo estaba mal.

"Eso no es cierto…"

La sombra levantó el rostro, sorprendida.

'¿Qué dijiste…?'
"Eso no es cierto."
'¿Cómo…?'

Rei se levantó del asiento, mirando casi con furia a la sombra.

"¡Eso no es cierto!" le gritó, alegre.

*

"¿Qué dijiste?"

La comandante, con su aspecto totalmente serio e imponente, miraba a Rei directa y acusadoramente.

"Que eso no es cierto." le respondió. Avanzó unos pocos pasos, haciendo alarde de la fuerza de su decisión, y no bajó la cabeza en ningún momento. La comandante no se movió.

"¿Qué cosa no es cierta?"

"Que estoy sola."

*

"Quiero que sepas, Rei…" comenzó Jack, con un tono de voz lo más reconfortante que pudo. "…que mi departamento es tu casa también, y que, incluso luego de que regreses a la ciudad, va a seguir siendo una casa para ti, y siempre te recibiré."

*

Rei miró a los ojos, casi desafiante, a la comandante. Destallaba de una alegría interna que no sabía exteriorizar.

"Estoy en casa."

***

Cegada por la luz de la habitación del hospital, Rei abrió los ojos tímidamente. El ritmo de su propio pulso sonaba a través de un instrumento médico, pero no lo llegó a ver. Sólo lo escuchaba. No se sentía mal, en lo más mínimo, pero si se sintió confundida.

"¿Qué pasó…?" se preguntó a sí misma. No podía recordar ni lo que había soñado.

***

Emitiendo el más extraño sonido, tan irreal que era imposible asociarlo con algo conocido, el ángel se regeneraba. Su forma original, de habano, estaba totalmente distorcionada por los tentáculos y extensiones de sí mismo que formaban un arco y volvían sobre sí mismos. Su forma era más similar a una bola de estambre, entonces. Sin embargo, lo más resaltante era que estaba repleto de ojos que se cerraban y abrían lentamente, sin llegar a juntar los párpados. Secretaba, como lágrimas, un líquido negro, como su superficie, que inundaba una sección pequeña del suelo marciano. Dejó de llorar, al poco rato, y del mar de lágrimas se abrieron ojos también.

"Atención a todo el personal. Estaciones de batalla, nivel dos." se escuchó una voz resonando por todo el complejo, al mismo tiempo que empezaron a sonar las alarmas. Yurika estaba sentada en el mando de su Evangelion, Marcus, esperando órdenes. Estaba casi desesperada, sin saber qué hacer, y cuando escuchó las alarmas se sobresaltó.

"Es muy pronto…" pensó para sí misma, asustada. Entonces, mientras miraba de un lado a otro, una proyección apareció, tomándola por sorpresa. Era la comandante.

"Yurika, la situación ha cambiado." le informó justo antes de aparecer una esquemática que mostraba algo que parecía ser la raiz de un árbol, adentrándose profundamente bajo la superficie. Al lado salía lo que Yurika identificó como un charco gigante, bastante oscuro, en la superficie marciana. Se alarmó, entonces, al ver que varios ojos semiabiertos poblaban su superficie. "El ángel ha desplegado una parte de sí mismo, en forma de líquido, sobre la superficie marciana. Esta extensión está solidificándose y expandiéndose, como una planta, cada vez más profundamente. De acuerdo a cálculos estimados en su velocidad actual, estaría llegando al complejo de Erythro en cinco horas. Tu misión, ahora, es examinarlo para encontrar debilidades. El ángel propiamente dicho sigue sobrevolando esa extensión, ya completamente regenerado. Debes de enfrentarlo y, en lo posible, alejarlo de la extensión. La Flota realizará un bombardeo estratégico una vez esté despejada. ¿Entendiste?"

Yurika tragó saliva. Seguía impactada por la imagen del ángel, y no sabía qué hacer. Sin embargo, y sorprendiéndose ella misma, preguntó algo diferente.

"¿Y qué hay de Rei…?"

La comandante se sorprendió igualmente.

"¿Qué hay con ella?"

Yurika no supo qué decir. La comandante, por su parte, se puso a revizar algo, por lo poco que podía verse en la proyección. Al poco tiempo se pudo ver que había encontrado lo que buscaba, luego de lo cual volvió la vista a Yurika, igual de imponente.

"Según parece acaba de despertarse. Será despachada para asistirte lo más pronto posible." le informó. Después, casi imperceptiblemente, observó a otro lugar y ordenó, instantáneamente: "Lanzen."

