¡Hola Ramers! 109 REVIEWS *Se atraganta* GOD, solo llevo 3 capítulos y ya tengo más de 100 reviews, IT'S CRAZY. LOS AMO, son los mejores lectores que una puede tener

Sé que los capítulos son mucho más cortos de los que acostumbran, pero es el principio... Ya después voy a ir alargándolos más :) Este capítulo está lleno de tensión, debo admitirlo. Me encanta torturarlo :D

Para el/la que me preguntó mi Twitter, el enlace está en mi perfil, díganme que son mis lectores así los sigo enseguida :D

¡Que disfruten la lectura!


CAPITULO 4: Jake.

16: 00 P.M. Sábado.

El morocho recorrió con la mirada la habitación de los niños, sonriendo con nostalgia al ver los dibujos pegados en las paredes, recordando que Leif solía hacer lo mismo. Ahora le parecía tan lejano el tiempo en que una vez Kurt, Leif y él habían sido una familia feliz. Ahora todo parecía haber sido demolido por un tornado. Su niño había muerto hacía cuatro años, Kurt y él estaban separados, el menor se había encontrado a un enfermerito, mientras que él le había permanecido fiel y no había tocado a nadie en todo ese tiempo, pensando estúpidamente que cuando se volvieran a ver todo estaría bien y volvería a ser como antes.

Por un momento deseó nunca haber mandado esa solicitud a Julliard o haber destruido la carta de aceptación en cuanto la recibió. Si lo hubiera hecho, nada de eso hubiera pasado jamás. Kurt y él estarían juntos viviendo en un departamento allí, en Nueva York, y tal vez tuvieran a Will y Eli. Los hubieran criado juntos. Blaine los podría haber visto crecer, podría haber disfrutado de ver a Kurt con pancita, por muy extraño que le sonara la idea en es ese momento. Podrían estar juntos, ser una familia feliz nuevamente.

Pero no lo eran.

El morocho sintió como dos pequeñas manos le acariciaban el rostro y volvió a la realidad, encontrándose con la mirada preocupada de Eli.

- ¿Por qué lloras? – El mayor la miró con cariño, y volteó ligeramente el rostro para depositar un beso sobre la palma de su mano.

- Por nada, linda. Ya estoy bien, tus caricias ayudaron. – La niña sonrió y lo tomó de la mano para acercarlo a un pequeño escritorio donde había esparcido varias hojas y lápices de colores.

- Papá dice que Will tiene su habilidad para dibujar y yo tengo tus mismos gustos de princesas. – Blaine soltó una carcajada, ruborizándose levemente. Se sentaron en el suelo frente a la mesita y la niña le alcanzó un dibujo para que la ayudara a pintarlo. Blaine sonrió y se puso en su tarea mientras la observaba de reojo.

Eli tenía el mismo pelo negro y con rulos que él, aunque no eran igual de revueltos que los suyos, cosa que seguramente había heredado de Kurt. Aunque era muy chiquita se podía notar que tenía la misma nariz perfecta y respingona del castaño, así como sus hermosos ojos azules. Estaba vestida con un vestidito negro y tenía el mismo gesto de concentración que le había visto millones de veces al menor.

- ¿Y Will? – preguntó, buscando al niño con la mirada.

- Papá debe de estar tratando de peinarle los rulos con gel. – El morocho rodó los ojos con algo de diversión.

- Voy a buscarlo así viene a pintar con nosotros. – Se levantó y se dirigió a la sala, donde encontró al niño con expresión malhumorada, sentado en uno de los sillones y pasándose las manos por el pelo, tratando de sacarse el gel. Se arrodilló frente a él. - ¿Por qué esa cara?

- No me gusta que me peinen. – Blaine sonrió y le agarró las manos para apartárselas del cabello.

- Yo me peinaba así antes. – Admitió. – En verdad te pareces mucho a mí. – Susurró más para sí mismo que para el niño. – Ven a pintar con Eli. En cuanto tu papá se vaya te saco el gel. – Le guiñó un ojo con picardía. Will sonrió y le dio un abrazo rápido antes de irse a su habitación. Kurt salió de la cocina, con una bandeja en las manos, y frunció el seño al no ver a Will.

- ¿Dónde…? – murmuró y entonces vio a Blaine. El morocho se puso en pie y tomó la bandeja, con tres vasos de jugo y galletas, de sus manos.

