De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo.
Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen al señor Tolkien, yo solo los tomo prestados un ratillo para que los míos no se sientan solitos... ¡ah! y Undómeärel tampoco es mía. La tomé prestada del fic 'El tesoro del rey Thranduil' de The Balrog of Altena (por lo que es suya y solo suya, y que me perdone por tomar su personaje así como de improviso, sin pedir permiso ni na de na), que me encantó por cierto. Leerlo si podéis, es muy recomendable. Ale, al lío.
Capítulo 4
Todo sobre los 'sí, quiero'
H/Creep by Daniela Andrade (Radiohead cover)
Han pasado ya varias semanas desde que atravesé (o atravesaron conmigo a cuestas, para ser más precisos) el armario por última vez. El enfado se ha ido haciendo cada vez menos persistente incluso con Gandalf, pero no ha llegado a desaparecer del todo y gran parte de lo que ha quedado se ha transformado en amargura. Piensan que ya lo he superado, que dejó de afectarme... ¿pero cómo hacerlo? ¿cómo aceptar que no volveré a ver a Paula o a Leire? ¿que mi hermano no volverá a darme el coñazo para que termine de una vez Canción de Hielo y Fuego? ¿que se acabó el chocolate con churros los domingos en casa de mi madre? Ella solía decir que la esperanza es lo último que se pierde, seguramente por eso no puedo evitar colarme en las habitaciones de Arwen cada noche para escudriñar su guardarropa con la estúpida esperanza de que se abra de nuevo. Y creo que ella lo sabe, pero o se sigue sintiendo culpable o realmente entiende que quiera volver, porque cuando lo hago se hace la dormida.
Es difícil asustar o engañar a un elfo, eso se aprende por las malas. La primera noche no paró de moverse en su cama durante el tiempo que estuve allí. Puede ser que reconociera mi olor o mi presencia, o tal vez fueran los restos que quedaban de mi colonia de azahar (ya sé que es poco probable: si no hay mal que cien años dure, menos colonia que dure semanas, pero dejadme vivir de la ilusión). O fueron sus supersentidos élficos, porque de no haberme reconocido habría saltado sobre mí y me habría degollado con la lima de uñas... o tal vez me habría plantado un tiesto en la cabeza, no sé las preferencias de la princesa en cuanto a cargarse gente. Sin embargo creo que en algún momento mi presencia dejó de inquietarla, porque ya no se mueve tanto ni se gira en la otra dirección.
Tras asegurarme de que todo estaba como la noche anterior, y la anterior, y la anterior a ésa, volví a mi cama con la certeza de que no conseguiría volver a dormir. Si las noches anteriores habían sido malas, ésta era peor. Antes me sentía como si caminara hacia un precipicio sin control alguno, sabía de mi destino pero tenía la estúpida esperanza de evitarlo, como si fuera a construirse suelo por arte de magia al llegar al borde o al menos que alguien me esperaría con un colchón para aliviar la caída. Pero ahora ya estaba allí, a punto de dar el paso, de caer en las profundidades del abismo y veía con mis propios ojos que no podía esperar que nadie bajara hasta allí y menos para ponerme un estúpido colchón. En definitiva, sabía que nunca me lo perdonaría, y no podía culpar a nadie... total, yo tampoco iba a hacerlo. Miré el teléfono abandonado en la mesilla, lo cogí y abrí los archivos multimedia. 132 reproducciones del mismo vídeo, la última de ellas a la 1:35. 133 ahora.
-Pauli... ¿me sujetas esto?-escuché mi voz grabada- ¡Ha llegado la hora de los regalos!
En esos momentos no me pareció tan mal correr con tacones hacia mi sobrina con una enorme caja rosa. Ahora viendo el vídeo (y más concretamente viéndome hacer malabares sobre los zapatos) me he dado cuenta que fue un error. Leire retiró el papel sin cuidado alguno, la abrió y se puso a dar saltos de alegría.
-¡Ma! ¡Mami! ¡Mira lo que me ha regalado tía Ange!
-¡La madre que te parió Angie!
-Que por suerte para ella, te parió a ti primero- contesté con una gran sonrisa. Había merecido la pena aunque sólo fuera por verla aquella cara...
-¡Son unos patines ma! ¡para patinar sobre hielo!
-Ya lo sé- ahora venía el momento Kleenex- Puedo verlo tesoro...
Hubo un momento durante el cual parecía que la cámara la llevaba un arbitro borracho, iba de un lado a otro sin enfocar nada, hasta que se centró en mi espalda.
-Esos patines señorita...-dije- me los regaló tu madre cuando yo tenía siete años. Son unos patines mágicos que no permiten caer al que los lleva. De modo que no tendrás que preocuparte por dejarte el culo rojo como un tomate.
La pequeña pelirroja me dio un abrazo ante las sacudidas que pegaba la cámara en manos de mi hermana. Cuando se fue a enseñárselos a Rebeca, me incorporé y tomé de nuevo mi responsabilidad de operadora de cámara en prácticas.
-Pensé que ya habías olvidado eso... sólo tenías siete.
-Pues ya ves que no.
-Gracias por venir Ange...
-Gracias por invitarme. Sé que no estamos pasando nuestro mejor momento Paula... pero me alegra estar aquí, con vosotras.
-Ange... No hay nada que puedas hacer o decir que haga que no quiera verte. Puede que estemos enfadadas, que quiera matarte de vez en cuando...
-¿Ves? Eso es recíproco.
-Ya lo sé. Lo cual no significa que no te quiera... pero eres mi hermana Ange, y no puedo evitar preocuparme...
-Sí, lo llevas en el ADN... pero no significa que lo vaya a hacer, es sólo que he estado pensándolo...
-¿Pensándolo?¿Cómo estuviste pensando lo de saltar en paracaídas o lo de irte un año a San Francisco con la única intención de surfear?
-Sólo es una idea Pauli...
