Un nuevo destino.
Como era casi normal, los días en que Van se encontraba en el palacio hacía leves caminatas con la princesa Marín del reino de Egzardia, aquella princesa había llegado a Fanelia hace ya dos Lunas, Van prácticamente reprobaba aquella compañía, hasta que un día, después de un viaje a la Luna mística esta chica no quiso perder el tiempo en protocolos y se escurrió a su habitación, consumando así una noche que para Van solo fue venganza, cólera y un ardor en su corazón que tal vez esa chica apagó, o quizás no.
La mayor parte de las conversaciones que ella tenía con Van eran acerca de su futuro como reina de Fanelia, en la corte, las buenas costumbres, cosas que para Van se le hacían funestas y pesadas conversaciones que siempre la realeza trataba, a fin de cuentas terminó por acostumbrarse, al parecer las mujeres sean de distintos rangos seguirían hablando de lo mismo.
- Van, sabes, e querido preguntarte algo.
- Dime.
- Pues verás, muchos rumoran que tu madre fue una ryujin.
Van quedó callado, mirando la expresión de desagrado de la joven.
- Y eso te afectaría?.
- Para nada, solo que, bueno no se como tomarlo, muchos piensan que son seres malditos.
Van ríe burlón.
- Que causa tanta gracia?.
- Nada. Sabes tengo que irme, debo arreglar algunos asuntos.
- Si, cuídate.
La chica se queda igual que al principio, con aquella duda en su cabeza, mientras Van comenzaba arder en furia.
- Vallan por allá. Ustedes del otro lado. Par de incompetentes, quedan relevados del cargo.
- Lo sentimos señor Kanzen.
- Pasa algo?.
- Majestad! Bueno.
Este deja salir un pesado suspiro.
- La chica al parecer escapo.
- ¿Cómo!.
- Logró burlar a los dos idiotas que tenía como guardias.
- Grandioso.
- Iré a buscarla majestad.
- No, no hace falta, lo haré yo.
- Como dice!.
- Tu ve y reúne a los lideres Samuráis.
- Como ordene.
Este se retira y Van se adentra al bosque que rodeaba parte del castillo, estando fuera de la vista de todos saca el pendiente, colocándolo frente a él este comienza a balancearse.
- Baja de ese árbol.
- ¿Cómo!.
Van guarda el pendiente y levanta la vista.
- Que te bajes del árbol.
La chica solo muestra un rostro de desagrado y de un salto llega al suelo. Esta se incorpora, y deja ver unos pantalones negros, con una blusa con acabados orientales, su cabello se encontraba en una trenza amarrada con un listón.
- Valla, si que acabas con la diversión.
- Cual diversión?.
Van preguntaba extrañado mientras la chica veía los atuendos oscuros, pero elegantes de la vestimenta de Van.
- Todos pasan corriendo como locos, pero tú te llevas el premio mayor.
- Por que lo dices?.
- Por que te quedaste parado como idiota en medio del bosque para ver donde estaba.
- Oye mas respeto, además me llamas así siendo que te encontré.
La chica mira a un lado molesta.
- Pues que querías que hiciera, estar en tu palacio me sofoca.
- Puedes hacer lo que las demás damas hacen.
- Ahora vas a decir que me educarás?.
- Creo que al decir que seré tu protector, conlleva a eso, a tu educación, los modales que llevas son de una asesina, no de una dama.
La chica frota su frente con su mano.
- Y bien que es lo que hace una "dama" cuando esta aburrida?.
Sario remarca la palabra dama, haciendo movimientos con sus dedos.
- Bordar.
Ella quedó estática.
- Haber, haber, has dicho bordar?.
- Si, es lo que siempre hacen.
- Bien lo haré.
- Bueno vamos al palacio.
- Siempre y cuando lo hagas tú también.
Van se queda estático mirando a la joven.
- ¿Perdón!.
- Lo que dije, si te resulta divertido para ti, lo haré también yo.
- Lo siento, eso es cosa de mujeres.
- Y yo hago cosas de hombres estoy igual.
