CONFÍA EN MI
Capítulo III
"Descubriendo a Jensen"
El despertador sonó a las seis y media como todos los días, como todos los días Jared se tiró de la cama al escucharlo porque si sacaba sólo la mano para apagarlo se quedaría acostado y no iría a trabajar. Así que, como se conocía, no apagó el despertador hasta que estuvo de pie en medio de la alfombra del dormitorio, y se hubo estirazado un par de veces.
Vio su imagen desnuda en el espejo y sonrió de oreja a oreja, "tío, con lo bueno que estás yo no se por qué no tienes pareja, si fuera yo, no te dejaría escapar" y al ver los ojos verdes que lo contemplaban desde la otra cama su sonrisa se convirtió en una mueca avergonzada "Esto, hola Jensen, Había olvidado que te quedabas conmigo unos días"
Se encerró en el baño y se duchó a toda prisa "Pero que cacho de burro que soy", salió y se vistió, Jensen estaba sentado en su cama observando curioso toda la operación. "¿no te levantas Jen?"
Se levantó y se quedó mirándolo como si esperara algo. "¿Necesitas algo?" preguntó Jared comenzando a ponerse nervioso, el chico negó con la cabeza y siguió mirándolo. "¿También miras así a Mike por las mañanas?" preguntó un poco tenso.
- No, el me besa – le explicó como si fuese algo importante.
- ¿Quieres que yo te bese? – preguntó irónicamente olvidando que con Jensen las ironías podían dar resultados inesperados
El más bajo se colocó frente a él y le ofreció sus labios con una naturalidad tal que no llegó a besarlo porque la alarma del despertador comenzó a dar el segundo aviso. "Esto… Jensen, no está bien que yo te bese, tú no debes besarme" le riñó. El muchacho lo miró con extrañeza sin comprender su rechazo, pero no dijo nada.
Se preparó el desayuno a toda velocidad y comenzó a devorar pues ya llegaba tarde. Se dio cuenta de que volvía a olvidarse de Jensen. "¿Serás capaz de prepararte algo de comer Jen?" preguntó. El rubio asintió y fue a la cocina. Lo escuchó revolver mientras se acababa las tostadas.
Se asomó a dejar el plato y la taza de café observando la cara de asco del chico al beberse de un trago un vaso con lo que parecía cacao. "¡Pero Jen! ¿Qué llevaba eso que te has bebido?" el otro con unas nauseas evidentes se encogió de hombros un poco asustado. Mierda, llegaría tarde, pero no iba a dejarlo solo sin que desayunara en condiciones y sin asegurarse de que no le iba a pasar nada en su ausencia.
- Eres un desastre universal tío – le dijo dándole unas palmaditas en la espalda
- Lo he hecho mal – reconoció - ¿vas a pegarme?
- ¡No hombre! – lo cogió por los hombros y le miró a los ojos - ¿Mike te pega cuando haces las cosas mal?
- No, dice que nadie debe pegarme
- Por supuesto que no voy a pegarte, ¡vaya ocurrencia! – pero Jared podía ver la desconfianza en los ojos del muchacho – te lo prometo Jensen, confía en mi
- ¡No! ¡déjame! ¡Mike! – el chico empezó a gritar, alejándose de él, histérico - ¡no! ¡no!
Quiso tranquilizarlo, pero Jensen cogió su trofeo de fútbol y parecía querer atacarle con él. "Su-el-ta e-so" un reflejo en la mirada del aterrorizado pecoso le avisó de su intento de golpearle así pudo esquivarlo y sujetarle los brazos quitándole la improvisada arma. No se esperaba que intentara morderle, ni que se debatiera con tanta desesperación. "¡Jensen! ¡Cálmate! ¡Joder! ¡No quiero hacerte daño!". Tuvo que darle una bofetada.
