Bueno, antes de nada debería disculparme por la tardanza, pero he tenido una buena razón: ni siquiera estaba segura de si debía publicar este capítulo o pasar directamente al siguiente. Ya advertí que aquí habría una explicación de la relación entre Severus y Bella, pero no me conformé con eso. La primera parte del capitulo es básicamente lo mismo que la primera parte del anterior, pero desde el punto de vista de Bella…y un poco más completo. Es decir, esto es un poco más gráfico, y es la primera vez que escribo algo así, asi que disculpad la torpeza con la que lo he hecho. Si eso no os interesa, simplemente pasad directamente a la segunda parte del capítulo (ambas partes están separadas por una línea, como siempre), la historia se entiende perfectamente así. Simplemente tenía ganas de escribir algo así. Ah, para compensar, y como Severus y Hermione aún no pueden estar juntos, al final hay un pequeño regalo.

Capitulo 4: La fuerza del pasado

'…Y Black… quiero decir, tu primo, le lanzó un hechizo que lo dejó boca abajo. Entonces apareció Evans, para defenderle, pero Severus no quería que le defendiesen. La llamó Sangre Sucia, y ella ahora está enfadada con él.'

Bella miró fijamente a Linda Lovejoy. Era probablemente la Slytherin más cotilla de la historia de Hogwarts, pero por ese mismo motivo era la mejor fuente de información cuando todo lo demás fallaba.

'¿Dónde está ahora Severus?' preguntó, emanando toda la dulzura que poseía. Los de los cursos superiores adoraban su carácter y solían hacer lo que Bella les pedía solo porque era amable y cariñosa con todos. Linda no hacía nada gratis, y lo último que Bella quería era deberle un favor a una Slytherin mayor que ella. Pero por Severus se arriesgaría.

'Sabes que no doy información gratis, Bella…' sonrió Linda 'Lo otro te lo dije porque es del dominio público, cualquier alumno de quinto te lo contaría encantado. Pero si quieres esa información tendrás que hacer algo por mí.'

'No te andes con rodeos. Qué tengo que hacer.'

'En realidad no es precisamente para mí, es para todos los Slytherin. Arranca a ese idiota de la esquina donde se ha escondido y tráelo de nuevo al redil.'

Bella alzó las cejas, sorprendida de lo extraño de lo que le pedía Linda.

'¿Qué quieres decir?'

Linda suspiró sonoramente y cogió del brazo a Bella.

'Severus está en la entrada de la sala común de Gryffindor. Lleva sentado allí horas, por suerte solo le han visto unos pocos Gryffindor que se han reído de él, pero que ni siquiera le han dicho a Evans que él estaba allí fuera. Simon y Jason estaban preparando una broma para los Gryffindor y vieron allí a Severus. Trataron de hacerle volver a nuestra sala común, pero parece ser que no hubo manera. Están los dos en la enfermería.'Bella contuvo el aliento, Simon y Jason eran los golpeadores del equipo de Quidditch de Slytherin. Los dos estaban en séptimo. Sevi daba verdadero miedo cuando se enfadaba. 'Tú tendrás que traerle de vuelta. No podemos permitir que deje en ridículo a Slytherin. No se como lo harás, pero tienes que hacerlo, Bella.'

Bella se estremeció, por supuesto que lo haría. Solo esperaba que Severus no le hiciese demasiado daño.

Rápidamente se puso en pie. Era medianoche y si le pillaban por los pasillos estaría castigada una semana. Pero no sería nada comparado con los puntos que le quitarían a Severus si le pillaban en la sala de Gryffindor más tarde. Él no le caía tan bien como ella a nadie.

Se dirigió a la entrada de la sala común, solo para frenarse en seco y correr a su cuarto. Tenía algo allí que convencería a Severus mejor que las buenas palabras.

Mientras buscaba la botella en su baúl se le ocurrió un plan que podría funcionar. Podría funcionar incluso MUY bien.

Sigilosamente se movió por los pasillos desde las mazmorras hasta la torre de Gryffindor. Y allí, sentado en una esquina, tal y como había dicho Linda, estaba Severus. Con la cabeza escondida en la rodillas. Su cuerpo se sacudía como si estuviese llorando, pero no emitía ningún sonido. Bella se arrodilló a su lado y con la punta de sus dedos rozó su cabello negro. Los Gryffindor se metían con él, diciendo que estaba grasiento. Bella sabía que no era cierto, el cabello de Severus era muy, muy fino, tan fino que no se enredaba aunque lo hicieses a propósito. Su tacto era como la seda, y él siempre lo llevaba largo, porque sabía que a Lily le encantaba tocarlo. Y a cualquier chica le hubiese gustado. Bella suspiró imperceptiblemente y apartó los dedos del cabello del único chico al que había querido en su vida.

