¡Perdóooooooon! No tengo excusa. Pero lo intentaré: SE ME FUE LA INSPIRACIÓN.
Como seguramente (o no) habréis notado en el capítulo anterior, ¡ya he leído los libros de Ever After High! (Aplausos imaginarios). Gracias, gracias, bueno, ya no os entretengo.
¡A leer!
Perfecta
- ¡La han encontrado! ¡La han encontrado!
- Cálmate, Blondie. ¿Qué pasa? ¿A quién han encontrado?
- ¡A ella! Briar, ¡han encontrado a Raven Queen!
La noticia llegó a finales del curso pasado, cuando su compañera de cuento Briar y ella estudiaban para los exámenes finales. Blondie entró como el torbellino que arrastró la casa de Dorothy y dijo las palabras que durante años había soñado escuchar.
- ¡La han encontrado! ¡Está viva!
Le costó maleficios concentrarse para los finales felices, pero no podía ser de otra forma. Tenía que ser perfecto.
- Alteza, ¿está usted segura de esto?
- Sí, director Grimm. Y me temo que no aceptaré un no por respuesta: mi madre ya lo ha autorizado.
- Está bien, como deseéis. Lo tendré todo listo para cuando empiece el nuevo curso.
Lo sería, no podía ser de otra forma. Todo debía salir a las mil maravillas. Aunque su madre no hubiese dicho eso. En realidad no había dicho ni una palabra al respecto. Permaneció seria, con la mirada perdida en la inmensidad de los surcos del exuberante jardín, mientras su hija comentaba entusiasmada que al fin su cuento se haría realidad.
- ¿No es maravilloso, mamá, papá? - repetía una y otra vez. Pero las únicas respuestas que recibía de ambos eran cabeceos que daban a entender que se hallaban muy lejos, ajenos a la dicha de la princesa.
No importa, pensó, ahora las cosas están en su lugar predestinado y nada puede salir mal. Todo será perfecto.
O eso creía.
El día de "vuelta al cuento" siempre la había entusiasmado, pero este año todo parecía más radiante, más alegre. Sus sirvientes y sus súbditos la despidieron con vítores y halagos cuando su carruaje abandonó el castillo familiar en dirección a Ever After High. Allí, los mismos no tardaron en subir y deshacer todas sus maletas para que ella tuviera la oportunidad de cumplir con su labor de presidenta del Consejo de Alumnos Reales.
Saludó a todos sus amigos del año pasado: Briar Beauty, su ex-compi de cuento; Blondie Lockes, la reportera del insti y autoproclamada real; Ashlynn Ella, amante de la naturaleza y empleada de la Zapatilla de Cristal; y muchos más a los que les dio la bienvenida antes de volver con sus amigas. Se la pasaron alabando sus modelitos reales, hablando sobre sus fantastifiestas de verano reales, sus asignaturas reales...
- ¡Encantado de volver a verte, querida Apple! - la sorprendió una voz grave y masculina a su espalda. Se giró en el acto, con una perfecta sonrisa dispuesta para su príncipe azul.
- ¡Daring, estoy tan feliz como perdiz de verte! - le tendió la mano automáticamente para ejecutar el saludo nº 12 del manual de "gestos reales y elegantes" de clase de Princesología. Él le correspondió con un nº 5 del manual de "el perfecto caballero" de su clase de Galanteo Avanzado, que consistía en inclinarse, tomar su mano y besarla suavemente en el dorso. Pero con la diferencia de que su izquierda permaneció cubriéndole la boca - Em, ¿por qué cubres su maginífica sonrisa? - preguntó tratando de no ser descortés.
- Para volver al cuento con buen pie me blanqueé los dientes ayer, pero me temo que se me subió un poco a la corona – entonces apartó la mano y, volviendo el rostro hacia la derecha, sonrió.
Un destello de luz radiante como el sol salió despedido, no sin antes resaltar sus regios rasgos, en dirección a dos desafortunadas (o afortunadísimas) chicas a las que impactó de lleno, cegándolas y provocando que cayeran al suelo. Al parecer la ya encantadora sonrisa de Daring Charming, hijo del Príncipe Encantador, había adquirido una nueva cualidad.
- ¡Vaya! - exclamó Blondie - ¡Es hadalucinante, Daring! ¿Me dejarías entrevistarte para mi blog? Necesito una portada hechizante para el primer día de clase. O quizá podría ser una foto de Apple y tú en mitad de una... ¡cita! - chilló, esperanzada.
- Oh, Blondie – contestó Apple -. Daring y yo no somos nada oficial todavía. ¡Tenemos por siempre jamás para estar juntos!
