Disclaimer | Nope, Shingeki no Kyojin no es mío. Todos sus derechos están reservados al gran Isayama Hajime.


Departamento de Soltero
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Capítulo 4 • ¿Y las llaves?

"El motivo secreto del despiste,
es ser inocente aun siendo culpables.
El despiste es la inocencia espuria
".
—Saul Bellow—


—¡Mikasa, preciosa! —exclama Christa al verme llegar. Andaba junto a Sasha y ésta con su hermanastro—. ¡Te extrañé tanto!

Corre hacia mí y yo no me resisto a ser envuelta en sus delgados brazos. Christa sigue siendo algo aniñada, pero no exagera tanto como Sasha al menos.

—¡MIKAAA! —chilla mi mejor amiga enrollando sus piernas en mis caderas. Casi nos caemos al piso, muchas personas nos vieron como si fuéramos dos novias que no se vieron por semanas.

—Sasha —balbuceo—. Me estás asfixiando.

—Oh, deja que fluya el amor.

Me sonrojo ante su bromita y le doy un suave manotazo en el hombro. Ella me suelta carcajeándose.

Negué con la cabeza sonriéndole a ella y Christa. Chicas tontas, no cambian. Por encima del hombro de Sasha reparo en Marco, su hermanastro, quien se acerca hasta nosotras sonriendo gentilmente.

—Hola, Mikasa —me saluda.

—Hola, Marco. ¿Qué tal todo?

—Bastante bien. Trost es un lugar maravilloso —manifiesta con esos aires de hippie que se gasta. Solo le faltaba la coronilla de flores del Snapchat y listo, porque debo admitir que esa camisa debajo del chaleco del uniforme de la pizzería en la que trabaja luce demasiado llamativa para mis gustos.

Y no es que yo sepa de moda, pero tengo un tío raro. Capaz que le guste la camisa de Marco.

—¡Vaya que sí! —secunda Sasha emocionada—. ¡No puedo creer todavía que estaremos aquí viviendo el sueño universitario!

—Oh, hablen por ustedes —suspira Christa—. Gracias a Dios estoy un poco cerca de ustedes para vivirlo juntas.

Marco iba a comentarnos una cosa más, pero entonces mira hacia adelante y se fija en que su jefe, desde el puesto de trabajo, lo ha estado escrutando con la mirada desde su llegada.

—Lo siento, chicas. El deber llama —se excusa apartándose.

Sasha, Christa y yo lo miramos alejarse. Para mí fue un alivio, no es que su hermanastro me caiga mal, es sólo que… no me llevo muy bien con las personas súper optimistas. Aún no sé cómo tolero tanto a Christa. Ella es hasta peor, pero en lugar de decir "la vida es bella, hermanas" siempre interpone a Dios en todo, pues su tío Nick es pastor y ella se la pasa en la iglesia haciendo retiros espirituales con su grupo de catequesis cuando estábamos en Shiganshina.

Y ahora que está instalada en Stohess, me he enterado por su Facebook e Instagram que ha estado asistiendo con sus hermanos a las actividades que realizan en la iglesia cercana a su residencia.

—Oigan, ¿Ymir dónde andará? —se pregunta Sasha en voz alta, observando el perímetro.

—No tengo idea, llegué hace poco —afirmo—. Le diré que nos espere en la feria de comidas.

—Oh, por cierto, Mika. Necesito detalles ya mismo de dónde estás viviendo —dice alegremente mirando cómplice a Christa por un instante—. ¡Adivina! ¡Ya he planeado una noche entera de diversión entre chicas! Sólo tú, Ymir, Christa y yo en tu departamento de soltera. ¡Como en los viejos tiempos! ¿No es genial?

Considerando que con «viejos tiempos» Sasha se refiere a hace tan solo unas semanas atrás, parpadeo repetidas veces virando la vista de Sasha a Christa, de Christa a Sasha. Balbuceo unas cuantas palabras incomprensibles, como si les diera a entender que estaba procesando toda la información que me acaba de soltar una de ellas.

¿Acaso dijo en pocas palabras «pijamada en mi departamento de soltera»?

—Oh, no, no, no…

Sasha me mira extrañada y he tenido el impulso de ruborizarme. Ni siquiera les he dicho a mis amigas dónde estoy viviendo; deben creer que es el mismo edificio que localicé meses antes, cuando todavía intentaba convencer a Misaki.

—¡Digo, este…! —tartamudeo—. ¿Có-cómo va a ser posible hacer una pijamada de amigas si Christa está en Stohess?

—Ay, vamos, Mikasa. No seas tan cabecita hueca —mofa Sasha dándome ligeros golpecitos en la frente con su nudillo.

—Habrá un día feriado en noviembre y podré venir acá a Trost y quedarme para pasarla con ustedes —explica Christa—. ¿No es genial?

Maldita media hora aproximada de viaje de Stohess-Trost.

—¿Y qué hay de Ymir? —señalo—. ¿Crees que querrá de separarse de Bertholdt?

—Claro que sí. Ya suficiente tiempo andan juntos. A ella no le vendría mal pasar un rato de chicas —replica Sasha con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Hasta podríamos decirle a Annie como las últimas veces!

—¡Pero que en esta oportunidad no se lleve la ouija o yo misma me encargo de exorcizarla! —espeta Christa haciéndose la señal de la cruz.

Genial. Simplemente genial.

—Bueno, pero es todavía muy temprano para hablar de eso. ¿Por qué, emm, no vamos a la tienda de mascotas?

—¿Tienda de mascotas? —repite Sasha—. ¿Te permiten mascotas en tu condominio? ¡Oh, cielos! ¡Eso es grandioso!

—¡Oh, yo amo las mascotas! —secunda Christa.

—N-no, no hablo de eso… Sólo quiero ver las peceras. Saben que siempre me han gustado los peces.

Sasha me mira extraño, pero al poco rato se encogió de hombros. Christa se mantuvo impasible por querer ver los perritos.

—Está bien —conviene Sasha—, pero luego iremos a la feria de comidas. Estoy que muero del hambre.

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Suspiro dejándome caer en el sofá con un tazón de palomitas sobre mi regazo, mientras el control del televisor es empuñado en mi mano izquierda y mi brazo derecho descansa sobre el respaldar. No tenía nada mejor que hacer un domingo por la tarde a solo horas de entrar a clases, y como Mikasa no estaba por acá se me ocurrió tener una maratón de las temporadas pasadas de Game of thrones que había grabado hace ya un tiempo.

¡A ver a Daenerys desnuda una vez más en el primer capítulo, perras!

Recuerdo la primera vez que la vi, no volví a ser yo mismo. "Qué niña más bella", apenas pensé. Es que, DIOS… ese cabello rubio, esos ojos claros, esas tetas… Ay Daenerys, entraría al fuego por estar contigo.

Sonrío con malicia encendiendo el televisor y ubicando la lista de grabación. Tenía las cinco temporadas en mi poder. Cincuenta capítulos que me esperaban con ansias y lo mejor era que las dos últimas serían inéditas para mí porque no las había visto antes, aunque ya me sabía uno que otro inevitable spoiler. De forma casi automática, busco el primer capítulo de toda la serie y pongo a reproducir.