'Severus…' murmuró. El chico levantó la vista y Bella comprobó que realmente había estado llorando. Sus ojos estaban rojos e hinchados. Durante un instante Bella descubrió que Severus la había mirado con… ¿esperanza? Pero en seguida esa mirada fue reemplazada por otra de indiferencia. La había confundido con Lily. Bella cerró los ojos con fuerza. Odiaba a esa mujer por encima de todo. La odiaba porque manipulaba a Severus, la odiaba porque no quería a nadie más que a sí misma, la odiaba porque tenía todo lo que a los demás se le negaba. Bella no podría matar a nadie, pero si pudiese mataría a Lily Evans. Si fuese capaz de hacerle daño a alguien sería a Lily Evans, por lo que le había hecho a Sevi.

Cuando Bella abrió los ojos comprobó que Severus la estaba mirando fijamente, como quien busca un desperfecto en algo que es aparentemente perfecto. Estaba dolida, muy dolida. Siempre perdía en ese escrutinio. No importaba cuanto le quisiese, jamás estaría a la altura de Evans a los ojos de Severus, ni siquiera cerca.

'Levántate, Sevi. No permitas que los Gryffindor te vean así.' Gruñó, con la esperanza de que su orgullo Slytherin le moviese de allí. Por supuesto no funcionó y el chico de nuevo escondió la cabeza entre sus rodillas. Bella sonrió y sacó la botella de whisky de entre sus túnicas. La favorita de Severus.

'… tengo Whiskey de Fuego…'

Sabía que eso bastaría para sacar a Severus de su estado catatónico, asíque se puso de pie y le tendió una mano a su amigo, que él cogió con pulso tembloroso. Suavemente lo llevó de la mano lejos de la torre de Gryffindor, lejos de Lily Evans. Cuando estaban llegando a la esquina por la que se bajaba a las mazmorras Severus empezó a temblar de nuevo, y Bella supo que estaba llorando. Le apretó la mano y cambió de dirección. Severus necesitaba ver algo bonito mientras bebía, y la sala común de Slytherin no era precisamente el mejor lugar del mundo para emborracharse. Conocía el lugar perfecto. El lugar que más veces la había visto llorar a ella, nunca lo había compartido con nadie, pero Severus en ese momento lo necesitaba desesperadamente.

En cuanto llegaron al refugio de Bella ella se sintió desprotegida, indefensa. En su primer curso había descubierto ese lugar tras una discusión con Severus. Se enamoró al momento de su belleza mágica, y pasó varias semanas investigando algún hechizo que protegiese el lugar. Quedaba oculto de la vista del castillo por los árboles del bosque Prohibido, pero ella además consiguió que nadie pudiese atravesar ese pequeño fragmento de tierra si no estaba acompañado de ella misma. De hecho ni siquiera se podrían dar cuenta de que ese sitio existía simplemente paseando por el Lago. Bella estaba muy orgullosa de su hechizo. No en vano era la bruja más inteligente de su curso. Probablemente de todo Hogwarts si no fuese por Evans.

Bella había convertido aquel pequeño pedazo de tierra en un círculo mágico, en el que se condensaba una energía mágica inconmensurable. Había utilizado energías del Bosque y del propio Lago y las había canalizado en su beneficio. Sabía que cualquier Gryffindor catalogaría ese acto como Magia Oscura, pero en realidad no era así. La magia no es blanca o negra por naturaleza, sino dependiendo del uso que se le de. Las intenciones de Bella era completamente honestas, asíque su hechizo era inofensivo. Y de todos modos cuando ella dejase el colegio el hechizo se desvanecería.

Compartir con Severus aquel pequeño secreto, aquel pedacito de magia ilegal y de belleza sobrenatural… la hacía sentirse completamente vulnerable.

Temblorosa, se sentó a la orilla del agua y se quitó los zapatos para sumergir los pies en el agua helada del Lago. Severus se sentó a su lado, y ella le ofreció la botella. Sentía que debería decirle algo a Severus, pero… no tenía ni idea de qué decirle. ¿Qué esa chica era una idiota? ¿Qué ella no sabía lo que se perdía? Severus no apreciaría esas opiniones. ¿Qué ella le manipulaba? ¿Qué le engañaba y le utilizaba? Eso simplemente no se lo creería. ¿Qué con el tiempo se le olvidaría? ¿Qué lo superaría? Si, probablemente eso era lo más correcto.

