¡POOOOR FIN LOS FINALES! Mil perdones por la espera ;_; He tardado un montón en actualizar. Aviso que estos 2 finales solos son más largos que el fic entero hasta ahora xDD Pero buff, finalmente están aquí :')

A todos los antiguos lectores que han llegado hasta aquí, muchísimas gracias por esperar y leer hasta el final. Y a los nuevos lectores, ¡gracias por darle una oportunidad a esta historia!

Un especial agradecimiento a las ukenianas, que han soportado mis comentarios y lloreras todo este tiempo, y, entre ellas, a Miru (TheCuquiCookie) por ser mi beta-reader.

¡Espero que disfrutéis de los finales!

Notas: En ambos finales hay partes que son comunes, ya que comparten algunas escenas, pero hay detalles en ellas que son diferentes.


FINAL A

(Amo a Clear)

—¿Cómo? —articulo. Algo parecido a un escalofrío recorre mi cuerpo, y mi mal presentimiento se intensifica más que nunca.

—Voy a terminar lo que empezó Sei. Todas sus consciencias están firmemente arraigadas en el sistema, las usaré para colapsar la torre.

—Pero... ¿podrás hacerlo, Aoba-san? Estás muy débil, no creo que tengas fuerzas suficientes para resistirlo —manifiesto, mostrando abiertamente mi preocupación.

Silencio.

—Clear... no te voy a mentir. Estoy dispuesto a protegerte. Incluso si tengo que entregar mi vida a cambio.

Si tuviera sangre, se me habría helado y habría dejado de circular por mis venas.

—No —murmuro.

—Clear...

—No, Aoba-san. No lo permitiré —digo mientras niego con la cabeza, haciéndolo sonar como si fuese lo más obvio.

—Clear, tú siempre lo has dado todo de ti para protegerme. Esta vez me toca a mí. Déjame luchar.

¿Dejar a Aoba-san luchar? ¿Cómo puedo hacerlo? Nunca podría desviar la mirada y dejar que Aoba-san se sacrificara.

—Aoba-san, no puedo hacerlo. No tiene sentido si no puedo protegerte.

—Clear, la última vez dejé que te destruyeras a ti mismo para enfrentarte a los Alphas. Sin embargo, al entrar en ti... dudé y te detuve. No fui lo suficientemente fuerte como para dejarte seguir adelante en tu convicción. Tuve demasiado miedo a perderte... Y ese fue mi mayor error, porque te perdí, y de la peor de las maneras. Esto que nos ha ocurrido, en el fondo, es por mi culpa. Porque fui egoísta y no me atreví a dejarte ir en su momento. A pesar de que tu determinación era tan firme... Lo siento, Clear. Perdóname, por haberte retenido en ese entonces.

—¡No, Aoba-san! ¡Yo...!

—Quiero compensar mi error. Déjame... aunque sea un poco, enmendar lo que hice. Ahora que te he recuperado, no dejaré que te pierdas otra vez —su voz suena con una fortaleza y tenacidad férreas impensables para su débil y delgado cuerpo.

Estoy seguro de que Aoba-san es capaz de conseguir grandes cosas. Aoba-san es increíble y tengo una enorme fe en él. Soy tan importante para Aoba-san como él lo es para mí. Quiere protegerme. Quiere que sea libre, y sin duda lo puede conseguir. Pero... pero no entiende que si él no está conmigo, yo...

—Clear, no cometas el mismo error que yo. Esta vez... déjame ir. No me detengas. Deja que cumpla mi voluntad. Es lo único que te pido.

—Aoba-san... aún así —balbuceo. Me tiembla la voz —, aún así, yo nunca... nunca podría...

—Clear, por favor. Esto es lo que quiero hacer. Es la decisión que he tomado.

Incapaz de hablar, solo puedo quedarme congelado mientras me derrumbo por dentro. Quiero respetar las convicciones y la resolución de Aoba-san. Pero me siento incapaz de hacerlo. Me siento impotente. No sé qué debo hacer y por eso solo puedo quedarme callado, rogando desde el fondo de mi corazón que se detenga.

Aoba-san parece adivinar mi estado, y esboza una sonrisa triste.

—Lo siento, Clear...

Y con esas palabras, una expresión de concentración le cruza el rostro. No. ¡No!

—¡Aoba-san, por favor, detente!

Sin embargo, oigo un rugido lejano y el suelo comienza a vibrar. La torre entera parece estar sacudiéndose.

