Capítulo 3

-Mamá, ya estamos aquí -exclamó Darien mientras abría la puerta de casa de sus padres y entraba en el salón de paredes verde lima y de moqueta gris acero. Con el paso de los

años había terminado por acostumbrarse a la extraña elección de colores de su madre, y no solía pensar en ello. De hecho, le gustaban los tonos brillantes y algo salvajes. Pero

observó la expresión de asombro en ojos de Serena y se preguntó si ella no preferiría algo más calmado. No, con aquel vestido no tenía aspecto calmado. Parecía una chica de

calendario, una fantasía de mujer. No solamente «su» fantasía, sino la de cualquier hombre. Aquel vestido... Darien se obligó a sí mismo a concentrarse en el trabajo que se traían

entre manos, y que no era otro que convencer a su madre de que olvidara aquella historia de la esposa y los hijos. Y después de todo, el vestido de Serena no era más que un medio

para conseguir aquel fin.

-¿Mamá? ¿Papá? -gritó-. Deben de estar en la cocina. Serena se quedó quieta y alisó nerviosamente una arruga invisible de su vestido. Había desaparecido el espejismo de una

bailarina exótica llamada Roxy y en su lugar había una profesora de arte nerviosa.

-¿Qué te ocurre? -le preguntó Darien con dulzura.

-No les voy a gustar -respondió ella con un suspiro.

-No les va a gustar que yo salga con una bailarina de strip-tease.

Aquél era el plan. A los padres de Darien no les gustaría ella, a los padres de Serena no les gustaría él, y no se hablaría más de boda.

-Bailarina exótica -lo corrigió Serena como si llevara años haciéndolo-. Normalmente le gusto a la gente -añadió.

-Querida Serena -dijo Darien utilizando el apodo con que la llamaba Andrew-. No tenemos por qué hacer esto.

De cualquier modo, era una locura. Se suponía que aquello tenía que ser divertido, pero Serena no parecía estar pasándoselo bien. En absoluto.

-No, no, estoy bien aseguró ella con un ligero escalofrío-. Digamos que ha sido como una especie de miedo escénico. No es una locura. Bueno, tal vez lo sea, pero nuestras madres

están locas y tenemos que luchar con fuego contra el fuego. Adelante -dijo estirándose y dedicándole una sonrisa.

-Serena, de verdad que no tienes por qué...

-Vamos, grandullón. Roxy nunca se pierde una entrada en escena.

Sonrió, y Serena, la profesora de arte, fue sustituida por una bailarina de strip-tease. Bailarina exótica, se corrigió a sí mismo, llamada Roxy.

-¿Seguro que estás dispuesta? -insistió Darien.

-Tú mira y aprende, motero -respondió ella golpeándole suavemente la mejilla-. Voy a demostrarte cómo se hace. Y no te olvides de que mañana tú tendrás que interpretar tu papel.

Darien se giró y escuchó un ruido proveniente de la cocina.

-Creo que es hora de que dé comienzo el espectáculo.

Su madre apareció detrás de la esquina.

-Darien. ..-comenzó a decir mirándolo con una enorme sonrisa dibujada en la cara. Hasta que vio a Serena. La sonrisa desapareció de golpe y fue sustituida por una expresión que

podría calificarse de terror. Pero la madre de Darien trató de disimular: extendió la mano, compuso una sonrisa falsa y dijo:

-Tú debes de serla nueva amiga de Darien.

-¡Oh! Encantada de conocerla, señora Chiba -respondió Serena estrechándole la mano con excesivo entusiasmo-. Vamos, que no es frecuente que los chicos me presenten a sus

madres ni aunque lleve mucho tiempo saliendo con ellos. Y mira, llega Darien y me trae aquí en nuestra primera cita. En cuanto lo vi entrar por la puerta del bar supe que era especial.

-Ah, sÍ, el bar -dijo Gea al mismo tiempo que su marido entraba en el salón - ésta es la amiga de Darien.- Darien estaba seguro de haber escuchado un tono cercano al horror cuando

pronunció la palabra «amiga» .

-Querida, creo que no he escuchado bien tu nombre...

Serena soltó una carcajada, una risa profunda que provocaría que los pensamientos de cualquier hombre se dirigieran hacia el terreno sexual. Darien se preguntó si aquello formaría

parte de la actuación o sería su risa normal. No sabría decirlo, y tampoco iba a preguntárselo. Prefería pensar que formaba parte del teatro.

-Serena, señora. Serena Tsukino, aunque en el trabajo me llaman Roxy.

-¿En el trabajo? -preguntó Gea.

