Disclaimer: Junjou Romantica pertenece a Shungiku Nakamura, yo solo tomo sus personajes y el escenario en que su obra se realiza para crear esta historia sin ningún fin lucrativo, únicamente realizar un homenaje a su obra y a las parejas que aquí se presentan.


Marii Maro: Oh no, a Shinoda lo odio demasiado para ponerlo en un fic (xD) ¡Y pobre de tu manita! Si ella no es culpable de nada, pero bueno. Espero te guste la continuación, que aunque me tarde, siempre la subiré.

BubbleGumer: ¡Rodar es lo mejor! Me alegro que te gustara el capítulo, y a mí no me parece pervertido, solo te gusta más que otras personas lo hard, mira que a mi también me ha pasado. En este capítulo hay más Nowaki/Misaki, así que espero que te guste mucho.

shofy Lawliet: Lo sé, me tardo mucho en actualizar (T-T) pero ya está aquí, que es lo importante. Sí, creo que todas sospechábamos que se iban a violar a Misaki, pero Nowaki siendo tan lindo, se encargara de consolarlo, ya verás (ewe)

Karu-suna: Me alegra que te gustara. Si, Hiroki y Usagi son malos (3) pero ya tendrán su castigo, ya está aquí la continuación, así que espero que te guste.

Muchísimas gracias por sus comentario, subo esto a velocidad luz porque voy tarde a mi practica de baile, pero tenía que subirlo ya porque más tarde ya no tendré tiempo. Me alegra que a todas (Y todos si hay algún hombre por ahí) el giro que esta tomando la historia, sí, me hacen feliz. Y ahora termino los borradores más rápido porque los escribo en notitas del celular (xD) pero bueno… nos vemos en otro capítulo ¡Saludos y suerte!


Nowaki se mordió con fuerza el labio inferior, provocando que un hilo de sangre callera por su barbilla y cuello hasta perderse en su camisa. Apretaba los ojos tratando de ignorar lo sonidos y acciones que sucedían a pocos metros de él.

Había pasado una semana, dos semanas que se había convertido en una verdadera tortura. Lo dormía, lo ataba y lo obligaba a presenciar "El espectáculo" que no era más que la violación de Misaki. Los golpes y las heridas en su propio cuerpo habían pasado a segundo plano, Misaki era lo principal en ese momento, y no podía hacer nada por él.

Unas lágrimas de frustración se formaron en sus ojos y no pudo reprimirlas. Era un inútil, un inútil que ni a si mismo podía proteger.

— Siempre tan lindo, Nowaki-kun —Abrió sus ojos y una ira le recorrió el cuerpo provocando que tratara de levantarse de la silla en la que estaba atado—, tranquilo, Misaki-chan está bien, no lo ate. Deberías haber visto lo bien que se porta —La sonrisa que formo le dio un escalofrió, y no fue porque fuera terrorífica, todo lo contrario, por lo tranquila y dulce que era. Noto que saco un pañuelo del bolsillo de su saco y lo pego con violencia a su rostro, sin perder su sonrisa—, duerme un poco, Nowaki-kun.


A pesar de que era temprano, había una intensa movilización en el departamento de investigación de la policía de Tokio. Un hombre avanzo con paso decidido entre todas las personas, rápidamente un joven trato de alcanzarlo, llamando su atención.

— Señor, ya reconocieron los cadáveres —Dijo de forma rápida.

— ¿Y bien?

— Son ellos, es tal cual dijo, es el Informante —Los pasos del hombre se detuvieron de golpe, miro su reflejo en una de las ventanas y observo atentamente su cabello corto y castaño.

— ¿Qué más hay? —Continuo caminando hasta llegar a una oficina, en donde se sentó tras un escritorio, ahí, el joven coloco dos carpetas frente a él y las abrió. Ahí aparecieron las fotos de dos jóvenes. Uno castaño y el otro pelinegro. Anexados, sus expedientes, el primero un universitario, el segundo un médico—, llevan desaparecidos un mes, tres semanas. Es exactamente el mismo patrón. Infidelidad, descubrimiento, desaparición, llegadas de mensajes a las… parejas… —Murmuro al muchacho.