En realidad, Apple esperaba que nadie se centrara en esa parte su cuento aún.
Cuando Daring y ella se conocieron, hacía seis años, había esperado caer presa del amor verdadero a primera vista. Craso error. Era de esperarse, no obstante, ya que solo eran niños en aquel entonces. Contuvo la desazón pensando que con el tiempo se daría, como en las novelas románticas que solía leer de pequeña. Pero no, todo permaneció igual, incluso peor. Sus esperanzas de llegar a ver a Daring como algo más que un amigo se esfumaban a medida que pasaban las estaciones. Lo único que le quedaba era confiar en su destino.
Cuando Daring estiró la mano para tomar la de la princesa, al momento la desvió hacia atrás justo a tiempo para coger al vuelo un libro titulado "Dragones: los esbirros del mal".
- Apple, te acuerdas de mi hermano pequeño Dexter, ¿verdad?
Sí que le recordaba, incluso ahora, oculto tras la pila de libros y papeles que cargaba. Le conoció el mismo día que a su hermano, pero no le prestó demasiada atención. De hecho, seguía sin hacerlo. Dexter era un buen chico, pero no le llegaba ni a la altura de la corona a su hermano.
- ¿Cuántas veces tendré que repetirlo? No eres mayor que yo. ¡Tenemos exactamente la misma edad! - replicó él, aún tras sus apuntes.
Pero Daring no le oyó. Se había distraído deslumbrando a otro grupo de jóvenes que pasaba por ahí. Al otro lado del pasillo, el director Grimm presenció aquello.
- ¡Señor Charming! Cubra su boca de inmediato. ¡Se lo advierto!
- Sí, señor - y se apresuró a obedecer. Tras ellos unas cuantas muchachas suspiraron resignadas.
- Es una pena espinosa que no vayamos a ser compis de cuarto este año - dijo Briar Beauty, hija de la Bella Durmiente -. Pero sé que no faltaras a la fantastifiesta de vuelta al cuento que haré este sábado. ¡Va a ser hadalucinante! - y con un gesto de orgullo, añadió: - ¿Sabes? He conseguido que DJ N-Kanto pinche en la fantastifiesta de las Heladas.
- ¡Wow, Briar, qué regio! – la elogió Ashlynn Ella, hija de Cenicienta.
Apple rió grácilmente.
- ¡Pues claro que iré a tu fantastifiesta, Briar! Pero recuerda que primero debo ocuparme de mi cuento. ¡Oh! ¿Crees que podrías invitarla a ella también? - la miró con ojos suplicantes.
- ¿Quién es ella, Apple? - preguntó Blondie Lockes, hija de Ricitos de Oro, enfocándola con su espejo-pad. No era una princesa, pero a Apple y a sus amigas les caía tan bien que casi pasaba por una de ellas sin problemas.
Briar, lejos de mostrar el entusiasmo de las demás, bufó.
- Pfff, se refiere a Raven Queen.
Como por arte de maleficio, el hall del instituto se sumió en un silencio tan profundo como la muerte. El aire se volvió gélido de repente, y un escalofrío recorrió la espalda de todo aquel que se encontraba cerca de las princesas.
Apple asintió con aprobación. Esa era exactamente la reacción apropiada ante la mención de su nombre.
- Eso es, Raven Queen. Mi "Reina Malvada". Que, por cierto, será mi compañera de cuento este año - a pesar del asombro de sus amigos, continuó -. Como va a ser la primera vez que ponga un zapatito de cristal en Ever After High, el director Grimm le asignará un tutor, y esa pienso ser yo. Es mi deber como futura Blancanieves velar por el final feliz de mi cuento.
- Lo que tu digas, amiga - Briar rodó los ojos ante la convicción de Apple, pero pronto volvió a concentrarse en su fantastifiesta -. Está bien, puede venir, pero que no envenene a mis invitados, ¿vale?
- ¡Te lo prometo! Y ahora, Briar, ¿te gustaría que empecemos con la organización de eventos reales? - y sonrió al ver la emoción contenida en los ojos de la próxima Bella Durmiente. Siempre se había preguntado el por qué de esa obsesión por las fiestas. Quizás fuera algo parecido a lo del pozo...
No. Nada de pozos. Solo amigas, y fantastifiesta y destino. Sí: amigas, fantastifiesta, destino.
Tras despedirse de Ashlynn, que quería saludar a sus amiguitos del bosque, pusieron rumbo a la sala que el Consejo de Alumnos Reales había transformado en su sede. Como presidenta del Consejo, se sentó en el trono central y esperó a que le trajeran el orden del día, que prometía ser enorme dado que se encontraban a principios de curso.
