Mi adorable guardiana

Capítulo 4: Reunión familiar

—¡Kazuri-chaaaaaan! —exclamó Eizani, con lágrimas de felicidad en su divino rostro, corriendo a abrazar a su querida hermana menor, la cual se encontraba afuera, esperando por ella.

—¡E-Eizani-oneechaaaan! —exclamó a su vez la albina menor, viendo como se le acercaba su querida hermana mayor. A cada paso que la mujer daba, Kazuri sentía más y más felicidad.

Cuando Eizani pudo llegar hasta ella, sin perder ni un segundo más la toma entre sus brazos con fuerza para así darle un cálido abrazo de bienvenida, uno tan anhelado por ambas chicas.

—¡Oh mi linda Kazuri-chan, mi hermosa y amada hermanita menor! ¡No sabes cuánto te he extrañado! —expresaba Eizani, gimiendo de tristeza pero también de felicidad, llorando a mares por el reencuentro que tenía con su familiar.

—¡Y-Yo también te he extrañado muchísimo, Eizani-oneechan! ¡P-Por favor perdóname si no me he comunicado contigo en todo este tiempo!¡Por favor perdóname, Eizani-oneechan! —exclamó Kazuri como a modo de respuesta, clamando por el perdón de su familiar, gimiendo también con un tono de amargura pero a la vez de felicidad por volver a ver a su hermana mayor, quien le acariciaba el rostro y su cabeza con mucho cariño.

—¡S-Sabes que te perdono, hermanita, te perdonaré cuantas veces sean necesarias porque te amo! ¡Te amo mucho, siempre te amaré, tú eres mi linda y amada hermanita, Kazuri, y lo serás por toda la eternidad! —exclamó la albina mayor, tomando con ambas manos el rostro de la linda Kazuri para luego darle un tierno beso en la frente.

—E-Eizani-oneechan… —exclamó Kazuri, titubeante. Sus ojos amenazaban con volver a largar un torrente de lágrimas.

—M-Mi Kazuri-chan… —clamó también Eizani, mostrando las mismas expresiones en su rostro como en el de su querida hermana menor.

Ahora Eizani y Kazuri se arrodillaron en el suelo pero sin romper ese cálido y maravilloso abrazo. Ninguna de las dos se hablaba, sólo se limitaban a sollozar, tanto de tristeza como de felicidad, por el hermoso reencuentro que estaban teniendo. Realmente las emociones que tenían los kitsunes podían llegar a ser muy fuertes, inclusive muchísimo más que los humanos, e Issei lo sabía de primera mano por el amor y el apego que tenía Kazuri con él, puesto que ella no quería pasar ni un segundo lejos del castaño, lo cual hacía que lo alegrara aún más. Él estaba observando aquella conmovedora escena, ubicado un poco más lejos de la entrada a la casa de Eizani. El muchacho decidió quedarse en ese lugar puesto que le había dicho con anterioridad a su linda novia que no pretendía molestar con su presencia en el reencuentro que podrían tener las dos kitsunes de cabellera blanca… Menos mal que ha optado por esa decisión de antemano.

—A-Así que… éste es el nivel de amor que sienten los kitsune… —comentó Issei en un susurro, limpiándose rápidamente sus ojos ya que él también parecía querer llorar por la empatía —Cielos, es… sorprendente —dijo luego, sin dejar de mostrar una gran sonrisa en su rostro por la felicidad de su linda noviecita zorruna.

—Oh mi Kazuri-chan, siempre tan linda y tan pura, le tendré que agradecer a las demás diosas por velar también por tu bienestar —expresó Eizani, son una sonrisa tan cálida como el propio sol y sus ojos humedecidos por su anterior llanto, mirando directamente a los ojos de su hermanita menor, acariciándole el rostro mientras ambas posaban sus frentes una con la otra, para demostrarse así el gran afecto que se tenían.

