Tercera semana

La mañana siguiente comenzó nublada y gris, pero Mittens y el Perro se apresuraron a salir hacia el Templo.
Ciento veinte metros antes que llegaran, empezó a caer una lluvia muy fuerte; sin embargo la Gata no corrió a guarecerse bajo un techo.
"Va a ser mejor que me acostumbre, como en un ejercicio que hice hace pocos meses". -Le dijo a su sorprendido esposo.
"Pues yo siempre pensé que a los Gatos no les gustaba el agua…"
"En realidad a todos no, mi cielo. Pero a muchos sí, como por ejemplo los Turkish… -se interrumpió al escuchar las notas de una canción muy conocida. -¡Oh, escucha! ¡Están pasando esa canción que nos unió hace casi cuatro años!"
Y efectivamente, por una ventana abierta, se oía "Words don't come easy".
"¿Te acuerdas, Bolty, de cuando decidimos ser padres por primera vez? …Esa noche llovía igual que ahora".
Se detuvo unos minutos bajo el aguacero, recordando con una sonrisa en los labios.
"La próxima vez que queramos ser padres, Bolty, hagámoslo por favor justo debajo de la lluvia… Será hermoso, casi mágico".
"Lo haremos así entonces, Cobrita, para que estés feliz".
Volvieron a caminar. Por una extraña asociación de ideas venida del deseo de la Gata, Bolt recordó poco después algo que había logrado en su entrenamiento.
"¡Oh, cielos, Mittens! ¡No sé cómo me olvidé de contarte una cosa!"
"¿Qué era, Bolty?"
"Sólo tenemos que encontrar algunos vidrios y podrás verlo tú misma".
"Pero mi cielo… Nos esperan en el Templo".
"Voy a buscar uno durante diez minutos. Si en ese tiempo no veo ninguno, vamos para allá. ¿Te parece bien así?"
Ella aceptó, preguntándose qué sorpresa la esperaba.
"Por aquí, me acuerdo de haber visto unos al volver contigo del Templo".
Y afortunadamente todavía estaban, apoyados en una pared cerca de las calles North Spring y Alpine.
"Perfecto -sonrió el Perro. -Mittens, quédate mirando desde allí así los vidrios no te lastiman".
"Ah, ¿Vas a golpearlos? …Cuidado con tus manos, entonces, Bolty".
…Pero él ya estaba listo para hacer de nuevo su ejercicio del otro día.
"¡WRATH!"
¡Crash! …El vidrio se vino abajo en cinco o seis pedazos ante la incrédula mirada de ella.
"No me digas que eso… Fue el Súper-Ladrido…"
"Sí, princesita. Mi Maestro Shu me enseñó a usarlo de verdad, aunque él lo llamó 'El Rugido del Tigre'".
"Quién lo habría creído… Lo que tantas veces habrás hecho en tus películas, pero ayudado por los efectos especiales".
"También me dijo Shu que la idea de ese ejercicio la encontró mirando un capítulo de mi serie".
"Felicitaciones, Bolty, mi amor… -lo abrazó con fuerza y ternura a la vez. -De ahora en más, espero que el Birmano te haga lograr todas las hazañas de tus películas".
"¿También lo de los rayos, Mitty?"
"Sí, mi Tigrecito… Incluso eso".
"Gracias, Gatita hermosa. ¿Vamos al Templo, ahora?"
"Volvamos, para reiniciar nuestro entrenamiento".
Caminaron entonces despacio hacia allí, hombro con hombro y bajo una lluvia que parecía todavía más copiosa.
Antes de entrar, Mittens y Bolt se secaron, cada uno a su modo. En el Salón de la Puerta vieron a Shang-Po hablando con Tsé-Kiang y con el Maestro de Bolt.
"Buen día, Maestro Shu… Aunque afuera no lo sea tanto".
"Vinieron bajo el aguacero, parece… Bueno, yo también estuve sentado en el patio, meditando. Lo que le hace bien a las plantas es igual de bueno para todos".
"Yo lo hice para empezar a acostumbrarme, como le dije a mi Bolty".
"¿Y qué le pareció entonces la lluvia, Señorita Mittens?"
"Muy romántica y estimulante…" -Respondió ella sonrojándose.
"Y saludable". -Agregó Shang-Po.
"Seguramente… -continuó la Gata. -Este… ¿Dónde anda mi Maestro de Shé Quan?"
"Ah, está en el patio esperándola, me parece, porque quería reunir algunos Birmanos estudiantes para su próximo ejercicio".
"Yo tengo todo listo, Bolt. Podemos ir al recinto del Tigre".
