Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la trama es totalmente mía.

Lo que está escrito entre "comitas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la lejanía o telefónicas.

La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee.

.-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-.

CAPÍTULO 4. Hablando más de lo que sabemos.

Black no dijo nada ante mi comentario, aunque en sus ojos pude ver una ira indescriptible. Estaba claro que había metido el dedo en la yaga, lo cual me llenaba de satisfacción. Me encantaba ganar nuestras batallas dialécticas.

Alguna vez me había puesto a pensar en qué le había hecho yo para que me tratara así, aunque yo tampoco me quedaba corta.

2 años antes:

Acabábamos de mudarnos a Canadá, cuando Emmett y yo decidimos pasarnos por el instituto el día antes de comenzar las clases. Emmett y yo habíamos cogido la costumbre de ir cogidos de la mano. Además de ser gemelos, éramos muy buenos amigos, y yo me sentía muy cómoda estando a su lado.

Nos colamos en el instituto y fuimos a una zona en la que había un columpio. Me extrañó que hubiera uno en un lugar así, pero no me importó. Me encantaba subirme a los columpios y que Emmett me balanceara.

Estábamos hablando y riendo, cuando un grupo de cuatro chicos apareció a nuestro lado. Comenzaron a reírse de nosotros y a decir que éramos novios. Nos habían visto cogidos de la mano y, cuando Emmett dijo que éramos hermanos, comenzaron a burlarse de nosotros.

Yo me encaré con el jefe del grupito, lo que aun les dio más pie a meterse con Emmett.

Desde ese día, mi relación con Emmett había cambiado por completo. Ya no éramos tan íntimos amigos. Ya ni siquiera íbamos juntos por la calle. Y ya no digamos por el instituto. Por culpa de las burlas del gilipollas de Black y de sus amiguitos, Emmett se había convertido en un extraño, que apenas quería pasar tiempo conmigo.

..

Supongo que por eso odiaba a Black. Él me había alejado de mi mejor amigo, aunque ese distanciamiento hizo que me volviera más solitaria y, en uno de esos solitarios paseos, conocí a Seth, que me encontró llorando y comiendo chocolatinas en un callejón detrás de un supermercado.

- ¿Piensas quedarte ahí plantado toda la noche? – dije, al ver que no se movía. Quería que se largara.

- ¿Te molesta mi presencia?

- Mucho.

- Entonces creo que me sentaré a tomar la fresca. – dijo, sonriendo, sentándose a mi lado en el banco.

- ¿Cómo se puede ser tan capullo? – murmuré, aunque sabía que me había oído.

- Con gente como tú, es muy fácil.

- Mira, imbécil… - me puse en pie, dispuesta a decirle de todo, pero en ese momento llegó el autobús.

Menos mal. Suspiré, cogiendo aire. Saqué mi monedero del bolso y subí al autobús. Al sentarme, miré por la ventanilla. Jacob seguía sentado, mirándome. Al ver que le miraba, me saludó con la mano, sonriendo estúpidamente. Levanté la mano y le enseñé un dedo, lo que pareció hacerle más gracia.

Me sulfuraba. No podía ni verle.

Cuando llegué a mi destino, Seth me estaba esperando en la parada del autobús con una rosa blanca en la mano. Me encantaba. Esa era una de las muchas virtudes de Seth. Era muy detallista y sabía como levantarme el ánimo. Era como si supiera cuando necesitaba su apoyo.

En cuanto puse los pies en el suelo, Seth me cogió en brazos y me besó brevemente, aunque yo rodeé su cuello con mis brazos y profundicé el beso.

Sentía morir de placer cada vez que le besaba, y cuando él respondía con la misma pasión, entraba en una espiral de placer insoportable. Insoportable porque mi cuerpo me pedía más y Seth no me lo quería dar.

- ¿Tienes frío? – dijo, dejándome en el suelo, colocándome bien el abrigo.

- Ya no. – dije, haciéndole sonreír.

- Tendrías que haber dejado que fuera a buscarte. – dijo, cuando comenzábamos a caminar, cogidos de la mano. – Ya estaríamos en casa, tomando un poco de ponche y comiendo algo.

- Me gusta viajar en autobús. – dije.

Era verdad. Me relajaba ir en el autobús, mirando por la ventanilla, viendo pasar a la gente. Lo que no me no me gustaba era encontrarme a capullos en paradas de autobús.