—P-Pero… E-Eizani-oneechan, yo no soy tan hermosa y pura como tú —le contesta Kazuri, con una sonrisa y también sus ojos llorosos. La albina mayor entonces la mira con mucho cariño, y levantando su mano derecha para dirigirla hacia el rostro de su hermanita, seca lo que quedó de las lágrimas de la albina menor con mucha paciencia y cuidado.

—Mi linda hermanita, no tienes por qué ser tan modesta. Por más que hayan muchísimos años por delante en tu vida, tú te has fortalecido a una velocidad increíble e inclusive eres mucho más bella que yo cuando tenía tu edad, y ni hablar de cuando pasen ya dichos años y tú seas un poco mayor, te convertirás en una joven y muy hermosa diosa. Puedo estar completamente segura de ello —comentó Eizani, observando a su muy querida hermana menor con esa cálida e imperturbable sonrisa mientras acariciaba suavemente las mejillas de la chica, calmándola, aunque… inmediatamente después de expresar esas palabras, el rostro de la joven mujer parecía querer ponerse melancólico —Tú eres mi tesoro, Kazuri-chan, como me gustaría poder detener por completo el tiempo, así puedo contemplar por toda la eternidad ese tierno, joven e inocente rostro que muchas veces alegró a mi corazón —dice luego, hablando con el corazón, dejando que sus sentimientos salgan a través de su boca al mismo tiempo que sus ojos se empezaban a humedecer nuevamente.

—¡N-No Eizani-oneechan, p-por favor no llores! —exclamó Kazuri con tristeza, asistiendo con rapidez a su amada hermana mayor para así evitar que empiece a sollozar otra vez.

—L-Lo… Lo siento, Kazuri-chan —se disculpa la albina mayor, con un tono de voz tembloroso y su garganta hecha un nudo, tratando luego de tragar algo de saliva a la fuerza para ahogar las ganas de dejar salir a flote esos sentimientos, respirando además con algo de dificultad para calmarse —P-Perdóname por… por todo esto, e-es que… es que han pasado muchos días en los que no he sabido nada de ti, Kazuri-chan —reveló la albina mayor, sin querer haciéndole sentir culpable a la menor —No sabes cuánto te he echado de menos, mi linda Kazuri-chan. No dejaba de preguntarme todos los días, en cada momento, si tú estabas bien… —expresó luego, notando que la aludida menor hizo a un lado su mirada avergonzada, demostrando así sentirse culpable por no haber dado señales de su bienestar —Pero no te preocupes, no te sientas mal, Kazuri-chan, ya tú estás aquí así que nada de lo anterior importa, y yo estoy mucho más tranquila y súper feliz de verte de nuevo, sana y salva —expresó luego, abrazando de nuevo a su familiar con muchas ganas, esta vez sin llorar.

—Gracias por perdonarme, Eizani-oneechan, yo… de verdad me sentí muy culpable por haberte dejado con la duda acerca de mi estado, e-es que… es que estuve… m-muy concentrada en… —comentó Kazuri, y la pobre y linda de la chica zorruna menor se sonrojaba y miraba con nerviosismo hacia ambos lados mientras trataba de terminar lo que quería decirle a su hermana mayor.

—¿Sí? ¿Estuviste concentrada… en qué, mi Kazuri-chan? —preguntó Eizani, notablemente confundida por el comportamiento que estaba demostrando su hermanita, queriendo saber también que era eso que se le quería decir.

En ese momento la albina mayor se percata de que Kazuri quería mirar a algo por detrás de ella, también notó el extraño nerviosismo que poseía la albina menor, lo cual primero la hace sospechar de una sola cosa, causando así que sus labios temblaran para querer esconder una sonrisa de felicidad que quería crecer dadas las suposiciones que tenía acerca de lo que su hermanita quería hacer. Eizani entonces aparta su vista para poder observar lo que había más allá de Kazuri, y en ese inmenso patio, lleno de flores y árboles inmensos, descubrió a aquel muchacho de corta cabellera castaña que se hallaba allí, quien parece notar que la atención estaba puesta sobre él, lo que lo hace incomodarse bastante.

