Sueños Tangibles
Un dolor punzante en mis sienes hace que me despierte de golpe. Se que tengo los ojos abiertos, pero no logro ver nada; estoy en obscuridad absoluta. Pasado unos pocos minutos me acostumbro al entrono en penumbras y puedo visualizar que aun es de noche, madrugada cuando veo el reloj marca las cinco y cuarto de la mañana. Me quedo acostado solo viendo los números en rojo que brillan como un sol en mi habitación. Se que días es hoy, se lo que significara levantarme en un par de horas más y enfrentar al mundo. Odio que sientan lastima por mi, detesto sus palabras de consuelo que lo único que logran es que sea un hipócrita y dibuje una sonrisa forzada en mis labios. Pasó mis manos por el rostro cuando de nuevo el dolor punzante regresa hacer estragos en mi. Tenia que ser justo hoy el día en que mis sueños me despiertan temprano, ¿Por qué no fueron aquellos que me dejan dormir por horas? Como sea, debo de admitir que me alegra despertar. Las imágenes del sueño me hacen saber que soy afortunado al tener una madre, pues aunque no recuerdo bien de lo que trataba ni de los rostros de las personas que aparecían algo en mi interior me dice que soy afortunado en mi realidad. Me parece curioso, tengo esa sensación de que mis sueños son tan reales que me hace dudar de si estoy de vuelta en la realidad. Me tallo el rostro con fuerza y abro mi ojos para entorna la vista. Si, estoy en la realidad. ¿Cómo lo se? Pues cuando estoy en mi sueños todo es muy brillante, borroso — en especial con los rostros de las personas — y me siento tangible. Me acomodo de costado y me quedo de nuevo mirando el reloj, así me quedo hasta que mi madre irrumpe el silencio de mi cuarto faltando diez para las ocho.
— ¿Hijo?, despierta.
Por la obscuridad en la habitación no se puede percatar que estoy despierto. Finjo que apenas vuelvo del mundo de las ilusiones falsas y la saludo. Se me acerca, se perfecto lo que me dirá, pero dejo que me lo diga.
— Puedes faltar hoy a la universidad — Me dice mientras acaricia mi cabello.
— No te preocupes, madre, ya ha pasado un año de su muerte — Contesto con la mejor voz que puedo fingir —, es tiempo avanzar. Se que el lo querría de esa manera.
— Te educo, bien.
— Me educaron — Rectifico dibujando una sonrisa, una de verdad y sincera.
Con un beso en la sien mi madre se despide no sin antes decir que cuando baje el desayuno estará listo. Al verla partir tomó todas mi fuerzas para levantarme, debo cumplir con lo que mi padre lucho en arraigar en mi. Se fuerte me repito frente al espejo de mi tocador. Me dispongo a tomar una ducha con agua caliente para relajarme, me visto con lo primero que encuentro y bajo al comedor donde mi madre me ha preparado un delicioso desayuno: huevos a la benedict, pan tostado y una gran taza de capuchino. Me quiere consentir en este día que es tan triste para los dos, no la culpo, es mi madre. Desayuno con paciencia junto con mi madre, nadie habla, solo degustamos los alimentos. El silencio me va bien, ambos nos respetamos en nuestros pensamientos sobre sea lo que nos atañe. El reloj en la pared frente a mi me indica que es tiempo de ir a mi primera clase del día. Con un hasta pronto y un beso en la mejilla me despido de mi madre que me sonríe y me ve partir. Voy a la cochera de la casa, ahora vivimos en una menos grande y ostentosa, la anterior la vendimos por los recuerdos que nos hacían mal en vez de bien. Subo a mi vehiculo para partir a la universidad que se encuentra a cuarenta minutos de la zona residencial donde vivimos.
Mientras conduzco por las calles de la ciudad me da ganas de escuchar la radio. Busco alguna estación donde la música me agrade, me pongo a pensar en un semáforo en rojo. No presto atención a las personas que cruzan la calle, solo veo borrones de rostros y sombras pasar frente a mí, pero no puedo sentir que mi corazón de un salto cuando veo alguien entre la multitud. Allí parada en medio de la calle dejando pasar a los peatones una figura de una mujer de larga cabellera castaña me levanta su mano en mi dirección, es como si me llamara. Con mis ojos desorbitados no logro reconocer aquel rostro, no detecto facciones ni rastros de su aspecto. Solo veo blancura envuelta en un vestido negro. Cuando el último grupo de personas pasa entre nosotros la figura de la joven desaparece, no comprendo que es lo que ocurre. Ya me ha pasado. El claxon del vehiculo trasero me saca de mi ensimismamiento. Con mano temblorosa pongo la palanca en la D y emprendo la marcha a la universidad. Sacudo un poco mi cabeza tratando de olvidar el acontecimiento de antes. Detesto cuando me sucede, no comprendo que me ocurre, pero puedo decir que solo son alucinaciones. Un día veo aquella joven, otros personas que jamás en mi vida he visto. Cuando me percato que voy ya estoy en el estacionamiento de la facultad me reprendo por haber conducido en manera automática. Dios me ha de cuidar.
— Hey, tú — Una voz llena de jubilo resuena tras de mí cuando bajo del carro.
— ¿Qué hay, Cron? — Saludo a mi amigo de la infancia que se me va acercando. Y aunque la manera en que lo llame es un diminutivo de su nombre el es feliz de que no lo llame Cornelius.
