16. Consolation

Mamoru sabía a la perfección cuándo Haruka estaba pasando un mal día, pues después de pasar todo el día sonriendo en exceso siempre había un lapso de la tarde en que desaparecía, a veces en el patio, a veces en su cuarto, pero para el samurai era muy evidente que ella estaba buscando un lugar donde nadie la viera para descargarse. Desde que se enteró de la situación de Haruka, la pérdida de sus padres y la persecución a la que luego fue sometida, Mamoru no había logrado sacarse, ni siquiera tres años después, la rabia que lo carcomía cuando pensaba en eso, forzada a estar con él, muchas veces como un ave enjaulada, la joven había perdido cualquier razón para ser feliz, se cambiaba constantemente de escuela, no tenía amigos, su vida consistía en sobrevivir. Haruka ya no era una niña, pero al samurai aún le desagradaba la idea de saber que estaba llorando; justo en ese momento, parecía que ya estaba el día cerca del atardecer, Igawa estaría en el taller trabajando y extrañamente, Haruka tenía al menos media hora que no lo molestaba. El samurai se fue al patio a entrenar un rato, pensando que tal cosa no debía importarle, pero después de una hora de entrenamiento, y una hora sin sentirla, entró a la casa; caminó de forma silenciosa por la cocina y la sala, e incluso cerca del taller de Igawa tratando de determinar si ella estaba por ahí, y al no verla, subió al segundo piso y se acercó hasta la puerta de su cuarto y tocó. Nadie respondió. Volvió a tocar con más fuerza.

-Voy a entrar. -Dijo antes de abrir la puerta, vio a la silueta de Haruka cubrirse el rostro con una manta con la cual estaba arropada.

-Estoy durmiendo, Mamoru-san. -La voz un poco nasal de la joven confirmaba sus sospechas, el hombre se acercó a la cama y con cuidado y sin mucho esfuerzo le quitó la cobija del rostro. -¿Qué pasa? -Reclamó Haruka mientras Mamoru la vio mirar hacia otro lado tratando de ocultar su rostro y se sentó junto a ella, la joven enseguida se movió hacia el lado contrario de la cama para bajarse, huyendo. Su guardaespaldas no tuvo que aplicar mucha fuerza para tomarla por el hombro y sentarla nuevamente donde estaba.

-Está bien que llores pero...

-Yo no estaba llorando- La rubia dejó de hablar cuando el samurai le pasó la mano por debajo de los ojos y se encontró con un rostro frío y mojado. Mamoru suspiró y Haruka movió el rostro hacia otro lado huyendo de su mano.

-Como decía, está bien que llores, pero no está bien que sea tan constante.

-No es constante. -Mamoru frunció el ceño para indicarle que no tenía caso mentirle.

-Al menos lo ha sido, casi todos los días, desde hace unos meses. Yo entiendo perfectamente que estés aburrida de este estilo de vida, nadie quisiera que estuvieses en esta posición, pero si ya es así, no puedes rendirte, en el momento en que te rindas, no habrá vuelta atrás.

-Disculpa que no sea tan fuerte como tú, Mamoru-san. -Haruka bajó la mirada mientras su voz sonaba un poco molesta. -Lo siento, Mamoru-san, es que, realmente quisiera ser más fuerte y no causarte molestias.

-Ya te lo había dicho antes, no debes obligarte a comportarte de ninguna manera solo porque vivas entre un montón de adultos, no te estoy diciendo que debes ser fuerte o no te debes sentir mal, solo que- El samurai se quedó en silencio cuando Haruka recostó su cabeza sobre su hombro, y luego de aclarar la garganta continuó. -Puedes sentirte mal, es normal, pero-

-Está bien, Mamoru-san, no tienes que decir mucho, con que estés aquí es suficiente. -Haruka abrazó al samurai ligeramente y éste no se atrevió a quejarse, pues al fin y al cabo había sido él quien se había buscado algo semejante, poniendo una mano dubitativa sobre la espalda de la joven y apoyando su barbilla sobre la cabeza de ella suspiró.

