Tengo a mis padres frente a mí. Va a ser difícil esto, pero confío que no me juzgarán tan duramente. Los ojos se me quieren llenar de lágrimas.
- Mamá, papá.. –las palabras no quieren salir de mis labios-, antes que nada, quiero pedirles perdón (sí, perdón doble: por haber dejado de ser virgen con Terry a los veinte años y por haber dejado de ser virgen con Albert hace dos meses por lo cual ahora estoy esperando un hijo suyo, pienso con ironía). Me tapo la cara con ambas manos. Qué difícil será para ellos.
- ¿Qué sucede Candice? –papá. Todavía recuerdo cómo me reñía por lo de Terry, seguro que ahora será mucho peor con lo de Albert. Aquella vez porque me casé a escondidas, ahora ni siquiera puedo decirle quien es el padre del hijo que espero. Si lo hago, existe el riesgo de que lo vayan a meter a la cárcel y eso sería injusto para Albert porque yo lo provoqué.
- Miren –continué yo y exhalé inmediatamente después-, no va a haber una forma fácil de decir esto, así que se los voy a decir tal cual: estoy embarazada, tengo dos meses, no quiero abortarlo ni darlo en adopción. El padre no es alguien que ustedes conozcan y no quiero involucrarlo en esto porque fue mi decisión. Debí cuidarme pero fui estúpida al no hacerlo. Si me rechazan en este momento lo entenderé, solo que no puedo ocultárselos más tiempo.
- Te lo dije, lo que ella tenía era algo muy delicado –dijo mi madre a mi papá con expresión dolida y seguidamente me estrechó entre sus brazos a punto de llorar desconsolada. Yo podía ver la cara de mi padre que se había desencajado y estaba haciendo todo lo posible por estar más controlado. Extendió su mano con suavidad (¿alguna vez pensaron que su padre iba a extender la mano para agarrarles por la garganta al estilo neto de los Simpson, con Bart tomado del cuello por Homero? Así sentí yo, pero mi papá en lugar de querer ahorcarme, me acarició la mejilla preocupado -mal momento para uno de mis episodios de humor negro, maldita sea-). Era un papá muy bueno, no cabía ninguna duda.
- Aunque no quieras hacer responsable a ese joven, él debe responder por ti, por mi nieto.
Acabáramos! Le dijo nieto! Me di cuenta de que mi papá no me estaba juzgando ni a mi hijo tampoco. Las lágrimas acudieron a mis ojos con tal rapidez que no pude ni aunque hubiera tratado, mantenerlas dentro. Salieron como raudales sin poder detenerlas, eran de puro agradecimiento.
- ¿Qué piensas hacer? –me preguntó papá. Para entonces mi madre se había separado de mi y me miraba con mortificación. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
- Lo primero, ir al médico. Yo me hice dos pruebas caseras y salieron positivas. También me hice un análisis de sangre. Me lo confirmaron ésta mañana. Tengo que ir a revisión y tendré que ir al colegio, tal cual.
- No serás aceptada así –me dijo mi madre- es un estatuto del colegio. No se aceptan chicas embarazadas.
Cerré mis ojos a causa de sus palabras y fruncí mis cejas, llevando ambos dedos medios a ellas como si con ellos pudiera taparlas.
No puede ser! No puede ser! Voy a quedar otra vez como la idiota que no terminó el bachillerato y voy a terminar estudiando cualquier carrera técnica para tener un trabajo que odie! La vida puede parecer ser una porquería para infelices como yo! Dos años estudiando y mejorando mis notas se iban al demonio!
- Me iré a una pública entonces. –decidí. No había otra opción.
- ¿Y las solicitudes a la Universidad?
- Mamá, creo que primero debo pensar en terminar el bachillerato, ya que tenga a mi hijo sabré qué voy a hacer con la universidad.
