Disclaimer: Harry Potter es propiedad de JK. Rowling, excepto los personajes originales.


·

·

Ch. IV - Pagando una apuesta

·

·

Una par de semanas más habían pasado en un horripilantemente lento abrir y cerrar de ojos. El tiempo pasaba sin nada nuevo que mostrar, por lo que me encontraba enormemente aburrida. Aquellos sin duda no habían sido mis mejores días. Lo peor de todo era mi desconfianza e inseguridad hacia Draco Malfoy. Considerando que tal vez estaba enterado de mi actual situación –mi doble vida-, estaba obligada a evitarle completamente. El solo tenerlo cerca de mí me provocaba temblor en las rodillas, y un vacío en el estómago del cuál no encontraba razón.

La tensión poco a poco me estaba matando. También evitaba a toda costa encontrarme con Hermione y los demás. '¿Qué te ha pasado en el labio?' preguntarían enseguida. La verdad no tenia ningún deseo de dar explicaciones, mucho menos contarles de mi trifulca con Malfoy.

Toda esa semana la pasé junto a Kvasir y Krum, quienes obviamente me interrogaron respecto a los moretones, a lo cual sinceramente contesté que había sido una pelea con otro chico de Slytherin –sin dar demasiadas aclaraciones desde ahí en fuera lo único emocionante durante la semana fue un altercado en la clase de Pociones con el profesor Snape, desgraciadamente donde yo me vi muy involucrada.

·

-FLASH BACK-

·

Aquella mañana iba bastante atrasada para mi clase con Snape. Corría a toda velocidad por los pasillos desiertos del colegio, ya que todos los estudiantes estaban en clases menos yo. Doblé una esquina y bajé unos cuantos escalones para por fin llegar a mi destino. Un ruido parecido a una detonación ensordecedora se escuchó proveniente del aula a la que me dirigía. Justo al abrir la puerta una columna de humo negro me dio directo en la cara cubriendo mi visión por completo. En cuanto di un paso más dentro del salón pude darme cuenta que el suelo estaba cubierto por un líquido resbaloso y burbujeante.

Salí disparada hacia el interior de la humeada habitación, resbalando a causa de la sustancia esparcida en el piso, por suerte lograba mantenerme decentemente erguida mientras recorría el lugar tratando de conservar el fría voz del profesor se escuchó en toda la estancia. Había conjurado un hechizo el cual hizo desaparecer instantáneamente el humo. Demasiado tarde para mí. Al despejarse todo me di cuenta que iba directo contra él. El golpe fue duro. Ambos chocamos contra una de las mesas, cayendo fuerte contra el suelo mojado. En dicha mesa se encontraba el caldero de uno de los estudiantes de mi curso, él cual se meneó peligrosamente y se volteó virtiendo sobre mí una sustancia verde y asquerosa.

Todas las miradas estaban posadas en nosotros. Enseguida se escucharon carcajadas y burlas. No sólo había quedado empapados de pies a cabeza por el pestilente líquido, sino que también nos encontrábamos en una posición sumamente comprometedora y vergonzosa. Mis piernas estaban enredadas en el profesor Snape, me encontraba sentada sobre su cadera. Era obligada a asistir a mis clases como chica, por lo que mi falda por desgracia estaba levantada mostraba a todos mis torneadas piernas; mas no era eso lo que llamaba la atención de los demás, sino el que tuviera al profesor bien sujeto por el cuello. Ambos tragamos saliva lentamente. Mis mejillas ardían, seguramente mi cara tendría un rojo parecido al color de un tomate, o mejor dicho, al color rojo intenso tipo Ronald Weasley siempre que se enojaba. De repente el hombre de pálida piel me tomó bruscamente de los hombros y me empujo hacia atrás.

Reaccionando enseguida me puse trabajosamente de pie, siendo ayudada por un par de compañeros de clase: Angelina Johnson y Roger Davies. Al mismo tiempo el profesor, sujetándose de la mesa, también se levantó; adoptando nuevamente su pose de altivez y superioridad.

- Espero que estén satisfechos, señores Weasley. – dijo fríamente mirándolos con un odio terrible.

- Mucho. – murmuró Fred riendo por debajo dando un codazo a su hermano – Ha sido todo un espectáculo.-

- Vaya, me alegra el divertirlos. – comentó sarcásticamente – aunque admito que esto no me ha causado ninguna gracia por lo que tendré que…-

- Oh por favor, pero si ha estado buenísimo, – reí con ganas interrumpiéndole. Ahora que había asimilado lo que pasó me resultaba en verdad divertido - No seas tan amargado, Snape.- Inmediatamente reflexioné mis palabras. No podía creer que le hubiera hablado con tanta familiaridad y de forma tan común. Todos en la habitación quedaron inmóviles, igual de sorprendidos que yo por mi comentario.

- 50 puntos menos y detención para cada uno de ustedes, señores Weasley. – espetó cortante. Su mirada furiosa se clavó en mí. – En cuanto a usted, señorita Blackwood, tendrá la tarea de dejar esta aula impecablemente limpia, así como una tarde en detención en mi despacho. – volteó lentamente dirigiéndose al resto de la clase – se acabó el espectáculo, saquen sus libros en la página...-

- ¿D-detención? – Protesté molesta - ¡¿Tengo detención?!-

- Guarde silencio si no desea empeorar su situación, – continuó sin prestarme atención.

- ¿Esta loco o que? – Le desafié furiosa – ¡Si cree que voy a quedarme callada esta muy equivocado!-

- ¡Suficiente! – Me miró con frialdad – Vaya a mi despacho ahora mismo. – traté de reclamarle mas no me permitió siquiera hablar - ¡Ahora!-

Haciendo acopio de todas mis fuerzas me contuve, tomé mi mochila y salí del aula azotando la puerta tras de mí. Caminé por los pasillos blasfemando a regañadientes hasta llegar al dormitorio de la casa de Slytherin, necesitaba asearme cuanto antes. Obviamente no iba a cumplir las órdenes de ese sujeto, si no hacía caso a Marius mucho menos a él.

