N/A: Sigue dedicado a las mismas hermosas personas XD

A mi beta, gracias por dedicarle parte de tu tiempo a la corrección y opinión del fic.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son del asesino en serie Hajime Isayama.


Capítulo 4: Ojos vemos, corazones no entendemos

Un estruendo se escuchó por toda la casa, pero el silencio reinaba en gran parte de ella, solo en un sitio se escuchaban pequeños chapoteos.

—Eres un bastardo, robándole a tu padre, te he dicho que no toques mi dinero —sacó la cabeza del joven que estaba siendo aprisionada en la tina llena de agua.

El joven empezó a escupir el agua que había alcanzado a inhalar, respiraba con dificultad y miró a su padre con tanto odio, que este sin ningún sentimiento lo golpeó contra la cerámica para después lanzarlo hacia la zona de las duchas.

—Maldito viejo. ¿Tu plata? Yo salgo a trabajar y tú solo te la bebes. Eres un asqueroso y tratando de ahogarme en el ofuro*… ¡Me das asco! —gritó con el poco aliento que tenía.

—Eres solo la mierda que dejó tu madre, eres…

—Si soy la mierda, pues te cuento, esta mierda también tiene parte tuya. Así que también eres una mierda.

La mirada de aquel hombre se volvió más penetrante, con solo verlo a los ojos su hijo ya sabía que lo pensaba matar a golpes.

Así que, sin dudarlo, el menor sacó su navaja, cortó el talón del contrario y el hombre se derrumbó en el piso gritando de dolor. En un instante, el muchacho se puso sobre él; ya no tendría escapatoria.

—Con esto te haré pagar todos los golpes que me has dado —movía su arma con fin de apuñalar al hombre. Una, dos, veinte, treinta, cincuenta veces clavó esa navaja, hasta que su ira y su desprecio desaparecieron—. Nos vemos en el infierno, viejo alcohólico.

Salió de su casa y se dirigió a su zona de trabajo, el distrito rojo en Japón, donde los yakuzas poseían un control mayor.

Al llegar a su destino, sus manos llenas de sangre tocaron a la puerta. Poco después un hombre con mirada feroz atendió.

—El jefe te está esperando hace quince minutos, sabes que no le gusta que lo hagan esperar.

—Me estaba encargando de una mierda que se atravesaba en mi camino —avanzó por el lugar hasta llegar frente al hombre que lo acogió como un padre—. Lamento la demora, Uri-dono.

Este volteó a mirarlo, sus ojos reflejando cariño y admiración. Se acercó al joven y empezó a limpiar su rostro y manos que estaban cubiertas de sangre con un pañuelo que sacó de su bolsillo.

—Kenny, no debes pelear sin mi autorización. Quiero que seas el sucesor de mi negocio familiar, por lo que a partir de este momento te instruiré en todo.

El joven asintió, estaba preparado para ayudar a ese ser de sonrisa amable, pero cruel en todo lo que se trataba a su "negocio familiar".

Desde ese día, aprendió a manejar el tema de trata de personas, de drogas y su forma de asesinar mejoró. Los años pasaban y encontró a gente igual de depravada que él. Si eran mujeres tenían que ser "probadas" por él, así sabría en qué puesto debía colocarlas. Ahí fue donde conoció a Petra, una prostituta que se dedicaba a la venta de drogas. La compró, le hizo lo que su cabeza le dijera y al ver que la joven solo gemía como una zorra, la convirtió en la mujer que traería a todo niño o niña que él deseara.

Uri le permitía hacer todo, el negocio había florecido, el respeto en los yakuzas aumentó y, sobre todo, las conexiones con otras mafias extranjeras se volvieron lucrativas.

Kenny hacía callar al que fuera y cómo se le daba la gana. Podía sacarle la información torturándolo o violándolo, y cuando tenía lo que quería, lo asesinaba.

Auruo llegó con Petra, esta dijo que lo habían enviado de Inglaterra para el lavado de dinero y hay que aclarar que era bueno en lo que hacía.