- Tienes nuestro apoyo total, Candy, pero recuerda que el padre de tu hijo también tiene responsabilidad. No des por sentado nada, tómalo en cuenta. Si creíste conveniente entregarte a él de esa manera es porque seguramente no era un chico tan malo. No es que lo elogie, tengo ganas de partirle la cara, pero tú eres una chica sensata, sabes que no puedes quedarte callada. ¿No es así?
Bueno. Mi papá me tiene en un muy alto concepto. Yo no pensaba decirle a Albert nada. No, porque si él no estaba interesado en mí, tampoco iba a amarrarlo con la responsabilidad de un hijo. Quería verlo para saber que me había perdonado. Quería saber si estaba bien.
Maldita sea… no solo quiero que esté bien. Quiero que esté conmigo, pero no lo voy a forzar. No sería justo para ninguno de los dos. Yo no quiero que Albert esté a la fuerza.
Paty me dijo que efectivamente, Albert no volvió al colegio. La nube gris que yo me imaginaba está de manera aplastante sobre mí el día de hoy.
No tiene idea de por qué le he preguntado. No tiene idea de por qué no he ido al colegio lo que va de la semana.
No tiene idea de que ingresé a la escuela pública y que soy la tercera embarazada de mi salón de clases.
Todo apesta, menos este pequeño ser que está formándose en mi vientre. Lo amo tanto! Es de las pocas alegrías que puedo tener actualmente. Sé que no será fácil, pero tendré que salir adelante.
Cuando ellas sepan que estoy embarazada se van a sorprender mucho, pero no tengo intenciones ahora de decirles nada. No me siento con fuerzas.
Sin embargo, no se había cumplido la semana cuando ya las tenía (a Paty y a Annie) en mi casa con la cara llena de contrariedad.
- Ah, ¿qué es eso que no te has parado en el colegio?
- Ya no voy a estudiar ahí.
- ¿¡Qué!? -el grito de molestia de ambas me dejó sorda un segundo.
- No puedo, ¿está bien? No puedo ser admitida en el colegio. No en mi estado.
Ambas abrieron los ojos con sorpresa.
- ¿A qué te refieres? –Paty, con sus ojos como platos debajo de sus bonitos anteojos delgados era la que me cuestionaba en ese momento.
- Estoy embarazada. –respondí con toda la tranquilidad que pude. Ellas repitieron mis palabras con el mismo tono del grito que habían pegado antes.
Annie se quedó con la cara de sorpresa pero Paty me miró, la ira se estaba apoderando de ella. No me dijo nada. Tomó su mochila y salió hecha una furia de mi casa.
- ¿A dónde vas? –le preguntamos Annie y yo, pero ella ni siquiera contestó.
Annie se quedó conmigo más de una hora después de que Paty se hubiera ido y justo cuando salía de casa para despedirla un auto muy lujoso de color azul se iba situando afuera de la entrada de la casa. Adentro estaba Paty, estaba Anthony.. estaba Albert.
Quise que la tierra me tragara en ese instante y la verdad que lo único que pensé fue en meterme a la casa y evitarlos, pero bien sabía que eso no era ni maduro ni correcto. ¿La bomba había explotado? Pues ahora íbamos a tener que hacer el reconocimiento de los cuerpos.
Anthony se notaba lleno de pánico. Una vista del más vivo terror. ¿Dónde, maldita sea, había localizado Paty a Anthony y, cómo rayos tuve la mala suerte de que Albert estuviera enredado en todo esto? ¿Creía Paty que mi hijo era de Anthony? Entonces, ¿A qué traer a Albert?
Si hubiese sido otra me hubiera quedado a la puerta de la casa, pero no quería que los gritos comenzaran desde la calle al observar el rostro desencajado de Albert. Estaba peor que furioso. Le hice una seña de que podía pasar y me metí dejando la puerta abierta. No estaban mis padres, Annie estaba como estatua en la entrada y Paty junto con Anthony también se estaban dirigiendo hacia la casa. Iba a estar bueno. Un dolor agudo estaba golpeándome en el pecho pero necesitaba mantenerme serena.
Entraron todos, aunque Annie era la que estaba más cerca de la entrada, como si se debatiera en huir o en quedarse.