'Ahora todo te parece terrible, Sevi, pero con el tiempo comprenderás que probablemente esto es lo mejor que te podía pasar…'

Bella observó atentamente la reacción de Severus. Él no dijo nada, pero se descalzó y metió los pies en el agua con ella. Le dio un largo sorbo a la botella y empezó a hacerle cosquillas bajo el agua con los dedos de sus pies, arriba y abajo, por la parte sumergida de sus piernas. Bella sufrió un escalofrío, pero ni ella misma sabía si era por el frío o el placer.

'Hum…' gruñó Severus cuando ella empezó a responder a sus movimientos. Sin embargo no se apartó. Y Bella se aferró a la posibilidad.

'Severus… si quieres… yo puedo ayudarte a olvidarla…' Bella no se atrevía a mirar a Severus. Sabía que la rechazaría. Ella nunca estaría a la altura de Evans. Jamás. La rechazaría incluso así, borracho. Ya se había bebido una buena parte de la botella.

'Nunca te utilizaría de esa forma, Bella. Te mereces algo mejor que yo.' Murmuró Severus. La típica excusa. Bella sintió que las lágrimas estaban también al borde de sus ojos. Al menos no había sido cruel. Pero eso no era justo. No era justo que utilizase una excusa que no era verdad. Y ella no podía permitir que él se escondiese tras una mentira, prefería la verdad, aunque doliese. Que ella no era digna, que ella no estaba a la altura de él. Quería oírlo de sus propios labios. Estaba harta de perseguirle y ser rechazada con palabras amables. Si quería rechazarle ahora tendría que ser un poco más convincente.

'Yo no quiero algo mejor que tú. Severus… te quiero a ti.'

Sin titubear cogió suavemente la barbilla de Severus, para mirarle a los ojos. Los tenía muy hinchados, pero la miraba con una intensidad que nunca había visto, jamás. Probablemente era producido por el alcohol, pero detrás de ese alcohol había algo más. Cariño, respeto… ¿admiración? Sabía que no era amor, pero también sabía que sería lo máximo que conseguiría de él, así que sin dudar un instante se inclinó sobre él y le besó en los labios.

Lentamente. Dulcemente. Depositó todo el amor que sentía por él en aquel beso, convencida de que le rechazaría, de que la apartaría con suavidad y le diría que solo eran amigos, que no complicase las cosas.

Por eso se sorprendió tanto cuando él no lo hizo.

Al contrario. Severus la rodeó con sus brazos y apretó. Apretó sus brazos alrededor de su cuerpo y apretó sus labios sobre los de ella. Respondió a su inocente y tentativo beso con una intensidad que hizo que el mundo de Bella se tambalease. Tenía los ojos cerrados, pero veía luces de colores tras sus párpados, y una sensación de vacío pero de hormigueo en el estómago tan fuerte que con cada latido de su corazón (¿o era el de Severus? Estaba tan cerca que no sabría decirlo) se extendía hasta la punta de sus dedos y hasta los pies, que ahora estaban fuera del agua.

Y estaban fuera del agua porque Severus la había hecho tumbarse sobre la hierba con el peso de su cuerpo sobre el de ella. Bella no podía respirar, pero sería una muerte dulce, morir aplastada bajo su peso, con su boca firmemente sobre la de ella.

Pero de repente sus labios ya no estaban sobre los de ella, y aunque Bella ya podía respirar, no quería hacerlo, no quería abrir los ojos y ver el arrepentimiento en los de él. Sin embargo abrió los ojos, y al momento se alegró de haberlo hecho, pues no vio ningún arrepentimiento, sino una pasión casi animal. Era como si alguien hubiese puesto dos hogueras tras aquellos profundos ojos negros. Solamente mirarle a los ojos en aquel estado hacía que Bella notase cosquilleos en partes de su cuerpo que antes ni siquiera sabía que existían. Daría cualquier cosa por que la volviese a besar.

'No puedo decir que te amaré, porque no es cierto. Nunca será cierto, Bella. Si haces esto… no se repetirá jamás. No estaré contigo.'

Bella sintió que las lágrimas acudían a sus ojos, pero las sujetó con fuerza donde quiera que se estuviesen formando. Tomaría todo lo que él le pudiese ofrecer en ese momento, sin preocuparse de qué podría pasar mañana.