"Después de ti, princesita". -Invitó el Perro blanco, y los tres fueron a sus respectivas áreas de entrenamiento.
"Muy bien, Bolt -dijo Shu cuando llegaron al primer subsuelo. -Ahora, igual que tu esposa, vas a tener tu primer combate simulado contra más de un oponente; más exactamente siete Birmanos".
Después de la pequeña sorpresa inicial, Bolt miró a sus nuevos rivales y no pudo dejar de notar algo.
"¡Eh, yo te conozco de algún lado!"
"Y yo también, puedo decir… Tú vivías en los Estudios de cine donde hacías tus películas".
"Bueno, qué raro entonces, encontrarnos aquí para un ejercicio de Hú Quan".
Y era raro porque se trataba del Gato que lo había hecho enojar poco antes de que fuera por accidente a Nueva York dentro de esa caja.
"Disculpen, Gato y Perro… Deberán recordar viejos tiempos en dos o tres horas, cuando estén en el comedor. Ahora empiecen lo que vinieron a hacer. Bolt, usa los doce movimientos básicos y tu resistencia mientras vas entre ellos".
Bajo la persistente lluvia, Mittens como se sabe hacía lo mismo, aunque con ciertos elementos agregados.
"Esos objetos representan un escenario que tanto usted como ellos pueden utilizar para saltar, acechar, esconderse y atacarse mutuamente. Por esto último no se preocupe; pues como en el ejercicio de su esposo, será un combate simulado. Observe bien el campo de batalla y cuando esté lista comience a atravesarlo".
La Gata miró los distintos objetos que su Maestro Li-Kuei y los otros Birmanos habían apilado en un sector de 36 metros cuadrados. No pudo ver a nadie, pero sabía dos cosas: los siete Gatos estaban allí, y el ejercicio también era para que ella los descubriera primero.
Con esos combates simulados de campo abierto, ella y el Perro pasarían al menos un día entrenándose.

En otro lado de la ciudad, mientras tanto, se encontraban brevemente dos Kitsunes, ahora muy enemistados.
"Uragano, ¿Qué quieres esta vez? ¿Ver si tengo otra casa para que me quites?"
"No, se me ocurrió venir por esta calle y vi que estabas en esta vereda".
"Muy bien, supongo que me viste lo suficiente. Vuelve al lugar de donde viniste, o desaparece de donde estoy ahora".
"Ah, sí, bueno… El pobre Kenzaburo perdió su hogar y su brazo".
"¡No necesito decirte cómo me quedé sin casa! ¡Y estoy así por haber ido a luchar contra Hatsumi, cosa que tú no hiciste!"
"Pero estoy buscándolo desde ayer… ¿Por casualidad tratas de encontrarlo primero?"
"¡No, yo tengo mis propios planes! …Y por si lo olvidaste, te dije que te fueras".
"No hay problema, te dejo con tus grandes planes de venganza. Sólo ten cuidado por si él te ve primero".
"¡LÁRGATE!"
Uragano por fin se alejó y Kenzaburo pudo seguir esperando hasta el anochecer para hacer su ataque. Tenía puesta la armadura… Llevaba también las armas que había sacado de su casa. Nadie podría impedirle lograr sus propósitos.

Esa noche, tras la jornada y la cena, Mittens y Bolt recordaron los detalles del ejercicio que habían pasado con relativo éxito; cansados, pero bastante conformes con los resultados.
Los Siete Guerreros estaban en sus habitaciones; Shang-Po conversaba con Li-Kuei mientras los dos terminaban de cenar y Tsé-Kiang visitaba a los tres Espíritus Vivientes.
Pero poco antes de las 10 PM, se oyó el teléfono al cual sólo llamaban por el número de emergencias. El Jefe del Templo se apresuró a atender y no pudo dejar de temblar al oír lo que ocurría del otro lado de la línea.
"¡Ayuda! ¡Necesitamos ayuda urgente! ¡Un Kitsune acabó con todos en la planta baja y ahora se dirige al primer piso! ¡Oh, no, me oyó y viene hacia aquí! -dejó de hablar y salió corriendo. -¡Manden a alguien, pronto!"
Unos pocos Birmanos lograron salir con vida, pero el Kitsune -que había empezado su matanza en el comedor- pronto tuvo muchas más víctimas para agregar a su lista. Pues estaba en El Loto Amarillo…
Tsé-Kiang ahora no sabía a quién, o quiénes, mandar. Nadie podía llegar a tiempo, pues aunque fueran Masaaki y los Siete Grandes Guerreros se perderían entretanto muchas vidas.