-SÍ. Mi jefe dice que Serena no provoca en los hombres el tipo de imagen adecuada. Y las imágenes evocadoras son nuestra especialidad

-¿A qué te dedicas, Serena? -preguntó el padre de Darien.

Darien dio un paso atrás para contemplar el efecto de sus palabras.

-Pues soy bailarina exótica -aseguró Serena con una mueca-. ¿No se lo había contado Darien?

-¿Cómo? -preguntó su madre tragando saliva. El padre no dijo nada. Se quedó allí de pie, mirando alternativamente a Darien y a Serena.

-Bailarina exótica -repitió ella.

-Bailarina de strip-tease -explicó Darien.

-Ya te he dicho que no me gusta esa palabra aseguró Serena agarrándolo con fuerza del codo-. Suena sucio. Yo me dedico a esto porque se me da muy bien y porque necesito

trabajar para vivir. Pero no es algo rastrero.

-¿Bailarina de strip-tease? -dijo Gea con un hilo de voz.

-El local es muy agradable, señora. El dueño, sabe usted, no deja que nadie moleste a las chicas. Nos cuida. ¡Incluso tenemos seguro médico, y ya sabe lo caros que son! Mi amiga

Candy, que en realidad se llama Lita, tiene dos hijos. Su marido, que era un maltratador, la abandonó y no le pasa ninguna pensión por los críos. Así que ella trabaja en el turno de

día.

-¿Los locales de strip-tease tienen turno de mañana? -preguntó el padre de Darien.

-El nuestro, sí -aseguró Serena asintiendo repetidas veces con la cabeza -Veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

-La cena ya está lista -dijo Gea-. ¿Por qué no nos sentamos?

Darien tomó a Serena del brazo y siguió a sus padres hacia el comedor.

-Lo estás haciendo fenomenal -le susurró.

-Sí, es verdad -respondió ella con una mueca.

Darien casi podía ver cómo los planes de su madre respecto a los nietos se desvanecían a toda prisa. Sí, Serena estaba haciendo un gran trabajo. Pero a medida que transcurría la

cena, Darien se dio cuenta de la cosas no estaban saliendo tal y como él las había planeado. Serena no paraba de hablar del club de strip-tease, de Candy y sus dos hijos y de Marcy,

la bailarina que trabajaba para pagarse los estudios. Entrelazaba historias intrincadas que tenían a la familia pendiente de cada palabra que salía de su boca.

-Una noche -dijo Serena inclinándose hacia delante y mostrando unos encantos que Darien no se había dado cuenta de que tenía-, una noche que estaba haciendo mi número y me

había quedado en braguitas y ligas, un tipo se subió al escenario. Mi jefe no permite que nadie nos moleste, así que Zafiro, nuestro guardaespaldas, saltó y agarró al tipo antes de

que pudiera tocarme. Pero antes tuvo tiempo de tirarme de una liga, lo que significa que me quedé allí expuesta y...

Serena se detuvo un instante, y si Darien no hubiera sabido que estaba actuando hubiera jurado que se sentía verdaderamente avergonzada por el incidente, como si hubiera

ocurrido de verdad. -

Oh, querida, ¿y tú qué hiciste? -preguntó su madre.

-Por supuesto, me tapé como pude. Quiero decir, que yo me desnudo, pero de cintura para arriba. No nos quitamos toda la ropa. Pero entonces, ese tipo me lanzó su chaqueta y

antes de que me diera cuenta tenía una pila de chaquetas y camisas a mis pies. Agarré una de ellas, me la puse y terminé de bailar. Tendrían que haber visto las propinas que saqué

aquella noche.

-Vaya, aquellos hombres se comportaron como caballeros -dijo Gea con aprobación.

Si no fuera por lo bien que la conocía, Darien se hubiera atrevido a decir que su madre estaba impresionada.

-La mayoría de los hombres que van al local son caballeros. Están muy solos. Parte del trabajo consiste en salir entre actuación y actuación y hacerles compañía. Muchos de ellos son

felices sólo con tenemos cerca y hablar con nosotras. A veces me siento un poco mal por ellos.

Maldición, estaba interpretando a la bailarina de strip-tease tierna, no a la de corazón de piedra. Darien miró de reojo a su madre. Siempre había sido una blanda, y con sólo mirarla

supo que la historia de Serena, alias Roxy, la había cautivado.

-Querida, nunca lo había visto desde ese punto de vista. ¿Por qué otro motivo irían los hombres a un sitio así? Van porque están solos.

Darien hubiera podido jurar que a su madre le temblaba la voz.

-No todos van por eso, mamá -se sintió obligado a decir.

-Por supuesto que sí -insistió Gea.

