Capítulo 3.
Cuckoo, cuckoo, a frog was singing. Cuckoo, cuckoo, a frog was swimming. Cuckoo, cuckoo, a sir went past. Cuckoo, cuckoo, with a cape and a hat...
...
Había pasado ya una semana desde la última travesura de los despojos de la naturaleza que eran la Undécima Generación. Una semana desde que se habían ido, llevándose la poca salud mental de sus padres con ellos.
Tras el shock inicial de ver desaparecer a sus hijos frente a sus ojos, viajando a un tiempo del que no tenían idea (¿A qué clase de futuro fueron a parar? ¿A uno en dónde existía otro psicópata acomplejado por dominar el mundo como lo fue Byakuran alguna vez? Ninguno era capaz de imaginar que viajaran al pasado en lugar del futuro como creían, después de todo no se suponía que la bazooka hiciera eso. Al igual que se suponía que sus hijos nunca debían estar fuera del rango de sus sobreprotectoras alas), los más violentos se dejaron llevar por sus instintos más salvajes y destruyeron todo a su alrededor; Tsuna no se molestó, él estaba pasando su propia empanada mental de angustia y preocupación. Y tras lloriquear, maldecir y blasfemar hasta contra los Dioses en quienes no creían, procedieron a ir dónde la única persona que sabía lo que había ocurrido.
Reborn, por supuesto, sólo les había sonreído descaradamente y les dio el pésame. Claro que se tomó la molestia en destruir sus esperanzas de armar cualquier plan para traer de regreso o, en el dado caso, rescatar a sus retoños; la máquina del tiempo de Shoichi había sido destruida por la misma extraña razón en que la juunen-bazooka lo fue.
No tenían manera de regresar a sus bebés y tampoco tenía la mínima idea de porque habían accedido a tal cosa como viajar en el tiempo. Estaban destrozados y ni siquiera podían desquitarse con el autor intelectual de todo ese desastre porque, bueno, nadie se desquitaba de ninguna forma de Reborn, ni en esta vida ni en la otra.
No había ni un punto ciego en toda esa… locura.
Flan quien, junto con toda la Varia, seguía en la mansión Vongola observó con aburrimiento la mesa frente a él. Era el único sentado en compañía del brutal silencio que había caído en la mansión, mientras disfrutaba de la avena que con tanto esfuerzo había calentado en el microondas; el resto de los ocupantes, los Altos Mandos, estaban cada uno regodeándose en su miseria en la privacidad de sus habitaciones, oficinas o salas de entrenamientos.
Desde que los chiquillos se habían ido todo el lugar adoptó un ambiente de penumbra, Flan incluso se tomó la molestia de hacer aparecer una gran nube gris con truenos, relámpagos y toda la cosa dramática sobre el perímetro de la mansión.
Todos daban pena. Y si Flan no fuera el troll bastardo que obviamente era, hasta se sentiría mal por ellos.
Excepto por Reborn quien parecía ser la única alma alegre en todo el lugar. El mismo Flan parecía un hada multicolor en medio de toda esa tristeza sobreactuada. Era claro que ninguno de los padres sabía que hacer sin sus hijos alrededor y el hombre con sombrero de rana no dudaba que los engendros se estuvieran divirtiendo a mares donde quiera que estuvieran.
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~ Misión Celestinos ~
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Sawada Tsunayoshi no estaba seguro de muchas cosas, ni tampoco lograba entender del todo lo que ocurría a su alrededor. Había dejado de confiar en su sentido de la normalidad desde que Reborn llegó a su vida, pero siempre había confiado en que su única constante en el tema sin duda sería la escuela y con eso se refería a los estudiantes. Había creído inocentemente que nunca tendría que preocuparse porque alguno de sus compañeros de escuela fueran particularmente un bicho raro, no, todo aquel mortal común y corriente que no tuviera lazo alguno con la mafia debía permanecer confortablemente normal.
Pero para su siempre esperada desgracia, las personas que eran una excepción a su esperanza aparecieron en la forma de los seis nuevos alumnos. En un principio todo parecía normal, sólo eran adolescentes con un IQ más alto y una apariencia exótica y terroríficamente familiar.
Primero estaba Hinata Hyuuga, el mayor de los recién llegados con diecisiete años y un nombre de anime, el chico había entrado en los terceros años y no sabía si decir que era por el destino o el karma, pero el pelinegro compartía clase con Sasagawa Ryohei. Según su onii-san, Hyuuga había hecho la mejor presentación que un nuevo estudiante podía hacer; había introducido su nombre y seguido con el cuento de un fanfic yaoi que en palabras del Sasagawa, era una historia extrema. Bien, el que al nuevo le gustara el yaoi se podía dejar pasar, pero lo que realmente no podían creer era que pudiera ponerse a la par de la hiperactividad de Ryohei. El Hyuuga había sido arrastrado por Ryohei al club de boxeo y él parecía feliz de la vida, como si acabara de recibir un regalo. No había día en que no se viera a Ryohei corriendo de un lado a otro en compañía de un risueño Hinata.
En segundo, Celes Di Cranio, la preciosa azabache de quince años sólo tuvo que presentarse y sonreír dulcemente para tener a toda la población masculina a sus pies. Pero así como cautivó a la bola de chicos hormonales, también hizo notar su personalidad directa y honesta; ella, al igual que sus tres compañeras, no tenía reparo en rechazar a los pobres diablos que habían tenido el valor de declarársele en lo que iba de la semana. Claro que la chica era amable y fácil de tratar, una persona sociable que, había notado, gustaba de ser quien diera la última palabra.
En tercero, Viola Hanabusa de dieciséis era la más traviesa de todos. Se le notaba alegre y curiosa por todo a su alrededor y no dudaba en hacer bromas a quien se dejara, pero había ocasiones en que notaba un brillo malicioso en sus ojos de color índigo que se le hacía demasiado familiar. Ella andaba de un lado a otro, sonriendo y haciendo amigos, buscando alguna manera de divertirse.