Mientras pensaba, tratando desesperadamente de llegar a una solución, hizo despertar a todos en el Templo.
Comunicó a los Maestros Birmanos el terrible suceso y ellos se lo transmitieron a sus grupos de estudiantes. Pero apenas uno de ellos supo lo que pasaba, (Li-Kuei no se había animado a contarle nada a cierta Gata), sus peores recuerdos volvieron a llenarlo de terror frente a la posibilidad de…
"¡NO! ¡Maestro Shu, debo ir ya mismo al Loto Amarillo!"
Mittens, que no estaba muy lejos, quiso saber qué pasaba.
"¿Qué ocurre, Bolty, puedo ayudarte en algo?"
"¡No, Mittens! ¡Quédate aquí y deséame suerte! ¡Shu, explícale que no quise gritarle!" -Con estas últimas palabras salió a toda velocidad del Templo hacia la Casa de Huéspedes.
"Casi no hay tiempo… No puede ser tarde. Mis hijos… El Kitsune… Por favor, otra vez a mis hijos no…" -Iba repitiendo todo eso mientras corría y lloraba imaginando lo peor.

Al entrar diez minutos después por la puerta que había quedado abierta, pudo ver la fatal evidencia del paso de un Kitsune. ¿Cuántos amigos de Mittens y suyos había ahora entre las víctimas de la planta baja? ¿Quiénes se habrían salvado saliendo del Loto Amarillo? ¿Y dónde estaba ese Kitsune?
"¡KENZABUROOOOOO! -rugió el Perro el nombre odiado del único que podría haber causado eso y empezó a subir corriendo las escaleras. -¡Voy a descuartizarte!"
El Zorro reconoció la voz del furioso Bolt y, cambiando rápidamente su plan de ataque, fue a buscar por todas las habitaciones a unos Perritos blancos. Pero los Birmanos, viendo que el padre de los pequeños estaba allí, empezaron a intentar impedir que el Kitsune llegara donde estaban los hijos de la Gata y el Perro.
Al ver que se interponían en su camino mientras abría violentamente las distintas puertas para ver si ellos estaban allí, Kenzaburo dejó en este caso algunos muertos más y muchos heridos graves, entre Gatas y Gatos huéspedes. Pero todos seguían intentando cerrarle el paso a cualquier precio.
"¡Idiotas! ¡Si quieren morir todos, tanto mejor para mí, que vine a establecerme en 'El Loto Amarillo'!"
Justo en ese momento vio llegar a Bolt como un Tigre enloquecido.
"¡Ah, volviste! ¡Pero no te acerques más! -atrapó a una Birmana muy pequeña y amenazó con cortarle la cabeza usando su Katana. -¡Quieto, Perro, o la mataré y seguiré con todos los demás huéspedes!"
La Gatita lloraba y su familia suplicaba. Bolt sólo temblaba, de rabia por Kenzaburo y de miedo por la pequeña.
Entonces pasó lo peor.
"Papi, ¿Dónde estás? ¡Tenemos miedo!" -Era la vocecita de Pequeño Tigre Guerrero.
"Sssssh, hermanito… Ven, quédate por aquí". -Le decía Dusky.
"¡Ajá, así que están en ese piso" -exclamó Kenzaburo, casi triunfante. -¿Y por eso trataban de detenerme? ¡Já! ¡Ahora ni vivos ni muertos, lo harán! ¡Bolt, quédate ahí!"
"¡GRRRRRRRRRRR! ¡Más te vale no tocar otra vez a mi familia, porque si después de eso vives quinientos años, los quinientos años me encargaré de hacerte sufrir!"
"¿Y con qué piensa castigarme, señorito Bolt, con insultos…? -se burló el Kitsune. -¿O quiere venir a golpearme ahora que tengo la armadura?"
"Mejor ven a averiguarlo tú mismo…" -Gruñó otra vez Bolt.
"Pues ahora no puedo, lo siento. Tengo un asunto que atender arriba".
Corrió hacia la escalera y empezó a subir, con el Perro siguiéndolo de cerca.
"¡Niñooooos! -aullaba desesperado. -¡Busquen ayuda rápido, o escóndanse bien!"
"Sí, hagan cualquiera de esas dos cosas que les dijo su padre… El lugar donde se escondan será su tumba y los Birmanos con quienes estén serán mis nuevas víctimas".
"¡Ay, nooooo! ¿Qué dije? ¡Bueno, entonces oigan, niños! -se detuvo un momento sólo para tomar aliento y decir -¡Hagan sólo lo que crean conveniente!"