'Lo se… lo se, Sevi. Y no me importa. Se lo que piensas de mi.' Bella no podía contener más las lágrimas mientras le miraba a los ojos, por eso apartó la vista un segundo, el segundo en el que se recordó a sí misma que jamás estaría a la altura de él, que ella era una pobre niña insignificante, y que él jamás se habría fijado en ella. Sin sospechar siquiera que eso era exactamente lo opuesto de lo que Severus pensaba. 'Pero… por una noche… sólo por esta noche, hazme sentir especial… hazme sentir que te merezco…'

Severus frunció un poco el entrecejo, como si no entendiese muy bien lo que acababa de oír. Pero justo en ese instante Bellatrix volvió a mirarle a los ojos y ella pudo observar como aquella llama de pasión que brillaba en sus ojos se avivaba. De nuevo la besó y ella cerró los ojos con fuerza, sin darse cuenta de que abría la boca. Gesto que él tomó como una invitación, sin sospechar siquiera que la niña que tenía entre los brazos jamás había hecho algo así y que estaba muy sorprendida de lo sensible que podía ser su cuerpo bajo las atenciones de Severus, que lo recorría con cuidado y dulzura, pero también con pasión y lujuria.

A pesar de la firme determinación de su corazón, Bella estaba aterrorizada. ¿Y si no le gustaba su cuerpo? ¿Y si le parecía demasiado niña? Sin embargo todas esas dudas se disiparon en cuanto él terminó de desabrochar la túnica, dejándola solo con su ropa interior. Se puso de rodillas y la miró desde arriba.

'Eres preciosa, Bella. Un auténtico regalo de los dioses…' murmuró, antes de inclinarse sobre ella, para tocar tentativamente uno de sus pechos. Bella se rió levemente y se incorporó.

'Espera… esto no es demasiado justo…' comentó la chica, refiriéndose a que ella estaba casi desnuda y él estaba completamente vestido. Él se encogió de hombros y ella empezó a desabrochar su túnica con manos temblorosas. Había algo en su gesto que le decía que él no estaba acostumbrado a que le tuviesen en cuenta. Eso era muy injusto.

Recordando lo que él había hecho por ella, le besó suavemente en los labios, en la cara y en el cuello, para ir bajando lentamente mientras desabrochaba su túnica.

Descubrió que Severus era muy sensible en algún punto de su cuello, que si lo tocaba con los labios o las manos él se estremecía muchísimo y apretaba las manos que tenía firmemente cerradas alrededor de sus brazos.

Cuando la túnica de Severus estuvo en el suelo, al lado de la de ella, él lo tomó como una licencia para reanudar su exploración del cuerpo de su amiga. Con delicadeza y agilidad desabrochó el sujetador de Bella y se quedó con él en la mano mientras ella se recostaba de nuevo en la hierba, colorada como un tomate. Severus se echó a reír con toda la inocencia del mundo.

'Ahora sé que no tenías pensado seducirme, hoy.' Comentó, mirando de cerca el estampado de ositos que adornaba la ropa interior de Bella. Ella se puso todavía más colorada.

'Lo sien…¡oh!' Había empezado a disculparse, pero mientras lo hacía, Severus ya había descartado la prenda y se había inclinado sobre ella, haciendo algo en sus pechos que le hizo arquear la espalda del placer. De repente Bella fue consciente de que la última prenda de ropa que le quedaba estaba muy húmeda. Que vergüenza.

Sin embargo ese pensamiento solo estuvo en su cabeza medio segundo, pues Severus se dirigía precisamente al motivo de su vergüenza.

'Hmmm…'murmuró… Decididamente le quitó la ultima prenda de ropa y con suavidad separó sus piernas, situándose en el medio.

Bella temblaba fuertemente pero no estaba segura de si era por el frío, por el miedo o por el placer. Probablemente era por los tres.

Con delicadeza, Severus se tumbó sobre ella. Y susurró en su oído.

'¿Estas lista o quieres más… preparación?'

Bella se preguntó durante una fracción de segundo si era posible estar más preparada todavía, pero tenía muy clara su respuesta.

'Si, si… por favor, Severus…' gimió, clavándole las uñas con fuerza en la espalda. Podía notarle. En algún momento se había quitado su propia ropa interior y ella podía notarle. Duro y firme. Cerró los ojos con fuerza.

Que miedo.

'Bella… mírame a los ojos. Por favor… quiero saber cuando te duele, para poder aliviar el dolor. Es tu primera vez. Te dolerá. Mírame Bella.'

Bella abrió los ojos y le miró. Él le sonrió, con una de esas sonrisas que seguramente solo había visto Lily. Y mientras sonreía lo hizo. Le dolía, y Severus lo vio, y al momento hizo algo que alivió el dolor, completamente. Y entonces Bella ya solo sintió placer. Hasta un punto en que ya no era consciente de donde estaba. Hasta el punto en que sus jadeos eran tan fuertes que eran casi gritos. Y después eran gritos. Gritos en la oscuridad, protegidos por su hechizo, ocultos a todos.

Cuando hubo terminado, Severus permaneció un momento en su interior. Todavía mirándola a los ojos, y sonriendo. Y la besó, muy dulcemente.