Al notar aquella presencia que se hizo ajena a todo lo que sucedió anteriormente, la albina mayor no hace más que demostrar por fin su gran sonrisa de felicidad que trataba de ocultar por haber hallado la causa de la extraña actitud que estaba teniendo Kazuri.

—¡Oh mi hermanita, mi linda y hermosa hermanita! —exclamó Eizani, abrazando repentinamente a la pobre albina menor, quien no pudo hacer más que dejarse atrapar por los brazos de su hermana mayor —¡Así que por fin lo has encontrado! ¡Has encontrado al amor de tu vida! ¡Al muchacho del cual siempre me has hablado, con el cual siempre has fantaseado y siempre has velado con todo tu ser! —dijo luego, hablando fuerte debido a la emoción del momento.

—¡E-Eizani-oneechaaaaaan! —exclamó Kazuri, reclamando con ojos llorosos y tremendamente sonrojada por lo que su hermana mayor estaba revelando.

—¿E-Eh…? ¡O-Oh lo siento, lo siento Kazuri-chan! ¡De verdad lo siento! —exclamó Eizani al darse cuenta de lo que había dicho, avergonzando a la pobre de Kazuri, por lo que rápidamente la suelta y decide disculparse con ella —C-Creo… que otra vez hablé de más —comentó luego, bajando sus tiernas orejas zorrunas en señal de tristeza y arrepentimiento por sus actos.

—N-No… e-está bien, Eizani-oneechan, yo… este… no te pongas mal, por favor, ya no importa —dijo la albina menor, perdonando a su hermana mayor aunque sin dejar de mostrarse sumamente avergonzada por aquellas palabras.

Eizani la observa por unos momentos, con aquel acongojado rostro que mantenía, ciertamente se seguía sintiendo un poco culpable, luego su mirada se enfoca en el joven de corto cabello castaño, quien seguía distante, ajeno a lo que estaba ocurriendo entre las dos kitsune, sin siquiera atreverse a dar un solo paso más para no estorbar esa pequeña reunión familiar. La albina mayor entonces mira por unos instantes al suelo, pensando en qué es lo que podría hacer a continuación, y su vista se levanta para poder contemplar a su querida hermanita menor y así tomarla suavemente de las manos.

—Mi Kazuri-chan, sabes que yo te amo con toda mi alma y quiero que tengas una gran dicha como yo la tuve en el pasado. Realmente estoy muy feliz porque hayas encontrado por fin al muchacho del cual siempre estuviste enamorada, y… me gustaría que le pidieses que se acerque sin temor hacia nosotras, así podríamos conocernos mejor. Pero sólo si tú lo prefieres, yo no te obligaré a nada, si tú consideras que éste no es el momento apropiado para ello pues yo lo entenderé —comentó la kitsune mayor, con un tono de voz que expresaba mucha comprensión y amabilidad, siendo esos sentimientos acompañados de una gran sonrisa.

Debido a ello, Kazuri empezó a sentirse más aliviada, distendiéndose poco a poco con una pequeña sonrisa y un asentimiento con la cabeza de su parte, para después voltear para ver a Issei, quién todavía estaba parado, luciendo intrigado y, a la vez, levemente confundido por querer saber qué era lo que ocurría entre las dos kitsunes. La albina menor le hizo señas con su mano izquierda para indicarle que él se acercara, y después de dudar por unos segundos asiente a su petición.

Las dos chicas kitsune se levantaron, pero sin dejar de observar los movimientos que efectuaba el joven de corta cabellera marrón, notando como es que él se acercaba a ellas hasta que quedó tan sólo a un metro de distancia.

Issei, nervioso, trataba de establecer contacto visual con la hermosa hermana mayor de Kazuri, justamente por ese mismo motivo y también por no querer faltar el respeto a ambas él hacía todo lo posible para levantar la mirada. Cuando pudo hacerlo, luego de todo un esfuerzo tanto mental como físico, el castaño pudo ver entonces aquellos dos intrigantes y atrayentes luceros de diferente color, los cuales parecían tan profundos y reconfortantes, tan llenos de una calma que nunca antes él pudo experimentar.

