-Nunca duermas en la cama de un extraño-
Disclaimer: Los personajes y todos los elementos de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es propiedad exclusiva de WndrngY, yo sólo me adjudico la traducción. Queda prohibido publicarla o postearla, en ninguno de los dos idiomas, sin el expreso consentimiento de la autora.
Mi beta me ayudó muchísimo en este capítulo lleno de guiños y expresiones sureñas. Gracias Aki Harada... eh, digo Sowelu!
Capítulo Cuatro
A Deity at the Beach
B POV
Hice mi camino cuidadosamente sobre la arena, con las sandalias torciéndose bajo mis pies. Me detuve para quitármelas y llevarlas en la mano el resto del camino, pero al instante me di cuenta de que la áspera arena estaba llena de pequeños caracoles y trozos de conchas marinas que lastimaban las plantas de mis pies. Y estaba caliente.
Estaba saltando de puntitas tratando de volver a ponerme las sandalias cuando vi a Edward caminando hacia mí en un par de shorts a rayas blancas y anaranjadas. Debería ser ilegal ir por la vida mostrándose tan perfecto. Tenía un ligero bronceado en todo el cuerpo que parecía resaltar su increíblemente sexy cabello castaño rojizo, que además parecía destellar reflejos dorados bajo el sol. La sonrisa torcida de muchachito que tenía en la cara contrastaba perfectamente con su figura delgada, varonil y musculosa.
"Contrólate," murmuré para mí misma. "Este es el tipo de pensamiento que te deja humillada y cachonda en medio de la noche. Es sólo un chico que vive a 2,415 millas de casa." Había buscado la distancia exacta esa misma mañana en mi laptop.
"¿Cómo es que caminas sobre la arena sin gritar?" Grité por sobre el sonido de las olas contra la costa.
Él esperó hasta estar frente a mí para contestar. "Las plantas de mis pies son como cuero." Esbozó una enorme sonrisa. "Producto de muchos años de correr por los alrededores de esta isla con los pies descalzos. Súbete." Se giró y se agachó frente a mí, ofreciéndome ir a caballito.
Ni siquiera lo dudé. Estaba demasiado desesperada por quitar mis chamuscados pies de la arena. Enredé mis brazos alrededor de su cuello y él me levantó, enganchando sus brazos detrás de mis rodillas. Olía a sol y agua salada, bloqueador solar de coco y a sudor. Descansé mi cabeza contra la suya sin pensarlo y él se rió feliz. Me permití reír junto con él y luego suspiré, perdida en los sonidos del océano, las voces inconexas, los fragmentos de música que parecían traer las olas y un avión zumbando sobre nuestras cabezas en el cielo, de un azul imposiblemente brillante. Este lugar podía ser costoso, estar lleno de gente y tener un clima caliente como el mismísimo infierno, pero también podía ser un paraíso.
"Hey, ¿qué te has traído, hijo?" Escuché a Jasper llamar. "Ya sabes que la junta de turismo pide que no te lleves más que tus recuerdos."
"Ellos también piden amablemente que no deje nada a mi paso, así que no podía dejarla ahí ¿o sí?" Contestó Edward mientras me dejaba de pie sobre una enorme toalla de playa.
Alice y Rosalie estaban estiradas boca abajo en un par de sillas reclinables. Había seis sillas en total, cuatro estaban bajo la sombra de dos enormes sombrillas de un brillante color azul. Alice y Rose habían empujado sus sillas bajo el sol en un intento de mejorar su inteligible bronceado.
"Ustedes se van a quemar," les dijo Edward sacudiendo la cabeza.
"No nos vamos a quedar mucho tiempo bajo el sol," le aseguró Alice. "Pero no podemos volver a Seattle sin un poco de color."
"Bueno, espero que por 'color' estés queriendo decir 'rojo'," bromeó Jasper. "En serio, cariño, el sol es mucho más fuerte aquí abajo. Se van a dañar la piel si no tienen cuidado."
"Esa es la cosa más tonta que he oído en mi vida, Jazz. El sol de aquí es igual que el sol de casa. La diferencia es que ustedes lo ven más a menudo," se rió Alice.
Lo que sea que Jasper fuera a responder fue interrumpido por la risa explosiva de Edward. "¿Jazz? ¿Él te deja llamarlo Jazz? ¿Qué hay de Jazzy? ¡Por favor dime que también te deja llamarlo Jazzy, Alice!"
