Una Noche Con Aizen
parte IV
"La vida y la muerte siempre están mezcladas, de la misma manera que los comienzos son finales y algunos finales se vuelven comienzos." Capheus Onyango en Sense 8.
El tiempo corría. Aun en su cautiverio había percibido fluctuaciones anormales en reiatsu de Orihime, pero no era eso lo preocupante si no que había pasado al mismo tiempo en que percibió esas fluctuaciones de un conocido capitán. si era lo que él sospechaba perdería el dominio sobre la ryoka.
Y no podía arriesgarse a ello, aún la necesitaba y a sus poderes.
Se sentía obsesionado con ella, y estaba punto de perderla gracias al más impasible arquetipo de shinigami como Byakuya. Por eso se había arriesgado en revelar que su cautiverio era una farsa. Quería estar aquí todavía para gozar viéndola a ella expuesta, tal como era, ante la sociedad de almas…, ahora, cuando debía haber empezado a sentirse segura.
Para tomarla una vez más y conseguir su sometimiento total hacia él. Algo tan mundano como eso lograría darle un poder que iba más allá de su imaginación: "El Poder de Dios… en una chiquilla como esa".
Sintió que se le secaba la boca y se lamió los labios ansioso y excitado, saber que él tenía total control y poder sobre ella era lo que más lo excitaba, más que el acto en sí. Pero mas que eso poder obtener el control de las habilidades divinas de la ryoka. Hubiera sido muy aburrido de otra forma.
Y lo disfrutaría, tenía toda la noche… tendría a Orihime para él solo toda la noche.
La lluvia se había desatado impetuosa. No se había puesto abrigo, pero casi no sintió que la tempestad le atravesaba mientras trataba de huir de su propia casa, donde había dejado atrapado a Aizen, quien haciéndose pasar por Byakuya, había tratado de engañarla.
Cerca de la avenida resbaló y cayó. Sin hacer caso del agudo dolor en su rodilla, corrió sin rumbo fijo, su desesperación era tal que simplemente no podía razonar. Como en nubes que se deshicieron ante su vista, se veía a sí misma siendo invadida por Aizen… A su manera perversa y salvaje…, los pedazos de ella, de su mente y de su alma, completamente a su merced. «¡Por favor no!», rogó. «¡Por favor no de nuevo!»
Llegó a una esquina y se detuvo bajo una farola parpadeante, se apoyó de ella mientras trataba de recuperar el aliento. El diario, en su mano, estaba mojado y frío. Lo apretó con fuerza. La calle estaba completamente a oscuras excepto por las luces de los autos que iban y venían sin notarla.
Mientras huía sin control ni dirección, cayó en la cuenta de que su paranoia quizás fue exagerada ¿ y si ese había sido realmente Byakuya?.
De todas formas, lo mejor había sido huir con las pruebas.
Sin duda Byakuya había leído su diario. ¿porque él? de entre todos los que pudieron haber sido enviados por la Sociedad de Almas, tenía que haber sido precisamente él. Sabría…, todos sabrían.
Tenía que desaparecer el diario. Byakuya no debía llevárselo. Eso. desaparecería el diario para que nadie pudiese verlo.
Corrió hacia un parque solitario mientras la lluvia se detenía y solo quedaba una bruma que acentuaba la oscuridad de la noche.
Rasco un agujero en el lodo con sus uñas y en él arrojó la fragante flor de sus pesadillas y las pruebas de su presunta traición.
Mientras terminaba de sepultar su vergüenza, recordó la vez en que Byakuya la llevó a los baños Ofuro de su impresionante mansión.
La primera vez que ella lo sedujo.
Habian convivido intima y cercanamente mientras ella se albergó en su mansión después de la batalla de Aizen, compartieron reflexivas y escabrosas conversaciones sobre su cautiverio en Hueco Mundo. Habían compenetrado a tal punto que sus conversaciones poco a poco él mismo Byakuya reveló cosas de sí mismo y su relación con Rukia.
Pero ella no empezó el cortejo, si no que él empezó a buscarla después de que coincidieran en su jardín. Byakuya inesperadamente se abrió con ella. Fue tan inesperado pero no le rechazó.
Él había sido el encargado de supervisar su interrogatorio. Sospechó en aquel momento que estaban considerando condenarla junto con Aizen. ¡Esa era la justicia shinigami!.
¿No la habían abandonado en Hueco Mundo? ¿No habían prohibido a Ichigo ir a rescatarla? ¿No había sido culpa de ellos todo lo que vivió y sufrió? Le parecían seres miserables, desalmados. Estaba furiosa. Pero era impotente, como siempre, solo podía esperar y ser espectadora mientras ellos decidían su destino. Al final la absolvieron y la obligaron a alojarse en la Mansión Kuchiki, junto con el inconsciente Ichigo.
El hecho de que Byakuya la buscara para "conversar" era en sí sospechoso y se hizo la desentendida porque ella necesitaba desahogar sus penas y Byakuya era quien se lo ofreció, aunque se había reservado la peor parte.
Tuvo que mentir, o hubieran usado lo que le pasó para hundirla en el hoyo más inmundo como hicieron con Aizen.
Le mintió deliberadamente a Byakuya en aquel entonces, sobre lo que realmente pasó en Hueco mundo a manos de Aizen y ahora él ya sabía la verdad, si es que realmente era él.
Analizando las cosas, se daba cuenta que si Aizen realmente había sido capturado, toda la evidencia apuntaba a que, si es estaba preso, era por que él deseaba que así fuera y podía ir y venir libremente sin que nadie supiera valiéndose de sus habilidades de hipnosis total.
La estadía de Orihime en la mansión Kuchiki, después de la guerra de invierno, desató una gran expectación en los habitantes del lugar. Los sirvientes la miraban con curiosidad, quedaban sin aliento ante su belleza, la trataban con cierto respeto y hasta con agradecimiento. Esto debido a que era amiga de Ichigo Kurosaki "El salvador."
Su personalidad alegre y su alma gentil, solo los animó a apreciarla aún más.