- No, no quiero – se debatió aún mientras le cogía ambas muñecas – no iré, no me llevarás con Él
Había dejado de gritar, pero su voz denotaba tanta desesperación que Jared le soltó. "¿Jensen?, Jen, no te voy a llevar con Él, no se quién es él. No te voy a llevar a ningún sitio. Sólo voy a cuidarte hasta que Mike se ponga bien ¿vale?"
Sólo había escuchado el "hasta que Mike se ponga bien". El terror que lo había invadido se volvió más denso, impidiéndole hablar, responder, defenderse. No debía defenderse o harían daño a Mike. No volvería a ver a Mike. Asintió, las enormes manos de Jared ya no le parecieron amables a pesar de la suavidad con la que lo sentaron en el atestado sofá.
La sonrisa enorme y radiante del policía ya no le parecía tan contagiosa. No volvería a ver a Mike. Las lágrimas que hacía años no querían salir, quemaban tras sus ojos. No volvería a ver a Mike. Ahora ya no estaba con Mike.
Jared era incapaz de entender qué pasaba por la cabeza del pecoso. Sentado en ese sillón, entre su ropa interior y el chándal de entrenamiento de la policía, ofrecía un aspecto tan desolado que hizo lo único que se le ocurrió, llamar a su compañero al hospital.
- Hall, tío, tu chico está mal de la cabeza
- Dime algo que no sepa Padalecki
- Por poco me abre la cabeza y ahora parece un reo esperando a que le pongan la inyección letal.
- ¿qué le has hecho? Jared, dime que no le has prometido nada, Jay dime que no…
- Estaba asustado Mike, creía que ¡iba a pegarle! – Jared bajó el tono automáticamente cuando vio aquellos ojos clavarse en los suyos llenos de pánico – sólo le dije que confiara en mi…
- Ahí está, lo siento Jay, debí advertirte sobre las palabras mágicas – oyó el suspiro angustiado y dolorido de su amigo al otro lado de la línea – no es el momento de explicaciones más largas Jared, sólo, no le prometas nada, se duro, no le digas que confíe en ti. Da órdenes sencillas y cuando te parezca que está más calmado tráelo a verme, ¿te parece bien?
- Joder Mike, cuando te den el alta vas a tener que explicarme muchas cosas
- Cuenta con ello amigo.
Colgó. Acarició la cara aterrada del pecoso y suspiró haciendo acopio de fuerzas. "Levántate" le hizo caso, lo tomó de la mano y lo llevó a la cocina. Le hizo un vaso de leche caliente con miel y una tostada de mantequilla se los puso delante. "Come", el rubio comenzó a comerse la tostada de pie "¡pero siéntate, hombre!", se le cayó la tostada de las manos por la impresión y salió corriendo a esconderse detrás del sofá.
Jared Tristán Padalecki resopló mientras se restregaba la cara y retiraba el cabello de su frente. "¿órdenes sencillas?, joder" dio la vuelta al sofá y encontró a Jensen en la misma posición que el día anterior, cuando fue a buscarlo a casa de Mike, encogido, ocultando su cabeza con las manos. Ahora empezaba a comprender que había algo más, algo terrible, lo suficientemente horrible como para convertir a alguien en esa criatura temblorosa que ni se atrevía a protestar.
CEM CEM CEM
El senador Wolf estaba tranquilo, calmado. El abogado de Kevin Sorbo se había puesto en contacto con él esa mañana. El sicario no lo sabía pero ese abogado también formaba parte de la plantilla de personal al servicio del senador de Nevada.
Sorbo pretendía chantajearle para que le evitara la acusación y el juicio por haber herido a un agente de la policía de antivicio y haber obstruido una investigación. Si no lo sacaba limpio de esa, "alguien" podría enterarse de que el intachable Scott Wolf tenía más que negocios sucios…
De momento el abogado lo había convencido para que esperara a que Wolf respondiera a su petición. Al estar ingresado en el hospital aún, el sicario creyó que podía darle a su jefe ese plazo.
- ¿Cómo se llama el agente herido? – preguntó a su secretario con toda la calma del mundo
- Michael C. Hall – respondió el joven pasante que había contratado por algo más que sus conocimientos académicos.