·

-END OF FLASH BACK-

·

Salí de mi ensimismamiento al escuchar un barullo detrás de mí. Me di la vuelta y vi a un grupo de chicas caminando detrás de alguien. Enfoqué la mirada y me di cuenta que se trataba de Viktor Krum. Reí para mis adentros. Pobre Krum, no se como soporta ese tipo de acoso. Entonces recordé a la hermana pequeña de Ron, Ginny Weasley, de quien últimamente había estado escapando. Me puse de pie sacudiendo la hierba de mis pantalones, me había encontrado tirada sobre el césped bajo la sombra de un árbol. Estaba decidida a ir a rescatar a Krum de su martirio cuando sentí la pesadez de una mirada fija en mí. Volteé disimuladamente en dirección a mi observador, era Malfoy de nuevo. ¿Por qué no me sorprende? Puedo asegurar que ese rubio fanfarrón había tenido una semana mucho más interesante que la mía. Había tomado lo de Nouk como una obsesión, investigando todo cuanto pudiese; ya que la verdad la existencia de Nouk Blackwood era en realidad todo un misterio.

Nuestras miradas se cruzaron y el muy cínico me sonrió saludándome con la mano descaradamente. Bufé molesta más sonreí un tanto sonrojada. El que alguien como él me prestara tanto interés me halagaba demasiado. Le devolví el saludo de la misma forma, lo cual le sorprendió un poco. Cuando le vi dar un paso adelante en dirección hacia mí, me di la media vuelta y me fui corriendo a alcanzar a Krum y a sus groupies. Aún no deseaba dirigirle la palabra a Draco, ya que seguramente lo único que él haría seria interrogarme sobre quien era yo realmente. Finalmente les di alcance, me abrí paso entre las chicas empujándolas a un lado. Estas me reclamaron molestas dirigiéndome algunas miradas de odio. Pero sin duda lo que hizo que me ganará su total desprecio fue el verme tomar a Krum del brazo para detenerle.

- Eh espérame Krum. – Ambos nos detuvimos, las chicas tras nosotros también lo hicieron a una distancia prudente – Hey-hey, que suerte tienes con las chicas, amigo. – le di un codazo y reí burlón.

- Pues te rregalo toda mi suerrte, no la quierro. – su acento me resultaba divertido mas ya me estaba acostumbrando a oírle. – Yo no entiendo porr que no me dejan en paz.-

- Es que eres todo un galán. – reí nuevamente dándole un leve golpe en el hombro.

- En lugarr de burrlarrte serría grrandioso que pudierras quitárrmelas de encima. - me miró con cara de pocos amigos.

- A eso mismo he venido. – sonreí, y levantándome de puntillas me acerqué más a él para susurrar en su oído – pero para salvarte debes hacer justo lo que te diga.-

Las chicas ahogaron un grito, algunas se llevaron las manos a la boca sin dejar de vernos fijamente. Aquel movimiento mío se vio demasiado coqueto. Les aterró el imaginarse que un chico anduviera tras su 'adorable búlgaro'. Entonces una de ellas dio un paso al frente sobresaliendo del numeroso grupo, al parecer se trataba de la líder o algo por el estilo.

- ¿Quién eres tú para hablarle tan íntimamente a nuestro campeón Viktor Krum? – una chica de rubios rizos me miró fríamente demandando una respuesta.

- Mi nombre es Nouk Blackwood – hice una galante reverencia – rendido a sus pies, señorita.- Murmullos de emoción salieron provenientes del grupo de chicas observándonos, unos segundos antes todas me odiaban pero al parecer ahora empezaba a agradarles.

- ¿Y bien? – Continuó interrogando cortante - ¿qué tienes que ver con Viktor Krum?

- Somos amigos, muy buenos amigos de hecho. - sonreí maliciosamente mientras sujetaba a mi amigo del hombro - ¿verdad Vik?-

El búlgaro tragó saliva lentamente asintiendo con la cabeza; no le agradaba para nada la idea de que actuásemos como más que 'amigos'. Encontraba muy incómoda la situación en que le estaba metiendo, yo por mi parte me estaba divirtiendo como nunca. La líder de las groupies nos observaba detenidamente, no estaba convencida –así como no estaba dispuesta a aceptar- de que hubiera una intima relación entre nosotros aferré al brazo de Viktor acercando más nuestros cuerpos. En las mejillas de Krum se agolpó un notable color carmín, estaba completamente sonrojado. Nuevamente ahogando un grito las chicas nos veían inquietas.

- Ahora si nos disculpan, preciosas niñas. Viktor y yo tenemos cosas que hacer. – volteé a verlo a los ojos y sonreí tranquilamente al ver sus mejillas ruborizadas –Hay un conjuro que me he inventado el cual deseo mostrarte. ¿Nos vamos?-

- E-eh… - tragó saliva nervioso, mientras caminamos alejándonos de las chicas – E-esta bien.- Continuamos avanzando charlando amenamente hasta perder de vista a las groupies, Krum seguía algo apenado e intranquilo. Finalmente llegamos a orillas del Lago donde saqué mi varita para mostrarle el hechizo que antes mencioné.

- Salió bien el plan ¿no? Con eso te aseguró que no te molestarán por un buen rato – Busqué una buena pose para ostentosamente hacer un poco de magia.

- No se de donde sacaste esa loca idea – comentó mientras me veía hacer movimientos extraños, a lo que no pudo evitar reír divertido - ¿Qué demonios haces ahorra?-

- Dije que te mostraría un conjuro que me había inventado, ¿o no? – por fin adopté una posición fija y con voz fuerte y clara recité el hechizo. Una brillante luz celeste brotó de la punta de mi varita, y como si una fuerte ráfaga me empujara salí impulsada hacía atrás a una gran velocidad. Aquello duró apenas unos segundos, los suficientes para hacerme caer lejos y fuertemente contra las frías aguas del lago.

- ¡Nouk! – gritó un tanto abrumado por lo que había pasado.