Antes de que Yurika pudiera reaccionar la proyección se había esfumado y ella era impulsada a velocidades astronómicas hacia la superficie, sin nada que hacer al respecto.

No demoró mucho en llegar. Sin embargo, no estaba en el lugar habitual. La curvatura de un enorme cráter, dentro del cual se encontraba, cubría el horizonte. La sombra de uno de los acorazados de la Flota ensombrecía su paso, al sobrevolar justo encima suyo y un poco a su izquierda. Pudo escuchar, entonces, el sonido habitual de las alarmas tenues que informan el despliegue de material de proporciones mayores a la superficie. Una porción de la superficie marciana se movió a un lado, saliendo de la consecuente cavidad una rampa con varios VLRG, todos militares, y un viejo rifle tamaño Eva, modificado para el vacío. Los vehículos despegaron y, en formación, se dirigieron hasta más allá del cráter, donde no pudo seguirlos con la vista. Luego, Yurika tomó el rifle y se encaminó a salir del cráter.

"¿Qué estoy haciendo…?" se preguntó a sí misma, confundida. "¿Acaso me estoy preocupando por ella? No, no puede ser eso. NO PUEDE SER. Yo tengo un trabajo que hacer. ¡MI trabajo! ¿Cómo es que Rei quería…? ¡¿Quién se cree que es?!"

Apoyándose casi violentamente en el borde del cráter, Yurika observó los alrededores en busca de su objetivo, de su trabajo, de su misión. Estaba decidida a no permitir que nadie se interpusiera en su camino. Sin embargo, una vez lo vió, se puso a temblar. Era más grande de lo que creía, y más extraño. Además, justo abajo del mismo estaba aquella extensión, ese mar negro lleno de ojos. Uno de los mismos se volteó y la miró. Yurika, sorprendida, se contrajo en el mando de su Eva mientras el mismo se regresó en el cráter, ocultándose de la vista. El ojo, luego, se volteó a donde veía antes, como si nada hubiera pasado. Yurika seguía molesta, mirando hacia donde estaría el ángel, impotentemente.

"No te descuides." apareció, repentinamente, la comandante en una proyección. Yurika se sobresaltó levemente, pero la comandante no lo notó. "Cuando te dé la señal, sal ahí y dale una ráfaga con el rifle. Intenta atraerlo o distraerlo, por lo menos. Aparentemente, si uno de los ojos te ve, entonces te dará su atención. Estate atenta a los ojos."

Después de terminar de hablar, la proyección desapareció nuevamente. Casi instantaneamente otra apareció. Presentaba lo que sería, aparentemente, un mapa táctico de la zona, con representaciones de las naves de combate de la Flota, del ángel y de Marcus. Las naves cambiaban de color al llegar a un lugar específico, haciendo entender que se estaban posicionando. Quedaban pocas que no tuvieran el color indicado.

***

En una silla, al lado de la cama, Rei pudo encontrar un traje amarillo, de apariencia extraña. Le recordaba algo, pero no estaba segura de qué. Sin embargo, lo que le llamaba más la atención era aquello que estaba encima del traje. Parecía ser una especie de cruz plateada, con una cadena para colgarla del cuello. La cruz era mucho más antigua, notoriamente, que la cadena. No obstante, antes de que Rei pudiera verla atentamente, la puerta de la habitación se abrió. Un hombre con uniforme de la Flota estaba al otro lado.

"Jack." exclamó ella, casi mecánicamente. No se acordaba mucho de aquel hombre, pero sentía que lo conocía. No podía recordar bien, y estaba confundida.

"Hola Rei." le dijo él, sin mucho ánimo. Se notaba inquieto. Caminó lentamente hasta quedar frente a la cama, permaneciendo un momento en silencio. Luego se volteó y la miró, directamente. "¿Cómo estás?"

"Bien, pero… no recuerdo… mucho…"

Hablaba casi titubeando, con inseguridad. El hombre se mostró preocupado, pero justo entonces un leve sonido le indicó que alguien le quería contactar. Sacó su celular holográfico del bolsillo del pantalón y leyó algo en el mismo. Luego lo volvió a guardar.

"No tenemos tiempo." empezó a hablar, seriamente. La miraba a los ojos. "Tienes que ponerte ese traje y venir conmigo."

Se movía, casi con desesperación, por toda la habitación. Encontró una puerta y la abrió, confirmando que se trataba de un baño. Luego le dijo a Rei que lo usara para cambiarse, y se apresuró en sacarla de la cama y llevarle el traje. Sin embargo, una vez adentro, Rei se sintió confundida. No debido a la situación, sino a la cruz. Se quedó mirándola, por mucho tiempo.