-Una mala idea... eso es lo que es: Irte a Afghanistán es una idea horrible. La peor de las ideas.
-Necesito darle un sentido a mi vida.
-¿Acaso quieres que te maten? Lo que necesitas es centrarte, encontrar un trabajo decente, un tío que te quiera... ¿Qué tal el francés?
-¿Adrien? Sigue en Tokio.
-Vale, un tío que te quiera y no viva en la otra punta del globo.
-No puedo Pau. No te lo tomes mal, pero es mi vida y yo necesito sentir que marco la diferencia. No puedo conformarme.
-Está bien, pero al menos mantente alejada de las balas ¿podrás hacerlo?
-No hay problema. Me llevaré mis brazaletes de feminum por si acaso.
-Sí, sí... ríete ahora que puedes... mujer maravilla.
No había más, el vídeo se había acabado. Pensé en las últimas conversaciones con mi hermana e intenté memorizar todo lo que recordaba de ellas, pues podían ser las últimas palabras amables que cruzáramos. Había conseguido evitar coger el teléfono cuando Paula llamaba, más por miedo que por vergüenza, para no tener que decirle que no podría estar allí. Hoy era el gran día, y no podría verla desfilar con su precioso traje blanco hacia el altar (espero que no hiciera caso de mi madre y escogiera el que yo le aconsejé, porque sino va a parecer un merengue). Y lo peor es que sé que va a tomárselo del peor modo... pensará que no he querido ir porque me cae mal el cabrón de Álex (que es cierto), o porque no creo en el matrimonio (que también es cierto), o cualquier otra excusa que aunque probablemente sea cierta palidece ante la cruda realidad.
Cansada de dar vueltas me levanté y me vestí. Había cogido la extraña costumbre (extraña para los elfos, claro) de lavar por la noche los cuatro trapos que tengo en la tina y colgarlos en el balcón para que estuvieran secos por la mañana y así poder ponérmelos limpios y no tener la necesidad de pedirle ropa a Arwen. Lo malo es que tenía que repetir ropa día sí día no, pero eso era lo que menos me importaba en estos momentos, la verdad. Ante esta situación, la princesa había insistido y había encargado ropa a mi medida (lo cual era de agradecer porque soy bastante más bajita que Arwen y con sus vestidos iba barriendo los suelos de palacio), pero no solía ponérmela a no ser que fuera para las comidas y sólo para que Elrond viera por si mismo que la princesa no había malgastado su dinero.
Cuando terminé de atarme las botas (que era lo único que habían conseguido que me pusiera más de seguido, porque son comodísimas) agarré el cinto del que colgaban Gilraen y Undómeärel aún en sus vainas y bajé a desayunar. No sé en que momento dejé de preguntarle a Arwen acerca de dichos nombres, pero ella parece más tranquila dejándome con el suspense. Supongo que he terminado por aceptar que significarán algo en élfico y ya está. Algo como 'brillo de luna' o 'champiñón reflectante', o alguna chorrada de ésas... me da igual, en verdad. A mi con que no estén melladas y sirvan para su cometido de matar orcos me vale. Como si se quieren llamar 'tigre de bengala' y 'Mufasa'. Ése si que hubiera sido un buen nombre... mi espada Mufasa... mucho mejor que Andúril, dónde va a parar. En fin, que terminé mi paseo bajando a las cocinas. Aún no había salido el sol, pero los elfos ya se habían acostumbrado a verme deambular por allí desde temprano.
-Dama Angie... -me susurró Giladar intuyendo que había terminado porque no hacía más que revolver las gachas- parece más triste que de costumbre.
-Ya... es que... hoy se casa mi hermana...
-Pero eso es una alegría ¿no?
-Sí, supongo que sí... aunque no éste allí con ella.
-Ella lo entenderá- dijo intentando animarme. Pero ni la elfa sabía que la delicada relación que me unía a Paula no pasaba por su mejor momento, ni parecía entender la insensatez de sus palabras. Al ver que no daba muestras de recobrar mi antigua alegría, me hizo acompañarla al cuartito que servía de despensa para enseñarme algo. Me quedé muda al ver el arco en madera oscura bellamente labrado entre los sacos de papas.
-No puedo aceptarlo. Ni hablar, debe de haberte costado una fortuna...
-No debéis preocuparos por eso, fue mi hermano quien se puso a trabajar en él en cuanto le conté lo que hicisteis por mi.
-Pero...
-Pero nada. Es vuestro. ¿Os gusta entonces?
-¿Estás de broma? ¡Es perfecto!
-Gwyllion quería haceros un arco blanco de los que se usan para practicar aquí en Rivendel, pero cuando le conté que planeabais partir se decidió por esta madera. Es resistente y os durará mucho tiempo.
-Muchas gracias Giladar...- besé a la elfa en la mejilla y la abracé. Era cierto que muchos ánimos no tenía, pero se había portado genial conmigo.
-Así que ahora a practicar... ¡vamos!
Agarré la aljaba de piel marrón y me la eché al hombro. Salí del palacio arco en mano en busca de un lugar apropiado, con la estúpida esperanza de alejar a Paula de mis pensamientos, de tener un rato agradable de esparcimiento. Corrí a los bosques donde no podía molestar a nadie y una vez allí saqué la primera flecha del carcaj, tensé el arco y disparé. La flecha salió veloz y se clavó en uno de los troncos de los arboles que tenía en frente. No era donde esperaba acertar (si hubiera sido real la imagen que tenía en mente, habría hecho un agujero al sombrero de Gandalf) pero al menos no había perdido la flecha. La mañana pasó entre intentos fallidos, un par de aciertos y varias flechas perdidas.
-¡Nos atacan!-Escuché una voz que provenía de la arboleda dónde acababa de perder una de mis flechas.
-¿Pero cómo van a atacarnos en Imladris?
-Pues a Elladan casi le alcanzan ¿Alguien reconoce la flecha?