—Hola —saludó Eizani, con una fresca y amigable sonrisa, observando fijamente al muchacho que había venido con Kazuri.

—Ho-Hola… —saludó el joven, poniéndose un poco más nervioso con cada segundo que pasaba y sentía el peso de la mirada de la albina mientras se rascaba la nuca.

—Me llamo Eizani y soy la hermana mayor de mi linda hermanita Kazuri. Es un placer conocerte, ¿Hyodou Isse, verdad? —se presenta la kitsune mayor, con mucho respeto y amabilidad, preguntando al final por el nombre del aludido ya que quería cerciorarse.

—S-Sí, e-ese soy yo —responde el castaño a la vez que soltaba una casi imperceptible risilla con una leve pena.

—¡Oh, que alegría! Es una dicha enorme poder conocer finalmente y en persona al joven por el cual mi hermanita ha suspirado incontables veces —expresó la albina zorruna de nueve colas, juntando ambas manos mientras se veía muy emocionada y con bastante interés en indagar acerca del muchacho de corta cabellera marrón.

—E-Eizani-oneechaaan… —musitó en voz baja la pobre albina menor, agachando la cabeza para evitar ser vista con sus mejillas todas ruborizadas, además de estar temblando por la vergüenza.

Issei sólo rio otra vez, con algo de incomodidad. Por supuesto él sabía todo eso gracias a Kazuri, porque ella siempre le decía cuanto lo amaba y que, desde hace tiempo, quería estar con él, pero por diversas razones, no podía cumplir ese anhelo… hasta ese momento, claro está.

—K-Kazuri, permíteme ayudarte —el castaño se ofreció rápidamente para asistir a la jovencita kitsune, quien todavía seguía en el suelo, abochornada por la anterior escena.

La albina menor lo escucha y levanta su cabeza para poder mirarlo con una tierna sonrisa que expresaba tanto alegría como alivio.

—G-Gracias, Isse —responde la jovencita, sonrojada y algo nerviosa, mientras tomaba la mano de su cariñito, aceptando así su ayuda.

Toda esa escenita era monitoreada por los ojos de la kitsune mayor, Eizani, quien no podía ocultar la gran sonrisa que se dibujaba en su rostro al ver el amor que se estaban trasmitiendo los dos tortolitos frente a ella.

—"¡Aaaaaawwww que hermosoooo! Mi hermanita e Isse-kun, ambos jóvenes adorables, que se ven tan enamorados. Éste… realmente es un momento muy hermoso y emotivo, el ver como florece ese bellísimo sentimiento entre dos almas adolescentes, aventureras y soñadoras, hace que mi corazón baile con una gran e inexplicable alegría" —pensaba la hermosa Eizani, enternecida ante lo que, con una gran suerte de su parte, podía contemplar frente a ella.

Issei y Kazuri se quedaron viendo fijamente el uno al otro, sin decirse ni una sola palabra entre sí, dejando únicamente que sus miradas hablaran por ellos… y lo que uno expresaba al otro era un gran deseo por estar juntos, por amarse, de permanecer en esa dicha por un largo, muy largo tiempo, aunque tristemente ambos jovencitos eran aun algo tímidos en lo que a demostración de amor frente a otras personas respecta, por más que se tratara de la familia, por lo que los dos decidieron solo tomarse de las manos.

Eizani se sintió un poco apenada por ese hecho, pero después comprendió que era mejor que todo debía acontecer a su debido momento, por lo que no presionaría, de ninguna manera, a ambos tortolitos para que se demuestren más afecto, ya que sólo ellos podían decidir eso.

—Kazuri-chan, Isse-kun, ¿les gustaría pasar? —pregunta Eizani, repentinamente.