Después rodó a su lado y usando las túnicas como mantas murmuró:

'Una hora de descanso y luego seguimos. Si solo va a ser una noche, mejor hagamos que sea inolvidable.'

Esas palabras hicieron que Bella se estremeciese profundamente, y aunque estaba convencida de que sería incapaz de dormir, sí lo hizo, protegida y rodeada por Severus.


Los adolescentes estaban tan sumidos en descubrir y explorar el cuerpo del otro que en ningún momento fueron conscientes de lo que pasaba a su alrededor. Pero lo cierto es que algo sí había ocurrido. En el momento justo en que el cuerpo de Bellatrix y el de Severus se unieron la magia del lugar los rodeó completamente, haciendo de su unión, algo todavía más mágico de lo que ya era de por sí.

Un pequeño resplandor los rodeó durante un segundo, y durante ese segundo los dos fueron testigos inconscientes de algo que no se producía con demasiada frecuencia: pudieron sentir lo que el otro sentía, como si fuese una vivencia propia. Ninguno de los dos fue consciente en ese momento, pero tiempo después, tratando de encontrar una explicación a lo que estaba ocurriendo en sus vidas llegaron a la conclusión de que había sido el círculo mágico.

Al principio no había sido mucho: una pequeña sensación de alegría que se producía en Bella sin ningún motivo, o una súbita desazón que embargaba a Severus y lo obligaba a esconderse en algún lugar y llorar sin motivo. Poco a poco fueron enlazando esas sensaciones con situaciones reales: un aprobado de Severus y las Gryffindor metiéndose con Bella.

'Empatía.' Había proclamado Severus con la nariz enchufada en un libro polvoriento. 'Aquí dice que las sensaciones muy fuertes entre dos personas dentro de un círculo mágico pueden unirlas a través de la empatía fuera del círculo.'

'Lo siento.' Musitó Bella 'debí advertirte de que estábamos en un círculo mágico.'

A ella no le importaba compartir esa empatía con Severus, pero comprendía que seguramente para él no era tan agradable compartir las sensaciones de una cría.

'¡Yo no creo que seas una cría, Bella!' Exclamó Severus 'espera… eso no la has dicho en voz alta, ¿verdad?' Bella le miró aterrorizada, porque así había sido. Poco a poco el vínculo entre ellos fue haciéndose más y más fuerte, podían adivinar lo que el otro estaba pensando, hacer lo que el otro supiese hacer, sin práctica ni conocimiento previo. Se estaban fusionando. Incluso el cabello de Bellatrix, que había sido siempre tan rubio platino como el de sus hermanas empezó a oscurecerse, hasta que se volvió completamente negro. La tez de Severus, siempre morena, se volvió pálida y suave, como la de Bella.

Durante el último curso de Severus en Hogwarts, él decidió que debían explorar los límites de su unión. Experimentaron varios hechizos catalogados como imposibles. Hechizos que sólo eran realizables con determinadas pociones, y a menudo sólo con combinaciones de pociones y hechizos. Quizá el que más les gustó a ambos fue el de transmutarse. Podían, sólo con desearlo, convertirse el uno en el otro, no funcionaba con nadie más, pero su duración entre ellos era indefinida. Simplemente con desearlo. Esa magia era espectacular y no tenía límites.

Severus estaba absolutamente encantado con su nueva situación, ya que Bella era una bruja extraordinariamente inteligente y poderosa, y Bella no podría estar más satisfecha de su amistad con Severus. Bueno, sí. Si él la amase sería perfecto. Sin embargo, lo más doloroso es que a través de su vínculo, a través de su empatía, ella sabía, sentía que él la quería, que la quería muchísimo, pero que nunca la podría amar. La veía como algo demasiado perfecto, demasiado precioso y maravilloso para él. Y vaya si trataba de convencerla de ello.

Era el único motivo de discusión entre ellos. Ella decía que él era demasiado bueno para ella, y él decía que ella era demasiado buena para él. Sin darse cuenta de que eran perfectos el uno para el otro.

Estaban siempre juntos. De algún modo, desde aquella discusión con Lily, estaban siempre juntos, se necesitaban. Lily desapareció de la vida de Severus casi completamente, casi, pues todavía era un mazazo a su orgullo. Y a través de la dulzura y simpatía de Bella empezó a pasar más tiempo con sus compañeros de cuarto. Augustus Nott. Alexander Crabbe. Alphonse Flemming. Y Rodolphus Lestrange.

Ellos descubrieron que la espectacular inteligencia de Severus, combinada con la inocencia de Bella era una verdadera arma contra los Gryffindor, y los aceptaron en su grupo sin rechistar.