Por cuarto estaba Amane Danival, la chica de quince años era un ser tranquilo y calmado en esencia, pero siempre desprendía ondas incontrolables, en especial cuando se alteraba o enojaba. Ella les daba la impresión de una muñeca de porcelana, hermosa y frágil, pero la misma chica había demostrado ser más fuerte y resistente que la mayoría de los chicos; era una chica bastante atlética y por si fuera poco, sumamente inteligente. En la semana que llevaba en la escuela ya se había puesto a la par con Gokudera, con quién no dudaba en tener uno que otro enfrentamiento intelectual cuando el profesor hacía alguna pregunta que sólo ella y Gokudera, sólo porque la niña había sacado en él una vena de rivalidad, se tomaban la molestia de contestar. Y lo que más destacaba de ella era su actitud protectora, casi tan friki como la de Gokudera (¿era su imaginación o ese par tenía mucho en común?), con que actuaba para con los gemelos Hamaguri.
Por último estaban ellos, los gemelos Hamaguri, los menores del grupo con catorce años. Cada uno era como una imagen en negativo del otro, ambos impresionantes a su manera. Tsukumo y Yakumo tenían la misma estatura y compartían la misma estructura ósea, piel pálida, facciones angulosas e ingenio mordaz. Yakumo tenía el cabello de un largo hasta la nuca y muy negro a excepción de las puntas, que eran de un color idéntico al de sus ojos y sus cejas, e incluso el pardo de sus ojos proyectaba una sombra y una fuerza inusual. Por el contrario, Tsukumo poseía una cabellera ligeramente ondulada hasta media espalda de un rubio cenizo, sus cejas y pestañas eran un tono más pálido y sus ojos tenían un irreal color ambarino, como el naranja de las hojas otoñales.
La gemela era quién parecía llevar las riendas ahí, mientras que el gemelo sólo le seguía sin rechistar; la chica era contundente y algo distante, en especial con las personas fuera de su círculo, existía algo inalcanzable y cálido en ella. Por su parte, el chico tenía algo que provocaba hablarle, la mayoría dudaba en hacerlo porque les daba pena y pensaban que tal vez el chico los viera inferior, pero era él quien se acercaba y les hablaba primero. Ellos nunca se alejaban mucho del otro, eran demasiado conscientes el uno del otro, siempre teniendo contacto físico desde un sutil roce de hombros o manos y toques de cabello, hasta abrazos y agarres firmes de sus manos.
Pero dejando de lado las peculiaridades individuales de cada uno de los nuevos alumnos, lo que a Tsuna más sorprendía era la interacción misma entre ellos. Los seis eran tan diferentes y sin embargo siempre se les veía juntos, aguantándose unos a otros; era como si un halo de intimidad e incomprensible camarería los rodeara. Eso sin olvidar la extraña fijación que tenían en su persona y en sus amigos.
Y hablando de ellos, justo ahora estaban teniendo uno de sus momentos. Y Tsuna, estando sentado justo a un lado de Amane Danival, pudo escuchar la conversación de ésta con los gemelos.
—Ya-sama, ¿tiene las diapositivas? —preguntó la peli plata a Yakumo, sentado justo frente a ella.
—No —respondió confuso y se volvió hacia su hermana, sentada a su izquierda y quien observaba distraída por la ventana —. Sorella, ¿tienes las diapositivas?
La rubia giró la cabeza tras unos segundos y vio a su hermano con ojos confundidos, como si apenas reconociera de lo que le estaba hablando —. No, fratello.
—No puedo creerlo —el pelinegro negó con la cabeza, preocupado —, estamos en las favelas…en el abismo, en el abismo —repitió con un tono ansioso.
—No seas exagerado —Tsukumo desestimó la importancia que tenía el presentar un trabajo escolar.
—No hay de qué preocuparse —habló nuevamente Amane, adquiriendo una actitud profesional —, si me pasa la laptop puedo hacerlas de nuevo, aún tenemos una clase más antes de exponer.
Tsukumo se inclinó para sacar de su maletín una laptop que sin duda parecía cara. Tsuna sólo pudo observar como Amane encendía el aparato y comenzaba a trabajar. Su profesor de Ciencias Sociales les había dejado un trabajo de investigación el día anterior, algo que debían presentar por quipos de tres integrantes ante toda la clase por medio de diapositivas power point; el joven Decimo, sin duda, había hecho equipo con Yamamoto y Gokudera. Como era de esperar, las nuevos habían hecho equipo entre ellos, a excepción de Celes y Viola que se habían unido a Chrome; esta última se había mostrado un poco nerviosa, desde que Kyoko no estaba en la misma clase, Chrome no tenía muchas amigas con las que interactuar.
Y así como el castaño enfocó sus pensamientos en lamentarse de que su querida Kyoko-chan no estuviera ahí, el tiempo pasó y llegó la hora de las exposiciones. Su equipo fue el tercero en presentar y gracias a Gokudera, quien mareó a todos con su explicación, el profesor les dio una nota aprobatoria. Un par de quipos más pasaron, entre ellos el de, sin saberlo, las tres Nieblas; las chicas lo habían hecho muy bien e incluso se ganaron la felicitación del profesor. Chrome se sonrojó por la felicitación, en especial cuando Celes le sonrió y Viola la abrazó.
—Gemelos Hamarugi, Danival —llamó el profesor —. Su turno.
—Sorella, ¿ya encendiste la computadora? —ya que el aula estaba en silencio, todos pudieron escuchar los murmullos entre el trío.
— ¿Eh? —salió de su ensoñación, ella sólo había prestado atención a la exposición de su madre y tíos —. ¿A poco ya nos toca? No la he prendido.
—Tsu-sama —suspiró Amane.
—Sólo hazlo ya, sorella —su gemelo la vio rendido y casi entrando en pánico.