—¿Podemos? ¿No… es ninguna molestia? —responde Isse, con un tono inseguro, aunque… más que una respuesta era otra pregunta.

—Oh no, claro que no, no te preocupes por eso, Isse-kun, no es ninguna molestia. Por favor, entren. Isse, puedes sentirte como en tu casa, y… Kazuri-chan, bienvenida de nuevo —respondió la albina mayor de una manera cortés.

—Muchas gracias, Eizani-oneechan —responde Kazuri, con una cálida sonrisa que adornaba su bello rostro —¡Vamos, mi cariñito, entremos! Te gustará mucho la casa de Onee-chan —le dijo luego a su querido novio, con mucha emoción mientras lo jalaba del brazo izquierdo por el cual estaban juntos.

—"¡L-Le dijo cariñito!" —exclamó en pensamientos la kitsune mayor, dándose la vuelta inmediatamente para evitar ser vista con un rubor en sus mejillas tras haber escuchado esas palabras proviniendo de su hermanita. Eso, sin lugar a dudas, fue algo que la tomó completamente desprevenida, y por eso se mostró tan avergonzada y sin saber muy bien en qué pensar. Por un lado eso era muy bueno, mostraba el nivel de confianza y amor que se tenían los dos jovencitos… aunque por otro lado se le hacía algo triste a Eizani puesto que consideró que su hermanita maduraba cada vez más y que, posiblemente, eso la vaya alejando de ella… pero prefirió no seguir ahondando en eso, ya después el tiempo se encargaría de darle la verdadera y más conveniente respuesta a esas interrogantes —B-Bu-Bueno, p-pueden p-pa-pasar a-ahora mismo… —dijo luego, sin poder disimular su tartamudeo por accidente, preocupando ligeramente a los dos tortolitos.

—Eizani-oneechan, ¿estás bien? —preguntó Kazuri, sorprendiéndose al principio por ver que la albina mayor se había tambaleado un poco en su camino al interior de la casa.

—S-Sí, sí, estoy bien, Kazuri-chan, lo siento si los asusté tanto a ti como a Isse-kun —responde la kitsune mayor.

—¿Está segura? —interrogó Issei casi de la misma manera.

—Sí, completamente segura. Les agradezco mucho a ambos por preocuparse por mí —contestó Eizani, bajando levemente la cabeza como una señal de gratitud. Puede que haya sido poco lo que hicieron los dos tortolitos, pero para la joven mujer kitsune significó mucho más, por eso llevó a cabo aquel gesto. —Bueno, vengan, pasen, entremos de una vez así podremos hablar con más tranquilidad —expresó luego, haciendo señas con sus manos como una forma de apresurar a la parejita de enamorados a que entren con ella, quienes acataron enseguida ese mensaje.

Al entrar en el hogar de Eizani, Issei pudo percatarse, como primer punto destacable, que aquel lugar era bastante espacioso, a pesar de lo que seguía a la puerta era un pasillo algo largo pero con aberturas que indicaban entradas a varias partes de la casa, como ser la cocina, la sala de estar, el baño y demás habitaciones que pudiera tener una morada común.

El castaño, al dar un par de pasos, rápidamente se da cuenta de un detalle importantísimo, así que se agacha para poder tomarse las agujetas de sus zapatos y así poder quitárselos. Eizani se percata de aquella acción que estaba llevando a cabo el joven, por lo que lo detiene.

—Oh, Isse-kun no hace falta que te quites tus zapatos. No te preocupes por el piso si es que pudiera llegar a ser ensuciado, lo protejo con magia para que quede reluciente todo el tiempo —explicó la mujer zorruna con la misma sonrisa cálida que mostró las veces anteriores.

—P-Pero… con todo respeto, Eizani-san, es una costumbre que hay en mi país. Sí, realmente me… me sería incómodo entrar con calzado puesto que al ensuciar el suelo significaría romper la armonía que hay en el hogar —contesta Issei, además de explicar de manera breve y concisa el porqué de sus actos.

