¡Hola, hola! Me siento bastante satisfecha con el resultado de este capítulo, espero que lo disfrutéis. ¡Besos!
Capítulo 4
Silencio. La habitación estaba sumida en un silencio sepulcral, que era levemente alterado por los intranquilos pitidos que emitía una máquina, cuya función era controlar los latidos del corazón de mi amigo.
Lina había salido al pasillo hacía unos minutos, dispuesta a informar al resto de compañeros del orfanato lo ocurrido. Aún así, no fue capaz de retener las lágrimas cuando volvió a asomarse, antes de cerrar la puerta tras ella.
Yo permanecí dentro, sin poder mirar a aquel chiquillo con el que había compartido casi toda mi vida, pero que ahora se encontraba en coma por mi culpa.
Había sido un accidente de tráfico, según la policía. Un balón muy pesado impactó contra un camión, e hizo que este modificara drásticamente su rumbo, ocasionando un fatal accidente, en el que se vio envuelto mi mejor amigo.
El balón nunca apareció, los agentes nos dijeron que se desintegró, y no había quedado ningún rastro de quién había podido chutarlo, ni ninguna pista que explicase un porqué.
Pero yo sabía perfectamente qué balón era; un balón negro, que emitía destellos rojos cuando era chutado por cualquier persona familiarizada con la piedra Alius. Era mi balón negro, el mismo que había utilizado cuando era capitán del Prominence, el mismo que debería haber desaparecido en la explosión, el mismo que ha provocado este accidente.
Por primera vez, levanté la mirada para comprobar el estado de mi amigo, pero me arrepentí al segundo, al ver cómo su inexpresivo rostro se encontraba lleno de magulladuras y arañazos, seguido de sus brazos, pero no pude seguir con las piernas, ya que se encontraban tapadas por las finas sábanas blancas del hospital.
No pude evitar que mis ojos volvieran a aguarse al ver a Bryce así; él no les había hecho nada, sólo intentaba ayudarme, pero por mi jodida culpa ahora se encontraba en una camilla de hospital, sin saber cuándo volvería a despertar, o incluso si volvería a hacerlo algún día.
-¿Ves? Esto es lo que le pasará a aquellos que decidan ayudar a un inútil como tú, Claude- esa voz de nuevo, no puedo retener mis ganas, y comienzo a llorar silenciosamente.
-¿Por qué? ¿Por qué ha tenido que ser él? ¡Esto es conmigo, no tenías que haberle metido en esto!- digo entre lastimeros sollozos, mientras limpiaba algunas lágrimas de mi rostro, por el que brevemente caerían más.
-Tal y como tú has dicho, esto es entre tú y yo- me sorprendo al oír esto- pero, tú le metiste en esto al contarle de mi existencia, ¿o no es así?- la arrogancia de la que una vez fue mi voz me hiere, y más aún el hecho de que haya sido yo el que ha mandado a Bryce al hospital.
-¿Qué quieres de mí?- tras decir esto, vuelvo a llorar desconsoladamente, sin esforzarme lo más mínimo en retener las lágrimas.
-Quiero que me dejes al mando- no puedo aceptar esa petición, sería algo como vender mi alma al diablo, no puedo recaer. No puedo hacerlo.
-¿Por qué has vuelto? ¿Quién te ha hecho volver?- pregunto a la nada, mirando a mi alrededor.
-Por venganza- dijo con énfasis en la última palabra- te daré un tiempo para que medites tus opciones- dicho esto, la voz no volvió a hablar en lo que quedaba de tarde.
¿A qué se refiere con dejarle al mando? Y, ¿qué mierda significa que ha vuelto por venganza? ¿Qué está pasando?
Me pasé las horas muertas en la habitación, algunos chicos del orfanato vinieron a ver a su amigo, pero ninguno era capaz de pasar mas de diez minutos sin derrumbarse. Lina entraba de rato en rato, convenciéndose de que todo estaría bien, pero cuando veía a Bryce en esa camilla, toda esperanza la abandonaba, volviendo al principio del ciclo.
Yo, por mi parte, no paré de darle vueltas a las palabras de esa voz, y cuando me quise dar cuenta, el horario de visitas había acabado, así que me levanté de la silla en la que me encontraba, y seguí a la enfermera hasta la puerta. Al llegar al marco, me giré para ver a mi amigo una última vez.
-Adiós, Bryce- dije, sintiendo como las lágrimas volvían a agolparse en mis ojos- lo siento mucho- susurré, sintiendo como una lagrima solitaria se deslizaba por mi mejilla izquierda.
Esa tarde no hubo niños jugando en el jardín, ni risas, ni sonrisas, ni felicidad. Sólo tristeza. Nadie se atrevía a decir nada, algunas chicas que habían compartido equipo con él algunos meses atrás lloraban desconsoladas en sus respectivas habitaciones, nuestros amigos estaban devastados, preguntándose cómo había podido suceder tal tragedia.
Pero sólo yo lo sé, y lo peor de todo es que es culpa mía.
Pronto anocheció, y pocos fueron los que bajaron a cenar, mas nadie terminó su plato. Todos estaban impactados, tristes, pero, sobre todo, preocupados. No se podía decir que se llevaran todos bien con mi mejor amigo, pero aquí todos somos una gran familia, aunque no nos guste admitirlo, y nos duele cuando algo malo le pasa a alguno de nosotros, como es el caso.
