Los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling. La historia es de mi autoría aunque con influencia de algunas caricaturas y demás *-*

NOTA: Lo que está subrayado son pensamientos.


Capítulo 4. HE... HERM... IONE I


Hermione se levantó de sopetón de su cama, miró en dirección al calendario mágico colgado al lado de la ventana que daba a los jardines e instintivamente cubrió su boca con ambas manos para evitar gritar por la sorpresa: la fecha martes 3 de noviembre estaba encerrada en un círculo dorado… otra vez.

"No puedo creerlo, ¡martes otra vez! Nott tuvo razón, ¡lo hemos logrado!"

La bruja se bañó y vistió el uniforme a toda velocidad, quería ver a sus amigos cuanto antes, jamás le creerían lo que había pasado en sus últimos cuatro días… definitivamente no le creerían, sería mejor no contarlo.

Cruzó la sala común, Ginny la saludó tímidamente desde una mesita que compartía con otra chica de cuarto, la despeinada castaña correspondió el saludo con una amplia sonrisa y salió por el retrato de la señora Gorda. Bajó las escaleras con brinquitos pequeños hasta el Gran Comedor.

Sus dos mejores amigos ya estaban sentados allí enfrascados en, a juzgar por los gestos de odio en sus rostros, una no tan agradable conversación.

— Harry… ¡No quiero reprobar! —dijo Ron arrugando la frente y con los labios temblorosos.

— Snape lo hace a propósito, quiere burlarse de nosotros con un trabajo imposible.

— ¡Pero yo no quiero reprobar! —insistió el pelirrojo frunciendo más el ceño. Giró la cabeza a su lado derecho y vio a Hermione acercarse a ellos—. Ah, ya está aquí.

— Buen día a ti también, Ron —respondió sin poder disimular la felicidad que ese comentario grosero le causaba—. ¿Qué les pasa a los dos? ¿Aún no empiezan su trabajo para Snape?

— Lo ha dejado apenas ayer —refunfuñó el Weasley.

— Sí, pero, ¿ya han investigado?

— Hermione, se entrega dentro de dos semanas —respondió el azabache mirando fijamente su plato de budín.

— ¡Son incorregibles!

Los tres amigos siguieron almorzando como siempre: Ron engullendo todo lo que miraba sobre la mesa, Harry llenándose el estómago con la mirada clavada en la mesa de Ravenclaw y Hermione observando a los dos, como una madre mirando a sus dos desastrosos hijos adolescentes.

Faltaban diez minutos para la primera clase, se levantaron de la mesa y caminaron a la salida.

— Espero que al profesor Binns no se le ocurra ponernos otro examen sorpresa el día de hoy —comentó Hermione encaminándose al aula 4F.

— Aunque quiera no podrá hacerlo, tenemos Historia hasta el jue…

— ¿A dónde vas, Hermione? —preguntó el de anteojos confundido—. No querrás llegar tarde a clase de Sprout.

"Pero si tenemos clase de Historia de la magia…"

La castaña prefirió no objetar y siguió a sus amigos, comenzaba a dudar del lugar donde estaba.

"Oh, no… sigo atrapada aquí. Espera… Ron es el mismo de antes pero no el de ayer, ¿qué está pasando?"

Llegando a los invernaderos vio a chicos con bufandas azul y bronce entrando detrás de la profesora, la clase la compartían con Ravenclaw. Trabajó con Harry y Ron usando el encantamiento Herbivicus para acelerar el crecimiento de un par de hongos y eliminar la plaga de una Puffapod; Michael Corner de Ravenclaw, pasó toda la clase junto con su equipo, copiando lo que el trío hacía. Curiosamente Neville siempre adelantaba a todos en esa clase, incluso a los inteligentes de Ravenclaw y los aferrados de Slytherin.

Terminando la clase, se lavaron las manos para quitarse la tierra que se les había atorado en las uñas y Hermione siguió a sus amigos, no sabía a donde debía ir, que clase seguía…

Los tres muchachos caminaron de regreso al interior del castillo, la castaña detrás de ellos a una distancia prudente para poder escuchar lo que platicaban pero sin llamar la atención evitando ser incluida.

"Tendré que estar muy atenta a lo que platiquen estos dos para poder extraer información…"

— Me gustan los martes porque tenemos Herbología en la mañana y el resto del día libre, hasta el anochecer que es clase de Astronomía —comentó el pelirrojo.