Éste empieza, como ya se sabe, con esos tres idiotas con ganas de follar fuera del muro. Siempre que veo esta parte me cago de las risas, porque es tan irónico que a la final mueran y el más maricón de los tres sea el que sobrevive. Claro, aunque después recibe la pena de decapitación —por maricón—, pero qué se le va a hacer. Él tuvo la oportunidad de quedarse y partir unos cuantos culos congelados, en todos los sentidos de la palabra.

Luego, los malditos Stark. Debo admitir que la primera vez que me vi la temporada uno lloré como idiota con lo de Eddard al final. Y que la estuviera viendo con Reiner, Annie Berth y Armin no ayudaba en lo más mínimo. Reiner se cayó de rodillas al piso luego de estar sentado en el sofá y se puso rojo del llanto hasta verme también desconsolado y luego abrazarme. Si esa vez no hubiese estado en pleno shock por la escena, hubiera empujado a Reiner a un lado, pero en cambio me dejé abrazar y los dos lloramos como putas desgraciadas.

Recuerdo que Annie nos encerró en una habitación diciendo: "¡Terminen de follar de una vez, maricos tristes!" mientras que Berth y Armin se descojonaban de la risa. Pude haber invitado a los chicos a ver conmigo la maratón de la serie, pero sé que Armin está demasiado ocupado en Stohess preparándose para el primer día, a Berth deben dolerle las bolas de tanto follar con su novia machorra, Reiner debe estar limpiando la arena de su casa y hoy es domingo para Annie.

Armin y yo bromeábamos sobre que Annie no salía los domingos por ser día de misa y que ella temía ser engatusada por monaguillos para tocar la campana de la iglesia. En realidad no lo hace porque domingo es «sunday» en inglés, ya saben «día de sol», y Annie odia el sol porque es vampira. Todavía esa superstición es más extraña que verla llevando una sombrilla haya lluvia o no y el hecho de que vive literalmente en una playa y solo no sale los domingos.

Así es mi amiga, pero así la queremos todos. Incluso cuando Mikasa y su club de perras también la adoptaron.

Justo en la escena en la que sale Daenerys por primera vez y está a punto de meterse en la tina de agua caliente, el maldito malparido hijo de puta timbre de la puerta suena.

Maldiiiita sea.

Me llevo palomitas a la boca mientras sigo observando la escena de la serie y haciéndome el loco, pero eso no sirve de nada porque el timbre vuelve a retumbar en mis tímpanos. Joder, ¿quién demonios es? Si son los monaguillos buscando a Annie de una les digo que ella no está aquí, lo siento.

El sofá gime más que yo cuando me separo de él. Es el lamento que más me duele. Espérame, corazón, ya volveré por ti.

Cuando por fin abro la puerta, unos brazos delgados me rodearon el cuello al mismo tiempo en que unos labios capturaron con insistencia los míos. Saboreo los restos de alcohol de su lengua cuando le permití entrada, separándome de ella al instante en que suelta un gemido y por impulso muerde mi labio inferior.

Al establecer una digna distancia, la observo.

—Petra —digo con algo de sorpresa fingida—. ¿Qué tal?

—Cómo estás, gatito —responde con un tono grave, erótico—. Estuve pensando mucho en ti.

—Hmm —musito enarcando una ceja, viendo que ella se acerca lentamente hacia mí, con ganas de acortar distancias una vez más—. Pero si nos vimos hace poco.

—Para mí fue mucho tiempo.

—¿Estás borracha? —La miro expectante, pues su boca sabía a alcohol.

—No, gatito. Ayer tomé en una fiesta y tengo una terrible resaca justo ahora —aclara, casi desnudándome con sus ojos ámbares—. Y sólo tú podrías quitármela.

Lame sus labios de forma atrevida. No había notado el color rosado de estos y por impulso froto una mano en mis propios labios, llenándola de brillo labial. Cómo odio esa mierda, y ella lo sigue usando a pesar de que siempre le digo que no lo haga.

—¿Cuántas veces te he dicho que dejes de usar labial conmigo? —reprocho con el ceño fruncido, limpiándome con la camisa la boca y las manos.

—¿Qué? —reta ella—. ¿Me vas a castigar?

Sonrío. Ya veo por donde va la cosa.

—¿Estás ocupado justo ahora?

Observo la televisión congelada en la escena de Daenerys en la tina. Pausé antes de venirme a abrir la puerta. Bien, tal vez no tenga a Daenerys como quería, pero Petra está dispuesta a ser una intérprete.

Tomo el mando del televisor y lo apago, luego miro a Petra. Hay lujuria creciente en su mirada, y ella sonríe de una forma tan vivaz y atrevida que no dudo en emocionarme. Le sonrío de vuelta, justo cuando sus piernas rodean mis caderas y comenzamos a besarnos con hambre del otro.

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—Hola, perras —nos saluda una chica alta y complexión física delgada. Carga puesta una blusa con cuello en «v» que deja ver sus clavículas, junto a unos jeans simples y botines de cuero negro.

Incluso vistiéndose normal, luce como toda una perra.

—¡Ymiiiiiiir! —chilla Sasha de forma tan aguda que pudo haberme roto los tímpanos. Corrió a abrazarla al igual que lo hizo conmigo, pero Ymir es más rápida y la rodea, yendo directo a Christa.

—¡Chriiiis, te extrañé!

—¡Y yo a ti! —exclama de vuelta la rubia.

Sasha hace un puchero al ver la escena.

—¿Por qué hoy nadie quiere mi amor? —bufa regresando a nuestra mesa.

Sonriendo como si le hubiera causado gracia, Ymir toma asiento en la silla sobrante frente a mí. Sobre la mesa, cuatro vasos grandes de refresco cargados con hielo reposan tentándonos a tomarlas. Los compramos en McDonald's luego de pasearnos por la tienda de mascotas y ver unos cuantos peces que hacen que te recuerdes de cuando viste por primera vez Buscando a Nemo. Yo fui una de las primeras que sorbió de su bebida, pues estábamos esperando a la de pecas para tomar juntas.

—Oigan —dice Ymir, frunciendo el ceño mientras dibuja una pequeña sonrisa en sus labios—, ¿ese de allá es Marco Bodt?

—Así es —responde Sasha, también mirando hacia donde su hermanastro trabaja.

—¿Quién es esa chica que lo tiene babeando?

Fui la siguiente que se volteó para ver a Marco y, ay Dios, pobrecito. Una chica de aspecto gentil, con una cara de melosa típica que adora las bandas indie y se la pasa presumiendo que llueve en la moda hípster porque anda por todas partes con lentes RayBan sin aumento, está con él. Apenas la vi decido que me cae mal, y el hecho de que no se despegara de Marco solo me hacía sentir pena por él.

Aunque viéndolo desde un punto, no sé por quién sentir más pena; si por Marco, que está siendo acosado por ella, o por la chica, que se fijó en un hippie como él de estrafalarias y horrendas camisas.

Ymir suelta una carcajada que Chris y yo secundamos con pena mientras que Sasha suspira.

—¡Pero miren su cara! —insiste Ymir—. Está tipo «te doy todo lo que me pidas, mi amor».

