Le siguieron y entraron a una pequeña sala de estar. Lo primero que se le ocurrió a Hermione es que era exactamente igual que él. Pulcra, con todo minuciosamente puesto a su lugar, pero un poco oscura (tan solo había un par de ventanas). Había un par de butacas verde musgo y un cómodo sofá de tres plazas de cuero negro. Las paredes estaban completamente forradas de libros, algunos de lo más normales (a ojos de Hermione), otros de aspecto un poco tétrico, como el tema que seguramente trataban.
Snape les indicó que se sentaran en el sofá mientras él se sentaba en uno de los dos sillones. Los chicos no pudieron dejar de observar que, pese a su edad, tenía ya un aspecto adulto, sensato y frío. Levantó un poco la cabeza y les preguntó:
- Así, ¿qué es lo que representa que puedo hacer por vosotros?
- Verás... Necesitamos encontrar un objeto que Volde... –empezó Harry, pero, viendo la cara del que en unos años sería su profesor, se corrigió –el que no debe ser nombrado valore mucho. El prof... ust... eh... –Hermione le pisó un pie. -alguien en el sitio de donde venimos nos dijo que alguien aquí podría ayudarnos con eso. Fuimos a visitar el director Dumbledore y él nos dijo que la persona que mejor podría ayudarnos era usted.
- ¿Podríais explicarme de donde venís?
- Pues...
- Del futuro –respondió Hermione, cogiendo el control de la conversación.
- Del... ¿Qué? –exclamó él, alterándose por primera vez. –No digáis estupideces, nadie es tan bobo como para creerse eso.
- Es totalmente cierto. Aunque, como comprenderás, no usamos un giratiempo, lo hicimos con un hechizo que también nos puede llevar al futuro.
- Pero...
- ¿Quieres pruebas? Puedes preguntarnos lo que quieras, porque, aunque no viene al caso, necesitamos que confíes en nosotros para que nos ayudes.
- ¿Cómo estás tan segura que lo voy a hacer?
Hermione se preguntaba exactamente lo mismo. ¿Cómo estaba tan
segura? Entonces le vinieron a la mente las palabras que le había
dicho su ex profesor no hacía tanto.
FLASH BACK (extracto del capítulo 2)
El hombre pareció meditarlo durante un momento. Aprovechó para lanzarle un hechizo que ella esquivó con facilidad.
- Un año después de que yo abandonase el colegio. Vayan a Hogwarts y hablen con Albus –Hermione notó que la voz del hombre cambiaba al decir el nombre del que había sido su mentor. –Díganle solo que tienen que encontrar algún objeto muy preciado por el Lord.
- Pero... –aunque quiso protestar, no había podido evitar que el corazón le diese un vuelco. Quizá... quizá no les había traicionado. Pero así... ¿Por qué había matado a Dumbledore?
- Lo conseguirán. Lo sé.
FIN DEL FLASH BACK
¡Claro! Él se lo había dicho. Él lo recordaba...
Por lo tanto, él les había ayudado y, lo más importante,
lo habían conseguido, es decir, lo conseguirían, es decir...
Bueno, eso. Pero no podía decirle eso al Severus Snape que tenía
delante... ¿o sí? Tenían que jugar hasta la última
carta.
Estoy tan segura porque tú mismo me lo dijiste. Tú me dijiste que teníamos que hacer esto, solo podías saberlo porque nos habías ayudado tú mismo –le respondió ella, consciente de que le estaba dando pistas de la época de donde provenían.
- Pero eso no es nada para convencerme a mí –le espetó él.
- Vamos a ver... ¿cómo puedo convencerte?
- Tú sabrás...
Harry empezó a pensar a marcha rápida. ¿Qué podía decirle a Severus Snape para que él se convenciese de que venían del futuro? No podía revelarle nada que no hubiese pasado ya...
- Bueno... es algo que no creo que hayar contado nunca a nadie. Tú me ayudaste a aprender oculumancia y, con eso, un día entré en tu mente sin querer. ¿Sabes oculumancia ahora? –Snape negó con la cabeza. –Así te he revelado algo de tu futuro... lo siento, pero lo que voy a decirte es algo que no tiene que ver con el futuro, sino con el pasado. Es solo una imagen, pero supongo que tú sabrás de qué hablo. –Ron y Hermione le miraron con reproche, ya que aquello no se lo había dicho nunca.
Snape le hizo un gesto para indicarle que hablara.
- Había un niño de cabello negro y piel muy blanca, llorando en el suelo mientras se oían los gritos de una mujer y un hombre la...