- ¿Qué has hecho Paty? –le pregunté. Sus ojos demostraban una culpa infinita.
- Solo diles la verdad –suplicó Anthony- Diles que no estás esperando un hijo mío, maldita sea, si solamente te he dado un puto beso en toda mi vida.
- Tú lo sabes y lo sé yo –y después miré a Paty, trataba de no hablarle de un modo grosero pero iba a ser complicado-. ¿Se puede saber quienes más están enterados de esto?
- Solo ellos –casi chilló- Anthony estaba fuera de su casa y fui para reclamarle justo en el momento que llegaba el sr. Andley
- ¿Cuánto tiempo tienes de embarazo? –preguntó Albert con sequedad.
Yo solamente atiné a mirarlo como si de mis ojos salieran puñales. ¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo? ¿Tenía amnesia acaso? Me dieron ganas de abofetearlo, porque con su pregunta estaba dejando en claro que no creía que el hijo fuese suyo. Me dijo piruja entre líneas. Contestarle como se merecía habría hecho más difíciles las cosas así que casi literalmente me mordí la lengua.
- Quiero aclararles esto –ahí sí, fue para todos, mi voz sonaba contenida, pero se traslucía toda la furia que traía dentro- Paty, Annie, les agradezco su preocupación, pero Paty, esto era algo PRIVADO, no necesito que nadie venga a querer poner las cosas en claro. Anthony, si tú ya sabes que entre nosotros no ha pasado nada, no tenías por qué comportarte como si te fueran a mandar a la guerra sin armas, y USTED, "señor Andley", no tiene NINGÚN DERECHO de hacerme una pregunta como esa. MI VIDA ES PRI-VA-DA! (de ahí me volví a las chicas con los ojos chispeantes de coraje) Si les dije a ustedes dos no era porque quisiera que lo publicaran ni tampoco para que me defiendan, era solamente porque es algo que tarde o temprano va a ser evidente y no quería que anduvieran con sospechas y dudaran de mi aprecio al callarme algo así. (…..)Ahora, bien, si ya están conforme cada uno con mis respuestas –les dije a los dos varones en la sala-, les voy a pedir que salgan de mi casa porque NECESITO descansar. Y discúlpenme muchachas, pero lo único que quiero es estar sola.
A pesar de las expresiones tan diversas de los cuatro, todos hicieron el gesto de salir de la sala, a pesar de que Albert no dejaba de mirarme. Parecía que también se iría tras ellos, pero para lo único que se dirigió a la puerta fue para aventarle las llaves del coche a Anthony y decirle hoscamente que se largara. De ahí cerró la puerta y le puso el pasador ante mi mirada atónita.
- ¿A qué demonios estás jugando? –me preguntó ya sin intenciones de ocultar la furia reprimida.
- ¿Te parece que es un juego? ¿A poco crees que resulta tan divertido?
- ¿Me pensabas decir? –su tono sonó tan amenazante que me hizo estremecer. Esta no era la manera en la que pensaba verlo de nuevo. Caminaba hacia mí hasta que lo tuve apenas a medio metro y su estatura, amén de su actitud, me estaba empezando a hacer sentir intimidada, aunque eso no era todo: Mi cuerpo estaba reaccionando a su cercanía de modo muy diferente. Era como si cada átomo del cuerpo reaccionara ante él con una atracción de la cual sabía cual podía ser el resultado, pero Albert seguía furioso, seguramente para él no era igual.
- Acabas de insinuar que el hijo no es tuyo, ¿Crees que podía pensar que si te decía ibas a creerme?
- Y dime, ¿Es mío?
La rapidez y fuerza con que mi mano izquierda se posicionó en su mejilla fue tan fulminante que jamás se lo esperó. ¿Creía que era diestra? Podía pegar con ambas manos, pero la zurda era mi arma más letal. Le dejé la mejilla más roja que la grana y pareció por un segundo que su ira la iba a alcanzar. ¿Imaginaba que iba a tenerle miedo? ¿Que iba a llorar? Pues que fuera pensándolo dos veces. Me había ofendido del modo más ruin que jamás supuse que llegaría a hacerlo alguien, sobre todo él.
