Que tal! Estoy emocionada por este capitulo pero a la vez siento que algo le falto. No se que piensen ustedes pero espero que les guste.

Me agradaría mucho recibir sus comentarios, la verdad es que a veces siempre alienta recibir criticas de lo que escribes.

Para escribir este capitulo me inspire en este Tracklist : Drive - Incubus

Tambien quiero comentarles que esta historia trate de hacerla apegada al libro. Digamos, buscando que sonara coherente con el resto de la historia. La verdad es mi fantasia de lo que me hubiera gustado que pasara. ¿Que quieren? soy una ship del dramione.

Fíjense que el día de ayer termine de leer un fanfic que me dejo un buen sabor de boca y por lo que veo es de los mas famosos en idioma español: Lija y terciopelo de Dryadeh. La verdad me gusto mucho pero no soporté varios capítulos. Me hace sentir un hueco en el estomago que te enamores de un hombre que te trate mal, como si tuvieras algún problema psicológico o que... perooooo... es una excelente historia y la escritora da un revés con el carácter de los personajes. Sin embargo, de esta misma escritora el fic que más me gusto fue el de Expecto Patronum. Es un fic corto pero da en el clavo y esa es precisamente la imagen que yo tendría de Draco tratando de enamorar a Hermione.

De hecho, siguiendo un poco el tema en los libros... yo esperaría que fuese Draco quien se enamorara primero. Dudo mucho que Hermione se enamore en el mundo real de un tipo que sea detestable y la insulte, a las chicas no nos gusta eso, nos gusta que nos traten bien. Asi que creo que por eso mis historias son asi: como que Draco se enamora en secreto. En fin...! es mi fantasia jajaja

Por lo pronto, quiero comentar que busquen el fic de Solamente por Lily de Nochedeinvierno13. Es una historia exquisita y bien escrita. Es sobre Lily Evans y James Potter.

Bueno, no olviden dejarme sus reviews! por fas.

besos

Jaina


Capítulo 4.

Un inesperado giro

La guerra terminó.

Voldemort se había ido para siempre y con ello la pesadilla de los horrocruxes. El mundo mágico comenzó poco a poco a reconstruir sus vidas, tratando de que todo quedara en un mal sueño.

Sin embargo, hubo pérdidas en esta guerra, ausencias que jamás podrían ser llenadas de ninguna forma.

Eso lo sabía Harry Potter.

Pero la pesadilla no había terminado, ahora comenzaba una nueva: el Wizengamot.

Como principales participantes de la guerra, les tocaba presentarse frente al jurado y declarar contra los mortífagos que los aurores habían atrapado.

Hermione y Harry, eran quienes tenían que asistir más seguido al Ministerio. Ron y el resto solo fueron unas pocas.

El foco de atención estaba precisamente en ellos. El asedio de los medios de comunicación los tenía sofocados. Harry ya estaba un poco acostumbrado a aparecer en El Profeta pero Hermione, desde aquella foto vergonzosa del campeonato de los magos, no había vuelto a aparecer en primera plana. Ron, al principio, se había sentido halagado pero luego el asedio se convirtió en una piedra en el zapato.

Iban y venían por el ministerio, tratando de pasar desapercibidos de Rita Skeeter, quien no se cansaba de sacar sus propias especulaciones en El Profeta.

Soltaba títulos como "La heroína de Hogwarts", "Weasley, de la incógnita al estrellato", "La nacida-muggle que cambió el mundo", "Potter, el mesías", entre otros; lo que molestaba en sobre manera al trío.

-¡¿Qué se cree esa bruja?! – vociferó Hermione soltando con violencia un periódico. -¿La heroína de Hogwarts? Creo que a esa Skeeter ya se le olvidó lo último que conversamos.

Harry respiró profundamente. Ambos se encontraban en una pequeña oficina mientras esperaban su turno para presentarse ante el Wizengamot.

Era el día de juicio contra los Malfoy.

-¿Estás nerviosa? – preguntó Harry con seriedad.

Hermione titubeó, olvidándose por completo de su enojo con Skeeter.

-Sí, lo estoy.

-Sé que es lo correcto pero no dejo sentirme un poco incómodo. – Harry se movía de un lado a otra la corbata.

Hermione trató de acomodársela y lo miró directamente a los ojos.

-Estoy en las mismas pero debemos de ser justos.

La chica desvió la mirada, en realidad lo que quería decir es que sin Malfoy ella no estaría viva y debía de ser justa con él. Harry pareció comprender su silencio y la tomó de los hombros.

-Terminemos con esto y dejemos que el pasado se cierre por sí solo.