-¡Es mía!-grité mientras corría a buscarla. Pronto encontré el pequeño grupo escondidos entre los árboles.- Estaba practicando y digamos que... se me fue... Lo siento mucho príncipe Elladan.
-Dama Angie- De nuevo hice una pequeña reverencia. ¡Tenía que dejar de hacer reverencias a los elfos pero ya!-¿Quién ha sido el insensato que os a dado ese arco?
-Es un regalo.
-Un regalo mejor habría sido haberos enseñado a usarlo primero...
-En ello estaba... ¿O acaso vos nacisteis enseñado?-oh, oh... ¿sabes esos momentos en los que te pierde la lengua y piensas que estarías más guapa muda? ¡Pues éste era uno de ellos!
-¿Y dónde está?-Contestó su hermano. No parecía habérselo tomado demasiado mal.
-¿Quién?
-Su maestro ¡quién sino!
-Ah eso... eh... ejem... esto...
-¿Acaso no tiene a nadie que le enseñe? Mi padre podría pedirle a alguien que lo haga...
-Vaya, a sido muy galante al ofrecerse voluntario- contesté de mala gana- pero no se preocupe... no hará falta...
-Yo creo que sí- dijo el gemelo al que supuestamente casi hiero- a las pruebas me remito.
-El caso es que ya se rieron de mí bastante cuando aprendí a usar las espadas... -Sí, y ahora se estaban riendo de mi por contarlo... si es que soy tonta...
-No podemos dejar que aprendáis sola-añadió el otro-podríais heriros vos o herir a alguien.
-¡Aragorn!- el heredero de Isildur apareció por uno de los caminos con otros pocos elfos que iban un poco más retrasados. Parecían cansados-¡Por fin! ¡Diles que no soy peligrosa!
-Más que una maza de mithril en manos de orcos. ¿Porqué?
-¡Creen que voy a cargarme a alguien!
-Yo no lo dudaría ni por un segundo... cuando te enfadas tienes prontos muy malos.
-¿Encontraste lo que andabais buscando?-Intenté castigarle metiendo el dedo en la herida.
-No, pero mi intuición me dice que tú ya sabías eso- contestó. Ya. Intuición lo llama...- Elhoir tiene razón, no puedes disparar flechas a tu antojo. O alguien te toma de pupila o deberemos informar a Elrond y que designe él a alguien para la tarea.
Maldito montaraz. Empezaba a pensar que Aragorn me odiaba sin razón aparente. Bueno, al menos había empezado a tutearme... me odiaba, sí, pero de tú a tú, que es como más personal. Sin más tonterías, me excusé de nuevo y me largué de allí. Boromir y los hobbits debían estar ya esperando en el patio trasero.
-¡Hey, Angie!-me saludó Pip nada más verme
-Buenos días Dama Angie...
-Boromir...
-Lo siento, la costumbre: buenos días Angie- Dejé mi arco nuevo y la aljaba con las flechas cerca de las ramas bajas de un roble y me senté entre sus raíces para esperar a los otros hobbits. Pronto el de Gondor me tendió una mano, la cual acepté encantada- Hoy Frodo y Sam tienen cosas que hacer, no entrenarán con nosotros...
Me levanté y desenvainé la espada. Pronto Boromir se dio cuenta de lo distraída que estaba e intentó que me concentrara en lo que estábamos haciendo. Me dijo que intentara centrar mi ira contra un sólo objetivo, e instintivamente pensé en Aragorn. Maldito montaraz. ¿Porqué se metía conmigo? El no era quién para decirme nada... además de que era un montaraz de pacotilla. Uno bueno de verdad habría encontrado a Sméagol.
Funcionó, me volví más atrevida y no sólo no me limitaba a esperar los lances de Boromir, sino que yo también atacaba y en una ocasión logré desarmarlo. Merry y Pippin me miraron como si el de Gondor acabara de despertar a una bestia dormida. Lance. Lance. Embestida. Pronto tuve al verdadero Trancos relativamente cerca y mis movimientos se hacían más duros. Me volvía un reto para Boromir. Estel y los elfos me miraban desde los patios traseros dónde habían dejado ya los caballos.
-¡Mierda!- Los hobbits se quedaron quietos como estatuas y el de Gondor se deshacía en disculpas. Su espada había pasado demasiado cerca de mi cara y me había echo un corte en la mejilla.
-Señores- dijo a los medianos- haremos un descanso en tanto que lleve a la dama a curarse tan fea herida.
-No-contesté-No hay descanso. ¿O acaso si un orco me hiere en batalla me concederá un descanso?
-Pero ni Boromir es un orco ni estamos aún en batalla-contestó Merry preocupado- esperaremos a que volváis curada.
-¡Es solo un rasguño Merry!
-Será un rasguño curado en cuestión de minutos... acompañadme, ¿o tendré que pedirle a Aragorn que venga él a los jardines?
-¿Aragorn? ¿No hay otro curandero en todo Rivendel?
-¿Preferís que avise a Lord Elrond?
-No, déjalo- teniendo en cuenta que casi me cargo a uno de sus hijos no creo que le hiciera mucha gracia...-Iré a que me lo revise... cuando terminemos.
No le di oportunidad de replica al hijo del senescal. Me lancé a él como quien se lanza a por las últimas manoletinas de rebajas, y ni que decir tiene que tuvo mejor suerte que la señora rubia del abrigo rojo que pretendía quitármelas. No penséis mal... es que con una pierna rota tampoco podría ponérselas ¿no?. Al rato empecé a sentirme cansada y me reprendía a mi misma por no haber hecho caso a Boromir. Por suerte los hobbits seguían sin acostumbrarse a tanto ejercicio y sus estómagos ya clamaban por su segundo desayuno (o el almuerzo primero, no estoy segura. Pip intentó explicármelo un día pero eran tantas comidas que no conseguí aprenderlas). El de Gondor no tuvo más remedio entonces que dar el entrenamiento de aquella mañana por concluido y dejó que los hobbits marcharan a las cocinas, dónde de seguro se encontrarían con Frodo, Sam y el viejo Bilbo; y a mi me acompañó a ver a Trancos, por si acaso me perdía, vaya. Le encontramos en el patio trasero cambiándole el vendaje del brazo al príncipe Legolas.