Van se rasca la cabeza molesto.
- Ahora me vendrás con igualdades.
- No, pero así entiendes mas fácil que igual eso me aburrirá.
Sario comienza a caminar pasando de largo a Van.
- Oye a donde piensas ir?.
- A pescar.
- ¿Pescar!.
- Si, una cuerda, una vara igual a un pez.
- Y la carnada?.
Van miró a la chica triunfante.
- Bueno esas debajo de cualquier roca.
- Pero si no mal recuerdas tu tienes que estar acompañada.
- Y lo estoy, vamos Van que dices.
- Tu si que estas loca, como yo voy a ser tu escolta?.
- Bueno ve al palacio por uno y que me encuentre en el río. O ya que estas aquí vamos, te despejas un poco de los consejeros mientras te doy una lección de cómo pescar.
- No, es al revés, yo te daré consejos de cómo pescar.
- Quieres apostar?.
- Que rayos les enseñan a las mujeres los cuervos de hierro?
- A no ser damas, te lo aseguro.
Dentro de una gran fortaleza, un hombre se encontraba en una estancia grande frente a uno de sus generales.
- Eres un estupido. Si no hubieses cometido esa idiotez de decirle sobre su pasado aún estaría con nosotros.
- Si no mal recuerdo señor Zatoichi, usted fue el primero en cometerla, mandándola a aniquilar a ese rey.
- Y aún tengo esperanzas de que así lo haga. Ella no puede perdonar aquel zángano.
Este se levanta y camina hacia su general.
- Has lo posible por encontrarla, nos conviene traerla viva.
- Y de que servirá, la chica tal vez sea convencida por el Dragón.
- Aún hay una solución. La máquina direcciónadora del destino le planteara uno nuevo, tal y como debió ser el primer día en que llegó.
La tarde matizaba un bello paisaje cerca de un río que cruzaba por los alrededores de Fanelia, la chica se encontraba embelesada por ese paisaje naranja y de aquellas hojas ya secas que pronosticaban el otoño.
- Oye el pez ya picó.
- He!
El pez jala fuerte la vara haciendo que la chica lo soltara y se metiera al lago por ella, claro solo mojándose hasta sus tobillos, logrando agarrar solo la improvisada caña pero el hilo vacío.
- Tu si que andas en la Luna.
Ella regresa a la orilla, y se sienta en el pasto dejando aun lado la vara.
- La verdad es que casi no veía este tipo de paisajes.
Van entre serró sus ojos y enterró la vara a un lado de él.
- Sario, dime, aun extrañas tu hogar?.
- De hecho, no, no se que sea o donde sea mi hogar. Cuando Takeda me dijo de donde venía, varios recuerdos vinieron a mi mente, cuando quedé inconsciente la primera vez que tuve la batalla con usted tuve un sueño, pero no lo era, mas bien era mi pasado, vi los ojos tristes de una mujer mayor, aquellos ojos verdes que me pareció que antes eran iluminados, aquella historia que te dije ayer rondaba en mi cabeza, siempre, en cada sueño la tenía.
Ella mira a Van.
- Y si, ella mencionó tu nombre.
Una sonrisa se dibujó en los labios de la chica, Van no pudo evitar mirarla con ternura, pero a la vez una tristeza le embargo.
- Y cuando te casas?.
- ¿Cómo!.
- Si, tu prometida y tu?.
- Hablas de Marín.
- Si.
- No lo se.
- Aun sigues pensando en ella?.
- En tu abuela?.
- Si.
- Siempre, no logro quitármela de la cabeza.
- Mi abuelo siempre supo que había un hombre que la hacía llorar en las noches, pero intentó siempre estar a su lado, cubrir con su amor lo que dejó en el pasado.
- ¿Qué me quieres decir con eso?.
- Que te dejes amar. Y que ella estaba en buenas manos.
Van esbozó una sonrisa.
- Por que nada mas tubo un hijo?.
- Mi abuela siempre quiso una familia pequeña, además mi abuelo siempre respetó su decisión.
- Y tú, que clase de familia te gustaría tener?.