"¡Cierra la maldita boca, Eddie!" Gruñó Jasper, aunque había un brillo juguetón en sus ojos.
"Alice, deberías saber que Jasper nunca le permitió a nadie llamarlo Jazz… parece que tú si lo tienes co—" Jasper saltó de su silla reclinable y tacleó a Edward, arrojándolo de espaldas a la arena, donde los dos procedieron a golpearse el uno al otro, riéndose y arrojando arena aquí y allá.
Rosalie finalmente se irguió para mirarlos por un momento y luego sacudir la cabeza. "Crucé todo el país para encontrarme con dos Emmetts sureños y quemados," sentenció antes de recostarse de nuevo.
"¿Y dónde está Emmett?" Pregunté, ignorando a Edward y a Jasper. Había aprendido hacía mucho tiempo a no meterme en una pelea entre dos chicos, incluso si los 'chicos' eran técnicamente dos hombres adultos. A ellos les gustaba hacer esas cosas, o al menos necesitaban hacerlas de vez en cuando, así que nunca sentí la necesidad de correr alrededor chillando y gritando como una idiota, tratando de detenerlos.
"No ha salido del agua desde que llegamos," respondió Rosalie sin levantar la cabeza.
Si el bronceado de Rosalie y Alice era inteligible, el mío era inexistente; así que me senté en una de las sillas reclinables bajo la sombra y saqué de mi bolso el bloqueador solar factor 45. Me saqué la musculosa azul y los shorts blancos para quedar sólo en mi bikini azul pálido. Temía parecer una albina en medio de un lugar tan lleno de gente bronceada, pero ese bikini le hacía algo a mi figura que siempre me hacía sentir sexy. Hacía cuatro años que lo tenía y no lo iba a tirar hasta que se desintegrara en la lavadora.
Mientras me aplicaba el bloqueador solar escaneé la superficie del agua en busca de Emmett. Cuando finalmente lo encontré, me sorprendí de cuán profundo había llegado nadando, más allá de las olas más altas, pero con el agua apenas rozando su cadera. Mientras lo observaba, él se zambulló en el agua y nadó aún más profundo.
"Así que, ¿la pasaste bien esta mañana?" Preguntó Edward casualmente, estirándose en una silla junto a la mía.
"Seguro. Estuvo bien conocer algo más de esta isla," dije. Entre la sombra y mis anteojos de sol, apenas podía verlo. Francamente, eso hacía mucho más fácil para mí el hablarle con naturalidad.
"Déjame adivinar: Jake te llevó al Harbour Town, al Blackwater, y luego te llevó a almorzar a la Parrilla Sunset."
"Huh. ¿Qué significa eso? ¿Lleva a todas las chicas a esos lugares?" Pregunté.
"No, no quise decir eso. Su abuelo diseñó el campo del Harbour Town y él está muy orgulloso de eso. Es interesante, de verdad. Ellos juegan en el Heri—"
"¡Oh, basta! Lo siento. Échame a patadas de la isla si es necesario, pero de verdad no quiero oír ni una palabra más sobre el Heritage Classic o el Tour PGA, ¡ni nada que esté relacionado al deporte más aburrido de este planeta!" Grité. Me sonrojé profundamente de manera casi instantánea, pero no me arrepentí de haberlo dicho. Había pasado toda una miserable hora bajo el caluroso sol, paseando alrededor de ese maldito campo de golf y escuchando a Jake parlotear todo el tiempo sobre esa mierda. No iba a soportarlo ni un minuto más.
Edward sólo se rió y alzó ambas manos en disculpa. "Lo siento. No más charla sobre golf… aunque creo que deberías dejar que te enseñe a jugar algún día. Es…" Dejó de hablar y sonrió cuando vio la mueca en mi rostro. Al menos él era bueno leyendo las expresiones faciales de otros y sabía cuándo detenerse. Todo lo contrario de Jake.
"Bueno, y ¿cómo supiste que me iba a llevar al Blackwater y a la Parrilla Sunset?" Pregunté.
"Él y su socio, Seth Clearwater, abrieron el club Blackwater hace ocho meses y Jake prácticamente vive allí. Ahí es donde iremos esta noche si es que todavía tienen ganas de ir a bailar. La hermana de Seth, Leah, es la compañera de cuarto de Jake y es además la directora general de la Parrilla Sunset."