-Dama Angie- me saludó Elladan riendo. Tenía que dejar las estúpidas reverencias. Matemática pura: era ver un elfo y reverencia al canto. Y como en Rivendel había pocos...
-Aragorn- dijo Boromir en tono serio- me temo que Angie salió herida de los entrenamientos ¿Podrías echarle un vistazo?
-No es más que un arañazo- Trancos dejó lo que estaba haciendo, me cogió de la mandíbula y miró el corte con ojos profundos, como si estuviera decidiendo si estaba por morirme o no- No hace falta que...
-Espera aquí.
Aragorn se marchó y yo me senté con el elfo a esperar. Le pregunté como estaba su brazo con la culpabilidad aún oprimiéndome el pecho. Él se limito a responder un 'bastante mejor' escueto y así como llegó el momento de redención para el principito, yo también intenté expiar mis culpas.
-¿Puedo?- La cara del principito no tenía precio. Dudaba entre dejarme o no, después de todo ¿qué es lo que podía hacerle?¿partirle el brazo de nuevo? Como no iba a conseguir una respuesta clara, me puse a ello sin darle tiempo a que pensara demasiado. Aragorn le había puesto un par de maderitas a ambos lados del brazo y había empezado a vendarlo desde el codo. Yo seguí desde dónde el montaraz lo había dejado hasta la muñeca y volví a subir. Cuando llegué al extremo final agarré una de las flechas de mi aljaba (que lo mismo si uso a Gilraern el elfo se me asusta) y con la punta hice un agujero en la tela que fui haciendo cada vez más grande con los dedos hasta que lo partí en dos. Pase cada extremo en direcciones opuestas y los ate con un nudo-¿A que no ha sido tan malo?
-No tenías porqué...
-Sí, claro que sí... cada uno expía sus culpas a su manera principito, y la mía es ésta. Debes de haberte acordado de mí mucho estos días...
-Supongo. Aunque si te sirve de consuelo he descubierto que soy bastante bueno con el izquierdo.
-Me alegro-reí. Al poco llegó Aragorn de nuevo y me dijo que tenía un remedio para que cicatrizara antes pero que se le había agotado en el viaje y no le quedaba nada. Después preguntó por Boromir.
-Se marchó a preparar la partida de mañana- contestó el elfo al ver que yo permanecía muda.
¿Boromir se había ido? ¿Cuándo?¿Cómo?¿y yo no me había dado cuenta? Dios santo, a ver si ahora soy como Shakira: tonta, torpe, ciega y sordomuda. Bueno... lo de sordomuda... a más de uno si que le hubiera gustado que lo fuera, sobre todo lo de muda. Intentó excusarme como si pudiera leer en mis ojos el caos que reinaba a sus anchas en mi cabeza- Se os veía muy concentrada, Lady Angie.
-¿Qué ha sido eso?
-¿El qué?-No podía ser, ¡debió de sentirse en todo Imladris! Como una explosión sin explotar, una onda expansiva que había dejado un rastro invisible de... algo. Partículas de energía altísima que sentía vibrar incluso en la distancia.
-¿No lo habéis sentido?- No esperé contestación, agarré mi arco y la aljaba y corrí todo lo deprisa que pude. No sabía muy bien hacia dónde, simplemente seguí mi instinto, que me llevó derechita a las ya conocidas puertas blancas de la alcoba de la princesa de los elfos. Entré sin llamar si quiera, me disculpé con Arwen que estaba a medio vestir y con Giladar que ayudaba a la Estrella de la tarde, y fui derecha al vestidor.
-¡Sí!-grité con entusiasmo- ¡Gracias a Dios, a Alá, a Yavhé, a Buda! ¡al cocodrilo de Lacoste!¡a la oveja Dolly y a la pantera rosa! ¡a todos!
Corrí hasta que aparecí de nuevo en mi alcoba. Pobre Adrien... me había hecho hasta la cama. Colgado detrás de la puerta había colgado un vestido rojo con una nota.
Aquí tienes el vestido. Si llego a saber que lo eliges rojo puta me pienso dos veces lo de que seas mi madrina. He tenido que darle permiso a Silvia para cambiarlo un poco. 5 de la tarde en San Isidro. No llegues tarde. Pau.
No era apenas la una, tenía tiempo de relajarme un poco. Fui a la cocina y preparé unos sandwiches al ritmo del Just dance de Lady Gaga, que llevaba en la minicadena desde la última vez que a Maite le dio por intentar culturalizarme musicalmente. Y como llevaba mucho tiempo sin hacer el chorra, me puse a bailar en medio de la cocina con gafas oscuras y cuchara de madera en mano.
-¡Hostia puta!-Casi me muero del susto. El montaraz y el principito me observaban divertidos desde la puerta del comedor. Malditos elfos y sus pies ligeros.-¡Os voy a poner un maldito cascabel!
Poco después se nos unió Arwen y Giladar, la última flipando de lo que había en el armario de su princesa.
-Esta vez no- adivinando las intenciones del heredero de Isildur, corrí hasta el paragüero que había a la entrada y cogí el bate de béisbol- Me da igual que te hayas traído al principito de refuerzo...
-Si Gandalf no quiere que estés aquí por algo será... Giladar, ¿puedes traer a Mithrandir? No pienso volver a cometer el error de dejarte sola...
-Espera- ordenó la princesa- Estel... puede que se haya abierto por una razón. No podéis entenderlo porque habéis pasado demasiado tiempo fuera pero yo lo he visto.