- Pues una grande, no mejor pequeña, no la verdad aun no se. Tú?.
- Me creerías que no estoy tan entusiasmado para tener familia o descendencia?.
Ambos se miraron con cierta melancolía en sus rostros, pronto la vara que Van había enterrado en el piso se zafa.
- Picó!.
- He!.
La chica se lanza quedando atravesada entre las piernas del rey, después sin tomar mucha importancia se levanta, Van hace lo mismo y ayuda a sujetar la vara.
- Ve retrocediendo poco a poco, si no se romperá el hilo.
- Si.
Van daba indicaciones a la joven y pronto logra sacar al pez, Sario lo toma con sus manos metiéndose un poco al lago.
- Valla es muy grande. Y resbaloso jajaja.
Cargando aquel pez esta lo lleva a unas largas hojas que habían preparado para después envolverlo con ellas. Van se dirige hacia ella pero nota algo sucio tirado en el suelo.
- Y esto?.
Van se decía para si, cuando se sorprende de la forma de ese muñeco de trapo, algo ya roto y desecho pero con dos alitas blancas.
- Es tuyo?.
Van sacudía al pequeño muñeco frente a ella, quien lo toma con ambas manos.
- Tiko!.
- Tiko!.
- Así le puse, es el único nombre y cosa que recordaba.
- Lo tenías desde niña?.
- Pues?.
Su mirada se puso al frente, pareciera que trataba de recordar pero solo se sentó en el piso.
- No me acuerdo, creo que si. Tal vez algún día en mis sueños lo recuerde.
Van sonríe.
- Toma te toca llevar el grande.
- ¿Qué!.
- Yo me llevaré los pequeños.
En el palacio ya todo mundo se encontraban impacientes, el rey no había regresado y menos aquella mujer.
- Esa chica, debí matarla en la audiencia, seguramente ha logrado su objetivo.
- Matar al rey!
- A quien mas Kanzen?.
- Dudo que ella hiciera eso, no exageres Mitsuru.
- Exagerar, tu mismo lo viste en las heridas del rey, ella es una guerrera muy bien adiestrada.
Kanzen ríe burlón y se acerca a una charola que contenía dos botellas de vino y varias copas acomodadas, este sirve dos y la de mayor cantidad se la da a Mitsuru.
- Que bueno que notas sus ágiles movimientos. Sería una ventaja tenerla entre nosotros.
Este bebe un sorbo.
- El vino te afectó la cabeza, que maldiciones estas diciendo?.
- Que por su destreza podría igualarse a uno de los líderes samuráis.
Mitsuru rompió en carcajadas levantándose de su asiento.
- Que cómico te has vuelto Kanzen. No solo alardeas como una urraca, si no que estas diciendo que una mujer puede ocupar tan alto cargo?.
- No son tonterías. Además, los lideres estamos incompletos, somos solo cuatro.
- Yo te dije de varios elementos que son dignos al puesto, no es necesario que una asesina ocupe su lugar.
- Una asesina con poderes.
- Como dices!.
- A que no adivinas como se llama.
- No tengo idea y ni me interesa saber.
Este nuevamente toma asiento y toma un poco del vino que Kanzen le había servido momentos antes.
- Su nombres Sario, Sario Kanzaki.
- Sario Kanzaki y eso que?... espera… Kanzaki, me suena muy familiar.
- Será por Hitomi Kanzaki, la chica de la Luna Fantasma?.
- Como! Ella!.
Mitsuru se levanta de golpe.
- Si.
- Estas hablando de la chica que se enamoró el maestro Van hace tiempo?.
- La misma.
Este deja la copa vacía en la mesa de centro y camina hacia Mitsuru.
- Al parecer aquella chica, Hitomi, ya ha muerto, pero dejó descendencia.
- Hablas de….
- Si, Sario es su nieta, según me dijo el maestro Van Zatoichi logró reparar la máquina direccionadora del destino. Su intención era ir por Hitomi, pero al no encontrarla, se llevó a su nieta, al parecer ella tiene los mismos poderes que la señorita Hitomi tenía.