"Vaya, eso ha sido muy fácil."

— …Así tenemos tiempo para que me ayudes a practicar Quidditch, y bueno… que Hermione se vaya a sus encuentros diarios en la biblioteca a las 4:00 con Neville —agregó el Weasley mirando de soslayo a Hermione que avanzaba a sus espaldas.

— Ah, Ron —dijo Harry fastidiado—, dices lo mismo cada semana, ¡ya sabemos la rutina! Gracias.

— Pero no entiendo por qué Hermione nos ha cambiado, Harry… ¡Somos sus mejores amigos! —Ron dio media vuelta para ver a la bruja de frente y caminó de espaldas—. ¡Somos tus mejores amigos! —exclamó señalando el pecho de la castaña.

— Sabes que no le veo sentido al Quidditch, Ron, es un deporte más que…

— ¡¿Un deporte más?! —interrumpió Harry con los ojos abiertos como platos—, ya sabemos que por más libros que leas nunca entenderás el Quidditch, pero Hermione… es mejor que te guardes esos comentarios en frente de nosotros.

— Uff, como digan —refunfuñó disgustada la castaña—. ¿Vamos al Gran Comedor?

— No iremos, iré al estadio a practicar con Ron su vuelo. Te vemos luego.

— Diviértete con Neville.

Los dos magos se despidieron con un movimiento de cabeza y se fueron. Hermione caminó al vestíbulo con paso flojo sumergiéndose en sus pensamientos, nada de lo que pasaba tenía sentido, el día había vuelto a repetirse, era martes otra vez pero…

Se sentó en la mesa de Gryffindor en el comedor, sacó un libro cualquiera de su mochila y fingió leerlo, realmente estaba escuchando con atención lo que sus compañeros hablaban, necesitaba saber más de lo que sucedía en ese lugar, en ese colegio que a ella le parecía ajeno.

De acuerdo, todo parecía ser como siempre: sus compañeros de casa hablaban los mismos temas carentes de interés o se quejaban de los profesores; Lunática Lovegood siempre en su mundo, parecía no escuchar las burlas que todos le dedicaban (es más, ni siquiera notaba sus existencia); cuando Harry y Ron entraron al Gran Comedor, chicos de Slytherin, comandados por Malfoy, se reían del pálido y descuidado aspecto que el pelirrojo tenía, al parecer en sus entrenamientos había chocado contra un árbol y para su desgracia, las serpientes habían presenciado todo.

Estaban por dar las 4:00, guardó su libro devuelta en la mochila y se encaminó a la biblioteca. Al entrar, la señora Pince la recibió con su habitual cara de buitre al acecho, la saludó sin ser correspondida y se acercó a la mesa donde vio al muchachito de su mismo año y casa, Longbottom, que ya la esperaba en la segunda mesa más cercana en la puerta.

— Hola, Nev —saludó la bruja colocando sus útiles sobre la mesa.

— Ho-hola… —respondió nervioso el chico, levantándose de su asiento para arrastras la silla de Hermione para que se sentara.

— Vaya, Neville, eres muy caballeroso —elogió—, Harry y Ron deberían aprender algo de ti, son peores que un troll…

El Gryffindor agachó la mirada sonrojado, era cierto que solía ser tímido pero esta vez se comportaba de un modo más extraño.

— ¿Co-cómo te ha ido hoy, He… Herm… ione?

El mago posó sus ojos en la castaña y vio un brillo peculiar en ellos… no tenía experiencia alguna con chicos, pero había visto esa reacción en sus amigos.

"Oh no, esto no puede ser verdad…"

— Ha sido un día como cualquiera —mintió—, ahora, Nev…

— Te he traído un regalo —interrumpió con la cabeza completamente agachada, sacando con esfuerzos una caja de su mochila.

Era una cajita forrada de color rojo con un moño dorado encima. Neville levantó la cabeza con dificultad, estaba más colorado que el cabello de un Weasley y temblaba más que un perro chihuahua.

— Son cho…colates que me hizo mi ab-abuela —continuó—, son deli-ciosos, est…oy seguro que te-te van a gustar…

— Ah… gracias, Neville —dijo Hermione sin saber que más responder—, eres muy amable.

Pronto se dio cuenta que esa reunión en la biblioteca nada tenía que ver con algo de estudios, y que el chico Longbottom estaba enamorado de ella. Hermione no entendía por qué su otra yo no había sido clara con Neville antes al decirle que no sentía lo mismo por él, al parecer llevaban al menos dos meses viéndose allí a la misma hora, como si fueran citas.