Sasha se encoge de hombros, aunque no evita soltar una risa por eso mismo.

—Por cierto, ¿qué tal han estado? —nos pregunta la de pecas—. Mikasa, oí que vives en un edificio cerca del Caribbean. ¿A quién le diste el culo para pagar la renta? —suelta una risa socarrona mientras que Christa le reprende.

Suspiro. Estoy acostumbrada a este tipo de comentarios por parte de Ymir.

—A nadie. Vivo con alguien más y pagamos la renta entre dos.

Ymir enarca ambas cejas, sin borrar la sonrisa que le quedó tras reír.

—Interesante. ¿Ya se acostaron?

—¡Ymir! —exclama Christa.

—¿Qué? —secunda la aludida—. ¿Crees que yo, teniendo un compañero de cuarto, ya no hubiese aprovechado?

—Tú tienes tres compañeros de cuarto —le recuerda la pelirroja.

Exacto —Ymir chasqueó la lengua.

Abro los ojos como platos y rápidamente los cierro, negando con la cabeza ligeramente intentando ahuyentar los pensamientos morbosos que se me vienen a la mente. Sasha, por su parte, se ha partido a reír tanto por lo de Ymir como por mi cara de circunspecta.

—¡Ysabel Mirdreth Langnar! —exacerba Christa, en cambio—. ¡La lujuria es pecado, que Dios te tenga misericordia!

—¡Ugh, que no me llames así! —chista la de pecas cubriéndose las orejas y haciendo raros movimientos con el cuerpo, como si recién Christa hubiera invocado un demonio con el nombre compuesto de nuestra amiga.

—A todas estas, ¿Annie sigue con lo de no salir los domingos? —curioseo, más para cambiar de tema.

—Así es. Y eso que le insistí, le jalé ovarios y casi que las patas para que aceptara venir con nosotras pero con todo y eso no quiso. Debe respetar sus creencias, o algo así.

—Pobrecita —interviene Christa, haciéndose la señal de la cruz como si acabara de terminar de rezar por nuestra ausente amiga.

—Oye Ymir, ¿y qué tal es Berth? —interroga Sasha con una expresión que parecía reflejar «grr, quiero uno igual», apoyando una mejilla en su mano.

—Es una fiera colosal —comenta Ymir de forma casual, sonriendo con complicidad.

Sasha vuelve a estallar en risas. Christa niega con la cabeza, quizás rebuscando en su mente una lista de oraciones para Ymir.

—¡Pero si es tan tímido! —dice la rubia en su defensa.

—Fíjate, pues. En la cama se revela.

—¡Calladito pero peligroso! —expresa Sasha—. Quién lo diría. Me hubiesen llegado a decir eso de él en tercer año de secundaria y no me lo creo.

Tengo la necesidad de toser un poco. Mis amigas me miran de forma burlona tras esto, excepto Christa, ella sí me comprende.

—¿Qué? —dice Ymir enarcando una ceja—. ¿Todavía virgen, Mikasa?

Me sonrojo por impulso, haciendo que Ymir riera tan fuerte que muchas personas nos miran desde distintos puntos de la feria. Sasha ladea una sonrisa y me mira, como si estuviera compadeciéndose de mí, aunque no sabría decir si era porque Ymir nos estaba haciendo llamar la atención o porque sigo siendo virgen. En cambio Christa se veía orgullosa; ella mantendrá su virginidad hasta dejar de ser célibe.

—A ver, Miki, ¿qué edad crees que tienes?

—Diecisiete —respondo extrañada, ¿qué importaba mi edad?

Sasha e Ymir se miran perplejas.

—¿No tenías dieciocho?

Las miro como si estuvieran bromeando. ¿En serio? ¿Soy su amiga desde pequeñas y todavía no saben que soy un mísero año menor que ambas?

—Miki y yo fuimos las más jóvenes de la promo, chicas —responde Chris en mi defensa.

—Exacto. Yo cumplo en febrero.

—Uh. —Sasha frunció el ceño—. Falta mucho todavía para tener una fiesta de strippers.

—¡Y qué! —exclama Ymir—. ¡Vale verga la edad! En la Seventeen salen cosas de sexo, incluso en revistas en las que quinceañeras están subscritas. Mikasa, puedes olvidarte de seguir guardando la virginidad hasta el matrimonio, eso es para musulmanas.

—¡Oye, pero yo soy cristiana!

—Ah sí, musulmanas y christas.

¿Ven por qué digo que Ymir es capaz de prostituirme?

La miro, intentando no mostrar mi pánico por lo que significa «sexo» y todos sus derivados en nombre de Ymir. Sasha parece secundarla en todo; es horrible cuando el hambre se junta con la comida, en el caso de estas dos.

—¿Qué tienes en mente? —pregunto dubitativa.

Sasha abre la tapa del vaso de refresco luego de que aparentemente se lo termina, llevándose a la boca uno de los hielos que nadaban dentro. Mientras, Ymir se encoge de hombros.

—Lo simple, conseguirte un novio.

—¿Y tienes alguna buena referencia para esta joven inexperta? —cuestiona Sasha, refiriéndose a mí como si fuese una niña. ¡Oh por favor, ni siquiera a Christa le hacen esto!

—Pues no —niega—. ¿Alguna idea tú?

Sasha enarca una de sus tupidas cejas y entorna la mirada de vuelta hacia la pizzería de la feria de comidas, donde la insistente y chiclosa muchacha intento de hípster sigue pegada a su hermanastro.

—Iba a decir Marco, pero… —se detiene, mirándome ahora.

No —dijimos al unísono las cuatro, para después reír.

—¡Oh! —Christa chilla emocionada—. ¿Qué tal uno de mis hermanos mayores? Estarían encantados con una chica como Mikasa.

Automáticamente niego con la cabeza de manera disimulada hacia Sasha e Ymir que me están mirando. Si empezaba a salir con uno de los hermanos de Christa, para sus padres y ellos mismos significaría «compromiso». Y Mikasa Phoebe Ackerman, su humilde servidora, no planea casarse tan joven, no señor.

—¿Que Ulklin no estaba ya comprometido? —inquiere Sasha.

—Ulklin, pero Dirk no.

Frunzo el ceño. Dirk no es feo, pero siempre nos pareció —a todas, incluso a Annie pero no a Christa— abiertamente gay.

Ymir sonríe con burla, pero decide estratégicamente cambiar el tema.

—¿Y qué tal Eren Jaeger?

Sasha escupe el hielo que se estaba comiendo.

—Ni en un millón de años, Ymir —decimos Sasha y yo al mismo tiempo.

La pelirroja me mira extraño al principio, pero casi que orgullosa a los pocos instantes.

—Me enteré por Reiner y Annie que se mudó también a Trost —cuenta Ymir.

—¿Qué? —exclama la pelirroja con desagrado, como si le hubieran hablado sobre que Burger King cerraría, o algo peor—. ¡Qué hace ese aquí!

—Estudiar, ¿qué más?

—¿Estudiar qué? ¿Prostitución, striptease, tráfico de mujeres? —desorbita Sasha—. ¡Por favor! ¡No me creo que haya entrado en una universidad!