"Ah. Así que en realidad él me mostró su parte de la isla Hilton Head, ¿no?" Pregunté. Me sentí mal de no haberlo disfrutado más, pero creo que lo disimulé bastante bien.
Esa mañana, cuando Jake me había pedido que lo acompañara hasta la puerta del apartamento de Jasper, caminé por el pasillo barajando excusas en mi mente con las que declinar gentilmente si me invitaba a salir. Creía tener una vaga idea de lo que él tenía en mente; y no quería salir con él. Como si las cosas no estuvieran lo suficientemente tensas entre Edward y yo, entre las bromas de Alice, y todo el grupo ahí presente… No, gracias. Jake era sólo una complicación para mí.
Pero luego, él me preguntó si podía mostrarme la isla durante la mañana antes de irse a trabajar y yo simplemente no pude negarme ante esa expresión dulce de cachorrito en su rostro. Además, no era una cita, no íbamos a cenar o a un club. Sólo íbamos a dar un breve paseo alrededor de la ciudad, no más.
Cuando volví a la cocina, mis planes con Jake no fueron recibidos muy bien. Todo el mundo me miró fijamente durante un momento, y luego Emmett jugó la carta del hermano mayor y Alice trató de suavizar las cosas. Lo más interesante fue la expresión decepcionada en la cara de Edward. Yo me sentía de la misma manera.
Estaba horriblemente avergonzada por lo que había pasado la noche anterior en su cama y lo cierto es que no estaba lista para mantener otra relación, no al menos tan pronto después de mi ruptura con Sam. Y sin embargo me sentía atraída por Edward. El sentimiento era el mismo aún bajo la brillante luz de la mañana y sin siquiera tocarnos. No quería perder mi tiempo con él, especialmente pudiendo estar en la playa… Después de todo, estaba de vacaciones, ¿cierto? ¿Qué daño podía hacer un poco de coqueteo? De hecho, aquello probablemente me ayudaría a remontar después de una ruptura. Y para el lunes en la noche estaría de vuelta en Seattle.
Así que decidí que haría el pequeño tour con Jake y luego me reuniría con los demás en la playa, y esa noche iría a bailar y simplemente me relajaría, disfrutaría la compañía de mis amigos y de un hombre hermoso que, en algún punto, también se sentía atraído por mí. No me importaba realmente cuán fuerte era esa atracción, si de todas maneras sólo sería por este fin de semana, sólo por diversión. Con ese plan en mente, me puse de pie y pregunté si estaba bien si tomaba una ducha primero.
"¿Tomaste un baño de dos horas anoche y ahora necesitas una ducha?" Espetó Edward. "¿Qué tan sucia estás?"
Sus palabras me trajeron una imagen mental de nosotros dos enroscados juntos, acalorados y sudorosos, sus manos en mis pechos, entre mis piernas, yo gimiendo y arqueándome hacia él, pidiendo más… Él sabía perfectamente qué tan sucia estaba. Mi rostro se incendió y en ese instante todos en la cocina se dieron cuenta de que algo había sucedido entre nosotros. Emmett me entrecerró los ojos con sospecha y luego se giró hacia Edward.
Emmett todavía estaba furioso por cómo habían terminado las cosas con Sam. Y además se sentía culpable, porque él fue el que nos presentó, hacía alrededor de un año. Emmett es un contratista general y Sam es un maestro carpintero que había hecho un montón de sub-contrataciones para él. Probablemente ya no lo haga. Nunca le he preguntado, y la verdad es que tampoco me interesa saberlo, pero dudo que Emmett pueda estar en un mismo cuarto con Sam sin querer arrancarle la cabeza.
En ese momento decidí que el lugar más seguro para estar era la ducha, así que salí corriendo en cuanto Jasper rompió el tenso silencio que se había formado en la cocina.
No tenía idea de si Emmett le había dicho algo a Edward esa mañana, y si lo había hecho, no estaba segura de querer saberlo. Si quisiera, le podría preguntar a Alice o a Rosalie después, en privado.
El rato que pasé con Jake estuvo bien. Fue divertido. Oh, ¿a quién quiero engañar? Fue largo.