— Mira a esos tortolitos, George, ¿alguna vez te los imaginaste juntos? —habló un pelirrojo alto y mayor entrometiéndose en la charla.

— Nunca, Fred, yo creía que nuestra querida Hermione terminaría casándose y teniendo hijitos con Harry —respondió otro pelirrojo igual del otro lado de la mesa.

Neville no pudo evitar enrojecer incómodo ante tal comentario.

— ¿Con Harry? Yo llegué a imaginarla como nuestra cuñada —se burló Fred Weasley.

— ¡YA! Basta, ¡¿Desde cuándo los gemelos bromistas e irresponsables vienen tan seguido a la biblioteca?!

— ¿Seguido?

— Es la primera vez que venimos…

— Desde que inició el curso.

"Lo olvidé… los vi en la biblioteca en la otra… ¿vida? ¿realidad? ¿dimensión?"

— Pero mejor los dejamos, ya vimos que interrumpimos un momento romántico.

Los dos pelirrojos le guiñaron un ojo y se fueron a grandes zancadas de la biblioteca con enormes sonrisas en sus delgados y burlones rostros.

— Discúlpalos, Nev… ya sabes cómo son ese par—resopló.

— Sí… son divertidos… Tú nunc-ca me engañarí-as con Harry… ¿verdad?

— ¡¿Qué?! —cayó en la cuenta de lo que pasaba—. No, Harry es sólo mi mejor amigo…

La bruja enmudeció, ahora entendía su relación con el chico más torpe de su curso, en ese mundo, Hermione Granger tenía una relación amorosa con Neville Longbottom.

— Gracias, Herm… ione… —contestó con el enorme alivió reflejado en su rostro—. Sé que no de-debo dudar de ti… pero él es Harry Potter… gran buscador… el niño que ha sobr-brevivido a quien-tú-sabes…

— Y mi mejor AMIGO —lo cortó la castaña, haciendo especial énfasis en la última palabra—, Harry siente un cariño fraternal por mí, y yo por él, nada más.

Hermione tomó las manos del chico y lo miró con dureza, hasta convencerlo de que lo que decía era verdad; no sabía por qué, pero sentía la necesidad de explicarle las cosas a Neville, no quería que tuviera duda de los sentimientos que la otra Hermione tuviera por él.

El muchacho enrojeció de nuevo, bajó la vista, se despidió con voz suave de la leona y le plantó un beso en la mejilla, un beso completamente inocente y tierno.

— Eres la mejor novia que puede existir… —susurró antes de cruzar la puerta creyendo que nadie lo había oído, pero la castaña se limitó a sonreír para sus adentros.

En la sala común pasó toda la noche con sus dos inseparables amigos haciendo los deberes y hablando sobre cómo era posible que El Profeta permitiera la publicación de los amarillistas artículos de Rita Skeeter en sus ejemplares. Cuando ya se iba a dormir, advirtió frente a la puerta de su dormitorio una pequeña cajita de regalo con una tarjeta torpemente escrita que decía:

.

Dulces sueños, Hermione

Neville

.

Hermione sintió una oleada de ternura, los sentimientos de Neville eran como los de un niño pequeño, tan detallista pero frágil… Ciertamente a él no le podría decir que ella no era su Hermione, creería que le miente y le partiría el corazón.

Tomó el regalo y lo abrió: era una rana de chocolate. La guardó, entró a su dormitorio y dejó el regalito sobre su buró. Esa noche se costó sin prestar atención a sus compañeras de cuarto, había pasado un día tranquilo.

Aunque Neville no fuera la persona más divertida y platicadora, se la había pasado bien. Casi había olvidado que estaba atrapada en un mundo que no era suyo y que debía buscar una solución.

"Intentaré hablar con Theodore Nott de nuevo… sí, espero que sea accesible como la última vez…"

Sin darse cuenta se quedó dormida.

Al día siguiente las cosas fueron tranquilas igual que el día anterior. Las clases de ese miércoles fueron Encantamientos y Pociones; el profesor Snape en un intento de abatir a los Gryffindor, hizo que cada uno formara pareja con un Slytherin para hacer una solución Reductora, para su fortuna a Hermione le tocó trabajar con Nott. Harry no tuvo tanta suerte con su compañero, pues le asignaron a Draco Malfoy, y a Neville la odiosa de Pansy Parkinson. A Ron lo emparejaron con Daphne Greengrass, una de las únicas chicas que no eran tan fastidiosas, pero por el hecho de ser una serpiente, a Ron le ponía los pelos de punta.