—Pues va a estudiar en la Universidad Caribeña, la nuestra —comenta Ymir encogiéndose de hombros.

—¡Pagando, de bolas! ¿Cómo diablos ese cerebro de alcornoque puede siquiera estudiar?

Los ojos de Sasha no podrían estar más abiertos por el espanto.

—Espero no topármelo, o mi sueño universitario estará arruinado.

—Oh, vamos. No exageres —le digo a Sasha, pero la verdad lo hago más para zanjar el tema que por otra cosa.

Si supieran ellas que estamos hablando de mi compañero de piso…

—Oigan —inicia Ymir una vez más, sonriendo como una gata—, ¿qué tal aquél?

Sasha dirige su mirada al mismo punto en el que la de Ymir se encuentra. Sus ojos ámbares brillan por el gusto, mientras asiente en aprobación. Christa también se gira y, creo que por primera vez en mi vida, vislumbro una sonrisa pícara en su inmaculado rostro. Soy la siguiente que se gira para ver lo mismo que ellas y no tuve que esforzarme en buscarlo, si casi que de una forma magnética mi mirada se atrae a su figura.

Cabello castaño ceniza, ojos de una tonalidad viva casi acaramelada, una contextura delgada pero de ancha espalda, tronco alargado y… un gran trasero.

—Prr —ronroneó Ymir—. Quién fuera carne para que me acuchilles.

—¡Ymir! —le reprendo—. ¡Tú tienes novio!

Sasha ríe.

—¿No será que lo dices porque lo quieres todo para ti?

Ignoro el comentario de mi mejor amiga mientras discretamente sigo mirando al chico del trasero sexy. Es demasiado apuesto, tanto que una parte de mí siente cierta inseguridad de poder acercarme siquiera. No me malentiendan, es que estoy tan acostumbrada de estar en mi cerrado grupo de promo desde los últimos doce años que me cuesta salir de él.

—Relájate —conviene Sasha, posándome una mano en el hombro—. Para eso estamos Ymir y yo aquí, te ayudaremos a conquistar a ese bombón.

—¡Y yo daré apoyo moral! —exclamó Christa.

—Exacto, Christa dará apoyo moral.

Temo por mi vida al reparar en la sonrisa maquiavélica del rostro de Ymir junto a Sasha, que daba incluso más miedo que la primera. El único ángel era Christa, ajena de todo tipo de mal que mis otras dos amigas tenían en la cabeza.

Son como esas muñecas de porcelana de la década de los 20, ¿saben? Con ojos saltones, mofletes inflados de una forma casi falsa, los labios tan rojos como el Guasón y una sonrisa de Jeff The Killer tan blanca como una perla.

Siento que una de ellas, no estoy tan segura de cuál, jala mi mano. De repente ya no estábamos en la feria de comidas, sino que nos adentrábamos por los pasillos del centro comercial. No nos detuvimos ni siquiera a mirar los ridículos precios de oferta en la tienda de sábanas sino hasta que llegamos a lo que parece ser nuestro destino.

Mis cejas, en lugar de fruncirse, se alzan tanto que bien pudieron haberse enredado con la zona naciente de mi cuero cabelludo. Abro los ojos como platos, quedándome completamente petrificada en mi lugar. Tan solo escuchando las alaridas risotadas de Ymir y Sasha a ambos lados de mí y la expresión sorpresiva y burlona de Christa.

Me han traído a una sexy shop.

—¡Pero qué mier—! ¿Qué rayos estamos haciendo aquí?

Ymir ladea una sonrisa cargada de sátira. Se le nota cuánto disfruta ella de todo este asunto.

—Hablaremos con la experta, ¿qué más? —espetó como si fuese demasiado obvio.

Ante su respuesta quedo como si me hubiesen llevado al espacio exterior sin casco y traje de oxígeno. Estoy justo frente a la entrada y diviso varios maniquíes de torso vestidos con babydolles, brallettes y otras prendas íntimas tan mínimas que no llegarían a tapar ni un pezón. Más atrás, había un estante con lo que parecían ser videos de contenido sospechoso.

Cinco letras, una palabra, un sinfín de sentimientos: AYUDA.

Al ver que no reacciono, siento que el agarre que tienen mis dos amigas contra mis brazos se pone más rígido. Detrás de mí, Christa dudó.

—¿Están seguras que esto es lo mejor, chicas?

—¡Pero claro que lo es! —responde Ymir como si le preguntaran si Reiner es gay, cosa que ella siempre afirmaría porque lo adora.

—¡Ven, no seas tímida! —exclama Sasha, entrando de primera a la tienda como si ésta se trata de una juguetería y ella de una chiquilla caprichosa.

Cuando entramos, pude notar que esos videos de contenido sospechoso estaban clasificados en cinco distintos estantes: porno hétero, porno lésbico, porno masculino, porno de tríos y porno de orgías.

—Uy, Mika. Se te van a salir los ojos —se burla Ymir mirando por encima de mi hombro mientras descaradamente me da una nalgada.

Suelto un ahogado gemido ante su atrevimiento.

—¡Ymir! —le reprende Christa y yo por inercia me sobo la zona afectada.

—Ay por favor, nenitas. Muchos hombres les darán nalgadas el resto de sus vidas.

Me sonrojo, pero al ver a Christa y notar su indignación casi me pongo en blanco al anticiparme la posible aproximación del Sermón de la Montaña.

—Ysabel Mirdreth, sabes muy bien que este tipo de cosas van en contra de la regla natural de la reproducción. Y la biblia nos instruye que fornicar con la lujuria y el demonio susurrando tentaciones en tu oído es—

—¡Paraaaa, me sangran mis ateos oídos! —brama Ymir, llevándose las manos a las orejas.

—¡Jesús te reprenda de todo mal!

—Ugh, ¿quieren parar de una vez? —les espeto—. Estamos en una tienda, en un lugar público. ¿Quieren ser personas normales solo un rato?

—¡Marlaaaaa! —chilla Sasha, más distante del asunto actual que de su paseo por una tienda de juguetes sexuales.

—Dije que sean personas normales, no que anden gritando como Pedro por su casa. ¿Es que nadie me escucha?

—Dios siempre te oirá, Miki —alegó Christa de una manera dramática, aferrándose a mi brazo

—¡Marla, sal ya! —continúa Sasha—. ¡Tienes clientas!

Aguarda, ¿Sasha acaba de llegar hoy a Trost y ya conoce a una tal Marla? ¿Qué le ocurre al mundo? Primero Marco se consigue una novia bonita, ¿y ahora Sasha es popular también en Trost?

—¿Quién rayos es Marla? —musito.

—Es mi jefa —responde Ymir—. Trabajo aquí con Berth desde que nos mudamos pero libro los fines de semana, ya sabes, horario laboral para estudiantes trostianos.

Miro a Sasha rápidamente.

—¿Y tú cómo la conoces?

—Gracias a Ymir. Hablamos por Skype durante mi viaje y Marla la cachó en plena llamada durante su turno de trabajo —esclareció con una sonrisa de autosuficiencia—. Yo ni sabía que esta perra malcogida —señala a Ymir— estaba ya instalada en Trost. A todas estas, Marla es un amor y nos hicimos amigas.