—Hamarugi, Danival, apresúrense —demando el profesor, se notaba molesto por el poco interés de esos tres.
Los tres se levantaron y se reunieron al frente de la clase, conectaron todo y mientras la lap encendía por completo, hablaron sobre el siguiente problema a enfrentar.
— ¿Y qué vamos a decir? —dijo Amane, abriendo el archivo correspondiente —. No nos repartimos la información.
— ¿Tampoco hicimos eso? —gimió Yakumo.
Tsuna de repente se sintió identificado.
—No sé, dudes —Tsukumo se encogió de hombros, sin duda le valía lo que estaba pasando.
—Somos un desastre —Amane no reflejó el mismo sentimiento de Yakumo, después de todo su Tsu-sama estaba tranquila y si era así, ¿Por qué ella misma tendría que mostrarse de forma diferente?
—Ya, ahorita nos la arreglamos sobre la marcha —Tsukumo dio un paso al frente y pasó su mirada por toda la clase, la información ya proyectándose a su espalda —. Muy bien, mortales, es tiempo de que escuchen a sus Dioses.
—¡Así se habla, mio amore! —Viola le dio un pulgar arriba desde su lugar.
Ciel sólo rodó los ojos con aburrimiento.
—Tsk, chica molesta —farfulló Gokudera —. El único Dios aquí es Juudaime.
Yamamoto río divertido y Tsuna, como siempre, no sabía que pensar, sólo se sonrojó cuando notó a la rubia guiñándole un ojo, divertida.
Y, sentado sobre una rama, un Reborn de ocho años observó por la ventana.
Interesante.
~.~.~.
—Por fin terminó —Viola levantó las manos al cielo, aliviada de que la semana de clases hubiera terminado por fin.
Era realmente agotador soportar tantos adolescentes sin cerebro tantas horas seguidas.
Los seis de ellos estaban a un par de metros de la entrada de la escuela, hacía unos cuantos minutos que las clases habían terminado y ellos, impacientes por compartir sus experiencias del día, nótese el sarcasmo, se quedaron a las afueras… reunidos como viejas chismosas.
— ¡Fue una semana increíble! —el heredero Sasagawa fue el primero en hablar, aún emocionado por estar en el pasado y habiendo conocido a su joven padre — ¡Papá es tan extremo! ¡Estuvimos todos los días juntos! ¡Incluso me reclutó para el club de boxeo! —dijo excitado.
El resto solo lo veía, sin sorprenderse. Siempre era lo mismo con los soles, tan llenos de energía y con un único lema grabado a fuego en su corazón y mente: El boxeo es amor, el boxeo es vida. O lo amas o lo odias.
Por supuesto, nadie creía que eso fuera sano, en ningún sentido. Pero bien dicen que si amas a alguien lo aceptas con sus defectos y virtudes, en su caso, ellos aceptaban a su familia con todo y sus traumas y desordenes mentales. A fin de cuentas no es como si tuvieran mucha opción.
—Aunque —el tono apagado de su voz los hizo prestar atención —, aún no he podido hablar con mamá —dijo, mordiéndose ligeramente el labio inferior.
El resto se quedó en silencio unos momentos, todos sabía lo que significaba para Hinata encontrarse con su madre sin importar en que época estuvieran.
—Ya lo harás —Yakumo le sonrío, transmitiéndole su apoyo.
Hinata asintió —. Sólo ha he visto un par de veces, de lejos.
—Pero al menos la has visto —Viola exclamó, dándole un puñetazo juguetón en el brazo —. Yo ni siquiera he visto a mamma y mucho menos a pappa —Mukuro sin duda estaba en Kokuyo y Byakuran en Italia.
—Dejen de compadecerse, ya llegará el momento de encontrarse con ellos —Ciel se enredó un mechó de cabello en el índice, un tanto incómoda por el tinte triste que de pronto los envolvió.
— ¡Así es! —apoyó Amane —. Todo tiene su tiempo.
—Quita esa cara —Tsukumo le dio un golpecito en la frente a Hinata, ahí dónde destacaban las arrugas de frustración y tristeza —, no te ves guapo y tú sabes que a la tía le gustan los chicos que lo son.
El joven Sasagawa cerró los ojos y movió la cabeza como si estuviera en un concierto de rock —. ¡Muy bien! ¡Nada de deprimirse! ¡Después de una tormenta el sol siempre vuelve a brillar!
Sí, así estaba mejor.
—Cambiando a otros temas, ¿qué vamos a comer hoy? —preguntó Viola.
Oh, buena pregunta, muy buena pregunta.
Llevaban toda la semana sobreviviendo a base de sopas instantáneas, comida rápida, enlatada y refrigerada. Su cuerpo ya les pedía algo diferente.
— ¿Y si compramos unos tacos? —ofreció Amane, a todos les gustaban los tacos.
—Lo haríamos si vendieran por aquí —Ciel le dio una mirada obvia —. Estamos en Namimori, lo único extranjero aquí es la comida china.
—Pero gracias por la sugerencia —se apresuró a decir Yakumo al ver la mirada fulminante de la peli plata.
— ¡No fue nada, Ya-sama! ¡Vivo para servirles!
—Bueno, de cualquier forma —intervino Tsukumo, repasando mentalmente los locales de comida que ya habían provado —, ya hemos comido de todo lo que venden aquí y no sé ustedes, pero yo quiero algo más.
— ¿Por qué somos un asco en la cocina? —fue la pregunta retórica de Viola, si por lo menos uno de ellos supiera cocinar entonces no habría tanto problema.
—Lamentablemente esa habilidad no venía en nuestros genes —Tsukumo se encogió de hombros —. Y tal vez debimos tomarnos en serio las clases de cocina que la abuelita Nana intentó darnos una vez.
—No hay que acordarnos de cosas tristes —Yakumo posó una mano en el hombro derecho de su hermana.
