N/a
Espero les guste.
Gracias por leer.
Disclaimer:
Prince Of Tennis no me pertenece.
Parte Tres (1/2): Mañana
La luz del sol flota en el sueño de Sakuno, deriva en algo frío y salado y que tal vez implica talones hundiéndose en la blanda franja de arena que hay entre el océano y la playa, se gira y la arena húmeda se convierte en cálidas sábanas, cuando abre los ojos, al cóctel de alas de gaviota y tonos de azul los sustituye un techo un par de metros demasiado bajo, una pequeña ventana al fondo de una habitación estrecha y tablas de madera astilladas bajo alfombras gastadas.
Es si habitación aunque no está exactamente igual a como estaba cuando desperto ayer, porque hay post-its verdes pegados por cada centímetro de cada pared que ella no recuerda haber puesto, es como una segunda piel de coloridos textos, diagramas, números y fechas, la brisa mueve las cortinas y hace que las notas se muevan, sacando una melodía de aplausos ligeramente húmedo, aunque a Sakuno no le sorprende el estado de su habitación, si le toma desprevenida el número de post-its amarillos, sin embargo, la confusión se convierte automáticamente en sonrisa cuando sale al balcón y se encuentra con una figura apoyada sobre la barandilla de al lado.
- ¿Has leído los amarillos? - pregunta abruptamente el desconocido, con un brillo en sus pupilas que se vuelve travieso al observar la mirada mate de Sakuno - Entra y leélos y abreme la puerta cuando toque - así que Sakuno entra, los lee y abre la puerta cuando Keigo toca, diez minutos más tarde, estan ocupados preparando el desayuno en la cocina, mientras Keigo se palpa el estómago contando las montañas que son sus costilla y arruinándolo todo de manera más perfecta.
La incomodidad se marcha y todo avanza con paso suave, deslizándose entre brazos alrededor de cinturas y barbillas hundidas en los hombros de otro, a lo mejor esto puede repetirse para siempre, piensa Sakuno, tal vez un día se despertara siendo una anciana y Keigo seguira hincándole el dedo en el estómago, susurrando provocaciones incoherentes en su oído y convirtiéndolo todo en un desastre como hoy, se comeran el desayuno juntos en el balcón, con sus pies arrugados enfundados en unas mullidas zapatillas de estar por casa y su pelo cano demasiado ralo como para esconder sus radiantes sonrisas, eso le gustaría demasiado si es sincera.
La forma de hacer el amor de Sakuno y Keigo se resume en insulsos grabados sobre páginas raídas, compilados en una pequeña lista que Keigo ha titulado "Cosas que a Riuzaky Sakuno le excitan", en contadas ocasiones ocurren combustiones espontáneas al caerse un bolígrafo y normalmente Kiego amolda sus manos a los escalofríos de Sakuno, por norma general estan hechos de noches normales y corrientes en el bar, cuando todos los demás los han abandonado con un vaso de whisky sin tocar como árbitro.
Sakuno se descubre a sí mismo mirando fijamente de forma estúpida el rostro de Keigo mientras canta, reflexionando sobre como es posible que alguien pueda parecer tan perfecto y tan destrozado a la vez, hermoso como un dibujo de tinta, con la felicidad derramándose por sus contornos como té envejecido, Keigo es como un artefacto de perfección perdida... aunque la parte perfecta muerde el polvo en cuando alza la vista y al encontrarse con la mirada de los enormes ojos de Sakuno le lanza un guiño.
Hay algo en el guiño de Keigo que hace que Sakuno este a punto de caérsele el micrófono y de perder el ritmo de la canción, no pasa mucho tiempo hasta que Sakuno se pierde por completo porque Keigo ha acortado la distancia que los separa, sus preciosos labios respiran blues sobre transpiración brillante, el corazón de Sakuno golpea con fuerza su pecho cada vez que sus muñecas chocan de forma semi-intencional y con cada susurro de "te reto, atrévete", el juego de desafíos se vuelve letal cuando la puerta del salón se cierra y deja Keigo estampando a Sakuno contra la pared.
- Di eso otra vez, ¿qué me retas? - las palmas de sus manos y sus rodillas se deslizan sobre los muslos del otro, susurros incoherentes puntúan cada gemido y cada jadeo, la urgencia acaba con todo los demás y la frustración guía sus manos cuando bajan la cremallera o tal vez no es la frustración, tal vez es solo la urgencia porque siempre tiene prisa, porque los granos de arena se desvanecen de las líneas de sus manos, porque a medida que el invierno se convierte en primavera, su forma de hacer el amor se aleja de las embestidas bruscas y de las miradas ardientes y se parece más a silenciosos húmedos atrapados en las sábanas del departamento de Keigo, porque cuando la primavera llega las monstañas desaparecen y solo dejan un rastro constante de depresiones.
Sakuno se despereza sobre la cama de Keigo, viendo como las cortinas inyectan soplos de vida en los post-its amarillos que cubren las paredes mientras que Keigo une sus dedos pulgares sobre la base de su garganta, un susurro distraído fractura la calma - Lo siento - murmura a punto de romperse y Sakuno lo nota, el aire resuena no por la pequeña disculpa de Keigo sino por las bocanadas de aire que silban al entrar a sus pulmones, Sakuno desliza una mano bajo la camisa de Keigo y cuenta con el dedo índice sus costillas.