Rukia y ella se habían abocado a darle a Ichigo la atención debida, mientras recuperaba el conocimiento. Pero cuando no lo atendían, paseaban juntas por los jardines y corredores. Todos veían que al lado de la humana, Rukia dejaba aflorar ese alegre espíritu que siempre ocultaba ante la imponente y lúgubre sombra de Byakuya. En opinión de los sirvientes, Orihime era un rayo de luz cálido y vigorizante en la mansión.
Para Byakuya siempre pasó completamente desapercibido el fanatismo de sus sirvientes por la humana, sin imaginar que tan solo unos días después, él mismo y Orihime, iban protagonizar a escondidas escenas de pasión fugaz y desbordada, enardeciente.
Sin embargo para los miembros de su propio consejo familiar, quienes hace mucho anhelaban un heredero, vieron en Orihime a la mujer ideal para tal empresa.
Ya no les importaba con quien fuera o de la manera que fuera.
Solo tenían en mente un objetivo: obtener un heredero que asegurarse el estatus de su familia. Aunque solamente eran víctimas de la desesperación. Ya habían pasado más de 40 años desde que murió Hisana y su respetado líder no tenía siquiera planes de matrimonio y sin un heredero su posición como una las cuatro principales clanes estaba en riesgo.
Byakuya siempre rechazó a todas y cada una de sus candidatas. En su angustia, incluso habían llevado a jovencitas del rukon, pero él simplemente no estaba interesado en casarse o copular con ninguna de ellas.
También pensaron en Rukia, todos notaban que él sentía algo por ella, aun así Byakuya permaneció con su necedad de oponerse al matrimonio y a negarles un heredero.
Takeda, el anciano de más importancia dentro del consejo familiar (tan solo después de Byakuya), lo había amenazado con destituirlo como líder del clan, argumentando la falta de un heredero.
Con mucho pesar de su corazón, pues en opinión del anciano Takeda, la familia Kuchiki había prosperado como nunca con el liderazgo de Byakuya y era un capitán intachable, digno de toda su admiración y lealtad, muy a pesar de sus errores.
No quería tener que iniciar una campaña para desprestigiar a Byakuya y poner a otro líder, lo que representaba iniciar una guerra civil dentro del clan.
Ninguno sería mejor que él, pero su negativa era más que suficiente para destronarlo. Por eso cuando escuchó accidentalmente su conversación con la humana en el jardín de cerezos, creyó ver ahí algo más… un interés que el noble no había mostrado por ninguna otra. Una oportunidad única y creyó que era su deber aprovecharla para salvar el honor y la cabeza de su amado y venerable líder.
Lo que él no sabía era que Byakuya sólo seguía órdenes del Capitán General: interrogar a la ryoka y obtener evidencias de su traición. Pues sospechaban que ella había ido por voluntad propia con Aizen. Para Takeda el interés de Byakuya hacia la joven era de índole sexual y genuino.
Así fue que iniciaron las conspiraciones para lograr esa unión. Si bien sus intenciones eran buenas, sus métodos eran dudosos.
Se organizó una gran cena en la mansión, con el pretexto del fin de la batalla. Byakuya pudo ver fácilmente las intenciones de su familia.
Pudo negarse, pero se vio acorralado cuando Rukia no pudo asistir debido a un contratiempo en su escuadrón.
Habían vestido a la ryoka con un espléndido kimono rosado combinado con un obi dorado y rematando con un peinado con el cabello recogido sobriamente con un tocado de perlas que le daba una apariencia más adulta y refinada.
Se veía realmente como una distinguida dama y Byakuya se permitió observarla unos momentos, ligeramente asombrado, notando en ella una elegancia natural. Su semblante juvenil contrastaba con su impecable figura de mujer.
Desde ese momento ya no pudo verla como aquella ryoka que había conocido cuando junto con Ichigo irrumpieron en la sociedad de almas para rescatar a Rukia. Ahora sentia en parte el porque Aizen se habia sentido atraido a ella.
Ahora era distinta.
Sentaron a Orihime junto a él, sirviéndosela en bandeja de plata.
La cosa es que ella parecía ignorar el verdadero motivo de esa celebración, al menos al principio.
Durante la cena, ella permaneció sentada con las manos en el regazo, intentando parecer recatada. Takeda insistía en hacerlos conversar inútilmente y fue obvio para todos que el anciano ya estaba pasado de copas. Pero Byakuya no conversaba con ella, ni viceversa.
Ella fue gentil y no decía más de lo necesario. Solo sonreía, sabiendo que a veces eso es mejor que decir nada.
La velada fue un fracaso total por su puesto.
Orihime se sintió cohibida y se marchó después de media hora alegando un dolor de cabeza.
Ella no era tonta y las intenciones de esa cena no pudieron ser más obvias. Orihime sabía que sólo la estaban considerando por aquella vez que Byakuya le habló en el jardín. Ella sabía que Byakuya la estaba tratando de manipular tal como Aizen había hecho.
Takeda no entendía que si bien Orihime era hermosa, simplemente Byakuya no se sentía lo suficientemente atraído por ella en aquel momento. Él no idealizaba lo que era ella, la veía crudamente. Una joven hermosa si, que se vio atrapada en una guerra infernal y había sido prisionera del más cruel megalomano. Ingenua? Tal vez. Traidora? Muy probablemente. Era lo que él tenía que averiguar. Así de simple era. También se retiró de la cena muy pronto.
Takeda no entendía que la belleza que atrae rara vez coincide con la que enamora.
Para Byakuya nadie sería nunca como Hisana, nunca habría otra como ella.
Y aunque tenía sentimientos encontrados y confusos por Rukia, ella era hermana de su esposa y le juró protegerla como su "hermano" antes de morir .Por lo tanto, aunque Rukia le correspondiera, ella sería intocable eternamente para él. Era sagrada.
Debido a su fracaso, Takeda se desahogó con sake esa noche. Y sus ánimos se inflamaron. En sus locos delirios, pensó que podría convencer a su líder de intimar con la joven esa noche si le daba sus razonables argumentos pues ¡¿Quién no desea un hijo?!