-Aragorn- dije en tono de súplica- sólo te pido una tarde. Esta noche estaré en Rivendel, lo prometo. No puedo faltar...
-No sé...-Encendí el contestador para ver si escuchando la voz de Paula se le ablandaba el corazón. Mierda. ¿Es que no podía salir nada bien?
-Ange no sé donde coño te metiste el otro día... pero Paula me ha llamado y a lo mejor podemos terminarlo el jueves. Ya no tengo que esperar que te decidas, Paula me ha invitado. Que amable es tu hermana, no debe de ser de familia, no. ¿Porqué no le coges el teléfono? Llámala, está preocupada.
-¡Hay un hombre dentro de ése cacharro!- chilló Giladar intentando abrir la maquinita para liberarlo, obviando lo verdaderamente importante: ¿quién coño le dio a Paula el teléfono de Adrien?
-No hay nadie dentro-intenté calmarles, pero la histeria se había extendido ya, y para colmo no hacía más que sonar el timbre. Pensé en no abrir, pero me vino a la cabeza la idea sugerente de otro posible encuentro con el francés y me apresuré a devolver amablemente a los elfos a su mundo. Escondí la máquina destrozada en uno de los cajones y abrí la puerta.
-¿Se puede saber porqué no coges el telefonillo?
-No me has dado tiempo, acabo de llegar
-¿Has estado fuera?
-En... Tokio.
-Bueno, luego hablamos. Quédate con Leire. Tengo que hacer.
Alberto se fue tal y como había venido, me dejó a la enana con la única explicación de que tenía el coche en doble fila. Leire me dio un abrazo y un beso y corrió a encender el LCD para terminar de ver una de las reposiciones de Kim Possible que el malvado de mi hermano le había dejado a medias. Cerré la puerta con llave y tras hacerle prometer a la enana que no iba a moverse del sofá me metí a la ducha. Dejé la puerta del baño abierta por si acaso sucedía algo, pero Leire se estaba portando muy bien y para cuando salí aún no había acabado el episodio.
-Hey, pitufa... Lei-Lei...-No estaba en el sofá. Busqué por la cocina y tampoco. Empezaba a sentirme como mareada, hiperventilaba. La puerta estaba cerrada. Entré corriendo a mi cuarto y vi la puerta del armario abierta. Dentro, un elfo hacía guardia en la puerta de la princesa.-Leire... bajita... pelirroja...
-¿Qué?
-¡Que si has visto a una niña pelirroja, principito!-le increpé cuando recuperé el aliento. El elfo seguía como distraído.
-Arwen y Giladar la acompañaron a los jardines...-contestó aún en shock.
-¿Que han echo qué? ¿Y si llega a cerrarse la maldita puerta, o lo que coño sea esto? No voy a...- el elfo me paró en seco. Le eché una de esas miradas de 'Apártate de mi camino, estúpido' pero ni se inmutó, se paró en frente de mí decidido a no dejarme salir.
-Yo iré- se ofreció- No irías a salir así ¿no?
Normalmente mi aspecto me preocupaba más bien poco, pero esta vez es que no me había preocupado ni de secarme bien. El agua del pelo había empezado a chorrear y lo único que me cubría era una toalla verde en plan vestido de tubo by Marge Simpson. Así que eso era lo que estaba mirando... vaya con el elfito.
Volví a mi cuarto, me sequé decentemente y me puse el vestido. Me quedaba bien y podía vivir con los cambios que le había hecho (básicamente había sido sacado el dobladillo para alargarlo)
-Leire!-La abracé-Me has dado un susto de muerte...
-¿Estás enfadada?
-No, claro que no... sabes que no puedo enfadarme contigo. Pero me prometiste que no te moverías del sofá.
-Es que me aburría un poco... vine a jugar con tus zapatos y me encontré a Lady Arwen y al príncipe Legolas en tu armario.. tita...
-Dime.
-¿Puedo hacerte una pregunta?-Ay madre... a ver cómo le explico yo a la muchacha lo que hacen Liv Tyler y Orlando Bloom en mi armario, y más aún como es posible que Rivendel esté a un paso. La sonrisa traviesa de la enana debió de haberme advertido- ¿Puedo volver? Porfa... porfa... por...
-Tengo que pensármelo. No me mires así, con ojitos de cordero. Vamos a comer o se nos hará tarde.
Sí, no tenía lógica ninguna. En su situación, tú o yo nos habríamos cuestionado la existencia de los elfos o al menos la razón tácita que mantenía a un par de actores de élite en el armario de tu tía... pero a ella sólo le preocupaba volver, y aunque mi primer pensamiento fue dejarla, se me borró al imaginar la cara de Paula. Leire me acompañó a la cocina y me ayudó a hacer algo de comer, lo que en mi casa significa llamar al mejicano de abajo para que me suba unas fajitas, o en su defecto algún burrito. No es que lo haga siempre, que también soy un poco cocinillas... pero yo no me fiaría mucho de lo que hay en mi nevera, especialmente tras dos meses de no haber sido abierta.
Apenas diez minutos después los hijos del dueño El burrito de Pablo (siempre me hizo gracia ese nombre: nunca sé a lo que se refiere, a que Pablo tiene un burro o a que el propio Pablo no sabe hacer la 'o' con un canuto) nos subían las raciones que habíamos pedido, prácticamente suficientes para alimentar a los ejércitos de los hombres de por vida. Leire corrió a poner la mesa mientras yo pagaba a Toñito, y al rato empezamos a desenvolver el papel albal, haciendo que babeáramos sólo de escuchar el sonido.
-Huele bien-Trancos y Arwen esperaban en la puerta de mi alcoba.
-Mejor sabrá, que dicen en mi tierra-Les invité a sentarse y a que cogieran alguno, pero sólo Aragorn lo hizo.
-Dama Leire, el príncipe Legolas no puede abandonar su puesto pero estoy segura que agradecería que le lleváramos algo que echarse a la boca... ¿me acompañáis?-Leire no contestó en seguida... me miró a mi y sonrió. Estaba deseando volver al armario.