- No tortures al chico, deja sus rulos sin gel. Recuerda que fuiste tú el que se quejó de que me peinara así. – El menor se ruborizó ligeramente. – No te preocupes por nosotros. Ve a prepararte para tu cita. – Masculló con el rostro serio. Kurt lo tomó del brazo para que no se marchara.

- Él… es solo…. Es solo una cita. Hace muy poco que… No significa mucho…-Blaine lo cortó con un gesto de la mano.

- No tienes por qué darme explicaciones, Kurt. Es tu vida y hace tiempo que no soy parte de ella. – Murmuró, tratando de ignorar el nudo en el estómago. – Creo que no es el mejor momento para hablar de esto – Trató de irse pero Kurt lo retuvo.

- ¿Crees…? ¿Crees que podríamos ser amigos otra vez? – preguntó con un hilo de voz.

- No. – negó rotundamente con la cabeza. – Nunca seremos solo amigos, Kurt. Es todo o nada. – El menor bajó la vista al suelo. – En este momento lo único que nos une son Will y Eli, porque si fuera por mí me alejaría de ti sin mirar atrás. – Gruñó, sacando toda la ira que bullía en su interior como lava ardiente. – Tú no eres el Kurt del que me enamoré. – Se acercó unos pasos, juntando ambas miradas. – Mi Kurt no me hubiera hecho sufrir de esta manera, mi Kurt no me hubiera engañado, mi Kurt me conocía lo suficiente como para saber que hubiese hecho cualquier cosa por mi familia, mi Kurt aún me amaría. – El morocho ignoró el intento del menor por hablar. – Tú no eres el Kurt al cuál amo.

Se deshizo del agarre del menor y se marchó a la habitación de los niños, dejando al castaño paralizado detrás de él.


20:00 P.M.

Se escucharon unos golpes en la puerta, haciendo que todos los músculos de Blaine se tensaran al instante. Los niños levantaron la vista y compartieron una mirada.

- ¿Qué sucede? – preguntó al percatarse de ello.

- El chico que está con papá no me gusta. – Explicó Will encogiéndose de hombros.

- A mí tampoco. El tío Chandler dice que no es para papá. – Blaine alzó las cejas y se puso en pie.

- Quédense aquí, ya vuelvo. – Salió de la habitación y fue directo a la sala. El menor volteó al escuchar sus pasos, pero por primera vez en su vida Blaine no le prestó atención a lo que estaba vistiendo. Su vista se clavó en el joven detrás del castaño, de su misma edad, tal vez unos pocos años menos. Era alto, unos centímetros más que Kurt, castaño oscuro, con el pelo corto y peinado en puntas, ojos marrones oscuro, cuerpo bastante formado y un todo de piel bronceado. El hombre alzó las cejas al verlo y se acercó más a Kurt, posando una mano sobre su cintura. Blaine apretó los puños y contuvo el impulso de gritarle que no tocara a su ángel.

- ¿Quién es él? – preguntó, con algo de rechazo en la voz. Antes de que el menor pudiera responder, Blaine se acercó a ellos con su mejor sonrisa falsa.

- Blaine Anderson, - Se presentó, mirándolo a los ojos con ira. – Ex novio y prometido de Kurt, y también el otro padre de sus hijos. – El menor se mordió el labio para evitar que se le escapara una sonrisa. - ¿Y tú eres? – Alzó las cejas, ensanchando su sonrisa al ver la cara de enojo del otro.

- Jake, Jake Stevens. Soy su…

- Amigo. Sí, Kurt me lo dijo. – Lo cortó Blaine con un falso tono de buen humor. Kurt negó con la cabeza, soltando un suspiro, y mirando al morocho con cariño.

- Creo que es mejor que nos vayamos. – Jake asintió, fulminó a Blaine con la mirada y salió del departamento con aire malhumorado. Kurt lo miró por unos segundos, antes de sonreírle a modo de saludo y caminar hasta la puerta. Se volteó antes de salir y alzó una mano para despedirse. – Nos vemos luego.

El castaño salió, cerrando la puerta tras de sí, sin recibir una respuesta por parte de Blaine. El morocho se quedó paralizado, observando fijamente la hoja de madrera blanca con el corazón latiéndole descocado sobre su pecho. Su mente solo podía procesar una cosa:

Al igual que él, Kurt aún llevaba puesta la sortija de compromiso.


22:00 P.M.

El castaño apoyó la cabeza en su mano, llevándose el trago a la boca, y masajeándose las sienes con cansancio. Le hecho una mirada a la pista de baile, donde Jake bailaba sin siquiera mirarlo, rodeado de varios chicos. Negó con la cabeza y cerró los ojos.