Mi amigo, un joven alto — fácil llega a los dos metros por jugar básquet — de cabellera corta y castaña se me acerca corriendo. No dice palabra alguna al pararse frente a mí, el me conoce y le agradezco el gesto de evitarme sentir la lastima que recibiré este día. Pero si el me dijese algo, unas palabras compadecía sabría que el lo hace en verdad de corazón. El único sincero aparte de mi madre. Me sonríe con esa gran boca que tiene, yo le devuelvo el gesto y ambos partimos al edificio de nuestra Licenciatura de Administración de Empresas. Cuando entramo al edificio de arquitectura moderna, con sus paneles solares, acabados futuristas y paredes de vidrio algunos de nuestro compañero se nos acercan. No es porque fuese popular, es por morbo de ver como alguien que tiene una perdida sobrelleva el pesar en su vida diaria. En ocasiones los detesto, en otras me dan lastima. Las primeras palabras de consuelo llegan y como reacción mi hipocresía. Agradezco con palabras huecas, sonrío sin sentir.
— Se cuanto odias este momento — Habla mi amigo cuando estamos solos en el elevador que nos conducirá a la planta que se encuentra nuestro salón —, se que piensas en esa gente como morbosos, pero yo creo que no todos los son. Hay quien de verdad te este dedicando palabras sinceras.
— Puede que tengas razón.
En verdad lo creo, se que no es justo que algunos paguen por pecadores cuando no lo son. Pero hoy no puedo distinguir entre esa fina línea entre lo que es y no. Cuando llegamos al salón de clases vemos que hay pocos compañeros que han llegado, nos saludan y como los del piso de abajo la mayoría me ofrece su hombro. Al final logro llegar a mi escritorio. Me dejo caer, me recargo en el respaldo de la silla dejando caer hacia atrás mi cabeza. Tengo los ojos cerrados por lo que no me percato que tengo alguien detrás de mí.
— ¿Día difícil?
Abro lo ojos de inmediato al oír la voz de una mujer. Me incorporo al percatarme que estoy invadiendo su espacio, no quiero causar molestias.
— He tenido mejores — Confieso.
— Te entiendo.
Levanto una ceja, en verdad dudo que la joven me entienda. Es en ese momento que me percato que no la conozco, es alguien nueva. Su cabello negro cortó en media luna, sus ojos azules, incluso su forma de hablar me resulta curiosamente familiar. Forzó a mi mente a encontrar la razón, el momento y lugar donde la podría haber visto. No consigo nada. Ella me sonríe sin pronunciar palabra ó mostrarse incomoda por mi insistente mirada, por primera vez al ver aquel gesto en unos labios que no sean de mi madre o amigo me resulta sincero.
— Me disculpo por quedarme mirándote —suelto al percatarme de mi descortesía.— Soy Matt Ishida, es un gusto tenerte en esta clase.
— Soy Alice Maywether, y el gusto es mío — Me contesta ofreciéndome su mano, no tardo en estrecharla con la mía.— Sobre la disculpa, no te preocupes, yo también me he quedado viéndote — Me confiesa la joven al acercarse a mi rostro y hablando en un susurró. Termina por guiñarme un ojo.
Estoy apunto de contestar, me ha dejado un poco confundido su manera de actuar y contestar, pero justo en ese instante entra el nuevo profesor del semestre. Un hombre con toda la pinta de catedrático: estatura media, vestido con un jersey de cuello alto, una chaqueta de tweed, pantalón de vestir y mocasines. El hombre de estatura media camina saludan a todos y diciendo algunos chistes, pero, en todo su camino el profesor me mira ó eso creo. No puedo estar equivocado, sus pupilas obscuras se clavan en las mías. ¿Acaso este día no podría ser mas extraño? La clase de economía da inicio a la par de la campana. El tiempo comienza a transcurrir, en el pizarrón se empieza a llenar de palabras y números acompañados de la explicación del profesor Anthony Garlfield. Sobre el pizarrón pudo ver como el reloj de manecillas se ralentiza en su tic tac, todo se comienza hacer borroso. Sueño. Tengo mucho sueño y por más que lucho no logro mantenerme enfocado en la clase, y no ayudando, la voz de mi profesor es como un cántico somnífero. Lucho, pero comienzo a ceder. Lo ultimo que veo antes de que la penumbra del cerrar de mis ojos me envuelva es al profesor que se me queda mirando fijamente, con un semblante cargado de misterio. Pierdo. Me he quedado dormido.
¡Hola!
Es bueno ver que esta historia si ha generado un cierto grado de misterio y dudas. Por mi parte yo no revelare nada, dejare que conforme avancemos se vaya explicando sola la historia.
Anahiihana: No te preocupes, la historia se ira desvelando sola de una manera que entenderás el porque de estos capitulo.
Adrit126: Me alegra ver que vayas entendiendo el fic, aunque conforme avancemos veremos si es lo que piensas hehehe.
Domidomo S: Espero haber entendido bien de que ya eres fan de mis historias hehehe. Eso me entusiasma mucho. Sobre lo que has dicho del capitul te puedo asegurar que no estas muy errada n.n
emmylia91: Gracias por tu comentario! Es un placer saber que te esta gustando esta historia y que vayas viendo las pequeñas pistas hahaha. Y me encantaría poder leer tus reviews después de los capítulos, eso si ayuda mucho a continuar la historia. Bueno, espero este capitulo también te gustase y mantenga ese misterio n.n
Sin más por decir
Au Revoir.