-Los pobres no saben cómo actuar con las mujeres -aseguró Serena como si lo hiciera con conocimiento de causa.

-Tal vez deberíamos crear un grupo de apoyo para hombres que frecuentan bailarinas de strip-tease.

-Bailarinas exóticas -corrigió Serena.

-Bailarinas exóticas -dijo también Gea y podríamos buscar a un buen psicólogo y que tú trajeras folletos del trabajo para repartirlos entre los hombres. Les enseñaríamos a tratar con mujeres en el mundo real. A conocer buenas chicas.

-Eh, nosotras somos buenas chicas -intervino Serena.

-Por supuesto que sí, querida. Pero tú ahora estás saliendo con Darien; tu compañera estudiante no tiene tiempo para tener una relación, y la otra tiene niños pequeños y un ex

molesto. Los caballeros del club están llenos de problemas. Necesitamos presentarles a tus amigas hombres sin cargas emocionales propias para que puedan ayudarles a llevar las

suyas. Podríamos...

-Mamá, si reformas a los clientes y salvas a todas las bailarinas, el club dejará de ser negocio dijo Darien propinándole a Serena una patada por debajo de la mesa.

-Eso es verdad - reconoció ella - el jefe es un buen tipo y lleva el club con limpieza, pero no creo que sea tan bueno como para permitir que tomemos las riendas del negocio. Estoy

segura de que no permitiría que entregáramos folletos.

-Supongo que tienes razón -dijo la madre de Darien con un suspiro-. Pero creo que hablaré con algunas amigas de la ciudad para formar un grupo de apoyo, en cualquier caso. No

nos limitaremos sólo a tu club, ¿qué te parece?

-Yo...

-Cariño -intervino Mamoru Chiba-, creo que estás presionando a Serena. Ésta es la primera vez que viene a cenar con nosotros, después de todo. Ya habrá más ocasiones.

-Tienes razón. Serena, ya hablaremos de esto la próxima vez que vengas. Ahora centrémonos en el postre. He hecho tarta de lima, la favorita de Darien.

-Estupendo -tuvo que decir él con una sonrisa forzada ante la mirada expectante de su madre.

Estupendo. Sencillamente estupendo. Su madre había dado a entender que esperaba volver a quedar con Serena para cenar, lo que significaba que le había caído bien. Le había

caído bien aunque pensara que era Roxy, la bailarina exótica. Y para colmo, iban a tomar de postre tarta de lima, su «favorita». Darien odiaba la tarta de lima.

-Que sí, mamá -dijo Serena suspirando con fuerza para que se notara a través del teléfono.

-Te he oído, señorita.

-¿Qué has oído? -preguntó Serena, aunque conocía la respuesta. Era mejor seguirle el juego. Después de todo, su madre tenía que creer que era reacia a llevar a Darien a casa.

-El suspiro -dijo Ikuko-. ¿Es mucho pedirte que me presentes a ese hombre? La semana pasada dijiste que ya lo habíais hablado.

-Te dije que se lo había comentado. Pero no te lo aseguré. Si sólo quisieras conocerlo sería una cosa, pero es que tú quieres una boda y pretendes comprobar su capacidad para ser el novio. Y eso es algo muy distinto.

-Serena, ya sabes que yo sólo quiero lo mejor para tI, y. ..

-¿Has hablado con Michiru esta semana? -preguntó su hija. Si de verdad estuviera tratando de evitar presentarle un hombre a su madre, intentaría desviar su atención.

-Estás intentando cambiar de tema -la acusó Ikuko. Serena se alegró de que su madre no pudiera verla sonreír de oreja a oreja.

-No es verdad-dijo-. Sólo me preguntaba si habíais hablado.

-No -respondió su madre con la voz cargada de desconfianza a llamarla después de hablar contigo. Serena sonrió. Su estrategia consistía en despistar a su madre, y le tenía

preparada una bomba que estaba a punto de lanzar.

-Parece que Mina está en Texas -le espetó.

-¿En Texas? ¿Cómo lo sabes? ¿Es que crees que Luna la ha enviado allí? Tal vez espera que su hija encuentre algún vaquero. Dios sabe que esa chica no va a encontrar ningún

hombre aquí, en Erie.

-Si la señora Moon se está tomando esta apuesta tan en serio como tú, no me sorprendería que estuvieran tramando algo. Después de todo, tú te enterarías de cualquier operación

que llevaran a cabo en Erie, pero Texas... es un estado muy grande. Quién sabe qué estarán tramando esas dos.

-Bueno, será mejor que llame a Michiru Kate.

-Michiru -corrigió su hija.