De ese modo, cuando Lucius los reclamó acudieron juntos a la llamada de Voldemort. Los cinco alumnos de séptimo año y la chiquilla de sexto que siempre los acompañaba. Lucius frunció el ceño ante la presencia de la chica, pero ella alzó la cabeza, desafiante.

Por supuesto, Voldemort la aceptó en su grupo. Pero antes le aplicó pruebas de resistencia. Muchas pruebas de resistencia.

La torturaron, la violaron, la interrogaron, la violaron de nuevo, la volvieron a torturar y tras un nuevo interrogatorio le grabaron la marca oscura. Tras la primera tortura, Severus descubrió que podía bloquear el dolor físico que Bella le transmitía por su vínculo, pero que no podía bloquear el dolor mental. Y al sentir como la mente de su amiga de desvanecía comprendió la magnitud de su error. Pero ya era demasiado tarde. La marca oscura ya estaba en su brazo, y nadie abandonaba al Lord Oscuro.

Bella no volvió a Hogwarts. Nunca terminó su séptimo curso. En lugar de eso se concentró en su nuevo hobby: vengarse del daño que le habían hecho en gente inocente. Gente que no se podía defender. En un solo verano se convirtió en la favorita de Voldemort. Y Severus ya no soportaba su vínculo, de repente ya no le parecía tan maravilloso sentir lo que ella sentía: la admiración hacia el monstruo que la había destruido y que le había robado lo más valioso que tenía, su dulzura y su inocencia. Severus aceptó una oferta de un Maestro de Pociones en Lituania y se marchó del país durante tres años. Cuando volvió era Maestro y Voldemort le encomendó una nueva misión: infiltrarse en Hogwarts. A Severus no le hacía ni pizca de gracia, pero lo aceptó.

Costó mucho convencer a Dumbledore de contratarle como maestro, pero finalmente una recomendación del antiguo maestro de Severus y una sustanciosa ayuda económica por parte de Lucius Malfoy hicieron el truco y Severus empezó a trabajar de profesor, a pesar de la mirada de desconfianza de absolutamente todos los que le rodeaban, Dumbledore incluído. No le importaba, así estaba lejos de los mortífagos. Lejos de Bella… Tal vez allí aprendería a bloquear el vínculo que aún le unía a ella. No soportaba pasar la noche rememorando las salvajadas que su vieja amiga había disfrutado en su jornada.

Por eso aprendió Oclumancia, y aunque le resultó muy útil para protegerse de Voldemort, no funcionaba con Bella. Ella sabía todo lo que él, pero al mismo tiempo, Severus sabía que debía quedar algo de su pequeña, dulce Bella oculto bajo aquella máscara de perpetua locura, pues ella jamás delató los verdaderos sentimientos de Severus sobre la limpieza de sangre ante Voldemort.

Bella se casó con Lestrange por mandato de Voldemort, quería un hijo de su mortífaga favorita, y aunque hubiese preferido que fuese con Severus, eso era imposible, al estar él en Hogwarts y ser ella una conocida mortífaga. Fue durante el festejo de la boda de Bella y Lestrange que Severus escuchó la profecía, que le contó al momento a Voldemort.

El acoso de Voldemort a los Potter, el sentimiento de culpa de Severus, su cambio de bando, la muerte de James y Lily, la desaparición de Voldemort… todo sucedió tan rápido que sólo tiempo después Severus se pudo preguntar porqué Bellatrix no le delató antes, ya que una cosa es tener dudas, y otra muy diferente traicionar abiertamente. Y solamente pudo llegar a una conclusión: aún a pesar de que él sentía y sabía perfectamente lo que había en la vida de Bella, también sentía que su mente estaba destruida y por lo tanto ella no sabía utilizar el vínculo entre ellos coherentemente. Era horrible.

La noche que Bella, su marido y Crouch atacaron a los Longbottom fue Severus el que avisó a los aurores. Y si le hubiesen hecho caso antes probablemente los padres de Neville no estarían tan mal.

Pero esa situación tuvo un efecto inesperado. Al ir Bellatrix para Azkaban, toda la felicidad que pudiese quedar en la vida de Severus desapareció completamente por culpa del vínculo que todavía les unía. Y así se convirtió en el profesor más amargado de Hogwarts. Amargura que Dumbledore achacó automáticamente a su sentimiento de culpa por la muerte de Lily y que no dudó en utilizar a su favor. Por supuesto que se sentía culpable por la muerte de Lily, pero si Severus quería ver a Voldemort muerto no era tanto por ella sino por Bella, aquella dulce, inocente niña, que se convirtió en una terrible y destructiva mujer.

Severus tardó 15 años en encontrar y aceptar algo que le diese un rayo de esperanza, algo por lo que luchar, un amor que defender.