— ¡Tengo una idea! —Hinata llamó su atención —. ¿Por qué no compramos huevos, leche, mantequilla y harina para hotcakes?
— ¿Y qué? ¿Tú los vas a hacer? —inquirió Ciel.
— ¡Por supuesto! —infló el pecho, orgulloso —. Ustedes han probado mis hotcakes, raza, los han probado —siguió.
—No es una mala idea —apoyó Viola.
—No podemos comer algo tan poco saludable —Amane no podía dejar que su queridos Jefes se alimentaran de algo así.
—Hemos sobrevivido a base de cosas peores —en eso Ciel tenía un punto y tampoco podía negar que los hotcakes de Hinata eran realmente buenos.
—Ok, aquellos que estén a favor de que Hinatita haga hotcakes, levanten la mano —dijo Tsukumo, levantando la mano también.
La única que no lo había hecho fue Amane.
—Entonces hotcakes serán —sentenció Yakumo.
—Oh, ¿van a comer hotcakes? —esa sin duda era la voz de Takeshi Yamamoto.
En completa sincronización, los seis viajeros desde el futuro, voltearon para encontrarse con tres apuestos y shippeables jovenzuelos. Sus padres y tíos los veían a pocos pasos de distancia.
—Hola —saludó Tsuna con una sonrisa avergonzada.
No esperaba encontrarse a los chicos nuevos, no después de todo lo que le hicieron pasar en el día. Nunca había sido tan perseguido ni mucho menos ser el objetivo de comentarios halagadores; los gemelos Hamaguri no tenían vergüenza ¡y él ni los conocía!
— ¡Hola! —corearon los más jóvenes, a excepción de Ciel quien sólo sonrío.
Los seis conteniéndose de saltar sobre ellos, llevaban toda la semana hablando e interactuando de la forma más normal que podían con las versiones jóvenes de sus respectivos padres y tíos. Y vaya que era difícil, no sólo tenían que morderse la lengua cada vez que les hablaban en un intento de no llamarlos padre o tío; y tampoco era tan fácil controlar sus arranques de acoso, las versiones jóvenes eran tan adorables y jodidamente molestables.
—Tch, Juudaime, será mejor seguir nuestro camino —Gokudera fulminó a los menores con la mirada —, ellos no se merecen sus amables palabras.
— ¡Oye! —exclamaron indignados los gemelos.
Tsuna sintió que una gotita de sudor resbalaba por su cien al estilo anime y Yamamoto simplemente río.
—No seas así, 'Dera! —Yamamoto le picó juguetonamente una mejilla —. Ya sabes que Tsuna es amable con todo el mundo.
— ¡Cállate, freak! ¡Y deja de tocarme! —demandó, alejándose del otro.
Ninguno notando las miradas brillantes de los más jóvenes. Ah, sí que eran unos tontos adorables.
Tsuna río forzado, esperando que los otros seis no se tomaran a mal el comportamiento de sus amigos —. Lo siento, creo que interrumpimos su conversación —los miró avergonzado.
Y como efecto inmediato el grupito negó fervientemente con la cabeza.
— ¡No tiene que disculparse! ¡No es nada! —el respeto y admiración que le tenían a Sawada Tsunayoshi no cambiaría sin importar la apariencia y edad que este tuviera.
—Sólo hablábamos de lo que comeremos hoy, no es gran cosa, Je… ma… Tsu-Tsunayoshi-san —dijo al final Tsukumo, como siempre sintiendo raro al llamarlo por su nombre de pila.
— ¿Y van a comer sólo hotcakes? —preguntó Yamamoto, una vez más.
—Sí, nosotros vivimos solos y… —empezó Viola.
—Y como no sabemos cocinar gran cosa, sólo nos queda comer eso —terminó de explicar Amane, sintiéndose un tanto pequeña ante la mirada desaprobatoria de su joven padre.
Era claro que Yamamoto no estaba de acuerdo con su alimentación; en el futuro, de los adultos, junto con Tsuna, era quien más se preocupaba por que los niños se alimentaran sanamente. Algo que le había quedado de su régimen como deportista.
— ¡Pero no hay problema, mis hotcakes son la onda! —dijo de inmediato Hinata.
— ¿La onda? —Tsuna parpadeó sin comprender.
—Él quiere decir que son buenos —tradujo Ciel, pasando su mirada hacia los estudiantes que seguían saliendo, su joven madre no se veía por ningún lugar.
—Ah.
— ¿Tal vez sea un UMA? —murmuró Gokudera con la mirada ya analizando a Hinata, ese lenguaje extraño no podía ser de una persona normal.
—Pero comer sólo eso no es bueno —siguió Yamamoto.
—Está bien —empezó Yakumo, no queriendo preocupar a nadie —. Llevamos toda la semana así —continuó Tsukumo, encogiéndose de hombros de manera indiferente —. Nos acostumbramos —dijeron a la vez.
Tsuna se sintió repentinamente mal por ellos. ¿No habían dicho también que vivían solos?
—Sólo invítalos a comer a casa, dame-Tsuna —y entonces un niño de traje y fedora hizo su aparición.
— ¡Sen… pequeño! – se corrigieron de inmediato los gemelos, mordiéndose la lengua por el adjetivo dado al hitman que tanto respetaban y temían.
Reborn los vio curioso, era claro que iban a llamarlo de otra forma.
— ¡Oh, qué lindo! —chilló Viola, cambiando la atención y sintiendo que tomaba vinagre. Nunca en la vida se le ocurriría llamar con tal adjetivo al sicario, pero ahora estaban en otro tiempo y… maldita sea, Reborn de niño sí que era una monada, mortal, pero una monada.
— ¿Es tu hermano, Tsunayoshi-san? —inquirió esta vez Ciel, haciendo las preguntas normales para estos casos, pero con un sentimiento parecido al de su compañera de llama.