—¡No, Aoba-san! —ruego, con el llanto en la voz—. ¡No tienes fuerzas suficientes para esto! ¡No podrás aguantar!

Pero él no me escucha. Continúo gritando, desesperado, y me planteo el detenerle dejándolo inconsciente. Pero pronto comprendo que sería inútil, él se encuentra en un plano mental en el que no puedo irrumpir.

Sonidos de alarma empiezan a sonar por todas partes. No tardo en notar cómo su cara pierde color, mientras tensa fuertemente los músculos de su mandíbula. Parece estar soportando como puede el dolor, intentando resistir hasta el final y sacar fuerzas de algún lugar desconocido. Incluso el azul de su cabello palidece.

¿Qué puedo hacer? ¿Qué? Ni siquiera... ni siquiera puedo coger su mano. Tomo su maltrecho cuerpo y lo estrecho contra mí. En otro tiempo, en otro mundo, hubiera sentido sus brazos rodearme la espalda en un cálido abrazo. A pesar de todo, aún puedo notar el calor que emana. Que me dice que aún está vivo.

Estoy perdiendo a Aoba-san. Su vida se escapa entre mis dedos. ¿Qué puedo hacer? Él se estremece fuertemente. Ahora mismo está luchando, con todas sus fuerzas, por acceder hasta el último rincón de Oval Tower y destruirlo. Me siento impotente. De nuevo, como aquella vez. Aquella vez cuando canté, y fallé, y caí. Desde el suelo, oía cómo Aoba-san gritaba mi nombre, pero yo no podía hacer nada. Oía cómo alejaban de mí a la persona que amo. Está sucediendo lo mismo de nuevo.

Cierro con fuerza los ojos mientras las lágrimas recorren mis incoloras mejillas. ¿Por qué soy tan inútil? ¿Por qué nunca puedo hacer nada por Aoba-san, a pesar de amarle tanto? Contengo mi llanto, porque no quiero que él me oiga llorar. No quiero que sufra más.

¿Qué puedo hacer?

Solo se me viene a la mente una cosa. Lo que he hecho siempre. Lo único que sé hacer. Cantar.

Entreabro los labios e intento dejar salir poco a poco la melodía que ha estado siempre grabada en mí. Cuando canto es extraño. Es como si me sumergiera en un estado de trance, olvidando momentáneamente mi ansiedad y mi inquietud para centrarme únicamente en la canción. Lo estoy haciendo por Aoba-san. Siento cómo su cuerpo se relaja poco a poco y su cara se aserena, sin perder la concentración. Intento visualizarlo como una medusa, dejándose llevar entre las olas de mi voz. No me consuela realmente, pero es lo único que se me ocurre hacer. No pude despedirme de mi abuelo. Así que... al menos, que Aoba-san...

Paneles flotantes empiezan a rodearnos con la palabra "COLAPSED" escrita. En ellos, aparece la cara de un joven de cabellos negros, pero la imagen se ve borrosa.

Mire a donde mire, a mi alrededor solo hay paneles. Los sonidos de alerta se entremezclan con mi voz formando una extraña sinfonía. La luz blanca de la habitación parpadea y se vuelve roja. Sin embargo, sigo cantando. Tengo miedo de parar porque sé que si ahora escapara de la torre, una vez fuera Aoba-san ya no estaría conmigo.

Dentro de poco la torre comenzará a derrumbarse. Me planteo quedarme aquí junto a Aoba-san, protegiéndole con mi cuerpo, hasta quedar enterrados los dos en la oscuridad.

"No".

Una voz susurra dentro de mí.

"No lo hagas".

No... Aoba-san se ha sacrificado por mí. ¿Qué sentido tendría que ahora me quedara aquí, inmóvil? Haría que sus acciones sean en vano. No puedo permitir eso. Me levanto, con su cuerpo aún entre mis brazos. No debo rendirme. Aoba-san ha estado luchando hasta el final. Noto que aún le queda un débil hálito de vida, aunque ya no está consciente. Podría... no ser demasiado tarde. Si le sacara de este lugar y le llevara a alguien que pudiera atenderle enseguida...

Salgo corriendo de la sala quirúrgica y llego a la habitación donde se encuentra la enorme celda plateada. Allí tenía retenido a Aoba-san hasta ahora. Desvío la mirada y continúo hasta alcanzar el pasillo. Una vez fuera, veo a personas con batas blancas, guardias y perros robot corriendo en todas direcciones, formando un gran caos y alboroto. El pánico y la urgencia predominan en el ambiente y nadie se para a fijarse en nosotros.