- Lo sé. – dijo, sonriendo de nuevo.

- ¿Qué vamos a cenar? – dije, abrazándome a su cintura.

Seth sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta, conmigo aun abrazada a su cintura.

Nos montamos en el ascensor y comencé a desabrocharme el abrigo. Seth se me quedó mirando y no me di cuenta de porque hasta que vi mi reflejo en el espejo. Era por el vestido.

- Dios mio. Estás… Estás…

- ¿Te gusta?

- Te comería entera.

Me sorprendí al oír sus palabras. Nunca antes me había hablado así. Siempre había sido muy correcto.

- Hazlo.

- No puedo. – dijo, dándose la vuelta.

- ¿Por qué?

- Ya sabes el porqué.

Me acerqué a él y le abracé por la cintura, pegando mi pecho a su espalda. Noté que temblaba ligeramente. Le estaba poniendo nervioso.

- Ya casi tengo dieciséis años.

- Pero aun no tienes dieciocho. – dijo, cogiéndome de las manos. – Te quiero, Renesmee, y estoy preparado para esperar.

Me emocioné al sentir sus palabras. Estaba dispuesto a esperar dos años más para acostarse conmigo. Me hubiera gustado que Emmett oyera sus palabras. Tal vez así Seth le cayera un poquito mejor.

- Gracias. – dije, apoyando mi rostro en su espalda. – Eres el mejor.

- Lo sé. – dijo soltando una risita. – Vamos. Espero que te guste la cena.

- Seguro que me encanta.

Cuando entramos a su apartamento, al que no había ido nunca, me quedé paralizada. Era precioso. Además, lo había decorado con luces blancas y azules. En el salón, había una mesa, con un par de velas.

- Sentémonos un rato. – dijo, llevándome hacia un enorme sofá blanco. Seth se sentó y yo me senté en su regazo. – Renesmee…

- ¿Qué? – dije con aire inocente, pasando mi brazo por encima de su hombro, acariciando su nuca.

- Hace días que no nos vemos y creo que deberíamos charlar.

- Claro. ¿Sobre qué quieres hablar?

- Sobre tus padres.

Solté a Seth de inmediato, me bajé de sobre sus piernas y me senté a su lado, sin mirarle.

- Renesmee…

- No quiero hablar de eso.

- Deberíamos hablar del tema.

- Pero es que no quiero.

- Renesmee, por favor.

- No. Quiero. Hablar. De. Eso. – dije, poniéndome en pie. – No hagas de psicólogo conmigo, Seth Clearwater.

Seth suspiró. Se puso en pie, intentando alcanzarme, pero retrocedí. Volvía a estar nerviosa. No quería ni pensar en el tema.

- Renesmee, creo que deberíamos hablar del hecho de que no aceptas que tus padres están…

- Ni se te ocurra decir esa palabra. – dije en un tono más alto de lo que pretendía.

- Están muertos.

- ¿Por qué tienes que joderlo todo? – exclamé, dándome la vuelta.

Había estado muy ilusionada con esa noche y Seth lo estaba fastidiando todo hablando de mis padres.

Noté la mano de Seth en mi espalda. Me sobresalté, pero no me moví ni dije nada. Me sorprendí, gratamente, cuando noté algo húmedo en mi nuca. Seth me fue besando, acercando sus labios a mi oreja, que chupó brevemente, bajando ahora sus labios por mi cuello.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Miles de escalofríos recorrían mi cuerpo cada vez que sentía sus labios en mi piel. Sabía que hacía eso porque era lo que yo quería y para que me relajara y no pensara en el tema.

Sus manos, posadas en mi cintura, comenzaron a bajar lentamente hacia mis muslos.

Más allá de disfrutar del momento, comencé a pensar en lo que me había dicho. Yo no quería. Me esforcé por no hacerlo, pero poco a poco, mis lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas. Por primera vez, desde que sucedió, lloré. Lloré sin control por la muerte de mis padres.

-Llora, mi niña. Llora todo lo que necesites, que yo voy a estar contigo.

.-.-.-.-.

Hola, hola.

Espero que os haya gustado. Y si me dais vuestra opinión, mejor que mejor.

PD: si teneis dudas, preguntad.