Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.
Beta:Isa
Me Enamoré
—Oh, jodido Dios —jadeé. Él seguía meciendo sus caderas contra las mías, llenándome para luego salir de mi cuerpo por completo. Era una tortura. Era felicidad. Era la combinación más espectacular de ambas—. Por favor. Por favor, por favor, por favor.
Necesitaba más. Solo un poco más, pero él continuó con esta deliciosa tortura hasta que yo estuve segura de que no podría aguantar más. Mi cabeza cayó por un costado de la cama que se estaba moviendo con la fuerza de sus embistes. Estiré la mano para aferrarme fuertemente a su hombro. Su polla me llenó de nuevo al mismo tiempo que su boca se cerraba sobre mi pezón, mordiendo ligeramente.
—Estás cerca, ¿no? —preguntó sobre mi pecho—. Puedo sentirte, hermosa.
La mano que no estaba agarrando mis caderas se metió entre mis piernas y puso su dedo sobre mi clítoris. Ambos sabíamos que en el momento en que pusiera sus encantadores dedos mágicos en mí, estaría perdida.
Y así fue.
Pero él no había terminado. Sus brazos se pasaron detrás de mis piernas, levantando mi trasero de la cama mientras me empujaba más arriba, entrando y saliendo de mí a una velocidad rápida que me tenía en el borde. Grité y grité, agradecida porque fuera medio día. Contaba con la esperanza de que mis vecinos no me escucharan, aunque que se jodan si lo hacían.
Deberían sentirse afortunados.
—Jesucristo —gruñó antes de venirse todavía dentro de mí.
Pasaron unos momentos antes de que su cuerpo dejara el mío y colapsara junto a mí, jadeando al igual que yo. Mi cabeza cayó a su lado, viendo su pecho subir y bajar. Dios mío, era guapo. Me levanté apoyándome en el codo, bajando mis dedos por su pecho y estómago, rascando el caminito de vello con suavidad.
—Estoy viejo, Bella —se rió entre dientes—. Voy a necesitar un minuto.
—Tienes treinta y dos —bufé—, y solo te estoy tocando.
Envolvió su brazo alrededor de mi hombro, jalándome hacia su pecho.
—Tocar es bueno. Yo podría tocarte todo el día, y aun así no sería suficiente.
Levanté la cabeza sonriendo para besarlo.
—Estaría perfectamente bien con eso, en caso de que te lo preguntes.
—En realidad ya lo había asumido. Pero supongo que debería ir a bañarme si queremos comer algo antes de que me tenga que ir a trabajar. No es que no haya disfrutado lo que acabo de comer —dijo con un guiño.
Rodé los ojos riéndome suavemente.
—Eres un sucio.
—¿Un sucio bueno o un sucio pervertido?
—Del bueno.
—¿Qué vas a hacer este fin de semana? —preguntó Edward.
Me encogí de hombros poniéndole un poco de sal a mi cena.
—No tengo planes, ¿por qué?
—Pues, ya que voy a trabajar en Acción de gracias y no podré pasarlo con mi familia, mis padres decidieron tomar el tren desde D.C el viernes y pasar el fin de semana conmigo. ¿Quieres conocerlos?
Mis ojos se agrandaron ante la absurda pregunta que me había hecho. Sus padres. Conocer. A. Sus. Padres. Habíamos estado pasando todo su tiempo libre juntos durante los últimos meses, pero no me di cuenta de que eso llegaría a pasar. Incluso aunque pensar en eso me convertía en la mujer deprimida de nuevo, sí pensaba en el hecho de que esto no duraría para siempre. Él nunca se refería a sí mismo como mi novio, y yo solo pensaba en él como un amigo con el que me gustaba follar —y por quien también tenía estos locos sentimientos—.
—¿Quieres que yo conozca a tus padres? —le pregunté estupefacta.
Sonrió asintiendo mientras tomaba la sal de mi mano.