Casi tan pronto como se disolvieron mis dudas, una figura envidiablemente delgada se dirige hasta nosotras meneando pronunciadamente las caderas a un ritmo que podría competir contra los ángeles de Victoria's Secret.

No puedo especificar qué expresión está poniendo mi rostro en este momento. Solo sé que he quedado de piedra al fijarme detalladamente en la persona que tengo al frente. Cabello negro corto, no, cortísimo, como por el nivel de la oreja y con un flequillo de cortina cubriendo su frente. Ojos oscuros, increíblemente maquillados con un ahumado en tono gris, además de un delineado de estilo pin-up tan fantástico que jamás en mi vida podría lograr viendo tutoriales en YouTube. Carga puesto una camiseta blanca holgada sin mangas acompañada de un chaleco de cuero rojo brillante, unos pantalones negros de tubo ceñidísimos también de cuero, y unas botas de combate con cadenas en los laterales. Lo más apabullante es que se nota que es hombre.

Creo que quedé ciega.

—¡Marlaaaaa! —exclama Sasha corriendo a abrazar a… a… bueno, a la persona que acababa de aparecer—. ¡Por fin en persona!

Y Sasha lo dice tomando con delicadeza las hebras de su cabello perfectamente alaciado. Es casi como si hubiera esperado por este momento toda su vida. Me giro hacia Christa notando que está igual de confundida que yo.

—¡Ay, niñas! ¿Cómo han estado, preciosísimas? —exclama utilizando una forzadísima voz de mujer tras su barítono natural, con ademanes incluidos en el combo—. Ay Ymirsita, ¿qué haces aquí, si es tu día libre? ¿Y tú? —señaló a Sasha—. ¿Pensaste sobre mi oferta de trabajo?

—No hace falta. Mi hermano Marco me consiguió empleo en la pizzería donde trabaja; empiezo mañana.

—Huh, que tengan cuidado contigo, glotona —ironiza Ymir, provocando que Marla riera a carcajadas, llevándose dramáticamente una mano a la frente.

Sasha miró a Ymir y le sacó la lengua y ésta solo sonrió. Marla de repente se fija en el angelito a mi lado, que seguía mirándola entre curiosa y confundida.

—¡Oh! —Christa parece entrar en razón una vez la intensa y perfectamente delineada mirada de Marla se posa sobre sus ojos azules—. ¡Ya lo entiendo! Eres la jefa transexual de la que me habló Ymir. Solo quiero decirte que a pesar de todo, Dios te ama tal y como eres.

¿Y es que Christa también conoce a esta persona?

Marla sonrió gustosa, casi como si amara que su nombre circulara entre forasteras como nosotras.

—Así es querida, tú debes ser Christa. Ymir no para de hablar de ti.

Christa sonrió dulcemente. Increíblemente han terminado por congeniar de maravilla. ¿Qué diablos le pasa al mundo?

De repente, los ojos de delineado gatuno se posan sobre mí.

—Marla, venimos de emergencia —expresa Ymir, por fin—. Aunque Christa también lo es, te traemos a este otro pancito de Dios, más pura que el agua potable, más cerrada que la ventanilla de mi baño, más estrecha que un pitillo—

—Más virgen que María —desdeña abriendo la boca de indignación, como un león bostezando.

Ruedo los ojos.

—¿Y qué? ¡Tengo diecisiete!

—Cariño —me habla Marla, posando sobre mi hombro una de sus peludas manos de hombre y las uñas barnizadas con la más roja de las pinturas, con stickers pegados de florecitas y gatitos—, ¿sabes a qué edad probé por primera vez la salchicha alemana? A los 14, en un carrito de hamburguesas, con pan y salsa, por supuesto.

Christa, Ymir, Sasha y yo quedamos consternadas, sin embargo las tres de mentes abiertas ríen luego de unos segundos. Aunque yo entendí el chiste, no le vi la gracia y en cambio me horroricé.

Marla entorna los ojos, se le ven enormes con tanto delineador.

—¡Por toda la arena de la playa, no puedo creer que sea tan pendeja!

—¡Oiga! —me quejo.

—¿Ves? —dijo Sasha—. Necesitamos ayuda. Ya tenemos al anzuelo perfecto con el cual tirarla al mar.

Marla sonríe y me mira de arriba abajo, escrutando mi ropa con la mirada, como evaluando cada insignificante detalle de mi suéter de mangas y mis jeans de mezclilla.

—Qué chica tan casta.

Rápidamente, Marla se pone detrás de mí y me toma por los hombros llevándome hacia la computadora de la caja. Con lo de «chica casta» hizo que me recordara de Eren porque siempre me ha llamado de esa forma.

No puedo dejar de pensar cómo reaccionarían mis amigas al saber que estoy viviendo bajo el mismo techo que él.

Bueno, Sasha armaría un escándalo y llamaría al FBI, a la CIA, a la NASA y a los Cazafantasmas para sacar a Eren por presunto «abuso de menores», ahorrándole todo el trabajo a mi madre. Ymir mientras tanto se reiría y me insinuaría durante el tiempo que me reste de vida si alguna vez llegamos a acostarnos, o si yo lo deseaba, ¡cosas así, ya saben! Christa me mandaría a la iglesia a confesarme por mentirosa y a redimir mis pecados haciendo penitencias con las rodillas desnudas sobre granos de arroz en el suelo. Annie haría una risa frenada, nada más, y como es más amiga de Eren que mía, quizás lo acompañe a la minivan de los Cazafantasmas y le dé apoyo moral o al menos lo intente.

Pero nope. Si se enteraran algún día, ese no sería hoy.

—Mira, cariño. —Marla al hablar hace que regrese de mi viaje espacial—. A continuación verás una lista de vestuarios que deberías considerar usar para conquistar a ese chico tuyo.

Mis amigas observan expectantes la pantalla de la computadora a un lado mío a la vez que suelto un suspiro. La búsqueda de Google de «ropa para conquistas» se redirecciona a imágenes una vez Marla escoge la opción. Es entonces que un aliento ahogado se cuela en mi oído con tal indignación que podría mandar directamente toda la búsqueda al juicio de San Pedro.

—¿Quieren que se vista así? —exclama Christa señalando horrorizada la pantalla—. ¡Eso es ropa de zorras!

—¡Oye! —reclama Ymir—. Tengo varias prendas así en mi armario.

—Ymir, ya eres una zorra —le recuerdo con las cejas levantadas en preocupación.

La morena de pecas, en vez de lucir indignada, sonríe.

—Ah, cierto.

—¡Ya el caso de Ymir está en manos de Dios! ¡Pero Miki no se vestirá así!

—Ay, Chris —se queja Sasha.

—Eh, yo opino igual que ella —secundo a mi amiga rubia—. ¿Sabes qué haría Levi si me ve así en Instagram? Le mandará las fotos a mamá. ¿Y sabes qué hará mamá? ¡Me desheredará!

—¡Ay, como si tuvieras mucho que heredar!

—¡En algún momento me quedaré con los antiguos jarrones y farolillos japoneses de mi mamá y los empeñaré y seré rica!

—Por favor, no te desheredarán solo por vestir de esta manera —repone Marla como si nada—. ¿Qué tiene de malo?