— ¿Eh? ¡Claro que no! —negó fervientemente, ¿Reborn y él hermanos? Que Dios lo amparara.
—Ya quisiera estar emparentado conmigo, soy demasiado increíble —dijo Reborn tras darle una buena patada en la espinilla al castaño —. Soy su tutor y un asesino a sueldo, pueden llamarme Reborn —se presentó, levantando levemente la fedora en un gesto de chulería.
— ¿Un asesino a sueldo? —repitió Yakumo, sólo para seguir con las apariencias.
—Wao —fue lo único que dijo Tsukumo y entonces los machos Vongola junto con Reborn tuvieron un destello de realización.
Ese gesto vago era tan parecido al de…
—Entonces… ¿Nos invitan a comer? —salió Amane con la misma actitud entromedta y sin vergüenza de su padre.
— ¿Eh? —Yamamoto fue el primero en caer —. ¡Por supuesto! Hahahaha.
— ¡No decidas cosas por tu cuenta, idiota! ¡Es la casa de Juudaime, no tienes ningún derecho!
—Pero no podemos dejarlos así, además son menores que nosotros, bueno, a excepción de Hinata-sempai. No importa que estemos en la misma clase, tenemos que cuidarlos como sus mayores —fue su digna y fundamentada explicación.
—Yamamoto tiene razón, Gokudera-kun —intervino Tsuna —. Además a kaa-san no le importará que llevemos compañía —dijo, no muy seguro de la invitación, pero Reborn lo había empezado y lo mejor era no llevarle la contra.
—Si… usted lo dice, Juudaime —cedió el peli plata, como un cachorro regañado.
—Bien —Tsuna regresó su atención a los menores, quienes estaban atentos a sus acciones como si estuviera viendo una especie de película —. Si quieren, pueden venir a comer a mi casa. Mi mamá cocina muy bien —y les sonrió.
Y eso bastó para que los menores salieran de su ensoñación.
— ¡¿En serio?!
— ¡Gracias!
— ¡Claro que iremos!
— ¡Estamos encantados!
— ¡¿Y mis hotcakes?!
Pausa.
Realidad.
Lo han recordado.
— ¿Podemos llevar a alguien más? —inquirió Amane, recordando los cuatro incordios que los esperaba en casa.
—Si no es mucho abuso —agregó Ciel, después de todo ya era mucho el que los invitaran a comer cuando apenas y los conocían, ahora llevar cuatro personas más… y ella realmente quería comer buena comida.
—Claro, no hay… —y Tsuna fue cortado rápidamente por Rebonr.
— ¿Quién?
—Los hermanos menores de Amane, Viola y nuestros —Yakumo fue quien decidió contestar y se señaló junto con su gemela puesto que así es como Yuu los veía —. Y nuestro, er… primo —terminó, refiriéndose a Caradoc.
—Nuestros hermanos tienen menos de diez años, así que se quedan en casa al cuidado de Caradoc, él es el mayor de todos nosotros —continuó Viola, y lo último no significaba que fuera el más responsable.
Ya que los niños no podían ir a la escuela y no los dejarían asistir a una sin supervisión, aún si fuera para aparentar, no quedó más que dejarlos en la casa que habían conseguido bajo la mirada de Caradoc. Este último, teniendo dieciocho años, no veía caso en asistir a una escuela y tampoco es como si fueran a obligarlo; hacía menos daño jugando con los niños.
—Ya veo —dijo Rebron, analizando cada una de las palabras —, bien, pueden venir.
—Entre más mejor —apoyó Yamamoto.
Gokudera no parecía nada contento, nunca lo estaba cuando se trataba de interactuar con personas que apenas conocían y podían corromper a su sagrado Juudaime. Tsuna, por su parte, sólo dejó caer los hombros, rendido.
Y Reborn se tomó la libertad, como siempre, de informar que los acompañarían hasta su casa para recoger a sus acompañantes. Claro, Reborn no hacía esto por buen samaritano, el cielo cambiaría de lugar con la tierra antes de que eso pasara; él había visto las nuevas adiciones al plantel educativo y de inmediato los había reconocido como existencias fuera de contexto y sumamente misteriosas.
Como parte de su trabajo, tenía que estar informado de cada persona que se acercara a su alumno y los seis nuevos alumnos habían destacado como faro en la oscuridad no sólo por sus apariencias y actitud, sino por su acercamiento a Tsuna y sus Guardianes. Así que tras leer el expediente y decidir que eso no era suficiente, encontró que ellos no existían. No había nada sobre ellos en ninguna parte, era como si simplemente hubieran aparecido de la nada y aunque no parecían querer lastimar a Tsuna, ellos definitivamente eran peligrosos.
Para su ojo experto no escapaba la forma ágil y elegante con que se movían, los movimientos calculados y precisos con que se desenvolvían; ellos eran peleadores y podía saberlo sólo con la forma en que miraban su entorno, siempre atentos y con la guardia alta. Esos niños habían sido educados para ser así.
— ¡Aquí es! —la voz de Hinata lo sacó de sus pensamientos.
—Bienvenidos a nuestro humilde hogar —Amane les sonrió.
Y los tres Vongola sólo pudieron admirar la mansión frente a ellos, no era la primera vez que veían una, y nada podía sorprenderlos más que la misma mansión Vongola, pero para ser unos chicos que vivían solos sí que era sorprendente.
— ¿Aquí viven? —preguntó Tsuna, sin apartar la vista de la enorme edificación.
—Es grande —dijo Gokudera, si los mocosos eran ricos ya había respuesta a su excentricidad.
— ¿Esta casa de muñecas? —Tsukumo enarcó una ceja mientras se acercaban a la puerta principal —. Fue lo mejor que encontramos.
—Ella quiere decir que el dueño nos permitió quedarnos a cambio de que cuidáramos de la casa mientras él está de viaje —aclaró Yakumo al notar las miradas de los mayores y dando la versión más light del como consiguieron la mansión.
