—A veces pienso que serían mejor rojas—dijo Japón, de la nada, observando las rosáceas flores de cerezo. Grecia apartó la mirada del japonés para observar también los pétalos de dichas flores, pero no duró mucho tiempo. El nipón era más interesante para él. Aún así, contestó a la repentina confesión del más bajo.

— ¿Porqué?

—Porque tendrían el color de la sangre.

El griego suspiró. Japón y su obsesión por lo sangriento era algo aterrador y atractivo al mismo tiempo.

—Aunque también me recuerdan a otra cosa—continuó el japonés, con la mirada fija en el césped, que estaba lleno de pétalos caídos.

—Como tus ojos—soltó distraídamente el país mediterráneo, lo que le arrancó un pequeño sonrojo a Japón.

—Eh… me refería a que el rojo también es el símbolo del poder.

—Y del amor y la pasión…

— ¿Puedes dejar de decir cosas como ésa?

—Mientras esté a tu lado, no.

Eso sonaba bastante cursi, pero como Grecia era un jodido pervertido, (según el japonés), la frase no hacía que vomitara arcoíris.

Pero, ¿qué hacía Japón juntándose con un pervertido así? Ni él mismo lo sabía con exactitud. Tal vez porque, a pesar de los acosos, le gustaba pasar tiempo con el griego. Cuando no sacaba a relucir su vena pervertida, era una persona muy culta y con la que se podía disfrutar charlando un buen rato.

Claro que, esa vena pervertida salía a relucir con bastante frecuencia, o al menos mientras el japonés anduviera cerca.

—Deberíamos irnos—sugirió el griego.

— ¿Por qué? Y no hace falta hablar en plural.

—Porque conociendo a Turquía, vendrá a molestar en cuestión de poco rato.

—No creo que moleste más de lo que molestas tú.

— ¡Pero me arrastrará lejos de ti!

—Más razón para que se aparezca.

—Qué mentiroso eres, Japón. Te encanta pasar tiempo conmigo.

—No hables si no sabes.

—Pero lo sé.

—No, no lo sabes. No sabes nada sobre mí.

—De hecho, sé bastante. Eres un egocéntrico que sólo se preocupa por él, que adora ver a los demás en problemas, y odia que lo acosen. Caes fácilmente ante los placeres, ya sean dulces o un manga hentai. No te gusta ayudar a los demás a menos que puedas sacar provecho de eso. ¿Quieres que siga?

—No. Eso sólo demuestra lo acosador que eres.

—No soy acosador. Me contaste todo eso—dijo, aunque luego de un rato agregó: —excepto lo del manga hentai. Eso tuve que averiguarlo por mis propios medios.

—Joder, después de todo sí que eres un acosador. De todas formas, no insistas, no me van los playboy que se acuestan con cualquiera.

—No me acuesto con cualquiera—Grecia hizo una mueca—Tú no eres cualquiera.

— ¡No me acuesto contigo!

—Oh, pero lo harás. Es sólo cuestión de tiempo…

—Muérete, Grecia.

—No me da la gana.

—Maldito promiscuo.

—Oye, ése es bueno—el heleno rió entre dientes— ¿Y cuándo vamos a mi casa?

—Nunca.

—Me lo tomaré como un ahora mismo…

—Siempre haces lo que te conviene.

—Y, por supuesto. No voy a hacer lo contrario…

—Te odio. Puedes irte solito a tu casa, yo voy a la mía—el japonés se puso de pie, dispuesto a irse. El europeo frunció el ceño, pero antes de que el asiático pudiera escapar, se abalanzó rápidamente hacia él— ¿¡Qué coño haces!? ¡Suéltame! —siseó.

El rubio no dijo nada. Japón forcejeaba, aunque él no lo iba a dejar ir. El azabache le pegó una patada en la ingle, y Grecia, aguantó con todas sus fuerzas el dolor, y evitó soltarlo. Aunque luego cayó al suelo, encima del cuerpo del más bajo.

El japonés gruñó al sentir el cuerpo del griego encima de él. Aunque no estaba seguro de si era un gruñido por el mal humor o por lo excitante de la situación. Tal vez ambas eran correctas.

—Sal… de encima… mío—dijo pausadamente el asiático, intentando no relajarse o bajar la guardia. Si bien una parte de él quería dejarse llevar por la situación (y por el irresistible atractivo del rubio), seguía reacio en confiar en Grecia.

—No. Estamos bastante bien así—fue la respuesta del país mediterráneo. Casi había olvidado el dolor en la ingle, a causa de tener el japonés tan cerca. Más que nunca.

— ¿Tengo que recordarte que no me gusta que hables en plural? Yo no estoy nada bien.

—…Entonces tendré que hacer algo para mejorarlo.

—Eso. Puedes quitarte de encima de mí para empezar…—iba a agregar algo más, pero Japón se vio callado por los labios del más alto.

Fue un contacto bastante fugaz. El griego tuvo que apartarse rápidamente, porque pensó que al asiático le había dado algo. No había habido respuesta de ningún tipo, ni negativa ni positiva.

Japón parpadeaba, atónito. Contemplaba los ojos celestes de Grecia como intentando entender algo desconocido para él. El griego sonrió cariñosamente.

Y entonces el nipón lo apartó de una fuerte patada.

— ¿¡Porqué eso!? —se quejó el griego, sujetándose el estómago. Un hilillo de sangre se había escapado de su boca.

— ¡Por invadir mi espacio personal! —chilló Japón, y a continuación desenvainó su katana.

—…Mierda.


Yesss, terminé el GiriPan n.n Espero que les guste! Personalmente, no es de mis favoritas (En 2P!. Con las versiones normales, me encanta), pero hice lo que pude D: Saludos y nos vemos en el siguiente!