—Crop tops que enseñan el sostén, shorts que dejan ver la nalga, botones más abiertos que las piernas de una puta… ¿En serio, loco? ¿Así quieres que me vista?

Marla luce indignada al llamarla «loco».

—Mira, cariño… por lo general no hago esto con las amigas de mis chicas, pero ¡estás exiliada de mi salón de belleza hasta que te arrepientas!

Parpadeo cinco veces seguidas intentando salir de mi confusión.

—Pero esto no es un salón de belleza —observo.

Ymir se palmea la frente, Christa niega con la cabeza y Sasha suspira.

—No, sabelotodo, es una sexy shop. Hablo de mi otro negocio, niña indigente.

¿«Indigente»? ¿Me ha llamado «indigente»? ¿A mí?

—¿Tienes otro negocio? —duda Sasha.

—Por favor, niña. Soy potra, triunfadora, maliciosa. Yo soy Marla Arenita, la que se lima las uñas y saca las garras para pelear, miau —canturrea de la misma forma que estuviera enalteciendo el himno nacional, para luego mirarme—. Espero que te haya quedado claro, chica casta.

—S-sí, señora —contesté de forma automática.

—Y mira que Marla aún es buena contigo, niña. Te dejaré entrar a la tienda sólo porque tu amiguita Ymir trabaja aquí los días de semana.

—¡Eso! —apoya Ymir.

Después de unas despedidas un tanto bruscas, pues a Sasha le ha entrado el hambre vespertina y antojo de rollos de canela, hemos salido de ese extraño lugar. Siento que por fin puedo respirar después de tanto ajetreo.

—¿Ves, Mikasa? —me dice Sasha dándome codazos al brazo, como si me estuviera reprendiendo—. Marla es buena contigo y mira cómo le agradeces.

Suspiro.

•·.·´¯`·.·•

Observo por quinta vez consecutiva el reloj de mi muñeca y no puedo evitar formar una mueca de horror en mi rostro. ¡Es tardísimo, no puedo creerlo! ¡Y lo peor es que mañana tengo clases! ¿Saben la flojera que da llegar a casa a las nueve de la noche de un domingo para arreglar todo lo del primer día de clases al día siguiente? Es infernal, y lo peor es que no es la primera vez que me pasa algo así.

A la víspera del primer día de nuestro último año, Reiner llegó en el auto de su padre a casa de Christa. Nosotras, hasta Annie, estábamos ahí hablando estupideces y dándonos la buena vida como damas acicalándose para llegar presentables al colegio el día posterior. Reiner nos estuvo insistiendo de salir con él y nos terminamos aventurando a una de las fincas privadas que están en la salida de Shiganshina.

Ha pasado más de un año de eso y no estoy segura sobre de quién diablos era la finca, pero estaba gran parte de la promo ahí. Incluso Eren, pero esa era mi época de huir de él por todos los rumores que Sasha me contaba sobre él. Durante el camino incluso se me olvidó pedirle permiso a Misaki, y ya se imaginarán a mí llegando a las diez de la noche montada en el auto del padre de mi compañero junto a mis amigas ebrias. Misaki me echó un sermón y me mandó directo a mi habitación a arreglar todo para el primer día de clases.

Y en la actualidad… se podría decir que no aprendo.

Después de los rollos de canela, de los que Sasha se comió como cinco y luego lo lamentó porque la haría ganar unas libras, fuimos al cine. Escogimos la película más boba que puede existir; era animada, no sabía exactamente qué era lo que la pantalla mostraba, pero esas cosas tenían la nariz como un avión y unos ojos de lechuza. Como sea, yo quería ver Mi villano favorito 2 aunque hace como dos años que la estrenaron y sigue todavía en carteleras por ser clásico, pero mis amigas no quisieron porque querían entrar a ver Cincuenta sombras de Grey, a excepción de Christa que a cada rato preguntaba si estaban pasando La pasión de Cristo.

Sí, necesito amigas normales.

A la final, no había entradas para ninguna de las anteriores y nos tuvimos que calar sí o sí esa de los nariz de avión que ni idea de cómo se llamaba. Christa se despidió temprano de nosotras, a eso de las siete de la noche, pues su hermano mayor la vino a recoger en auto para que no tomara el autobús. Entre lloriqueos y abrazos de oso nos prometimos escribirnos seguido y planear cualquier cosa para después.

Lo cierto es que, a pesar de todo, me divertí con mis amigas, aun cuando conocí a Marla Arenita también.

Durante la película también me puse a pensar en lo que haré mañana. Lo primero sería obviamente ir a mi primera clase de periodismo; estoy ansiosa, en serio, no sé si serán los mismos nervios por ser novata en una universidad tan enorme. Cómo sea, también me llegó a la mente una obligación que tenía que cumplir, y eso era buscar trabajo si de verdad quiero seguir viviendo en el cómodo sitio en el que vivo.

Y ahora que me pongo a ver, ¿por qué diablos no busqué ese dichoso trabajo hoy?

Sea como sea, ya da igual. Justo ahora me encuentro en el auto de Marco con Sasha, Ymir y el dueño del vehículo. Sasha se ofreció a llevarme porque ya era tarde para que yo estuviera en la calle cruzando hasta mi edificio. Yo no puse objeciones, porque sabía bien que me dejarían en la entrada y no tendría por qué estar mostrando mi apartamento ni con quién vivo.

—Es aquí —señalo.

—Woooow —exhala Ymir—. ¡Miren esta delicia! Es hasta mejor que la casita en la playa de Reiner.

—Qué lujoso se ve —observó Marco también.

Aunque el edificio estuviera a oscuras, podía detallarse la fina arquitectura y el renombre, junto a esos enormes ventanales y la entrada acogedora. Sasha parpadea un par de veces.

—Este es el Plaza.

Un escalofrío recorre mi espalda.

—Así es.

—Pensé que viviría en el otro que me dijiste.

—Bueno, es que mi compañera ya tenía piso aquí y me dijo que me mudara con ella.

—En serio debe costarles a ti y a tu compañera un ojo de la cara —reitera Sasha.

—Sí, pues… La verdad no es muy barato —doy la razón—, pero entre dos se paga muy bien y más si hay descuento estudiantil.

Ahora que me pongo a ver, Eren estaba dispuesto a vivir sin mí si yo no me hubiese entrometido. Entonces, ¿cómo diablos iba a pagar él una renta tan cara? Tengo entendido que heredó el departamento, por lo tanto… sus padres deben tener dinero.

¡Pero es que me cuesta creerlo! ¡Eren nunca pareció ese típico rico idiota! Sólo era idiota y ya.

Sonará idiota pero yo en Shiganshina apenas conocía a mis amigos. No tenía idea de las demás personas y eso que se trata de un pueblo no muy pequeño. Siendo así, cualquiera conocería a cualquiera, por nada dicen que «pueblo pequeño, infierno grande». Y extrañamente yo tal vez era la más nula de Shiganshina, que ni siquiera es capaz de identificar a los ricos o a los médicos, ¡y quién no conoce a los médicos! Será porque más allá de un dentista, pediatra y emergenciólogos no recuerdo haber necesitado otro especialista.