—Ellos saben de ti, y dudo mucho que vayan a irse de Nueva York sin intentar conocerte, así que, ¿por qué no?
—¿Qué les dijiste de mí?
Ésa era una manera discreta de preguntarle qué era yo para él, ¿cierto?
—Les dije que conocí a una mujer hermosa, brillante y graciosa con la que disfruto pasando todo el tiempo posible. Les dije la verdad; que estaba saliendo con alguien.
Dijo saliendo. Aplasté la parte cínica de mí que bufó ante eso y sonreí. Porque quería estar saliendo con el guapo Edward Cullen. De hecho, no había nada que deseara más que dejar de preguntarme qué demonios éramos.
—Oh —dije suavemente con la ridícula sonrisa todavía en su lugar—. ¿Les contaste sobre… alguna otra mujer?
Era un movimiento suave.
Se rió.
—¿Estás preguntando si somos exclusivos?
—Creo que es una buena pregunta para hacer cuando estás saliendo con alguien.
—Pues sí, nos considero exclusivos. Y ahora que ya nos quitamos de en medio la pregunta medio incómoda, ¿qué opinas de mi otra pregunta? —Levantó su tenedor para comer un bocado de su cena.
—Tu mamá no es una de esas mamás locas que intentará matarme por robar la atención de su bebito, ¿verdad?
—No —se rió entre dientes—. De hecho ya le agradas y ésa es la razón por la que te pregunto, porque ya me amenazó si no lo hago.
—Creo que ya me agrada también tu mamá. —Sonreí tomando un bocado de mi cena.
—Entonces, ¿es un sí?
Asentí.
—¿Por qué demonios no?
En cuanto llegué a casa sufrí de mi ataque de histeria sobre el hecho de que iba a conocer a los padres de Edward, así que llamé a Alice. Después de que terminamos de comer caminé con él las pocas calles hasta el hospital. Ya sabes, mientras intentaba no pensar en el hecho de que iba a conocer a sus jodidos padres en unos días.
—Van a ver lo loca que estoy y le dirán que huya lo más rápido posible de mí —le dije, estirándome en la cama y mirando el techo. Los encantadores pantalones Jiucy ya estaban cubriendo mi trasero, pero no me daban el consuelo de siempre—. Dios, es así como termina, ¿no? La felicidad, el sexo alucinante, las grandes conversaciones… todo termina este fin de semana.
—Deja de ser tan dramática —me dijo—. Él ha visto tus peores momentos y no ha huido, estoy segura de que ahora no se irá a ningún lado. ¡Es algo bueno, Bella! Significa que le gustas tanto que quiere que las personas más importantes de su vida te conozcan.
—Pero yo apesto.
—¡Eres una de las autoras más vendidas! —gritó.
—Um… ¿ouch? Un poco ruidosa, enana.
—Jódete. Pero, regresando a lo que dije, ¡no apestas! De verdad, no es así. Si fuera así, yo no sería tu amiga porque, enfrentémoslo, soy una perra.
Asentí.
—Cierto.
—Solo… sé tú misma. Quiero decir, no estés deprimida, sé la persona que has sido últimamente. Ésa es una persona buena.
—¿La persona feliz que he sido desde que conocí a Edward?
—¡Aww, tú también lo ves!
Rodé los ojos. Sí, lo había visto y, para ser honestos, me asustaba a morir. Solo hace una semana y media antes conocí a una fan por él. Una fan a la que había visto dos veces desde entonces porque, bueno, la niña era genial. Ahora entendía totalmente por qué Edward era tan cercano a ella. Apenas podía creer que yo había hecho eso, pero fue una experiencia increíble. El haberme abierto a ella, el decirle por qué ciertos personajes eran de la forma que eran y por qué las cosas pasaban de esa manera… Se sentía tan raro, pero tan bien al mismo tiempo. Sentía que al fin me habían quitado un peso de encima que llevaba tiempo cargando al haberlo hablado con alguien y luego al escuchar que me entendían. Puede que ella tuviera quince, pero Ness era brillante.