Hermione dio otra vuelta en la cama. Llevaba toda la noche despierta y por fin se había quedado dormida. Y en sus sueños recordó…


Hermione caminaba por el oscuro pasillo que llevaba al despacho del maestro de Pociones. ¿Qué tendría preparado para hoy? Se acercaba el final del sexto curso, y sus obligaciones con sus amigos unida a la presión de los exámenes estaba empezando a afectar a sus estudios extracurriculares en Pociones, y Hermione no se podía permitir eso. Si solo Filch no le pusiese tan difícil llegar hasta el despacho del profesor Snape… o si al menos él le hiciese un pase para poder ir a su despacho después del toque de queda… pero no, si ella no se esforzaba él pensaría que no estaba interesada, así de simple. Con un suspiro llamó quedamente a la puerta del Maestro y dejó caer el hechizo que la hacía desvanecerse, mimetizándose con las paredes.

'Adelante' proclamó una voz grave y profunda 'Señorita Granger, usted sabe que en breve será el cumpleaños de nuestro director.'

Hermione alzó las cejas. ¿Se refería a Dumbledore?

'Uh… no, no lo sabía, señor.'

'Bueno, hoy tengo pensada una actividad bastante… lúdica. Teniendo en cuenta la naturaleza de nuestras actividades durante esta semana, creo que se merece un descanso'

Hermione soltó el aliento que había estado conteniendo. ¿Una actividad lúdica? Si estuviesen ante una audiencia eso se traduciría en dolor para ella, al estar solos seguramente se lo pasaría realmente bien. ¿Qué sería?

'Acompáñeme, por favor.' Indicó Severus poniéndose en pie y dirigiéndose a su laboratorio privado. Una vez allí se puso de pie ante uno de sus calderos.

'¿Sabe hacer caramelos?' La sorpresa de Hermione ante la pregunta debió manifestarse en su rostro porque Snape hizo un sonido sospechosamente parecido a una risita y cambió su pregunta '¿Ha aceptado alguna vez las grageas de limón que ofrece Dumbledore?'

Hermione, todavía sorprendida por la dirección de la conversación, decidió que el silencio y la mirada inquisitiva de su profesor indicaban que debía contestar.

'Uh…la verdad es que no, señor.' Contestó, débilmente.

'¿No qué?

'No sé hacer caramelos y nunca he aceptado las grageas de limón del director Dumbledore.'

'Mal hecho.' Snape suspiró profundamente y le indicó con un gesto que cogiese un trozo de pergamino y una pluma. 'Esas grageas las hago yo, todos los años, por el cumpleaños del director. Y no son caramelos corrientes.' Añadió al ver la cara de sorpresa de Hermione. 'La envoltura si es caramelo corriente, de limón, por supuesto, pero en su interior hay una poción que estimula la sensación de bienestar sin perder el sentido de la realidad, además facilita la organización de las ideas en la mente y mejora la elocuencia para expresar esas ideas.'

'Como las anfetaminas.' Murmuró Hermione para sí, sin dejar de garabatear en el pergamino, los posibles orígenes de semejante poción.

'He dicho "sin perder el sentido de la realidad", señorita Granger.' Gruñó, Snape, obviamente ofendido, y entonces Hermione comprendió que esa poción la había inventado él, y le miró admirada. 'En realidad la idea la tomé de las anfetaminas… y experimenté un poco, para qué negarlo, con esa y otras drogas de diseño, pero los resultados no eran satisfactorios. En cambio, esta poción… es completamente natural, no tiene efectos secundarios y es realmente efectiva.'

Hermione le miró admirada. ¿Por qué no la patentaba? Se haría muy, muy rico.

'Sé lo que está pensando, señorita Granger…pero no la patento porque sería injusto. Sería una poción muy cara que pocos alumnos se podrían permitir. En cambio, en forma de caramelos de limón… Dumbledore los ofrece indiscriminadamente, y si los aceptas… bueno, mejor para ti.' Sonrió, finalmente. Hermione se sorprendió de la cantidad de cosas que había funcionando en Hogwarts sin que nadie lo sospechase siquiera.

'Apunte los ingredientes, señorita Granger, vamos a comenzar…'

Con cuidado y cariño prepararon la poción entre los dos. Hermione todavía no se podía creer que él solo hubiese inventado algo tan complicado, pero la prueba estaba en que ella jamás había oído hablar de una poción semejante. Mientras la poción reposaba, Severus le explicó cómo se preparaba el caramelo común, como se añadía el sabor a limón. Le explicó cómo la poción se inyectaba en los caramelos, uno a uno y antes de que se endureciesen completamente, pero cuando ya estaban lo suficientemente duros por fuera como para que la poción no se mezclase con el caramelo.