Así que a media noche fue directamente a sus habitaciones a confrontarlo
Byakuya atribuyó sus disparates a su estado evidentemente alcoholizado y le mandó a descansar.
Pero Takeda enfureció, para él era razonable su idea, su mente estaba más allá del límite de la locura. Empezó a proferir gritos y amenazas hacia Byakuya.
"¡Que convocaría al consejo!… ¡que daría un voto de desconfianza hacia su liderazgo!… ¡que solo eso era suficiente para destituirlo!… ¡que Byakuya sería la ruina de los Kuchiki!..." etc, etc, etc.
Byakuya lo dejo hablando solo en el pasillo ante su insolencia. Takeda era su principal opositor dentro de su familia y siempre lo molestaba con eso del heredero, incluso intentó forzar hace años un matrimonio entre él y Rukia, pero pudo eludirlo sin que ella se enterara. Ya se había convertido en un fastidio, un peligro para su liderazgo. Pero sus argumentos eran válidos, si se decidía podrían removerlo como líder.
No por nada era el más importante consejero familiar. Takeda tenía poder, pero no malas intenciones. Byakuya lo toleraba sólo porque el anciano procuraba siempre el bienestar de la familia. Aunque a veces se iba a los extremos.
Pero en esta ocasión sus desvaríos le darían a Byakuya la excusa perfecta para deshacerse de él para siempre.
No quiso rendirse. Takeda estaba convencido de que Byakuya cometía un serio error. Y lo obligaría de una vez por todas a darle un heredero a la familia, aunque tuviera que traer a la ryoka hasta su habitación por la fuerza. Y con esa idea en la mente fue a la habitación de Orihime.
El peor error de su existencia.
Orihime había llegado a sus habitaciones demasiado abrumada y sus pensamientos no eran coherentes debido a ese ligero sorbo que Takeda le hizo probar. Se hubo mareado casi inmediatamente y ya no bebió nada más.
Creyó que sería una cena inocente. Ella había rechazado la invitación de Takeda al principio, pero este le dijo que hacerlo sería una grosería. Finalmente la convenció diciéndole que Rukia estaría presente. No le dijeron que había cancelado.
Dudaba que Byakuya fuera capaz de algo así, pero realmente no lo conocía. Probablemente fue una excusa para acercarse a ella nuevamente y hacerla hablar de más.
Se sentía burlada y esto la enfureció. Al principio todo fue muy entretenido, toda una experiencia de otro mundo: una elegante cena tradicional en esa impresionante mansión que la transportó directamente a la era Edo.
Pero cuando se dio cuenta de que era una especie de cita a ciegas se sintió contrariada, después su confusión se transformó en incomodidad y desagrado.
Sabía muy bien qué era lo que le atormentaba, las intenciones de esas personas. Porque le recordaron lo que vivió con Aizen.
Sobre todo porque cruzó por su mente, que ahora que Aizen estaba derrotado, debía superar lo que él hizo con ella.
Y esa misma tarde mientras cuidaba al inconsciente Ichigo, meditando en sus sentimientos por él, cayó en la cuenta de que si por alguna afortunada circunstancia, él correspondía a sus sentimientos, ella debería hacer lo mismo, con todo lo que ello implicaba. Y se sentía incapaz de hacerlo, se sentía sucia y vejada. Completamente aterrada ante la idea de volver a tener intimidad con cualquier hombre.
Y en ese momento se dio cuenta de que la idea de volver a realizar ese acto, aunque fuera por amor, no solo le era repulsiva si no que le aterraba y tan solo pensarlo corría de su frente un sudor frío. Ahora, era consciente de que sería incapaz de volver a estar con cualquier hombre, ya que era una mujer mutilada.
Así era como se sentía, aunque en su exterior era alegre por dentro se sentía destruida. Aunque por fuera siempre estuviera sonriendo, sabía que por dentro Aizen dejó un abismo de dolor con sus tortuosas caricias. Nunca volvería a ser la misma y se sentía completamente incapaz de ello.
Por eso le molestaba las pretensiones de Takeda y del resto de miembros del consejo Kuchiki. Habían logrado alterar sus nervios, por eso salió huyendo en cuanto pudo de ahí, porque sintió que explotaría en cualquier momento…
Afortunadamente a Byakuya parecía darle igual lo que ella hiciera. Quizás quedó como una grosera, pero hubiera sido peor permanecer ahí y haber hecho una escena.
Apenas llegó a la habitación que le habían asignado en la mansión Kuchiki, se deshizo rápidamente del elegante kimono y se metió a la bañera de madera sin importarle que el agua estuviera hirviendo y empezó a tallar su piel con fuerza y desesperadamente, como si hubiera caído sobre ella alguna sustancia tóxica.
Tallaba y tallaba con fuerza hasta quedar totalmente roja y con moretones. Le dió un sobresalto escuchar al viento que azotaba las puertas de madera.
Salió de la tina inconforme por la interrupción a su obsesiva rutina de limpieza y se estaba poniendo una yukata para ir a cerrar, cuando aterrada vio que había sido Takeda quien había irrumpido en evidente estado de ebriedad y ahora entraba al cuarto de baño.
Ella se quedó congelada unos instantes ante la desagradable sorpresa de que "un hombre" la viera con poca ropa. Realmente no entendía qué estaba pasando hasta que él pronunció estas espantosas palabras "¡Perfecto, ya estás desnuda!".
Y vio en los ojos del anciano sus intenciones perversas.
Vio con horror cómo se iba sobre ella, intentando sujetarla. Él no tenía otras intenciones más que llevarla a los aposentos de Byakuya. Pero su actitud asustó tanto a Orihime que se resistió.
Inoue quizás exagero su reacción, pero no estaba en las mejores condiciones emocionales, las circunstancias la hicieron revivir aquello que tanto temía y deseaba olvidar.