No podía comprender las formas en las que había cambiado desde que conocí a Edward. Me encontraba actuando diferente y era por la felicidad que el hombre atractivo me daba. Pero la felicidad… no era para siempre.
Y ciertamente no era eterna para mí.
—¿Qué demonios me pasó, Alice?
La escuché reír y me ofendí un poco. Esto no era ni siquiera un poco divertido.
—No puedo decírtelo yo, Bella. Un día…, un día entenderás.
—¿Desde cuándo te hiciste tan esquiva?
—Nadie puede decirte lo que sientes.
Basura. Sí necesitaba que alguien me dijera lo que sentía porque no tenía ni idea.
—Elegiría completamente ser Iron Man —dijo Edward cuando íbamos caminando por la calle. Mi brazo estaba entrelazado con el suyo y nuestros cuerpos estaban lo más cerca posible. No había nada mejor que tocar al hombre atractivo con el que estaba saliendo—. Quiero decir, es rico, un genio, y, bueno, incluso yo tengo que admitir que es guapo.
Me reí ante el tema totalmente ridículo del que estábamos hablando. Él pasó todo el día en mi apartamento porque una vez que se fuera a trabajar esta noche, ya no lo vería hasta el viernes, ya sabes, cuando conocería a sus jodidos padres. Aceptó trabajar doble turno para cubrir a uno de sus colegas para que el hombre pudiera pasar las festividades con sus hijos. Y ya que no nos íbamos a ver para nada mañana, pasamos el día juntos, relajándonos y mirando las películas de Marvel que él había traído, terminando con Los Vengadores.
—¿No querrías ser Thor? —le pregunté.
Se encogió de hombros.
—Sabes, no estoy muy seguro de que me quede bien el cabello largo y la capa. Terminaría tropezándome con la capa y no sería capaz de ver a causa del cabello. Terminaría todo mal.
—Pues, yo siempre he tenido un enamoramiento con Robert Downy Jr…
Me miró con una sonrisa en los labios.
—Entonces supongo que eso sella el trato. Yo seré Iron Man y tú puedes ser Pepper Pots.
Asentí.
—Suena bien para mí, logro tener tu compañía. Ahora cómprame café.
Nos detuvimos para entrar a una cafetería que estaba a una calle del hospital. Ya que él todavía tenía una hora antes de que empezara su turno, nos sentamos en un sofá cerca de la ventana en cuanto tuvimos nuestros cafés.
—¿Segura de que estarás bien sin hacer nada mañana? —preguntó Edward mientras yo tomaba mi delicia sabor avellana.
La verdad intentaba no pensar en ello. Me repetí una y otra vez que solo era un día más, pero no lo era. Al menos mi primer Acción de gracias sin papá lo pasé con Alice, pero este año ella se fue a casa para las festividades, llevándose a Jasper con ella porque, sí, ya iban tan en serio de nuevo. Ella me invitó a ir, pero solo… no pude. No había estado de regreso desde que papá murió, y no estaba segura de poder.
—Estaré bien —dije, encontrando su mirada y forzando una sonrisa—, de verdad.
Su atractivo ceño se frunció, sabiendo completamente que le estaba mintiendo.
—Puedes venir al hospital, sabes. Podemos comer pavo asado de supermercado en mi oficina mientras yo trabajo en mis historiales.
—Suena… divertido —me reí suavemente.
Se encogió de hombros.
—Sería mejor si tú estuvieras ahí.
—Pues yo había planeado un día completo de películas, pero supongo que puedo hacerte un hueco.
Sonrió acercándome a él.
—Excelente, me alegra que puedas hacerme un hueco. Puedes ver espantosas películas después.
Cuando terminamos nuestro café lo acompañé el resto del camino hasta el hospital porque quería pasar a visitar a Ness. Sostuvo mi mano al entrar al hospital y hasta su oficina, dándome todo tipo de sanciones y esas cosas. Disfrutaba inmensamente al agarrar su mano.