- Me suena ese nombre, dígale a Kosterman que lo espero en mi despacho, y cuando se vaya ve directo a mi dormitorio
- Por supuesto señor Wolf – el joven secretario fue incapaz de ocultar el temor que le inspiraba la última instrucción
- Eh, tranquilo Brad, cualquiera diría que no te apetece – dijo risueño el senador, consiguiendo que el chico temblara de terror. "Me estoy haciendo viejo" pensó "viejo y sentimental" acarició el rostro asustado de su secretario, tan hermoso como… - es una lástima que no tengas pecas, ¿Porqué no ha llegado Kosterman aún?
- No me ha dado tiempo a llamarlo señor – protestó su rubio empleado abriendo los azules ojos de par en par dándose cuenta de las consecuencias que podía tener su contestación – Le avisaré en seguida señor
- Bradley, cuando termine mi reunión avise a sus compañeros de la facultad de que ha tenido que salir urgentemente del Estado en comisión de servicio.
- Si señor, ¿Cuánto tiempo señor? – preguntó, la mano del senador perfiló su boca y su cara, haciéndole sentir ganas de huir de allí, pero no podía.
- Cinco días – al ver el miedo del joven rectificó – si eres bueno, puede que solo tres
Bradley James marcó el número del móvil del jefe de seguridad del senador tratando de dominar su miedo a lo que ocurriría en la habitación de Wolf. Unos minutos después el imponente sicario se reunía con su jefe a puerta cerrada.
CEM CEM CEM
Si el capitán Beaver hubiese estado frente a él le habría dado un beso, se conformó con decirle por teléfono "Gracias señor, no sabe cuanto se lo agradezco" cuando el jefe de su departamento le llamó personalmente para decirle que podía tomarse un par de días libres.
Era lo que necesitaba Jared. No podía dejar a Jensen solo en casa, no de esa manera. Se le ocurrió una idea, cogió unos folios y un par de bolígrafos. El rubio estaba sentado en la mesa de la cocina. No se había movido desde que le hizo el desayuno. Se sentó junto a él para que viera los monigotes.
"Este es el trabajo de Mike, él se sienta en esta mesa y yo en esta otra, este de aquí, el de la barba, es el capitán Beaver, es quien manda" La mano del amante de su compañero señaló uno de los monigotes a los que no había mencionado "¿Este? Es el sargento Welling, se cree muy guapo pero lo que tiene de guapo lo tiene de tonto" Notó como el chico se relajaba con sus monigotes feísimos y sus explicaciones sobre la oficina.
- ¿quieres probar? – le ofreció el Boli y el papel
- No
- Venga sólo un dibujo, algo que te guste, se lo podemos enseñar a Mike cuando vayamos a verle esta tarde – intentó convencerlo
- ¿Si no te gusta?
- Si no me gusta no pasa nada
Cogió el bolígrafo y comenzó a rayar el papel. Jared no dijo nada, adivinó que el rubio en su vida había hecho un dibujo, pero, poco a poco los rayones comenzaron a tomar formas, era una fachada, sólo eso, un trozo de fachada, con ladrillos vistos, ventanas, nada más.
- Está bien, dibujas bien ¿qué es? – preguntó
- Fuera
- ¿Cómo?
- Yo lo veía. Mamá decía mira fuera. Yo miraba fuera, así no… No quiero seguir dibujando – se levantó de la silla y se pegó a la pared
- No tienes que hacer nada que tú no quieras, lo sabes ¿verdad? – El castaño consciente de que su mayor altura podía intimidar a su invitado no se levantó de la silla – Jensen, soy tu amigo, ¿sabes lo que significa eso?
