Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling. La canción "God save the queen" (la que canta Sirius) es de The Sex Pistols; "A day in the life" de The Beatles y "White Riot" de The Clash.
Beta: Kristy SR
Este fic participa en el reto anual "Long Story 4.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black
Capítulo III: Flores en la basura
Sirius soltó una palabrota cuando el chorro de agua (o lo que esperaba que fuera agua) le dio de lleno en el rostro y se incorporó hecho una furia; James le sonreía inocentemente en los pies de la cama.
—Buenos días, Canuto.
Ante toda respuesta Black apartó las cobijas mojadas y saltó de la cama en busca de su varita. Un minuto después no sólo Sirius y su cama estaban empapados, sino que el dormitorio entero y James lucían como si de pronto la lluvia copiosa hubiera caído dentro también.
La puerta del dormitorio se abrió y ambos detuvieron su pelea para dirigir una mirada a Remus, quien ya estaba arreglado. El joven de ojos miel observó con molestia el dormitorio antes de apretarse el puente de la nariz en señal de frustración y susurrar algo que sonó como "debí haber pensado que algo así pasaría".
—¿Van a madurar alguna vez? —preguntó malhumorado, sacándo su varita para poder secar el lugar.
Remus supo de inmediato su respuesta cuando Sirius gritó:
—¡Él empezó!
Agitó la cabeza con resignación y dejó que una sonrisa ligeramente divertida se formara en sus labios.
—¡Era para que te levantaras! —le gritó de regreso James.
—¡Imbécil que eres! ¿No pudiste encontrar otra manera?
—¡Agradece que no haya decidido incendiar las mantas!
—Mejor vayan a arreglarse. —Cortó la discusión con el tono que utilizaba para transmitirles que no aceptaría réplicas.
Sirius parecía tener ganas de seguir con los gritos, pero sólo bufó y agarró un par de cosas antes de irse en dirección al baño, bastante indignado. James, por su parte, soltó una risa y tardó un par de minutos más en seguirle.
Media hora más tarde —y con una gran posibilidad de no llegar a tiempo al Gran Comedor—, James Potter estaba más que listo para su primer día de clases; así que se dirigió a la sala común donde el resto de sus amigos lo esperaban.
—¿Nos vamos? —preguntó Peter.
—Sirius todavía no baja, Peter.
—Pero ya se nos hace tarde. No nos va a dar tiempo de desayunar...
—Tiene razón, Remus, el idiota de Canuto siempre tarda años en arreglarse. Deberíamos irnos.
—Sí nos va a dar tiempo. De todas formas, siempre podemos pasar a las cocinas —replicó Remus, poco dispuesto a dejar solo a Sirius: lo conocía lo suficiente como para saber que era probable que se saltara las clases.
—Tengo mucha hambre como para esperar a que termine la primera clase, y sé que a McGonagall no le va a hacer mucha gracia que entremos con comida.
Remus estaba a punto de volver a replicar cuando su estómago sonó audiblemente, causándole un fuerte sonrojo.
—Bien, vamos.
Los tres muchachos emprendieron su marcha al comedor, prácticamente corriendo por los pasillos, saludando casualmente a alguna persona conocida.
Cuando entraron al comedor las mesas todavía estaban llenas, y buscaron un lugar despejado en la mesa de Gryffindor.
Algunos de sus compañeros trataron de llamar su atención haciéndoles preguntas, pero lo único que consiguieron fueron monosílabos entre bocado y bocado del hambre que tenían y el poco tiempo para ingerir sus alimentos. Inclusive Lily estaba bastante impresionada de no recibir ninguna atención por parte de James.
—¿Deberíamos llevarle algo a Sirius? —preguntó James, al ver que los estudiantes comenzaban a levantarse y no había señales de su amigo.
—Sí, supongo —le contestó Remus, dándole una mordida a su tostada.
Peter asintió con la cabeza para mostrar su aprobación. Lupin iba a agregar algo, cuando la penetrante voz de Sirius les llegó desde la entrada. Iba pavoneándose, como siempre, mientras canturreaba en voz alta; ninguno de los tres pudo evitar que una sonrisa divertida se dibujara en su rostro. Ese muchacho era todo un caso. Sin embargo, la sonrisa de James no duró mucho: mientras Sirius avanzaba hacia la mesa pudo percatarse de las miradas burlonas que recibía y más de una sonrisa cruel en algún rostro, (incluso le pareció escuchar un comentario despectivo que tenía que ver con su huida de la casa Black). Intentó convencerse de que no eran más que imaginaciones suyas, que no había razones para creer que alguien además de la familia de su amigo y la suya sabía sobre el hecho… ¡Merlín, ni siquiera se lo habían contado todavía a Remus y Peter!
—¡When there's no future, how can there be sin! —volvió a berrear Sirius, sacándolo de sus divagaciones—. We're the flowers in the dustbin, we're the poison in your human machine.
Hizo una pausa para coger aire, muy consciente de que tenía las miradas de todos sobre él. Giró su rostro hacía James y le guiñó un ojo con descaro (de esa forma que seguro que repartía algún desmayo) antes de gritar un: "We're the future, your future. God save the queen".
Y Dio por terminada la canción prematuramente.
Una serie de aplausos y risas le siguió mientras caminaba hasta el lugar que James le había guardado a su lado. Tenía una buena voz, después de todo.
—¡Eh, Jimmy! ¿Has escuchado eso?
—Todo el mundo en el castillo lo ha hecho. El calamar gigante dice que le dejes dormir su siesta.
—¡Pura envidia! ¡Seguro que Rotten se sentiría orgulloso de mi versión! —exclamó Sirius, dándole un golpe en el hombro.