Va dejando atrás pequeñas huellas de sudor pegajoso y semen murmurando tranquilizadores "una, dos, tres...", Keigo se sobresalta, sorprendido y Sakuno le da un beso en los labios para borrar su sorpresa - Shhh, no lo sientas - murmura a Keigo que trata de desviar la mirada pero ella no se lo permite porque él tiene que entender que jamás en su vida se va a alejar de él por mucho que lo piense, a Keigo le lleva un rato muy largo relajarse a pesar de las caricias de Sakuno y deja que ella presione las palmas de sus manos contra sus costados y lo pinte de cálides y comodidad.
- Es solo que ni siquiera puedo... amarte como es debido - murmura casi en un tipo de trance Keigo como si lo hubiera dicho miles de veces pero ella no lo recuerda, no sabe porque pero le duele así que resopla y le clava un dedo entre las costilla y Keigo estalla en carcajadas, Sakuno le sujeta hábilmente la cara entre sus manos y se inclina para darle un beso más largo y más profundo, hay una sombra desvaída y violeta bajo sus cuerpos cuando Sakuno se separa dejando que las matices de su vista se muevan a la deriva de forma letárgica.
- Keigo escucha, no me importa el sexo, ya esta mejor que bien así, ya estamos haciendo el amor - trata de que entienda de que todo va a estar bien, que le importa un carajo si haciendo el amor es la única manera en que se puedan amar porque en verdad quiere hacerle entender que esta con él porque lo quiere, que aunque no sabe que es el amor porque incluso ha olvidado ese sentimiento siente que lo ama con cada fibra de su cuerpo, no le importa si no lo recuerda al menos sabe que no podra borrar las marcas de su piel contra la suya.
Keigo hunde su rostro en la almohada, Sakuno lo hace levantarlo a la fuerza, Keigo desvía la mirada, ella le coge la cara para obligarlo a que la mire, al final Keigo rompe en una risa ahogada - Me estas matando chica, de verdad me estas matando - susurra él con la voz casi estrangulada y ella lo mira no entendiendo absolutamente nada - ¿Por qué? - pregunto pero no hay respuesta así que Sakuno piensa que tal vez es otra de esas cosas que Keigo dice sin razón, una de esas cosas que va y viene, conforme al cielo se oscurece la pregunta se disipa junto con la luz y ya no regresa.
- ¿A dónde va un pensamiento cuando lo olvidas? - pregunta Keigo mientras la mira fijamente, no sabe porque sigue torturandose pero quiere al menos intentar que ella recuerde que durante su vida juntos le ha hecho esa pregunta demasiadas veces, porque maldita sea que necesita aferrarse a algo pero ella lo mira con la cabeza ladeada, no sabe la puta respuesta, antes ni siquiera se habría detenido a pensarla pero es que eso era antes, ese antes no va a regresar jamás, lo sabe y eso lo mata más lentamente.
Ahora no son algo, ni siquiera conocidos porque cada puto día tiene que presentarse ante ella - No lo sé, ¿lejos? - contesta y cuestiona al mismo tiempo y ella y él quiere reir, tomarla de los hombros y gritarle que es una estúpida, que la odia, que quiere que se muera, que quiere que jamás le hable de nueva cuenta pero no puede porque tiene que aferrarse a ella cada puto día para seguir respirando, quiere aferrarse a una persona que muere cada día y que se lo lleva en ese torrente sin ningun miramiento.
- Eso es muy vago - contesta casi en un susurro porque se esta ahogando y teme que la voz se le corte si dice algo más - Yo no soy escritora - arremete ella en un tono que trata de ser molesta y Keigo quiere gritarle que en este puto momento él tampoco desea ser escritor - No seas tan vaga - le señala mientras trata de sonreir pero no sale nada, no puede ni siquiera hacer una mueca tan sencilla porque es demasiado cargante esta situación y no cree poder con ella, no más porque esta harto de la mierda de vida que lleva pero no puede hacer nada porque esta le toco y a la vida le vale madres estar lastimandolo de esta manera.
- Bueno, se muere, el pensamiento se muere - concluye ella más o menos con un intento de sonrisa porque quiere que él le diga que es cierto pero la verdad es que él no desearía más estar en otro momento que tener que estar a su lado hablando como si nada porque antes podrían estar haciendo el amor, susurrando palabras de amor - ¿Y si no quiero? - Keigo abre y cierra su zippo, viendo como la lengua de fuego titila en torno a la tapa de hierro - No me dejes morir chica, prométeme que me recordaras - le pide con una mueca de dolor, de sentimientos de pena en un mar de sentimientos que la arrastran y Sakuno es feliz de dejarse arrastrar.
- Vale, te lo prometo, te recordaré - asegura ella intentando sonreir para que él se calme pero no se ha dado cuenta de que no es él quien tiene que calmarse sino ella porque le duele ver esa faceta tan gastada de Keigo - Para siempre - pide este viendola con suplica y Sakuno se rinde porque aunque no lo quiera admitir ella tambien quiere recordarlo lo que le queda de vida - Para siempre - asegura ella con una sonrisa esta vez verdadera... a veces la verdad duele más que la mentira y a veces la propia mentira es lo suficientemente dolorosa como para destrozar a Sakuno.
- ¿Me amarás mañana? - pregunta en un tono algo serio Keigo, sabe que ella le dira que si pero que la realidad siempre va a ser otra - Por supuesto - asegura ella como si nada y ninguno de los dos se da cuenta de que se estan mintiendo mutuamente, quiza Keigo si se da cuenta pero como otras tantas veces quiere engañarse, quiere engañarse de nueva cuenta - Prométemelo - pide él y ella ríe un poco - Te amaré mañana y te recordaré para siempre, ahora dame el mechero antes de que le prendas fuego a mi casa - en menos de cinco minutos ella se encuentra derribada en el suelo con él haciendo presión en sus caderas para que le devuelva su zippo.