— Es una poción muy simple, tardaremos menos de diez minutos —aseguró el delgaducho.

— Sí, lo leí… disculpa, Nott, quisiera hablar de otro tema contigo.

— ¿Ahora, Granger? Primero terminemos la Solución…

— De acuerdo —aceptó desganada—, voy por el Vertisum de sapo…

— Yo traeré el polvo de mucosa humana.

Como lo había calculado el Slytherin, tardaron menos de diez minutos en hacer una solución Reductora perfecta. Vista desde el exterior del caldero, era repugnante su color verde ácido, y vista desde el interior también, además que tenía olor a podrido.

— Nott, escucha, necesito tu ayuda —dijo la castaña bajando la voz para evitar que oídos curiosos la escucharan.

— ¿Granger pidiendo mi ayuda? ¿De qué se trata? —preguntó interesado Theodore.

— Hice mal una poción, un Filtro del olvido… —los ojos de Nott se abrieron grandes, "Sí, ya la has hecho infinidad de veces…" pensó Hermione—, el caso es que inhalé los vapores producidos y… he quedado atrapada en una realidad diferente a la mía.

La bruja esperaba escuchar risas por parte del muchacho o que pensara que todo era una broma, pero no fue así.

— Te ayudaré —respondió sin rodeos—, aunque de una vez te aviso que no había escuchado efectos secundarios tan descabellados, así que si es verdad, no sé cuál sea el remedio aún…

— ¡Gracias! ¿Puedes hoy en la noche…?

— No confundas esto con una cita —dijo serio el pelinegro.

Hermione se sonrojó por tal comentario que la hizo sentir ofendida.

"Este Nott es más accesible pero menos delicado."

— ¡Por supuesto que no! —se defendió—. Estaba sugiriendo una hora para vernos y poder empezar con lo que necesito que me ayudes.

— Yo te diré cuándo, Gryffindor: si te urge tanto será el día de mañana, a las 7:00 p.m., en el…

— En el Depósito de pociones, sí —finalizó la bruja.

Theodore Nott abrió los ojos curioso porque adivinara sus palabras, pero dejó de indagar más, supuso que sería algo lógico ya que necesitarían ingredientes para hacer alguna poción.

El profesor Snape pasó por su mesa, vio la Solución sin comentar nada (acción que significaba que no había nada que criticar), e inmediatamente dijo que probaría la sustancia con un alumno, Harry tuvo ese placer.

El profesor le hizo aparecer horribles forúnculos en la cara, y luego lo obligó a beber la asquerosa Solución reductora; por los gestos que hacía el azabache, quedaba en claro que no solo tenía mala apariencia y pésimo olor, también un sabor muy desagradable. Malfoy con su típica sonrisa venenosa no perdió de vista ni un segundo, quería grabar en su retina cada instante de la clase.

Para suerte de Harry, la poción hizo el efecto que debía hacer y los forúnculos desaparecieron.

Después de la hora de la comida, Hermione se dirigió a la biblioteca a su reunión diaria con Neville; él, al igual que el día anterior, la esperaba en la misma mesa. Ella al acercarse, fue recibida con el mismo torpe y cortés movimiento de la silla.

— Hola, Herm… ione…

— Hola, Neville —saludó la muchacha sonriente.

— Te he tr-traído unas tartas de calabaza…

Longbottom sacó de su mochila una bolsa de papel con un moño dorado como decoración, con dos tartas dentro, y se la tendió a la castaña con la mirada en el suelo. Hermione la aceptó con una sonrisa y la guardó en su mochila.

La "cita" con el mago fue igual que la anterior… tanto que, parecía el día repetirse, pero estaba segura que no, el calendario ese día marcaba "miércoles", lo que pasaba era que Neville no sabía que más hacer o decir. Al dar las 6:00 en punto, se despidieron y cada uno se fue por su camino. Caminó un poco soñolienta hasta el Gran Comedor para cenar, se sentó junto a Ginny y jugueteó con un pedazo de pastel de mora, Harry y Ron no estaban por ninguna parte.

— ¡Pequeña Ginny! ¡Come libros! —dijeron a coro dos voces iguales que tomaron asiento del otro lado de la mesa.