La extraña fuerza que me había lanzado me debilitó bastante. Sentía todo el peso del agua sobre mí, impidiéndome llegar a la superficie. Poco a poco el aire comenzó a hacerme falta y un sentimiento de terrible desesperación embargó mi ser por completo. Los segundos pasaban veloces mientras cansada dejaba de luchar por salvar mi vida. ¿Moriría ahogada? Una muerte en la que jamás imaginé que acabaría. Lentamente mis ojos se fueron cerrando. Varias imágenes se presentaron entonces en mi mente, Draco sonriendo pícaramente, Marius murmurando lo preciosa que me consideraba, a Hermione estudiando y charlando conmigo, y una mujer, una bella mujer de rubios cabellos tarareándome una melodía.

Entonces pude sentir como me jalaban y me aferraban firmemente contra un tibio cuerpo. Sentí la corriente chocar en mi rostro, hasta que por fin la fresca brisa dio de lleno en mi cuanto pusimos pie en tierra firme Viktor me colocó con cuidado en el suelo manteniéndome agarrada de los hombros, recargando levemente mi cabeza en su pecho. Respiré torpe y desesperadamente mientras sacaba el agua que había tragado.

- En serrio, algún día vas a terrminarr mal con tus marravillosos inventos - sonrió tranquilo.

Cuando por fin me di cuenta de que mis ropas totalmente mojadas se pegaban contra mis femeninas curvas, inmediatamente traté de cubrirme con mis delgados brazos. Entonces de forma amable el búlgaro colocó su capa sobre mí, supuso tal vez que yo quería resguardarme del viento que azotaba contra nosotros.

- Gracias. - murmuré con timidez.

Levanté mi mirada hasta toparme con los negros ojos del chico. Le observé detenidamente, apreciando con detalle cada parte de su rostro. Particularmente me dediqué a clavar mis ojos verdes en los suyos tan oscuros y brillantes, como intentando grabarlos para siempre en mi memoria. Krum también me miró unos instantes, pero desvió su mirada de mí algo nervioso. Pude escuchar su corazón latir aprisa en su pecho y sus mejillas tomaron de nuevo ese encantador color carmín de antes. Lejanamente escuché la familiar voz de Kvasir llamándonos, el chico se acercaba corriendo rápidamente hacia donde nos encontrábamos. Aquello me inquietó bastante. Que Krum no se diera cuenta de mi feminidad no quería decir que Kvasir tampoco fuera a hacerlo, ese pelinegro era más astuto de lo que hacía ver a los demás.

- Oh, eh, debo irme – me puse rápidamente de pie haciendo él lo mismo.

Entonces impulsivamente y sin darme cuenta de ello planté un beso en su mejilla, para después echarme a correr rumbo al castillo sin darme el tiempo de ver su cara de enorme sorpresa. Hasta donde él sabía ¡un chico lo acababa de besar! A medio camino me detuve pensativa ante una vaga idea que surgía en mi cabeza. ¿Qué dirá Krum cuando yo no estoy? Di la vuelta y vi al par de chicos búlgaros iniciando una entusiasmada charla. En segundos la curiosidad me embargó, por lo que caminé sigilosamente de regreso sin que ellos pudieran notarlo. Me detuve tras unos árboles cercanos agudizando el oído para escucharles mejor.

- ¿Por qué se ha marchado tan rápido Nouk? – preguntó el pelinegro volteando en dirección hacia el castillo poniendo una carita triste y sumamente tierna a la vez – Ni siquiera se despidió de mí.-

- Yo que voy a saberr… - murmuró mientras se tocaba la mejilla donde le había besado, ruborizándose otra vez.

- ¿Te pasa algo, viejo? – preguntó un tanto preocupado al verle tan callado.

- Nada, eh... bueno en rrealidad… - suspiró larga y pausadamente – si te lo digo te rreirrás de mí.-

- Vamos, puedes contarle lo que sea a tu buen amigo Kvasir – dio una palmada en su espalda esperando ansioso que Krum le contará lo que pasaba.

- Pues, verrás… - tragó saliva y continuó – No se porr que, perro hace unos instantes… sentí un deseo terrrible porr… b-besarr a… Nouk.-

Un incomodo silencio se formó. El pelinegro aun trataba de asimilar la confesión de su compañero, mas se atrevió a comentar algo al respecto de una forma sutil.

- ¡¿QUÉ?! – Gritó a los cuatro vientos bastante conmocionado - ¿Qué demonios significa eso de que querías besar a Nouk?-

- ¡Cállate, imbécil! – le tapó la boca con su mano y al mismo tiempo volteaba a los alrededores asegurándose que nadie hubiera estado lo suficientemente cerca para escucharles - ¿Cómo carrajos se te ocurrre grritarrlo. ¡Es un tema delicado!-

- No pude evitaglo – dijo difícilmente ya que la mano de Krum seguía cubriendo su boca – Me causagon shock tus palabgas ¿de que otga fogma espegabas que geaccionaga?.-

- Veamos… - fingió pensarlo un momento - ¡¿que tal de una forrma donde no incluyerra que se enterrarra medio mundo al rrespecto?!-

- Pgimego que nada quita tus enogmes manos de mí – lo empujó lejos de él y luego le miró riendo burlón – no sea que luego se me peguen tus extraños y desviados deseos.-

- No soy homosexual – espetó firmemente dirigiendo una fría mirada a su sonriente amigo.

- Explícame entonces, ¡Oh gran Viktor Krum!, ¿que significado tendrían esos inusuales 'deseos' de besar a otros chicos? – bromeó divertido.

- No. Lo. Sé. – Suspiró poniendo los ojos en blanco y continuo diciendo un poco sonrojado – Sólo sé que deseé con todas mis fuerzas robar un beso de esos rosados y carnosos labios…-

Mi corazón latía fuertemente en aquel momento, por lo que puse ambas manos sobre mi pecho ya que sentía como si se fuera a salir en cualquier momento. Escuchaba lejanamente las risas de Kvasir y como continuaba discutiendo con Krum. Me alejé caminando pausadamente hacia el castillo, había escuchado suficiente. Volví distraída y pensativa a Hogwarts. Aun seguía un tanto confundida por la rara confesión del búlgaro. El simple hecho de imaginar que tal vez le gustaba a Viktor Krum me puso como la carne de gallina. ¿Y si a mí también me gustaba Krum? Me estremecí ante la idea. Era imposible que yo llegará a sentir algo por él, no sólo por que Hermione era mi mejor amiga y estaba segura que ambos se gustaban, sino por que simplemente hacerme esa idea en la cabeza me provocaba una terrible jaqueca. Me detuve por fin en la entrada a la casa de Slytherin, di la contraseña y se me permitió entrar inmediatamente. Suspiré cansada y atravesé veloz la sala, pero me detuve paralizada al escuchar una conocida voz desde un extremo de la misma habitación.