No son concientes de nada más hasta que sus labios se unen en un beso lleno de pasión, sus manos vagan por el cuerpo de uno y de otro tratando de sentir el calor de siempre, las marcas que dejan en sus pieles es lo más tierno que Sakuno siente en toda su vida, las mordidas que se clavan en sus clavículas duelen pero jamás ha sentido un dolor tan lleno de vida que la hace sentir amada, la manera en que él entra en ella la llena porque se siente en el cielo pero al mismo tiempo el infierno, le gusta ser arrastrada por el calor del cuerpo de Keigo en su totalidad.
Keigo le escribe una nota para asegurarse de que mantiene su promesa "Me llamo Keigo, soy el escritor que vive en el piso de al lado, nos vemos mañana, chica. ¡No lo olvides!", Sakuno se echa a reír al ver los signos de exclamación, Keigo le golpea en el hombro y ambos ruedan bajo las sábanas sintiendo una ligera esperanza, Sakuno imagina que las mentiras tambien son lo que mantiene a Keigo entero así que a lo mejor puede permitirse mentir un poco pero al final la esperanza se acaba y las mentiras se quiebran, la voz de Keigo es bajísima y triste cuando susurra en el cabello de Sakuno.
- Solo tengo dos cosas en este mundo chica, tú y el baile, eso es todo lo que tengo y pronto me arrancaran el baile de los huesos y finalmente tambien me separaran de ti... - Sakuno deja que Keigo deslice una mano por su cuello y la atraiga hacía si para abrazarla, el fuego se apaga y la oscuridad lo inunda todo, afuera esta lloviendo, las gotas repiquetean en el alféizar de la ventana.
Hay momentos en los que Sakuno esta viendo a Keigo bailar y se da cuenta de que los movimientos de Keigo llevan cierto retraso, no demasiado significativo pero retraso al fin y al cabo, sacudidas dubitativas de las articulaciones, miedo y deseo mezclados en esa vacilación delatora, es como si sus músculos estuvieran esforzándose para llegar a algo pero sus tendones los retuvieran, como si estuviera condenado perpetuamente a perseguir una melodía que siempre va un tiempo más rápido que él, probablemente el mismo Keigo tambien se ha dado cuenta, el brillo de la frustracon y aflicción que se dilata en sus pupilas es inconfundible.
Pero al final, incluso esos momentos desaparecen, ya no hay frustración ni pena, no hay movimiento, no hay más esfuerzos, nada, solo una aparición que se sienta en la otra punta del bar, desintegrándose lentamente y convirtiendose en partículas de polvo y luz, entonces estan los momentos en los que Sakuno mientras canta se da cuenta de como Keigo aprieta y afloja el puño, de las marcas de mordiscos en su labio inferior, de sus ojos apagados, de sus hombros hundidos, todo se derrumba pero no con un grito, sino con un ineludible jadeo al intentar tomar aire, suavemente, sin pausa, inevitablemente.
Y finalmente la frase que describe a Keigo como bailarín en la última página de su libro de recortes se convierte en algo parecido a una mentira porque Keigo ya no puede bailar, y tampoco es un escritor, en realidad no parece que sea el hombre que describe la página, no parece un humano en absoluto sino un cadáver que repite al final de cada hora: "Chica, ¿recuerdas cuando...?".
Sakuno esta a medio camino entre sofocada y escaldada por el calor de la noche de verano cuando entra en el ascensor de su edificio, es 12 de julio, una hora en la que el mundo consiste en farolas inseguras, gritos de borrachos y ocasionales golpes de risa, a esa hora, solo estan ellos dos y una excesiva paz, acaba de volver del bar y Sakuno intenta luchar contra el cóctel de humo métalico y el fuerte olor a alcohol que hay en su cabello, las ultimas notas del saxofón anidan sobre sus dedos y el ritmo del cinquillo permanece bajo su piel pero ninguna de esas dos cosas consigue llenar el abismo que hay entre ella y el desconocido.
El desconocido que sostiene un cigarro apagado entre los dientes se gira primero, la luz poco favorecedora del ascensor envuelve su piel con un tono de cetrino y un pesado velo de letargo, Sakuno se pregunta con el ritmo del cinquillo martilleando en sus venas si la piel del hombre sera tan de plástico como parece - Que calor, la temperatura... hace calor - dice este extendiendo una mano que Sakuno estrecha con vacilación, su apretón es de dedos largos y sorprendentemente fríos, uñas cortas y limadas y una piel curtida sobre unos nudillos huesudos, pero por encima de todo eso esta temblando, adivierte Sakuno.
Sus dientes castañean y a penas puede mantener el contacto visual - Um - responde Sakuno, quiere preguntarle al desconocido si se encuentra bien, porque esta temblando de esa manera, pero las palabras se pierden entre los chirridos del ascensor llegando al piso y el parpadeo de la bombilla fluorescente - Si.. hace calor hoy - concuerda ella como si nada pero el desconocido no dice nada tan solo apoya la espalda contra la pared del ascensor y deja que sus ojos se deslicen a lo largo de la figura de Sakuno como si estuviera esperando a que lo reconozca.
Es la clase de mirada que hace que Sakuno se encoja dentro de su chaqueta aunque una fina capa de cachemir poco puede hacer para esconderla de las pupilas fijas del otro, parece que el tiempo se apra hasta que las puertas del ascensor se abreny Sakuno suelta una bocanada de aire que no sabía que estaba conteniendo, solo después cuando Sakuno ya esta caminando por los pasillos del edificio y nota que el extraño lo esta siguiendo se da cuenta de que probablemente no sea la primera vez que se ven.