— Tomare el caso de inmediato. No avises a las parejas, solo serán un estorbo —Cerró ambas carpetas y las guardo en un cajón del escritorio—: ¿Algo más?

— No señor, con permiso.


Nowaki despertó con un fuerte dolor de cabeza, tal parecía que su mente quería despertar, pero su cuerpo aún se hallaba bajo los efectos del cloroformo. Veía borroso y batallo enormemente para poder sentarse, soportando el punzante dolor de cabeza y el mareo giro la cabeza de un lado a otro, buscando a Misaki. Un escalofrió recorrió su espina dorsal al no encontrarlo, puso los pies en el piso pero cayó al suelo estrepitosamente al levantarse.

Apoyo su mano derecha en el suelo y tomo impulso para levantarse, sosteniéndose de la cama para mantener el equilibrio. Camino a paso lento hasta el baño y abrió la puerta lentamente.

La imagen que se encontró ahí dentro le hizo despabilarse por completo.

Misaki se hallaba engarruñado sobre sí mismo en un rincón del baño, justo al lado de la bañera y rodeado de cristales rotos, miro el espejo destrozado a un lado. Vestía únicamente una camisa verde, que sin duda no era de su talla por lo holgada que le quedaba, pero lo que más le asusto a Nowaki fue ver las alargadas manchas de sangre que escurrían por sus rodillas y que manchaba la parte superior de la camisa.

— Misaki! —Corrió hasta él y se agacho, levantándole el rostro y encontrándose con marcas de mordidas en su barbilla y en su cuello, además de la que tenía en el labio inferior. Le limpio con cuidado las lágrimas y busco sus manos, las cuales tenia pegadas al pecho, las tomo con cuidado y se dio cuenta de que las tenía frías, las aparto con cuidado, quitándole el gran trozo de cristal que apretaba en su mano, y miro asustado los cortes que tenía en las muñecas—, Dios mío Misaki ¿Qué hiciste? —No supo exactamente como, pero logro arrancarse un trozo de tela de la playera que traía y abrió las llaves del agua de la bañera para mojarlo con agua caliente y poder así limpiar las heridas. Cortó dos trozos largos y vendo las heridas, por la cantidad de sangre se dio cuenta de que Misaki apenas se había cortado—, ven aquí —Lo levanto en brazos y lo llevo fuera de la habitación, recostándolo en el sofá más grande de la sala, tenían semanas de no dormir en la cama, y con obvias razones, el castaño había desarrollado una horrible fobia a esa cama desde aquel primer día en el que había sido violado.

Misaki solamente se aferró a lo que quedaba de su camisa, sollozando en silencio y con la mirada perdida en ningún punto.

Nowaki se arrodillo a un lado de él, cepillándole el cabello con los dedos, porque sabía que esa era una buena manera de tranquilizar a las personas. Misaki se mantuvo con los ojos cerrados por unos minutos, cuando los abrió Nowaki no pudo evitar preguntar—: ¿Por qué hiciste eso? —Los ojos de Misaki brillaron por las lágrimas retenidas.

— Ya no puedo, ya no quiero —Dijo en un susurro.

— Es mi culpa.

— No lo es —Le interrumpió de inmediato—, no podías hacer nada... —Misaki tembló con fuerza, su respiración se agito de forma violenta, como si de un momento a otro fuera a desvanecerse—, no quiero que nadie vuelva a verme, no después de lo que me ha hecho.

— ¡No digas eso! —Le interrumpió Nowaki—, no debes ocultarte.

— ¿Crees que alguien va a quererme después de lo que me hicieron? Usagi-san dijo que me quería, que era solo suyo, pero ahora, ni él me quiere ni soy suyo, le gente es cruel, no poder ver jamás a mi hermano a la cara...

— Basta —Le dijo tranquilo, parando de golpe sus palabras—, tú eres hermoso, por dentro y por fuera —Misaki le miro tristemente, invitándole a aclarar sus palabras—: eres hermoso, no importa lo que te haya hecho... Tú no tienes la culpa de lo que te está pasando —Tomo sus manos y beso una de las heridas vendadas.