Hermione le miró nuevamente y sonrió.

Harry escuchó su nombre y supo que tenía que pasar al estrado. Su amiga lo alentó con una amplia sonrisa.

El panel del Wizengamot estaba abarrotado, todo mundo quería ver el juicio de una de las familias más poderosas del Mundo Mágico.

Cuando Harry Potter se presentó, los murmullos se detuvieron por completo. El muchacho pasó a un lado de los Malfoy y se sentó en una butaca alta.

Harry miró a cada uno.

Notaba a un Draco pálido y delgado pero con gesto inexpresivo, como si no fuera importante lo que estaba pasando. Narcissa lucía un poco más ansiosa pero con porte de orgullo. El único que no se encontraba era Lucius pues él había tenido un juicio aislado, donde el veredicto final fue cumplir en Azkaban una corta condena.

Harry empezó a hablar. Contando de lo que había vivido en Malfoy Manor, la Sala de Menesteres y su enfrentamiento con Voldemort en el bosque.

Pasó bastante tiempo antes de que Harry concluyera con que gracias al encubrimiento de Draco y Narcissa Malfoy logró llegar a su cometido.

Draco se removió en su silla con impaciencia. No le gustaba por lo que estaba atravesando, no con Potter alegando en su defensa.

Al terminar, de nuevo se rompió el silencio y los magos y brujas presentes comentaban en voz alta sobre la declaración de Harry. El juez Townsend mandó a callarlos y llamó en seguida a Hermione Granger.

Draco Malfoy no había vuelto a ver a Hermione Granger desde la batalla, cuando le pidió que lo dejara peleando con Cox.

Después de que Potter se enfrentara con el Señor Tenebroso, a él no le quedó más remedio que buscar a su familia y esperar a que la Orden del Fénix se hiciera cargo de ellos.

No se le ocurrió buscarla, al final sabía que era imposible.

Hermione Granger entró con porte sereno, pasando a un lado de los Malfoy. Al sentirla tan cerca, Draco trató de disimular su escalofrío.

El chico le siguió con la mirada hasta que ella se sentó. El público guardó silencio y solo la voz del juez Townsed comenzó a escucharse.

Luego Hermione departió sobre como Draco se había negado a confirmar su identidad en Malfoy Manor. Además que, durante la batalla, él la había salvado de dos mortífagos.

Al escuchar esto, Narcissa no pudo evitar sentirse incomoda y de reojo se dio cuenta de lo absorto que estaba su hijo observando a la chica.

Durante el juicio los ojos de Hermione jamás se posaron ni por casualidad en los Malfoy. El rubio se sentía ansioso por recibir un vistazo, algo que pudiera darle una idea de lo que ella pensaba de él. La chica no mostraba emoción alguna ni tampoco parecía querer verle.

Al final, el juez le formuló una pregunta, que hizo que a Draco se le dispararan los nervios.

-¿Usted considera que Draco Malfoy es un mortífago?

Hermione respiró profundo y fue cuando, por primera vez desde que llegó, volteó a verlo.

La mirada de Hermione no la supo descifrar, no podía decirse si era una mirada de lástima o desagrado. Sin embargo, ese brillo en sus ojos castaños hizo que una gota de sudor le resbalara por la sien.

-Tener la marca tenebrosa en su brazo no lo hace un mortífago. Él me ayudó y salvó de la muerte, para mí eso lo convierte en un mago como cualquiera de nosotros.

El corazón de Draco palpitó mucho más rápido. Una clase de emoción lo cubrió y tuvo que hacer un sobreesfuerzo por disimularlo.

Estallaron los murmullos en el estrado y Hermione levantó su mirada hacia el juez Townsend. Después de unas palabras, la chica bajo del estrado sin mirar de nuevo a ninguno de los Malfoy.

El tiempo que se llevó obtener el veredicto a Draco se le hizo eterno. Las palabras de Hermione le resonaban en los oídos como un eco.

Cuando el jurado anunció que Draco y Narcissa eran libres. Se escucharon alrededor todo tipo de sonidos como quejas, vociferaciones, vítores y aplausos.

Narcissa sonrió abiertamente y abrazó a su hijo con fuerza.

Draco volteó a ver hacia los presentes, buscando con ansias algún rastro de Granger pero no la encontró, de momento le distrajeron unos magos que se acercaron a congratularlos.

Repentinamente, una sensación hizo que de nuevo alzara su mirada tropezando con unos intensos ojos marrones.

Era una mirada que de momento fue de sorpresa, como si la hubieran pillado en algo, luego se tornó incomoda, por lo que la desvió rápidamente.