- ¿Te conozco de algo? - pregunta al fin y su voz retumba intranquila por los largos pasillos, el desconocido se ha parado en la puerta contigua y esta girando un llavero en torno a su dedo índice, un rayo de luz de la luna atraviea la verja y arranca un destello de algo que hay en su traje, Sakuno ve un par de gemelos, brillantes y aparantemente caros, demasiado caros como para pertenecer a alguien que vive en este tipo de residencia - ¿Tú crees? - el desconocido frunce el ceño y lo que dice suena mucho más a súplica que a pregunta y de alguna manera eso le duele demasiado pero no entiende porque.
Sakuno se arranca las pelusas del bolsillo nerviosa, no recuerda haber visto la cara del desconocido cuando ha comprobado su libro de recuerdos y los post-its verdes de sus paredes antes, pero a lo mejor se ha saltado una página, ya le ha pasado en otras ocasiones, se apresura a buscar en su mochila pero una risa más parecida a un ladrido lo interrumpe - Así que no te acuerdas, ¿de nada en absoluto? - vuelve a la carga el desconocido y Sakuno se siente como ida porque no sabe que hacer para que esa persona deje de sonar tan desesperada.
Keigo la mira y pierde toda la puta esperanza cuando ella lo mira pero no entendiendo nada - ¿Qué? ¿Qué se supone que tenga que recordar? - pregunta ella casi en un murmullo y Keigo quiere gritarle con todas sus fuerzas, quiere lanzarse por esa ventana y gritarle a todo el mundo que su vida es una autentica mierda, que la puta vida se las esta cobrando con creces porque toda su vida antes de que se enterara que se iba a morir fue un puto cabrón, quiere creer que en verdad en su otra vida debio ser alguien muy malo como para que esta cosas le pasen ahora, en este tiempo... con la persona que más ama.
- Nada, en serio, nada - el desconocido se ríe o quiza solloza mientras que se apoya contra la puerta del piso contiguo y se deja caer, incluso en la oscuridad el brillo del miedo que destila su sonrisa torcida es distinguible, hace que parezca más joven de lo que es, de una forma que casi da lástima.
La sandía sabe a ventanas sucias y al aire de una melodía oscuraa e invisible que se descompone en las venas, a Sakuno le resulta difícil de tragar, todo es impercetible hoy, todo se balancea en el borde de la existencia - Keigo - lo llama mientras toma las semillas negras con dedos cuidadosos, lo ha notado distante y el tipo de indiferencia que muestra le duele - ¿Por qué estas tan callado? - pregunta casi en un susurro porque este ni siquiera la mira del todo, esta como ido.
- Siempre he sido callado - responde Keigo como no dandole importanca al asunto y es precisamente eso lo que la saca de quicio, porque nunca sabe que le sucede y eso maldita sea que le duele pero no entiende porque, estan sentados con las piernas cruzadas en el balcón de Sakuno, con las paredes mohosas tras ellos y un país de suburbios infinito y eterizado por delante, Sakuno se siente como si estuviera en el decorado de una película, construida de polvo y sueños agrietados, debe de haber un mundo real en algún lugar ahí afuera donde la risa no parece algo imposible en la desolación yerma del rostro de Keigo.
- No, no es cierto - asegura ella tratando de entender porque el día de hoy esta demasiado cerrado con ella, porque quiere entender que es ese dolor que esta en su pecho porque Keigo no le presta atención - Y como lo sabes, si no puedes recordar - arremete este como si nada mientras continua escribiendo cosas que a Sakuno le molestan porque ni siquiera esta haciendo el intento de prestarle atención - ¿Por qué estas enfadado? - pregunta con calma aunque no la siente en lo absoluto y eso le aterra.
- No lo estoy - asegura él aun escribiendo de prisa en el cuaderno, no quiere que ella insista porque entonces se le puede ir la lengua y decirle cosas que no quiere que ella sepa, sin embargo, no tiene el valor suficiente como para no hacerlo - Si lo estas - asegura ella mientras observa que Keigo le da un mordisco furioso a un trozo de sandía, le caen gotas de jugo de la sandía por las comisuras de la boca y se las restriega bruscamente con el dorso de la mano, esta enfadado, eso esta claro piensa Sakuno.
Quiza un poco más que enfadado, Sakuno espera pacientemente, escuchando el ruido que hace Keigo al morder, mastizar, tragar, jadear en busca de aire pero Keigo no se sale de la rutina, continua comiendo cada vez más rápido - Mira, ¿he dicho algo malo? Keigo, quiero tener una relación contigo pero no puedes ser así... - comienza ella pero no sabe como terminar esa frase porque en realidad ni siquiera sabe como es él pero de alguna manera le molesta que siempre mienta, que no diga las cosas como son.
- No, chica, si que puedo, porque ni siquiera tenemos una puta relación - le recrimina Keigo de repente, frío y crispado y eso le duele a ella que entierra un poco las uñas en la sandía porque le duele que sea así cuando unas palabras de aliento no vendrían mal - Y nunca la tendremos, no lo entiendes ¿verdad?, puedes seguir intentándolo pero nunca vas a recordarme, así es como estan las cosas - arremete de nueva cuenta Keigo mientras ella siente unas tremendas ganas de llorar.
No quiere llorar pero un pequeño sollozo rompe la fachada de su rostro y con eso la situación se tuerce apun más, Keigo se enfada todavía más - Tú ni siquiera tienes derecho a estar enfadada, te levantas cada mañana y estas de puta madre pero ¿qué pasa conmigo? - Keigo vuelve al ataque con ese tono frío y afilado que a ella le duele porque siente como se clava en su corazón como si de espinas se trataran - Lo sient... - trata de disculparse pero el sonido del cuaderno siendo estampado sobre las rodillas de él no le permiten terminar la frase.
