DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a la eterna leyenda de JK (excepto los que no reconozcan) yo solo juego con ellos y yap. No obtengo ningún beneficio más que divertirme un rato.
Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"
IRA
Ahí se había quedado, tal como lo había dicho. No había abandonado el sofá cercano a la puerta desde aquel día en que había llegado la carta.
Ahí comía y dormía el único movimiento que realizaba era el desplazamiento al baño y cuando ya se le entumecían las piernas, había pasado una semana.
Ese día estaba lloviendo y algo dentro de su pecho hizo que lo viera todo con enojo. Había gritado apenas se había despertado porque el gato quiso sentarse en sus piernas.
Había discutido por el desayuno y la cena, no sabía que leer en el Profeta y por último no sabía si quería seguir esperando a que Sirius apareciera.
Trataba de calmarse y encontrar un motivo para su enojo irracional pero nada parecía ser más coherente para aquella incoherente situación.
Eran las seis de la tarde cuando James revisó el reloj e inmediatamente se puso de pie, algo lo llamaba.
Camino hasta el patio cuando lo divisó, ahí en la lluvia estaba Sirius Black con su motocicleta indeciso entre entrar o no.
James caminó hasta él y se sacó los anteojos en el camino.
-Hola –saludó tímidamente el ojigris y el joven Potter encarnó una ceja.
-¿Por qué traes la moto? –preguntó y él se extrañó de que no le preguntara que hacía allí
-Porque no hubiera sabido como llegar a pie –contestó simplemente
-Piensas entrar o esperas que muramos de pulmonía? –preguntó de nuevo
-Lo quiero considerar –respondió
-¿Dónde están tus cosas? –
-¿Por qué lo preguntas? –
-No es una visita ocasional Sirius, sino hubiera venido en un carro como lo haces siempre y hubieras entrado por la puerta principal con tus propias llaves. No tendrías esa cara y jamás hubieras mandado una carta –dijo sin titubear ni una sola vez –Solo quiero saber si entrarás –afirmó
-Lo haré si puedes recibirme –
-Tienes una cama ahí adentro pulgoso y mi madre te hubiera dado un cuarto si no hubieras insistido en dormir conmigo –
-Entonces que hacemos aquí Cuernos –
-Es lo mismo que me preguntó yo –dijo siguiendo a Sirius al interior de la casa. –Mamá, papá ya llegó Sirius –
Ambos adultos se apresuraron a bajar las escaleras
-¡Hijo! –exclamó la señora Potter –Mírate, estás empapado. ¿Has traído ropa? –Sirius asintió –Bien entonces, suban a cambiarse y cuando estén listos bajarán y nos explicarán todo ¿está bien? –
-Sí, gracias Señora Potter –
-No hay nada que agradecer –respondió a su vez el señor Potter
Los chicos subieron las gradas y se dirigieron a la habitación de James, cuando Sirius se hubo sentado en la cama, empapando todo a su paso, el joven Potter lo miró desde la puerta que se hallaba cerrada.
-¿Me explicarás? –Sirius negó
-Simplemente no tiene sentido –aquel enojo extraño volvió a James
-¿Es que acaso no confías en mí? –dijo intranquilo
-No es eso... Es solo... –
-Sirius, he esperado pacientemente todo el maldito verano, tengo el cuerpo entumecido por dormir en la sala esperando una mísera carta o en su defecto, que aparecieras y explicaras que demonios pasó contigo para que te fueras sin dar explicaciones! Para que decidieras volver a aquel lugar y hoy llegas y no te dignas ni siquiera a decir... –
-Me escapé ¿está bien? Me fugué y no pienso volver jamás. Alphard está muerto y mi hermano piensa unirse a esos estúpido adoradores de la sangre, mis padres me rastrearán debajo de cada piedra para que vuelva al lugar que me "corresponde" y empiece a hacer las cosas de una buena vez –el rostro de Sirius estaba rojo y las lágrimas habían salido de sus ojos sin que él lo notara. Levantó la mirada y James no había cambiado su expresión ni un ápice –Ya lo sabías –él asintió
-Lo supuse, pero no creí que Alphard... –ahí estaba, esa era la razón.
La vida nunca había sido justa con su amigo y él lo sabía. Sirius era una persona respetable, él lo admiraba y mucho (aunque jamás lo reconocería en voz alta) porque había afrontado cada obstáculo con una sonrisa. Él lo quería más que a nada en este mundo pues era su hermano, su otra mitad y es que el lazo que ambos tenían no se podía ni siquiera expresar en palabras. No había manera, siempre había existido. Era dos piezas perfectas que calzaban a la perfección, lo que sea que Sirius estuviera pensando James ya lo sabía y lo que sea que James fuera a hacer, Sirius ya lo acompañaba.
Eran un dúo perfecto, las manecillas del reloj destinadas a sincronizar a la perfección, eran el mismo andar y el mismo latir, la misma respiración y la misma mirada y era, exactamente por eso, que James sabía que en esos ojos de tormenta que Sirius tenía se libraba una lucha entre el horizonte de la libertad y el caos del mar en el que se estaba hundiendo.
Siempre lo había protegido y ese enojo irracional había nacido (y ahora lo entendía) al saber que a su hermano algo malo le pasaba y él no podía hacer nada para evitarlo.
Era impotencia... Era ira
Ira contra el mundo y sus tontas reglas de la sangre, ira contra los padres del muchacho por no darse cuenta de la valiosa persona que había dejado escapar, ira contra él porque en ese momento no tenía palabras para expresar lo que debía decirle, ira contra lo que sea que haya llevado a su tío lejos de él porque sabía que era lo poco o nada que le quedaba y por último ira con el mismísimo Voldermort, por mancillar los corazones de aquellas personas.
-¿James? –
-¿Sí? –
-¿Podré quedarme? –
-Por supuesto –
La ira se desvanecía y crecía la expectativa, incluso una alegría desconocida se instaló en su corazón al saber que por fin viviría con su hermano.