En el piso donde la familia se había alojado desde su llegada, algunos Birmanos todavía buscaban cerrarle el paso a Kenzaburo aunque terminaran heridos de gravedad o sin vida. El Perro ante eso sufría como si ya estuviera viendo morir a sus hijos. En ese momento, se odió a sí mismo mil veces más que al Kitsune por ser incapaz de alcanzarlo para hacerlo picadillo.

…Entonces ocurrió lo increíble.
Un Shuriken vino de algún lado atravesando el aire y le dio justo debajo del ojo izquierdo a Kenzaburo, que se detuvo de golpe.
"¿Qué…? ¿Quién hizo esto?"
La única respuesta fue otra estrella Ninja; en su única mano, esta vez.
"¡Si están aquí lárguense, Inus, antes que los vea!" -El Kitsune sólo podía pensar que eran los Perros de Uragano.
Una sombra o algo parecido pasó entonces muy rápidamente entre Bolt y el Kitsune.
"¡AAAAAAAAAAARGH!" -Rugió Kenzaburo al sentir algo muy agudo y metálico clavarse en un pie; no llegó a ver qué había provocado eso.
Ahora incluso Bolt sintió miedo a causa de ese fantasma. Si era un Inu quien atacaba al Kitsune, de todos modos no era la mejor situación. ¿Qué estaba ocurriendo?
"¡Hiiijoos! ¿Están bien?" -Preguntó, en otro aullido. No hubo respuesta, pero se suponía que era mejor así.
"Están en algún lugar seguro, espero…"
Cuando llegó el tercer Shuriken, clavándose en su mano ya lastimada, Kenzaburo miró furioso en todas direcciones.
"¿DÓNDE ESTÁS? ¡Deja de atacar escondido!"
La inesperada respuesta fue un maullido muy largo y fuerte, que hasta a Bolt atemorizó. Sonaba como si los espíritus de todas esas víctimas se hubieran manifestado a través del misterioso guerrero.
Kenzaburo por su parte empezó pronto a sospechar de quién podía ser su invisible enemigo.
"Ah, ¿Cómo no lo pensé antes? ¡Parece que me encuentro de nuevo frente al gran Masaaki Hatsumi! ¡Muy bien, si eres tú, sal a pelear!"
Y en cuanto a Bolt…
"¿Pero qué me pasa? …Se supone que vine para destrozar al Kitsune. Todavía no hice nada, y alguien que ni siquiera pude ver lo hirió tres o cuatro veces".
Sin embargo la intervención de ese desconocido lo había dejado como inseguro, sin saber qué hacer.
Entonces apareció, dejándose ver, un Gato vestido como Ninja. A pesar de tener la cabeza cubierta, en sus ojos podía verse fácilmente la cólera. Se irguió completamente, con la mirada fija en Kenzaburo; esperaba su ataque.
"¿Eres Hatsumi, o uno de los seis Guerreros que quedan gracias a mí?"
Ante esa provocación, otro Shuriken voló hacia la mano del Kitsune. Ni él ni Bolt vieron cuándo lo había lanzado, y Kenzaburo dejó caer la Katana.
"¡AY! -no pudo evitar gritar. -¡GRRRRRRRRRR! ¡Acabo de hacer el ridículo y me las pagarás!" -Saltó hacia su atacante sólo para sentir cómo se le clavaba el Sai entre el pie y la rodilla, pues el Gato ya no estaba allí.
"¡Hatsumi! ¡Vas a lamentar haberme enfrent…!" -El Kitsune recibió ahora otro Shuriken en su pierna ya lastimada y apenas se dio vuelta, el Gato Ninja estaba justo frente a él, hundiéndole su Sai hasta el fondo bajo el ojo izquierdo. Kenzaburo se sacudió dos o tres veces por el dolor y cayó de golpe segundos después… Estaba muerto.
El Gato empezó a alejarse pero Bolt lo llamó. -"Espera, no te vayas… ¿Quién eres, Hatsumi o alguno de los Birmanos?"
Pero después de mirar al Perro de una forma indefinible, el misterioso vencedor se fue sin decir nada.

Nuevamente en el Templo, veinte minutos más tarde…
"Bolty, volviste sano y salvo… ¿Qué pasó al final, en el 'Loto Amarillo'? ...Li-Kuei me contó algo terrible, de un Kitsune".
El Perro, que había regresado de allá caminando despacio y muy triste, se arrojó repentinamente entre los brazos de Mittens buscando consuelo.