Draco, con una tenue opresión en el pecho, vio como Hermione Granger se perdía entre los asistentes. Quería ir tras ella, hablarle, pero su madre lo detuvo para que conversara con los magos que se habían acercado.

Después de eso, su oportunidad para dirigirle la palabra se disipó.


Las semanas siguientes fueron las más difíciles para los Malfoy. Retornar a la mansión era verdaderamente imposible, ya que el Ministerio la tenía, por el momento, en su jurisdicción pues necesitaban extraer todos los artefactos de magia oscura que pudiera haber ahí.

Ni Draco ni Narcissa añoraban regresar. En realidad tenían recuerdos tan desagradables que simplemente decidieron quedarse a vivir en una de sus propiedades en Loch Duich, Escocia. Una pequeña residencia rodeada de un lago, comunicada únicamente por medio de un puente de piedra.

Todos los días Draco pasaba horas sentado en el borde del puente mirando hacia el lago, tratando de encontrarle un nuevo sentido a su libertad.

En muchas ocasiones se le venían recuerdos grotescos de lo que había vivido y buscaba una forma de no pensar en ellos. A veces se tocaba su pálida marca y se asqueaba de todo lo que había hecho para Voldemort, de todas las muertes que presenció, de los castigos que infligió.

La única forma que conocía para dejar de pensar en eso, era traer a su mente a Hermione Granger.

Sin embargo, tampoco le ayudaba a tranquilizarse ya que llegaba la ansiedad y, con ello, el desánimo.

¿Exactamente que pensaba ella? ¿Le odiaría? ¿Le habría perdonado todas sus atrocidades del pasado? ¿Podría él hablarle si se la encontrara? ¿Ella se lo permitiría?

Las palabras que había dicho al juez Townsend le habían dado la perspectiva de que Granger tal vez le había perdonado. En silencio, bajo esa mirada que él no pudo descifrar, ella probablemente lo indultaba.

No quería esperanzarse demasiado. No significaba que pudieran ser amigos pero tal vez podía aspirar a que, si volvía a verla, no rechazaría hablarle.

-Es a lo único que puedes anhelar, Draco Malfoy. – dijo el slytherin en voz baja mientras su mirada se perdía en el lago.

De pronto, el chico se vio interrumpido de su monologo al escuchar la voz de su madre.

-Draco. Ha llegado esto para ti. – dijo acercándole un pequeño sobre.

El chico frunció el ceño y se extrañó al confirmar que era de Hogwarts.

-Es de la profesora Mc Gonagall. – dijo Draco distraídamente mientras leía.

-Directora Mc Gonagall, me atrevo a decir. Leí en El Profeta que ahora ella es la nueva directora de Hogwarts.

-Bien… pues aquí dice que la directora me invita formalmente a regresar a Hogwarts para terminar mi séptimo curso. – el tono de Draco era sarcástico.

Narcissa lo miró con cierto disgusto.

-No veo porque no puedas regresar a Hogwarts. Te ayudaría bastante a…

- ¿Sabes cuantos de ahí me odian? Soy un ex mortífago… - le interrumpió.

Narcissa quiso alegar algo pero Draco continuó.

- Una persona como yo no tiene cabida en un sitio lleno de magos hipócritas que ahora fingen demencia de lo que acaeció. Muchos de los que conozco son igual de imbéciles que los mortífagos con los que nos congregábamos.

- Aun así Draco, considero que lo mejor es que concluyas tus estudios. Tú podrías con eso. Eres un Malfoy.

Draco no supo si mirar con tristeza o enfado a su madre. ¿Un Malfoy? ¿De que servía eso ahora? Su apellido ya no tenía ninguna relevancia.

-No quiero volver.

-¿Y entonces que piensas hacer? ¡Algo tienes que hacer con tu vida! – Exclamó la bruja impaciente.

- No tengo la menor idea de que hacer. – arrojó con amargura.

El chico suspiró.

- Estamos solos. ¿No lo ves? Nadie quiere saber de nosotros porque somos la escoria del mundo mágico.

Narcissa tragó saliva. Tenía razón. Ya nadie quería saber de ellos. Quienes eran sus amigos estaban prófugos, en Azkaban o muertos y los que quedaban libres solo estaban dedicados a salvarse ellos mismos, buscando reconquistar un lugar en un mundo que ya no le pertenecía a los magos de sangre pura.

Lucius, su esposo, estaba en Azkaban. Su hijo había sido un mortífago y ella había dado alojamiento a un montón de magos homicidas en su hogar.