—Muy bien, si tú quieres caminar descalzo por el interior de mi casa yo no tengo ningún problema, Isse-kun, sólo te lo había aconsejado ya que, como bien mencioné antes, el suelo está protegido con un hechizo que no permite que la suciedad permanezca allí —comentó Eizani, observando al castaño con la misma expresión tranquila y sonriente de antes.

Lamentablemente parece ser que Issei había interpretado mal aquel comentario que lanzó la albina mayor al respecto, ya que por más que ella lo haya hecho de buena manera, el castaño se mostró intranquilo y apenado por llevar la contraria a esa regla -que no era regla- que había en la casa.

—Eizani-oneechan te ha dicho que está todo bien, Isse, no tienes que ponerte mal por nada, después de todo ella no está molesta, ¿verdad que sí, Onee-chan? —le dijo Kazuri a su noviecito mientras los abrazaba y lo mimaba, tratando de sacarle una sonrisa y tranquilizarlo, dirigiendo también esa pregunta a lo último para su querida hermana mayor, quien contempló a los dos tortolitos con los mismos gestos de antes en su rostro.

—Claro que sí, Kazuri-chan. Isse-kun por favor no te sientas mal, nunca fue mi intención el expresarme mal si tú así lo has pensado, de verdad que me siento cómoda si tú estás cómodo en la manera que tú prefieras en esta casa, realmente no tengo ningún problema así que puedes estar completamente tranquilo —contestó la joven y bella mujer, juntando ambas manos con delicadeza y ubicándolas cerca de su corazón, acompañando así su sincero discurso.

—B-Bueno, y-ya que ustedes me lo dicen así pues… —habló el joven de cabello castaño con nerviosismo mientras se rascaba la nuca, observando a su tierna noviecita quien le tomaba del brazo izquierdo y lo contemplaba con una sonrisa apaciguadora, además de notar que su cuñada lo miraba con una expresión similar a la de su pareja, lo que lo hacía permanecer en aquel estado de intranquilidad, así que no le quedó de otra que acceder y tratar de calmarse.

—¡Que bien! Me alegro de que todo se haya aclarado, Isse-kun. Espero que podamos ir mejorando aún más nuestras relaciones a medida que pase el tiempo, ya que, a partir de este momento, somos oficialmente una familia —expresó Eizani con un tono que demostraba su gran nivel de felicidad por ese último hecho.

El aludido sólo le responde con una pequeña sonrisa y un ligero asentimiento con la cabeza, él seguía sintiéndose un poco mal por haberla incomodado. Eizani notaba eso pero prefería no decir nada al respecto, Kazuri obviamente también lo sabía y por eso se esmeraba en hacer sentir mejor al castaño, en tranquilizarlo y lograr que se dé cuenta de que no tenía nada por lo cual verse incómodo.

—Vamos, vengan, no tardemos más, me encantaría que podamos pasar un rato en agradable compañía, tomando un poco de té y comiendo algo, ¿Qué les parece? —pidió Eizani con muchas ansias por poder pasar tiempo de caridad con aquellas dos almas tan preciadas para ella.

—¡Nos parece perfecto, Eizani-oneechan! ¿Verdad que sí, mi amorcito? —respondió Kazuri, muy emocionada, tomando del brazo a su alma gemela.

El joven de corto cabello castaño mira a su linda noviecita y no puede evitar sonreír, no sólo por su gran belleza sino también por esa graciosa a la vez que tierna sonrisa que le exhibía la chica y la cual tanto le encantaba a él. Aquellas dos piedras tan preciosas en su rostro, un deslumbrante rubí en la derecha y un exótico zafiro en la izquierda, eran contempladas por la vista del muchacho. Esa piel tersa y algo pálida, esos finos y deseables labios que se arqueaban en una expresión de felicidad tan magnífica. Todos esos detalles juntos en aquel puro rostro dejaban atónito al castaño, por más veces que él vea a su hermosa novia, seguía sintiéndose tan asombrado y enamorado por ella como si fuese la primera vez.