—Te llamaré más tarde, ¿bien? —preguntó afuera de la puerta de su oficina.
Asentí.
—Bien. Probablemente no tardaré mucho con Ness, pero quiero verla.
—Sí, ayer no estaba muy bien, ella será mi primera parada en las rondas.
Mi ceño se frunció.
—¿Qué tiene?
Suspiró.
—Está muriendo, Bella. Esperemos que consiga un corazón a tiempo, pero… está llegando a la etapa en que no podemos hacer nada sin un corazón. Es horrible, pero es la realidad de la situación.
—No… me di cuenta.
Sus dedos pasaron por mi mejilla, me sonreía con simpatía.
—No voy a dejarla irse sin pelear, así que por favor no te preocupes mucho. Ayer estaba teniendo un mal día. Esperemos que hoy esté mejor.
—Eso espero. Le mandé por correo otro capítulo del libro, creí que si lo leía se pondría feliz.
—Estoy seguro de que eso la puso extremadamente feliz. Te veré después, ¿sí?
Me besó, acercando mi cuerpo al suyo por unos breves momentos. Nos separamos mucho antes de que yo estuviera lista, pero dudaba que alguna vez pudiera estarlo. Bueno, al menos no si no podía empujarlo dentro de su oficina y follarlo en su escritorio.
Eso entraba totalmente en mi lista de cosas por hacer antes de morir.
Ness no estaba mejor cuando la vi. Estaba medio dormida y solo me quedé por unos minutos, pero durante esos pocos minutos ella sonrió. En menos de dos semanas había empeorado mucho. Su mamá me dijo que tenía problemas para respirar por el líquido en sus pulmones, un efecto secundario del problema en su corazón, pero que ya había empeorado antes y Edward, junto con sus otros doctores, lo habían arreglado y estaban trabajando en hacerlo de nuevo.
No conocía mucho a Ness, pero ya me preocupaba por ella. Es solo que ella… causaba eso, creo. Yo no era para nada del tipo que rezaba, pero lo hice por ella. Merecía experimentar la vida, no solo leerla en un libro. Era demasiado joven para morir.
Cuando regresé a mi apartamento pasé la mayor parte de la noche escribiendo y editando. Me las había arreglado para escribir casi un borrador completo en dos meses, lo que para mí era una locura. Era asombroso lo que esta relación estaba haciendo con mi escritura.
Al igual que el fabuloso sexo.
Juro que no le mandé a Ness la parte pornográfica, aunque sí intento convencerme de hacerlo. Estaba segura de que sus padres confiaban en que no iba a corromper su inocencia. Estaba orgullosa de lo adulta que estaba actuando, negándole porno a una niña y esas cosas.
Pasé la mañana de Acción de gracias viendo el desfile por la televisión y hablando con Alice, escuchando todo lo que había pasado en nuestro pueblito. Sorprendentemente no había mucho que escuchar. Unas cuantas personas habían muerto, un par de niños habían nacido, y lo menos sorprendente de todo, Jessica Stanley y Mike Newton finalmente se habían casado. Supongo que después de joder todo lo que estaba en su camino durante la universidad y por todo Seattle, Jessica al fin había regresado a casa y vuelto con su amor de preparatoria como todos habían predicho.
—¿Estás segura de que estás bien? —preguntó Alice mientras yo sacaba los ingredientes para pastelitos caseros del gabinete.
—Lo prometo. Voy a hornear pastelitos.
—Oh Dios, debería tomar un vuelo a casa justo ahora.
—Ha ha. Sé hornear. No sé cocinar, pero sí puedo hornear.
—Uh-huh. Entonces, ¿he de suponer que vas a envenenar a Edward?
Rodé los ojos, no encontraba nada divertidas sus mierdas. Nunca me dejará olvidar la vez en que la envenené con comida. No fue para nada mi culpa.
—Me pidió que pasara Acción de gracias con él en el hospital. Vamos a comer pavo asado del supermercado. Estás celosa, lo sé.