— ¡Enanos, salgan de donde quiera que estén! —fue lo primero que gritó Amane una vez dentro del lugar.
—La gigantona ya llegó —un Ritsu enfurruñado salió por una de las puertas laterales —. Y yo que tenía la esperanza de que no volvieras.
—Yo también te extrañé, hermanito —Amane forzó una sonrisa mientras se acercaba al menor para abrazarlo —. Tenemos visitas —dijo una vez cerca —, pórtate bien.
— ¿Y por qué habría de… —calló al notar a las personas de quienes su hermana hablaba, ¡Oh, Dios mío! Gritó en su interior y se apresuró a llegar frente a sus padres y tío —. ¡Es un placer conocerlos! ¡Soy Ritsu! —se presentó con una sonrisa linda haciendo notar sus mejillas rosadas.
—Hola, pequeñín —Yamamoto no dudo en acariciarle la cabeza.
Gokudera sólo lo analizó con la mirada, el enano se le hacía tan familiar, pero nada más no podía dar con que. Tsuna dio un simple hola.
— ¿Y los demás? —Ciel los vio con aburrimiento, apurándolos con la mirada.
Fue cuando nuevos pasos resonaron y vieron como un par de niños bajaban corriendo por las escaleras.
— ¡Tsu! —el pelirrojo, Yuu, corrió con lagrimitas en los ojos hacia Tsukumo, abrazándose a ella.
—Leo, ¿Qué le hiciste al pony? —demandó de inmediato la rubia, no había que ser adivino para saber que el que su pony llorara fuera obra de la más pequeña de las Nieblas.
—Yo no hice nada —Leo se cruzó de brazos, indignado e infló las mejillas —. Sólo le recordé lo que ocurrió el verano pasado.
—Sabes que eso no se hace, Leo —Viola lo vio firmemente, ese era un tema delicado, en especial para Yuu quien había sido el más afectado por sus aventuras esas vacaciones.
—Ya no llores, pony —Tsukumo le dio unas palmditas en la cabeza, por extraño que fuera, Yuu siempre iba a refugiarse a los brazos de la rubia cuando algo lo asustaba o estaba triste. La mayoría no entendían la razón, después de todo Tsukumo no era la persona más solidaria y era demasiado torpe a la hora de consolar a la gente —. Los machos que se respetan no lo hacen —el menor se separó de ella y se limpió las lagrimas.
—Y mira —señaló esta vez Yakumo.
Yuu vio las versiones mayores de su tío Tsuna y sus Guardianes, y de inmediato se sintió reconfortado. Aunque era una versión más joven, pero el ver el rostro de uno de los adultos que más quería le hizo sentir mejor.
—Hola —saludó tímidamente siendo correspondido.
—Bueno, ahora sólo falta Caradoc —dijo Tsukumo y Ritsu no perdió tiempo para informar a su princesa.
—Él ha estado encerrado en su habitación desde la mañana, Tsuhime-sama.
— ¡Yo voy por él! —y en un dos por tres, Hinata estaba en la planta alta —. ¡¿Qué pasión, Caradoc?! ¡Es hora de salir! —y no era difícil adivinar que Hinata ya había entrado a la habitación.
— ¡¿Acaso no sabes tocar la puerta antes de entrar?! ¡¿Dónde está la jodida educación que te dieron tus padres?!
— ¡Aw, no te sulfures!
Y varios pasos apresurados después, Hinata estaba de regreso con ellos y un Caradoc muy enfadado le siguió.
El heredero Varia era un joven bastante alto y delgado, dando la apariencia de tener una constitución ágil; con un largo y sedoso cabello plateado atado en una coleta alta y un mechón negro que enmarcaba su rostro como fleco. Su piel de un tono ligeramente moreno, que hacía relucir sus ojos carmín, tan fieros como los de su padre, y para complementar su imagen tenía un arete de plumas en su oreja izquierda.
Caradoc Di Vongola era la combinación perfecta de sus padres, aunque en cuanto a personalidad era más parecido a Xanxus, claro que los genes de Squalo no se quedaban fuera, de eso daban constancia los oídos de todos los infortunados que eran remotamente cercanos al heredero de Varia.
— ¡Bola de insectos, los voy a matar a todos y cada uno de ustedes!
Tsuna se sorprendió, no entendía como ese chico estaba a cargo de tres inocentes niños. Algo estaba definitivamente mal con sus compañeros de escuela para dejarlo cuidar de ellos, en realidad, algo estaba mal con los padres de todos ellos para dejarlos vivir solos.
—Bájale tres rayitas a tu radio, estrellita —Tsukumo lo encaró —. O no te llevamos a comer.
— ¡Y me importa un carajo por qué!
—Nuestros compañeros de clase, amablemente nos invitaron a comer —la joven Dokuro sobó suavemente su oreja.
—La mamá de Tsunayoshi-san cocina muy bien —agregó Viola, acentuando el nombre de su tío.
Cradoc entonces dirigió su mirada a las cuatro personas cerca de la puerta, un idiota de sonrisa boba, un idiota amargado con el ceño fruncido, un idiota con cara de querer salir corriendo de ahí y… Reborn. Sip, esos eran las basuras que su padre tanto despreciaba.
—Caradoc —Yakumo llamó su atención y con sólo el movimiento de labios, la bestia se calmó.
Ni siquiera Caradoc podía decirle que no a la comida de Sawada Nana.
Tsukumo dio media vuelta en compañía de los demás —. Estamos listos —canturreó.
Tsuna ya no estaba tan seguro de haberlos invitado.
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Pese a lo repentino de la situación, Sawada Nana, como siempre, recibió con los brazos abiertos a los amigos de su hijo. No tardó mucho en tener listo todo un banquete y en que los recién llegados, tras un vehemente agradecimiento, atacaran la comida. La castaña estaba contenta de ver que su Tsu-kun cada vez hacía más amigos y sobre todo, ver que estos disfrutaban de su comida.