El día en que Uri murió, Kenny simplemente tomó las cenizas, las lanzó al mar y tomó posesión del puesto que desde siempre le había pertenecido.

Con él al mando, todo se hacía mejor y eficientemente, pero en una visita a Alemania, vio lo que para él fueron las bellezas más exóticas que en su maldita vida había visto. Una mujer de ojos y cabellos oscuros, con una sonrisa que resplandecía a kilómetros de distancia, y al lado de ella un pequeño de ojos esmeralda, cabello castaño y la misma sonrisa de la mujer. Su piel lo hicieron excitarse demasiado, los tendría sin importar cómo.

Y desde ese momento su deseo se volvió en obsesión. Llevó la pequeña clínica de la familia a la quiebra y el dueño Grisha Jaeger, en su desesperación, vendió a su esposa. Con el dinero recolectado, su clínica resurgió, pero Kenny quería al niño. Soñaba penetrándolo, acariciando esa piel acaramelada, mordiendo sus labios. Lo quería todo.

Fue en ese momento cuando Erwin Smith dijo que quería a la pequeña que vivía con el médico, por lo que entre ambos se dedicaron a endeudar tanto el idiota de Jaeger, que al final terminó vendiendo a sus dos hijos.

Pero esos ojos eran diferentes a los que vio ese día. Eran desafiantes, eran los de una fiera a punto de saltar y morder la yugular, así que sin importarle pidió que sus ojos fueran extraídos.

—Ojos, ojos verdes esmeralda —susurraba mientras sentía que el vientre le dolía como un demonio. Sus ojos se abrieron con dificultad y vio desde la posición en la que estaba al joven de su obsesión.

—¿Te divertiste recordando tu asquerosa vida? —preguntó el castaño—. Sabes, fue divertido ver tu pasado —su sonrisa fue irónica y despreciable.

—¿Quieres que te lo agradezca, que te bese la mano para pedir perdón? No te…

Una risa cruel salió de los labios del demonio.

—Sí que eres idiota, viejo. Desde ahora lo verás cada vez que vuelvas a morir en las garras de Cerberos, y despertarás viendo cómo las cabezas se pelean tu cuerpo, tus entrañas y como al final de todo, lo último que verás son mis ojos.

Se puso de pie y acarició la cabeza del enorme perro, le sonrió y antes de marcharse le dio la orden final y eterna.

—Puedes divertirte con él todo lo que quieras, solo no lo dejes completo cada vez que se regenere —con ello el canino comenzó a luchar a ver cuál de las tres cabezas se quedaba con la mejor parte.

Mientras se alejaba escuchaba los gritos de dolor y desesperación, deleitándose con ellos.

—Annie, ¿encontraste lo que te pedí? —se dirigió a una rubia que había aparecido.

—Sí, mi señor, aunque fue difícil, ya que es un sitio santo y aunque no lo crea, la Legión de Arcángeles visita el Vaticano —extendió un mapa del sitio entero y equis cerca del medio establecía el sitio donde Eren podría ubicarse sin ser visto—. Es un árbol de manzanas que está cerca también de un pequeño estanque, desde ahí podrá ir y venir fácilmente.

—El fruto prohibido, qué interesante. Gracias, Annie, comienza a mover a los demonios hacia Roma, acabaremos con todos ahí. Así si el "elegido" del cielo aparece, lo traeremos al infierno.

Esta colocó su mano en forma de puño sobre su corazón y la otra en la espalda, un saludo para el demonio más fuerte.

Al llegar a su habitación, Eren encontró a Alichino como lo había pedido. Este se encontraba de pie cerca del estanque que se había conectado con el de la tierra.

—Revísame el ojo.

—Mi señor, está en perfectas condiciones, no tiene falla alguna. Solo que debe dormir más, esas líneas negras son por cansancio.

—No hablo de mi ojo izquierdo, es del derecho. He estado sintiendo unas punzadas extrañas —desabrochó su parche y lo dejó sobre la cama. Lentamente se abrió esa esmeralda que ocultaba con tanto ahínco.