Estamos en la planta de los laboratorios, en uno de los pisos más altos de Oval Tower. Considero la posibilidad de bajar en ascensor hasta la planta baja, o dirigirme hacia las escaleras para saltar por la ventana, pero las descarto enseguida. No lograríamos llegar abajo a tiempo y desde esta altura ni siquiera yo podría llegar al suelo indemne, por no decir Aoba-san. Entonces, solo queda una opción. Sin titubear ni un instante, echo a correr hacia las escaleras.

En mi camino encuentro sin parar los paneles que indican que la torre ha colapsado. Esa persona que aparece en ellos... ¿será Sei? ¿Estará él en alguna parte, observándonos? ¿Podrá saber alguna vez que el plan que ha estado construyendo durante años al final logró llevarse a cabo? Me pregunto qué pensaría él de todo esto. Su imagen en los paneles se ve impenetrable y enigmática. Extraña, como la sombra de alguien que una vez estuvo pero que dejó de existir. Aún no comprendo del todo la muerte. Eso quiere decir que, en el fondo, ¿tampoco comprendo la vida?

La torre está cayendo. Las paredes crujen, agrietándose por dentro mientras el suelo se vuelve inestable. Aprieto los dientes y acelero el paso. Antes de que esto se derrumbe, debo llegar...

Logro visualizar la puerta hacia las blancas y pulidas escaleras, y entro corriendo. Trozos de pared comienzan a caer al suelo formando un gran estruendo. Intento esquivarlos mientras subo a trompicones hasta el siguiente piso. Protejo con mi cuerpo todo lo que puedo a Aoba-san, convirtiéndome en un escudo para él.

"Una planta más..."

A mi alrededor todo es ruina y polvo, acompañados por los incesantes sonidos de alerta. Me quedan pocos peldaños para alcanzar la puerta del ático, pero las escaleras bajo mis pies comienzan a tambalearse. Flexiono un poco las rodillas para coger impulso y cubro rápidamente la corta distancia con un único y enorme salto. En el aire, aprovechando la fuerza de la propulsión, estiro mis piernas en dirección a la puerta y la abro de una patada, cayendo así en el exterior. Hemos salido. Extasiado, aspiro el aire fresco mientras contemplo el cielo repleto de nubes. ¿Cuánto tiempo hacía que no lo veía?

—Aoba-san, hemos salido... —susurro.

Sin embargo, no me detengo y sigo corriendo, dejando que el frío viento agite mis cabellos. Poco a poco, a medida que me acerco al borde de la azotea, la visión de los altos edificios de Platinum Jail se extiende a mis pies. Sujeto con fuerza a Aoba-san, estrechándolo contra mí, y me preparo para lo que me dispongo a hacer.

Una vez casi llegados al límite, sin frenar mi carrera, me agacho un poco e hinco mis piernas. Tomo una gran bocanada de aire y, a continuación, salto con todas mis fuerzas. Al siguiente instante me encuentro volando. Desde el aire, me quedo sobrecogido ante la vista que se extiende ante mí. Puedo ver el paisaje de toda Midorijima en su pleno esplendor. Bajo nosotros, Platinum Jail; y el Antiguo Distrito Residencial un poco más adelante, con las pequeñas casas, las montañas y el mar a lo lejos. Realmente estamos en el punto más alto de la ciudad. Nuestra trayectoria describe un amplio arco y, a continuación, comenzamos a caer. Mechones de pelo azul flotan frente a mi campo de visión. Me gustaría quedarme en este instante para siempre.

No planeo llegar hasta el suelo, por supuesto, sino aterrizar en uno de los altos tejados contiguos. Concretamente, en el de un enorme edificio acristalado prácticamente pegado a Oval Tower, que tiene aspecto de ser un hotel.

Cada vez estamos descendiendo más rápido y nos acercamos a la edificación bajo nosotros. Aprieto los dientes, preparándome para el potente choque contra el suelo. Cuando llegamos y mis pies tocan el duro cemento de la terraza, el enorme y fuerte impacto de la caída me golpea y sacude mi cuerpo, pero planto firmemente las piernas y amortiguo la presión como puedo. Sobre todo intento que Aoba-san sufra lo menos posible.