Una batalla campal se desató. Ella solo quería huir, Takeda no se lo permitió, provocando que ella intentará defenderse, pero lo hacía torpemente. Todos dentro de la mansión, sirvientes y nobles, escuchaban los chillidos de la chica.
Byakuya escuchó la conmoción y se dirigió a la velocidad del shumpo al epicentro de la agitación.
Byakuya captó la escena de un solo vistazo, fue el momento en que todo cambió para siempre: Orihime medio desnuda y completamente aterrada en el piso, intentando liberarse de Takeda, que estaba literalmente encima de ella y en evidente estado de ebriedad.
Y todavía le dice… "Byakuya-sama...ella está lista. ¡Danos un heredero!"
Rápidamente alejó al anciano de ella, pero él se resistió. Takeda evidentemente no tenía plena consciencia de lo que estaba haciendo, Byakuya no tuvo más remedio que noquearlo, sin usar en exceso su propia fuerza. Lo entregó a unos miembros de su guardia familiar y les ordenó que lo encerraran.
Ellos obedecieron y se marcharon con el anciano inconsciente a rastras. Byakuya salió al umbral de la puerta de las habitaciones de Orihime, dispuesto a irse.
Pero se topó con las miradas curiosas de sirvientes, guardias y el resto de miembros del clan. Se sintió acosado por sus miradas, mientras se escuchaban los sollozos de Orihime dentro de la habitación y él evidentemente pretendía ignorarlos.
Estaba acorralado y deseó que Rukia hubiera vuelto ya, para que pudiera pedirle a ella que consolara a la Ryoka, o que se le hubiera ocurrido alguna vez tener servidumbre femenina. Tendría que ser él quien lo hiciera.
Ordenó a todos marcharse y no comentar el incidente. Cuando todos se marcharon, entró a la habitación una vez más y buscó con la mirada a la joven. No estaba a la vista, se había resguardado en un rincón, la encontró en el cuarto de baño solo gracias a los gimoteos.
El estado en que la vió, detrás de la tina de madera, le pareció sospechoso. Pero en ese momento se preocupó más por intentar eludir la tentación que le ofrecía el exuberante cuerpo de Orihime semidesnudo.
Buscó rápidamente una toalla y la cubrió con ella, evitando a toda costa no profanarla con la mirada. Ella apenas si se movió, ni siquiera daba señales de vida. Tenía la mirada perdida en el vació, los ojos abiertos como platos, no dejaba de temblar y se mantenía aferrada a su rincón oscuro.
A Byakuya le pareció una reacción exagerada de la chica, pero él no sabía nada de mujeres. Creyó que ella, era simplemente demasiado inocente y sensible.
No se atrevió a acercarse, no le pareció prudente. Permaneció de pie, manteniendo la tina de madera entre ellos, que de alguna manera bloqueaba su vista hacía quién estaba detrás sin ropa.
Ofreció una disculpa solemne a nombre de Takeda, incluso lo defendió argumentando los efectos del sake. Sus palabras parecieron lanzadas al vacío.
Esperó una respuesta y la espera le pareció demasiado larga. Orihime ni siquiera se movía, y creyó que quizás estaba esperando a que él saliera.
No sabiendo qué más hacer, le anunció que se retiraba y que más tarde enviaría a Rukia y a un médico.
Ella reaccionó mal al escuchar eso. Orihime se puso en pie de golpe, sin darse cuenta que había tirado la toalla al piso y estaba mostrando su cuerpo desnudo a Byakuya, quien no daba crédito a lo que veían sus ojos: Orihime, desnuda y suplicante, le pedía desesperadamente que no le dijera nada Rukia.
Salió detrás de la tina, que había bloqueado brevemente la vista de Byakuya, y se acercó a él acortando la distancia entre los dos.
Al ver esto, Byakuya supo que tenía que esfumarse de ahí pero ya.
Sin embargo Orihime se abalanzó hacia él, sujetándose de su haori, suplicando llorosa y empezó a deslizarse hacia abajo cayendo a sus pies. Al parecer el dolor que sentía era tan abrumador que no podía sostenerse en pie.
Entonces él no tuvo más remedio que hacer la promesa de no decir nada de lo sucedido a Rukia, ni a Ichigo cuando despertara. Tan solo pronunció su promesa, ella quedó inconvenientemente desmayada y desnuda a sus pies.
Tomo una sabana del futon y cubrió con ella la profusa desnudez de Orihime, para poder depositarla de vuelta llevándola en brazos hasta el mismo futon.
Cuando la depositó en él, deseó que fuera una sábana más gruesa y menos transparente. Se quedó contemplando la silueta de ella y sus formas femeninas que se marcaban muy bien a través de la delgada sabana.
Ya no lo imaginaba, sino más bien recordaba, la imagen desnuda de la joven. No era algo que él hubiese buscado ver, y había sido todo una visión impresionante pero accidental. No sentía culpa alguna debido a ese incidente, por el contrario, reconocía que había sido un deleite. Era hermosa e inocente, no se dío cuenta de que estaba cautivado por ella.
Al verla así pensó que su consejo familiar tenía razón, en algún momento debería dejar un heredero y no entendía porque la idea de realizar el acto sexual con esa ryoka no le era desagradable como debería. Fue entonces que noto el bulto en su entrepierna. Lo que lo obligó a salir rápidamente de esa habitación.
A veces cuando se hallaba a solas y seguro de que nadie lo veía cedía de vez en cuando a los impulsos naturales de su condición masculina. Esa noche lo hizo con fruición, recordando el cuerpo desnudo de Orihime pero sus impulsos lo traicionaron y al final en la única que pensaba era en Rukia. Aún así, ese efímero y repentino deseo por la ryoka no era suficiente para que él se decidiera a intentar nada más. Esa noche tuvo otro de tantos sueños delirantes con Rukia.
Después de lo ocurrido la noche anterior, fue muy sencillo arrebatar de su poder a Takeda y de su puesto. Su ofensa era grave y pudo haberlo expulsado definitivamente del clan Kuchiki, pero Byakuya sabía que sus intenciones habían sido justificadas y se conformaba con que lo dejaran de molestar con eso del heredero. Nadie más tendría el valor, durante un buen tiempo, de exigir tal cosa.