-Vale... pero no le digas nada a tu madre. Ni de la comida tampoco, ya que estamos... que luego se me pone pesada con que te arruino la dieta macrobiótica ésa...
-¡Gracias!- cogió un par de burritos y se volvió hacia la princesa- Por supuesto Dama Arwen, me encantaría acompañarla...
-¿Dos minutos con ella y ya es así de repipi?- me quejé cuando se hubieron marchado- ¿Qué la habéis hecho y dónde está mi sobrina?
-Sólo la tratamos como la pequeña damita que es... el que a ti no te guste...
-Para los pies Trancos... no sigas por ahí si no quieres acabar mal.
-Está bien. Hablaré sobre lo que realmente he venido a discutir. Gandalf dejará que te quedes hasta media noche. No debes retrasarte porque partiremos mañana al alba. Sólo hay una condición.
-¿Qué regresaré?
-Eso es obvio, pero no. La condición es que alguno de nosotros te acompañe. Por tu seguridad.
-¿Mi seguridad? Llevo 27 años aquí y lo más grave que me ha pasado ha sido un corte en un dedo ¡Y sin embargo, en Rivendel me he caído de un balcón y esta mañana casi me cortan la cabeza!
-¿Eres siempre tan exagerada?
-¡Sí!¡Y me gusta!
-Sabes que harás lo que Gandalf diga, realmente ahorraríamos mucho tiempo si...
-¿Porqué? ¿Porque él lo diga?
-No, porque sabes que es lo mejor. Y si eso no te vale, porque de no hacerlo llamaré a Legolas y entre los dos te bajaremos a las celdas hasta que vuelva a cerrarse la puerta.
-Y si haces eso yo me escaparé al oeste y no volveréis a saber de mi.
-Dudo que asustes a Gandalf con esa treta, y a mi ni siquiera me preocupa. Podría encontrarte aunque los elfos te dejaran embarcar a Valinor, y no dudes que hasta allí te perseguiría.
-Entonces no tengo porqué preocuparme, si me buscáis como a Gollum...-No había sido buena idea mencionarlo. La cara de Aragorn se volvió sombría-Lo siento. ¿Puedo al menos elegir quién?
-Yo iré.
-No. Eres demasiado reconocible. Viggo Mortensen es demasiado famoso... harían muchas preguntas.
-Legolas entonces.
-Sí, un tipo con cierto parecido a Orlando Bloom que es tan freak que se ha operado las orejas y se ha teñido de rubio las interminables extensiones es mucho mejor...
-Boromir.
-La ropa de Adrien no le vale.
-¿A quién propones?
-Giladar. No sale en las películas ni en los libros, el pelo largo no llama tanto la atención en una mujer y puede cubrirse con él las orejas.
-No. Es una dama de compañía, no podrá protegerte en caso de que lo necesites.
-De lo único que necesita protegerme es de la botella de champán francés que pienso beberme. No sé porqué, pero en las bodas me da por ahogar las alegrías en vez de las penas, menos mal que no voy a muchas...
Le di un mordisco al burrito. No volvimos a tocar el tema durante el resto de la conversación, él sabía que no iba a ceder ni un milímetro y yo estaba convencida de que tenía la razón. Arwen y Leire volvieron poco después. Le pedí a la princesa que antes de marcharse escogiera uno de mis vestidos para Giladar, pero lo dejó para más tarde. Tras comer la parejita volvió a Rivendel y nosotras nos sentamos a ver una peli, que por aclamación popular fue la de Mulan. Y fue por aclamación popular con la esperanza de que la culo inquieto de mi sobrina no se acordara de Rivendel.
-¡Ange! ¡Te estás perdiendo a Mushu!-gritó cuando me metí al baño a maquillarme.
-Ya voy-Como si no hubiera visto a la imitación de dragón... Apenas me había dado tiempo a pintarme la raya del ojo, rebusqué entre los cajones el pintalabios rojo y cuando lo tuve en mano me pinté a toda prisa y volví al salón-me estaba tapando las verrugas...
-¡Tu no tienes verrugas!-rió
-Claro que si, ¿no la ves? Aquí.
-Ahí no hay nada, sólo la nariz.
-Te digo que tengo una verruga... aunque no la ves porque le he dado una crema para hacerla invisible...¿quieres un poco? Ya te están saliendo arrugas aquí... y aquí...-reí- y cuando llegues a los diez empezarán a salirte patas de gallo...
No hubo interrupciones hasta que acabo la peli. Pero a diferencia de Leire, yo no había dejado de darle vueltas a la cabeza... ¿Dónde había ido Alberto?¿Porque Paula no había llamado? Y la más importante... ¿porqué en el día más importante de su vida mi hermana me había dejado a mi a Leire? No es porque fuera la tía más genial del mundo, pero se suponía que lo pasaría con ella ¿no?
Se acercaba la hora, teníamos que irnos y Giladar no aparecía. Agarré a la enana y entramos al armario (no podía dejarla allí sola ¿no? ¿y si me incendia la casa?). Me puse los zapatos y entramos en Imladris. Encontramos a la Estrella de la Tarde en uno de los grandes salones, conversando con Aragorn y algunos elfos más.
-¿Arwen?-entré en la habitación- No encuentro a Giladar... ¡ah! Ahí estás... ¿todavía no te has vestido?
-Giladar está algo incómoda Dama Angie- respondió Arwen por ella- y no le falta razón...
-¿incómoda?
-Me sentiría mejor si pudiera vestir mis ropas-habló al fin- si me lo permitís...
-Claro que puedes... yo sólo... ¿incómoda? ¿porqué?
-Aragorn... Gandalf quiere discutir contigo las...-El príncipe Legolas se me quedó mirando nada más entrar, con los ojos muy abiertos como si no pudiera creer lo que estaba viendo. Se quitó la capa a toda prisa y me la echó por encima-Por los Valar... ¿Dónde habéis dejado los pantalones?