Después del forzoso aterrizaje, me detengo un momento para recuperar el aire y me giro para contemplar la torre de donde hemos provenido. La visión de Oval Tower derrumbándose en pedazos, como un enorme titán cayendo, aparece ante mí dejándome abrumado.

—Lo hemos hecho... Aoba-san.

Sin embargo, su cuerpo está frío.

Un repentino y profundo terror me invade. Lo separo poco a poco de mí y lo deposito con cuidado en el suelo. Él no se mueve ni responde. Con dedos temblorosos, deshago suavemente el nudo de la venda negra atada a su cabeza, que resbala a un lado y cae entre sus cabellos en un movimiento fluido. Con los ojos cerrados y el rostro sereno e impasible, Aoba-san parece que duerme de forma plácida. Su palidez mortal hace que adopte el aspecto de una muñeca de porcelana. No está respirando.

Noto cómo algo dentro de mí se marchita y muere. Durante un momento, oigo perfectamente el sonido de mi alma romperse, en fragmentos minúsculos que se alejan y se van para siempre.

El cuerpo de Aoba-san está frío. Él duerme, pero ya no volverá a despertar jamás.

Inconsciente de mis actos, me inclino lenta, muy lentamente, intentando controlar mis temblores y casi con miedo a tocar a Aoba-san; hasta rozar mis labios con los suyos, gélidos, incoloros e inertes. Presiono suavemente y con mucho cuidado, llenando mi gesto de dulzura.

—Buenas noches... Aoba-san.

Un llanto desgarrador nace en la base de mi garganta, pero se ahoga antes de llegar a salir.

Aoba-san, ¿dónde estás? ¿Adónde has ido? Estás en un lugar donde ya no podré encontrarte. Te he perdido.

Yura yura yurameku

Nami no ma ni

Aoba-san, ahora, parece que estés durmiendo. Sigo sin comprender la muerte. Sigo sin comprender por qué no despertarás. ¿Por qué la vida desaparece y se evapora como el humo? ¿Por qué ya no estás conmigo?

Kira kira kagayaku

Koe wa tada yure kanata he to

Dime, Aoba-san... ¿eres feliz ahora mismo? ¿Estás en algún lugar? No quiero pensar que no estás en ninguna parte. No quiero pensar que estás rodeado de oscuridad. Me gustaría que estuvieses en un sitio agradable y apacible, como una medusa que se mece entre cálidas olas.

Yumemiru kurage wa

Uta utau yo

Yasashii umibe de nemuru

Aoba-san, ¿puedes soñar? ¿Estás soñando ahora mismo? Te tengo firmemente sujeto contra mi pecho, pero ya no puedo sentir tu calidez. Mi voz ya no puede alcanzarte. Por más que cante, mi voz no podrá llegar a ti jamás.

Yura yura yurameku

Hikari no tsubu

Kira kira kagayaku

Koe wa tada yure anata he to

He abandonado el tejado de aquel alto edificio en Platinum Jail y me he dirigido hacia los límites de la isla, hacia el mar. Ahora mismo, estoy subido en lo alto de un acantilado rocoso. Desde mi posición, puedo ver cómo el océano se extiende hacia el infinito por el horizonte y se mezcla con el cielo. El cuerpo de Aoba-san sigue en mis brazos. Pensé en tirarlo al agua y dejar que se fuera junto a las olas, pero no he sido capaz. No soy capaz de dejar a Aoba-san irse. Simplemente lo estrecho contra mí y canto al mar. Y canto, y canto, y canto. Dejo que mi voz fluya, imparable, que se extienda y vibre a través del aire y llegue a algún lugar donde pueda ser alcanzada.

Donna toki demo kono uta hibiki watareba

Donna iro demo sunda sora ni

Kaeteiku yo

Aquel día, una brisa sopló por Midorijima llevando consigo una voz rota. Sus habitantes afirmaron escuchar una melodía cantada por el viento. Una melodía suave, etérea y volátil que envolvía la isla flotando en el aire como un canto fúnebre.

FIN


¡Muchas gracias por leer y espero que os haya gustado! :') Este final es muy triste, pero a mí personalmente me gusta mucho. Es el primero de los 2 que he escrito, además, y le tengo especial cariño.

¡Me encantaría que me comentarais y me dijerais, si habéis leído ambos finales, cuál os gusta más!

Sin nada más que decir, hasta la próxima ~