- Pensé que nunca llegarías. – dijo sonriendo altivo el rubio acosador, quien se encontraba sentado en un enorme sillón - Tenemos asuntos pendientes, Blackwood.-

- Que yo recuerde no me debes nada. – dije tratando de sonar burlona para opacar un poco mi temor a continuar nuestra charla – Ahora si me permites, tengo cosas que hacer – dándole la espalda me proponía continuar mi camino.

- Espera – en un brinco se puso de pie tratando de detenerme - ¿Acaso me estas evitando?-

- ¿Tengo por que hacerlo? – volteé a verlo desafiante.

- Esperaba que tú me lo dijeras – dio un par de pasos acercándose más a mí.Cuando nuestras miradas chocaron un leve escalofrío recorrió mi cuerpo. Draco sonrió pícaramente viéndome de forma seductora. Me estremecí. De nuevo esa estúpida sonrisa que me sacaba de quicio, otra vez le encontré sumamente atractivo -cosa que no me agrado para nada-.

No pude soportar más su presencia y salí corriendo. Mi mente estaba tan nublada que no me percaté de que había entrado al dormitorio de las chicas luciendo como un muchacho. Draco frunció el seño y chasqueó la lengua. Le sorprendió que no se activara la trampa que prohibía la entrada de hombres en las habitaciones de las mujeres. Se dejó caer pensativo en el sillón donde antes se encontraba con una sospecha confusa en la cabeza.

·

·

·

Ya a salvo –o cuando así lo consideré- me encerré a solas en el baño. Despojándome de mis ropas mojadas me observé detenidamente frente a un enorme espejo. Mi labio seguía partido y el sin fin de moretones que tenia por todo el cuerpo aun no sanaban por completo. Una sonrisa se esbozó en mi boca al recordar el altercado de hace una semana.

- Sin duda fue una buena pelea, Malfoy – reí dolorosamente. Sólo había usado magia para curar mis costillas lastimadas por el rodillazo que el rubio imbécil me había dado – Al final de cuentas estas demostrando ser mucho más interesante de lo que creía. Entré a la regadera y dejé que el agua fría mojara mi cuerpo. Era refrescante, totalmente renovador sentir como cada gota se resbalaba por mi piel, llevándose consigo mi agotamiento. - No me avergüenzo de estas heridas – pensé tranquilamente – Por eso no gasté mi magia en curarlas, Malfoy. - sonreí con autosuficiencia – por que en cierta forma me siento orgullosa de ellas.-

Al volver a la habitación vi sobre mi cama una caja de buen tamaño. La abrí con pereza descubriendo así su raro contenido. Un vestido, zapatillas y una nota de mi guardián. "Te espero en la arena para el Torneo de los Tres Magos. Es tiempo de que pagues tu apuesta, mi pequeña." Esa tonta apuesta. Suspiré. La había olvidado por completo, así como no me había acordado que aquella tarde se llevaría a cabo la primera prueba del torneo.

Saqué el vestido admirándolo por unos momentos. Marius tenía un peculiar gusto para escoger las cosas, y ese vestido no era la excepción. Sin duda era una prenda preciosa. Sencilla, pero preciosa. Y si tenía que usar uno de esos me alegraba que por lo menos fuera de mi agrado. De misma manera admiré las zapatillas aun dentro de la caja. Gracias al cielo que no eran de tacón. Se trataba de unas simples zapatillas planas llenas de piedritas de colores. Originales pero no muy llamativos. Sonreí. Marius me conocía demasiado bien.

En breve me puse el vestido y las zapatillas, así como solté mi pelo el cual caía lacio sobre mis hombros semidesnudos. La típica vanidad de mujer poco a poco floreció en mi corazón, fue entonces cuando pasando la varita por mi rostro con suavidad delineé mis ojos levemente en un color oscuro y puse un poco de brillo rojizo en mis labios –combinando perfectamente con el color rojizo pálido de mi vestido-. Cuando terminé de arreglarme, cumpliendo con toda la ceremonia que anteriormente había visto realizar una infinidad de veces mis compañeras de dormitorio, decidí pararme frente a un enorme espejo de la habitación. "Vaya". Una exclamación de sorpresa salió de mis labios.

Después de varios segundos de mirarme de pies a cabeza y por todos los ángulos me sentí avergonzada, no tenia ningún deseo de que nadie más excepto Marius me viera así. Me mordí el labio inferior y fruncí el seño preocupada. La idea de que todos me vieran tal cual era me causaba pánico; y sin duda alguno de mis amigos se daría cuenta de que mi yo masculino era una mentira siendo así el fin de mi divertida doble vida. Fue entonces cuando una rara solución llegó a mi cabeza. Tomando un objeto cualquiera y usando mi varita lo transformé en un pequeño antifaz negro. "Perfecto, así nadie me reconocerá y habré pagado mi apuesta con Marius" pensé satisfecha mientras colocaba la máscara en mi rostro.

·

·

·

Minutos después me encontraba corriendo por los desolados pasillos del castillo. No había ni una sola alma en el edificio ya que todos se encontraban en la arena donde se llevaría a cabo la primera prueba del torneo. Los gritos de los emocionados espectadores se escuchaban en la distancia, ensordeciendo cualquier otro sonido de los alrededores. Cautelosa y veloz me acerqué a una de las muchas escaleras de acceso, subí rápidamente sin dejar de mirar hacia atrás sospechando que alguien me seguía; cada día me afectaba más el tener a Malfoy siguiendo todos mis pasos al punto de ocasionarme un permanente delirio de persecución. Fue entonces cuando tropecé con una persona de espaldas a mí. El golpe me confundió un poco y para cuando pude enfocar la mirada me di cuenta de que un apuesto castaño ágilmente me había sujetado con firmeza de los hombros evitando que cayera.

