¡Hola! Tanto tiempo, bueno aquí les traigo la continuación de esta historia, espero que les guste. R&R
PD: La letra de la canción no me pertenece, ya que es del grupo Aerosmith.
La campana sonó, Yolei y Davis tuvieron que entrar, pero antes intercambiaron unas palabras.
–¿Qué fue eso? –preguntó Davis.
–Al parecer y por lo que me han contado, su complicidad va en aumento. ¿Viste como se sonrojaron?– posó su mano en el hombro del moreno– lamento decirte esto Davis, pero yo creo que Kari se muere por Tk y el sentimiento es mutuo.
Davis no podía aceptar aquellas palabras. No, claro que no. Es decir, ¿quién podría? Alterado y enojado gritó:
–¡Nunca lo aceptaré, nunca! Kari será mi novia, ya verás.
Salió corriendo hacia el instituto, irascible. Yolei quedó con las palabras en la boca.
–No debiste enfadar de ese modo a Davis, Yolei – dijo un misterioso chico. La pelimorada al escuchar esa voz, no pudo evitar cerrar sus ojos con fuerza, en señal de molestia. ¿Justo él tenía que ser testigo de lo acaecido? Se volteó.
–No fue mi intención, sólo le decía la verdad –miró hacia el suelo.
–Él es muy testarudo, él jamás aceptará que Tk y Kari se gustan hasta que sean una pareja oficial– contestó Ken.
–Pero, pero ellos se están demorando mucho ¿no crees? Es evidente y muy notorio que se gustan.
–Quizás no quieren apresurar las cosas, ¿quién los apura?
–No lo sé, pero Davis está enamorado de Kari desde hace años. Yo creo y conociéndolo es capaz de…de hacer cualquier locura con tal de tener su amor.
Ken y Yolei vieron que muchas personas entraban al instituto y entraron también. Minutos antes Tk y Kari seguían corriendo, llegaron a un escondite y pretendían esconderse allí por un momento. El escondite estaba en el medio del parque que poseía el instituto. El parque estaba en el centro del instituto, las personas podían observar todo lo que ocurría en el parque por las ventanas, pero a ellos eso no le importaba. Sólo les importaba estar juntos, era tan simple como eso.
–¿Tú crees que nos busquen? –preguntó la castaña.
–No, no creo. Pierde cuidado Kari –la tranquilizó el rubio.
Ellos estaban sentados tras unos arbustos, frente a frente. Se miraban fijamente y se sonreían. Lentamente las sonrisas fueron disminuyendo y al mismo tiempo, sus rostros comenzaban a acercarse, ambos cerraron sus ojos. Kari podía sentir la respiración de él sobre su rostro, luego comenzó a sentir su aliento sobre sus labios y…
–Jovencitos, vayan a su salón de inmediato o tendrán que ir con el director.
Alguien los interrumpió, en el momento más sagrado, más sublime, más importante de la vida de ambos chicos. Aquel momento pudo haber marcado un antes y un después. Mentalmente, maldijeron en voz baja a la persona que los había interrumpido. Se levantaron y se fueron a su salón. No dijeron palabra alguna, ni siquiera se atrevieron a mirarse sólo caminaban hasta llegar a su salón. Las clases transcurrieron con total normalidad, pero Kari y Tk estaban ruborizados y muy callados. Yolei, Davis y Ken se dieron cuenta de esto. Algo había pasado.
Sora y Mimi estaban de compras por el centro comercial mientras conversaban sobre chicos. Entraron a una tienda de ropa veraniega. Sora le contaba su dilema con Matt y Tai.
–Amiga, debes decidirte ¿Tai o Matt?
–Yo…yo no lo sé. Me gustan ambos y sé que es terrible, porque ellos son mejores amigos y…
–Y ellos pelearían por ti, admítelo.
–¡Cállate Mimi! –respondió Sora tapándose el rostro con sus manos.
–Sora, es la verdad. Es decir, ellos se mueren por ti. No he hablado con ellos, pero sólo basta mirar cómo te observan para darse cuenta de eso.
–¿Lo dices en serio?
–Claro que sí, aunque eso te dificulta las cosas ¿no?
–Sí, demasiado diría yo. Supongamos que a ambos les gusto, y a mí me gustan ellos. ¿Con quién me quedo? –preguntó una confundida pelirroja.
–Eso sólo lo sabe tu corazón– le respondió la elegida de la pureza –aunque creo que ahora te gusta más Matt, ayer le dijiste que se quedara en tu casa. ¿Qué hicieron? –preguntó con picardía Mimi, insinuándole algo.
–No creerás que yo ¡Ay Mimi! ¿Por quién me tomas? –respondió a su comentario.
–No lo sé, yo sólo decía.
–Como sea, el punto es que hay días en que siento que me gusta más Matt, pero hay otros días en que siento que me gusta más Tai. Es complicado lo sé, pero créeme por ahora dejaré las cosas como están, quizás sólo necesito algo de tiempo.
–Te apoyo ¡Oh amiga! llevaré este vestido, está ideal para estos días.
Tai se encontraba en su habitación tendido en su cama con las cortinas abiertas. Lanzaba al aire su pelota de fútbol muy aburrido. Esperaba que Kari llegara a su casa, ya que su madre y padre fueron de viaje. Ellos le habían encargado a Tai que cuidara de Kari, pero él se sintió insultado cuando le encargaron eso, él casi siempre la cuidaba y si él no lo hacía, aunque no le gustaba la idea, otra persona lo hacía por él. Luego, dejó de lado la pelota y tomó el portaretrato que tenía en su velador. En la foto se podía observar a una chica pelirroja, un chico rubio y uno moreno, que era él, y todos estaban felices. Pero él posó su vista en la chica pelirroja. La observaba y no podía creer lo hermosa que estaba. De niños ella fue su amor platónico, pero hasta entonces no ha podido olvidarla. En efecto, él seguía tan enamorado de ella como antes. Él desconocía cuáles eran sus sentimientos, pero se conocían desde tanto tiempo que las posibilidades de que ella lo rechazara eran prácticamente nulas, o al menos eso le gustaba pensar. Lo único que sabía era que él lucharía por ella, ella debía tener muchos pretendientes, sin embargo, ninguno de ellos podían competir con el grandioso Tai. ¿O si podían? Tarde o temprano ella sabría sus sentimientos y es que él no era muy disimulado. De momento sólo sabían de su secreto su hermana y él sabía que ella no le diría nada a nadie. Su mejor amigo, Matt tampoco sabía, pero él pensaba en decírselo, ¿por qué no? Los mejores amigos saben todo sobre el otro, definitivamente le haría una visita.
Matt estaba cantando y tocando guitarra en su habitación, era una nueva balada que había compuesto él y lo único que quería era ir a ensayar con su banda, pero tenía ensayo recién la próxima semana, así que tenía que esperar.
–Don't want to close my eyes, I don't want to fall asleep, because I'd miss you baby and I don't want to miss a thing.
Acto seguido, el rubio tuvo que dejar de cantar y tocar porque escuchó el timbre de su puerta y al estar solo en su apartamento, no le quedó otra que abrir. Al hacerlo no se sorprendió para nada al ver quién era.
To be continued...