Aunque todos la llamaban Apple White, en realidad su nombre completo era Apple White Charming, siendo White su segundo nombre. Su apellido, obviamente, venía de su padre, el Rey Charming. Que, por cierto, era primo muy, muy lejano del padre de Daring y Dexter, el cual había tomado las riendas del Reino del Este cuando el Príncipe Derek se casó con Blancanieves.
He aquí la cuestión: Blancanieves era la única hija del Rey Bueno y la heredera al trono de Ever After, que aún estando dividido en reinos, tenía un rey común. Cuando se casó con Derek, él se convirtió en rey y el puesto de monarca del Este quedó vacío hasta que Dimitri, su primo, asumió el mando.
Lo único que Apple parecía haber heredado de su padre era el pelo. No la textura ni la forma, sino el color. A diferencia de su madre y contrario a lo que el cuento exigía, era rubio, del dorado del sol y las estrellas.
¿La verdad? A ella le gustaba. Lo prefería, incluso. Entonces, ¿por qué la gente susurraba a sus espaldas?
"No está bien."
"Debería ser negro como el ébano."
"Es un error."
En el pasado aquello la había apenado. Y mentiría si dijera que ya no le afectaban esos comentarios. Ella sabía que estaba mal, que no cumplía con los requisitos. Por eso se había propuesto demostrar que se equivocaban. Ella podía... No. Sería la perfecta Blancanieves. Estaba segura. Sacaría las mejores notas, sería amable con todos y se vería siempre preciosa y a la moda.
Perfecta.
Pero para alcanzar su objetivo y compensar su "anomalía" tenía que tocar todos los puntos de su cuento. Y eso la incluía a ella.
Raven Queen.
Tras el episodio del pozo, quiso poner a punto todos los aspectos de su vida y perfeccionarlos de tal forma que no cupiera duda de que su destino se cumpliría. Recordó el ataque de ansiedad que le entró al saber que la parte fundamental del cuento había desaparecido sin dejar rastro.
- ¿Cómo que no tengo Reina Malvada? - chilló una Apple de siete años de edad en la sala del trono.
- Lo lamento, princesa – respondió el hombre de confianza del rey -, pero la anterior Reina la ocultó y desconocemos su paradero.
Por poco le dio un soponcio peor que si hubiera mordido una manzana envenenada. Tenía que ser perfecto, se repitió como un mantra. Perfecto, perfecto, ¡PERFECTO!
Y estayó.
- ¡¿Y a qué están esperando?! ¡Encuéntrenla! ¡Buscad, buscad!
Con el tiempo se dio cuenta de que era inútil desesperarse, así que intentó centrarse en otras cosas, como sus clases de Princesología, de Damisela-en-Apuros y, su favorita, Dirección de Reinos. Pero siempre terminaba volviendo al cuento.
¿Cómo sería? ¿Qué ropa usaría? ¿Qué clase de optativas escogería? ¿Tendría mascota? Seguro que sí, quizás un pequeño dragoncito escupefuego. ¿Y su vida social? ¿Tendría amigos? No, claro que no, era malvada. Seguro que pasaba horas planeando cómo hacerles la vida imposible a sus compañeros.
Compañeros... ¿A qué clase de instituto habrá ido hasta ahora?
Cuando la encontraron, pidió que le dieran el expediente de la joven, un resumen de su vida. No paró hasta leerlo de arriba a abajo, y lo que encontró la sorprendió:
Raven Queen había sido criada y educada por plebeyos. Había tenido la infancia de un plebeyo, con amigos plebeyos y en un colegio de plebeyos. Sacaba buenas notas, era una alumna ejemplar. Y aunque nunca había formado parte de ningún Consejo de Alumnos Plebeyos, sí que se le atribuían cosas como instaurar un servicio de comedor apto para vegetarianos, encabezar colectas para eventos escolares y más.
No había fotos recientes, eso sí. Todas las que tenía mostraban a una Raven Queen de corta estatura, con vestidos de colores vivos y coletas bien peinadas.
Nada malvado. Pero, ¿no se había vuelto malvada su madre al haber sido destronada por la superior belleza de Blancanieves? No debía preocuparse, a pesar de ese malestar que sentía en el pecho y que auguraba problemas.
Frente a ella, Humphrey Dumpty depositó un bosquejo de la sala de fantastifiestas para el Día de las Heladas y, de repente, saltó de su trono con una idea hadalucinante.
- ¡Lo tengo! Briar, ¿vendrías conmigo a Book End después de clase? Te necesito, es una urgencia de moda.
- ¡Ajá! Déjamelo a mi – contestó su amiga por siempre jamás, apartando la vista de su espejófono -. Sea lo que sea, ¡lo transformaré en algo FA-BU-LO-SO!