Pero le preocupaba la ryoka, había sido daño colateral en su guerra civil contra Takeda. Sabía que él la había puesto en esa posición al hablar con ella en el jardín la otra tarde. Cuando la vió a la mañana siguiente ella actuaba como si nada, fingiendo que todo estaba bien. Se dirigieron una fugaz mirada de complicidad cuando Rukia preguntó por el alboroto de la noche anterior. Byakuya cumplio su promesa de no decir nada. Pero noto en la Ryoka cierta descompostura que evadió con una sonrisa.
Se dio cuenta entonces que su alegría era para ella como una coraza para ocultar sus sentimientos, como en él lo eran la frialdad y la arrogancia. Pero la había hallado llorando en su jardín y la había consolado, a él ya no podía engañarlo. Sabía que ella se encontraba peor de lo que realmente demostraba.
Se sentía responsable de la mirada sombría que le notó durante el almuerzo. Él no la utilizó, fue su consejo familiar y Takeda, pero igual no hizo nada para detenerlos antes y al final ella, sin deberla ni temerla, se llevó la peor parte. Consideró como su deber inexcusable indemnizar la afrenta.
Que Orihime e Ichigo se encontraran en su mansión, no era cosa del destino o de la simple cortesía de su hermana por la ryoka. Genryusai, les había ordenado alojarla en su casa, así como al shimigami sustituto. La misión consistía en observar la recuperación del convaleciente shinigami sustituto, la confirmación de la desaparición absoluta de sus poderes y que ya no representara un riesgo para la sociedad de almas.
Esa le fue asignada a Rukia, mientras que a él le habían asignado vigilar a Orihime y obtener alguna información de lo que ella hubiera podido ver u oír en Hueco Mundo cuando fue prisionera de Aizen y confirmar que ella no se hubiera alineado con el traidor. Para lograr su cometido Byakuya necesitaba más que zanpakuto y kido. Mantener conversaciones con ella le era necesario, no dejaría que los objetivos de su misión se confundieran con su inédito anhelo carnal por ella o que esté le impidiera desarrollar su misión con éxito.
Nada más que la sorpresa invadió a la pobre Orihime cuando después de unos días del incidente el mismo Byakuya, que hasta entonces parecía haberla estado evitando, había ido a buscarla en medio de la noche sin aviso alguno en la habitación donde ella se estaba alojando.
Le despertó para dirigirle una disculpa muy solemne por el conocido incidente y también le explicó las intenciones de Takeda.
La pobre chica estaba tan sorprendida que tardó en reaccionar, lo cierto es que trataba de conciliar la imagen que tenía de Byakuya: el frío e implacable capitán que trato de matar a su propia hermana, con el hombre que la había salvado hacía unas noches y que ahora estaba delante de ella disculpándose con una solemne reverencia.
Ahora él se mostraba protector con Rukia y le recordaba a su propio hermano.
Orihime sabía que el protocolo dictaba que ella misma debía inclinarse y así lo hizo.
Al terminar la insípida e incómoda ceremonia, ella espero a que Byakuya se marchara pero eso no sucedió. Se quedó de pie delante de ella, de una manera que le pareció impropia en él.
Incómoda y tiritando de frío, se abrazó a sí misma como tratando de cubrir su cuerpo ante la inusual mirada que Byakuya le dirigía, recordando que él ya la había visto desnuda. ¿Quizás por eso la miraba de esa forma?
Lo que nunca espero fue la propuesta que salió de sus labios.
–Inoue Orihime…¿me acompañas a tomar el té en mis aposentos?–. le preguntó ceremoniosamente.
Fue una declaración clara, precisa, un relámpago inesperado salido de la persona más inesperada.
Activó recuerdos dolorosos cuando aún era prisionera de Aizen y este la "invitaba a tomar el té". Ella se quedó aturdida y paralizada. Byakuya lo había dicho sin rodeos, ni consideraciones, ni asomo de duda en su firme y severa voz. No. Eso no era normal.
Una parte de ella le decía que se alejara de esa situación que a todas luces era incómoda y forzada pero otra parte, más oscura y maliciosa, le incitó a aceptar la invitación.
Decidió obedecer la parte perniciosa.
Ella sabía muy bien lo que implicaba esa invitación, la asustaba pero a la vez, la incitaba y era una sensación familiar como cuando estaba con Aizen, de hacer lo prohibido, sucumbir a la seducción de los actos perversos. Le dolía el recuerdo pero su cuerpo y sus deseos la traicionaban. La maligna semilla que Aizen plantó en su alma estaba echando raíz.
Sabía que su encuentro con Aizen fue determinante para llegar hasta este momento, antes de lo ocurrido con él, nunca se hubiera planteado aceptar semejante invitación, pero ella lo consideraba como un acto suicida.
Se sentía como aquel condenado a muerte al que le ofrecen su última cena. Orihime aún no se la creía, de lo que estaba haciendo con el más rígido capitán del gotei 13.
Se sentía perdida, como en un abismo de soledad, no podía sentir alegría alguna o tristeza o compasión por sí misma, en pocas palabras no sentía vida, y era como una muerta viviente, como un cascaron vació y solo quería sentir… lo que fuera.
Era, en realidad, una femme fatale, belleza ambigua e inquietante, una energía sexual incontrolable, personalidad atractiva y seductora, que destruída por dentro solo buscaba ver arder todo a su alrededor con la misma intensidad de su dolor. Con ganas de destruir ciudades, desatar terrores o cortar cabezas, en lucha constante entre su propia y confusa identidad, sus deseos perversos y su inocencia perdida. Le aterraba nunca poder estar con otro hombre sanamente después de Aizen. Todo lo referente al sexo le parecía perverso, retorcido y asqueroso, aún así lo anhelaba, deseaba volver a sentir su cuerpo el placer y el dolor de Aizen.
Pensó que si aceptaba a Byakuya, su fuego interior y rabia desaparecerían.