— Fred, George… —respondió con desgano la pelirroja, mirando continuamente a la puerta como si esperara a alguien.

La castaña se limitó a asentir con la cabeza sin inmutarse.

— Nuestro número de socios se hace más grande, chicas.

— Pronto los productos Weasley & Weasley serán los más solicitados en el mundo mágico.

— Seremos famosos.

— Más que Zonko.

— ¿Quién es el nuevo socio? —preguntó Ginny.

Las dos brujas seguían sin prestar mucha atención, con la mirada perdida; Hermione entendió que a quien esperaba Ginny era a Harry (a menos que esperara a su hermano menor, pero estaba segura que no), la Weasley tenía sentimientos por su mejor amigo desde que era una niña; y ella, pues… sólo divagaba pensando en cómo solucionar su problema, el primer intento que hizo con Nott no había funcionado.

— ¡Soy yo! —dijo una voz aguda, que ya conocían bien, Lee Jordan.

— Lee, creí que tú ya eras socio de mis hermanos desde que en primer año hicieron su tienda de bromas clandestina en el baño del séptimo piso.

— Lo es —afirmó un gemelo.

— Pero también Cedric se ha unido a nosotros —acompletó el otro.

— Así es —dijo una voz masculina y atractiva.

— ¡¿Cedric Diggory?! —exclamaron tanto Hermione como Ginny a la vez, posando sus ojos en la cuarta figura que no habían visto llegar.

Cedric Diggory era un chico de Hufflepuff que estaba en último año; era un mago muy popular tanto por su habilidad mágica como por su atractivo. El muchacho les sonrió amistosamente cuando las dos chicas se lo quedaron viendo anonadas.

— ¿Por qué tú, querrías ayudar a este par de revoltosos en sus locuras? —inquirió la castaña lanzando miradas furtivas a los dos pelirrojos.

— Son chicos muy agradables y tienen talento —respondió sonriente el Hufflepuff—, además es mi último año, quisiera alegrar un poco a los más jóvenes antes de irme.

— Con tu presencia las ventas se elevarán por lo cielos —dijo Ginny embobada con el nuevo socio de sus hermanos—, digo… eres muy popular, todos en Hogwarts te conocen —la Weasley se sonrojó y desvió la mirada.

— Ya veo, a las dos brujitas las pone nerviosas el guapo mago —interrumpió Lee Jordan con una enorme sonrisa en su moreno rostro.

— ¡JORDAN! —gritaron enfadadas y apenadas las dos Gryffindor.

En la sala común rojo escarlata que se ubicaba detrás del cuadro de la Señora Gorda, después de la cena, Hermione tomó lugar frente a la chimenea y avanzó con los deberes que habían dejado ese día: una de sus grandes virtudes es que recién dejaban tareas los profesores, ella las hacía, por eso no tenía problema en cumplir en todas las asignaturas aunque un día despertara y no supiera nada de los meses pasados.

Agotada, dejó sus apuntes a un pelirrojo y un azabache que le habían rogado durante toda la noche por ellos para hacer (a última hora) sus deberes del día siguiente y se fue a su habitación compartida a dormir. Al subir las escaleras y llegar a la puerta, encontró un pastelillo con glaseado, sobre el cuál descansaba un pedazo de pergamino con un mensaje:

.

Descansa, mi bruja favorita

Neville

.

Hermione mordisqueó el regalo complacida, nunca le habían obsequiado algo tan cursi antes de dormir, es más, nunca había tenido un acercamiento sentimental con algún chico; ahora podía comprender a su otra yo que vivía en ese mundo: después de conocer ese lado tan atento del Longbottom, era fácil sentir algo por el torpe muchachito.

Se acostó en su cama, cerró las cortinas del dosel y pensó en el siguiente día: en la noche se reuniría con Nott para tratar de arreglar el enredo en el que estaba metida, las cosas volverían a su lugar; aunque sabía que extrañaría el lado amable que acababa de conocer de Neville. Una vez la bruja en su vida correcta, se tomaría el tiempo para conocerlo bien, no le cabía duda que ambos Nevilles serían iguales, después de todo los dos habían tenido la misma vida, a excepción de los últimos meses.


Hola :)
Por fin he podido actualizar, me gustaría que dejaran reviews de qué les parece la historia :3

Ya trataré de actualizar más seguido, nos leemos pronto