Alichino señaló la cama para que el más alto se sentara. El demonio sin vacilar lo hizo y el otro empezó con su inspección.

Le pedía que mirara a diferentes lugares y con sus ojos vampíricos trataba de encontrar cualquier daño que le estuviera afectando.

—Eres muy hermoso, ¿por qué estás en el infierno? —Eren preguntó repentinamente.

—Vine por voluntad propia.

Eren se sorprendió al escuchar esto. Un ser que podía hacer lo que quisiera y conceder lo que la gente deseara, había elegido ese lugar.

—Una mujer antes de morir me pidió un deseo y debo cumplirlo como sea.

Eren permaneció un momento en silencio pensando en esas palabras.

—Dime, ¿hay algo malo en mi ojo? —cambió el tema de manera drástica, porque al oír esas palabras algo en su ojo derecho y en su pecho le molestó.

—Mi señor, no veo nada extraño, pero antes necesito que cierre su ojo izquierdo y me diga qué puede ver con este.

Eren obedeció y cuando cerró por completo su otro ojo, de inmediato lo vio. Sus cabellos azabaches, su fina piel, pero sus mejillas aún tenían ese extraño rubor. "La fiebre no le ha bajado", pensó con angustia. Vio cómo una mujer de gafas entraba con un bol lleno de agua con hielo y colocaba en su frente una compresa.

—Eren, ¿ves algo?

—Sí, pero no…

—Dime, te juro por mi raza que es orgullosa que no diré nada.

—Es el mismo hombre con el que sueño, el hombre que al verlo siento que me puede llevar a un mundo diferente. Me pierdo en sus ojos y en su piel, el hombre que quiero para mí… Ahora está con fiebre y sus compañeros lo atienden… Espera, un arcángel acaba de llegar y está ahí con él.

—¿Por qué sabes que es un arcángel? ¿Y qué arcángel es?

—Todos se inclinaron cuando hizo presencia en la habitación y su luz es más intensa que la de un ángel ordinario. La mujer lo llama Miguel —Alichino se mordió el labio con fuerza, el arcángel de la sanación—. Alichino, ese hombre es al que tengo que destruir.

Fue ahí que una lágrima escapó de sus ojos.


Se escuchaban los pasos en toda la habitación y cómo Hanji gritaba para que trajeran más agua con hielo. Levi llevaba tres días con fiebre, donde lo estabilizaban para que dijera solo que más demonios estaban entrando a Roma.

No importaba lo que hicieran, la fiebre regresaba y sumía a Levi en una agonía sin precedentes.

—Arcángeles del cielo, escuchad mis plegarias, Levi enferma rápidamente. Si sigue así, su cuerpo no resistirá, necesitamos que…

—Pixis, cálmate —una hermosa voz hizo presencia en la iglesia principal—. Mi pequeño niño es fuerte, así que no te aflijas. El Arcángel Miguel atiende las necesidades de mi bebé, solo hay que evitar que el veneno siga ingresando en su cuerpo.

—María madre de gracia, ¿a qué veneno se refiere? —vio como ella sonreía ante su pregunta.

—El veneno del mundo, mi querido Pixis. Él vivió en mi regazo por muchos años, es más puro de lo que imaginas y tantos demonios en un mismo sitio hacen que absorba más rápidamente esa suciedad, pero se pondrá bien.

Pixis se levantó completamente y observó a la Madre de la Tierra, quien demostraba la confianza de todo el reino de Dios. Se inclinó mostrando sus respetos y ella desapareció.

—Si con ese vocabulario él es puro, eso quiere decir que yo soy santo —rio tan fuerte que se sorprendió de su estúpido comentario.


El crepúsculo llegó más rápido de lo que Hanji quería y su enano amigo todavía no reaccionaba, aunque la fiebre ya no hacía presencia desde que el Arcángel poso sus manos sobre él. Le preocupaba, pues sabía que el cuerpo estaba agotado.