Extrañamente, hubo un momento en el que tuve esperanza y decidí salir de la habitación y que me diera un poco el aire, pero jamás pensé que me encontraría aquel panorama.
En el pasillo se encontraba una chica bajita, con un largo bello pelo morado, dándole fuertes patadas a un balón de fútbol, el cual rebotaba en las paredes, provocando fuertes estruendos. Bryce y ella eran muy cercanos, y era bien conocido por todos que ambos compartían sentimientos más allá de la amistad, y ellos tampoco se esforzaban en negarlo.
No la había tratado mucho, pero era bien conocida por reaccionar de manera impredencible frente a situaciones difíciles, aunque hacía tiempo que no perdía los estribos de esa manera, pues mi amigo conseguía tranquilizarla con tan sólo un par dd palabras.
Pero ahora él no está, y es culpa mía.
Decidí volver a entrar en el cuarto, sólo quería llorar. No me apetecía hacer nada, quería que toda esa tristeza que llevaba dentro me consumiera de una vez por todas, para así no sentir más este sentimiento de culpa que no me dejaba vivir. Pero era imposible, así que intenté dormirme, cosa que conseguí a los pocos minutos.
…
Abro los ojos y no veo nada, sólo oscuridad, pero, poco a poco, mi vista se va aclarando, y reconozco dónde estoy enseguida; el hospital.
Me encuentro en la habitación de Bryce. Sobre su cama, hay un reloj que marca las 00:12, una hora que perfectamente podría ser posible, ya que me acosté sobre las doce menos diez, por lo que hay posibilidad de que sea la hora correcta actual.
Decido acercarme a la cama de mi amigo; seguía exactamente igual que esta tarde, y realmente no sé si eso me tranquiliza o me preocupa.
-¿Lo has pensado ya?- me sobresalto al oír una voz a mi espalda. Me doy la vuelta bruscamente, asustado, buscando al portador de esa voz.
-Se acaba el tiempo, Claude- esta vez la oigo a mi derecha, así que me giro lentamente hacia ese lado, y cuál fue mi sorpresa al encontrarme conmigo mismo, qué digo, me encontré con quien, en un pasado, fue conocido como Torch, vestido con su equitación del Prominence, con el balón negro bajo su pie izquierdo, y con esas macabras líneas bajando por sus mejillas, terminando en su típica sonrisa arrogante.
Si un par de pasos atrás, asustado, cosa que hizo que su sonrisa arrogante se ensanchara aún más.
-¿Lo has pensado ya, o qué?- repitió, acercándose a mí.
-No pienso dejarte hacer lo que sea que quieras hacer, por lo menos con mi ayuda- sentencié, o eso creía, pues él rió al oírme, cosa que me extrañó en cantidad.
-Que iluso eres, Claude- dice, girándose a mi amigo- no me queda otra entonces- el balón comienza a brillar con fuerza, y de pronto, se oyen unos pitidos.
-¡No! ¡Para!- grité, al ver cómo el monitor que mostraba los latidos de Bryce dibujaban grandes altibajos, muy seguidos. Miré el rostro de mi amigo, y veo cómo su expresión ha cambiado, cosa que me sorprende y asusta al mismo tiempo; tiene el ceño fruncido, y aprieta los labios fuertemente.
-La krypyonita es lo que le ha salvado la vida- dice, y me giro hacia él- en su momento, no sintió el impacto del accidente, porque la kryptonita lo absorbió, pero, ahora que la he desactivado, está comenzando a sentir todo el dolor de antes.
La kryptonita era una de las muchas sustancias que conformaba la piedra Alius; se encargaba de absorber los dolores y molestias por los esfuerzos, y nos permitía poder explotar nuestro potencial sin sentir ninguna repercusión muscular. Por eso, cuando apagabas el moderador, sentías dolor, porque, realmente, lo único que hacía era mantener la kryptonita activada.
El aparato seguía pitando, cada vez más rápido. Me entra el pánico y no sé qué hacer, es su vida o mi libertad.
Me acercó a Torch, y le miro a los ojos, veo cómo ensancha su sonrisa aún más, mientras me mira desafiante.
-Creo que has tomado la decisión correcta- en el momento en el que dice esto, el balón vuelve a brillar, y el monitor vuelve a la normalidad, a la vez que el rostro de mi mejor amigo se relaja.
-Júrame que no vas a hacerles nada, ni a él- dije mirando a Bryce- ni a nadie- concluyo.
-Yo no voy a ser el que haga las cosas a partir de ahora, ese es tu trabajo- me dice, pero paso por alto su comentario.
Torch levanta una de sus manos, y la coloca a la altura de sus hombros, con su palma mirándome a mí, y me la acerca lentamente.
Yo le imito, y justo en el momento en el que nuestras manos están a punto de tocarse, miro a mi amigo por última vez.
-Lo siento mucho, Bryce- susurro, y en ese instante, uno ambas manos.
Lo próximo que siento es como una sonrisa arrogante se instala en mis labios, y como ya no hay ni rastro de Torch; porque ahora, yo soy Torch.
¡Pues ya está! Espero que os haya gustado mucho. :) Podéis dejarme críticas constructivas y vuestras impresiones en una review, espero leeros. ;)
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece, es propiedad de Level-5.