- Las visiones.
- Zatoichi no es nada tonto, se nos adelantó demasiado.
- Maldición!.
Mitsuru toma la copa por el borde con una mano mientras que con la otra frotaba su rostro.
- El destino ahora nos sonríe, podemos cambiarla a nuestra voluntad, solo es cuestión de que sepa que su herencia esta en Fanelia, no con Los cuervos de hierro.
Kanzen se acerca a la ventana mientras Mitsuru se levantaba del asiento dejando la copa en la mesilla.
- Pues va ser muy difícil eso.
- Yo no estaría tan seguro.
- He!
Este se acerca a la ventana y mira a Van platicando con la chica, quienes sostenían algo en sus manos.
En uno de los balcones una gatita vigilaba muy de cerca las orillas y las lejanías de la ciudad en busca de su amo, hasta que por fin lo logra ver.
- Amo Van, volvió!…He!.
Pronto esta se percata que no venía solo.
- Esa loca, ahora vera.
La joven gatita ágilmente corre por el pasillo perdiéndose de vista, Van por su parte entraba al palacio y era recibido por Kanzen y Mitsuru.
- Maestro Van, nos tenía con pendiente.
Las miradas serias de ambos líderes se posaron en la chica.
- Este… los dejo solos.
-
Ella sale de allí tomando antes el pescado que Van tenía y se dirigía a la cocina guiada por una sirvienta.
- Maestro Van, debió avisarnos que demoraría.
- El tiempo se pasó muy rápido Kanzen. Discúlpame por hacerlos esperar.
- Los líderes están al pendiente de su reunión.
- Bien, lo discutiremos en la cena.
Kanzen se acerca a él.
- Le diré a las doncellas que preparen su baño.
Van se sorprende.
- Huele mal majestad, donde estuvo?.
- Ha, fui a pescar.
- A pescar?
- Si, una cuerda, una vara igual a un pez.
Ambos líderes miraron a su rey desconcertados, mientras él reía.
- Bueno yo solo me entiendo.
Van se alejaba a su recamara aun con esa risa, Kanzen y Mitsuru solo lo miraban.
- Nunca había visto al rey reír así.
- Yo tampoco.
Kanzen dejaba salir una gran sonrisa de sus labios.
Mientras Sario salía de la cocina siendo recibida por Merle quien le da un susto.
- Que rayos haces!.
- Oye chica atrevida, que …..
El olfato de la gata se acerca mas a ella.
- Wack! Donde rayos te metiste?.
- Fui a pescar.
- Santo cielo, pero con las manos, hueles a pescado.
La chica comienza a olerse dando un gesto de desagrado.
- Cierto.
- Valla al menos no niegas que apestas.
- Si, no lo niego, haber si tú aceptas después que eres una gata metiche.
- Que dices!.
Merle se esponja de la cola, mostrando su molestia, mientras Sario emprendía el camino a su cuarto.
- Oye tonta quien te crees que eres?. Bah! No vale la pena mencionarlo eres igual a esa tonta de la Luna de las ilusiones.
Sario detiene su paso y voltea hacia Merle.
- Tu la conociste?.
- Si.
Merle serró sus ojos y miró hacia otro lado molesta.
- Podrías hablarme de ella?.
- Ja, que te hace pensar que lo haré?.
- Por favor.
- Mmmmm… lo pensare, ha ya se, lo haré con una condición.
- Dime.
- Que ya no salgas con mi amo Van.
- Esta bien, esta bien, trato hecho.
Sario le estira la mano y la gata la toma. Así ella emprende su camino hacia su cuarto para darse una buena ducha.
La hora de la cena llegó, Van se encontraba ya sentado en la parte principal de una mesa baja y larga, la cual tenía cojines largos a sus lados para los invitados, poco a poco los lideres fueron llegando, solo esperaban a Kanzen.
- Maestro Van, debemos hablar de su seguridad, esto que pasó el día de hoy pudo haber sido su muerte, aún no sabemos que clase de cartas tenga guardadas esta chica.