— ¿Tú me querrías? ¿Aun sabiendo lo que él me hizo? —Nowaki trago el nudo que se le hizo en la garganta y asintió—, sí, lo haría —Le aclaro, Misaki se levantó para quedar sentado y poder mirarlo a los ojos, los suyos aun opacos.

— ¿Lo dices enserio? —Nowaki volvió a asentir para después abrazarlo.

Misaki correspondió el gesto rodeándole la cintura débilmente y recargando su cabeza en su pecho, escuchando el latir de su corazón. Un par de lágrimas silenciosas se deslizaron por sus ojos y después alzo el rostro para mirarlo. Su respiración, aun agitada, pareció normalizarse lentamente y Nowaki supo lo que tenía que hacer al observar con más detenimiento los ojos obscurecidos por la tristeza. Le sujeto suavemente de la barbilla y le alzo un poco más el rostro, se pasó la lengua por los labios y los acerco lentamente hasta los del más pequeño, rosándolos suavemente.

Misaki cerró los ojos y rodeo con sus manos lastimadas el cuello del médico, quien solo pudo corresponderle gesto rodeando su cintura con su mano libre.

— Yo... —Susurro el castaño cuando se separaron.

— Esta bien —Lo recostó sobre el sillón, acomodándose suavemente sobre el—, si algo te molesta solo dímelo —El cuerpo de Misaki temblaba mientras se aferraba a los antebrazos del más alto. Nowaki le beso suavemente buscando tranquilizarlo, acariciando con la punta de los dedos por encima de las rodillas.

Misaki apretó las piernas, impidiéndole tener un contacto más íntimo. Nowaki comprendió la acción y recorrió con sus manos los costados de su cuerpo lentamente, pasando por sus piernas y presionando las costillas; Misaki pareció relajarse con el tierno toque, pero se mantuvo rígido, incapaz de responder de alguna manera las acciones.

— Está bien, no te hare daño, te lo prometo —Los ojos verdes le observaron detenidamente y soltó sus brazos para tomar con cuidado su rostro y juntar sus frentes en un gesto inocente. Nowaki sonrió ante la acción—, prometo sostenerte si me lo permites —Y Misaki le sonrió por primera vez en mucho tiempo.

— ¿Lo prometes?

— Te lo prometo.

Y volvió a juntar sus labios, en un gesto más íntimo, sellando una promesa. Misaki abrió sus piernas permitiendo que el otro cuerpo se le acercara más, Nowaki coloco sus manos en su cadera, apretando suavemente mientras Misaki le rodeaba el cuello, sintiendo como la lengua del más alto se introducía dentro de su boca.

Con total sinceridad podía decir que no tenía las mínima idea de porque estaba haciendo eso, pero tenía la fuerte necesidad de sentir el cariño de alguien, un cariño que no se sintiera como algo frio y sucio, que le hiciera sentir esas sensaciones a las que estaba acostumbrado.

No replico cuando Nowaki comenzó a subirle la camisa, dejando ver la parte inferior de su cuerpo desnudo, y se quedó en silencio cuando las manos tibias le separaron un poco más las piernas para poder acomodarse mejor entre ellas.

Nowaki apretó suavemente la tibia piel de los muslos de Misaki, sabía que él no era la persona que amaba, pero lo quería, de una extraña forma, una forma en la que sentía la necesidad de entregarle más que su protección, pero sin llegar a ser una mera necesidad morbosa.

Deslizo sus labios por su barbilla, besando las marcas que ahí se encontraban y descendió por su cuello, pasando la punta de la lengua por encima de los moretones y marcas de mordidas, Misaki se arqueo suavemente, soltando un largo suspiro de placer.

Poco a poco fue descendiendo, besando entre sus clavículas, una de sus manos se concentró en apretar uno de sus pezones, logrando arrancarle más suspiros y quejidos de placer. El castaño enterró sus dedos entre el cabello negro de Nowaki y tironeo suavemente de él, sin otra intención que hacerle saber que le gustaba lo que estaba haciendo.