-¿Los pantalones? ¿De qué demonios hablas, principito?
-Creo que no forman parte del atuendo, Legolas- rió Aragorn, el único que parecía haber salido ya del shock.
-¿Cómo me voy a poner pantalones con un vestido así lechuzo? ¿Qué tiene de malo? Vale, no es tan elegante como los de Arwen, pero...
-No definitivamente, no. Y deja mucho menos a la imaginación.
-Y vosotros dos- le regañé a un par de elfos detrás de Aragorn- ¿Es que no habéis visto nunca un par de piernas? Pues tengo dos, como todo el mundo... Una y dos.
-¿Ahora lo entiende señorita?- me dijo Giladar- Yo no tengo el carácter necesario para llevar algo así...
-¡Era eso!-Me reí de mi propia estupidez. Si es que era como estar en la Edad Media... en todos los sentidos posibles- No te preocupes, Giladar, puedes vestirte como quieras, siempre que no sea blanco. El color blanco simboliza la pureza y se reserva para la novia, algo totalmente hipócrita en mi opinión, pero en estas lides qué no lo es...
-Gracias...
-Y en cuanto a ti- me volví hacia el elfo y le devolví lo que me había prestado con la misma presteza con que él lo había hecho- En mi tierra hay un dicho que dice que lo que se han de comer los gusanos que lo disfruten los cristianos. Ale. Que os zurzan a todos... vayámonos enana.
ooOOoo
-Giladar...
-Brannon nín...
-Cuéntame lo sucedido.
-Creo que todo empezó a ir mal mucho antes de la ceremonia, mi señor, pero no puedo asegurarlo porque no estaba presente.
-Decid lo que sepáis- era la voz indistinguible del Señor de Imladris
-Intuí la tormenta que se avecinaba cuando la Dama Angie rió. El sacerdote le preguntó al novio si aceptaba a Paula como su esposa, sí prometía serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y si la amaría y respetaría todos los días de tu vida. Creo que ella no lo pudo evitar, ya sabe cómo es. Se rió de la ironía, y la hipocresía, y murmuró algo sobre el respeto que solamente yo escuché porque lo hizo muy bajito. Sentí la ira contenida de aquel hombre, pero no llegó a más. Se disculpó y siguió la ceremonia. Cuando el anciano le preguntó lo mismo a Paula, mi señor, miró al hombre al que estaba a punto de atarse y respondió un rotundo no. Parecía confuso, le pidió al cura que repitiera la pregunta porque la Dama Paula no la había entendido. Ella volvió a contestar que no y se disculpó con él. Entonces la furia se desató, él trató de abofetearla allí delante de todos pero la Dama Angie le agarró del brazo. Sus ojos ardían de deseos de venganza y si las miradas matasen, mi señor, ninguna de las dos habría sobrevivido. Entonces sus ojos oscuros se cruzaron con los míos, era la señal y yo estaba preparada.
Antes de entrar si quiera a la iglesia, que es como llaman ellos al lugar donde rezan, me dio unas instrucciones. 'Giladar' me dijo muy seria 'no sé como van a salir las cosas y espero que no sea realmente necesario, pero en caso de que algo salga mal quiero que cojas a Leire y a Paula y las metas en mi coche. Adrien os llevará a mi casa. Que Alberto se lleve a mi madre. Y he aquí lo importante: cuando entréis debes hacer que Adrien venga a buscarme, no te costará mucho convencerlo. Cuando se haya ido cruza a Rivendel con ellas y pídele asilo a Lord Elrond. Y es lo que hice.
-¿La dejaste sola a merced de ése...- ésta vez la voz era la del principito, que buscaba la palabra perfecta con la que definir al psicópata de mi casi cuñado- perturbado?
-No le hagas caso Giladar... hiciste exactamente lo que quería que hicieras- abrí los ojos para sorpresa de todos, que de la alegría casi me hacen la ola.
-Mi señora... ¿os encontráis bien?
-¡Por supuesto que sí!¿Qué esperabas? ¡No iba a darle a ese cabrón hijo de puta la satisfacción de matarme!
-Esa boca...-me regañó el montaraz.
-¿Y luego me preguntas que porqué no me gustan las bodas? ¡Son todos unos cabrones! Primero te hacen jurar que le serás fiel, que le amarás y respetarás todos los días de tu vida... y si tienes suerte eres feliz los dos primeros meses de tu 'nueva' vida, hasta que te ponga los cuernos con su secretaria o se pire a comprar tabaco y no vuelva. Eso en el mejor de los casos, que si luego el cabrón te sale un borracho o un maltratador tienes que joderte y quedarte con lo que tienes: si tienes hijos por ellos, y si no los tienes por ti. Porque tu vida no vale nada si no estás colgada de su brazo, como un maldito bolso. Porque el cabrón te ha echo creer que le quieres y que no puedes separarte, porque si lo haces te mata. Eso es de lo que se ha librado mi hermana, así que respondiendo a la pregunta de antes: Sí, me alegro horrores de que finalmente no se haya casado con semejante...
-¿Semejante qué?
-Sí. No. Tal vez... no lo sé ¿puedes repetir la pregunta?- dije confusa. Creo que mi respuesta no concuerda con la pregunta hecha por la elfa, y menos con la de mi hermana. No había reparado en ella hasta que al oír aquello salió como una exhalación del cuarto. Intenté seguirla pero Aragorn seguía limpiándome una de las heridas del estómago y no me dejó moverme. Giladar fue en mi lugar.
-Si tengo que atarte a la cama lo haré. Suerte tienes que esta mañana pusiera a macerar athelas después de herirte la mejilla, aunque como sigas así creo que voy a extinguir la planta...