Jake hizo su mejor esfuerzo por impresionarme y entretenerme. Encontró excusas para tocarme, quizá demasiadas excusas, y los lugares que me mostró de la isla estaban bien, pero no eran tan interesantes. Yo hubiera preferido explorar alguno de los pequeños arroyos, o la bahía, o algún bosque. Hacía calor en el campo de golf. En cambio, el restaurante estaba bastante bien. Era un sitio casual ubicado en un extremo del puerto, con una preciosa vista del mar. Jake me recomendó los camarones con sémola de maíz y tuve que agradecérselo, porque eran increíbles. Me vi tratando de adivinar los ingredientes para poder reproducirlo en casa. Pero cuando terminamos de almorzar, no pude evitar preguntarme cuándo me vería libre para volver con los demás.
No me malinterpreten, me gustaba Jake, al menos como amigo; pero tenía la impresión de que él no pretendía ser simplemente mi amigo. Además, la mayor parte de la mañana estuve preguntándome qué estarían haciendo mis amigos, qué estaba haciendo Edward. Jasper me había dicho que iban a ir a la Playa Coligny y me había explicado cómo llegar hasta allí, y hacia ahí me llevó Jake antes de irse a trabajar a la una en punto para preparar el club para esa noche.
"¿Bella? ¡Bella!" Alice interrumpió mis pensamientos.
"Perdón, ¿qué?" Me giré para verla junto a mi silla, de pie en toda su gloria con su sexy bikini rosado. Miré alrededor y vi a Jasper sentado a los pies de la silla de Edward, mirando a Alice con tal intensidad y tanta lujuria que casi me hizo sonrojar a mí.
"¿Podemos acercar un poco las sillas para que Rose y yo estemos a la sombra? Mi piel está empezando a ponerse rosada ¡y no me voy a pelar!"
Yo me reí y me puse de pie para ayudarla a juntar las sillas bajo la sombra. Edward estaba revolviendo el interior de una enorme nevera llena de hielo, latas de gaseosa y agua mineral, y pasándole una a cada uno. Cuando me erguí otra vez para ver si todas las sillas estaban alineadas bajo las sombrillas, choqué con él, que acababa de cerrar la nevera y se había puesto de pie para darse vuelta. Estiró sus manos heladas para sostenerme y me atrapó por las caderas, provocándome un gemido por el frío y la sorpresa.
"¿Qué te había dicho, Cullen?" Gruñó Emmett, caminando hasta nosotros justo en ese instante. Edward se tensó y quitó sus manos de mi cuerpo de manera inmediata.
Yo me congelé, temiendo la posibilidad de ver una verdadera pelea en ese momento. ¿Qué le había dicho Emmett a Edward?
"¡Cielos! ¡Voy a darme una rápida zambullida para refrescarme y tú ya tienes tus garras sobre mi hermana! ¡Caballerosidad sureña y un demonio!" Emmett sólo estaba bromeando. Su enorme rostro idiota rompió en una enorme sonrisa idiota y Edward le sonrió de vuelta. ¿Qué demonios le había dicho Emmett a Edward esa mañana? ¿Y qué le había dicho Edward a Emmett?
Fruncí el ceño y sacudí la cabeza mientras volvía a estirarme sobre mi silla reclinable. Alice y Rosalie me estaban sonriendo con idénticas sonrisas de gato Cheshire. (N/T: Ya saben, el gato Cheshire. El de Alicia en el País de las Maravillas.)
"Eso no fue una rápida zambullida, Em," señaló Rosalie. "Estaba a punto de ir a buscarte."
"Y yo estaba esperando que lo hicieras, bebé. El agua es tranquila y tibia como una tina, y sé cuánto te gusta—"
"¡Basta!" Gritamos Alice y yo al mismo tiempo. Emmett y Rosalie sólo se sonrieron lujuriosamente el uno al otro mientras Edward y Jasper rodaban de risa.
Toda la tarde se pasó de ese modo, entre el sol y el agua, la risa y las bromas y dormitar de a ratos a pesar del ruido. Edward y yo fuimos a nadar un rato, aunque en realidad fue más como dar una caminata dentro del agua salada, porque la arena parecía estar siempre al mismo nivel, incluso mar adentro.
"Vi que ustedes tienen unas cuantas tablas de surf en la pared del garaje, ¿no trajeron ninguna hoy?" Pregunté. Sólo estaba intentando entablar una conversación, aunque también estaba fantaseando con Edward sosteniéndose sobre una tabla, sus músculos expandiéndose y contrayéndose con gracia atlética mientras el sol hacía destellar sus…
"No se puede surfear mucho aquí," me explicó Edward con una sonrisa. "A menos que haya un huracán o algo así. Generalmente vamos a Florida para surfear de verdad. Aunque surfear aquí no es nada comparado con la costa oeste, o en América del Sur. A los quince mi familia y yo fuimos a Hawái de vacaciones, ahí están las mejores y más atemorizantes olas para surfear."