—Señorita Hanji, se ha informado de la presencia masiva de demonios en la frontera. Pixis nos pide ir con urgencia, junto con los sacerdotes oscuros —informó Armin desde la entrada de la habitación de Levi.

—¿Los sacerdotes oscuros? —sus ojos se abrieron más de la cuenta—. Esas son malas noticias, vamos.

Hanji se apresuró a salir con Armin. Los sacerdotes oscuros se habían especializados en exorcismos de alto nivel, usaban túnicas que los cubrían por completo y solo se les veían en casos extremos. Hanji los había visto dos veces desde que llegó, y en esos momentos solo había sentido angustia y una necesidad indescriptible de huir de ellos.

Sasha se encontraba al lado de Pixis, con los sacerdotes rodeándolos. Sus miradas se encontraron y una ansiedad empezó a recorrerla. "De verdad ellos no me agradan", era lo único que podía pensar.

—Hanji estará a cargo de todos ustedes, obedézcanla y no quiero bajas —ordenó Pixis para después retirarse.

La nombrada se sintió observada, pero solo veía a dos de todos ellos viéndola.

—Debemos evitar que entren a la ciudad. Los sacerdotes que usan radiestesia buscarán por donde hay más demonios, y dependiendo de la cantidad, haremos grupos y nos dirigiremos ahí.

Los sacerdotes con ese don sacaron sus elementos de radiestesia y sus péndulos empezaron a dirigir los puntos clave. Se dividieron en siete grupos para dirigirse al lugar.

Los cascos de los caballos se escuchaban como una estampida, los ciudadanos abrían paso y Hanji solo podía pedir que nadie muriera.


En las calles no se veía a una sola persona. Desde los comienzos de las extrañas muertes y guerras, se había creado una ley silenciosa de llegar temprano a las casas. Los padres temían por sus hijos, los ancianos no querían morir por cuestiones lejanas a sus enfermedades y lógicamente las noches se habían vuelto más tenebrosas.

Pero esa noche era especial, el cambio de luna hacia que la oscuridad fuera más penetrante. Una noche sin luna era una noche de muertes.

Una joya esmeralda empezó a destellar en el árbol de manzanas. Poco a poco el destello fue aumentando.

Levi salió de su habitación en busca de agua, pues la fiebre había hecho que su deshidratación fuera mayor. Se sentía débil y, claro está, con hambre.

Lentamente llegó a la cocina, se preparó un reconfortante té negro y se comió todo el pan que estaba sobre la pequeña mesa.

—Esto sabe a gloria —murmuró mientras terminaba de masticar la última pieza de pan.

Tomo su taza de té, se deleitó con ella como si llevara siglos sin probarla. Al terminarla, en un termo preparó un poco más, sabía que la sed no pasaría rápido, y mientras el agua hervía, recordó al demonio de ojos hermosos.

Recordaba su risa, sus labios, el tacto contra su piel afiebrada y sobre todo ese brillo que irradiaba en sus ojos.

No sabía qué era lo que sentía, en sus quince años había visto y vivido tantas cosas, pero jamás un sentimiento así, y como no sabía cómo definirlo, solo se le ocurrió pensar que quería monopolizarlo.

El regreso a su habitación fue más agradable. Ya no se sentía inservible, pero su cuerpo seguía siendo una mierda, lleno de sensaciones gracias a la estúpida fiebre y ese mocoso de mierda que lo tenía algo distraído.

—Levi, ¿cómo sigues? —preguntó el anciano de improvisto.

—¡Pixis! No pensé que siguieras despierto. Lamento si te desperté, y por tu pregunta estoy mejor, gracias.

—Me alegro. Casi no logramos bajarte la fiebre, Hanji estaba angustiada por tu condición. Ahora solo descansa y mejórate.

—¿Dónde está la cuatro ojos de mierd… digo Hanji? —Pixis seguía sorprendido con el vocabulario de Levi, pero no era de extrañarse, siempre se expresaba de ese modo.

