CAPÍTULO 4: Buscando pistas.

- ¿Dices que notaste cómo alguien te besaba?.- se sorprendió Ray.

Diego asintio, ruborizado.

- Sí.- confirmó.- Fue algo muy extraño: yo estaba dormido y de pronto empecé a sentirme incómodo. Aunque dormido, me parecía sentir que alguien me estaba acariciando la cara y luego, que alguien me besaba. Me incorporé de un salto, pero en la habitación no había nadie y la sensación de incomodidad, había desaparecido.

Ray frunció el ceño. Eso era algo que realmente la sorprendía. ¿Por qué iba ese espíritu a besar a Diego? Él nunca había estado allí, no tenía nada que ver con la familia de los propietarios.

- Tal vez le recuerdes a alguien.- meditó Ray, en voz alta.- Al menos, esto quiere decir que, casi con seguridad, se trata del espíritu de una mujer.

Diego asintió, todavía ruborizado.

- Bueno, no tenemos muchos datos.- continuó Ray.- Es un espíritu que va adquiriendo fuerza y que puede volverse muy violento. Casi con seguridad, se trata de una mujer, probablemente una mujer que falleció en esta casa o en los alrededores.

- Pero podría ser también una antigua propietaria que al morir se negó a abandonar su casa.- señaló Diego.- También se han dado casos así ¿no?

Ray suspiró. Sí, en eso tenía razón. A decir verdad, no tenía nada realmente seguro, todo conjeturas. Si al menos supiese a qué se refería con la palabra "Cherry"... pero no tenía ni idea. En los alrededores había decenas de cerezos, puede que cientos. Si se trataba de una mujer que yacía enterrada bajo uno de ellos, probablemente no la encontrarían en mucho tiempo, aunque fuesen buscando debajo de todos y cada uno de los cerezos.

Miró por la ventana. Desde esa posición, podía ver la casa de los extranjeros.

- Akane me contó que aquella casa era de unos extranjeros.- murmuró, apoyando las manos ligeramente sobre el cristal.- Y que la madre murió en extrañas circunstancias.

- Podría ser una extranjera que hablase inglés.- meditó Diego.- Que fuese inglesa o americana.

- Eso explicaría en parte la palabra "Cherry".- continuó Ray.- Pero seguimos sin saber por qué la dice ni porqué está en esta casa y no en la suya.

- Me siento como si estuviésemos en un punto muerto.- suspiró Diego, apoyando la cabeza en las dos manos, con gesto abatido.- No entiendo nada. Tiene que haber algo que no sabemos,a lgo que hemos pasado inadvertido.

Ray asintió, mientras apretaba los puños. Se quedó un tiempo mirando por la ventana, observando la casa, como si esta pudiese revelarle algo. Sacudió la cabeza, apesadumbrada.

- Será mejor que le echemos un vistazo a la casa.- replicó con semblante serio.- Tal vez encontremos algo que nos revele datos sobre la identidad del espíritu y el por qué está aquí.

Diego asintió, mientras se ponía en pie y la acompañaba hasta el pasillo.

- Lo mejor será que vayamos por orden o dejaremos algo sin mirar.- señaló Diego.- ¿Te parece bien que vayamos de arriba a abajo?

- ¿Te refieres a que empecemos por el torreón?.- murmuró Ray, mirando al final del pasillo, donde una puerta ocultaba las escaleras que llevaban a la parte más alta de la mansión.

- Es un lugar tan bueno para empezar como cualquier otro ¿no crees?.- respondió el joven, con una sonrisa.

Ray asintió, mientras se dirigían a las escaleras.

Akane entró en el salón con gesto triste y cansado, mientras se sentaba en uno de los sillones y miraba al frente, a una fotografía de su marido y se le llenaban los ojos de lágrimas.

- George...- murmuró.

Algo llamó su atención. Uno de los armarios se encontraba sin cerrar, mostando ligeramente los objetos que en él había.

- Oh, lo habrán dejado así Ray y ese chico cuando han estado mirando.- comentó en voz alta.- Aunque... no recuerdo que hayan mirado en ese armario...

Akane se levantó y se dirigió allí, con gesto cansado y lo abrió para ver su interior.

Las cortinas empezaron a ondear, pese a estar la ventana cerrada.

Ray se dejó caer, abatida.

- Nada.- murmuró, apesadumbrada.- No es que esperase gran cosa, pues seguramente el espíritu corresponde a una mujer que murió hace tiempo. Y si, efectivamente, se trata de la mujer extranjera, ni siquiera murió aquí.

Diego bajó la mirada, apenado. Pero algo le llamó la atención.

- Ray...- murmuró.- Mira esto.

La joven se levantó, extrañada por la petición, y se acercó al lugar donde estaba Diego, que se había agachado para examinar algo. Ray se apresuró a imitarle.

En el suelo, casi ocultas por la oscuridad y el polvo acumulado, había unas manchas oscuras.

- Ayúdame a mover este baul.- dijo Ray, sin quitar la vista de encima a las manchas.- Creo que debajo hay más.

Entre los dos movieron el baul.

Las manchas del suelo eran mucho más extensas de lo que ninguno de los dos pudieron imaginar.

- ¿Crees que es sangre?.- inquirió Diego.

- Si no lo es, desde luego lo parece.- respondió Ray, muy seria.- Aunque parece que lleve muchos años aquí.

- Mira esto.- señaló Diego.- Hay un hueco que está limpio, como si en el momento en que se derramó la sangre, hubiese habido algo aquí.

- Pero, ¿de quién es...?

- ¡¡¡AAAAAAHHHHHH!!!

Los dos se levantaron rápidamente al oir el grito y salieron corriendo hacia su lugar de procedencia.

- ¡Akane!.- gritó Ray, mientras habría la puerta de una patada.

El espectáculo era aterrador: Akane se encontraba flotando en el aire, inerte, como su algo la sujetase por el cuello y la mantuviese levantada, ¡pero no había nada!. Sólo se veían las huellas inequívocas de una mano presionando el cuello de Akane. Algo en el aire gritaba, aullaba como el viento y las cortinas se movían frenéticas, mientras explotaban todos los objetos de cerámica y cristal.

- ¡Suéltala!.- gritó Ray, mientras sacaba uno de sus exorcismo.- ¡Vade retro! ¡Espíritu, aléjate!

El hechizo salió disparado hacia el lugar donde se suponía que estaba el espíritu, pero antes de alcanzarlo, el papel se deshizo en mil pedazos.

- ¿¡Qué?!.- exclamó Ray.- ¡No es posible!

El espíritu continuó presionando el cuello de la mujer, que empezó a palidecer.

- ¡No, por favor!.- gritó Diego.- ¡Suéltala!

De pronto, todo se detuvo, todo quedó paralizado. Ray contuvo la respiración, al igual que Diego.

Se oyó un lamento. Un lamento tan profundo que hería el alma. Pero no era un simple lamento, era una mezcla de tristeza y odio. El cristal de la ventana explotó y Akane cayó al suelo, incosciente. El viento y el lamento desaparecieron.

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