Draco respiró profundo y se dirigió al interior de la vivienda con los puños fuertemente cerrados. No quería seguir hablando del tema. Rompió en mil pedazos la carta de Mc Gonagall.

Narcissa apareció a espaldas de Draco, con el gesto contrariado.

-Tienes razón Draco. Tu padre no está y yo tengo que ver la manera de levantar lo que quede de esta familia por lo que no necesito que me digas lo que ya sé.

Draco volteó a mirarla y se sintió arrepentido de lo que había dicho. Su madre era inteligente, no podía ser indiferente a lo que estaban viviendo, y él conocía muy bien la angustia que mantenía por estar separada de su esposo.

-Por lo pronto… - sonrió ella tratando de calmar la tensión.- quiero darte tu regalo de cumpleaños.

Draco abrió los ojos sorprendido cuando vio que su madre le extendía otro sobre, pero este era más grande y elegante. Había olvidado por completo que era su cumpleaños.

-Ya eres mayor de edad y…

El chico se perdió entre las palabras del pergamino, dejando de escuchar a su madre, dándole la noticia de que, por la mayoría de edad, una herencia de sus abuelos Abraxas Malfoy y Cygnus Black III pasaba a su poder, lo cual tendría que ir a Gringotts para completar los tramites.

-¿Qué es esto? – preguntó Draco todavía sin entender.

-Significa que en Gringotts tienes ahora tu propia cámara.

-No tenía ni idea de que fuera heredero de alguien. – Draco soltó el aire con cierto dejo de impresión.- Nunca me hablaste de eso.

-Es obvio. No hay más nietos en la lista.- Narcissa se sentó con elegancia en un hermoso sillón barroco.- Aun así, aunque tengas suficientes galeones para no trabajar el resto de tu vida, necesitas ocuparte en algo.

El chico se alzó de hombros. Convertirse en un heredero no le cambiaba las cosas, no era que sus galeones pudieran comprar lo que él anhelaba más que nada en el mundo.


Estar de nuevo en el Callejón Diagon no le resultaba ni emocionante ni satisfactorio. Mientras caminaba algunas personas lo miraban con curiosidad y otras con desprecio. Él sabía que eso era lo que iba a pasar pero trató de que aquellas miradas no le afectaran en lo absoluto.

Cuando llegó a Gringotts fue bien recibido, estaba totalmente remodelado, parecía que jamás había pasado nada ahí. Los duendes lo recibieron como un verdadero Lord y eso hizo que el chico se sintiera un poco mejor.

Una vez firmado todos los pergaminos correspondientes, Draco se dirigió a su propia cámara, casi se queda sin aire al ver un montículo interminable de galeones, joyas preciosas y artefactos fantásticos. Jamás se le hubiera ocurrido que toda esa herencia fuera directamente para él pero efectivamente, como su madre le había dicho, era el único nieto vivo de sus abuelos.

Increíblemente, por muy difícil que pareciera, a Draco Malfoy no le daba satisfacción ser rico por su propia cuenta. Parecía más bien como si eso le incrementara el sabor a miseria que tenía en la boca en las últimas semanas.

¿Ser uno de los jóvenes magos más ricos de Gran Bretaña que podía cambiarle?

Al salir de Gringotts, de nuevo sintió esa sensación de que ya no pertenecía ahí, verdaderamente las cosas habían cambiado en el mundo que conocía.

Pero de pronto, toda esa desventura desapareció. Un sentimiento de gozo se le vino de repente al reconocer una pequeña figura, muy conocida por él.

Ahí frente a él pasaba Hermione Granger.

La chica vestía como muggle, con una falda amplia y blusón en tonos azules y zapatos bajos, pero a Draco en ese momento le pareció que se veía atractiva. Tal vez muy delgada y pálida pero atractiva en todos los sentidos. Ella no le había visto.

En ese momento solo atinó a seguirla, sin que se diera cuenta, en su mente se formulaba formas de saludarla pero ¿cómo iba a poder hacerlo? ¡Jamás lo había hecho!

"Que tal Granger", muy familiar.

"Que gusto verte", si me da gusto pero suena a estúpido y falso.

"Hola", demasiado seco para quien te salvó de ir a Azkaban.

En eso, Granger se detuvo mirar un aparador de Flourish & Blotts y entró. Draco se contrarió un momento y se quedó divagando unos segundos en si debía de hacerlo o no. Al final decidió entrar pero precaviendo que Granger ya no estuviera en la entrada.

La vio de espaldas preguntando por un libro, "Guía practica sobre formulas de Aritmancia Avanzada" de Magnolia Boots.