- Estoy enamorado de ti joder y aún así tengo que presentarme cada puta mañana y... ¿es qué no te haces una idea de lo que duele eso?, no, seguro que no porque en realidad no me quieres, sin todas esas notas que te dejo no hay nada, en realidad no hay nada, solo soy un desconocido para ti y esta relación no es más que un teatro, es otra novela más, inventado, todo, ni siquiera es que este escribiendo una puta novela, joder, la estoy viviendo - espeta Keigo mientras trata de calmarse porque ella no tiene la culpa, la culpa la tiene la puta vida que quiere demostrarle que es un peón en un juego de alguien más grande y que ese alguien lo detesta tanto como para estar haciendole esto pero tampoco es como si tuviera la culpa, la vida es así de cabrona y punto.
Después de una larga pausa se oye un "lo siento" de uno de ellos, tal vez de ambos - Hace dos noches entre a tu casa y quiete todos los post-its que decían algo sobre nosotros de las paredes, intente comprobar si recordarías la noche que nos encontramos por segunda vez aunque fuera una diminuta chispa de reconocimiento... pero por supuesto... - Keigo no puede terminar esa maldita frase porque no quiere más, no puede más, esta puta vida lo esta matando pero es que es así y no puede hacer algo más y eso le jode.
Keigo entrelaza sus dedos con los de Sakuno y los sostiene, las manchas pegajosas del jugo de la sandía se extienden por sus palmas sudorosas - Los hecho son estos, me voy a morir, un día, nos olvidaras y entonces el día después de eso me olvidarás a mí, y ya ni siquiera sera por tu amnesia solo por el tiempo, porque eso es lo que hace el timpo, se lleva las pequeñas cosas, primero las insignificantes y entonces se cuela hasta que se lleva las que importan... y para cuando quieras darte cuenta, habrán desaparecido y no sabras que es lo que falta hasta que... - nuevamente no sabe como terminar la frase y lo peor es que en verdad no quiere terminarla.
- No, no, Keigo no es así... mi cabeza esta mal pero mi corazón - Sakuno aprieta las manos entrelazadas de ambos contra su pecho y respira hondo, como si el aire puediera llenar el vacío que hay entre ellos, la calidez de Keigo traspasa su blusa y hace que su estómago flote, desbloquea las palabras que aguardan en un sitio que no sabía que existía - Mi corazón esta bien, te recordare ahí, no puedo recordar nada sobre ti pero cuando algo te duele, el corazón tambien me duele, cuando ríes mi corazón también ríe, puedo amarte aunque no tenga recuerdos, así que aguanta, aguanta, por favor - le suplica ella casi con la voz ahogada porque quiere que él entienda que todo esta bien, que no importa cuanto duela... esta bien.
Después de un largo esfuerzo Keigo consigue forzar una sonrisa pero tiembla y por fin se rompe mientras dice de forma pensativa, brutal - Esto no es una novela romántica chica, no funciona así - insipira y el ultimo clavo llega, no con un estallido sino con un susurro lastimero - ¿No lo ves, chica? Nuestro final esta claro, todo estaba escrito desde el mismo principio, desde antes de que nos conociéramos - aunque Keigo esta esperando una réplica, aunque los dos estan esperando una réplica, Sakuno no tiene nada que decir.
Los sollozos destruyen su cuerpo, pesados y terribles y no consigue articular ni la más mínima protesta cuando Keigo continua hablando - Sabes... llegara el día en que no pueda tocarte el rostro, ni hablarte, simplemente... estare ahí tumbado, viendote llorar con los ojos abiertos de par en par, con el cuerpo entumecido y, y mi mano... en torno a la tuya... sostendras mi mano como ahora mismo pero estara fría y dolera mucho más de lo que duele ahora, y caundo llegue ese día chica quiero que me prometas que medaras ir, te iras a casa, llevate las margaritas... - pide en un tono casi debastado que a Sakuno le hiela la sangre.
- No - Sakuno logra articular con una voz casi temblorosa, casi rota - Porque escucha chica, no mereces... - la nuez de Keigo asciende, se detiene, no vuelve a bajar, su voz se quiebra, Sakuno se da cuenta de repente de que Keigo tambien ha estado llorando, ha estado llorando todo el tiempo, tal vez incluso desde antes de que Sakuno despertara esa mañana - ... ver como las margaritas se marchitan... - concluye con calma aunque por dentro se esta muriendo, porque se ha levantado y ha llorado porque le ha dolido que ella no lo recordara en el elevador, eso le dolio en toda el alma.
- No - Sakuno agarra más fuerte las dos manos de Keigo, recoge los huesos que se desmoronan y los tendones hechos jirones y reza en voz baja en los débiles nudillos - No, no, no - suplica llorando porque no quiere que él se vaya, no entiende porque pero no quiere que se vaya porque lo necesita para sentir que esta viva, que el que haya perdido su memoria no es nada porque esta dentro de la memoria de alguien más, Sakuno más que nunca quiere aferrarse a Keigo, quiere aferrarse al... nosotros.
Entre los meses y los segundos Sakuno pierde la noción de las horas y olvida como leer los relojes y calendarios, a veces se le olvida la fecha, otras veces mira por la ventana y pregunta en que estación estan, su libro de recortes ya no esta al día y no esta segura de si tiene veinte años o veinticico porque de todas formas ya no importa, siempre estara atrapada en el mismo punto, así es como son las cosas.