Aun confundida entre mis pensamientos, llevo mi mano a la manija de la puerta y me bajo del auto. Suelto un pequeño suspiro y me giro de vuelta hacia mis amigas; Ymir ha bajado la ventanilla una vez desalojo la cabina y Sasha, desde el copiloto, también estaba en las mismas, observándome sonriente.

—¡Nos vemos mañana! —se despide de mí.

El frío de la noche me eriza los vellos de la nuca mientras noto que todavía no se van, ¿qué diablos están esperando? ¿Una foto?

—¡Sólo entra, tonta! ¡Vas a helarte! —me reprende Ymir.

Oh, qué buenas amigas las mías. Están esperando a que entre. ¿Para qué quiero un novio si las tengo a ellas?

Llevo las manos a mi bolso, rebuscando en él las llaves de la entrada del edificio. Es de esas típicas con forma de círculo que al posarla sobre un sensor abren las puertas. Eren me la dio el mismo día en que llegué junto a lo que me debía del taxi en el que me hizo venir.

Fue estúpido porque ni tiempo me había dado para agradecerle que me hubiera pagado el taxi cuando de pronto me quitó el dinero y me dijo que se lo debía por la sacada de copia de la llave, que él pagó. Ante eso yo le reprendí, en ningún momento le pedí que me sacara una copia. Y ahora que lo pienso, se lo agradezco por haberlo hecho, sin una llave del edificio estaría perdida.

Como ahora.

Yo no soy de las chicas que tienen un vocabulario de camionero, como Ymir y Sasha. Aunque tampoco soy una santa como Christa, que apenas osa de decir «zorra» y ya va directo al confesionario de su iglesia a redimir su pecado. Pero es que en este momento no me aguanto.

El coño de la puta mal parida revergación.

Se me quedaron las jodidas llaves. MALDITA SEA.

—Mikasa, no estaremos aquí toda la noche —indica Ymir.

—Eh… si quieren váyanse, yo entraré en cualquier momento —aminoro mientras sonrío con la más falsa calma que mi organismo pudo conjurar.

En estos momentos cómo deseo que Marco me enseñe ese trato de amor y paz que siempre carga encima. No me extraña que este chico esté dopado de hierbas medicinales o cosas por el estilo para permanecer siempre con esa actitud tan relajada.

Justo ahora estoy decidiendo entre ir a matar gente de la rabia que cargo o matarme a mí misma por tonta. ¡¿Pero es que cómo COÑO se me pudieron haber quedado las llaves en el departamento?!

—¿Qué sucede, Mika? ¿No tienes llaves? —pregunta Sasha con cierta preocupación—. Vaya, qué perra es tu compañera, ¿ni las llaves de la casa te da?

—No es eso. Fui yo quien las olvidó.

—¿Y qué harás ahora?

Llevo mi mano de regreso al bolso y saco mi teléfono del fondo. Lo peor que podría sucederme en este momento es que venga un ladrón y me lo robe, cosa que en Shiganshina es casi un deporte eso de ser robado en la calle. Gracias al cielo que Trost es distinto del nido de ratas que me vio nacer.

Rápidamente marco el número de teléfono de Eren, al que tenía registrado desde que me mudé como «Con el que vivo». Espero por unos segundos con el teléfono pegado en la oreja a que me conteste, pero el muy idiota impertinente que solo anda de «mírame los bóxers y somos amigos» no me contestó.

MARICÓN.

Suelto un gruñido y me vuelvo hacia mis amigas que miraban expectantes desde el auto. Por encima del hombro de Sasha sentada en el copiloto, puedo notar la sonrisa de «amor y paz» en el rostro de Marco. Les juro que es imborrable.

—Si quieren pueden irse.

—¿Y dejarte aquí? —espeta Sasha horrorizada—. Ni locas.

—¿No te contesta tu compañera?

—No —afirmo llevándome una mano a la nuca.

Ymir frunce el ceño.

—Mierda, ¿con quién estará tirando?

Ruedo los ojos por su comentario irónico. Sería el colmo que Eren esté con alguien, y encima en nuestro departamento. Seguramente había salido y dejó el celular en casa. Trost es una ciudad llena de juventud y desde siempre ha tenido la fama de las mejores fiestas realizadas en la nación. Pero no me imaginaba a Eren en algún yate con música a todo volumen, en un club, discoteca o lo que sea.

Él me había dicho que a veces le daba por ir al bar de la otra cuadra a reunirse con Reiner. Tal vez está ahí.

Genial.

—A ver —escucho que dice Sasha, y tras eso, las puertas del auto de Marco se abren y tres de ellas se cierran en tiempos contiguos pero no unísonos—. Intentemos entablar conversación con un guardia.

—¿Guardia? —exclamo y miro hacia el frente, donde las puertas de cristal del edificio están cerradas y ni un alma en pena se divisa dentro—. Lo que menos hay aquí es guardias.

—Deben estar dentro —interviene Marco—. En nuestro edificio es así, vigilan casi que desde el puesto de recepción.

Tengo que admitir que no me queda de otra. Nos acercamos los cuatro a la puerta y pego mi cara de los cristales en busca de alguien, hasta por fin divisarla. Era una mujer y, si no me equivoco, es la recepcionista.

La recuerdo. Ella me recibió cuando llegué ayudándome con unas pocas maletas hasta llegar al ascensor. Si alguien me pregunta sobre si Eren llegó a acostarse con ella, yo no lo negaría aunque en realidad no tengo idea ni me interesa. Tiene una cara de perra que nadie se la quita por ser amargada.

Ay no, ella no.

Sus ojos se dirigen hacia nosotros al llamar su atención. Por mí no fue, yo estoy quieta, en cambio Ymir y Sasha golpean el cristal con sus nudillos.

—¡Oye, oye tú sí, chica! ¡Hey, ábrenos aquí! —gritan ellas.

Me llevo una mano a la frente de la vergüenza cuando la recepcionista nos abre la puerta y nos mira con reprensión.

—Disculpen, pero este es un lugar privado y es una falta de respeto que estén soltando esos gritos a estas horas de la noche. Algunos inquilinos descansan —reprocha. Sus ojos, tras las gafas que lleva, lucen aterradores.

—Lo sentimos, es que esta chica olvidó las llaves y no tiene cómo entrar —me señala Sasha, mientras me avergüenzo por mi estupidez.

La recepcionista, cuyo nombre, Rico, lo acabo de ver en su identificación, me escruta con la mirada para luego abrirme paso y permitirme la entrada.

—Ep, sólo un acompañante a partir de las ocho de la noche —enjute.

La miro extrañada ante lo que dijo, pero entonces Ymir suspira luego de haber avanzado unos pasos junto a mí al igual que Sasha y Marco. ¿Qué pasa aquí? ¿Acaso piensan acompañarme?

—Oh no, yo… yo iba a entrar so—

—Ve tú con ella, Sasha. Asegúrate de que llegue bien a casa —dice Marco con esa actitud tan suya de «la vida es bella».

—Sí, y sobre todo encárgate de decirle a su compañera de piso, si la ves, que es una perra —secunda Ymir burlona saliendo del edificio seguida por Marco, justo cuando Rico estaba cerrando la puerta por seguridad.