Fue tan ilusa como siempre.
Al principio Byakuya se limitó a mantener con ella conversaciones para enterarse de lo ocurrido en Hueco Mundo, Orihime no se resistió, aunque sospechaba su doble intención. Hasta lloró en su hombro y poco a poco fueron conectando.
Pero ninguno de los dos se dio cuenta que estaban siendo utilizado por el otro. Y su contacto no hubo más que una simbiosis que si bien era psicológica y carnal, jamás fue romántica. Orihime no sentía atracción alguna por el capitán, porque él no era Ichigo, ni Aizen. Cada vez que estaba con Byakuya lograba olvidar pero después se sentía decepcionada al darse cuenta de que Byakuya no era Aizen, ni remotamente.
La ryoka no cuestionó el hecho de que Byakuya se prestará a escuchar su llanto y le ofreciera su consuelo. Lo atribuyó a un sentimiento de culpa en el capitán debido al incidente con Takeda, quizás también le preocupó en algún momento la naturaleza de su mente por lo ocurrido con Aizen. Pero ella nunca le dijo toda la verdad, minimizó su llanto y omitió por completo todo lo que Aizen le hizo a su cuerpo físico. En realidad estaba tan necesitada de consuelo que el gesto de Byakuya era un salvavidas y no iba a cuestionar la ayuda.
Byakuya supo enseguida que ella sentía algo más que amistad por Ichigo, y él le confesó sin querer a Orihime lo mucho que en realidad le importaba Rukia y que si no se atrevió a nada en tantos años era como un autocastigo por haber sido indiferente y distante con ella.
Por su parte Orihime, quiso indagar de sus propias habilidades y Byakuya le despejo muchas dudas y se ofreció a entrenarla en lo que Aizen llamó "habilidades que son capaces de ir más allá de los designios de Dios o la negación de los eventos."
Él mismo Byakuya se mostró intrigado y sorprendido ante la naturaleza de los poderes de Orihime, había creído que eran una especie de Kido avanzado, ya era sorprendente que un humano lograra tal proeza pero lo de la Ryoka era algo más profundo y peligroso, mucho más allá no sólo de las habilidades que podría obtener un humano, sino también cualquier otro tipo de ser. La habilidad de modificar eventos que ya han pasado, en pocas palabras, cambiar el tejido de la realidad a voluntad.
La sola idea de que Aizen pretendiera y hubiera tenido la oportunidad de usar una cosa así, las implicaciones eran aterradoras. Y confirmó algunas sospechas del capitán general.
Orihime se sentía agradecida con Byakuya y entendía que si en parte había aprendido a vivir con lo que le hizo Aizen, Byakuya había sido parte del proceso de recuperación. pero sutilmente empezó a seducirlo, no sabía muy bien porqué, fue algo inconsciente. Quizás fijaba en él todo su rencor, porque representaba exactamente lo que había empezado a odiar de ese lugar. Quizás porque era hermano de Rukia, quién no se apartaba de Ichigo y muchas veces le negó la posibilidad de verle. Quizás quería herirla a ella.
Orihime, con su aparente inocencia e ingenuidad, pudo desarmar tan fácilmente la armadura de Byakuya, helada y hermética, que él apenas si se dio cuenta de ello.
Con el tiempo no solo Orihime se desahogaba, Byakuya empezó a contarle cosas de sí mismo. Aunque ella era amiga de Ichigo a quien consideraba un rival, era una persona fuera de su mundo y sus reglas, pero sobre todo alguien que tarde o temprano se marcharía de la sociedad de almas a su propio mundo.
Sin que se dieran cuenta, se fiaban el uno del otro, se habían hecho amigos. Conversaban algunas veces en el día o si coincidian en las comidas, eran lo suficientemente cordiales entre ellos y aunque en las noches se veían en secreto, la mayor parte de esas veces fue Byakuya quien llevó la iniciativa del encuentro. Ya no se decía a sí mismo que era parte de su misión, reconocía que disfrutaba las conversaciones con la ryoka, le intrigaban sus habilidades, lo desarmó su aspecto infantil, le apetecía poseer su cuerpo.
La noche anterior a su partida definitiva, fue la última que pasaron juntos. No sería ese el plan. Ichigo había despertados días atrás y cesaron los encuentros furtivos entre ellos en parte por las ocupaciones de Byakuya y que Orihime se prefirio estar en compañía de sus amigos antes de partir. Pero esa noche la soledad de la mansión se acentuó terriblemente sobre los dos.
Una celebración de despedida se había realizado en el escuadrón de Rukia, Byakuya no quiso asistir, se enclaustro en su mansión para alejarse del jolgorio. Para darle espacio a Rukia de estar con Ichigo y sus amigos, sin el peso de su presencia. Y tampoco apetecia ser testigo de la camaradería inapropiada de Rukia e Ichigo, pero ellos vivían en la negación. O eso creyó.
"Todo el mundo se da cuenta de los sentimientos de esos dos menos ellos mismos." se decía con impotencia.
Orihime si que asistió y trato de estar divertida y animada, todos estaban contentos por la celebración, era como la fiesta de la victoria. Una parte de ella lamentaba la derrota de Aizen, y pensaba en él. No podía sacarlo de su mente. Y para empeorar las cosas Ichigo y Rukia andaban raros, alejados el uno del otro como evitándose entre sí.
Se sintió bien por eso, aún así Ichigo no le prestaba atención para nada. trato de divertirse para sacar esos pensamientos negativos.
Lo logró durante un buen rato. Pero al tiempo llegó Matsumoto proclamando tener el chisme del siglo.
—¡Ya supieron!, ¡ya supieron!— llegó gritando eufórica y animada. Todos estaban expectantes a lo que estaba por decir —Ichigo y Rukia se han esfumado misteriosamente de la celebración.