La verdad era que el único motivo por el cual había salido era que necesitaba despejarse, y pensar. Pensar en cómo todo su mundo había dado un giro de ciento ochenta grados otra vez. ¿Por qué demonios cada vez que se encontraba con Blaine algo pasaba? Primero en el bar, donde había perdido su primer beso, luego en la casa de Santana donde se había dado cuenta de quién era y donde todo había empezado a complicarse, y ahora en la plaza.

Cerró los ojos con fuerza, y apretó las palmas de las manos contra ellos, tratando de contener las lágrimas. Sabía que Blaine no lo odiaba, sabía que el morocho no era capaz de sentir eso por él, y tal vez eso era lo que más dolía. Le dolía saber que la ira de Blaine era más fuerte del amor que aún sentía por él. Claro que no lo culpaba, sabía que el morocho no lo iba a perdonar en mucho tiempo, pero eso no hacía que le doliera menos. Cada una de sus palabras le había caído como una daga en el medio del pecho. Sabía que lo merecía, merecía eso y todo el enojo que Blaine le tirara.

Soltó un suspiro tembloroso, y se limpió las lágrimas del rostro. Se sentía como la persona más horrible del mundo, y no solo por haberle ocultado algo de tal magnitud, sino también por no poder decirle que lo quería. Nunca dejó de quererlo, y nunca lo haría. Pero había pasado tanto tiempo, y tantas cosas… Había tenido que cuidar de los niños, sintiendo una puñalada cada vez que veía a Will a los ojos y lo único que pensaba era en Blaine. Aunque sus amigos, su familia y la de Blaine habían estado allí para él, siempre se sintió solo.

Cuando llegaron a Nueva York, por mucho que había soñado con estar en ese lugar toda su vida, se sintió como un intruso, como que no pertenecía completamente, como que ese no era su lugar. Cuando conoció a Jake, la necesidad de sentirse querido por alguien lo había llevado a salir con él. Había pasado cuatro años de su vida obligándose a sí mismo a dejar a Blaine irse, a hacerse a la idea de que el morocho tal vez estuviera feliz con otra persona. El miedo de que Blaine lo rechazara a él y a sus hijos si en algún momento lo volvía a ver había hecho que se auto obligara a no quererlo tanto para luego no sentir que lo desgarraba el dolor. Había pasado tanto tiempo pensando en ello que sus sentimientos eran una ola de confusión que solo se mezclaron más al encontrarse con Jake, y finalmente explotaron en un tornado al ver nuevamente a Blaine.

Quería a Jake. No lo amaba. En realidad no sabía qué clase de cariño le tenía. Lo conocía hace cuatro meses, y salían hace dos, pero él no lo había dejado pasar de más que un beso. Ni siquiera un beso con pasión o lengua o nada… solo habían sido pequeños roces de labios que a él le habían resultado incómodos y como si estuviera haciendo algo malo.

Quería a Blaine. No estaba seguro si lo amaba. La cara de dolor que había puesto el morocho al escuchar que no estaba seguro no lo abandonaría nunca. Había escuchado la conversación de Blaine con Chandler, y creía que el rubio tenía razón. Necesitaban un tiempo separados. Él necesitaba aclarar sus sentimientos. Ahora todo era diferente, sus hijos estaban en el medio de todo su desastre emocional.

Levantó la vista y se encontró con los ojos de Jake.

- ¿Pensando en él? – preguntó con enojo.

- No empieces ahora con tus estúpidos celos, no estoy de humor. – Le respondió cortante.

- ¿Estúpidos celos? No parecías enojado con él por sus "estúpidos celos" hacia mí. – El menor se calló la boca, sabiendo que tenía razón. – No me cae bien.

- No me interesa. – Kurt se puso en pie. – Acostúmbrate a verlo seguido si quieres seguir conmigo, es el padre de mis hijos y por mucho que te moleste, es una de las personas más importantes en mi vida. – Se dio vuelta, y se alejó del joven que se había quedado en la barra con cara molesta. Se encerró en el baño, y se miró al espejo, soltando un suspiro.

Se lavó la cara para quitarse el calor del boliche y el rastro de lágrimas. No estaba preocupado por la pelea. Jake era muy celoso, al igual que Blaine, pero por alguna razón encontraba ese gesto molesto y no adorable. Sacudió la cabeza, y se quedó por varios minutos en el baño, calmando su ánimo.

En cuanto volvió a la barra, se encontró con que Jake lo estaba esperando, algo más calmado. Kurt se sentó a su lado, y mantuvo su vista fija en la madera.