Le encargada le contestó que el libro ya no se publicaba y era difícil encontrarlo. Draco se escondió entre unas pilas de libros mientras veía como ella se iba a la parte derecha de la librería.

El Slytherin respiró profundamente, tratando de controlar sus nervios. Sabía que tenía que hablarle, quería hacerlo. Así que tomando valor fue hacia ella.

La encontró metida entre dos anaqueles de libros que medían más de 2 metros. La chica no se había percatado de la presencia del Slytherin hasta que una sombra le cubrió las páginas del libro que revisaba.

-Granger… - fue lo único que pudo decir Draco, sintiéndose terriblemente estúpido. Hasta ese momento se había dado cuenta que no había pensado en que más podía decirle.

Hermione se impresionó al verlo, estando a punto de soltar el libro de sus manos pero rápidamente recuperó la compostura.

-Malfoy. – contestó la chica todavía sorprendida.

Se hizo un silencio incomodo, el rubio desvió un momento su mirada tratando de ocultar su nerviosismo.

-Hace tiempo que quería hablarte… -dijo volviendo a mirarla.

Hermione siguió en silencio, tratando todavía de salir de la impresión de ver a Malfoy frente a ella.

-Yo… Gracias. – soltó como si se hubiera liberado de una carga muy pesada. Sintiéndose extraño por pronunciar una palabra que pocas veces decía.

Los ojos de la chica denotaron incredulidad por lo que acababa de escuchar pero de ahí sobrevino la incomodidad.

Su vista se clavó en la punta de los zapatos de Malfoy.

-No tienes que darlas. Fue lo justo. –dijo tomando un poco de aire.

-Podías haber hecho lo contrario.

Hermione levantó la mirada con una leve expresión de enojo. Ella no iba a vengarse, si es lo que él trataba de decir. No era una persona vil.

-Dije que era lo justo.

-En estos momentos, en lo que a mí se refiere, no lo sé. –el tono de Draco contrarió a Hermione, pues parecía un tono sarcástico pero afligido a la vez.

-De cualquier manera estamos en paz. No es necesario decir más nada, Malfoy.

Hermione dio por terminada la conversación, volvió a concentrarse en su libro y dio unos pasos más adentro de entre los anaqueles dándole la espalda. Draco se quedó ahí mirándola, temblando ligeramente.

En ese momento supo que ya no había más nada que decirse entre ellos y así concluía su oportunidad.

Se dio la media vuelta para marcharse cuando escuchó nuevamente a Hermione.

-¿Por qué lo hiciste?

Draco se volteó. La chica tenía sus ojos llenos de dudas. Fue en ese entonces que él pudo darse cuenta que seguramente ella le había estado dando vueltas al asunto. Sin comprender como un muchacho que siempre le había fastidiado la vida, de repente quisiera ayudarla.

-¿Hacer qué? – preguntó intentando disimular su ansiedad.

-Salvarme...

No tuvo manera de contestarle. Decir en palabras lo que su corazón profesaba no era una opción para él. Había sido excesivo con las gracias anteriores.

Así que Draco acortó la distancia entre ellos y con un movimiento sorpresivo la tomó de la cintura, haciendo que a Hermione se le escapara de la mano su libro.

Y la besó.

Su beso era cálido y gentil, tanto que a Hermione le costó trabajo creer que era Malfoy quien la besaba y el corazón del Slytherin retumbaba tan fuerte que pudo sentirlo al hacer contacto su mano con su pecho.

No hubo tiempo de reaccionar porque concluyó tan rápido como inició.

-Esta es la respuesta a tu pregunta. –dijo quedamente aún muy cerca de sus labios.

Draco se apartó sin poder ocultar su estremecimiento, manteniendo sus ojos fijos en los de ella. El chico esperó una bofetada o un grito pero no sucedió.

En cuanto vio la reacción de Hermione, pensó que hubiera sido mejor que le golpeara ya que lo que logro ver fue una congoja enorme en sus ojos castaños, como si ella quisiese echarse a llorar.

Con el dorso de su mano se limpió la boca, haciendo que Draco se sintiera peor. La chica dio unos pasos al frente para alejarse pero Draco la detuvo.

-Granger… espera… -dijo tomándole de un brazo.- lo que acaba de pasar es… es en serio.

La chica volteó a mirarlo con un gesto de indignación, como si hubiera sido la burla más grande de la historia.

-Tú... – Dijo zafándose bruscamente del agarre de Draco.- No quiero que te me vuelvas a acercar.

Hermione le dio un empujón a Draco y salió de la librería.

Esta vez no la detuvo, solo se quedó parado contemplando como ella desaparecía de su vista, sintiéndose indiscutiblemente miserable.