—Estoy feliz por ti, no celosa —dijo—. Me alegra que te vaya a sacar de tu apartamento hoy.
Me subí al mostrador en cuanto puse a precalentar el horno.
—¿La verdad? Yo también. Estoy bien, lo juro, pero… en realidad no quería estar sola.
Ella suspiró en el teléfono y sabía muy bien lo que estaba a punto de decir, así que la interrumpí antes de que pudiera hacerlo.
—No, no quería ir contigo y no quería que te quedaras aquí. Hubiera estado bien sola, pero estoy feliz de que no tenga que ser así.
—Aún así me siento mal.
—No lo hagas. Ahora voy a hornear así que hablaré contigo después.
—Bien, te quiero.
—Yo también te quiero.
En cuanto preparé los ingredientes metí la cacerola al horno y me senté en el mostrador, añadiendo y quitando unas cuantas cosas por aquí y por allá en el documento en el que estaba trabajando. Alice estaba completamente mal acerca de mis terribles habilidades para cocinar, en realidad no era la peor cocinera del mundo. Ese título le pertenecía a papá. Es solo que a mí la cocina me odia, especialmente la estufa. La cabrona disfrutaba quemándome, lo cual volvió a hacer hoy cuando saqué los pastelitos del horno en cuanto sonó el temporizador.
Aparte de estar un poquito quemados, parecían ser comestibles, así que los metí a un contenedor y luego me bañé antes de dirigirme al hospital a medio día, como me había pedido Edward. A mí me parecía un poco temprano para nuestra comida de Acción de gracias, pero decidí seguirle la corriente.
Además, pasar tiempo con Edward se había convertido con mucha facilidad en una de mis actividades favoritas, así que aprovechaba cualquier oportunidad.
Edward estaba usando otra vez el uniforme y la jodidamente sensual bata cuando me recibió en el piso de los pacientes, en lugar de su oficina que estaba unos pisos más arriba. Sus brazos estuvieron alrededor de mí y sus labios contra los míos antes de que pudiera siquiera saludarlo.
Lo cual, quiero decir, estaba perfectamente bien para mí.
—Hola —dijo, sonriendo al alejarse—. Feliz Acción de gracias.
—Lo mismo para ti. Hice pastelitos. —Saqué el contenedor de mi bolso, abriendo la tapa para que pudiera olerlos. Claro que él sacó uno metiéndoselo a la boca.
—Es el postre, sabes.
—Está esponjoso —se rió entre dientes luego de tragar—, pero delicioso. Nuestro pavo y comida están en la sala de descanso junto a mi oficina, pero supuse que podríamos esperar un rato, ¿sí?
Alcé la ceja entrecerrando los ojos.
—¿Me tienes preparada otra emboscada?
Se encogió de hombros.
—Algo así, pero te prometo que en esta ocasión no se trata de fans que te adoran. Esperaba hacer algunos dibujos de manos de pavos con mis niños, así que puedes unirte.
Pues ciertamente eso no sonaba muy mal. La única paciente suya que había conocido era Ness, para ser honestos estaba un poco emocionada de que fuera a presentarme a más. Hablaba con tanto afecto de ellos, con tanto amor. Era otra cosa que me hacía apreciarlo aún más. Era tan claro como el día que estaba comprometido con ellos.
Y eso era casi tan sexy como la bata.
Luego de dejar mi bolso y abrigo en la estación de enfermeras, como dijo él que hiciera, nos dirigimos a la sala de estar. Su mano estaba fuertemente aferrada a la mía y la sonrisa en sus labios era evidente al entrar.
Al instante su presencia fue notada con varios niños diciendo:
—¡Doctor Cullen!
Su mano dejó la mía cuando una niñita de alrededor cinco años se paró de su silla en la mesa y caminó hasta él lo más rápidamente posible. Sus brazos estaban estirados y él la cargó, acomodándola en su cadera.
—No viniste esta mañana —le dijo ella mirándolo con desaprobación.