- Mitsuru, sean cual sean sus cartas ella no usará ni regresará a los cuervos de acero.
Al poco tiempo las miradas se desviaron hacia la persona que llegaba detrás de ellos, muchos se sorprendieron al ver a Kanzen junto con Sario.
- Ella?.
- ¿Qué hace aquí?
Van se levanta y la guía a un asiento.
- Precisamente de ella quiero hablarles.
Después de acomodarle, Van regresa a su asiento.
- Disculparan que en algún momento me queje de mis tropas pero sinceramente ella los rebasa, Mitsuru me decías que tu y los demás líderes no confían en ella.
- Y lo sigo diciendo.
- Bueno, tú serás su escolta.
- Como!. Pero majestad!.
- Kanzen vio que en un solo día pudo esquivar a la escolta y a la guardia, esto ya es a nivel de los lideres, no crees Mitsuru?.
- Pero?.
Este deja salir un pesado suspiro, dándole a Sario una mirada fulminante.
- Majestad, sabemos que debemos incluso protegerla de el Clan de los Cuervos de Acero, pero nos convendría mas entrenarla para que fuese uno de los líderes.
- Uno de los líderes?.
Sario se sorprende, y las quejas no se hicieron esperar por parte de los dos líderes mas jóvenes.
- Como!
- Ella!
- Joel, Rukawa. Espero me entiendan.
- Pero es una mujer!.
- Y es del grupo enemigo.
- Silencio!.
Van habló enérgico, todos guardaron silencio, los ojos celestes de la joven seguían con sorpresa la escena.
- Sario.
- He!.
- Desde hace muchos años nuestro ejercito y el rey contaba con 5 líderes Samuráis, con el tiempo uno de ellos murió, un verdadero jefe y entrenador de mi antiguo tutor, Vargas. Desde esa pérdida el consejo de líderes samuráis no quiso tener a otro elemento, hasta el día que resurgió Fanelia, los nuevos líderes fueron escogidos por mi, por su valor y actitudes que sobre pasaron a los demás, Joel y Rukawa son los lideres mas jóvenes y fueron guiados por los mejores, Kanzen y Mitsuru. Tu tienes la oportunidad de ser parte de ellos siempre y cuando tu aceptes, y aceptes defender Fanelia, en dado caso tu hagas una deshonra en contra de esta tierra perderás la vida, no juicios, no defensas, serás inmediatamente condenada.
- Creen que los voy a traicionar?.
Sario mostró un rostro algo burlón.
- No es para menos.
Joel mostró una respuesta déspota, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado.
- No veo pues por que ofrecérmelo.
- Tus habilidades te respaldan, pudiste igualarte a un soldado, incluso superarlo.
Van contestaba serio, pero dentro de él un deseo de que ella aceptara le comenzó a invadir.
- Hasta que pueda comprobar que seré leal a este pueblo aceptare, mientras no.
Los cuatro lideres miraron a la chica sorprendidos con la respuesta, los mas jóvenes solo se repetían que ella había cometido una estupidez al no querer ser parte del grupo, ya que muchos desearían estar en sus zapatos, pero en parte les alegraba, no negaban sentir envidia y celos. Van por lo mientras solo apretaba su puño debajo de la mesa y juntaba sus dientes con fuerza en aquellos labios cerrados.
- Sabia decisión.
Aquel momento de tensión fue cortado por la voz de Kanzen.
- Te pondremos a prueba durante un tiempo. Y en ese transcurso veremos tu lealtad, ya que al parecer, estar enrolada en los Cuervos de acero, no te desarrolló lealtad, estuviste mas a fuerzas.
- Si, los odio por que decidieron mi destino y viendo que hay una oportunidad de poder mandar en ella no regresare mas a ese bando.
- Bien, habiendo discutido eso, en una junta decidiremos quien de los lideres será tu guía.
Muchos hicieron muecas, cosa que Kanzen nota.
- Si me permite maestro Van, me ofrezco a ser su guía.
- Que dices Sario?.
La mirada de la joven se posa en las caras gruñonas de los tres líderes menos en Kanzen.