-Michiru -repitió su madre exhalando un suspiro-. La llamaré y veré si ella sabe algo.

-Estupendo. Adiós, mamá. Apenas había apartado el auricular unos milímetros de la oreja cuando escuchó a su madre gritar.

-¡Oye! Aunque me hayas dado un nuevo motivo de preocupación, no me he olvidado de que espero que me presentes a ese chico.

-Es un hombre.

-Os espero esta noche para cenar.

-Iremos si me prometes que no sacarás el tema de la boda. Silencio.

-¿Mamá?

-De acuerdo. No pronunciaré la palabra boda. Os espero a las cinco. Estoy deseando que llegue el momento -aseguro su madre antes de colgar.

-Yo también -murmuró Serena para sus adentros.

Al menos esperaba que las cosas salieran bien. La noche anterior no había salido como planeaban. Tenía que admitir que había sido culpa suya. Le había perdido perdón a Darien, y

aunque él había aceptado sus disculpas todavía estaba un poco molesto cuando la llevó a casa. Serena sabía dónde estaba el problema. Era una maldición. Quería gustar. Le echaba

la culpa a la sociedad. A las mujeres se las educaba para gustar, para ser agradables. Estaban socialmente predispuestas a querer ser aceptadas. Lo que parecía ser el sonido de

una Harley Davidson interrumpió el curso de sus pensamientos. Cada vez se oía más cerca, y a Serena le dio un vuelco al corazón. No se trataba de que estuviera nerviosa porque

fuera a ver a Darien. Por supuesto que no se trataba de eso. Seguramente el corazón le latía con más fuerza porque temía que él siguiera enfadado. Y no podía culparlo por ello. Una

pequeña parte de Serena había estado temiendo que Darien no apareciera aquel día. Por supuesto, eso no le habría importado desde un punto de vista personal, porque después

de todo apenas se conocían. No, lo único que le preocupaba de que no se presentara era que Serena necesitaba sacarse de encima a su madre. Pero Darien había aparecido, a

pesar de lo sucedido la noche anterior. Gea la había invitado a cenar el siguiente fin de semana. Bien, utilizaría esa nueva oportunidad para tratar de enmendar el mal que había

hecho. Llevaría su comportamiento de bailarina exótica todo lo lejos que pudiera y haría todo lo posible para caerle mal a la madre de Darien. Serena no pensaba pararse a pensar

por qué el hecho de volver a verlo el siguiente fin de semana le producía cierta satisfacción. Darien era un tipo simpático, pero eso no significaba que ella buscara algo más allá de la

alianza amigable que habían formado. Serena esperó a que llamara a la puerta aunque sabía que ya había llegado. De hecho, con el ruido que hacía la Harley, todo el vecindario se

había enterado de su llegada. Pero no quería parecer demasiado... ¿nerviosa? ¿Excitada? Lo que fuera. Sencillamente, no le apetecía que Darien pensara que se alegraba demasiado

de verlo. Se estaba haciendo la dura a pesar de que el corazón le latía a toda prisa y le sudaban las manos. Escuchó cómo llamaban en la entrada principal y abrió un segundo

después de que Darien hubiera apartado los nudillos de la puerta de madera. Él dio un paso atrás, obviamente sorprendido por la rapidez con la que había abierto. No le estaba

saliendo muy bien su estrategia de hacerse la dura.

-Hola, Darien -lo saludó con fingida naturalidad.

-Hola -respondió él sin sonreír.

Seguía enfadado. Maldición.

-Vamos, Darien, ya te dije que lo sentía. Te juro que para cuando hayamos terminado de cenar la semana que viene tus padres te estarán suplicando que no vuelvas a verme. Tu

madre te asegurará que no le importa esperar a ser abuela, al menos hasta que encuentres a la mujer adecuada. Lamento mucho haberles caído bien.

-Bueno, lo del grupo de apoyo tuvo su gracia -reconoció Darien sonriendo casi a su pesar-. En fin: ¿estás preparada para darme la clase?

Habían quedado en que sería mejor que Darien llevara la moto cuando llegaran a casa de los padres de Serena, así que le había sugerido que pasaran la tarde practicando. Estaba

segura de que si era capaz de enseñar a los niños a apreciar el arte, también podría enseñarle a Darien a llevar una Harley sin que se le calara. O eso esperaba. Así, cuando aquella

farsa terminara, él no sólo se habría librado de la presión de su madre, sino que también sería capaz de llevar su moto.

-Estoy lista -aseguró-. He pensado que lo mejor será ir al aparcamiento de la escuela. Está prácticamente desierto los fines de semana.

-Estupendo. Tú conduces ahora y yo a la vuelta.