—No ha estado mal del todo, si estás sordo…
—¿Qué piensas tú, Rem?
—Pienso que tienes un problema de atención —contestó alguien a sus espaldas, haciendo que Sirius pusiera mala cara.
—Nadie pidió tu opinión Evans, ni siquiera si en el verano cambiaste tu nombre a Remus —respondió cortante, y se echó a la boca lo primero que alcanzó.
Para sorpresa de todos los presentes, James no trató de defenderla como solía hacer, simplemente sonrió divertido y siguió devorando el contenido de su plato.
—¿Te sientes bien, James? —preguntó Peter, que parecía estar debatiéndose entre preocuparse o reírse.
—Excelente.
—En realidad creo que cantas muy bien, Sirius —comentó Remus, antes de que cualquiera pudiera decir otra cosa sobre James (aunque a él también le parecía raro).
El aludido sonrió ampliamente y volvió a poner su atención en sus amigos, obviando la presencia de Lily.
—¿Y tú, Peter?
—Que me gustaría que mañana cantarás una versión de A day in the life.
—¡Joder, Colagusano! ¡Los Beatles son para nenas! —le reprendió Sirius.
James lo miró y ambos intercambiaron una sonrisa cómplice: mucho podían quejarse de lo muy poco masculina que creían que era la banda, pero en el fondo sabían que disfrutaban de la música.
—¿Qué te parece White Riot?
—Una muy buena idea, Jimmy.
El día pintaba para ser un perfecto inicio de clases (sólo una más y estarían libres por el resto de la tarde). Además, los profesores no les habían dejado ninguna tarea todavía. Naturalmente, una vez pensaron eso todo comenzó a irles peor.
La última clase fue Defensa contra las artes oscuras, compartida con los Slytherins.
—¿Y cómo es el profesor? —preguntó Sirius—. No recuerdo haberlo visto ayer.
—Es que no se presentó —contestó Remus.
Los cuatro continuaron caminando hacia el aula, pero la visión de la serpiente que menos quería ver. James casi le hizo detenerse. Sirius fingió que no le importaba lo que el muchacho tuviera que decir, pero él…Si tan sólo las miradas asesinarán...
—¿Qué, Snivellus? ¿Qué carajo quieres? —le gruñó cuando estaban a un par de pasos.
El joven sonrió maliciosamente, y James tuvo la certeza de que estaba más que dispuesto a difundir la buena nueva.
—No veo porqué crees que tengo algo que discutir contigo, Potter.
—Bueno, entonces quítate de en medio.
—En realidad es con Black con quien me gustaría intercambiar unas palabras…
Por regla general, es Sirius quien se pone a gruñir cuando está molesto, pero no fue de su garganta el gutural sonido que hizo que incluso Remus y Peter le dieran una mirada extrañada a su amigo. Nunca lo habían visto así.
—Si te atreves a decir algo…
—No vale la pena, James —le interrumpió Sirius.
Pero para él estaba claro que si decía aquello significaba que sí le afectaría ese comentario lleno de ponzoña. Casi hubiera preferido verlo rabioso de ira. ¡Primero dejaría de llamarse James Potter si permitía que algo de veneno entrara en la herida de Sirius!
—Mira, Snivellus —volvió a decir James, ignorando lo dicho por su amigo—, ve a meter tu horrible nariz en los asuntos que te conciernen.
—¿Necesitas que te defienda tu novia, Black? ¿Toda tu arrogancia se fue cuando te corrieron de tu casa y ahora tienes que ser el perro de Potter? —se mofó, y por un segundo todo quedó en silencio—. Y tú, Potter, ¿sientes tanta lástima que ahora lo defiendes?
Aprovechando el momento de confusión que siguió a sus palabras, rodeó a James y miró a Black directamente a sus ojos tormenta antes de decir:
—¿Qué se siente al ser un paria para tu familia? Regulus me contó que apenas pusiste un pie fuera, Walburga quemó tu nombre del tapiz. Ni siquiera cuando Andromeda huyó lo hicieron.
Fue lo último que aceptó James. Se tiró sobre Snape, y apenas había acertado un par de golpes, cuando fue levitado y echado a un lado. Levantó la mirada, encontrándose con unos penetrantes ojos azules en un hombre de cabellos negros sujetos en una coleta: Joder el nuevo profesor de Defensa.
El profesor —que se llamaba William Harst— había considerado imperdonable la pelea. No precisamente por el hecho, sino debido a que no hicieron uso de la magia —dijo algo parecido a «al menos hubiera esperado que, ya que estaban ocupando el tiempo de mi clase para pelearse, decidieran batirse en un duelo»—. Después sólo se concentró en la clase y, al final, los llamó para decirles su castigo.
James suspiró y siguió limpiando las armaduras con el trapo.
El odioso maestro decidió que si tanto les gustaba el modo muggle, bien podrían limpiar todas las armaduras del segundo piso hasta que parecieran un espejo.
En realidad, no se arrepentía de nada. Nadie podía decirle a Sirius Black que era el paria de la familia Black sin salir herido… Él era su mejor amigo. Una persona especial para él. Era como aquella frase de la canción que había cantado en la mañana: una flor en la basura.
Se rio de sus ridículos pensamientos y continuó limpiando.
N/A: ¡Hola! Sé que probablemente crean que todo va muy, muy lento, pero ¡es necesario! No puede ser que de un día a otro dos amigos (tan cercanos como hermanos y, hasta el momento, heterosexuales) se den cuenta que se aman. Así que no se desesperen, se va a dar a su tiempo. ¡Gracias por leer! :)