Levantó su pierna derecha y la flexionó bajo la luz del sol para mostrarme una cicatriz larga y profunda de lo que debió haber sido un corte realmente feo.
"Quedé atrapado en el borde de un arrecife y me desgarré la dijo que prácticamente caminé sobre el agua tratando de huir de ahí. Tenía terror de que la sangre pudiera atraer algún grupo de tiburones."
"¿Jasper estaba contigo?" Pregunté, admirando su cicatriz muy al estilo He-Man.
"Por supuesto. Crecimos juntos. Jasper estuvo conmigo en todos los grandes momentos estúpidos de mi vida," se rió.
Estaba pensando que podría quedarme allí todo el día cuando una aguaviva muerta pasó flotando junto a nosotros. Entonces decidí que ya había sido demasiado. Donde había aguavivas muertas, es inevitable que haya algunas vivas.
Cuando se hizo la hora de irnos, guardamos todas nuestras cosas y caminamos por la arena hacia las duchas del exterior para lavar la capa de arena que nos cubría a todos antes de subirnos a la camioneta todoterreno plateada de Jasper. El tráfico estaba excelente, especialmente en el atemorizante círculo de tráfico durante el cual Jasper condujo con una sola mano mientras yo rezaba y hacía negocios con Dios. Parecía imposible que tantos coches se mantuvieran sobre una isla de 12 millas de largo sin hundirse en el mar, pero finalmente llegamos a casa de Edward y Jasper sanos y salvos.
Estaba exhausta. No había hecho mucho más después de la caminata con Jake de esa mañana, pero el clima pesado y húmedo estaba acabando con mis fuerzas y lo único que estaba deseando era tomar una larga siesta antes de salir esa noche.
Pero, ¿dónde dormir?
"¡Oh Bella, cariño! Mírate, ¡eso te va a doler mañana!" Me dijo Jasper. Presionó la punta de su dedo en mi hombro y yo me quedé viendo cómo el lugar que tocó se ponía más blanco que el blanco y luego volvía a colorearse de un brillante rosa. Y dolió como si me hubiera tocado un cardenal.
"No debería haberte retenido tanto tiempo en el agua," se lamentó Edward, mirándome con verdadera pena. "Con el sol que se refleja en el agua y todo eso… Espero que no sea una insolación."
"Estoy bien chicos, en serio. Viví en Phoenix muchos años y soy blanca como un fantasma. He tenido quemaduras de sol antes." Rodé mis ojos ante tanto drama, pero noté que Rosalie también me miraba con una expresión preocupada.
"Sólo necesito una ducha y una siesta. Estaré bien," aseguré, aunque en realidad sí me sentía un poquito mal.
"Toma una ducha fría, Bella. Y luego puedes recostarte en mi habitación," ofreció Edward. "Y no te raspes o te afeites, o te va a quemar como fuego."
"Gracias Edward, pero en serio, estoy bien." Qué mamá pollito eres, pensé, pero secretamente me gustó su preocupación.
"Además, me hice la cera antes de venir aquí, así que no necesito afeitarme," agregué innecesariamente. En ese momento agradecí tener una quemadura de sol, porque ayudó a esconder el rubor. ¿Por qué demonios dejé escapar voluntariamente esa información tan personal? ¿Para asegurarle a Edward que no iba a encontrarse con unas piernas peludas si sentía ganas de seguir lo que habíamos empezado la noche anterior?
"Bien por ti, corazón," se rió él mientras yo volaba fuera de la habitación.
Una vez que estuve en el baño y empecé a quitarme la ropa me di cuenta de cuánto dolía incluso rozarme la piel con la tela. El agua fría de la ducha se sintió genial, pero estaba comenzando a dolerme la cabeza y para cuando salí estaba dando pasos tambaleantes e inestables.
Me enrosqué en una gran bata verde y abrí la puerta del baño dispuesta a correr hasta el cuarto de Edward, donde aún estaban mis cosas. Desde donde estaba podía oír varias voces, entre ellos a Edward y Emmett charlando en el comedor, así que atravesé el pasillo corriendo y cerré la puerta de un golpe tras de mí solo para encontrar a Alice esperándome en la cama de Edward. Estaba descansando con la espalda apoyada en sus almohadas mientras leía una revista, pero alzó la mirada para darme una de sus sonrisas suspicaces y mirarme con expresión de "te atrapé".