—En batalla, Levi. Se informó la llegada de una cantidad considerable de demonios, está junto a los sacerdotes oscuros, Armin y Sasha.

—Debo ir, si algo les pasa, no me lo perdonaré —intentó salir corriendo, pero el anciano lo sujetó fuertemente.

—Debes quedarte, en tu condición serás solo una carga.

Sin más que decir, Pixis soltó el brazo y se marchó. Sabía a la perfección que él entendería, y así fue.

El joven entró en su habitación, se sentó a los pies de la cama y su cabeza se posó sobre el colchón. Sus ojos miraban intensamente el techo.

—Si algo les pasa, juro que te culparé, Arcángel Uriel. Son mi familia… solo cuídalos.

Y sus ojos se cerraron.

El demonio revisó que nadie estuviera alrededor, avanzando con pasos silenciosos. Su gabán negro se arrastraba en el suelo logrando así camuflar sus alas, y sin pensarlo dos veces cerró la puerta. Tomó al pelinegro en sus brazos y lo acomodó en la cama.

Se sentó al lado de este y sus dedos empezaron a detallar cada parte de aquel rostro que le hacía sentir una explosión en su estómago.

No lograba entender qué significaba ese joven para él. Había estado con muchas mujeres y hombres y en su interior solo había sentido una satisfacción por corromperlos, pero él, él le hacía sentir la necesidad de cuidarlo, de evitar que cualquier cosa mala le ocurriera.

Sabía que no debía pensar de esa manera, su misión era asesinarlo y llevar su alma ante la presencia de Luzbel. Sabía que esa alma era más deseada que cualquier asesino que existiera y fue sacado de sus pensamientos cuando esa voz que lo llevaba a un mundo paralelo lo llamó.

—¿Eren? ¿Qué mierda haces aquí? Que tengas la puta misión de matarme no quiere decir que seas un completo imbécil y entres a mi habitación.

El demonio abrió su ojo más de la cuenta, de verdad no se cansaba de escucharlo y lógicamente de verlo. Observó cómo este estiraba sus brazos tranquilamente y arrancaba el parche de su otro ojo.

—Odio esta mierda, te hace ver más idiota de lo que ya eres.

—¿Idiota dices? Muchas mujeres pensaban que se veía sensual —ironizó con una sonrisa en sus labios.

—Me importa una puta madre lo que las mujeres digan. Si yo digo que te ves idiota, es porque es así.

Eren no lo podía creer. El hombre que debía asesinar estaba entablando una conversación con él y en realidad no tenía problema con ello. Simplemente le gustaba.

—Tus expresiones son muy fuertes, pero eres muy enano para tu edad.

Al escuchar esto, el pelinegro se lanzó contra el castaño, tomó su brazo y le hizo la llave más fuerte que había hecho jamás. El rostro del demonio quedó contra el suelo.

—Vuélveme a llamar enano y te juro por Dios o por quien tú quieras que te arrancaré la cabeza y la pondré como trofeo con una linda placa que diga: "asesiné a la mano derecha de Luzbel".

—De acuerdo, ahora suéltame.

Soltó bruscamente a su oponente y vio cómo este se frotaba el brazo y la muñeca.

Le sorprendía la fuerza que él podía tener, ya entendía por qué el infierno se estaba estremeciendo por conseguir su alma. Era un ser interesante y el primero en desafiarlo desde hacía mucho.

—Mocoso, no voy a dejar que me mates tan fácilmente. Puede que ya hayas matado a muchas personas con las que he compartido, pero voy a acabar con toda esta mierda que tu señor ha causado.

—Yo no he matado a ningún sacerdote, monje o religiosa, pero puede que mis subordinados sí. Y no te preocupes, buscaré la manera de ver tu cuerpo cubierto de sangre y muriendo en mis brazos.

Ambos se sostenían la mirada, como si de esa manera fueran a acabar con todo ese caos que sus respectivos señores habían causado.

El castaño se fue acercando al azabache y tomó su rostro en sus manos. El olor que percibía provenía de este y lo embriagaba hasta tal punto que olvidaba lo que estaba intentado hacer.