-Si te sientes mal, puedes decírmelo, y como un equipo podemos solucionarlo.

-Esto no es una misión, Mamoru-san. -Dijo la joven intentando ahogar la risa, se sentía relajada con el calor corporal de su guardaespaldas. -Pero...dijiste que somos un equipo, gracias. -Sí, no era la expresión más romántica que hubiese escuchado, pero indicaba un lazo entre los dos, la joven acomodó su cabeza sobre el pecho de él mientras sentía la mano desesperada de Mamoru que se movía intranquila sobre su espalda, mostrándole su impaciencia; de todos modos, ella no lo soltaría por un rato más, la joven pensó que ya que Mamoru finalmente se convertiría en su esposo, debía darse la oportunidad de confiar un poco más en él, aún si se trataba de su dolor y sus inmadureces.


17. Threshold

Mientras mi cuerpo tiembla intento escapar, la oscuridad en la habitación se mezcla con retazos de un futuro que golpea mi mente, sin importar que ha sido así desde que puedo recordar, no hay manera que pueda acostumbrarme a este miedo. Aún si mi mente está llena de confianza, la incertidumbre me consume durante estos momentos, yo solo quiero despertar. Siento tu mano sobre mi frente, como un puente entre mis sueños y el mundo real, caricias delicadas con dedos ásperos de alguien que en toda su vida solo había amado a la espada; aún si tu voz se escucha distante mientras llamas mi nombre sin ningún afán, el calor de tu piel es suficiente para que los delirios empiecen a disiparse, ahora puedo sentir mi cuerpo, siento el frío en mis pies, y la sensación cómoda de mi espalda descansando sobre las cobijas de nuestra cama, puedo sentir que me duele ligeramente la garganta, pero aún no logro recuperar el control sobre mis párpados. Como si esto se tratase de un cuento de hadas, siento tu aliento acercarse a mi rostro y tus labios tocar los míos de la forma tierna en que sueles hacerlo, y sí, tal y como si fuese un cuento de hadas, logras romper el encanto, y lentamente puedo abrir mis ojos para encontrarme con los tuyos, grises, que sonríen solo para mí.


18. Neck

A veces pienso que Haruka debe detestar este estilo de vida, ahora mismo la observo desde el pasillo, está sentada en el sofá de la sala, mirando hacia el vacío mientras se acaricia el cuello repetidamente, estoy seguro de que tiene unas marcas que yo no puedo ver. Fue esta mañana que, mientras peleábamos contra un grupo de delincuentes en busca de la recompensa, un hombre gigante levantó a Haruka del suelo por el cuello, la escuché gritar, e intenté liberarme de los quince hombres que me atacaban lo más rápido que pude. Solo fueron unos pocos minutos hasta que logré acabar con ellos, mientras luchaba, de tanto en tanto la veía, apretando el brazo del hombre que la sostenía, y cuando corrí hacia donde ella estaba, el hombre gigante estaba en el suelo, y ella lo pateaba. Observé por unos segundos la escena, los sollozos de ella hacían evidente que estaba llorando, tosía y apretaba el rostro mientras seguía pateando al gigante inconsciente.

-Haruka. -Ya con unos cuatro años de lucha, ella ya no podía considerarse una adolescente indefensa, lo que todos le habíamos enseñado lo ponía en práctica cuando era necesario. A pesar de que llamé su nombre, ella no se detuvo, estaba molesta como fruto del miedo. -Haruka, detente, está inconsciente. -Cuando no respondió, la tomé por el brazo y la jalé hacia atrás, ella intentó oponerse. Cuando estuvimos uno al lado del otro, la vi mirar hacia el lado opuesto donde yo estaba, se pasó la mano por el rostro secándose las lágrimas y se dio vuelta soltándose de mi brazo. Me mantuve de pie mientras ella atravesó el lugar, pasando entre los cuerpos inconscientes, y salió, Juliet se fue detrás de ella.