- ¡Basta! –gritó Hermione, que había visto como la cara de Severus cambiaba a cada sílaba del niño que vivió.
- Lo siento –murmuró Harry. –Tan solo quería convencerte de que veníamos del futuro. De todos modos, tan solo por si acaso aún no te fías de nosotros, también hay otra cosa... Te haces llamar, o te llamas, no estoy seguro del todo, Príncipe Mestizo, haciendo referencia al apellido de tu madre y a tu sangre mezclada. –explicó Harry con una nota de dolor mal escondida en la voz.
- Está bien. Me habéis convencido. Os ayudaré. Si venías del futuro, seguramente no sabréis donde pasar las noches, ¿cierto?
- Bueno, habíamos pensado buscar alguna pensión o algo parecido por aquí...
- De eso nada, os quedaréis aquí.
- Pero... –empezó a protestar Hermione.
- No quisiéramos ser una molestia –acabó Ron, haciendo un esfuerzo sobrehumano para contener su odio hacia Snape.
- Si de todos modos tenemos que trabajar juntos para conseguir algo, será más sencillo que os quedéis aquí. Y, cambiando de tema. Si lo he entendido bien, tengo que ayudaros a conseguir un objeto que el que no debe ser nombrado precia mucho y, según Dumbledore, soy la persona que más os puede ayudar. ¿no?
- Sí.
- Pues no tengo ni la más remota idea de cómo hacerlo. Ya se me ocurrirá algo. Ahora, voy a enseñaros vuestras habitaciones. Aunque... en esta casa tan solo hay dos, una con dos camas y la mía con una cama grande.
- A mi no me importa dormir en el sofá –dijo Hermione, dándose cuenta de que ella era la única chica. –Así Ron y Harry podrán compartir una habitación y tú podrás dormir en la tuya.
- De eso nada. Tú dormirás en la mía y yo en el sofá. –y, viendo que la muchacha iba a replicar, añadió. –Y ni se te ocurra discutirlo.
- Pero...
- Ya me has oído, a mi no me importa dormir aquí.
Finalmente, ella asintió, agradecida.
Era de noche y todos estaban ya durmiendo. Hermione se estaba revolviendo en su cama. Finalmente, se despertó. Miró por la ventana, que daba al tejado y se dio cuenta de que había algo allí. O, más bien dicho, alguien. Abrió la ventana con cuidado. Notó que el inquilino del tejado estaba llorando.
Acabó de abrir la ventana del todo y saltó hacia el tejado. A gatas, llegó hasta el lado de Severus. Nunca se habría imaginado que Severus Snape, el mismo que había maltratado tanto a sus amigos y a ella misma, pudiese llorar.
- ¿Estás bien?
- ¿Eh? –dijo él, sobresaltándose. No se había dado cuenta de que tenía compañía. Se frotó los ojos enérgicamente y respondió. –Sí, estoy bien. Solo estaba pensando. –dijo rápidamente, señal de que estaba mintiendo.
- No me lo cuentes, si no quieres, pero no me engañes, por favor. Estabas llorando.
- ¿Y qué vas a hacer... reírte de mí?
- ¿Por qué tendría que hacer eso? Tan solo quería ayudarte. A veces la tristeza desaparece si explicamos las cosas a alguien. Si necesitas algo, puedes confiar en mí. No se lo voy a contar a nadie.
Dicho eso, Hermione se encaminó hacia la ventana de la habitación que ocupaba ahora. Antes que hubiese hecho dos pasos, él la cogió por el tobillo.
- Espera...
La castaña le miró con una expresión de pregunta.
- Si tu oferta sigue en pie, me gustaría hablar un poco.
Ella, sonriendo, deshizo el camino que había hecho y se sentó a su lado. Él abrió y cerró la boca varias veces. No sabía como empezar. Al final, Hermione se apiadó de él y le preguntó:
- ¿Por qué llorabas?
- Lo que dijo tu amigo... ¿Harry, se llamaba? Me hizo recordar una de las peores cosas que me han sucedido nunca. Creía que lo había alejado de mí, pero... tan solo lo había apartado un poco.
- El hombre y la mujer que dijo Harry eran... ¿tus padres? –le ayudó ella. Snape asintió. –¿Y el niño eras tú? –volvió a asentir.
- Mi madre era sangre pura y mi padre era muggle –explicó con una nota de odio en su voz.
- No tienes que despreciar a los que no son hijos de magos.
- Pero no somos iguales... –empezó él.