Pero todo autocontrol se perdió cuando lo escuchó suspirar y dio rienda suelta a sus impulsos más fuertes. Lo besó como nunca antes lo había hecho, apretaba el cuerpo contrario tan fuertemente que podía sentir el calor corporal a través de sus ropas.

Acariciaba sus cabellos, la espalda, ese joven lo enloquecía, lo hacía desear un Edén solo para ellos dos.

Pero se sorprendió cuando sintió las manos del otro abrazarlo fuertemente y sujetar sus cabellos con el simple deseo de apresarlo, y fue el azabache, quien sin reparos mordió el labio inferior del demonio, haciendo que este abriera la boca. Ambos insertaron la lengua en las cavidades contrarias, saboreándose, detallando todo, como si fuera el último beso que se darían.

El demonio fue acostando al joven y colocándose sobre él, el gabán cayó al suelo y su buzo cuello tortuga hizo aparición.

Levi no podía apartar su mirada de aquel que se había lanzado sobre él, pero lo más curioso es que lo necesitaba y lo estaba disfrutando tanto o más que ese mocoso de mierda.

—¿Dime qué demonios me haces? —preguntó Eren entre jadeos.

—No lo sé, tú eres el demonio, respóndete.

Eren solo pudo esbozar una sonrisa, que a los ojos de Levi fue la más tierna que había visto.

—Se supone que yo hago pecar a las personas como tú, pero, pero tú… Sabes, mejor descansa, buscaré la manera de acabarte, antes de que él lo haga.

Cambió de tema drásticamente, besó con suavidad los labios de Levi y se marchó.

Levi, al ver cerrada la puerta, apagó la luz y sus ojos por inercia se cerraron, guardando todo lo que había ocurrido como el mejor encuentro a escondidas.


Del mismo modo en que acababan con los demonios, estos regresaban. El agotamiento se estaba haciendo presente en el equipo de Levi, como en los sacerdotes oscuros.

Hanji tenía un papel doble: matar a todo demonio que se acercaba y curar a los heridos. El cansancio se notaba en su rostro y lógicamente en sus manos, estas ya sangraban por el esfuerzo que llevaba haciendo desde hacía dos días y sin mencionar que el hambre estaba empezando a sentirse.

—¡Hanji! ¡Cuidado, detrás de ti! —escuchó el grito de Sasha, y vio todo en cámara lenta, las garras de ese demonio ya estaban sobre ella.

"No lo voy a lograr", fue lo último que pensó y cerró sus ojos fuertemente, así evitaría ver cómo desgarraban su cuerpo.

Pero solo sintió como gotas de algo caían en su rostro.

—Esta mierda se te salió de las manos, cuatro ojos estúpida.

No podía creer lo que oía, era Levi. Levi había salvado su vida.

—¡Enano, gracias! ¿Ya estás mejor? ¿Tu fiebre ya desapareció?

Las cejas de Levi se unieron más al momento de escuchar eso, su expresión era más seria de lo normal.

—¿Eres imbécil o te haces? ¡Cómo me preguntas esas babosadas, cuando la que casi muere es otra! Te mataría de una patada en esa estúpida cara que tienes, pero te necesito con vida, así que hazte a un lado que ahora me encargo yo.

Vio cómo su amigo se acercaba a un grupo de demonios y empezaba a rebanarlos como si de pan se tratara, se le veía más emocionado que nunca y con un brillo que jamás había tenido en los ojos. Unos segundos después apareció una quimera.

Esos ojos solo buscaban algo en especial. Observó al grupo que trataba de recuperar energías, pero simplemente los pasó por alto. Sin embargo, al ver a Levi su semblante cambió al de una fiera que acababa de encontrar a su presa. Su posición cambió a la de un gato a punto de atacar, las garras arañaban el asfalto con tanta fuerza que salían pequeñas chispas por la fricción y se lanzó con toda la velocidad que su cuerpo le permitía.