Al acabar la reunión se pusieron en marcha. Entraron en la tienda de decoración más glamurosa del pueblo y Briar contempló con los ojos como ruecas cómo Apple encargaba muebles, juegos de sábanas y espejos, muchos espejos, todo en tonos negro y morado oscuro.
A continuación se dirigieron a la tienda de ropa y a la de zapatos, en la que Ashlynn Ella las atendió, también extrañada por los pedidos de su amiga. Esta vez fueron vestidos siniestros, tacones de vértigo y coronas de pinchos. ¡Pinchos, pinchos, pinchos!
Briar no recordaba haber visto tanto negro junto desde que asistió a la fantastifiesta de cumpleaños de... En fin, nunca jamás de los jamases se había sentido como en la boca del lobo hasta ahora. Pero era Briar Beauty, hija de la Bella Durmiente/Reina de las fantastifiestas, así que nuevamente rodó los ojos, soltó una risita y tecleó en su espejófono:
"Esto va para largo, hablamos luego. XXX".
Y tenía razón. Les llevó nada más y nada menos que dos días redecorar la mitad de la habitación que pertenecería al Mal más Maligno de la historia de Ever After (aunque aún no lo fuera). Los espejos cubrían toda la extensión de la pared, pintada de negro gato de mal agüero. Las sábanas de la cama, con diseño de plumas, iban del negro azabache al morado murciélago.
- Muy... malvado – afirmó entre impresionada y condescendiente. A veces Apple tenía cada ocurrencia...
- ¡Ya verás cómo le maravilla! - exclamó satisfecha – Será genial: planificaremos nuestro cuento juntas, me hará pequeñas crueldades que soportaré porque soy encantadora, y... ¡Ui! - frunció el ceño – Eso está torcido.
Justo en ese momento se oyeron voces tras la puerta.
- Pero como ahora ya lo sé, no creo que pueda volver a hacerlo. ¡Venga! ¡Entremos ya!
¿Madeline Hatter? ¿Qué hacía ella aquí?
- Oh oh... ¿No será que...? - ¿acaso era posible? ¿Era ella? ¿Estaba a punto de entrar? ¿AHORA? - Briar, ¡es ella!
- ¡Wow, vale! Em... - miró en todas direcciones hasta que clavó la vista en un punto concreto de la pared - ¡Me tiraré por la ventana! Nunca lo he hecho – y sin pensárselo dos veces, cogió carrerilla y se tiró al vacío -. ¡Épico-extremo!
- ¡Briar! - Apple gritó y se asomó para ver con alivio cómo Daring, que casualmente estaba allí, la había atrapado al vuelo.
La morena lo miró incrédula.
- ¿Cómo sabías que me iba a tirar?
Él solo sonrió y se jactó de su hazaña.
- No lo sabía. Soy un Príncipe Encantador, rescatar damiselas en apuros es lo que mejor hago.
Apple no tuvo tiempo de elogiar a su príncipe porque el picaporte ya comenzaba a girar. Recordó algo y rápida como una liebre llegó hasta la corona de rubíes y la ajustó apropiadamente sobre el busto en el que la había colocado.
Finalmente dos personas hicieron acto de presencia en el cuarto. A una ya la conocía, era Madeline Hatter, la hija del Sombrerero Loco (tan locuela como su padre). Y cuando miró a su lado, ahí estaba.
Cabello negro hasta la cintura, incluso más. Chaqueta de cuero y pantalones - ¡pantalones! - también negros con botas. Las uñas pintadas de (¡sorpresa!) negro y la piel pálida, tan pálida como la suya.
Era tal y como se la había imaginado. También las características heredadas de su madre: reflejos violeta en el pelo y ese mismo color en los ojos, que centelleaban a causa de la magia en su interior.
Pero entonces reparó en sus labios.
Horrorizada, repasó el conjunto de sus facciones. Piel pálida como la nieve, labios rojos como la sangre, y cabellos negros... ¡NEGROS!
Era exacta. Era hermosa. Era...
Perfecta.
Como ella jamás lo sería.
¿Qué tal? ¿Muy obvio?
En fin, tenía muchas cosas que decir, pero se me han olvidado todas. ¿Qué le vamos a hacer?, soy torpe como Humpty Dumpty en la cuerda floja. La próxima actualización será el día 17. Tened paciencia y seréis recompensados con... ¡TÉEEEEEEE-rroríficas aventuras de Raven y sus amigos! ... ¿Me ha quedado muy Cartoon Network? Sí.
Nos vemos. A ver si para la próxima me acuerdo de lo que iba a decir XD