Tsuna y compañía sólo los observaban comer, a pesar de que parecía que no habían comido en días, todos se comportaban y mantenían los modales. Por lo menos Lambo no estaba presente, él e I-pin seguían en la primaria, atendiendo las actividades de sus respectivos clubs. Bianchi, sin embargo, no apartaba la vista de todos ellos y eso ponía un poco nervioso a Tsuna.
— ¿Cómo es que personas tan distintas terminaron conociéndose? —soltó por fin Bianchi, había notado como Rebron estaba especialmente atento a los niños y ella sabía que eso no podía significar otra cosa más que ellos eran peligrosos de alguna manera.
Los jóvenes viajeros se quedaron callados abruptamente ante la pregunta de la mujer, Amane y Ritsu especialmente evitaron el contacto de ojos, su tía era la mujer a quien más querían y nunca eran capaces de mentir.
Fue Tsukumo, quien con lágrimas en los ojos, les dijo que sus padres se conocieron en la secundaria y desde entonces entablaron una gran amistad; se llevaban tan bien que incluso trabajaban juntos y al tenerlos a ellos, decidieron criarlos juntos y que se llevaran como hermanos. Pero por desgracia, debido a su trabajo, viajaban constantemente y fue durante la última Navidad que habían muerto en uno de esos viajes. Así que habiendo quedado sólo ellos, decidieron viajar al país natal de sus padres y vivir por sí mismos, compartiendo el dolor de su pérdida.
Era sorprendente lo fácil que le resultaba a Tsukumo mentir y lo convincente que era, tanto así que varios de la Undécima Generación se lo creían, aún cuando ellos sabían la verdad.
—Lo siento mucho —Bianchi se disculpó, apenada por haber hecho llorar a la rubia.
La chica dejó que su gemelo le limpiará las lagrimas, siguiendo el guión dramático, y tomó una de las manos de Bianchi entre las suyas para reconfortarla.
—Pobrecitos —Nana se acercó y los abrazó —. Han pasado por tanto, no se preocupen, siempre que tengan hambre pueden venir aquí. ¿Verdad, Tsu-kun?
—Por supuesto —Tsuna asintió con seriedad, ahora que sabía la historia de sus compañeros se sentía mal por haberlos tachado de chiflados y haría lo que fuera por apoyarlos.
Gokudera sólo mantuvo el ceño fruncido, pero internamente conmovido y sintiéndose un poco identificado; después de todo el también había perdido a su madre a edad temprana y sabía lo doloroso que eso era.
Yamamoto se mantuvo callado, sopesando lo que acababa de escuchar. Si antes estaba preocupado e interesado por lo que ocurría con esos niños, ahora con más razón; él tampoco tenía a su madre y no podía imaginarse el que también le faltar su oyaji. Esos chicos estaban solos y él haría lo que pudiera por ayudarlos.
Reborn, por su parte, estaba sinceramente asombrado por la habilidad de mentir y engañar de la chica rubia, y también por cómo le siguieron y actuaron en consecuencia el resto. Todo lo que estaba ocurriendo y ocurriría, al parecer realmente merecía su atención.
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—Muy bien, tropa —Tsukumo pasó la mirada por cada uno de sus compañeros —. Informe de la situación.
— ¡Eres una maldita mentirosa! —exclamó Viola, pero al contrario de lo que su tono daba a entender, en realidad estaba orgullosa de su amiga.
—Gracias, dime algo que no sepa —sonrió a cambio.
—Sorella, ¿no recuerdas lo que el Jefe siempre nos dice?
— ¿Nunca le preguntes a una mujer su edad? —fue Leo quien respondió.
—No —Yakumo regresó la mirada a su hermana —. Mentir no está bien.
—San Yakumo ha hablado —dijo Ciel, más que aburrida.
El mencionado sólo puso los ojos ante el mote, pero siguió hablando a su gemela —. Yo sólo digo que no fue correcto decir eso y…
—Y yo sólo digo que si no hubiera inventando eso alguien más hubiera dicho algo nada creíble —interrumpió —. Además, ¿Qué querías que dijera? Que somos sus hijos y venimos del futuro con la intención de junarlos antes de tiempo por nuestra propia satisfacción y la diversión de sensei. No claro que no iba a decir eso.
—Sigo creyendo que está mal —dijo por último, no pudiendo rebatir a su hermana.
—Tranquilo, carnal —Hinata abrazó a Yakumo por los hombros —. Sólo se vive una vez —dijo y nadie entendió del todo a que venía lo último.
—Además ahora tenemos vía libre para ir a la casa Sawada —Viola apoyó sin miramientos a su compañera de travesuras.
— ¡Y comer la deliciosa comida de la señora Nana! —agregó Leo, adiós a todas esa comida basura.
—Y también sabemos que debemos tener cuidado con Reborn —Tsukumo soltó un suspiro —. Él definitivamente se dio cuenta de que estaba mintiendo, él nos tiene bajo observación. Pero no dirá nada hasta encontrar pruebas y ya que no estamos aquí para causar algún daño nos dejará estar.
El resto tuvo que darle la razón, el Reborn de este tiempo no los conocía y por ende no le sería tan fácil leerlos ni seguirles la pista. Este no era su Reborn.
—Como sea, continuemos —Amane tomó la palabra —. Esta semana fue de observación y creo que todos tenemos ya claro a lo que nos atenemos.
Hinata asintió y fue el primero en explicar su situación.
—Mi papá mira constantemente a mi mamá, en sus carreras matutinas pasa el noventa por ciento de las veces frente a la residencia Kurokawa —dijo con semblante serio, pero el brilo de sus ojos delataba lo feliz que estaba —. En la escuela siempre tiene una excusa tonta para ir a la clase de la tía Kyoko y ver a mamá, incluso se sonroja cuando está alrededor. Mamá, por su parte, parece darse cuenta de todo eso, pero no dice nada; ella sólo sonríe sutilmente ante sus acciones.