Levi tenía destreza con cualquier arma y las katana no eran una excepción, así que sin dudarlo se giró al ver a los demonios dar paso a algo que se aproximaba, pero no fue tan rápido como esperaba y la quimera alcanzó a rasgar su vientre, despedazando su hábito.

—Tch, maldición —tocó rápidamente su vientre para saber si era grave y por suerte solo era un rasguño que al parecer sangraba más de la cuenta.

Sus ojos buscaron incansablemente dentro de todos esos seres a la bestia que lo había atacado. Sin tardar demasiado la ubicó y sin miedo se lanzó a todos esos seres, abriéndose paso hasta que llegó a él y de un salto y un giro logró rebanarle la cabeza a la quimera.

Los demonios estaban sorprendidos y empezaron a retroceder, viendo cómo el joven se erguía y caminaba en su dirección.

Y como si de una historia de terror se tratara, el suelo se abrió y todos esos seres asquerosos desaparecieron. Al no quedar ninguno a la vista, la tierra regresó a la normalidad.

—Malditos cobardes de mierda —sentenció y se dirigió hacia sus compañeros.

Pero se llevó una gran sorpresa cuando vio a Sasha metida en la maleta de los suministros y comiéndose todo aquello a su alcance.

—Menos mal trajiste más de la cuenta, Levi, o sino la pequeña nos hubiera dejado sin nada —comentó Hanji con una sonrisa cansada en su rostro.

—Pienso en todo, cuatro ojos, sé que esta idiota come demasiado. Cambiando de tema, los carruajes llegarán en un momento, ustedes se irán en ellos.

—¿Y tú qué harás?

—Iré en mi caballo detrás de ustedes obviamente, no pienso hacer todo este recorrido a pie.

Hanji asintió y sin permiso empezó a revisar la herida de Levi. Limpió toda la sangre que cubría el lugar y luego empezó a aplicar crema cicatrizante.

—Levi, dejará marcas…

—No te preocupes, después de todo nadie ve debajo de estos hábitos. Y aunque queden marcas, solo me importa cerrar todas las puertas infernales que se están abriendo.

Hanji sabía que su amigo hablaba enserio, y aunque sus votos fueron diferentes a los de una monja, era necesario que usara un hábito como su vestimenta diaria.

—¿Sabes por qué debes usarlo?

—No, pero creo que es para ocultar mi existencia.

Hanji iba a preguntar de nuevo, pero su amigo se alejó con rapidez haciéndole señas hacia los carruajes que llegaron. Todos subieron en ellos en completo silencio.

Levi montó su caballo y sintió unas punzadas de dolor en su estómago, haciendo que lo sujetara con fuerza.

"A este paso, mocoso de mierda, me vas a matar más rápido de lo que imaginaba", susurró al viento.

En la lejanía un demonio que se alimentaba de manzanas sonrió.

"Y así serás mío por completo", pensó mientras sus ojos se cerraban, sin imaginarse por qué el azabache había dicho tales cosas.


Pasaron aproximadamente dos horas desde que los recogieron. El escuadrón de Levi estaba profundamente dormido cuando las puertas se abrieron informando la llegada.

Sasha corrió a la cocina, pues el olor del almuerzo estaba inundando sus fosas nasales y el hambre la estaba matando.

Armin por su parte se fue directo a su habitación, se dio un baño y se recostó en su cama. Morfeo no tardó en llegar y el rubio no se resistió.

Hanji, como buena doctora que era, se dirigió a la enfermería para saber quién necesitaba de su ayuda y también para saber si habían bajas.

Los pies de Levi lo llevaron al sitio donde le gustaba descansar y pensar tranquilamente, pero todo deseo de relajarse fue mandado a la mierda cuando al entrar al jardín se encontró con Pixis esperándolo.

—¿Qué fue lo que te pasó? —inquirió el mayor con preocupación.

—Una asquerosa quimera me atacó y no pude esquivarla porque no sabía que estaba ahí.

—Ve a cambiarte, no quiero que andes así.