"Mittens, yo… ¡Ay! ¡No pude hacer nada! ¡Vi a Kenzaburo matando a los Gatos que tanto conocíamos, no fui capaz de evitarlo y casi perdemos a nuestros hijos!"
"No, escúchame, Bolty, yo…"
"¿Para eso estuve aprendiendo Hú-Quan?" ¡Quise destrozar a Kenzaburo y un Gato lo hizo en mi lugar!"
"Bolt, mi cielo… -lo alejó un poco para que la mirara a los ojos. -Debes escucharme: yo estoy segura de que hiciste tu mejor esfuerzo".
"Pero princesita… No sirvió de nada, que yo estuviera allá".
"…Porque no pudiste llegar antes, Bolty. Y si le decían al Gran Dragón lo que estaba pasando, ni siquiera él habría estado a tiempo para evitar todas las muertes. Pero el Kitsune que además estaba a punto de matar a otro de nuestros hijos, murió a manos de ese Gato Ninja".
"Eso sí es cierto, aunque no me consuela del todo, princesita. Y todavía quiero saber quién es, para darle las gracias".
"Yo también, Tigrecito mío. Pero tal vez algún día lo veamos. Por ahora no te reproches nada, Bolty... Shang-Po y otros tres Birmanos fueron al 'Loto Amarillo' para atender a los heridos y acompañar espiritualmente -así lo dijeron- a los que se salvaron del Kitsune pero vieron morir a sus amigos. Pero no sigamos hablando de muertes… Hoy nuestros hijos dormirán en el templo, si quieres ir a verlos…"
"Totalmente de acuerdo, Mitty, vamos donde están ellos".
Y en un lugar donde nadie podía verlo…
"Por supuesto, que deben ir. Por última vez… Gata Ninja".

Casi una hora después, Kenji le daba al Kitsune su nuevo informe.
"La descubrí, Señor Uragano. Ese misterioso Ninja que rescató a Yuan-Li y mató a Kenzaburo, es la esposa de Bolt".
"Vaya, vaya, vaya… Y creíamos que era Hatsumi, o uno de los Siete Guerreros. Ahora ella sola, pudo acabar con Kenzaburo, ¿eh? …Pues bien, le daremos una lección, antes de que se le ocurra también aparecer por aquí. ¡Shimizu, Yoshiro! ¡Tienen una misión! Tú vuelve al Templo, a ver qué hace ahora esa Gata".
"Sí, Señor Uragano". -Se retiró la Rata negra.
Mientras tanto, nuevamente en el Templo "Shé he Lăohú", terminaba una cena donde habían participado los Siete Grandes Guerreros, Li-Kuei, Shu, Bolt, su esposa y los cinco hijos de ellos. Pero era en honor de Mittens, aunque no todos allí pudieran saberlo.
Y en el primer subsuelo, lejos de miradas indiscretas, alguien le decía a Tsé-Kiang por medio de Shang-Po:
"Esa Rata volvió a estar en el Templo, Gran Maestro… La vi cuando salía por la pared oriental".
Este nuevo espía trabajaba para Tsé-Kiang desde que habían descubierto a Kenji. Y en realidad no lo hacía solo… En cuanto Shang-Po le propuso hacer el trabajo, su alma gemela quiso participar igualmente. En pocas palabras, eran Nancy y Rhino.
Después que todos se levantaran, tras la sobremesa Bolt volvió al tema que aún tenía dando vueltas en su mente.
"El Gato Ninja, princesita… No sabes cómo lo atacaba al Kitsune, apareciendo y desapareciendo de golpe todo el tiempo, hasta que le hundió ese arma justo debajo del… Pero me da escalofríos, ahora. Y allá además me hizo sentir miedo, Mitty".
"Olvídalo, Bolty… Estarás mejor si lo haces. Toma, un besito". -Lo besó en los labios y el Perro sonrió, luego de devolvérselo.
"Tienes razón, princesita. Ehmmm… ¿Vamos a dormir ya?"
"Sí, mi cielito. Pues esta noche los Birmanos nos permiten pasarla en familia".
El ánimo de todos los que estaban en el "Loto Amarillo" seguía muy bajo y gris. Kenzaburo había dejado dieciséis víctimas fatales y treinta y dos heridos graves. Chiang-Mai, por desgracia para Snowy, se encontraba entre los del primer grupo, en tanto que Cheng-Ji estaba en el de los heridos.
"Escriban los nombres de quienes murieron… -pidió Shang-Po. -yo traeré incienso".
Lo quemaron y con los efluvios de ese aroma hicieron una breve oración por cada víctima.

-Continuará…-