"¿Ya terminaste?" le preguntó el hombre desde el otro lado de la puerta. Rei, avergonzada, se apresuró.

"No demoro." le avisó, notándose por su voz que podría tomar algo de tiempo. El hombre, por su parte, seguía dando vueltas. Al poco tiempo se apoyó contra la pared, llevándose la mano izquierda al rostro.

"¿Qué estoy haciendo…?" se preguntó a sí mismo, consternado. Sabía que estaba haciendo lo que debía, y que no tenía otra opción, pero se sentía mal, como si estuviera mintiendo a alguien. No podía aguantarlo.

Justo entonces, Jack escuchó un sonido ya conocido, bastante leve, desde el otro lado de la puerta. Rei había terminado de ajustarse el traje, y a los pocos segundos estaba saliendo del baño. La visión de la joven chica en el ajustado traje le fue estremecedora, pues no la había visto así tan plenamente. Sin embargo, lo que captó su atención fue un objeto que le colgaba del cuello. Parecía ser una cruz de metal, aparentemente bastante antigua.

"¿De dónde sacaste eso, Rei?" le preguntó, intrigado.

"No lo sé." le respondió ella, con honestidad. "La encontré encima del traje."

Jack tenía que admitirlo: le quedaba bien. Sin embargo, era un poco inusual. No parecía tener nada malo, pero era bastante extraño… El mismo sonido del celular le sacó de sus pensamientos. Alcanzó el aparato y leyó el mensaje, advirtiendo la prisa que tenían.

"Vamos, tenemos que apurarnos." le dijo mientras la tomaba de la mano y se la llevaba, abriendo la puerta de la habitación y saliendo de la misma.

***

La última nave se posicionó en el lugar indicado, cambiando de color en el mapa táctico y apareciendo una señal grande encima del mismo: Activar.

Con cierta temeridad, Yurika dirigió a su Eva fuera del cráter, llevando consigo el rifle modificado. Corrió a bastante velocidad, como si evitara fuego enemigo, hasta que se quedó helada. De pronto, todos los ojos se voltearon a verla, y varios nuevos aparecieron e hicieron lo mismo. Tanto el ángel como el mar debajo suyo estaban repletos de ojos, de diversos tamaños. Sin pensarlo realmente, tomó el rifle y barrió con todo lo que pudo, en un intento de desaparecer los ojos a disparos. El sonido consiguiente fue irreal, como un animal herido llamando a la luna, buscando venganza. Yurika dejó de disparar y respiró por una vez en varios segundos, intentando ver algo a través del polvo levantado, sin distinguir más que una silueta negra, sin forma. Pudo ver, entonces, que el ángel se le estaba acercando, con más de un ojo mirándola directamente, y que varios tentáculos se extendían de su cuerpo para alcanzarla. Instintivamente, con un poco de anticipación antes de que los tentáculos la alcanzaran, soltó el rifle y corrió en dirección contraria. Sin embargo, el sonido del suelo quebrándose la distrajo a tiempo de darse cuenta que algo la sujetaba. Sintió presión en la pierna derecha, como si una mano la agarrara, y por poco no cae. Luego lo sintió en el brazo izquierdo, como si la jalaran hacia atrás, y pudo voltearse para ver que el ángel la había alcanzado, y que del suelo salía, como un brazo viscoso, una extensión similar que le había sujetado la pierna. Estaba cubierta de ojos, igualmente, y cada uno la miraba directamente. Yurika se petrificó, mirando cómo se acercaba aquella masa negra cubierta de ojos, aquel ángel, y ella ahí, impotente, esperando el golpe de gracia.

***

"Cinco."

"Cuatro."

"Tres."

"Dos."

"Uno."

Con gran estrépito, la explosión cubrió casi todo el ángel, levantando polvo y tierra rojiza hasta alturas kilométricas. Desde su punto de vista privilegiado, a bordo del Mijail Alekzandr (una nave menor de reconocimiento), Jack Roberts miraba consternado la escena. El oficial a su izquierda descansó su mano en el hombro del hombre mientras miraba, también, el espectáculo.

"¿Crees que sea suficiente?" le preguntó, sin asumir alguna respuesta.

"Para nuestros propósitos lo es." le respondió Jack, seriamente. Pasaron unos momentos en silencio, luego de lo cual agregó: "De todas formas, agradezco su ayuda, almirante."