- Lo siento. Sé que es alguien especial para ti, eso me pone celoso. – Se disculpó. Kurt notó de inmediato que la disculpa no era del todo sincera, pero no tenía ánimos para que también Jake le gritara.

- No importa. – El joven se inclinó para besarlo, pero Kurt le corrió la cara al instante, logrando que le besara la mejilla. El enfermero soltó un suspiro, acostumbrado a esas reacciones.

- ¿Vienes a bailar?

- No, me quedaré aquí, me siento mal. – Jake rodó los ojos y se alejó. El menor se mordió el labio y jugueteó con el vaso vacío frente a él. Se llevó una mano al estómago donde sentía una leve molestia. No debería de haber tomado alcohol, el líquido lo volvía demasiado impulsivo.

Cerró los ojos, tratando de desviar su mente a otro tema que no fuera Blaine. Pero solo podía pensar en él, y en que después de cuatro años, en el único lugar donde se había sentido completo y en su hogar, era en sus brazos.


22:00 P.M.

El morocho dejó a los chicos viendo una película en la sala y fue hasta la cocina. No pudo evitar sonreír al ver la nota que le había dejado Kurt.

Supongo que entre todo el estudio, y la banda todavía no aprendiste a cocinar, así que dejé comida en la heladera para que calientes. Trata de no quemarme la cocina cuando uses el microondas.

- Kurt.

Blaine negó con la cabeza, mordiéndose el labio, y siguió el concejo de Kurt. Llevó los platos hasta la sala y se unió a sus hijos en el sillón. Comieron, mientras veían una película de Disney, y los niños reían al ver como Blaine recitaba los diálogos de memoria.

- ¿Tienen sueño? – preguntó.

- Un poco. – Susurró Eli, Will asintió.

- Vengan, vamos a la cama. Kurt de seguro me mata si ve que todavía están despiertos cuando llegue. – Los llevó a su habitación. Acostándolos a cada uno en su cama, y arropándolos con las mantas.

- ¿Tú y papá se quieren? – Blaine sintió como una mano le estrujaba el corazón al escuchar la pregunta de la niña. Tragó el nudo en la garganta, y le sonrió.

- Sí, nos queremos. – Tal vez él no tanto…

- ¿Vas a venir a vivir con nosotros? – El morocho se mordió el labio, y se limpió las lágrimas lo más rápido que pudo. Miró a Will con cariño, antes de negar suavemente con la cabeza.

- No, pero vendré todos los días a verlos. Se los prometo. – Susurró. – Ahora, duerman. – Les dio un beso en la frente a cada uno, y apagó las luces. Se quedó allí por unos minutos antes de caminar hasta la sala con paso cansado y desplomarse en el sillón.

Había sido el día más largo de su vida. Pensar que aún faltaba que hablara con los Warblers, discutiera con su familia, y se descargara en solitario, solo le hacía doler la cabeza. Se masajeó las sienes con lentitud, tratando de aclarar su mente, y no sucumbir al llanto en ese momento.

Aún debía hablar más calmadamente con Kurt. Ahora que las dudas principales habían sido respondidas, podía concentrarse en otras cosas. Tal vez podrían hablar de sus sentimientos, de lo que los separaba, y de lo que los unía. Pero sabía que no era el momento. Aún estaba demasiado dolido y enojado con el castaño como para hablar sin que haya gritos de por medio. Lo mejor sería esperar un tiempo, descargar su ira en canciones, en el gimnasio y en el idiota que pensaba robarse a su castaño. No podía negar que había tenido algo de satisfacción al descargar su enojo en Kurt, pero ver que era él, que eran sus palabras lo que lo hacían llorar, lo mataba.

Abrió los ojos al sentir como le tironeaban de la manga de la remera. Frunció el seño al encontrarse con un Will, con cara de sueño y los rulos despeinados.

- ¿Qué sucede?

- No podemos dormir. – Explicó, soltando un bostezo. – Papá siempre nos pone una canción ¿Puedes ponerla? – Blaine asintió y acompañó al niño nuevamente hasta el cuarto. Encendió la luz, y Eli lo miró por encima de sus mantas con una media sonrisa, Blaine metió al niño en la cama. – Está allí. – Dijo, señalando una mesa, al lado de la cómoda.

El morocho se acercó y puso el CD en el reproductor de música.