—No voy a usar el hábito, me duelen las heridas, viejo.

—De acuerdo, haz lo que quieras, pero solo hasta que sanen.

Su mirada era más afilada de lo que Pixis recordaba.

Y era entendible, su estómago le dolía horrores y el anciano lo regañaba por estar mal vestido. Se giró y entró a su habitación para cambiarse, poco después salió con un libro en las manos. Ahora sí nadie le quitaría su tiempo.

Se sentó en medio de los rosales y comenzó su tranquilizante lectura. Llevaba puesto una sudadera color azul oscuro y una blusa blanca, lo suficientemente ancha para que no apretara sus heridas, pero aun así las vendas con algo de sangre se alcanzaban a notar.


Su sueño se vio interrumpido cuando el aroma a rosas se hizo más fuerte, abrió sus ojos lentamente y vio al pequeño azabache leyendo, usando con una vestimenta poco "apropiada" a la que siempre había visto.

Pero su expresión de superioridad cambió cuando vio las vendas en el estómago. Su corazón, que rara vez le hacía dudar de lo que debía hacer, ahora le gritaba que había sido su culpa, que él era el causante de ese estado.

Quería lanzarse al joven y ver cómo estaba, pero eso sería delatarse ante otros y era lo último que debía hacer.

—¡Enano! —escuchó gritar a una mujer y dirigió su mirada a la dirección de dónde provenía la voz—. Buenas noticias, esta vez nadie murió. Todos están en su límite, pero llegamos todos.

—¿Y por eso tienes que venir a molestarme cuando solo quiero dejar de pensar en toda esta mierda?

—Levi, con ese libro creo que no vas a poder olvidarlo —soltó una pequeña carcajada—. Solo estás torturándote, sabiendo que en el libro sí pueden ser felices y tú puede que n…

Levi no la dejó terminar al lanzarle el libro a la cara y romper uno de sus lentes.

—Mira, cuatro ojos de mierda, mi felicidad propia me importa un carajo. No la he necesitado para cumplir con mi misión y si debo morir solo, pues que así sea. Ahora si no quieres que te mate de verdad, déjame descansar.

—Levi, ¿sabes? Sé que encontrarás a alguien que te amará y serás feliz. Tus votos no te impiden tener una relación, solo compromiso y ayuda con tus dones, pero cuando lo encuentres, no lo dejes ir, porque te arrepentirás.

Después de dicho esto, la castaña se puso de pie y se marchó.

El pelinegro se puso en posición fetal y con sus brazos sujetó su vientre. Eventualmente entró en uno de sus múltiples trances.

"Duele, esto duele más que la vida diaria, no quiero ver más sufrimiento", decía en voz alta y el demonio solo podía ver cómo el joven era atendido por una enfermera y era llevado de nuevo a su habitación.

Cuando él movía los labios, todos en el lugar se movían y ejecutaban órdenes que se cumplían al instante.

—De verdad, Levi, que eres especial. Quisiera saber qué es lo que ves en tus sueños —y su ojo esmeralda brilló con más intensidad.


*En Japón el cuarto de baño se divide en dos: el sitio donde está la ducha, es decir, ahí te enjabonas y te quitas cualquier producto corporal, y el ofuro es una tina donde entras después y te relajas, que casi siempre está llena.

N/A: Lamento la demora de verdad, he estado un poco ocupada con un trabajo y también ayudando con traducciones. Espero no demorarme tanto con el próximo capítulo.

Bueno, también pienso hacer el fic un poco más largo (no creo que sean muchos capítulos) y a partir del siguiente capítulo, vamos a poner celoso a Eren, y lógicamente a nuestro querido Levi xP Y para esto aparecerá un ángel caído que solo busca conquistar a nuestro demonio.

Y ya para acabar, el siguiente capítulo, ya habrán pasado por lo menos cinco años, así cuando comiencen los coqueteos no sea tan shota XD.

Mil y mil gracias a todos los que leen el fic, me alegra que sea de su agrado y espero mejorar en la narración.