Digimon no me pertenece. Toda la gloria a sus respectivos creadores. Esta historia busca entretener y no una remuneración monetaria.

Historia escrita para el reto de ChemicalFairy del Foro Proyecto 1-8

Se los advierto... De aquí y para adelante lo único con lo que se encontraran es con situaciones absurdas y un humor que no llamaría blanco, pero tampoco llamaría negro. Simplemente, locuras y delirios a la orden del día.

Tal como dije en el anterior, además, los OoC también serán pan de cada día, pero es totalmente necesario.

Sin mas, ¡Disfruten!


Capítulo IV: ¿Emperador…a?

¿Por qué el mundo había decidido enloquecer justamente aquel día? ¿Era su culpa? ¿Había hecho algo malo? ¿Es que el calendario de todos marcaba el día de "Hazle la vida imposible a Taichi" y él por ingenuo no había descubierto los planes de sus amigos?

Comenzaba a pensar seriamente que los hilos invisibles que mantenían en órbita al mundo —Porque si, señor, el chico pensaba seriamente que realmente habían hilos plateados que sostenían la tierra en su lugar— habían sido cortados junto a sus hebras chocolate.

Si, ¡Eso era! ¡Sin duda era la única explicación lógica!

Si, su cabello debía ser el culpable, ¿De que otra manera podría explicar los fenómenos paranormales que le invadían? Y si, no acababa de convencerse aun, pero era la única explicación claramente coherente que podía hallarle a los sucesos extraños que comenzaban a presentarse a su alrededor.

Oh, bueno, tal vez no. Tal vez todo fuese culpa de algún Digimon fastidioso.

Si, si, eso tenía mas sentido. Eso tenía que ser, sin duda… Y a falta de Izzy, necesitaría urgentemente ayuda de algún otro genio.


A ver, recapitulemos.

Se había encontrado con un Yamato travestido como Lady Gaga bailando al son de una canción pegajosa pero vacía, que le hacía guiños y lanzaba besos al aire, a un Koushiro sacado de la película Vaselina, con lentes oscuros y chaqueta de cuero que lo miraba con desdén, como si se tratase de una simple cucaracha y con un Iori con una actitud agresiva, una mirada macabra y un arma que amenazaba con dejar unos cuantos hematomas a su paso, recordándole así al hijo bastardo de algún asesino serial de esos de las películas Hollywood que su hermana menor solía ver a escondidas cuando pensaba que nadie la veía.

Si, todo eso tenía que ser obra de un Digimon maligno que tenía a sus amigos presos de una ilusión, pues la idea de su cabello aun no le parecía lo suficientemente creíble.

¿A quien recurrir entonces? ¡Claro! ¡Miyako y Ken! Ellos seguramente sabrían que hacer.


Habiendo escapado satisfactoriamente de las peligrosas garras de Chucky 2.0, su siguiente objetivo fue dar con la pareja de enamorados que podría resolver el conflicto en el que se veían envueltos.

Solo esperaba desde el fondo de su alma que el virus de la locura no los hubiese infectado también a ellos, después de todo no sabía quien podía ser el siguiente en la lista del maligno Digimon.

Agradeció mentalmente que el chico Ichijouji se hubiese inscrito para cursar la preparatoria en el mismo lugar que ellos —Debido a que había sido adelantado un año a causa de que, por su inteligencia superior, no les quedó de otra— y así no tendría que salir a buscarlo por la calle. Es más, lo más probable es que se encontrase en el mismo lugar donde Miyako se hallase debido a que eran un par inseparable desde que habían aceptado sus sentimientos.

Se encaminó a paso lento en dirección al aula que sabía era la que les pertenecía, pero no se encontraban allí. Recordó además que en el salón de computación no estaban pues allí había buscado a Koushiro y, de haber estado, los habría visto.

Optó entonces por dirigirse a la biblioteca, después de todo allí habían computadoras y, además, ellos eran unas ratas de biblioteca —En el mejor sentido de la expresión—, por lo que encontrarlos allí sería lo mas natural.

Su deducción, por una vez en su patética vida, fue correcta.

Allí estaban, si, pero para su pesar y, peor aun, para su terror, el virus ya los había alcanzado, al menos a Miyako.

Abrió con sigilo la puerta y descubrió así un mundo totalmente nuevo para él, aun más extraño e inexplorado que el Digimundo, porque si, había que aceptar que Taichi no era precisamente dado a la lectura, así que nunca en su vida había puesto un pie en la biblioteca.

Intentó no hacer mucho ruido pues, según las leyendas que el había escuchado en boca del amigo de algún amigo, en esas "dimensiones desconocidas", no se permitía hacer ruido.