El resto asintió, sin duda Hana le estaba dando una oportunidad a Ryohei y esperaba a que el boxeador tomara la iniciativa. La tía Hana después de todo, no toleraba a los monos.
—Muy bien, la situación del Sol no está tan mal —Tsukumo vio a Amane tomar las notas pertinentes —. Niebla —pidió a Ciel.
—No tengo nada que decir —la azabache se cruzó de brazos —. De mis padres me encargaré sólo yo —sentenció y nadie se atrevió a contradecirla, ese era otro de los tantos temas delicados dentro de su familia.
—Lluvia y Tormenta —esta vez Amane dejó la libreta a un lado y encaró a todos, Ritsu sólo hizo un puchero, él no tenía nada que decir esta vez.
—Como era de esperar, Take-otousan tiene ya una fijación con Haya-okaasan —empezó la peli plata —.Es muy sutil, pero las forma en cómo lo mira a veces y el cómo lo trata y busca contacto por más tonto que sea, da a entender su interés. Haya-okaasan, sin embargo, lo ignora deliberadamente; no tiene claro el porqué de todo eso, pero le incomoda.
—En cuanto a ellos, el más problemático será Tormenta —Tsukumo entonces dejó a su hermano hablar.
—La situación del Cielo es obvia, él sigue aferrado a su enamoramiento por Sasagawa Kyoko aunque ya no se le nota tan entusiasmado —dijo recordando cuando su sensei les habló sobre el patético primer amor de su madre —. Respecto a Nube, Cielo sigue siendo bastante cuidadoso y temeroso a su alrededor, pero hay un nerviosismo especial.
—Sobre Nube —continuó Tsukumo —, él es consciente de Cielo. Cuando están en el mismo lugar, él no le aparta la mirada e incluso lo sigue con ella. Cuando lo muerde hasta la muerte, lo muerde menos duro que al resto, se frena y controla un poco cuando Cielo está cerca.
—Sus padres son todo un caso —comentó Viola —. Es una pena que no pueda acercarme a Kokuyo para observar a mamma y que pappa esté en Italia.
—No es justo —Leo dio una pataleta, insatisfecho con la situación, él quería ver a sus jóvenes padres y lo quería ahora.
—No se quejen, Yuu y Caradoc están en la misma situación —Ciel miró a los mencionados, uno decaído y el otro cortándose las uñas con una navaja, la Niebla arrugó la nariz, que vulgar.
—No te preocupes, oímos que el tío Enma regresaría pronto, sólo está atendiendo un altercado sin gran importancia en la isla —Yakumo le sonrió a Yuu, quién lo miró calmado.
—Y seguro que el tío Dino viene pronto, con lo que le gusta visitar al tío Tsuna —Ritsu le dio su apoyo.
—Bueno, bueno —Tsukumo pidió la atención de nuevo —. Ya nos encargaremos de sacar al tío Mukurin de su guarida y el resto ya vendrá, todos tiene su destino arraigado aquí en Namimori. Y la Varia no es una excepción —agregó.
Caradoc le dio una mirada malhumorada.
—No sé porque me involucraron, no estoy interesado en la vida amorosa de mis viejos —dijo con indiferencia.
—Interesado o no, igual colaborarás —canturreó Viola.
—Simplemente los embriagaré, los empujaré contra el otro y que tengan sexo —dijo sin más.
— ¡No puedes hacer eso! —exclamó Amane, indignada.
—Claro que puedo, son mis padres.
— ¿Y qué hay del romanticismo? —Hinata, que era un romántico, no podía concebir eso.
—Eso es pura basura.
—Hinata, cada quién es libre de pensar como quiera —Yakumo se apresuró a sostener al joven Sol, quien estaba shockeado por lo que acababa de escuchar.
—Ok, independientemente de lo que hagamos para juntarlos —continuó Tsukumo —, hay una cosa clara.
—No nos detendremos hasta lograrlo —Viola sonrió.
—Exacto —la rubia correspondió la sonrisa —. Y es tiempo de que lleguemos a la acción.
Amane sacó una pizarra con anotaciones como las de las jugadas en el fútbol americano.
—Así es como nos moveremos —señaló.
La semana siguiente, el lunes, comenzaría la batalla. Juntarían a sus padres a como diera lugar y con su última voluntad, incluso Cupido los querría en sus filas.
N/A: Lo prometido es deuda, aquíe el tercer capítulo~ Y en cuanto al omake, sí, creo que mejor los dejamos para cada que se pueda xD Lo siento.
Ya fueron las primeras interacciones y ya se puede ver que Tsuna y compañía los ven como unos completos chiflados, no que no estén en lo cierto jajajaja. No saben lo que les espera y Reborn, él también tendrá su buena dósis de locura.
Gracias por sus reviews, como siempre. Lynette Vongola Di Hibari, Yukin0o, 1827, Tomoyo0000001 y DaniVal, Witch Mix, MyaBL26 y Rikka Yamato.
Una de ustedes me dijo que no sabía que tipo de vida tengo para escribir cosas tan fumadas, pues la verdad es una vida normal; soy un simple mortal con desordenes mentales y locura que viene desde mis tatarabuelos, en serio, mi propia madre lo acepta xD Y eso se le suma él que viva e una ciudad a seis horas de distancia de mis padres, esté en una carrera de Ciencias y tenga amigos peor de fumados que yo (de quienes, por cierto, son algunos de los diálogos y escenas de este capítulo. Todos ha pasado en la vida real). Sip, nada fuera de lo normal... aunque mi roomie diga lo contrario.
En fin, espero les gustara el cap. y si hay algo mal en el manejo de sus querubines no duden en decírmelo. Nos leemos en el siguiente!
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