En ocasiones como estas pienso que soy un guardaespaldas inútil, pues nunca debió haber ocurrido algo semejante como que alguien tratara de ahorcarla. Haruka sigue allí, tocándose el cuello, tal vez recordando los eventos del día, tal vez todavía asustada. Todo lo que puedo hacer es seguir esforzándome para que todo esto acabe pronto y ella pueda escapar de esta realidad.


19. Pillow

No importa cuántas veces haya ocurrido ya, Haruka se siente profundamente conmovida cada vez que despierta y encuentra a Mamoru durmiendo sobre su abdomen.


20. Fiebre

Haruka apagó la estufa y miró de reojo mientras Mamoru entraba a la cocina y se sentaba a la mesa, suspiró levemente y le sirvió algo de arroz después de acomodar los platos principales sobre la mesa. La joven vio al golpeado samurai tomar los palillos sin prisa, y se dio vuelta para servir algo de tomar, se quitó el delantal y poniéndolo a un lado se sirvió algo de arroz y se sentó a la mesa, frente a Mamoru. Igawa había sido llamado de forma especial por EN, y no estaría esa noche en casa, Haruka se sentía levemente nerviosa por el hecho de estar con su guardaespaldas a solas una noche completa por primera vez después de muchos años, especialmente porque la ardua pelea que había sostenido más temprano ese día lo tendría seguramente de mal humor. El samurai comía con demasiada lentitud, su cuerpo estaba cubierto de vendas y lucía realmente molesto, Haruka lo observó por unos segundos antes de empezar a comer, minutos después, Mamoru aún no había tenido avances significativos en su plato.

-Mamoru-san, ¿pasa algo? -El hombre de cabello oscuro puso a un lado los palillos y se quitó los lentes con molestia, tenía una herida entre las cejas que seguramente le lastimaban los lentes. La joven no perdió oportunidad de observar los ojos grises de Mamoru mientras este se masajeaba la frente.

-Tengo varias cortadas dentro de la boca, no puedo comer así. -Haruka abrió los ojos ante su evidente desconsideración con la condición del samurai.

-Mamoru-san, cuánto lo siento, no...no me acordaba...te prepararé algo más...un puré frío tal vez, que no te lastime. -El samurai fruncía el ceño mientras con los dedos jugaba con los lentes. -¿Papa o manzana? -A Mamoru no le importó lo infantil que sonaba la comida que iba a comerse, tenía hambre.

-Papa. -Dijo casi que inaudiblemente, Haruka se levantó de inmediato de la mesa y fue hasta la nevera y abrió el congelador.

-Hay algo de helado para que comas mientras te preparo la comida.

-¿Chocolate? -Haruka no pudo evitar reírse entre dientes.

-Por supuesto. -Dijo acercándole el pote de helado con una cuchara al samurai, el cual empezó a comerlo de inmediato, aunque sin prisa. Haruka buscó unas papas y empezó a pelarlas mientras observaba a Mamoru comiendo, su rostro estaba hinchado por los golpes, y ella sonrió levemente, sintiéndose agradecida con él, pues parte de esos golpes habían sido recibidos con el fin de protegerla. Después de lavarlas, Haruka cortó rápidamente las papas en cuadritos, los cuales luego echó en una olla con agua caliente, dio unos pasos y se sentó nuevamente a la mesa para terminar de comer, el samurai comía lentamente, casi que aburrido, y poniendo la cuchara a un lado se echó el cabello hacia atrás y levantó la mirada, Haruka se sorprendió de la manera cómo sus ojos ciegos podían apuntar de forma inequívoca hacia donde ella se encontraba.

-¿Te sientes bien, Mamoru-san? -El samurai apenas y se molestó en hacer una mueca y nuevamente se masajeó la frente. -¿Tienes dolor de cabeza? -Mamoru asintió, y Haruka se levantó nuevamente de la mesa. -Te traeré una pastilla. -La joven salió de la cocina sonriendo, complacida de que las barreras de Mamoru seguían cayendo poco a poco frente a ella. Unos breves minutos después, volvió a la cocina con unas pastillas que puso en las manos del samurai tímidamente, y le extendió un vaso de agua que él se tomó después de engullir los medicamentos. Haruka se acercó a la olla y luego caminó alrededor de la mesa y se puso detrás de Mamoru.