Nowaki continúo con el recorrido, acariciando y besando las heridas en el cuerpo del más pequeño, haciéndole saber que no había nada malo con ellas para él. Tuvo que bajarse del sillón para poder pasar su lengua por la parte interna de los muslos blancos, Misaki se llevó una mano a la boca y se mordió el dedo índice y medio, ahogando los gemidos de placer.

— Espera —Dijo con la voz entrecortada y temblando—, espera —Pero Nowaki le ignoro, tomando con su mano el miembro ya despierto y comenzando a masajearlo lentamente, paso la lengua por la punta y Misaki soltó un grito de placer sintiendo como poco a poco Nowaki introducía su pene en su boca. Su cuerpo temblaba a sentir el lento bombeo que el medico realizaba con su boca, subiendo su mano hasta alcanzar uno de sus pezones y comenzar a estrujarlo.

— No... Ambas cosas —Se quejó arqueándose un poco más—, Nowaki.

Al escuchar su nombre el medico se levantó y se acomodó nuevamente entre las piernas del castaño, quien le miro con los ojos entrecerrados y las pupilas claramente dilatadas por el placer.

— ¿Está bien si yo...? —En un primer momento Misaki no comprendió la pregunta, pero se quedó sin aliento al sentir uno de los dedos de Nowaki acariciar superficialmente su entrada—: ¿Te duele?

— No... No mucho.

Se cara se puso completamente roja y no podía mirar a la cara al mayor, pero después de unos minutos, en el que solo se dignó a besarle el cuello y seguir acariciando entre sus nalgas, supo que el otro estaba esperando una respuesta a su primer pregunta.

— Nowaki... —El nombrado alzo la mirada si dejar de besar sus hombros—, tu... Tu puedes... —No termino de hablar cuando ya estaba siendo besado nuevamente.

— Lo hare despacio.

Le levanto las piernas y con sus dedos comenzó un maje superficial en su ano, aplicando presión hasta que uno de sus dedos se introdujera en la lastimada entrada. Misaki soltó un jadeo de dolor y apretó los ojos tratando de soportar. Quería eso, necesitaba eso.

Nowaki lo hacía despacio y con cuidado, tratando de no lastimarlo más así que pronto el dolor había pasado por completo dejando en su lugar una agradable sensación de placer, y fue así hasta que Nowaki introdujo un tercer dedo, estirando el estrecho canal.

— ¿Estas bien? ¿Quieres que pare? —Misaki negó de inmediato, rodeándole el cuello con las manos.

— Hazlo ya, por favor —Era la primera vez que realizaba semejantes acciones.

Nowaki se acomodó mejor sobre el sillón y acomodo las blancas y suaves piernas a cada lado de su cadera, pasándolas sobre sus piernas y abriéndose el pantalón para poder rosar con la punta de su erección la tibia entrada.

Lentamente y con cuidado comenzó a penetrarle, sintiendo el calor que despedía el pequeño cuerpo; Misaki se mantenía con los ojos cerrados, el dolor no había desaparecido por completo y Nowaki no parecía tener intención de detenerse hasta que se hallara totalmente dentro de él. Y así fue, cuando sintió su cadera chocando con su pelvis detuvo todo movimiento, lo que le permitió aferrarse a su espalda.

— ¿Te duele? —Le susurro cerca del oído, sosteniéndolo con una mano de la cadera, mientras que con la otra le acariciaba el cabello.

— Estoy bien —Enterró su cara en su cuello.

— Empezare a... —Salió suavemente y arremetió con una envestida—, moverme.

Comenzó con un lento vaivén con el que consiguió que ambos empezaran a soltar jadeos de placer.

Misaki apretó sus manos contra la espalda de Nowaki y soltó un fuerte gemido cuando este comenzó a penetrarle con más fuerza, haciéndole olvidar todo el dolor que había estado sintiendo.

— ¡Nowaki! —Grito y hecho la cabeza hacia atrás, alzando ligeramente la cadera para rosar su erección contra el abdomen del otro.

La habitación estaba aluzada muy ligeramente por una luz naranja claro. Una enorme pantalla mostraba la imagen de Misaki y Nowaki sobre el sillón, el sonido que salía de las bocinas hacia un pequeño eco a pesar de que la habitación estaba decorada por lujosas cosas.