Pero cuando llega Keigo todo vuelve a encajar, es en los ultimos meses del otoño, 2013, tiene veintidos años, veintitres en tres meses y esta tan profundamnete enamorada que duele, duele porque ya son los ultimos meses del otoño, porque el verano ha acabado y no puede siquiera recordarlo pero siente ese tipo de amor que la vuelve avariciosa y la hace estar enfadada y triste por todo lo que no puede tener, el tipo de amor que le hace aferrarse a Keigo al final de cada noche y rogar poder recordarlo todo el día de hoy, y de ayer, y...
- Mañana - interrumpe Keigo, Sakuno cree que huele un poco a yodo o a antisépticos, a sábanas de hospital - Puedes acordarte de mañana, recordaré todos nuestros ayeres y tú puedes recorsar todos nuestros mañanas, sera genial - asegura él y Sakuno le responde una forma inexpresiva - Eso no tiene sentido ¿cómo se recuerda el mañana? - pregunta con un tono normal mientras siente la respiración de Keigo demasiado cerca, tanto que la inunda por completo, la arrastra y a ella le encanta esa sensación.
- Bueno - Keigo se relaja en los brazos de Sakuno, deja que su espalda llene la curva del pecho de Sakuno y que su mejilla se deslice junto a la de ella - Recuerdo que mañana iremos a la playa ¿y? - es una pregunta no formulada por parte de él pero a ella no parece importarle en lo más mínimo - ¿Y qué? - pero aún así ella pregunta esta vez con una risa un poco afable aunque no lo demuestra - ¿Y qué recuerdos haremos? - pregunta en esta ocasión Keigo y ella de verdad que no entiende nada - Keigo, ¿pero qué estas diciendo, como vas a recordar algo que nunca ha sucedido... - él le corta al pellizcar su mejilla con un poco de suavidad, quiere seguir mintiendose a si mismo, quiere creer que solo por hoy todo es posible.
- Calla, vamos a ver, recuerdo que el agua parecera estar en llamas de luz, el solo se estara poniendo, todas las nubes estaran pintadas de violeta y rojo, pero estara tranquilo, solo se oirá el sonido del agua y el viento y tu voz, cantaras My Lady y enterraras tus pies en la arena mientras me ves bailar dentro del agua, bailaré, tu cantarás, me tropezaré, sacaras tus pies de la arena e intentarás cogerme, me daré cuenta de lo linda que estas y sentiré la repentina urfencia de ponerte en una posición comprometida, te haré el amor en ese mismo momento y en ese mismo lugar, así que luego estaremos llenos de arena y te volveras loca, por supuesto y lavaras la ropa cuatro veces, lo frotaras todo pero despues claro... primero cenaremos sentados en el techo del coche, perezosos, lentamente, podemos comer hamburguesas, con mucho queso... - él tomo aire porque ha dicho lo que una vez ya paso y por muy cruel que suene... quiere que vuelva a pasar.
Sakuno se queda pensando por unos momentos y no logra esconder una leve sonrisa que se instala en sus labios - Y veremos el anochecer, seguire cantando y me cogeras de la mano, me bajaras del coche, bailaremos juntos, reiremos, tu te reirás más fuerte pero yo me reiré durante más tiempo, habra mosquitos por todas partes, seguro, yo querré irme pero tu querrás quedarte más tiempo porque tú eres así, e intentaré arrastrarte pero te liberarás de mí y al final te rendirás porque te pagré, o tal vez seré yo la que se rinda cuando me cojas de la mano y me atraigas hacía ti y me beses apasionadamente - concluye ella con una hermosa sonrisa.
Él sabe que así no sucedio pero sabe que con Sakuno sucedera de nuevo, sera otro final pero el comienzo él lo quiere poner, Keigo le coge la mano y la atrae tan cerca que Sakuno puede sentir su aliento en la lengua - ¿Así? - pregunta Keigo con una leve sonrisa - ¿En qué estas pensando ahora mismo? - pregunta ella tratando de controlar los latidos de su corazón que quiere salirse por su boca - En lo mucho que quiero quedarme así - asegura este como si nada porque le gusta finjir que es un vals de mentiras... porque este se baila de dos.
Hay preguntas que Sakuno no le hace a Keigo, no le pregunta a Keigo si pueden quedarse así para siempre o cuantos mañanas quedan en realidad porque a veces la verdad es demasiado deslumbrante, solo puede depender de los segundos, de cada gesto, cada sílaba, Keigo vive en segundos, todo viene en segundos... ojalá los segundos duraran más.
Sin embargo, cuando Sakuno despierta al día siguiente no van a la playa, de hecho no hay un "ellos", no hay post-its amarillos en las paredes, ni palabras en la última página de su libro de recortes, ni posiciones comprometidas ni hamburguesas en el techo de un coche, solo esta Sakuno bajando a toda prisa por las escaleras de la fábrica, cenando en una mesa vacía, esperando que lleguen las siete con los ojos pegados en el balcón contiguo y con la extraña sensación de que, tal vez, algo le falta.
Entona melodiosamente bajo las luces difusas del escenario, mira el asiento vacío que hay al otro lado del bar y reflexiona sobre lo que podría significar el vacío que hay en su pecho, porque cada nota que canta no sale afinada del todo, Akari intenta ajustar su volumen para cubrir cada error de Sakuno, se riende cuando llega el descanso - ¿Pero qué te pasa? - le pregunto entre un tono de paciencia y entre pena, no entiende muy bien a que viene la pregunta porque segun ella no sucede nada.