- C-cedric… - murmuré aterrada.

- ¿Nos conocemos? – sonrió despreocupadamente mientras curioso me examinaba de arriba abajo, enfocando especial interés en descubrir el rostro tras la máscara. Aquella fresca y simple sonrisa me provocó un fuerte temblor de rodillas, si duda alguna el recuerdo de aquel beso robado por accidente seguía vivo en mi memoria.

- No. – dije con una seriedad gélida.

- ¿Cuál es tu nombre? – insistió el chico sin apartar una media sonrisa de su rostro. Acercando su mano hacía mí, Cedric acarició con suavidad los mechones de negro cabello que caían en mis hombros. Un gesto sumamente dulce que me hizo estremecer.

- Lo siento, debo irme. – di un pasó atrás tratando de zafarme de sus brazos prisioneros.

Separándome del chico lentamente caminé hacia atrás, y a una distancia segura di la vuelta y continué corriendo para encontrarme con mi tutor. El castaño se limitó a permanecer inmóvil por unos segundos viéndome partir, para después él también irse corriendo a su destino. Cuando por fin di con Marius, le encontré en los últimos lugares del palco de profesores y otros invitados distinguidos del torneo, este se hallaba muy divertido charlando con uno de los profesores. Severus Snape. Tragué saliva lentamente. 'Demonios, precisamente tenía que estar con él' pensé molesta dudando si acercarme o no. Antes de poder escabullirme sin ser vista escuché la voz de mi tutor llamándome.

- ¡Eh! – Agitó una de sus manos señalándome - ¡Por acá, An-n…! – calló inmediatamente al ver mi cara amenazadora. Ya le había pedido un sin fin de veces que no me llamará por mi verdadero nombre frente a otras personas.

Me acerqué con pesadez y me senté a su lado. Marius sonreía ampliamente sin apartar la vista de mí.

- Estás preciosa. – dijo con sinceridad mientras hacía hacia un lado un mechón de cabello de mi frente – Siempre te lo he dicho.-

- C-callaté… - murmuré completamente ruborizada, no sólo las palabras de mi guardián me avergonzaban y provocaban escalofríos, sino también la mirada fija de Snape en mí.

- ¿Se puede saber el por que de esa máscara? – preguntó burlón.

- No iba a dejar que descubrieran lo de mi doble identidad por culpa de esta tonta apuesta. – susurré lo más bajo posible tratando de evitar que aquel hombre pálido cerca de nosotros escuchará.

- Ya veo. – rió con ganas. Me alegró muchísimo verle tan feliz y divertido, así que pensé que en verdad todo esto había valido bien la pena.

·

·

·

La primera prueba del torneo de los tres magos dio inicio. El reto a cumplir que en aquella tarde se les impondría a los cuatro valientes campeones seleccionados sería el de enfrentar a un feroz dragón y robar el huevo dorado que este custodiaba. Cuando se anunció que el joven mago que daría inicio al evento era Cedric Diggory, se me heló la sangre. El roce suave de sus manos aun podía sentirlo cerca de mis mejillas. La contienda entre Diggory y el Hocicorto sueco fue breve pero emocionante. Cada ataque que el castaño recibía de la atormentada criatura me hacía brincar en mi asiento, así como también agobiaban mi corazón con una punzante preocupación. Por suerte el estudiante de Hufflepuff salió completamente victorioso de su encuentro. Pero, ¿y si Viktor Krum salía herido al enfrentarse a su dragón?

El combate entre la rubia francesa y su dragón fue mucho más sencillo de lo que esperaba. La chica tenía de princesita lo que yo tenía de muchacho. Un par de ataques con su varita y con una agilidad impresionante logró tomar el huevo antes de que la bestia se diera cuenta siquiera. Por fin el turno de Krum llegó. Le vi salir de la tienda de los campeones con su cara seria de siempre, pero pude percibir en sus ojos un aire de inseguridad. Viktor estaba sin duda alguna nervioso, si no lograba concentrarse como debía sería presa fácil para el Bola de fuego chino.

- ¡Viktor! – Me puse de pie mientras gritaba a todo pulmón - ¡Demuéstrales de lo que eres capaz!-

Muchas de las miradas se habían posado en mí, no sólo la de Viktor que me veía confundido. Desde el otro lado de las gradas pude ver los semblantes celosos de las admiradoras del búlgaro, quienes se preguntaban quien era yo para atreverme a animar así a su 'campeón'. Nada me importó en aquel momento, sólo deseaba animar a mi mejor amigo para que tuviera la confianza suficiente en si mismo y luchará con bravura contra su dragón.

- ¡Sé que puedes lograrlo, Viktor! – Sonreí sin apartar mi mirada de los negros ojos del chico, que de igual manera me veía fijamente - Estoy segura que le vencerás…- Una tímida sonrisa se esbozó en los delgados labios del moreno y apretó con fuerza la varita en su mano derecha. No se si un par de palabras de ánimo de una desconocida le sirvieran de algo, pero ahora ciertamente se le veía mucho más confiado y seguro de lo que debía hacer.

En cuanto el búlgaro hizo el primer ataque contra el dragón el público se olvidó completamente de los gritos de la misteriosa chica de hace unos instantes. Todos estaban concentrados totalmente en los movimientos que se llevaban a cabo en la arena. Todos, menos él. El rubio de siempre, mi obstinado y eterno perseguidor: Draco Malfoy. Me sobresalté al percatarme de su pesada mirada, aun estando del lado opuesto de la arena donde me encontraba podía sentir sus ojos grisáceos calándome, una mirada me hizo sentir desnuda, como si perforara mi carne traspasando mi corazón. Si existiera un hombre en este mundo capaz de hacerme sentir sumamente deseada con sólo una mirada, sin duda alguna ese sería Draco Malfoy.

Tratando de evitar ver sus ojos clavados fijamente en mí traté de distraerme con cualquier cosa, por lo que comencé a jugar nerviosa con la punta de mi cabello. "Grandísima tonta", pensé unos segundos después, "Parece que estas coqueteándole".