- Yo no trabajo contigo
- No, los que trabajan juntos son los compañeros de trabajo, si además se llevan bien, hablan, se cuidan – evitó adrede la palabra confiar – creen el uno en el otro, entonces son amigos. Significa que yo puedo contarte mis cosas y tu puedes contarme las tuyas, que yo cuido de ti y tu cuidas de mi
- Mike cuida de mi
- Pero el y tu no sois amigos, sois novios
- ¡Mike cuida de mí! – empezaba a alterarse, otra vez, Jared supo que no debía continuar por ahí.
Cogió los folios y fue a tirarlos, para lo que habían servido. "Puedo dibujar luego" propuso Jensen sin separarse de la pared mirando con consternación los monigotes con los que había intentado romper el hielo.
- ¿Te gustan? – le preguntó sorprendido – pero si son feísimos, si dibujo muy mal
- No son feos
- Si los quieres son tuyos, sólo tienes que cogerlos.
No se acercó, fue como si intentara que la pared lo absorbiera, cerró los ojos, la boca, fuertemente como si esperara algo desagradable y doloroso. El castaño se acercó al asustado muchacho, tomó una de sus manos y puso en ella los dibujos.
CEM CEM CEM
La gravilla del jardín se le clavaba en los pies. Era su castigo por tratar de huir, correr alrededor de la casa descalzo. Sería mejor no pensar en el dolor, pero la grava cortaba, sabía que su sangre comenzaba a manchar el sendero.
Una piedra más grande le hizo caer. Los zapatos del senador le golpearon las nalgas para que se levantara. Era difícil al no poder apoyarse en sus manos, atadas a su espalda. Cuando lograba arrodillarse una patada en la espalda le hacía caer de nuevo.
- Menos mal que estoy aquí para levantarte – el senador lo había cogido del pelo y tiraba de él poniéndolo de pie – Mira que zapatos más bonitos, si los quieres son tuyos, sólo tienes que cogerlos
Le mostró un par de náuticos, correr con ellos no sería tan difícil como hacerlo descalzo, pensó que si podía cogerlos estaría mejor. Aunque ya llevaba más de un año con el senador aún no había aprendido que no podía esperar nada bueno de él. Los tiró en medio del estanque. "Ve por ellos"
- No, no se nadar – explicó ingenuamente
- Pues ya es hora de que aprendas
Lo arrojó al agua helada sin desatarle las manos.
CEM CEM CEM
Cliff salió del despacho del Senador Wolf, tenía una misión. Eliminar el problema Sorbo. Los ojos azules de Bradley James se clavaron en él con odio. Pobre muchacho, también podía ser uno de sus chicos, pero aún no podía intervenir. Éste no estaba solo, si huía alguien de su familia pagaría por él.
- Yo no tengo elección – le dijo con rabia reprimida - ¿tú por que lo haces?
- Por el dinero chico - le acarició la cabeza como lo hacía con todos los jóvenes a quienes había sacado de allí - ¿por qué si no?
- Nunca aceptas mis juguetes Kosterman, pero ¿entras un rato? – Scott Wolf estaba en la puerta del despacho, como Cliff sabía que estaría, observando divertido las acusaciones de su "secretario"
- No senador, se lo agradezco, pero comprenderá que si lo hago puedo tomarle cariño, y eso no es conveniente.
- Sabias palabras Kosterman. ¿Avisó ya de su ausencia James?
- Si señor
- Pues ¿qué estás esperando?
El joven se levantó lentamente, y se acercó con miedo a su jefe. No volvió a dirigirse al jefe de seguridad. ¿Para qué? Bradley James creía que si Scott Wolf se lo ordenaba, Cliff Kosterman podría volarle la cabeza sin ningún problema.
No podía imaginarse el esfuerzo sobrehumano que hacía el enorme guardaespaldas para no irrumpir en esa habitación y vaciar su revólver en el rostro del senador, sacándole de allí. Y no lo hacía porque sabía que Nora James y su hija Katherine no estaban en Inglaterra como habían hecho creer al muchacho, no, la madre y la hermana de Bradley estaban en Las Vegas. Un seguro de Wolf por si su nuevo "juguete" decidía rebelarse.
Continuará...