—Claro que sí, mi amor, claro que sí —expresó Issei, con mucho de aquel sentimiento antes descrito, ésta vez tomando de la cintura a su querida novia zorruna para así poder plantarle un cariñoso beso que deja rendida a la jovencita, ya ruborizada, en cuestión de segundos.

Aquella amorosa (y pasional) demostración de afecto puso bastante nerviosa a la pobre de Eizani, quien observaba, temblando y muy sonrojada, como su hermanita se besaba de tal manera con su chico, su pareja del alma.

—¡B-B-Bu-Bueno, ¿q-qu-que l-les p-pa-parece si… s-si p-pasamos de una vez a la cocina, eh?! —pregunta la joven mujer zorruna, tartamudeando y gritando en el proceso, mostrando una sonrisa la cual se esforzaba en no parecer incómoda con lo que se vio ya.

Tanto Issei como Kazuri se asustaron en un primer momento, luego se vieron confundidos, y mirándose entre sí se preguntaron mentalmente que qué es lo que le había pasado a la kitsune mayor, para que a lo último se dieran cuenta de que todo fue causado por ellos mismos debido a su escenita de amor, por lo que los dos tortolitos se pusieron rojos como tomate, decidiendo además no decir ninguna palabra al respecto.

—A-Además, Kazuri-chan, hay alguien… que está esperándote con muchas ansias para poder saludarte y hablar contigo, así que apresurémonos —reveló luego la joven mujer zorruna, tratando de no temblar demasiado al contar eso mientras movía sus manos para alentar a que los dos tortolitos la siguieran en su andar hacia la cocina.

En ese momento la albina menor se asombró pero también se mostró desconcertada ante lo que le había dicho su hermana mayor, ¿quién era aquella persona que la estaba esperando al final de su recorrido? Sólo debía seguir a Eizani para poder descubrirlo, así que lanzando una mirada a su querido Issei, quien a su vez la observa con las mismas expresiones grabadas en su rostro, lo toma con más firmeza del brazo. Ambos asintieron al unísono y comenzaron a caminar, dirigiendo un sonrisa hacia la diosa kitsune como una forma de responder a su anterior petición.

La joven mujer zorruna entiende el mensaje, por lo que continúa guiándolos hacia su destino, y una vez que llegaron a la dichosa cocina, tanto Kazuri como Issei descubren a una jovencita de largo y levemente ondulado cabello negro, que voltea a mirarlos a los dos con unos atrayentes y grandes ojos de color miel junto a unas tres marcas en cada mejillas -los cuales simulaban ser bigotes-, aparte de poseer dos peludas orejas en su cabeza y nueve colas blancas en la parte baja de su espalda.

La chica, en un primer momento, se queda atónita por un par de segundos para después vérsele muy contenta, tanto así que se levanta de un brinco para después ir al encuentro de la joven muchachita zorruna de cabello blanco.

—¡Kazuri-chaaaaaaaaan! —exclamó la kitsune pelinegra con aquel sentimiento antes descrito, abrazando con fuerza a la albina, quien corresponde a ese saludo y demostración de afecto.

—¡Hola Ahri-chaaaaaaaaan! —clamó también la albina menor, con regocijo en su voz.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Rias observaba el oscuro y nublado cielo de la noche con una expresión bastante seria en su rostro. Cruzada de brazos y apoyada sobre el marco de la ventana, la pelirroja parecía estar pensando con mucha firmeza sobre los acontecimientos que se sucedieron recientemente… y obviamente, con lo que ya estaba demostrando, ella no se sentía para nada contenta con ese hecho.

Akeno, por su parte, sólo la contemplaba con un rostro entintado de leve preocupación. Ella no podía negar que también se sentía enojada con respecto a todo lo que había dicho Kazuri sobre ellos, puesto que no era cierto, sino que también se hallaba inquieta por lo que estuviera suponiendo la chica de cabellos rojizos de aquel tema.