-Voy a ordenar que suban algo de comer Dama Angie. Respecto a los demás- el señor de Rivendel miró a los otros dos hombres- les aconsejo que vayan a descansar caballeros. Mañana será un día muy duro y los que le siguen no serán mejores.
El primero en salir es el principito hojaverde, que me mira con lo que supongo un deje de preocupación y se va, igual que el de Rivendel.
-No podías saberlo-le dije adivinando sus pensamientos- ni podías haberlo evitado de estar allí, no me mires así Trancos... es mi hermana.
-Entiendo porqué lo hiciste, pero no me pidas que me parezca bien. Eres una parte importante de la compañía, no deberías exponerte así.
-Deja de decir estupideces-contesté molesta- la compañía destruirá en anillo sin mi, ya lo ha hecho. ¡Dios sabe que cambios nos aguardan gracias a tu obstinación y la testarudez de Gandalf!
En ese momento entró la princesa Arwen con una bandeja calmando los ánimos; y Aragorn y su contestación quedaron relegados a segundo plano, recogió todo y tras echarle una última mirada a la Estrella de la Tarde se marchó. Ella no se quedó mucho más. Dejó la cena en la mesita cercana al balcón y me ayudó a cambiarme de ropa. Ahora que el montaraz había sacado de la herida las partículas de cristal era mucho menos doloroso ponerse en pie. Me saqué el vestido por la cabeza y me puse el camisón que me tendía la elfa. Luego se empeñó en ponerme una bata ligera a pesar de que no tenía ni pizca de frío, pero en fin... si le hace ilusión...
-No te preocupes por Paula- me dijo a la par que nos sentábamos en sendas butacas- Giladar habló con ella y se encuentra mejor. Sé que no entiendes por lo que está pasando tu hermana pero no deberías hablar de esa manera. Le hace daño.
-Pero es la verdad- ¿cómo se había enterado? No creo que pudiera oír la conversación desde la otra punta del palacio ¿no?
-Puede. Pero no piensas cómo se siente ella al escucharte esas palabras.
-No he dicho nada que no sea verdad.
-No hablamos de que sea o no cierto, ambas sabemos que sí. Hablamos de que es el hombre con el que tu hermana iba a pasar el resto de su vida. Puede que finalmente no lo haya hecho, pero aún así debía amarle mucho ¿no te da que pensar?
-Pues no. Con el tiempo terminará olvidándose.
-¡Por los Valar! Eres terca como una mula- rió- al menos procura no ser tan... alegre respecto al tema. Puede que algún día la entiendas.
-No caerá esa breva...- Arwen volvió a reír y yo empecé el delicioso plato que me había traído.
-He hablado con tu hermano.- Ay, que miedo. A saber lo que la habrá contado.
-¿no te pidió un autógrafo?
-No, ¿qué es eso?-Como tenía la boca llena, la princesa no esperó respuesta- Después de muchas preguntas sobre los elfos que respondí tan bien como supe, me contó cómo te encontró en las escaleras de tu portal ¿se llama así, no? Pensó que Adrien te había acompañado a casa, porque vio su moto.
-No quiero ser descortés- dije dándome toda la prisa posible en terminar de comer- pero estoy cansada. No quiero hablar de eso.
La elfa se disculpó y se marchó. Sí que estaba cansada pero en realidad lo que no me apetecía nada era discutir. Las imágenes de ese bestia golpeando a mi hermana volvieron a mi mente y cuando mi corazón se terminó de quebrar fueron las mías las que ocuparon ése lugar. Sí, me había dado una paliza, pero él también se había llevado lo suyo. Se me quitó el hambre. Me quedé un rato sentada mirando al cielo y pensando en mis hermanos. En cuanto Álex se calme Paula querrá volver. Tengo que impedirlo como sea, al menos hasta que yo vuelva y pueda regresar con ella.
Brannon nín: mi señor
Gilraen y Undómeärel: Madres de Aragorn y Legolas respectivamente.
Y ahora los reviews:
Dehianira-Cullen: ¿En serio? No estaba muy segura con lo del salto del balcón... me parecía un poco...¿peliculero? No sé. Lo del brazo de Legolas, es un poco la tónica del fic y uno de los futuros dolores de cabeza de Angie, porque no sólo tiene que medir lo que dice al milímetro, sino que sus propios actos van a determinar el que la historia cambie o no.
Gabby D: Sí, el capitulo tres, más exactamente la parte del armario, es un guiño a Lewis y sus Crónicas de Narnia, un intento de reconciliación de ambos autores. Por lo visto C.S Lewis y J.R.R Tolkien no es que se llevaran demasiado bien, así que este es mi pequeño 'homenaje'. Lo de que el portal esté siempre abierto... ya has visto que no. No vaya a ser que Ange se cabree de verdad y se pire a las islas Fiji.
En cuanto a lo demás... no es que en la Tierra Media sean super inocentes (ya ves que Aragorn bien sabía por dónde iban los tiros), es que en el caso de Arwen... no es porque sea elfa, no sé porque es en realidad...pero la sensación que tengo con ella es como... éterea, no muy sexual en todo caso, no sé si me entiendes.
Sukitzi: Si que tienes razón, si... fics de ESDLA en español y que sean de Legolas hay más bien poquitos... Me alegro de que te guste... ¡y menos mal que te dio por reír! Imagina lo que piensa de mí mi hermano cuando me ve pegando botes en medio del salón... al menos ya no se ríe, simplemente me dice muy serio '¿Qué? ¿Ya te han dejado un review?' XD
N/A: He tenido que retocar un poco, corregir muchos errores e inexactitudes (por ejemplo que pasan dos meses y no uno desde el concilio hasta la partida de Rivendel, y cosas así) pero no os preocupéis que en breve está el 5. Es que es uno de los que me está dando muchos dolores de cabeza... XD
CAPÍTULO 4 REEDITADO. Si alguien encuentra algún error que me lo haga saber y se reedita de nuevo ;D
