Alec parpadeo confuso y miro alrededor de la habitación intentando encontrarle un sentido a todo lo que estaba sucediendo en ese momento
- ¿Q-que hacen aquí? – Susurro pálido mirando al brujo, este seguía tal cual Alec le recordaba y trago saliva al darse cuenta de la intensidad de su mirada, pues la sentía sobre su rostro como fuego puro
- Hemos venido a visitarte hermano, ¿acaso no te gusta la sorpresa? – Jace comento algo risueño al ver el estado de su parabatai
Alec se arrodillo lentamente para recoger el libro del piso devolviéndolo a su lugar en el escritorio, sus pensamientos volaban en demasiadas direcciones buscando una respuesta a la repentina visita
Clary se adentró en la habitación seguida por el vampiro Simón, quien se acercó a Isabelle pasándole el brazo sobre sus hombros, Esto ya no era un hecho extraño para el nefilim de ojos azules pues se les notaba y el había visto el amor que sentían el uno por el otro durante el tiempo que paso con ellos antes de partir hacia Idris.
- ¿No te alegra vernos? – Isabelle mostro la sonrisa con un toque de malicia que le pertenecía y que Alec conocía demasiado bien.
- Claro que me agrada… solo me han sorprendido –
Magnus se había dado cuenta de que el chico no le dirigía la mirada en ningún momento, lo cual aprovecho para poder fijarse en sus cambios físicos. Había crecido un par de centímetros alcanzándole en sus 1.87 de altura, su espalda se había vuelto más ancha y firme, el cabello le caía desordenado hasta los hombros aunque Alec lo mantenía sujeto en una coleta baja y los lentes que mantenía sobre su nariz obviamente para la lectura se le antojaban demasiado atractivos.
Alec era demasiado atractivo a sus 23 años.
Muchos detalles habían cambiado en él y no solo en lo físico, se le veía más apacible y tranquilo, pero tenía una aura de tristeza y melancolía que podía notarse sin la necesidad de ser un mago o subterráneo.
- Alec, tenemos que hablar – Jace murmuro con voz seria sacando de sus pensamientos a Magnus, quien se fijó en el ceño fruncido del pelinegro.
Intentando evitar devolverle la mirada al brujo parado a unos metros de él, Alec se fijó en su parabatai... dándose cuenta de la verdadera razón de la "sorpresiva visita" de todos los presentes.
- No sé porque no me sorprende que hicieran algo como esto – murmuro mirando al piso para luego levantar la vista y clavarla en los ojos amarillo/verdosos del gran brujo de Brooklyn intentando hacer caso omiso del escalofrío que les recorrió a ambos al encontrarse sus miradas – Lo que realmente me sorprende es que tú te hayas dejado manipular y te hubieses unido a ellos.
Magnus apretó los labios y los puños al escuchar las réplicas de los menores alrededor de Alec
- ¡Soy tu hermana!, lo que estás haciendo no tiene sentido Alec! – Isabelle gruño con furia siendo sujetada por Simón – Calma Iz, no te alteres tanto
- Como tu parabatai, a pesar de ser inconsciente casi siempre… debo admitir que Iz tiene razón, somos parabatáis, hermanos… Alec, no puedes hacerme esto – Murmuro dolido afirmando la mano de Clary quien se mantenía en silencio a su lado apoyándole
- ¡Esto no tiene nada que ver con ustedes! – Alec les fulmino con la mirada y se dirigió a su escritorio para guardar los papeles y cosas que estaban sobre este.
- ¿Y me vas a decir que no tiene nada que ver con Magnus Bane no?.. No seas hipócrita – Isabelle siseo enojada contra su hermano apuntándole.
-Isabelle será mejor que te calles y no digas ninguna palabra más – El bolígrafo que sujetaba en sus dedos se rompió por la presión.
- BASTA. – Magnus alzo la voz con autoridad y todos le miraron – quiero que ustedes, salgan de la habitación un momento, Alexander y yo tenemos una conversación pendiente.
- Aquí nadie tiene una conversación pendiente con nadie – Alec se dirigió hacia la puerta… o lo intento.