Y la noticia le cayó como balde de agua helada a Orihime. No se habia percatado de cuando se habían ido, pero hacía buen rato que nadie sabía de ellos o donde estaban. Todos empezaron a cotillear de que era lo que estaban haciendo esos dos. También era muy comentado por todos que Rukia se marcharía con Ichigo al mundo de los vivos en una supuesta misión especial. Otro golpe. Orihime bromeo con ellos un poco para no verse descubierta. Pero al poco se despidió de la fiesta alegando estar cansada. Mientras regresaba a la mansión Kuchiki los percibió, a Ichigo y a Rukia
Percibió la fluctuación de sus presiones espirituales agitadas y frenéticas, presas del impetuoso deseo, poseyendose entre sí con vehemencia. Y con su corazón hecho trizas fue presa de la desesperación.
Ni se molestó en ir a sus habitaciones, fue directo a buscar a Byakuya, pero no lo encontró ni su habitación ni el jardín.
Finalmente fue Takeda, quien muy animoso le dijo donde se encontraba Byakuya: En los baños ofuro de la mansion. Y ahí fue donde lo encontró.
Un lugar encantador. Estaba todo techado, era como un salón privado, todo de madera con ventanas enormes que dejaban una clara vista los abundantes y frondoso pinos de afuera. Unas lamparas en los pilares daban una calidez excepcional e iluminaban todo en ambar.
Adentro las aguas turquesa desprendían vapor y eran contenidas por unas rocas enormes grises y lisas. Byakuya estaba ya en el estanque de aguas termales y cristalinas. En actitud solemne y relajada, con el agua hasta los hombros. Toda su ropa sobre las rocas grises.
De todos sus casuales encuentros, era la primera vez que ella lo buscaba deliberadamente. Byakuya ni se inmuto cuando la vió, le dirigió una mirada de comprensión desde el rincón del estanque. También percibió a Rukia e Ichigo. Orihime notó en su mirar cierta impotencia y desaliento por un amor imposible, y por primera vez Orihime experimento la comprensión.
A Byakuya no le preocupó que ella lo viera expuesto de esa manera. Ya estaban acostumbrados a verse sin ropa y él no protestó cuando Orihime empezó a desnudarse. Pero se puso de pie para recibirla y le extendió la mano, el agua apenas le llegaba a media cuerpo y el agua era demasiado cristalina.
Ella empezo a besarlo impetuosa, Byakuya la aceptó pero advirtió la agonía y desesperación en sus impetuosas maneras. Atribuía su brutalidad a su inexperiencia, él no tenía ni ide de lo que Orihime llevaba en la cabeza. Trato de encauzar el encuentro a algo más delicado abrazándola, algo más a su gusto.
Orihime rechazó su abrazo, y comenzó a batallar. No deseaba las tiernas y pusilánimes muestras de cariño de Byakuya. Quería un encuentro brutal, salvaje y violento, para poder ignorar su dolor y emular lo que experimentó con Aizen.
Byakuya trató de imponerse a ella, pero al final cedió y su encuentro se transformó en algo parecido a una batalla campal que hacía desbordar el agua con desenfreno.
Estuvo con Byakuya solo porque deseaba olvidar a Aizen, para arrancarlo de su mente, de su alma y cuerpo, como si se tratara de un exorcismo. Intentó desahogar su dolor con las caricias de otro, que fuera lo opuesto a lo que era Aizen. Y ese era Byakuya Kuchiki.
Pero fue inútil, a pesar de que Byakuya fue un buen amante. Ese que todas desearían, respetuoso, amable, comprensivo, galante y todo un caballero pero mientras más gentil era él a la hora de la intimidad, más deseaba ella a su perverso preferido, a Aizen y su brutalidad.
Quería arrancar de su piel y su alma las huellas y cicatrices que Aizen dejó y reemplazarlas con las tiernas muestras de pasión de Byakuya, aunque sus motivaciones le eran desconocidas, sospechaba que también deseaba ahogar sus frustraciones y agonía desasosiego que le causaba ver la atención y cuidados abnegados que su hermana le dedicaba a Ichigo.
Orihime se dejó besar, se dejó acariciar por Byakuya, pero sabía que esos besos no eran para ella.
Pero fue imposible arrancar los dolorosos recuerdos, veía a Aizen en las sombras que la luz de las velas proyectaban en el papel de arroz mientras sus cuerpos se agitaban en plena ansiedad y la marcada diferencia era lo que más la hacía desear a su captor.
Porque a pesar de las diferencias, Byakuya era shinigami como lo fue Aizen y cada que Orihime lo recordaba, sus pensamientos le traicionaba y recordaba la ferocidad con la que Aizen poseía su cuerpo que contrastaba abismalmente con la delicadeza de Byakuya; al final casi siempre ella tomaba el control y reemplazaba las delicadas caricias y gentiles besos para convertir sus encuentros con Byakuya en sexo desenfrenado, en un fallido intento de saciarse y revivir o que Aizen le hacía sentir.
Por su parte Byakuya busco lo opuesto de lo que era su hermana. La voluptuosidad del cuerpo de Orihime, era lo que la volvía lejana a Rukia, su faz de niña había escondido muy bien que era en realidad una mujer bien desarrollada e impetuosa.
Con ella, el sexo, era como una tormenta feroz, que le fue momentáneamente placentera. Estuvo con Orihime queriendo olvidar a Rukia, pero fue absurdo pensar que eso lograría apartar de su mente los celos que le provocaba verla atendiendo a Ichigo con tanto esmero y ver en sus ojos el amor que desprendían por él.
Fue un error absurdo. Él, que nunca se dejaba llevar por sus impulsos, se dejó dominar por su propia soledad y estuvo con la ryoka, con la mejor amiga de su hermana, intentando desahogar el vacío de su corazón. Pero solo logró agrandar su soledad y socavar su alma más profundamente.
Pero esa moral que él tanto se enorgullece no se apareció por ningún lugar mientras estuvieron bañándose juntos y desnudos.
Mientras hundía sus dedos en ella, haciéndola gemir de placer, agitando las cálidas aguas con su cuerpo al ritmo en que él rozaba con sus dedos sus paredes vaginales, que palpitaban y se tensaban una y otra vez.