Sobre un enorme sillón de color amarillo se hallaba el informante, mantenía su cabeza recargada contra su mano, la cual a su vez estaba apoyada en un respaldo del sillón.

Una misteriosa sonrisa decoraba su rostro, sin apartar su mirada azul en ningún momento de la enorme pantalla. Se sentó correctamente y estiro su brazo hasta una mesa alta de madera y tomar una copa que tenía vino hasta la mitad. La alzo frente a él.

— Salud, por aquellos que han sido traicionados —Y sin perder su sonrisa bebió un trago.

Misaki araño con suavidad la espalda del médico tratando de calmar sus gemidos, las envestidas eran un poco más rápidas, pero sin llegar a ser violentas. Nowaki le sostenía de la cadera para impedir que moviera demasiado fuerte su cadera y que se llegara a lastimar más de lo que ya estaba.

— n-Nowaki —Arqueo su espalda, gimiendo el único nombre que se le venía a la cabeza en esos momentos, la única persona buena que podía recordar en su mundo. Todo había desaparecido, incluso había olvidado ya que se encontraba en el sillón de aquella sala en donde los mantenían encerrados—, Nowaki —Volvió a soltar, pero esta vez anunciando que su culminación iba a ser pronta.

— Un poco más —Pidió entre jadeos. A esas alturas sabía que Misaki no iba a permitir que se alejara de él, y lo demostraba con sus manos bien aferradas a su espalda. Sintió un escalofrió recorrerle la espalda baja y apretó con un poco más de fuerza la cadera del joven que se encontraba debajo de él. Cerró sus ojos y enterró su cara en el cuello del más pequeño, soltando una especie de gruñido—, Lo... lo hare dentro —Le advirtió, Misaki asintió con un movimiento rápido apretando sus muslos alrededor del cuerpo del otro.

La mano de Nowaki sujeto con firmeza el miembro del castaño y comenzó a masturbarlo rápidamente, ante la estimulación Misaki se sacudió con fuerza y se vino en su mano, soltando un largo gemido. Nowaki se acercó a su rostro y le beso lentamente, ahogando un gemido entre sus bocas y terminando dentro de él.

Los movimientos se detuvieron lentamente dejándoles recuperar el aliento, Misaki mantenía un suave agarre en los hombros de Nowaki, sin aplicar fuerza, solo dejando sus manos ahí. El medico había pasado sus brazos bajo la espalda del menor, apretándolo contra su cuerpo suavemente.

El castaño soltó un suspiro cansado y cerro sus ojos, soltando un jadeo cuando el mayor salió lentamente de él.

— ¿Todo bien? —Le dijo con una sonrisa cansada.

— Si —Le respondió con un hilo de voz.

— Duerme — Lo arropo con sus brazos—, todo estará bien.

No supo si le había escuchado, le acaricio el cabello y apoyo su barbilla en su hombro, jalo su camisa para volverlo a cubrir y que no pasara frio. Soltó un suspiro intranquilo, ahora que la adrenalina había bajado comenzaba a preguntarse si lo que había hecho estaba bien; miro atentamente el rostro de Misaki.

Lo admitía, había cierto despecho en lo que había hecho, tratar de olvidar a Hiroki en otros brazos, y de cierta forma había funcionado, pues desde hacía casi un mes que no pensaba en su ex pareja. Hasta ese momento. No había sido solo sexo, de eso estaba seguro, se habían entregado mutuamente en ese acto carnal, de una forma poco común, sin pensar tal vez, pero se habían entregado. Acaricio con la punta de los dedos la piel de los brazos de Misaki hasta llegar a los retazos de tela que cubrían las heridas de sus muñecas. No era justo que alguien tan joven tuviera que vivir esas cosas.

Comenzó a sentir los parpados pesados después de un rato, se levantó con cuidado y fue a la habitación por un cobertor para poder cubrirse. De regreso en la sala cubrió el gran sillón y con ellos el cuerpo del castaño, lentamente se volvió a acomodar, rodeando la cintura del menor y cerro sus ojos.