Él jadeó fingiendo estar ofendido.
—Sí vine. Estabas dormida, señorita. Estuviste dormida durante todos mis pellizcos y picotones.
Fue entonces cuando noté el vendaje que tenía en el pecho, asomándose sobre la parte de arriba de su bata rosa. La verdad ella no se veía tan enferma. Ella estaba sonriendo y hablando sin parar, completamente feliz por estar en sus brazos.
—Bella, ella es Cindy —dijo Edward sonriendo—. Ésta es mi amiga Bella.
Ella recostó la cabeza en el cuello de él, viéndome a través de su copete rubio.
—Hola —susurró.
—Oh, ahora ya eres tímida, ¿huh? —él se rió suavemente—. Dile lo maravillosa que eres, Cindy.
Ella sacudió la cabeza riéndose mientras escondía la cara en el cuello de él. Era adorable para ser honestos. Ni siquiera me ofendió que se negara a hablar conmigo.
—Supongo que yo lo haré entonces —dijo él—. Cindy estuvo en un accidente de carro hace unas semanas. Su corazón fue dañado por el impacto, me dio un susto muy grande. Pero ya estás mejorando, ¿no?
Ella asintió levantando la cabeza.
—¡La siguiente semana me iré a casa!
—¡Qué genial! —dije—. Apuesto a que estás emocionada, ¿huh?
—Sí-huh. ¿Quieres ver mis dibujos?
—¡Claro!
Hizo que Edward la bajara y luego caminamos hacia una mesita donde estaban sentados otros niños. Me dio el dibujo y me contó todo sobre que era, y estoy citando, "el bonito doctor Cullen". Tenía que admitir que la delgada figura se parecía un poco a él. El animal de peluche pegado a su estetoscopio, Fred, también estaba en el dibujo.
Cuando ella volvió a ocuparse pintando, caminamos alrededor de la habitación y me fue presentando a otros de sus pacientes y sus padres. Fue…, una experiencia especial, una que nunca olvidaría. Él era increíble con los niños, que iban desde bebés hasta adolescentes, y todos lo adoraban. Una niña de ocho años rápidamente me informó que Edward era su esposo, y un niño pequeño me dijo que Edward le había prometido que podría ver a los Yankees en primavera. Edward ya hasta había comprado los boletos para él y su papá.
—Se está recuperando de su tercera cirugía —dijo Edward—. Nació con un severo daño de nacimiento y, desafortunadamente, todavía no termina con las cirugías correctivas. Estamos planeando unas cuantas más en unos años.
Tracé la orilla de mi mano en el dibujo en papel que él había hecho junto a mí; nuestras manos de pavo.
—Parece estar de muy buen humor.
—Definitivamente. Es otra de las cosas que amo sobre trabajar con niños. Son tan increíblemente resistentes, y aunque un día pueda ser malo, al siguiente ya son los niños más felices del mundo.
Levanté la cabeza sonriendo.
—Amas tu trabajo.
Asintió.
—Más que a nada. Es por eso que te pedí venir temprano hoy. Quería que vieras este lado de mí.
Eso lo hacía incluso más atractivo. Quiero decir, claro, era extremadamente guapo, pero su personalidad lo hacía real, si eso tenía algún sentido.
—Entonces, ¿Lizzie es la única jovencita con la que estás casado?
Se rió.
—No, en realidad. También estoy comprometido con algunas otras. ¿Qué puedo hacer? No puedo negarles nada.
—Ah, hombre de mujeres.
Se inclinó para besar mi mejilla.
—Así es. Soy bastante encantador.
—Es verdad. Creo que acabas de subir otro nivel en mi escala de aprecio.
En cuanto terminamos con nuestras manos de pavo y Edward pasó algo de tiempo con sus pacientes, los dejamos para dirigirnos a su oficina. En realidad nunca había estado dentro de la pequeña habitación, y era toda una visión. Su escritorio era grande con historiales y documentos apilados sobre éste, y una computadora enterrada debajo de todo. Detrás del escritorio había libreros llenos con textos médicos que tenían títulos que casi no podía entender.