- ¿Pasa algo, Anouk? – Murmuró curioso mi tutor – Luces nerviosa…-

- No, no es n-nada, Marius. – aprisa afirmé mientras mis mejillas se tornaban color carmín – Sólo que me sentía preocupada por los chicos en el torneo, - una excusa perfecta para la ocasión.

- No tienes por que estarlo. – sonrió tranquilo poniendo su mano sobre la mía – todos son excelentes magos.-

- Lo sé. - recargué con suavidad mi cabeza en el hombro de Marius, quien instantáneamente me rodeó con su brazo acercándome más a él.

Me encontraba aferrada de mi guardián de la misma forma que lo hacía cuando escapamos del ataque mortífago. Hundiendo mi rostro en su pecho podía sentir de nuevo su agradable aroma saciando mis sentidos. La tibieza de su cuerpo era casi nula pero aún así me agradaba nuestro contacto. Mi corazón en aquel momento latía desbocado, y no sabía exactamente la razón. ¿Acaso era por esa exquisita sensación que sentía al estar junto a Marius o era por todo lo raro que me hacía sentir Draco Malfoy últimamente?

·

·

·

·

Un par de noches después me hallaba de contrabando en la torre de Gryffindor. Hermione y los demás insistieron en que los acompañara a una pequeña reunión que harían para celebrar el triunfo de Harry en la primera prueba del torneo. Dicha celebración no sería como la primera donde estaban todos los Gryffindors ovacionando a Harry, según Hermione sólo seriamos los amigos más cercanos al pelinegro. Nuestro lugar de reunión era nada menos que la habitación de los chicos, donde haciendo a un lado las camas abrimos espacio para colocar un sin fin de cojines en el suelo donde todos nos encontrábamos sentados, bebiendo cerveza de mantequilla y brindando por la victoria del campeón más joven del torneo.

Aquella noche en verdad era mágica, y no lo digo por la media luz que iluminaba el lugar provocado por algunas velas encantadas flotando sobre nuestras cabezas, sino por el ambiente de tranquilidad y diversión en el que nos encontrábamos. Nunca antes había formado parte de una reunión así, por lo que esta me parecía maravillosa. Sentirme rodeada de personas sonrientes que de cierta forma me apreciaban me hacía sentir una alegría y calidez que antes nunca conocí. Deseaba que aquella noche no terminara jamás, pero por desgracia el reloj ya marcaba más de la media noche. Hace horas que había pasado el toque de queda y si no volvía a mi dormitorio en la casa de Slytherin estaría metida en graves problemas, ya que siendo alumno de la casa que era estar en aquel lugar ya me implicaba un aprieto tremendo.

- Lo siento en verdad chicos, pero debo irme ya. – me puse de pie y comencé a despedirme de todos los presentes.

- ¿Es necesario que te vayas? Aun es temprano. - insistió la pequeña pelirroja mientras apretaba mi mano.

- No querrás que tenga problemas con Snape por estar aquí, ¿verdad Gin? – respondí de forma un poco coqueta para convencerle de que me dejara ir.

- Bien, pero prométeme que mañana pasaremos el día juntos. - se aferró esta vez a mi brazo con fuerza, con una mirada obstinada fija en mí esperaba a que dijera la respuesta que ella quería oír.

- Ginny… - la chica no estaba dispuesta a ceder. Suspiré cansada y asentí – de acuerdo, haré lo que quieras pero déjame ir ya.-

- ¡Genial! – Brincó de alegría – entonces es una cita. – me guiñó un ojo coqueta a lo que yo respondí con otro suspiro de cansancio.

Para cuando quise despedirme de los gemelos Weasley no los encontré por ningún lado. Según Ron habían salido de la torre para ir en busca de una sorpresa que habían preparado especialmente para Harry y su victoria. Nuevamente hice una seña de despedida y desaparecí de la torre de Gryffindor. Debía pasar totalmente desapercibida si quería evitarme problemas con Filch o con Snape. Deambulé por la penumbra, pasando de sombra en sombra. Evitando que todo rayo de luz de luna me tocará la ropa siquiera.

Encontrándome cerca de las mazmorras suspiré aliviada, estaba a medio camino así que sin duda ya no corría tanto peligro de ser descubierta. Fue entonces cuando al cruzar de una columna hacia otra en el pasillo sentí como me jalaban con una fuerza impresionante, aquel jalón no solo me había aturdido sino también lastimado el brazo. Volteé molesta y a la vez aterrada para ver quien era mi captor. Temía que fuera Snape quien me había encontrado fuera de mi cama a esas horas, mas no se trataba de ese hombre pálido que esperaba.

- ¿A dónde vas a estas horas de la noche? – preguntó una voz extrañamente conocida desde la penumbra.

- Suéltame y puede que te lo diga. – dije esperando que el brazo opresor que me sujetaba con fuerzas me soltara y así poder escapar.

- No te soltaré hasta que respondas algunas preguntas. – una sonrisa brillante y blanca relució en la oscuridad.

- Primero dime ¿Quién demonios eres tú? – forcejeé tratando inútilmente de liberarme.

- Interesante pregunta, Blackwood. – dio un par de pasos al frente hasta que ambos quedamos iluminados por la luz de la luna llena – Charlemos un poco al respecto.-

- M-Malfoy… - tartamudeé atemorizada, mas traté de mantener la calma. Como él lo dijo, únicamente quería charlar así que no tenía por que preocuparme, ¿o sí? - ¿Q-que… - aclaré mi garganta y adopté un semblante serio - ¿Qué es lo que deseas hablar conmigo?-

- Deseo aclarar de una vez por todas el gran misterio que eres, Nouk Blackwood. – fijo su mirada en la mía haciéndome sentir acorralada – Te he estado siguiendo de cerca y lo sabes, así como también te he investigado a fondo. Ahora sé lo que eres y lo que no eres.- hizo una pausa mientras esbozaba una sonrisa de triunfo en sus labios – y sé muy bien lo que NO eres.-

Aquellas palabras me dejaron totalmente paralizada. Carajo, ¿sería que Malfoy ya me había descubierto? No, no puede, he tenido mucho cuidado en mantener en secreto mis dos identidades. Suspiré profundo tratando de calmarme, aunque admito que no servia de nada ya que estaba temblando aterrorizada.

