Capitulo 4:
Entramos en el auto y nos dirigimos a la comisaria. En el camino tomamos una ruta que ya conocía muy bien, pasamos junto a los hoteles Olympic, los cuales eran de Arthur Ligthwood, el padre de Jace, la familia Ligthwood era dueña de más del cincuenta porciento de los hoteles de Nueva York, esos hoteles tenían sucursales en todo el mundo, la familia Ligthwood eran Arthur, Tomas y Jace, y desde hace unos meses también Isabelle, Jack y Abi. La medre de Isabelle, Abi Vener, se había casado con el padre de Jace, Arthur Ligthwood y ahora Isabelle era parte de la familia Ligthwood, era hermanastra de Jace.
Pasamos por una casa casi tan grande como la Isabelle o para ser sincera una típica casa del Upper east. En esa casa vi a dos personas muy acarameladas, en eso me di cuenta de que ese hombre que besaba a la mujer era mi padre, en eso se volteé hacia Jace.
Jace, ¿reconoces a esa mujer?
No, pero— se giró hacia el chofer—Andreu, detén el coche— ese ¿no es ese tu padre?
Eso parce
Nos bajamos del auto y nos dirigimos hacia esa pareja, Jace se negaba a dejarme sola y en ese momento me alegre de ello.
¿papá?
¡Clary!
papá, ¿que haces aquí?— como el no respondió, proseguí— no quería creerlo que todos decían, pero no me sentiría tan mal si no fuera con la madre de Aline. ¿Que haces saliendo con la madre de Aline?
¿y tu que haces con un Ligthwood?— en eso se dirigió a Jace— aléjate de mi hija
Jace estaba dispuesto a irse, pero yo lo retuve por la muñeca
no, quédate. Papá, tu siempre has dicho que los Ligthwood no son una buena compañía, pues tenías razón no son exactamente buena compañía, pero tu eras igual a ellos, y hay algunos Ligthwood son muy buenos y más Isabelle, Jack y su madre son personas maravillosas y ahora son unos Ligthwood y son las mejores personas que alguien pudiera conocer y sé que algunos de los Ligthwood son unos cerdos— señale a Jace y dije— he aquí un ejemplo—me volví hacia Jace y le dije— lo siento— él me hiso una seña de no importa y luego seguí con mi padre— pero él es uno de los que ha estado conmigo cuando he necesitado estar con alguien, él es uno de mis mejores amigos, aunque cueste creerlo, y que Cintia no halla tenido el valor suficiente para decirte esto no quiere decir que yo no valla a decirlo, prefiero estar con mis amigos que contigo y con mamá que solo se dedican a pelear, por algo que yo no creía hasta el momento.
Clary, no sabes lo que estás diciendo…— él seguía gritando, pero yo le interrumpí
Se muy bien de lo que estoy hablando, y tu muy bien sabes que nunca me molesto con tanta facilidad, que soy muy comprensiva y callada, — yo ya me había puesto a gritar— que siempre te he apoyado en tus decisiones más locas, pero esto ya es pasarse de la raya y además no podías buscarte a otra que no fuera la madre de mi peor enemiga, la madre de Aline tenía que ser— no me había dado cuenta de en que momento la madre de Aline había entrado en la casa, pero era mejor si estaba adentro por mis siguientes palabras— no puedo creer que hallas engañado a mamá con esa golfa— la ultima palabra me salió de lo más profundo de mi ser, y con una voz tan alta que hizo que volaran que volaran las palomas del techo de la casa.
Vale— ya no me gritaba— ¿por qué estas aquí?
Por si no te das cuenta tengo un amigo en el hospital, donde deberías estar tú, y mis amigos son los únicos en los que puedo confiar—me volví hacia Jace que me miraba espantado, él nunca me había visto así— Jace, ¿podemos irnos?
Jace asintió con la cabeza, me pasó el brazo por los hombros, hiso que diera media vuelta y me dirigió hacia el coche, y en eso mi padre gritó
No iras a ningún sitio con este Chico
Con la cara llena de lágrimas oculta por el pecho de Jace dije:
Lo siento, pero hoy no. En unos días cumplirá dieciocho, vete acostumbrando a que ya no siga tus ordenes, lo siento.
Eso fue el fin de la conversación, Jace me ayudo a subirme a la limosina y lo ultimo que vi fue la cara de mi padre llena de odio al ver la limosina alejarse, porque en ese momento Jace me atrajo hacia su pecho y me estrechó entre sus brazos, por un largo rato me dejo llorar, luego de manera muy calmada y tranquilizadora dijo:
Alex, ¿quieres ir a casa?, mañana podemos ir a la comisaria, no importa lo que haya, es más importante que estés bien, ya tenemos dos bajas y por lo menos yo no quiero una tercera.
No el último lugar donde quiero estar ahora es en casa, nunca creí decir esto, pero me alegra estar contigo ahora—me seque las lagrimas de la cara— y es mejor que lleguemos rápido a la comisaria para ver si hay algo que no ayude a saber ¿qué pasó ayer?
Los dos reímos al mismo tiempo, y yo sonreí después al ver que en mucho tiempo lograba sacarle una verdadera sonrisa.
¿por qué sonríes? —preguntó
De que hace mucho que no te sacaba una sonrisa
Eso le hiso reír aun más.
Hacía mucho que no lo veía así, esa postura de estrella de cine. Desde sus risos dorados peinados en todo orden detrás de sus orejas, el brillo de sus ojos de oro, sus labios finos y delicados, sus brazos musculosos, su piel ligeramente bronceada, sus pestañas largas y brillantes, hasta la corbata bien atada a su cuello, el traje negro a medida, el anillo que tenia en el meñique con las letras DL, eran muy dignas de él, sin alguna de ellas no sería Jace Ligthwood, la persona de la que me había enamorado, no tenía comparación. Era difícil no enamorarse de ese hombre tan perfecto.
—con el simple hecho de estar aquí con migo me alegras el día Jace — "un segundo, ¿de dónde salió eso? esto un puede ser" pensé — olvida lo que dije, no sé ni de que hablo — dije quitándole importancia al asunto
—no, no, me alegra de que poco a poco te vayas acercando y diciendo lo que sientes con respecto a mí — dijo acercando su cabeza a la mía muy lentamente, apartir de ese momento no supe que fue lo que continuo diciendo, solo podía pensar en que estábamos tan cerca que sentía su aliento en mi rostro y mis ojos no dejaban de mirar sus labios delgados y suaves.
Cuando sus labios tacaron mi boca no pude hacer más que cerrar los ojos y dejarme llevar por el momento, sus labios en sincronía con los míos, su sabor dulce a vino blanco, luche para conservar en mi memoria ese sabor celestial, mi mente volaba en todos los recuerdos de nuestros otros besos, el que siempre he intentado sacar de mi cabeza ese primer beso que ninguno esperaba, estábamos en la azotea y hacia frio, no sé cuánto tiempo paso y os separo Andrew informándonos de la llegada.