Finalmente Severus conjuró un recipiente de cristal muy similar al que Dumbledore siempre tenía en la mesa de su despecho.

'¡Espere, profesor!' exclamó Hermione 'tengo una idea…¡Accio, celofán1' exclamó, y al cabo de unos momentos varios pliegues de celofán amarillo volaron hasta su mano. 'Lo guardaba para envolver el regalo de Justin, que está de cumpleaños la semana que viene, pero es más adecuado para esto.' Declaró, extendiendo el celofán en la mesa de trabajo, y cortándolo en pequeños trozos con movimientos de su varita. Snape la observó trabajar con las cejas alzadas. ¿Porqué nunca se le había ocurrido a él eso? Dumbledore llevaba los caramelos sueltos en el bolsillo, por eso rara vez los aceptaba alguien. Con una sonrisa fue cogiendo los caramelos y envolviendolos uno a uno, tarea a la que pronto se unió Hermione.

Una vez hubieron terminado, Hermione cogió el recipiente de cristal y lo lavó en el fregadero del laboratorio, para volver a meter los caramelos ya empaquetados. Mientras ella lo hacía, Severus apuntó con su varita a los caramelos y murmuró un hechizo.

Al volver a la mesa de trabajo con el recipiente en la mano, Hermione resbaló en un trozo de celofán que había caído al suelo y el recipiente se le cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Hermione lanzó un grito de sorpresa y se agachó para recoger los trozos, pero Severus la cogió del brazo.

'Espera…mira los caramelos.' Hermione, sorprendida de que la mano de Snape todavía estuviese en su brazo cogió uno de los pequeños dulces y lo observó detenidamente. En el anteriormente simple celofán amarillo brillaban ahora unas letras de color rojo escarlata. Hermes.

'Elocuencia…' murmuró Hermione.

'Como tú…' susurró él, en respuesta.

Hermione alzó la vista, de pronto consciente de que la mano de Snape seguía en su brazo, y de que le estaba apretando muy fuerte, probablemente le dejaría marcas. Sus ojos se fijaron en los profundos ojos negros de su profesor. Estaba muy cerca, tan cerca que podía observar fijamente cada una de las finas líneas de su cara. Tan cerca que sus labios parecían absurdamente apetitosos. Absurdamente irresistibles.

Inconscientemente cerró los ojos e inclinó la cabeza, deseando, anhelando algo que sería imposible… completamente imposible.

Y entonces sucedió. Él le soltó el brazo, y ella abrió los ojos para ver como él apartaba la cara y se alejaba un poco.

Hermione, azorada, dejó el caramelo en la mesa y recordó el recipiente de cristal roto. Se agachó y empezó a recoger los pedazos, consciente de la mirada fija de Snape sobre ella. Tenía que juntar todos los pedazos para poder hacer un reparo.

Con cuidado fue depositando todos los fragmentos, uno a uno sobre la mesa, y al ponerse nuevamente de pie, se apoyó sin querer en uno de los cristales, haciéndose un pequeño corte en la mano.

Al ver la sangre, Severus se abalanzó sobre ella, varita en mano, y cogió con cuidado la mano herida. Agitando la varita sobre la herida, esta desapareció ante la mirada de Hermione, y él besó la palma ya curada. Hermione se sonrojó profundamente.

'Lo…lo siento…' musitó.

'¿Porqué?' preguntó él, acercándo su cuerpo milimétricamente al de ella.

'Por… por cortarme… por mancharlo todo con mi sangre…'susurró, angustiada por la proximidad de lo que tanto deseaba.

'Tu sangre no mancha.' Murmuró el profesor, llevando la mano que todavía sostenía entre las suyas a su cara, haciendo que Hermione le acariciase. Hermione se estremeció y Snape cerró los ojos.

Cuando los volvió a abrir, apuntó con su varita el recipiente de cristal y murmuró un débil 'reparo'. Los pequeños fragmentos se unieron de nuevo, pero la sangre de Hermione no despareció, sino que se fusionó con el cristal, vetándolo con miles de venas de color escarlata.

'Es precioso…'murmuró Hermione, todavía con la mano sobre la piel de su profesor.

'Como tú…' respondió él, casi inaudiblemente. Casi. Ella lo escuchó, y de nuevo buscó su mirada. Al ver la de él, llena de pasión no se lo pensó más. Puso la otra mano sobre el otro lado de la cara de su profesor, y al mismo tiempo que sentía que las manos de él se dirigían a su cintura, se puso de puntillas para capturar sus labios.

Continuará

En fin, si habéis llegado hasta aquí, por favor, comentad, porque no estoy muy satisfecha de este capítulo, y me gustaría saber vuestra opinión.

Küsse