- Quiero que te marches de mi casa –le exigí- no tienes nada que hacer aquí.
- Te lo voy a poner claro, Candice, no me interesa cuales sean tus intenciones, pero si ese hijo es mío de ninguna manera lo vas a alejar de mí.
- Quería hablar contigo, pero te fuiste, no solo del bungalow también lo hiciste del colegio.
- Entonces, ¿si pensabas decirme? –pareció que su voz comenzaba a cambiar.
- Honestamente, no.
Si sus ojos fueran navajas, me hubieran herido menos.
- Entonces, ¿para qué verme, Candice? Ha quedado todo claro entre nosotros, ¿no es así? Tú estás enamorada de otro, si nos acostamos fue solo.. ¿por qué?.. ¿Un desliz?.. ¿Te quisiste sacar una espina del modo más alevoso? Y no creas que no me doy un mérito, sé que no te era tan indiferente, pero si no ha sido para decirme que vas a tener un hijo mío, entonces ¿para qué?
Conforme me decía esas cosas su cercanía hacia mí me había hecho dar pasos hacia atrás de modo casi involuntario pero él quería salvar esa brecha caminando hacia mí hasta que casi me arrinconaba a la pared que tenía a mis espaldas. En sus ojos había dolor en algún modo, todavía estaba herido, pero de pronto toda esa expresión fue velada por una de desprecio.
- Contéstame –su voz sonaba dura. Yo ni siquiera pude sostener su mirada. Estaba a medio metro de mí y yo sentía como si me estuviese cortando la respiración. La vista se comenzó a nublar y de ahí a oscurecer. Lo último que recuerdo fue un pitido en ambos oídos y, después, oscuridad y silencio.
Lo primero que vi al abrir los ojos fue la cara de mis padres. Mi mamá estaba blanca como una hoja y mi padre se notaba muy enfadado. Ninguno de los dos parecía cómodo, parecía que no querían hablar, pero en algún momento mi padre se aclaró la garganta y caminó hacia mí; mi madre, al notar la iniciativa de papá se acercó más rápido que él.
- Hija.. afuera de tu habitación está un joven.. dice que.. dice que
- Dice que es el padre de tu hijo que se ha enterado esta tarde de eso. ¿Es verdad?
Yo asentí con culpabilidad, si Albert ya les había dicho, ¿Qué caso tenía negarlo ahora? Lo que menos quería era que ellos se enteraran por pensar que actuarían de modo penal, pero Albert ya había tomado su decisión, ¿no era así? No podía engañar a mis padres diciéndoles que no era cierto.
- El es mayor de edad, Candice.
- Lo sé papá.
- ¿Sabes que si quisiera lo podría enviar a la cárcel?
- Lo sé. Por eso no les quise decir nada.
- Pero es que no tiene dieciocho años, hija, es un hombre, no un chiquillo.
- Sí, papá. Pero déjame aclararte una cosa, él no tenía ninguna intención de hacer nada ilegal conmigo. Fue mi culpa. Me rechazó muchas veces. –Dios, que vergüenza. Soy una ninfómana delante de mis padres seguramente.
- Douglas, haz el favor de no enjuiciarles. Tú sabes que en cosas de este tipo la mayoría de los hombres suelen pensar con otra cabeza, pero si ella está enamorada de él, yo la entiendo. El amor es así.
¿Tenía caso explicarle a mamá? Mejor dejo todo como está.
- ¿Es que tú no sabes quien es el? –la voz de papá ya estaba subiendo un par de octavas.
¿Qué? Seguramente era un tipo como todos, no será rico de seguro porque el bungalow donde él estaba no tenía ni calefacción, pero, ¿desde cuando a mis padres les preocupa que un hombre sea un trabajador normal? Nosotros fuimos casi pobres hasta que mi papá tuvo aquel golpe de suerte.