- Yo soy hija de muggles –replicó ella. -¿Vas a mirarme mal, ahora?
- No... Quizá tengas razón, pero el único no sangre limpia que se me ha acercado alguna vez fue mi padre, así que no es extraño que, para mí, los muggles sean algo... da igual. El caso es que mi padre no tenía ni idea de que mi madre era una bruja. Cuando aparecieron mis primeros signos de magia, cuando yo tenía cuatro años, mi padre enloqueció. Entonces mi madre se lo explicó todo, pero él no quería verlo. Empezó a gritar, y gritar. Después la pegó. Intentó desquitarse conmigo, pero mi madre se lo impidió. Al final, la dejó inconsciente y se fue. No volví a verle. Nunca más. Mi madre murió un poco después, nunca sabré si fue por culpa de mi padre o por otra cosa.
Se cuidó de mí una tía abuela vieja y muy estricta. En su casa tan solo había libros de magia oscura. Cuando recibí la carta de Hogwarts creí que todo iría bien, que por fin podría ser mínimamente feliz. Pero me equivocaba, ellos se encargaron de hacer de ella una pesadilla.
- ¿Ellos?
- Sirius Black, James Potter, Remus Lupin y Peter Pettigrew. Me convertí en un juego para ellos, alguien deplorable digno de ser objeto de sus burlas.
Ahora podía comprender un poco más su actitud, su frialdad, su desprecio hacia los muggles, que estuviese medio encerrado dentro de si mismo. Tan solo necesitaba alguien en quien confiar. Nunca había tenido nadie con quien hablar.
- Gracias –musitó, de repente.
- No es nada. Sé como te sientes. También yo fui objeto de las burlas de la gente, aún lo soy, de hecho. Tuve suerte de Harry y Ron. –dijo Hermione con una sonrisa. –Ahora tendrías que ir a dormir.
- No creo que sirva de nada. Hace tiempo que no puedo dormir bien. Mañana me tomaré una poción energética y estaré como nuevo. –ella le miró con los ojos abiertos como platos. -Es lo que llevo haciendo desde siempre. –Aclaró él. –Cuando duermo vuelven los malos recuerdos de la escuela, de mi vida en general, entonces me despierto y no puedo volver a dormir, así que suelo pasar media noche en vela, por lo bajo.
- Dicen que cuando compartes cama con alguien las pesadillas desaparecen. Si quieres... –dijo Hermione, mordiéndose la lengua inmediatamente después de decirlo. Seguramente su cara se había vuelto roja como un tomate. Suerte que era de noche... ¿Por qué había dicho aquello? Ahora Snape pensaría que era una... mejor no decirlo. –Tan solo dormir, no pienses nada... quiero decir que...
Por primera vez desde que le conocía vio a Snape sonreír. Una sonrisa franca, aunque totalmente efímera.
- Tranquila, ya lo he entendido. –"¿De todas formas, quién querría algo conmigo? Por lo menos he hecho una amiga... O eso parece", pensó Snape mientras la chica le devolvía la sonrisa.
- ¿Y...?
- No quiero que tus amigos piensen cosas raras... Especialmente el pelirrojo...
- ¡Oh! Tranquilo, no pasa nada. Venga, vamos. No puedes vivir toda la vida de pociones, dormir es necesario.
Después de un rato de silencio, Severus aceptó.
- Está bien. Vamos. Y... gracias. Muchas gracias.
Entraron en la habitación y ella se puso enseguida en la cama. Entonces se dio cuenta de que Snape iba tan solo con un pantalón corto. Parecía muy delgado, pero, en realidad, estaba en buena forma. Hermione se sonrojó, y el rojo de su cara aumentó considerablemente cuando el muchacho se puso en la cama, aunque a un metro y medio de ella.
¡¡¡¡¡¡¡¡Hooooolaaaa!
Aquí tenéis el capítulo 4... Un poco de HG/SS, como prometí, aunque poquito, porque no va a suceder todo de golpe, ¿¿no? ¡¡¡Muchas gracias por los reviews: Sucubos, Karili, Lara Malfoy-Lynn, Minue, §µ£ §NAP£ , Natalia, K-rissLupin, AnitaRickman, Lakota y amsp14 ¡¡¡¡¡10 en un capítulo! Soy feliz... Ya veis que es fácil hacerme feliz, así que... espero que me volváis a dejar reviews. El próximo capítulo tendrá un poco más de HG/SS a no ser que reciba pocos reviews... entonces habrá menos.
Bss,
khye