- ¿Puedes quedarte conmigo? – preguntó tímidamente la niña. Blaine sonrió, y asintió, acostándose a su lado, y tapándolos a ambos con el cobertor. Pasó una de sus manos por encina de su cuerpo, y Eli se acurrucó contra su pecho, con una media sonrisa. Apretó play, con el control remoto, y cerró los ojos.

Sintió como su pecho era aplastado por una avalancha de emociones al escuchar las primeras notas del piano. Jadeó levemente, y al instante las lágrimas invadieron su rostro. Se mordió el labio, y trató de contener los sollozos que amenazaban con salir de su garganta. De todas las canciones... Kurt les ponía "Mi ángel" a sus hijos para que durmieran.

Abrazó más el pequeño cuerpo de su hija, y enterró el rostro entre las almohadas, dejando que su llanto quedara ahogado por la tela. Trató de calmarse, pero le resultaba imposible. Era como si hubiera abierto la puerta que contenía todas sus emociones y ahora no hubiera forma de cerrarla.

Se quedó allí llorando en silencio, hasta que se hubo asegurado de que Will y Eli se hubieran dormido por completo. Salió de la cama, y puso a que el CD se repitiera cada vez que terminaba. Caminó hasta la sala, y se volvió a desplomar en el sillón de una plaza, hundiendo su cabeza entre sus manos en un gesto de desesperación.

Sintió como la puerta se abría, y levantó la cabeza encontrándose con la mirada perpleja del menor. Fue solo un segundo en que Kurt se dio cuenta de su estado, y escuchó como "Mi ángel" sonaba desde la habitación de sus hijos. Fue solo un segundo en el que la respiración de Blaine se cortó al verlo allí, parado en medio de la sala, luciendo tan perfecto y hermoso como siempre, con sus mejillas levemente sonrosadas seguramente a causa de que había tomado. Fue solo un segundo en que sus miradas se conectaron y sus corazones comenzaron a latir frenéticos al mismo tiempo…

Solo bastó ese segundo para que Kurt se abalanzara sobre Blaine, quién lo recibió con los brazos abiertos. El menor se sentó a horcajadas sobre él, y Blaine le rodeó la cintura con un brazo, mientras que su mano se hundía en su nuca, atrayéndolo contra su boca. Kurt enredó sus dedos en los rizos de Blaine, soltando un gemido necesitado al sentir como sus labios se unían después de tanto tiempo.

El beso no era tierno o cariñoso. Estaba lleno de furia, lujuria y pasión contenida durante años. Blaine clavó sus dientes en el labio inferior de Kurt con fuerza, logrando que el menor soltara un jadeo. Sus manos recorrieron la espalda ancha del castaño, apretándolo contra él, bajando hasta su cintura, para finalmente acunar su trasero con fuerza.

El ojiazul metió su lengua en la boca de Blaine, y ambos jadearon de satisfacción. Sus lenguas se acariciaron con necesidad, reconociéndose la una a la otra. El morocho se relamió al sentir ese gusto a sandía, mezclado con la esencia de Kurt que para él era el más rico de los manjares. El menor tiró del cabello de Blaine, haciendo que su cabeza callera hacia atrás, y atacándole el cuello de forma desesperada.

- ¡Kurt! – Gimió roncamente, Blaine. El menor rascó la piel dorada con sus dientes, chupándola con la intensión de dejar un moretón. Apretó sus manos contra las nalgas del menor, pegando todo su cuerpo a él, haciendo que sus entrepiernas se juntasen. El menor jadeó, y comenzó a moverse contra él en círculos, haciéndolo ver estrellas. – Dios, sí…- El morocho atrajo su rostro nuevamente al suyo, uniendo sus labios repetidas veces. – Te amo tanto…

- Blaine… - Jadeó el menor, tirando su cabeza hacia atrás, dejando su cuello al descubierto. Blaine hundió su rostro en esa tentadora piel pálida, y pasó su lengua lentamente por toda su extensión.

Abrió los ojos y la realidad lo golpeó de golpe. Empujó a Kurt lejos de él, quién cayó al suelo de la sorpresa. Se puso en pie, con sus ojos abiertos como platos y llenos de lágrimas.

Kurt no llevaba su collar. Y además…

- Hueles a él. – murmuró con la voz partida. El menor negó con la cabeza con cara de pánico. El morocho se dio la vuelta, pasándose las manos por el pelo, y caminó hasta la puerta.

- No, Blaine… ¡Alto! No te vayas, por favor… ¡Blaine! – Kurt cerró los ojos con dolor al escuchar el portazo, y escondió su rostro entre las rodillas, mientras comenzaba a llorar silenciosamente.


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