Little Star.
—Bastardo—gruñó mientras apretaba fuertemente un lápiz, teniendo las mejillas sonrojadas, sin saber por cual razón era, si por la vergüenza o por la rabia que sentía en esos momentos.
En frente de el se encontraba Hibari, mirándolo fijamente.
—Es tú decisión—comenzó a hablar tranquilamente, sin despejar su mirada de Hayato.
— ¡Carajo, sabes que ni en sueños lo haría!—dijo firmemente mientras le seguía retando con la mirada.
—Entonces no hay más que discutir—dijo, y después de un momento bostezó con aburrimiento—regresamos a la misma proposición anterior.
Gokudera se sonrojo hasta las orejas.
— ¡Tampoco hare semejante cosa!—gritó mirando como el prefecto se ponía de pie.
—Entonces deja de estarme molestando o ¿quieres repetir lo de la última vez?—le mando una mirada y una sonrisa burlona, Gokudera se puso de pie y mirándolo con odio agrego:
—Pasa lo del domingo en el templo de Namimori, y ya tendré permiso para matarte, por lo mientras seguiré intentándolo. Si ya accediste a cambiar el precio de tú ida, entonces lo podrás hacer de nuevo.
Hibari lo miro con indiferencia.
— ¿Qué te hace estar tan seguro, Gokudera Hayato?—preguntó con aburrimiento.
—Mi intuición—agregó con aires de grandeza—en fin, volveré en la tarde Hibari, así que ponte en un lugar donde sea fácil localizarte.
Una vez cerrada la puerta Hibari bostezo fuertemente, recostándose en el respaldo de su silla. Si que aquel herbívoro lo sacaba de sus casillas.
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— ¿Ya has ido a verlo, Gokudera?—preguntó Reborn, desde el hombro de Tsuna.
—Si, ya he ido Reborn-san—contestó son una gran sonrisa—todo sea por ser la mano derecha de el Decimo.
—Gokudera-kun, eso no tiene importancia—musitó Tsuna con un aura depresiva, Yamamoto soltó su típica risa y miro con preocupación Gokudera.
— ¿Todo salió bien?—Reborn miro a Yamamoto y embozo una sonrisa al ver que Gokudera comenzaba a discutir con un sonrojo sobre sus mejillas.
—Gokudera—de nuevo hablo e l hitman, caminando hasta el— ¿ira Hibari al templo de Namimori?
El italiano negó con la cabeza, un poco cabizbajo.
—No, aún no logro convencerlo. Pero he hecho que se retracte un poco sobre lo que quiere—dijo con gran entusiasmo.
— ¿Qué te ha pedido Gokudera-kun?—preguntó Tsuna con una pequeña sonrisa.
—Eso…—desvió la mirada un poco apenado—me ha dicho que tenía que golpear al Decimo hasta dejarlo inconsciente.
Reborn sonrió, y Tsuna trago duro.
— ¿Qué le he hecho yo a Hibari-san?—se preguntó ahogando un gritito.
— ¡P-Pero es obvio que no lo iba a hacer Decimo!—gritó tratando de convencerlo— es ilógico cada cosa que me pide ese bastardo.
—P-Pero creo que es mejor a lo que te pidió por primera vez—dijo mirándolo con una tristeza cómica—ya ni se lo que estoy diciendo.
— ¿Esta de acuerdo con eso Decimo?—preguntó sorprendido.
—N-no yo jamás he dicho tal cosa—se cubrió con las manos—por favor no lo vallas a hacer Gokudera-kun.
—Tan perdedor como siempre Tsuna—comentó su tutor, mandándolo al suelo con una patada—deberías aprender que el jefe a veces se tiene que sacrificar por sus súbditos.
— ¡Reborn, ya te dije que yo no soy el jefe ni nada por el estilo!—alegó sobándose la cabeza.
—Vas por buen camino Gokudera, considerare que te estas esforzando para hacerte una nueva evaluación—dijo, formando una sonrisa al ver que los ojos de Gokudera se iluminaban.
— ¡Lo hare, Reborn-san!—dijo completamente reanimado.
—Todo esto se me hace una completa farsa, Reborn esta tramando algo—pensó Tsuna mientras miraba a Yamamoto reírse de su reacción.
Una vez que terminaron las clases, y después de dejar al Decimo en su casa, Gokudera regreso a la escuela, en busca de Hibari.
—Hey bastardo te estoy hablando—llamó, sentado en posición de mariposa, Hibari que se encontraba recostado en el frio suelo de la azotea lo miro de reojo.