-¿Qué haces? -Preguntó él con evidente desgano, Haruka dudó por un momento pero luego se acercó a Mamoru y le puso las manos sobre la cabeza. -¿Q-Qué? -El samurai intentó de inmediato de quitársela de encima moviéndose. -¿Qué quieres?

-Ya, cálmate...es solo...algo que aprendí...

-¿Qué...?

-Me refiero...un masaje...un masaje...para que se te quite el dolor de cabeza.

-No lo necesito. -Dijo Mamoru apartando las manos de Haruka con las suyas, haciendo que la joven las retirara nerviosamente ante el toque de sus manos. La preciosa rubia, ya de veinte años, suspiró con molestia y caminó hasta la olla. Mamoru tomó la cuchara nuevamente y siguió comiendo helado. A pesar de que no podía ver nada en ese momento, sus sentidos le indicaban que las papas estarían listas pronto, y que Haruka movía de tanto en tanto el pie nerviosamente al lado de la estufa. Después de unos minutos de silencio, Haruka apagó el fogón y empezó a preparar el puré, el cual metió en la nevera y volvió a sentarse a la mesa.

-Esperemos un rato a que se enfríe. -La joven empezó a comer nuevamente, mientras Mamoru ya había dejado de lado el helado; si no fuese porque ella sabía que él no podía verla, juraría que esa mirada tan intensa que dirigía hacia ella tenía algún sentido. El samurai empezó a jugar nuevamente con los lentes, moviéndolos sobre la mesa, ella lo observaba en silencio, era la más pura y natural forma de ansiedad que había observado en Mamoru durante los últimos años, no era algo que ocurriese muy a menudo, pero era un gesto que Haruka había observado en él en varias ocasiones en que estaban los dos solos. La barrera física que había entre los dos no había podido ser rota por Haruka después de muchos intentos, Mamoru mantenía siempre su distancia, y a pesar de que ella no se había molestado en lo más mínimo en ocultar sus sentimientos hacia él, el samurai no hacía más que mostrarse desprevenido y desinteresado en esto. La joven no tenía ningún deseo de forzarlo, ni de obtener nada de él, por lo que se limitaba a admirarlo desde lejos.

-Haruka. -Los pensamientos de la joven fueron interrumpidos por la voz profunda de Mamoru llamando su nombre.

-¿Sí? -Haruka tomó otro bocado y bajó la mirada mientras masticaba, solo veía las manos del samurai que seguían jugando con los lentes.

-Tengo frío.

-¿Qué?¿Tienes fiebre? -Haruka se levantó alarmada de la mesa y se acercó a Mamoru, extendiendo sus manos para tocarle la frente, el samurai la tomó por las muñecas y la atrajo hacia él, casi haciéndola perder el equilibrio, pero sosteniéndola por la cintura la ayudó a mantenerse en pie. Lentamente, y sin ponerse de pie, Mamoru movió sus manos sobre el abdomen de ella hacia su espalda y la abrazó jalándola levemente hacia él nuevamente, Haruka mantenía sus brazos a los lados de su cuerpo sin entender qué pasaba. -M-Mamoru-san... -Su guardaespaldas posó su cabeza sobre el abdomen de ella, y Haruka pudo sentirlo ardiendo en fiebre; la joven extendió sus manos y le acarició el cabello temerosa. -Tienes fiebre, Mamoru-san...deberías... -Pudo apenas articular ella mientras buscaba una excusa para alejarse de él.

-¿Te resulta molesto? -Le interrogó Mamoru moviendo sus labios mientras hablaba sobre el abdomen de ella, causándole escalofríos. La joven suspiró y vacilante se inclinó para abrazar la cabeza de Mamoru entre sus brazos.

-No. -Dijo en un hilo de voz, y se limitó a atribuir el extraño comportamiento de Mamoru a la fiebre.