- ¿De que rayos estas hablando? – traté de hacerme la inocente, tenía que averiguar que tanto sabía antes de confesar mi mentira, la cual tendía de un hilo muy delgado apunto de romperse.

- Sabes bien a que me refiero, Blackwood. – insistió apretándome el brazo de nuevo y al mismo tiempo empujándome contra la fría columna – Más te vale que me digas toda la verdad, de todos modos ya lo he descubierto.- El helado mármol traspasó mis delgadas ropas haciendo que me retorciera al contacto con mi tibia piel, sin querer arqueé mi cuerpo cuál felino acercándome al rubio. Dicho contacto entre nosotros nos sorprendió a los dos, pero eran sólo nuestras miradas las que parecían hablar entre ellas.

- Nouk Blackwood no existe – por fin dijo después de un incomodo silencio – así que dime, ¿Quién eres tu realmente?-

- Y-yo soy… - me sentía tan frágil y pequeña, su severo rostro demandando una respuesta me hacía sentir vulnerable – No puedo, no quiero decirlo… - levanté la mirada encarándolo desafiante – No lo diré.-

- Déjate ya de juegos tontos conmigo – exasperado el chico me empujó de nuevo contra la columna, pero esta vez con su varita rompió el hechizo ilusorio con facilidad. En breve mi cabellera negra cayó lacia sobre mis hombros. Las piernas me temblaron, me sentía desfallecer. Todo había terminado en aquel momento, la vida que por un momento me había hecho feliz se quebraba en mil pedazos bajo mis pies. Cierto, era todo una mentira, pero aun así había conseguido amigos de verdad y había demostrado a un sin fin de personas mi valor.

Esperaba un comentario burlón y venenoso que saliera de la boca del slytherin, mas el silencio continuó presente. Levanté la mirada topándome con un rostro serio en el rubio, pero sus ojos mostraban el brillo de la victoria. Sentí un vacío amargo en el estómago, se trataba nada menos de un rencor y furia nacientes en mis entrañas.

- Te felicito tus sospechas eran correctas, no soy lo que aparentaba ser. – dije mirándole con odio mientras empuñaba mis manos conteniendo el enojo – Espero que ahora estés satisfecho, Malfoy.-

- Desde luego que estoy satisfecho. – sonrió cínicamente – Nouk Blackwood nunca existió. ¿En serio creías que podrías engañarme? No seas tonta.-

- Imbécil. - furiosa traté de asestarle un golpe en la cara con todas mis fuerzas.

Estaba a punto de lograr mi cometido cuando me detuve en seco, muy al contrario de golpearle lo que hice fue sujetarlo y jalarlo hacía mí. El rubio sabía bien que hacer, ya que al parecer él penso exactamente lo mismo. Sentí el roce de sus labios con los míos de una forma apasionada y salvaje, su boca en la mía ejercía un poder demandante con tal fuerza que me hizo chocar de nuevo contra la pilastra. Una sensual y traviesa mordida por parte del chico me hizo soltar un débil quejido. Impaciente entreabrió mis labios para meter su lengua buscando entrelazarse con la mía en una tibia caricia. Podía sentir el deseo incontrolable de Draco ahogándose fugaz en mi garganta. Era la primera vez que me besaban de esa forma, ya que obviamente ese era mi segundo beso.

Por unos minutos la pasión se desató incontrolable, en aquel momento sentía un extraño deseo de rendirme a Draco para siempre. Entonces la realidad asestó de golpe en mi cabeza. ¿Cómo era posible que me encontrara besando de esa forma a la persona más exasperante del mundo? Le empujé con brusquedad alejando sus labios de los míos. Nuestros alientos tibios y jadeantes se mezclaban con el frío de la noche. Mis manos temblaban, tenía miedo, miedo a lo que estaba pasando y sobre todo a lo que estaba sintiendo. Las manos del slytherin se entrelazaron con las mías apretándolas con firmeza y sus brillantes ojos se clavaron en los míos de tal forma que me obligaron a verle también.

- D-draco… - susurré suavemente bajando de nuevo la mirada - ¿Qué se supone que significa todo esto? Y-yo… no entiendo nada.-

- Fue un beso – sonrió despreocupado – ¿que es lo que tienes que entender?-

- Supongo que nada. – mis facciones se volvieron frías y duras. Fui una tonta al creer que él también había sentido algo especial con nuestro beso. Separé mis manos de las suyas y le empujé de nuevo, pero esta vez lejos de mí – Ya que resolviste el gran misterio que te obsesionaba, ahora me dejarás en paz.-

- ¿Qué tal si no estoy aún satisfecho? – Insistió con una sonrisa jodidamente sensual mientras me sujetaba del brazo de nuevo - ¿Qué tal si también quiero descubrir lo que eres ante otros?-

- ¿Qué más quieres de mí, Malfoy? - murmuré y con fuerza trate de soltarme de su mano - ¿Humillarme públicamente?-

- ¿Humillarte? – dijo lentamente, como saboreando la palabra en su boca – Admito que sería interesante, pero no es eso lo que quiero.-

- Bien, entonces dilo – pregunté impaciente - ¿Qué quieres?-

- Te quiero a ti – sonrió seductor.

Aquellas palabras me erizaron la piel. Me inmuté a tal grado de olvidar que debía respirar, así que después de un rato por fin suspiré larga y pausadamente. Mis rodillas temblaban y mi mirada no podía apartarse de la de Draco que me seguía viendo con esa estúpida sonrisa de autosuficiencia y triunfo.

- ¿Q-qué? – Tartamudeé confundida, mas enseguida trate de recobrar la compostura – ¿De que demonios estas hablando?-

- No te emociones imaginando que me gustas. – dijo venenosamente – sólo te estoy diciendo que irás conmigo al baile de invierno.-

- Si, claro. – puse los ojos en blanco con fastidio – Mira, principito... – comenzaba a recuperar mi seguridad así que decidí enfrentarme al chico – En primera estas loco si crees que tengo un 'interés especial' por ti… – usando mi varita recuperé mi apariencia de chico. – En segunda no se que diablos es eso del baile de invierno, ni me importa saberlo, y NO iré contigo.-

- Ya – sonrió con galantería. Odiaba esa sonrisa, sobre todo por que me hacía sentir débil. Sin darme tiempo de reaccionar el rubio sujetó mi cuello con una de sus manos, me empujó hacia atrás acorralándome de nuevo hasta chocar con la columna y acercó sus delgados labios posándolos en los míos. Este nuevo beso a diferencia del otro me resultó sumamente dulce y delicioso, por lo que no hice nada por tratar de detenerlo.