"Edward te trajo un Advil y un vaso de agua," dijo, señalando la mesa de luz. "Él es muy considerado, ¿no?" (N/T: Advil es un analgésico)
"Sip, lo es. Supongo que ese es un ejemplo de la famosa hospitalidad sureña," contesté, encogiéndome de hombros. Me arrodillé frente a mi maleta para buscar algo ligero y fácil de poner y quitar para no herir mi ya adolorida piel. Escogí una musculosa de un rosa pálido y unos pantalones de yoga negros, y decidí no ponerme ropa interior ni sostén. Iba a cambiarme después de la siesta.
"¡Escúpelo, Bella!" Demandó Alice repentinamente. "¿Qué fue lo que sucedió anoche, que te tiene saltando como un gato escarmentado cada vez que él te mira?"
"¿Cómo un gato escarmentado?" Me reí. "¿Le copiaste esa expresión a Jasper?"
"¡Bell-la!" Me advirtió.
"Está bien, está bien, pero esto queda entre nosotras, ¿sí? No lo compartas con tu nuevo novio. Y tampoco con Rosalie, porque ella se lo dirá a Emmett y entonces sí que se desatará el infierno." Me senté en el borde de la cama.
Alice asintió con entusiasmo y pronto me encontré contándole todo lo que había pasado, aliviada de poder compartirlo con alguien. Cuando terminé de contarle mi increíblemente inapropiado comentario sobre la cera, Alice estaba haciendo un gran esfuerzo por no reírse.
"Oh Bella, lo siento mucho, ¡pero eso de verdad es muy divertido!" Dijo, batallando con la risa y perdiendo. Yo la ignoré, hojeando la revista que ella había dejado a un lado mientras esperaba a que dejara de reírse.
"¡Lo siento! En serio. Mira, si alguien merece que un Edward encendido y sudado la sorprenda en medio de la noche, esa eres tú, Bella. Sé que los últimos meses han sido una mierda para ti y que a pesar de todo tú te las arreglaste para salir adelante mejor de lo que nadie lo hubiera hecho. ¿No crees que tal vez estés lista para tener un poquito de diversión? Edward parece ser un chico fantástico."
"Todos se ven fantásticos al principio," dije, sorprendiéndome de mi propio resentimiento. "No, no. Ya lo sé. Edward de veras parece un gran tipo. Pero no puedo tener algo con él porque él es el compañero de cuarto de tu compañero de alma. De alguna manera u otra, lo veré de nuevo. Y no puedo tener una relación con él porque vive como a… todo un país de distancia."
"A ustedes los separa la misma distancia que me separa a mí de Jasper, y tú no pareces pensar que Jasper y yo seamos una mala pareja."
"No es lo mismo. Y yo no estoy lista para otra relación de todos modos, incluso aunque Edward quisiera tenerla. Y por cierto, no tengo razones para creer que él quiera eso."
"No hay peor ciego que el que no quiere ver." Alice asintió astutamente, haciéndome rodar los ojos.
Me recosté en mi lado de la cama dándole la espalda a Alice, tratando de acomodarme sin rozar mi piel con nada.
Sentí a Alice acomodarse en el otro lado de la cama, aparentemente planeando tomar una siesta conmigo.
"¿Bella?" Me llamó con voz dulce.
"¿Qué, Alice?" Suspiré.
"Sólo… intenta abrir un poco tu corazón, ¿sí? No dejes que Sam te impida tener lo que podría ser algo realmente bueno. No importa si es temporal o no."
Después de un largo minuto de darle vueltas a sus palabras en mi cabeza, suspiré y cerré los ojos. "Lo intentaré, Alice."
¿Decían que Edward es un bocazas? ¿Y qué hay de Bella, eh? ¡Ella también debería cerrar la bocota!
El siguiente capítulo ya está traducido, pero aún me falta revisarlo y luego el beteo. Sowelu y yo vamos a estar ocupadas con los preparativos para el fin de año así que...
¡Les deseo a todas una excelente navidad y un muy próspero año nuevo! Volveré lo antes posible, lo prometo.
¿Qué tal un pequeño incentivo? ¿Nos merecemos un review? ;)