—Ya sabes cuales son mis dos condiciones, si no cumples una, cumplirás la otra, y si no, no iré con tu amado herbívoro al templo—respondió un poco aburrido, pues al llegar Gokudera le había dicho que tenia prohibido acercársele o le diría a el bebe que jamás peleara contra el.
Y era claro, que no por eso estaba alejado de el, si no que esta vez no tenia ánimos ni para molestarlo.
—Hibari—llamó de nuevo, balanceando su cuerpo de un lado a otro— ¿Por qué no quieres venir ha? ¿Es que acaso te da miedo estar con otras personas?
—No—respondió de inmediato, cerrando los ojos—me fastidia estar con ellas, y me dan ganas de morderlas hasta la muerte.
— ¿Eres así con todo verdad?—preguntó por inercia, Hibari se enderezo y lo miro fijamente—digo, con excepción de Kusakabe, tu siempre estas solo.
—Tu que sabes—respondió un poco molesto, Gokudera lo miro y chasqueo la lengua.
— ¿A dónde vas? No hemos terminado de hablar—dijo, al ver que el prefecto pasaba a su lado, alejándose.
—No quiero mojarme, si tu quieres hacerlo por mi no hay problema—miró las nubes, que estaban cargadas de agua, Gokudera se puso de pie, y metiendo las manos en su bolsillo comenzó a seguirlo.
Llegaron hasta su oficina, haciendo que Gokudera recordara lo de la última vez y se molestara en sobre-manera.
— ¿Por qué me traes aquí?—gruñó.
—Jamás te dije que me siguieras—comentó Hibari, recostándose en el sofá— ¿verdad, herbívoro?
—Escucha Hibari—se recargo en la pared, bastante molesto— solo quiero que pases un maldito rato en el templo de Namimori, ¿eso es mucho pedir? Te pagare con dinero si quieres, solo ve asiste cinco o diez minutos y te largas.
—No quiero—respondió viéndolo desde su posición.
—No tienes nada más que hacer, bastardo.
— ¿Cómo estas tan seguro?—preguntó sorprendiendo a la tormenta.
—Solo lo se. Eres Hibari—se acerco un poco a el y lo miro desde arriba— ¿así que cuanto hay que pagar?
—Ya sabes lo que quiero—recordó y de un momento a otro jalo para si mismo a Gokudera, y cambio drásticamente las posiciones, Gokudera lo miro estupefacto y comenzó a forcejar, pero Hibari puso ambas manos del albino por encima de su cabeza.
— ¡S-Suéltame, bastardo!—gritó mientras lo miraba, Kyoya estaba con expresión neutral y lo miraba desde arriba— H-Hibari…—
—Eres una molestia—musitó lamiendo sus labios, Gokudera no pudo evitar sonrojarse mientras seguía forcejando.
— ¿Por qué haces todo esto?—preguntó sin dejar su labor— ¿de verdad te gusto?
El guardián de la nube abrió un poco sus ojos con cierta sorpresa reflejada en ellos, mientras tanto Gokudera esperaba su respuesta, en estos momentos se oyeron como las pequeñas gotas de lluvia golpeaban suavemente el suelo de la escuela, y la ventana de la oficina donde se encontraban ambos guardianes.
— ¿Hibari?—llamó, y el prefecto lo soltó, cambiando su expresión a una fría.
—Lárgate de aquí o te morderé hasta la muerte—gruñó sentándose en el sillón, Gokudera se volvió a incorporar y lo miro con confusión.
—Hibari… ¡demonios yo no te entiendo, bastardo!—gritó mientras se arreglaba el uniforme y salía de la oficina.
Hibari se puso de pie y miro a la ventana, esperando que el herbívoro saliera del edificio, Gokudera llevaba su suéter sobre la cabeza, tratando de cubrirse, el presidente del Comité Disciplinario apretó los puños, y golpeo la pared, enojado.
¿Qué si en verdad le gusta aquel herbívoro?
Es lo que el también quería saber…
Era hora en que tal vez Hibari se debatiera contra el mismo…
¡Ciao-ssu!
Muajajaja actualización, actualización. Hoy que tenia clases pero no fui a la escuela pude terminar este capitulo. ¿Qué les parece?
Si, no me regañen. Pero es que Hibari no es capaz de entender sus sentimientos todavía, el sabe que siente atracción física hacia mi lindo italiano, pero aun no sabe que eso se puede y transformar en la palabra que menos quiere escuchar xD o sea, amor.
Bien, bien, ciertamente ya di spoiler -.-. En fin, ojala me dejan sus lindos comentarios.
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MimiChibi-Diethel.
Viernes- 14-sep-12