Estuvieron ahí buena parte de la noche y finalizaron en las habitaciones de él. No había pasado la noche ahí con una mujer desde Hisana. Cuando terminaron y él ya se estaba quedando dormido con ella en sus brazos ella le hizo la pregunta más inverosimil que había escuchado jamás de una mujer.
— ¿Soy lo suficientemente digna para ti?
Sorprendido y entre sueños Byakuya le pidió que se explicara mejor.
—Quiero decir...tu eres un noble, un shinigami, un capitán. No harías esto con cualquier mujer. Entonces… ¿Yo te soy lo suficientemente digna de ello?
Le pareció extraña la pregunta y fuera de lugar, pero no responder dañaria la sensibilidad femenina de Orihime, así como no dar una respuesta adecuada y que no lo comprometa demasiado. No la había considerado con baja autoestima hasta entonces. Ahora le parecía más frágil y a la vez fuerte por llevar con dignidad en silencio lo que fue su cautiverio.
—Orihime, espero no darte una idea equivocada, pero si alguien te dice que no lo eres, entonces esa persona es la que no te merece.
Ella se quedó pensativa un momento, Byakuya trató de animarla diciéndole de que no debería ser tan derrotista.
Orihime le dedicó una gentil sonrisa y se quedaron dormidos.
A él le preocupaba que ella empezará a sentir algo por él, ya que él no podía corresponderle y había creído que ella tampoco. En parte decidió hacer esto con ella porque la creyó prendada de Ichigo. Esperaba que eso no hubiera cambiado por su culpa y la ryoka se hubiera ilusionado con él.
Pero cuando Orihime lo dejó dormido y se fué sin despedirse siquiera, sacó esa idea de su cabeza cuando supo que ya se habia marchado, quizás para siempre de la Sociedad de Almas hasta se sintió un poco ofendido y desairado. Lo habían tratado de pañuelo y ni las gracias le dieron.
Byakuya tuvo dificultades para liberarse del kido de Orihime. Para su sorpresa Renji lo estaba esperando.
—Pensé que se quedaría ahí atrapado toda la noche, Capitán— le insinuó en tono burlón.
—¿Qué haces aquí? ¿No estaba inhabilitado el senkaimon por mantenimiento? Regresaste muy rapido—
—Puede volver antes de que empezaran. Capitán, ¿Me está acusando de ser hiper-eficiente?.
A Byakuya no le hacían gracia los comentarios de su teniente. Así que este también se puso serio cuando vio que Byakuya buscaba algo.
—¿Que sucede Capitán?
—Se lo llevó…
—¿Quién se llevó que?
—Esa niña, Orihime se llevó su diario y la flor exótica.
Renji notó a su capitán más alterado de lo usual, eso no iba con él.
—¿Pero que hay en el diario de la ryoka y que importancia tiene una estupida flor?
—El diario revela que ella es aliada de Aizen, siempre lo fue y la flor es evidencia de que él está muy cerca.
—Imposible!. Aizen fue derrotado...está en prisión sellado!— protestó renji desconcertado.
—Nos engaño a todos. No es la primera vez. Y ella... esa ryoka también nos engañó. Es preciso encontrarla Renji.
—¿Para llevarla a la sociedad de almas?— quiso saber el teniente.
—No, Renji. Para ejecutarla antes de que sea muy tarde.
Y partieron en su búsqueda.
Cuando la encontraron Orihime ya no tenia en sus manos las pruebas que la incriminaban. Pero a Byakuya no le importaba. Lo había leído todo y ahora sabía exactamente lo que ella vivió en su cautiverio con Aizen. Y lo que ella sentía realmente por él.
—Me mentiste— le reclamó Byakuya. —Debiste tener un poco de valor y enfrentar tu final con dignidad—.
Orihime enloqueció al verse descubierta y se veía como un fiera herida tratando de huir. Sabía que esta vez él no sería benevolente y comprensivo, en el mejor de los casos la llevaría prisionera a la sociedad de almas. Esta vez no la dejaría escapar, apenas si había tenido energía para atraparlo en su casa pero ahora estaba con renji.
Pero estaba cansada, mojada y con apenas fuerzas de respirar. Se dejó caer al piso en señal de rendición.
—¡¿Y tú qué sabes de perder la dignidad?!— le gritó desconsolada desde el suelo Orihime— ¡si nunca te mostraste rota delante de quien te quebro!
En aquel primer instante de comprensión, Orihime acepto tristemente dos cosas: Que no podría escapar de Byakuya y que realmente ya no quería hacerlo.
Byakuya tenía razón, quizás la única forma de huir de Aizen era la muerte.
—Bien, ya me tienes. Dime ¿Ahora qué harás conmigo?— se rindió finalmente.
—Es mejor morir para ti que seguir viviendo en la posición en la que estás. Voy a ejecutarte y sellarte. Así estarás fuera del alcance de Aizen— le dijo Byakuya mientras esté desenfundaba su zampakuto.
—Gracias— le declaró ella con una sonrisa de amargura. —Por todo.
A Byakuya le conmovio la valentía con la que enfrentaba la muerte esa niña, como un guerrero orgulloso.
Le pareció que iba a las fauces de la muerte como un animal herido esperando su final y hubiera preferido no tener que hacerlo. Pero sus sentimientos no importaban.
Esa era la única manera de frenar a Aizen y de liberarla a ella de su agonía.
Una zampakuto atravesó un corazón pero no el de Orihime, Renji había atacado a Byakuya asestando un golpe mortal.
—No puedo permitirte hacer eso capitán Kuchiki, atentar contra la valiosa vida de Orihime. Aún la necesitó— y lo decía calmadamente como si se tratara de cualquier cosa, matar a un capitán.
Y se reveló como quien realmente era: Aizen Sosuke.
Orihime sintió que la oscuridad la envolvía de nuevo. Empezó a deslizarse hacia atrás, alejándose… No…, no…, no…
Gracias por su apoyo para continuar esta historia.
Espero que la disfruten.
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