—Todavía no puedo creer… que exista un ser como ella —susurró la pelirroja, sin dejar de mirar al cielo, y con un tono de voz que parecía contener mucha furia.

—¿Disculpa? ¿Rias…? —preguntó la pelinegra, confundida por no haber escuchado bien lo que pronunció su amiga y ama.

—Esa tal Kazuri, esa… maldita zorra, o kitsune… o como demonios se llamen esos seres —responde la aludida —Onii-sama me había dicho solo una vez sobre ellos, cuando me contó sobre la guerra, que los kitsune desaparecieron de la faz de la tierra luego de los numerosos enfrentamientos entre las facciones, que ellos… habían muerto. Pero… al parecer todo eso fue mentira —expresó luego, jugando con su propia ropa, signo de que estaba empezando a ponerse nerviosa.

Akeno la observa y nota ese detalle, aunque aun no lograba entender el punto que quería tocar su líder.

—Y… ¿Qué es lo que estás queriendo decir con todo eso, Rias? —cuestionó nuevamente la pelinegra.

Rias no le responde, o mejor dicho no lo hace de manera inmediata.

—Quiero saber por qué se me fue omitida esa información —responde la pelirroja, dándose la vuelta para devolverle la mirada a su sierva, después de eso se dirige a su asiento tras su escritorio y se sienta, desplomándose en él y soltando un pesado suspiro de desagrado —Así que, para eso, me parece que tendré una larga y tediosa charla con mi hermano —.

—¿Con Sirzechs-sama? ¿Estás segura? —interrogó por tercera vez consecutiva la demonio de cabello negro, sonando no muy convencida que digamos.

—No me queda de otra, Akeno, él es el único que sabe bien acerca de todo esto, él tiene las respuestas que necesito, y… también la solución definitiva a este maldito problema, así que hazme el favor… —responde y pide la pelirroja.

—De acuerdo, lo llamaré inmediatamente —contesta Akeno, entendiendo y acatando rápidamente la orden de su ama, comenzando la comunicación con el hermano mayor de Rias para así solicitar su presencia lo antes posible.

Continuará…

Espero que haya sido de su agrado y, me disculpo por traerles esta actualización tan tarde, estoy hecho un lío con todas mis ideas, sepan disculparme.

Paso a responder todos los comentarios que me han dejado en este tiempo:

"ElswordKirigaya97": Gracias amigo, espero que te haya gustado este nuevo capítulo.

"JosDXDARK": Aquí está la continuación que has esperado, querido amigo, nuevamente te pido disculpas por la tardanza.

"Tenzalucard123": No amigo, eso se dará después.

"elzorroblanco": Gracias, querido amigo, puede que me piense lo del lemmon.

"Tryndamer95": Gracias por tu comentario, amigo, y mil disculpas por el retraso y también por el relleno, a veces sale de manera inconsciente pero también (en algunos casos) es necesario, aun así te pido perdón. Con respecto a tu idea pues he decidido que sí, la pondré pero más adelante, calculo yo que en el siguiente capítulo. Sí, un Kitsune es una raza muy superior en todos los aspectos, ah y gracias por el halago.

"Ritchy Moore": Gracias por tu comentario, querido amigo, espero te haya gustado el nuevo capítulo.

"Datenryu": Gracias por tu comentario, amigo, y mil disculpas por no haber visto hasta ahora tu petición, así que no me he podido contactar contigo. Si aun precisas de mi ayuda o similar te enviaré un mensaje si lo deseas.

"iron-man100": Gracias por el comentario, amigo, espero te haya gustado el nuevo capítulo.

"WolfsDragen": Gracias, amigo, espero te haya gustado la actualización.

"dkpv99": Gracias, amigo, espero te siga gustando la historia después de tanto tiempo.

"Nikopelucas": Gracias por tu comentario, amigo, espero te haya gustado esta actualización.

Bueno, y hasta aquí he llegado por ahora. Me despido de todos ustedes, nos estaremos leyendo próximamente en otras historias.

Saludos y hasta luego!