Intentó ser tan sigiloso como un ninja, pero todo se fue al demonio cuando escuchó los conocidos gritos de su amiga pelimorada y del chico de hebras negro-azuladas.

—¡Oh, no! ¡Está luchando contra el Digimon! — Alcanzó a exclamar, adentrándose entre los estantes donde descansaban los libros que él nunca tocaría.

Por supuesto, lo último que se esperó fue encontrarse con aquello.

No había Digimon alguno como era de esperarse. En su lugar se hallaba una enfurecida Miyako que gritaba barbaridades y buscaba, sin éxito, abrir la puerta al Digimundo.

—¡Yo soy la emperadora de los Digimon! ¡Debo ir al Digimundo! — Gritó y una risa macabra se le escapó.

Estaba ataviada con un traje parecido al que en épocas de niñez Ken había utilizado, aunque en lugar de ser azul y amarillo, el suyo era negro con morado y se ceñía al cuerpo remarcando su esbelta figura de mujer.

Así, apuntaba a la computadora del lugar con su D3 y gritaba incontables veces las palabras mágicas, pero nada sucedía, lo que logró que la joven se halase los cabellos con desesperación.

—¡No funciona! ¡Esta cosa no me deja ir a mi mundo! — Lloriqueó ante la incrédula mirada del castaño, que inmediatamente buscó con la mirada al chico que faltaba.

Y no tuvo que buscar mucho para encontrarlo.

El pobre Ken se hallaba en una rincón del lugar, agazapado en si mismo y atado por un par de cuerdas que le imposibilitaban el movimiento. Estaba además completamente maquillado, muy probablemente obra de la "Emperadora de los Digimon", como la chica se estaba haciendo llamar.

—¡Miyako, hazme el favor de calmarte y de soltarme! — Ordenó sin éxito el pelinegro.

—¡No, yo debo dominar el Digimundo! — Gritó de nueva cuenta, riendo de nuevo de aquel modo malicioso.

—¡Tu no debes dominar nada mas que a mi!

—Dominarte a ti es aburrido, Ken… — La chica hizo un mohín.

El castaño simplemente se quedó estático, sin palabras.

¿Qué rayos sucedía allí? ¿Miyako se creía la emperadora de los Digimon? ¿Quería dominar el mundo? ¿También dominaba a Ken? ¿Es que practicaban el sadomasoquismo o algún otro tipo de dominación morbosa?

Aquel último pensamiento lo hizo tener un escalofrío.

Definitivamente… No deseaba enterarse algo que probablemente sería incapaz de digerir.

—Todos locos… — Musitó para si mismo, retrocediendo lentamente para salir por el mismo lugar por el cual había entrado.

Le daba algo de lastima Ken, si, pero mas lastima le daba pensar en la idea de verse dominado por aquella chica tan extrañada.

Volvió a estremecerse ante la idea, negando con la cabeza. ¡Eso jamás!

—Siempre supe que entrar a una biblioteca era una mala idea… — Susurró para si mismo, en cuanto logró escabullirse del lugar, sin ser siquiera notado.

Al menos de algo estaba seguro. Si la puerta al Digimundo no podía ser abierta, no había ningún Digimon involucrado en aquello, dejando a un solo posible responsable coherente para la locura colectiva.

Si, es exactamente así como lo imaginan.

Su cabello.


Aclaraciones:

El título así: "¿Emperador...a?" fue con toda intención, no un error de redacción o nada por el estilo.

Notas de la Autora:

Ahora, a lo que importa... Ya no se si lo que escribo hace gracia o no, la verdad. La comedia no es mi fuerte pero hago lo mejor que puedo y agradecería sinceridad total para con mis escritos. En verdad este capítulo no me dejo satisfecha como si lo lograron los anteriores así que estoy un poco desanimada en ese sentido.

Creo que nada superará nunca al Yamato travestí, pero bueno, realmente se hace lo que se puede.

Ya vamos por la mitad y es lo importante. No estoy segura para cuando haya capítulo nuevo, he allí el dilema. Es que estoy sufriendo una crisis porque ya no siento que lo que escribo está funcionando y no se... No quiero forzar la comedia tampoco. Pero bueno, espero poder acabarlo por todo lo alto.

Mil y un gracias por cada uno de sus reviews, he intentado responderlos todos, al menos los reviews con cuenta, pero a lo mejor alguno se me pasó y de ser así, me disculpo sinceramente. Ustedes me sacan unas buenas carcajadas con sus reacciones y me dan ánimos para seguir escribiendo. No hay nada mas gratificante que saber que quien lee, ríe por lo que tu escribiste con tanta dedicación. ¡Muchas gracias de nuevo!

¿Algún comentario? ¿Algo que decir bueno o malo?

¡Para eso sirven los reviews!