El rico era Anthony, de eso estaba muy segura. Pero a mí Anthony no me interesaba en lo más mínimo.
- Hija… -trataba de hablar con suavidad. No se le daba mucho- El padre de tu hijo es dueño de toda la franquicia hotelera Rapsodius. Es dueño de la mitad de las acciones de la empresa donde yo soy socio. De hecho, si tomamos en cuenta mi número limitado de acciones, se podía decir que yo trabajo para él. ¿Sabes como se verá que una hija mía aparezca embarazada de un hombre como él? Se consideraría como un acto útil para realizar un chantaje.
Yo me quedé de piedra. No. Papá estaba confundido. Albert era solo el auxiliar del colegio. ¿Para qué iba a trabajar ahí teniendo una empresa multimillonaria y una franquicia de hoteles en toda la costa este de Estados Unidos?
Una voz sonó en mi cabeza "y no sólo en América".. muchas veces oí a papá hablar de eso. Con esto en mente, comencé a tratar de contradecir a mi padre. Por más que lo hacía, papá tenía otro argumento, su seguridad estaba sembrando la duda y la incredulidad en mí, y me estaba comenzando a sofocar de nuevo.
- El padre de tu hijo se llama William A. Andley. Su sobrino tuvo un accidente cabalgando hace diez años, cuando eso pasó no era el único que estaba montando ese caballo. Su madre estaba sosteniendo las riendas y fue la que cayó primero. Estuvo en coma varios años y de ahí se le declaró muerte cerebral, murió casi a la par que la tía de William (la señora Elroy), hace cinco años. Ese sobrino es su único familiar vivo. Estuvo con maestros particulares toda la vida hasta hace tres años, en los cuales su sobrino se empeñó en asistir a una escuela normal. Yo no sabía que estaba estudiando contigo hasta este momento, pero sí sabía que William estaba dedicando la mitad de su tiempo laboral para cuidar el bienestar del muchacho. Es un juramento que le hizo a su hermana antes de morir aunque ella no lo hubiese escuchado. Lo he sabido de buena fuente, hija. Te digo con honestidad. Ese hijo tuyo, es ahora el único familiar vivo que tiene aparte de su sobrino. No va a conformarse con quedarse lejos de él. Se va a casar contigo.
- ¿Te lo dijo? –él asintió. Yo sentí que estaba cayendo por un precipicio en ese momento.
- No piensa arrebatártelo, si eso es lo que crees. El muchacho está enamorado –ahora era mamá la que me decía eso. Su mirada era de conmiseración-. El día que se casen estipulará todo para que mi nieto sea protegido y amparado siempre y desde luego también lo hará contigo.
- Esperen un momento.. ¿Me están diciendo que están planificando mi vida?
- Te estamos diciendo.. –mi papá dudó- que es un hombre poderoso, está enamorado de ti y quiere formar parte de la vida de tu hijo.
- Sé que tú lo amas y él también, no hay razones para estar separados. Eres joven, lo sé, pero eres sensata. Desde hace años que me has sorprendido por tu madurez y la cabalidad de tus acciones. No hay razones para que no estén juntos.
Vaya, si no estuviera recostada en mi cama, agarrándome de las colchas como desesperada, habría tenido un ataque de histeria. ¿Qué demonios significaba eso? Que jugaran con Candice White de 17 años!, pero que cabrón que quisieran jugar con una mujer de veintisiete que ya estaba hasta la madre de tanta porquería.
- No me voy a casar con William Andley..
- No tienes como escapar de eso, a menos que quieras destruir la vida del muchacho y de paso toda nuestra estabilidad. Si tú no aceptas casarte con él, yo no creo que tendré mucho futuro en la empresa que él maneja. El muchacho está herido de que no lo hayas tomado en cuenta siquiera, al saber que estabas esperando un hijo de él. Yo no tentaría mi suerte si de cualquier manera tú lo quieres y él te corresponde. No dejes que el orgullo te domine. Hay mucho en juego, sobre todo la felicidad de tu hijo –mamá asentía con pena.