Usagi apretó con fuerza las sabanas de la cama de Misaki, ya había pasado demasiado tiempo desaparecido y no había pistas, la policía seguía buscando pero no hacía mucho, pero sin duda podían hacer más que él. Había interrogado a la mayoría de sus amigos, pero nadie sospechaba que el tímido y amable Takahashi Misaki pudiera siquiera pensar en irse sin darle aviso a alguien.

Hiroki se hallaba en una situación similar, todos en el hospital llamaban al departamento para pedir noticias del pediatra, el solo podía decirle que seguía desaparecido. El sempai de Nowaki, cuyo nombre no podía recordar, llamaba todos los días, únicamente para preguntar, pues de alguna forma se había enterado de lo ocurrido, el profesor Miyagi trataba de darle ánimo, al final, no había criticado las acciones que había realizado, pero le había advertido que no debía permitir que su vida personal se mezclara con su trabajo.


Misaki comenzó a despertar después de caer en conciencia del agradable calor que le rodeaba. Murmuro algo inentendible y abrió sus ojos, encontrándose con el rostro de Nowaki, quien le miraba tranquilamente.

— Bueno días —Dijo con una ligera sonrisa y las mejillas rosas.

— Buenos días —El mayor se levantó y se estiro, sintiendo como tronaban los huesos de su espalda—: ¿Quieres comer? —Dijo mientras apuntaba a la charola con dos platos rebosantes de comida que se hallaban a un lado de la puerta, destacando dos tazas con algo y un par de vendas.

— Él sabe que yo...

— Si... -Nowaki se levantó para tomarlas. Misaki se sonrojo más al caer en cuenta de que se hallaba sin camisa y el a su vez vistiendo únicamente la enorme camisa—: ¿Quieres que te las ponga?

— ¿Es necesario?

— Lo es —Rompió la envoltura que cubría las vendas y quito los improvisados vendajes de las muñecas de Misaki. Reviso que la herida estuviera en buenas condiciones y comenzó a vendar con cuidado—, listo.

— Gracias.

Estuvieron un largo tiempo en silencio, en el que Nowaki solo reviso a Misaki. Si bien su mirada se veía más animada seguía mostrando esa opacidad que provocaba la tristeza, siendo remarcada por las ojeras bajo sus ojos y las marcas de mordidas alrededor de sus labios. Quiso preguntar qué era lo que estaba pensando, pero algo le impido hacerlo, y ese algo era el tema de haber compartido tal intimidad hacia unas horas atrás.

— Nowaki —La vos suave le hizo salir de sus propios pensamientos—, tu... ¿Lo que dijiste ayer es cierto? ¿Es verdad que no hay nada mal conmigo? —Nowaki le miro sorprendido, comenzando a entender la magnitud del daño que realmente había sufrido el castaño. La mirada triste, su clara depresión, la necesidad de sentir cariño y el intento de suicidio...

— Es verdad —Le sonrió—, no hay nada mal contigo, no importa lo que te halla pasado —Se le acerco más y lo rodeo con uno de sus brazos.

— Él me dijo que nadie en este mundo me quiere de verdad —Sus manos temblaron nerviosamente, Nowaki tomo una de ellas con su mano libre—, que es solo cuestión de tiempo para que me traicionen y me hieran.

— ¿Yo también?

— No ha dicho nada de ti...

— Nunca creas lo que él te dice. Nada de lo que él dice es verdad, no lo olvides en ningún momento —Misaki le miro como si de una deidad se tratara.

— ¿Tu estarás conmigo? ¿Tú no me dejaras ni me herirás como lo hizo Usagi-san? —Nowaki tomo aire.

— Te lo prometo. Pronto Misaki, solo espera un poco más y te juro que encontrare la forma de salir de aquí. Te lo juro.

Misaki le sonrió y le rodeo el cuello con sus brazos, más delgados de lo normal y le susurro con voz rota—: está bien, eres la única persona en la que creo ahora —Nowaki correspondió el repentino abrazo que le había dado y cerró los ojos. Tenía que ayudarlo.