- Si, no veo por que no.
- La cena ya esta. Gracias al maestro Van hoy comeremos uno de los pescados mas deliciosos que hay en Fanelia.
La cocinera, una señora que siempre mostraba una sonrisa en sus labios se acercaba mientras los sirvientes ponían los platillos en la mesa.
- Disculpen de casualidad sabe si la señorita Marín bajará a cenar?.
- Lo siento su majestad, pero los comerciantes de telas llegaron tarde y pues se le sirvió la cena en su habitación.
- Mas vestidos!.
Van exclamaba con algo de desagrado, pero después cambió esa cara.
- Díganle a los comerciantes que cuando terminen con la princesa vallan a mi despacho.
- Como ordene majestad.
La sirvienta hace una reverencia y se aleja de allí, mientras Sario veía con detenimiento a aquella señora regordeta, mientras resbalaba lentamente su cuchara por su boca.
- Que? no te gusto el pez que pescaste?.
- He!
La chica ve al rey quien le daba una risa burlona mientras veía su plato.
- Pues no lo niego tiene un buen sabor, pero ese lo pescaste tu, el grande lo hice yo.
- Tu!.
Ambos se quedaron viendo.
- Los dos.
Ambos contestaron al unísono y levemente rieron, los lideres se miraron entre si, en cierta forma le parecía que a Van se le salía lo paterno, o que tal vez haya regresado a cuando el tenía 20 lunas.
Después de cenar Van lleva la chica consigo a su despacho.
- A donde vamos?.
- A mi despacho.
- Y que vamos hacer?.
- Tu solo sígueme.
Al llegar 4 comerciantes se encontraban parados y al ver al rey estos se inclinaron.
- Gracias por venir, trataré de no demorarlos.
- Si majestad!.
- La señorita también quiere telas, espero la puedan complacer.
- Claro majestad!.
Todos corrieron a sus baúles donde guardaban su mercancía y comenzaron a sacar las telas mas bellas y finas.
- Esta tela es la mejor, es de Asturias, el color rosado le vendría bien a su rostro.
- Esta es la mejor, es de Bazram.
Ella se sentía algo intimidada por los hombres que la rodeaban, cuando ve una tela blanquecina salir de la caja.
- Esta, quiero esta.
El comerciante quedó sorprendido por la decisión.
- Hemm, pues no dudo que es buena elección, es de algodón blanco, de las tierras rurales del sur, pero lamento decir que solo sirven para los trabajadores del campo, son resistentes y muy calidas.
- Si esta quiero.
- Pero.
- No quiere esta, se vería mucho mejor con ella.
- Si tiene usted razón, pero solo quiero esta, puedo?.
La chica mira a Van y este sorprendido solo asiente.
- Gracias!.
Ella sale de la habitación con la tela, los comerciantes se quedaron asombrados con las telas que le mostraban en sus manos.
- Disculpen, ustedes conocen de alguna modista?.
- Claro majestad, mi madre ha servido a la realeza de Asturias y sobre todo a la vuestra antes de la guerra.
- Bien, ustedes ya vieron a la chica, quiero que me den las mejores telas para ella, según veo, notan el color de piel y de ojos.
- Si majestad.
- A ella le vienen los rosas.
- También los azules.
- Sin mucho estampado.
- Bueno, ya ustedes tienen una idea. Les encargo.
Van arroja dos bolsas llenas de monedas de oro a los comerciantes los cuales solo asintieron.
- Gracias majestad.
- Que buenos tiempos le tenga Escaflowne a usted y a Fanelia.
Los 4 comerciantes se inclinaron agradecidos y salieron con una sonrisa en los labios.
Ya entrada la noche Van salía de su despacho y caminaba por los pasillos junto con Kanzen.
- La verdad no se me había ocurrido de que ella fuera parte del grupo de los Samuráis.
- La chica es buena, además, cuando estuve con ella me dio a ver que es buen elemento, la ventaja que tenemos es que al parecer, por las palabras que dijo el otro día junto al consejo es que nunca demostró lealtad.