Maldije mi suerte, ¿papá me estaba chantajeando? Y lo peor, ¡Lo estaba haciendo con el respaldo también de mi madre!
- O dime, ¿qué harás cuando las cosas se pongan difíciles? Porque nosotros te hemos de apoyar, pero si tus relaciones con ese muchacho acaban mal, no tendré mucho futuro dentro de la empresa. Eso puede ser contraproducente para todos. Tu hermana Alexa está a media carrera, no tendrá donde trabajar que realmente le sirva de trampolín una vez que la termine y tu hermano Tom estará en las mismas. Será empezar de cero para mí. Será empezar de cero para todos! Y, no digo que seremos pobres como antes, pero, no tendremos el mismo estilo de vida hasta que llegue a lograr establecerme en algún otro rubro, y ¿sabes cuantos años tengo, hija? Miles! Demasiados para ponerme a pensar en empezar de nuevo. ¿Acaso quieres a este viejo sufrir este tipo de contratiempos?
Maldita sea, me estaba echando en cara el peor tipo de chantaje que pudiera existir: el del amor fraterno.
Me odié, odié a Albert, a todos… sin embargo, pensé en mi hijo. Yo podía ser una secretaria eficiente, pero necesitaba título. No tenía el apoyo de nadie a excepción de mis padres.. no tenía el bachillerato.. no tenía nada que ofrecerle.
Tragué en seco.
Sentí que las lágrimas de amargura se derramaban por mis mejillas.
Cerré los ojos y solo les pedí que me dejaran sola. Necesitaba tomar una decisión.
Una ceremonia civil. Un vestido que no escogí yo. Una horda de periodistas gritando afuera. Mis amigas incrédulas vestidas como si fuesen damas de honor. Un Anthony perplejo. Una novia movida por las circunstancias. Un novio con una sonrisa fingida. Conclusión: un matrimonio que sería casi un infierno.
Amigas, otro más. y detallando lo que falta. Este capi no es tan extenso como los otros, pero tiene mucho que decir de lo que Candy y Albert van a empezar a vivir. No les ha sido tan fácil, sobre todo porque ha habido una sombra en la vida de ella llamada Terry. Esta historia no está larga, así que no falta tanto para el final.
Gracias por sus reviews!
Vivianakarenina (Gracias chica, la verdad que me hiciste sudar frio, pero después con tus palabras sentí que había vuelto al redil. Yo también soy así), y no te preocupes, Albert estará ahí.
Rosaura, desde luego, Albertfic. (ya quiero leer el tuyo!.!.!.!.!.!)
Ihbarba, aquí está la nueva entrega, dime qué tal te parece también.
Máxima (chica, eres de las mías, gracias por seguir leyendo mis fics, te sorprendí, ¿no es así?),
OjosEsmeralda (ya tenía rato sin tus reviews, ¿Qué había pasado contigo?), un abrazo.
Kiss Me Again, me has dejado con la duda, pero desde el móvil no tengo acceso a varios menús. Gracias por tus palabras. Son como tesoros porque en serio que hago mi mejor esfuerzo.
Ceci Andrew 1980, me ruboricé! Duré así como cuatro días! Pero, imagina, la chica hablando de sexo en tantas ocasiones, no podía ser menos que eso. Y la razón de que se encuentre en el pasado, espero que hasta el final sea develado, pero, hablamos de un fic de Candy catalogado de ciencia ficción, así que cualquier cosa puede ser escrita. Lo que queremos es ver qué saca de bueno o de malo de una oportunidad así.
Privilegio mío el escribir y que a ustedes les siga gustando. Sus Reviews son mi paga.
Gracias por ser mis amigos y mandarme sus solicitudes de amistad a AnaEdith Fiction, que lindo se siente que estén en contacto conmigo también de ese modo.
Un abrazo, miles de besos, todo mi cariño,
Desde México, con Amor.
*AnaEdith*