—Pero—

—¿Qué esperas, Mikasa? ¡Vamos! —Sasha me jala del brazo antes de que yo pudiera decir algo más.

Al menos tengo esa pequeña certeza de que Eren debe estar en ese bar suyo, por lo que no tenía tanto problema ahora pero— aguarda, estoy en las mismas. ¿Cómo diablos entraré al departamento si no tengo llaves?

—Sasha, espera —la detengo—. Igual no podré entrar.

—¡Pues entonces tumbémosle la puerta a tu compañera!

Iba a protestarle y decirle que no dijera tonterías, pero el ascensor se abre y Sasha entra sin ser invitada, todavía arrastrándome con ella. Al cabo de unos segundos me dio flojera decirle algo. Total, ¿para qué? Puede tumbar todas las puertas que quiera, igual Eren no está en casa para reclamarle.

Se iba a cansar de tocar tanto la puerta que los nudillos le dolerían y se iría, y yo estaría tranquila porque Sasha no se llegaría a topar con Eren, aunque también me sentiría como una estúpida porque me quedaría sola en medio del pasillo esperando a que mi compañero de piso llegara. Cómo se me antojaba estar en mi cuarto y ponerme mi pijama en estos momentos.

—¿Cuál es? —pregunta arrugando la nariz, seguramente porque ha notado que el pasillo es larguísimo y que las puertas de doble ala del ascensor son como el intermedio de éste. Si tan solo supiera que al final del pasillo del lado izquierdo hay una bifurcación con más apartamentos.

—Es la que está al final por la derecha —asevero encaminándome sin prisas al lugar señalado.

Sasha me sigue como un perrito y observa la puerta de mi departamento una vez nos posamos frente a ella. Entrelaza los dedos de sus manos y llevándolos al frente de su pecho, provocando que tronaran. De la misma forma, ha girado su cuello de un lado a otro y exhalado como un ogro.

—¿Qué haces? —pregunto extrañada.

—Preparándome para tumbar puertas, ¿qué más?

Como si fuese el hecho más normal del mundo, toma aire y lleva sus dos nudillos a la madera pulida y labrada de la entrada de mi apartamento, comenzando a tocarla fuertemente sin detenerse. Al cabo de un instante parece cansarse. Toma aire una vez más y ha repetido la misma acción, pero casi tan pronto como la vez anterior se vuelve a cansar.

—Sasha, hay un timbre en la pared a un lado le la puerta —le digo.

Instantáneamente lleva su mirada al lugar donde le señalo y frunce el ceño.

—Pff, claro. ¡Vamos a tumbarle el timbre!

Y ha empezado a tocar esa cosa como si cargara un excite. Menos mal que de fuera no se oye mucho, porque ya apostaría que los vecinos habrían salido para reclamar por estar colmando la paz que se respiraba en los pasillos antes de nosotras llegar.

—Olvídalo, Sasha. No hay nadie —suspiro.

—¡Shh! ¡Creo que escuché algo!

Me alarmo. Es imposible que escuchara algo. Yo solo puedo oír el minúsculo ruido del timbre dentro del apartamento cuando ella lo toca. ¿Qué más iba a oír ella si adentro no había nadie?

¿Cierto?

Sasha parece aburrirse del timbre y retoma el proceso de tumbar la puerta con sus nudillos, pero esta vez no se ha cansado tan rápido como antes y yo he dudado sobre si la llegaría a tumbar literalmente.

Y entonces, antes de poder afirmar que ella estaba en serio cumpliendo con su cometido, la puerta se abre.

Ya se podrán imaginar mi expresión al ver frente a nosotras a Eren Jaeger, quien nos mira a ambas como si nos hubiera crecido una cuarta cabeza en el cuello. Pero lo más irónico es que no anda solo; hay una chica semidesnuda y los labios muy rojos a su lado.

—Mikasa —dice sonriendo forzadamente y enarcando las cejas con espanto al ver a Sasha—. ¿Qué ocurre aquí?

—Podría decir lo mismo —declara Sasha, ahora observándome a mí con los brazos en jarras.

Siento que me encojo a mi mínima expresión cuando las intensas miradas de ambos se posan sobre mí en busca de explicaciones. Incluso la desconocida, que se cubre levemente la ropa interior con una especie de bata de dormir, me mira extrañada.

—Yo… olvidé mis llaves.


| Créditos a MakiMinnion (mi twin) por el nombre completo de Ymir.

| ¡HEY! ¿Notas algo distinto? No te preocupes, el fic está siendo editado para mejorar su redacción.


HOLIIIIS.

Vaya, no puedo creerlo que por fin lo terminé xD. Este capítulo me viene consumiendo desde que inventé la historia, quería que fuese loquísimo y bue, hice el intento(?).

Debo admitir que amo a Ymir xD. Creo que no es muy secreto que es uno de mis personajes favoritos del canon de SnK (y no sé por qué, si ella era tan equis hasta que se— ah, debe ser por eso xD). Y Marla, JAJAJA, disfruté demasiado escribiendo de él/ella, y no será la primera vez que le veamos, muy pronto tendrá más interacciones.

Necesitaba colocarle a Eren una perra y en la primera que pensé fue en Annie, pero entonces me doy cuenta de que Annie ya tiene otro papel más en DdS (que pronto conocerán más, porque apenas y se menciona la zorra esa), y entonces me quedé como "mierda, ¿y ahora?". Y estuve realmente a punto de poner un OC hasta que se me ocurre la Petra y… ¿por qué no e.e? En el canon era un poco cercana a Eren, aquí será más que cercana a Eren pues x_x.

En serio, gocé un bolón escribiendo todo esto xD. Habían veces me reía sola y me imaginaba toda la escena en mi cabecita maquiavélica y, simplemente, tenía que ponerlo. Aunque la idea principal de este capítulo era hacer que Mikasa consiguiera trabajo, a la final decidí posponerla y colocar todo eso que leyeron arriba xD.

Oh, oh, y por fin Sasha descubre que Mikasa vive con Eren o.o. ¿Qué creen, guerra civil?

Bueeeeno, hasta aquí llego yo x_x. Siento si fue muy largo (porque vaya que me quedó largo en comparación con los otros capítulos) o si fue insuficiente(?). No saben lo feliz que me hace ver sus comentarios y saber que están disfrutando de este fic tanto como yo xD; a veces no puedo creer que mis raíces volvieron y que he vuelto a escribir comedia D: ya tenía tiempo que estas gracias no me salían bien.

Le agradezco a mi mejor amiga/hermana menor, AmaMitha por haberme llamado hace unas horas antes de publicar este capítulo, diciendo que me avispara y que lo hiciera xD. Aparte, me dio una cuantas ideas que ya yo tenía pensadas antes; oye, si estás leyendo esto, no creas que las he ignorado, espera al capítulo 5 e.e.

Como sea, una vez más, ¡gracias por sus reviews, sus seguimientos, favoritos, acosos-por-Twitter… todo *—*! Son un amorsh, y los amorsh son adodabes jbfbfijsb. ¡Nos vemos en el capítulo cinco —que ansío subir pronto!

Los quiere, Ayu.