- Serás mi pareja en el baile. – murmuró en mi oído suavemente provocándome un ligero cosquilleo – no hay ninguna otra chica con quien desee ir mas que contigo.-

Mis mejillas ardían de nuevo con un notable color rojizo cubriéndolas por completo. Una extraña sensación en mi estómago me hizo sentir enfermiza. No podía soportar más estar a su lado, cada segundo que pasaba me hacia sentir más y más confundida. Justo cuando traté de liberarme de su aprisionamiento un par de chicos aparecieron saltando frente a nosotros, me quedé estupefacta y con la boca abierta cuando me di cuenta de quienes se trataban.

- George ¿ves lo que yo veo? – preguntó al pelirrojo a su izquierda.

- Cuando no, gemelo mío – sonrieron maliciosa y ampliamente sin apartar sus miradas de nosotros.

A parte del necio de Malfoy -y de Hermione obviamente- sólo había un par de chicos más que estaban al tanto de mi doble identidad. Asi es, me refiero a los gemelos Weasley, los maestros del engaño a quienes era imposible mentir. Desde el primer momento en que me vieron con Hermione y en las clases que nos tocaban juntos se dieron cuenta de mi 'jueguito', mas nunca dijeron una sola palabra. Supongo que el brindarles mi apoyo en aquel incidente en clase de pociones con Snape me hizo ganar su confianza.

- ¿Te imaginas que dirá la gente cuando se enteren que el grandioso Draco-pedante-Malfoy le anda haciendo a su mismo bando? – burlón se dirigió al rubio fríamente serio que estaba a mi lado.

- Quizás no se sorprendan, querido hermano, después de todo, algo de raro debía tener alguien que se ama tanto a si mismo – sonrieron satisfechos.

Frotándose las manos y con un brillo malicioso en los ojos estaba segura de que aquel par ya estaba planeando algo para manchar la reputación que tenía el slytherin. Por su parte Draco estaba sin duda alguna furioso, su mirada irradiaba un peculiar odio hacia los gemelos. Estaba dispuesto a sacar su varita, de hecho la mantenía con una mano bien apretada en su bolsillo más que listo para lanzar un maleficio. Fue entonces cuando puse mi mano en su hombro y le di un ligero apretón. No deseaba que iniciara una pelea y por su culpa nos descubrieran a todos vagando en el castillo a media noche.

- Si tanto quieres que vaya al dichoso baile contigo... - me incliné cerca de él y murmuré suavemente en su oído - deberás guardar mi secreto hasta entonces. – me alejé de nuevo a una distancia considerable y dije sonriendo – Ah, y debes tranquilizarte 'principito', no vas a armar una escena por esta tontería ¿o si?-

Él me miró sin decir una palabra, conteniendo su enojo. Sacó su mano del bolsillo dejando su varita dentro y se dirigió desafiante a los chicos. - Se atreven a decir una sola palabra de esto, y me aseguraré de que este verano terminen de morirse de hambre – dijo con altanería para después darse la vuelta y salir de ahí, aunque antes se detuvo y sonriendo término de decir – Claro que no será la gran diferencia.-

Fred bastante molesto estaba decidido a lanzar un embrujo de mocos de murciélago –especialidad de Ginny- al rubio pero su hermano le detuvo a tiempo, mientras Draco riendo desapareció rumbo a las mazmorras.

- Conque jugando a los noviecitos con esa víbora ¿eh? – finalmente comentó uno de los gemelos con una sonrisa burlona en sus labios.

- ¡No… - me apuré a decir - Draco y yo no somos, es decir, Malfoy no es mi novio – estaba nerviosa, era la primera vez que hablaría con alguien sobre mi relación con el slytherin.

- Ya – dijeron sarcásticos al unísono.

- Entonces ¿nos dirás por fin tu verdadero nombre? – Preguntó uno de ellos con entusiasmo – Desde un principio supimos lo que traías entre manos pero aun no hemos hecho las presentaciones correspondientes.-

- B-bueno… - suspiré pausadamente y me quité la gorra dejando que mi cabello cayera de nuevo sobre mis hombros – Mi nombre es Anouk Blackwood… y si, como ven, soy una chica.-

- Nouk y Anouk - George rió divertido - Wow, que ingenio.- Dijo sarcástico.

- No se me ocurrió uno mejor en aquel momento – me encogí de hombros.

- Aficionada – dijeron al unísono al mismo tiempo que compartieron una mirada de complicidad.- Se ve que te faltan años de experiencia para llegar a nuestro nivel – Fred se acercó a mi derecha y me sujetó del hombro – aunque es admirable que lograras engañar a tanta gente. - Hay que admitir que tienes cierto talento inexplorado para el precioso arte del engaño – el otro Weasley se colocó a mi izquierda y haciendo como su hermano me sujetó también – Y nosotros podríamos ayudarte a pulir ese don tuyo.-

- ¿Ayudarme? ¿Cómo? – admito que los pelirrojos lograron captar mi total interés en sus palabras.

- Reúnete con nosotros mañana después de las clases en el gran comedor. – se despidieron haciendo una exagerada reverencia y se encaminaron a prisa a la torre de Gryffindor.

Una vez que les vi desaparecer hice lo mismo y me perdí entre las sombras del castillo, andando sigilosamente hasta por fin llegar a salvo y sin ser vista hasta el dormitorio de las chicas en la casa de Slytherin.

·

·

·


N/A: Hola chicos, muchas gracias a todos los que se toman el tiempo de leer mi fic. Y este capítulo esta especialmente dedicado con todo mi corazón a: Celestana, Maver y Mandy. ¡Gracias por sus reviews y su apoyo!