- No lo sé - murmura Sakuno, hoy no le ha pasado nada fuera de lo normal, todo ha ido de acuerdo a las notas de su libro, al menos así le parece ella pero no deja de sentir que le falta algo, algo que no sabe que es - ¿Dónde esta ese hombre, el escritor? ¿Atobe Keigo? - pregunta su amiga buscando con la mirada a una persona que ella no conoce, ni siquiera le suena el nombre así que francamente que no entiende porque su amiga le pregunta sobre esa persona que no conoce, al menos así lo siente.
"¿Qué escritor?" es lo que quería preguntar Sakuno pero de algún modo acaba saliendo una especie de grito ahogado de inexplicable pánico y dolor, instintivamente, echa mano de su libro de recortes, pasa las páginas una vez y otra y otra con el mismo quejido tembloroso - No conozco a ningun escritor - un ramito de margarita secas cae de la tapa trasera, Sakuno se derrumba y esta vez no hay nadie para sostenerla.
Se despierta en octubre y la recibe el verde de sus paredes, el calor del césped sintético que nunca muere, octubre marchita el mundo con cada puesta de sol, hasta que apesta a hojas en descomposición y promesas olvidadas, con octubre llega la lluvia infina que limpia huellas inmortales y trae nuevos clientes al bar.
Se despierta en noviembre y lo recibe un montón de espesa nieve que se ha apilado en su ventana, una conocida urgencia por hundir la cara en la almohada y llorar como si no hubiera mañana le revuelve las tripas, noviembre trae día que desaparecen de repente y noches que se convierten en el principio del fin y en el fin del principio, en noviembre, las mañanas dejan de llegar, en noviembre se pregunta cuanto tiempo lleva viviendo así, cuanto tiempo más tiene que seguir viviendo así, cuantas mañanas quedan antes de que el tiempo la deje ir.
Se despierta en diciembre a cuatro días de Navidad, cuando llaman a la puerta, la oscuridad se traga su departamento mientras se abre paso por los pasillos, con los dedos extendido para leer las paredes mientras descorre el pestillo y abre y... - Chica - lloriquea el hombre que hay entre su puerta, lo que Sakuno ve es una combinación de labios cenicientos y ojos hinchados, temblando bajo una fina bata de hospital y sin nada más que copos de nieve en el cabello y unas zapatillas de plástico en los pies.
Tal vez el hombre esta intentando sonreir y los restos de esa sonrisa tiran tristemente de las comisuras de sus labios pero todo se descongela cuando intenta mover la mandíbula otra vez - Chica - y es un sollozo - Chica, chica... - una enorme, inexplicable y cálida marea de alivio recorre a Sakuno pero no es suficiente como para evitar que hable con voz ronca y vacilante - ¿Quién eres? - pregunta con un poco de miedo porque de verdad que no tiene ni la mínima idea de quien esa persona frente a ella.
Una pausa - Pues claro, claro que lo ibas a olvidar, que tonto he sido... - Sakuno ve algo que se acumula en los ojos ya enrojecidos del chico con curiosidad y sin aliento o quiza con un pinchazo de indefinible empatía, es espantoso lo fácilmente que esta perfecta construcción de huesos se desmorona en cámara lenta, el hombre tiembla, deshaciéndose por los costados con una erupción de lamentos inaudibles, se frota con los antebrazos para borrar las lágrimas y su pecho entero se sacude con una pena inconsolable, hasta que al final se lo traga todo con dificultad.
Hace un pequeño gesto con la mano y parece muy frágil - Perdón por molestarte, solo pensaba... en caso de que recordaras... pero bueno, da igual, yo... - no se oye nada salvo el susurro de los copos de nieve que caen, pequeñas esferas de luz brillante como luciérnagas y Sakuno envuelve con la mano la muñeca del hombre, no piensa en fragilidad cuando atrae al chico más cerca de la puerta, de hecho no esta segura de lo que esta pasando cuando dice - No, esta nevando, deja que te preste una chaqueta, vas a coger un resfriado - murmura con suavidad.
- Un resfriado - repite el hombre y su risa suena como lo más triste del universo - Voy a coger un resfriado - vuelve a repetir y Sakuno por primera vez siente que algo se quiebra en su interior pero no sabe que es...
De camino al hospital, el hombre se presenta como Keigo, le da a Sakuno cuatro datos en el asiento de atrás de un taxi, uno, es escritor, dos, ya se conocían, tres, se esta muriendo, cuatro, ha borrado todo lo que había sobre él en los post-its y en el libro de Sakuno a causa de esos datos - Me dijeron que me quedaban seis meses, quiza un año si me portaba bien - dice Keigo, sus ojos reflejan el amanecer que pasa volando por las ventanas - Así que quise hacerme el héroe, dejarme olvidar, ahorrarte todos los ayeres y dejarte con todas las mañanas pero... entonces me dijeron que tenía neumonía, ya no eran seis meses, me quedaban cuatro semanas, tal vez tres, y me derrumbé, de repente, quedarme atrapado con todos los ayeres mientras que tú seguías adelante sin mí ya no me resulataba tan atractivo y... de verdad, lo siento, mentí, no soy un héroe, solo soy un cobarde - las palabras de Keigo le duelen a Sakuno, no sabe porque pero siente que la corroen por dentro, la matan lento.
Sus rodillas se tocan, Sakuno no se aparta - Yo... ¿te gusto? - pregunta con una calma que no siente porque no tiene ni la menor idea de porque ha preguntado pero quiere saber la respuesta - Gustarme - se hace eco el hombre y se ríe otra vez al continuar - No, solo quiero estar en todas tus mañanas, quiero que me recuerdes - Sakuno sabe la verdad y juraría que Keigo tambien la sabe, los deseos son solo deseos, las oraciones no son más que oraciones, la cuidad que pasa a toda velocidad por las ventanillas puede brillas con las luces de Navidad y la calidez de Año Nuevo, pero eso no cambia el hecho de que demasiado es demasiado, algunas cosas son simplemente imposibles.