Cruzando la habitación estaba un sofá grande de cuero con un tablón de anuncios sobre él. Estaba completamente cubierto de dibujos y cartas de los que supuse eran sus pacientes. Sin pensarlo me acerqué a él para leer unos cuantos.
Gracias por arreglar mi corazón, Doctor Cullen.
Voy a extrañarlos a usted y a Fred. Gracias.
Gracias por curarme. ¡No puedo esperar para jugar de nuevo!
Había montones más con escritos similares que se repetían una y otra vez. Eran tan especiales, me hacían sonreír mientas leía los nombres que firmaban en cada uno.
—¿Trataste a todos estos niños? —pregunté, bajando la mirada a él que estaba sentado en el sofá, acercando la mesita para café.
Asintió.
—Sí, comencé a coleccionaros cuando era residente. Con el tiempo necesitaré otro tablón. ¿Tienes hambre?
—Sí, sí —dije, mirando otra vez el tablón. Los dibujos eran tan especiales como las cartas, y fácilmente podría pasar un rato mirándolo. No tenía palabras para describir lo que estaba sintiendo; lo feliz que me hacía el que él me dejara ver este lado de sí. Siendo honesta era increíble.
Luego de un rato me senté y compartimos el pavo asado de supermercado con el puré de patatas preparadas con guisado que compramos en la tienda. En realidad no fue ni la mitad de malo de lo que pensé. Ciertamente no eran caseros, pero no me importaba.
—Gracias por invitarme aquí hoy —dije, cortando un pastelito y metiéndome un pedazo a la boca.
—¿Mejor que un día de películas?
—Mucho mejor —asentí.
Sonrió poniendo la mano en mi muslo.
—Qué bueno. Sé que no es la manera de pasar una festividad, pero de verdad quería pasarla contigo. No quería que estuvieras sola.
—La verdad yo tampoco quería estarlo. Yo… Es difícil admitir esto. Mostrarle a alguien este lado de mí.
—¿Que te sientes sola?
—Sí —suspiré asintiendo—. Solo quiero que sepas que, desde que te conocí, soy más feliz. Mucho más feliz. Tú has… Dios, puede que esto suene tonto y te haga salir huyendo por la puerta, pero estos últimos meses tú has sido un brillo en mi vida. Significas mucho para mí.
Ahí estaba, lo dije. No dije que lo apreciaba y no dije que me gustaba. Le dije la verdad. Él significaba más para mí de lo que podía entender. Era un pensamiento que me asustaba, pero era la verdad. Esto no era solo una cosa para mí, incluso si solo era eso. Era algo que no me había dado cuenta que necesitaba desesperadamente.
Él significaba algo para mí. Algo que nunca olvidaría.
—Tú también significas mucho para mí, Bella —dijo, agachando la cabeza para dejar un beso en mis labios—. Me alegra ser un brillo en tu vida. Gracias por permitírmelo. Por dejar caer las defensas que estoy seguro construiste para protegerte.
De hecho, las defensas estaban cayendo. Mi corazón que estaba devastado por haber perdido a mi padre y a mi madre, que estaba roto por malas rupturas con diferentes hombres, ahora se estaba exponiendo.
Un pensamiento aterrador pero que al mismo tiempo me daba esperanza.
Tres capítulos más y terminamos…
¡Gracias por sus comentarios!
Stefi Cullen, Gabriela Cullen, Gladiiz D'Kltz. ini narvel, coco cullenswan, Vero, Beastyle, Deathxrevenge, Marie, lokaxtv, Narraly, janalez, Tata XOXO, Stephaniie15, Shibubi, solecitopucheta, LizieRossemary12, VanerK, LizzieSwanCullen, Cath Robsteniana, Soemarie Grey, Esmeralda C, Mary28Cullen, Clau, Chayley Costa, JusticeCullen