- En cierta forma ella sabía que no era de aquí.
- Los recuerdos van y vienen, mas por la edad que tenía en aquel entonces.
- Me dijo que los veía mediante sueños.
- Me suena conocido esa parte de las visiones.
Van esbozó una sonrisa.
- Por cierto, no hay que olvidar que ella es una dama, hay que enseñarle modales.
- Si ya lo había notado majestad, Sario tiene los modales de un soldado.
Al llegara la estancia principal se dan cuenta que una habitación cercana se encontraba con luz, Van y Kanzen deciden entrar a ver quien era.
Recostada en una de las esquinas de un asiento de madera, Sario se encontraba dormida, en sus manos un pequeño muñeco gris comenzaba a ser reconstruido por la tela que Van le había comprado. Este se acerca arrodillándose en el piso de madera y aleja el costurero.
- Pasa algo majestad?.
Van acerca su mano y aleja unos mechones de la frente de la joven.
- Se parece mucho a ella, incluso en el color de pelo, solo que mas largo, es como si la viera a ella y que después de varios años regresara.
- Majestad, no estará diciendo que.
- No, no Kanzen, ella es 6 años menor que yo.
- Hay muchos reyes que se casan con chicas mucho menores, teniendo ellos una edad avanzada.
- No Kanzen, a ella la veo como…
Van voltea y mira a su samurai.
- Como una hija. Claro, en ves de tener ese color celeste en sus ojos serian como los míos.
Un silencio largo se prolongó en la habitación que solo un suspiro por parte de Van se escuchó.
- Tu crees Kanzen que si la situación hubiese sido otra ella hubiera sido mi hija?.
- Tal vez, además, el hubiera no existe, ahora enfóquese en este futuro. Ella es la sangre de Hitomi, tal vez pueda hasta rehacer su vida con ella.
Van la miró, pero solo negó con su cabeza.
- No, no Kanzen, la veo como una hija, solo eso.
Este se incorpora del suelo.
- Tal vez tengas razón en eso de que es un pedazo de la vida de Hitomi y estoy dispuesto hacerlo mío, cuidaré de su nieta como debí haberlo hecho antes.
- No se regañe maestro Van. Ninguno se hubiera imaginado que estos generales harían semejante horror.
- Si ella cae en manos de los Cuervos de Acero una vez más.
- Lo se maestro, conozco todo acerca de ese monstruo de maquina, son capases de cambiarle su destino, si es que no lo están haciendo ahora.
- No!
Van golpea la pared de madera con su puño, Sario comenzaba abrir lentamente sus ojos, Van se acerca rápido a ella, arrodillándose a su lado.
- Shhh.
- Van!.
Este sin decir nada la carga en sus brazos y comienza a llevarla.
- Vuelve a dormir pequeña.
Kanzen mira la escena algo serio, mientras Van avanzaba con la joven en sus brazos.
- Me recuerdas algo.
- He!.
- Alguien, ya me había cargado así.
- Seguramente tu padre.
La chica ríe.
- Si, tienes razón.
Una de las doncellas se sorprende de que Van llevaba entre sus brazos a la chica, quien después de enredar sus brazos en el cuello de Van volvió a quedarse dormida, la doncella se apresura para llegar al cuarto de la chica y descubre las cobijas, después de hacerlo ella se sale del cuarto y sierra la puerta.
Van la deposita en la cama y la cubre con las frazadas, la chica se acomoda de lado, dejando sus largos cabellos esparcidos en la almohada. Van se sienta y le acaricia la frente rozando levemente su mejilla, pero después se detuvo y salió del cuarto.
- Solo, es un amor paterno, solo eso, por eso la cuido tanto, no es amor, estoy seguro, no es amor.
Diciéndose para si, emprende el camino a su alcoba, para poder descansar.
Continuara…..
Agradezco a:
Ishi. Que bueno que te gusta el fic, aun que no sea un Van + Hitomi ya que quise darle un nuevo giro a este fan fiction. Nos vemos el prox capitulo.
Saludos a la banda lectora.