Volteándose a mirarlo con el ojo que le quedaba, pues al izquierdo lo cubría un parche negro, el almirante Pyotr Gregonovich le mandó una sonrisa amistosa a Jack, a la vez que le hacía entender que el placer de ayudarlo había sido suyo. Todavía tenía el brazo izquierdo firmemente sujeto y vendado, pero su persona se notaba llena de vigor.

"Mi nave estará reconstruida y dispuesta dentro de tres semanas, aproximadamente. Todo ese blindaje fue bastante útil, aparentemente." rió brevemente. Después, tomó un habano de un estuche especial que tenía en su bolsillo. Salió del mismo un cortapuros que usó en el habano, y luego sacó cerillos, que usó para encenderlo.

"Para cualquier conocedor, el verdadero sabor del habano se mantiene usando cerillos. Los encendedores químicos sólo lo estropean." mencionó mientras tomaba sus primeras bocanadas de humo, luego de lo cual se volteó a Jack. "En fin, para cuando mi nave esté lista sabes que puedes unirte a mi tripulación, y que no te daré una oficina, un limpiapisos o una olla. Jack Roberts tendrá el puesto que le corresponde."

Jack, para sí mismo, le agradeció fuertemente aquella declaración. Era justamente lo que quería, pero entonces algo más ocupaba su mente…

"Almirante, los cañones de todas las naves están recargados y preparados. Esperamos órdenes." le informó el alférez, desde un mando cercano. El almirante, al escucharlo, se quitó el habano de la boca y lo sujetó en su mano derecha, guardándolo. Se dirigió rápidamente a los puestos de mando del puente, parándose en un sitio privilegiado que sería el del oficial al mando.

"Táctico."

Tras dar la órden, una proyección bastante grande cubrió gran parte de la visión al exterior. Mostraba la locación de las diferentes naves de combate presentes y las formaciones que tenían. Además, una breve información de cada una, señalando primero el nombre y la clase de cada nave, le daban los detalles necesarios en tanto a las capacidades disponibles. Sin embargo, lo resaltante era un registro bastante completo sobre el estado y situación actual del ángel y de Marcus. En un extremo de la esquemática, una proyección aparte mostraba al Evangelion levantarse de entre escombros de rocas: Estado: Efectivo.

"Señor Tanaka, póngame en contacto con la Flota local."

"Si señor."

Justo entonces, una especie de alarma llamó la atención a un evento singular en el táctico: Despliegue: Evangelion, unidad Alpha.

"Conque esas tenemos…" pensó para sí mismo el almirante al ver al gigantesco ser salir por una trampa en la superficie marciana. Se volteó a ver a Jack, afirmando así lo que creía.

"Muy bien, Robespierre. Lo haremos a tu manera…" le dijo con voz algo suave, luego de lo cual se volteó al frente para ver múltiples proyecciones de varios oficiales de la Flota, esperando sus órdenes.

"Estamos en estado de alerta, señores. Permanecerán en formación, y sin abrir fuego, hasta que la situación sea propicia." tomó nuevamente el habano que tenía en su mano derecha y le dio varias bocanadas. Luego de unos segundos, agregó: "Vamos a darles una oportunidad a esos juguetes."

Posteriormente, cada oficial asintió. Las proyecciones desaparecieron y el almirante se quedó con el habano en la boca, disfrutando de su sabor mientras veía, en la distancia, a Alpha, que ya había terminado de desplegarse en la superficie.


Saludos humanos, aquí el Cataplasmator:

Es un poco complicado, un poco interesante, un poco emotivo, un poco introspectivo. Dejen comentarios, les agradecería, y aumentamos esa lista.

Bueno, el ángel sigue vivito y coleando, o por lo menos eso parece. Rei, porque Dios es grande y el pan es barato, ha dado un paso gigante para adaptarse y crecer y ser feliz en este desdichado mundo... pero no lo recuerda. Aparte, uno que otro secreto pasmante sobre la comandante, un poco de meternos en la cabeza de Yurika, ¿y qué fue lo que pasó en el comienzo?
Es bastante obvio, pero se lo dejo a ustedes.
También, debo de agradecer a la primera película de Hellboy por inspirarme esa última escena con el almirante Gregonovich. Gracias.

Después, lo usual. Por favor déjenme comentarios, tortasos, reproches, amenazas de muerte y demás para que me pueda dar cuenta de los terribles y garrafales errores que puede haber en este fic (total autoestima).
No dejo de agradecer a Himp Buen Hombre, como lo llamo yo, por torturarme a que cuelgue las actualizaciones y mejoras de este fic. Y bueno, gracias a ustedes que, supongo, están leyendo esto.

Hasta pronto, y con suerte antes.