En ese momento se dio cuenta de que no podía moverse y extrañamente se encamino a una silla para sentarse rígidamente, volteo el rostro hacia el brujo y pudo ver en sus dedos las llamas azules brillar
¿¡Estaba manipulando su cuerpo?!
- Si nos permiten – El resto salió por la puerta cerrándola firmemente atrapándolos a ambos en aquella habitación
El silencio era completo y Alec no quería ser el primero en hablar, no confiaba en que su voz saliera lo suficientemente firme como el quería.
- Alexander… -
La piel de su nuca se erizo al ver como Magnus se dirigía hacia el, deteniéndose a centímetros y tuvo que alzar el rostro para poder mirarle decentemente
- Claro que tenemos una conversación pendiente – Le escucho murmurar mientras le quitaba delicadamente los lentes del rostro y los dejaba en el escritorio a su espalda.
- Quiero saber porque estas intentando hacer esto – le escucho susurrar con un tono ahogado y ¿dolido?
Cerró los ojos al notar que Magnus se agachaba para quedar a su altura, su rostro estaba encendido y sus manos en puños para mantenerse concentrado
- ¿Porque tú, estás haciendo esto? … Me quedo claro que no querías verme luego de aquel encuentro donde terminamos – murmuro volteando el rostro con tristeza
- Pensé en algunos puntos que había dejado pasar por alto y puse los hechos bajo otra perspectiva – murmuro deslizando un dedo delicadamente por su muñeca.
- ¿No crees que es algo tarde?.. ¿Unos 4 años para ser exactos?
- El tiempo es relativo Alexander.
- Para un mortal no lo es Magnus, hay cosas que para ti no son obvias y carecen de importancia al parecer –
El movimiento en su muñeca se detuvo y abrió los ojos algo dudoso. Magnus tomo su barbilla y le volteo el rostro para que lo mirara.
- Escúchame bien Alexander, y escúchame muy bien. TÚ no careces de importancia para mí…que te quede claro, y no permitiré que cometas esta locura estúpida, por cual sea la razón que tengas. ¿Me oíste? –
Su tono de voz fue firme y bajo, casi como un gruñido animal. La mirada en sus ojos era furiosa y determinada, la cual le dejo como gelatina sin poder moverse aunque el agarre mágico había desaparecido ya.
- ¿No crees que es algo hipócrita venir a hacer esto después de que te enteras de mis decisiones?.. ¿Solo intentando mantenerme cerca para tu propia tranquilidad?
Magnus le miro por sobre el hombro cuando camino hacia la puerta de la habitación y Alec se quedó congelado al ver la mirada que tenían sus ojos.
Eran la mirada de un animal que ha elegido a su presa y solo espera el momento indicado para dar caza.
- Quien sabe Alexander – el susurro se le antojo casi como un ronroneo- Supongo que nos veremos seguido estos días, Isabelle debe estar repartiendo las habitaciones.
Alec escucho el sonido de la puerta cerrarse suavemente y le permitió a sus pulmones agitarse exigiendo más aire del que necesitaba, ignorando el hecho de que Magnus, su hermana y todo el mundo se quedarían en su nuevo hogar
….. Que….. dentro de todos los demonios estaba sucediendo... ¡¿y porque ahora?!
Apoyo la cabeza en el respaldo de la silla y cerró los ojos, volvió a sentir el toque de sus manos en su muñeca y rostro, ahogo un suspiro entre sus labios y apretó los puños tan fuerte que sus nudillos se volvieron blancos.
No podía dejar que su mente se confundiera, caer nuevamente sería algo difícil de evitar pero iba a hacerlo, necesitaba hacerlo.
Abrió los ojos llenos de determinación y acallo los pensamientos que escuchaba en su cabeza, diciéndole que todo podría arreglarse y que volverían a ser como antes.
- Nunca nada será como antes – Murmuro con pesadez y se levantó con firmeza
No volvería a caer, ni siquiera con Magnus Bane en su propia casa.
Un escalofrío le recorrió la columna al recordar la mirada que el brujo de Brooklyn le dirigió pero eso no lo detendría, no lo haría…. Ni siquiera aunque se estuviese muriendo por amor, y explícitamente... por el amor del Brujo.