- Quiero decir, no tienes que recordarme, no intento engañarme a mí mismo, de verdad, me puedes dejar en el hospital y... solo... yo solo quería verte otra vez y supongo que ya lo he hecho así que... lo siento muchísimo por molestarte - Keigo se ríe y cada vez que lo hace Sakuno piensa que suena más a lamento - Debes de pensar que estoy loco o algo apareciendo en tu puerta porque sí - comenta este con un dejo de lamento pero más que eso de sentimientos de trsiteza mezclados.
- No creo que estes loco - interrumpe Sakuno y la tensión disminuye un poco cuando consigue forzar una sonrisa - Creo que eres un idiota por huir del hospital vestido así cuando esta nevando - el coche se para, a ambos les lleva unos instantes darse cuenta de que ya han llegado a la entrada y de que ha llegado el momento de que Sakuno se marche y de que Keigo se quede ahí, en su último segundo son todo sonrisas educadas e inclinaciones de cabeza, como si se acabaran de conocer por primera vez y los ojos rojos de Keigo no significaran nada.
- Pues... - dice Keigo sin llegar a temblar con la chaqueta de Sakuno sobre los hombros pero estremeciéndose igualmente - Solo... ¿puedo pedirte una última cosa? - pregunta este con un tono de suplica en su voz que a ella le da pavor - ¿Sí? - aún así pregunta que es lo que quiere que diga, que es lo que quiere porque siente que de alguna u otra forma se lo debe - ¿Puedes decir mi nombre? Una ultima vez - comenta este y Sakuno se aclara la garganta e intenta reproducir las sílabas pero de algun modo estan atascadas en los laterales de su garganta y a pesar de que abre la boca no sale sonido alguno.
Para cuando levanta la mano y se toca la garganta se da cuenta de que esta temblando y de que algo va mal, el mundo se le esta cayendo encima a cámara lenta y el corazón le duele, le duele muchísimo - Keig... - Sakuno se traga las dudas y se concentra en las sílabas - Keigo - termina ella sintiendo que ha dicho ese nombre miles de veces en tonos diferentes pero no es posible, al menos cree eso - Gracias, gracias - y el segundo "gracias" de Keigo es dicho de forma suave como si tuviera un significado más importante.
Tal vez como "gracias por conocerme, por encontrarme, por desenterrarme de entre las ruinas, de los pedazos rotos, gracias por darme vida, lágrimas, deseos, filas y filas de post-its amarillos que iluminan mi habitación cuando las cortinas bloquean el sol, gracias por enseñarme lo mucho que pueden brillar las luciérnagas, gracias por amarme a tu manera, gracias por demostrarme que aunque no tengas memoria te esfuerzas por no dejar de sentir algo por este cabrón, gracias por decirme con la mirada que tu corazón me quiere aunque tu memoria no me recuerde, gracias por dejarme enseñarte el acto más hermoso de unión entre dos seres, gracias por ser mía aunque no lo recuerdes, gracias por cada minuto, cada segundo que has estado a mi lado mientras escribía de ti, gracias por permitirme amarte a mi manera, gracias por soportar mis quejas, mis días malos, mis días buenos, gracias por soportar mis palabras dolorosas, gracias por soportarme a mí, gracias por cada beso, cada caricia que me regalaste, gracias por la cálidez de los latidos de tu corazón para conmigo, gracias por siempre estar allí para mí aunque no lo supieras, gracias... gracias por todo" pero Sakuno no oye nada de eso, solo oye Tokio al amanecer, los silbidos de la brisa y como Keigo lucha por tomar oxígeno - De nada - responde tensa, hoy hace frío, Keigo tiembla cuando sale casi arrastrandose del coche, cierra la puerta y mira hacía atrás.
Sakuno baja la ventanilla y se pregunta porque parece que el mundo entero se esta viniendo abajo, afuera con el frío lijándole los huesos y atravesando su cabello Keigo sonríe dócilmente, Sakuno asiente, un par de copos de nieve caen desde el cielo y desaparecen - Bueno - es la manera de despedirse de él - Bueno y ella le contesta de la misma manera, ya se han resignado a no usar palabras, porque hay un entendimiento mutuo entre ellos que les dice que las palabras son torpes, las palabras son como pequeños cometas, pasan como un rayo tras ellos, dejando una estela de lágrimas y dudas, no pueden permitirse usar palabras, no hay lágrimas, ni cometas ni dudas en este intercambio entre un desconocido y un recuerdo, sólo destellos de nieve, Sakunoo extiende la mano, incómoda, y la saca fuera de la ventanilla, Keigo la estrecha, riéndose de algo gracioso que Sakuno no puede entender, y entonces se gira y echa a andar, sus piernas son demasiado delgadas, su espalda está demasiado encorvada, va con la cabeza demasiado alta a pesar de sus dedos temblorosos.
Sakuno se gira hacia el conductor con una sonrisa dos tonos demasiado brillante - Lléveme de vuelta, por favor - le pide con calma, está intentando fingir que todo es natural, porque lo es, después de todo, no conoce a este Keigo, no entiende el significado de mañanas o ayeres y encima, llega tarde al trabajo, Sakuno toma una profunda bocanada de aire invernal y se dice a sí misma que no quiere echar a correr, para nada, que no hay lágrimas amenazando con caer de sus ojos, que no hay lágrimas empañando su visión aunque...
Caen, de todas formas, una a una, igual que Keigo, Sakunoo grita tan fuerte que no reconoce su propia voz.
N/a
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