Muy bien... pues por fin les traigo la cuarta y última parte de este fic. Por favor, lean la nota de autor al final. Espero que les guste tanto como a mí.
LA FARSA
PARTE 4
Hermione siempre recordaría esa semana como la más larga de su vida. Se la pasó distraída en el trabajo, preocupada en casa y luchando con todas sus fuerzas por no caer en depresión.
Suspiró mientras se sentaba frente al escritorio de su estancia, que le servía de oficina. Al menos la semana había terminado y ahora se las había ingeniado para no ir a San Mungo durante el fin de semana, exceptuando cualquier emergencia.
Había sido sólo una semana. Miró al reloj –hacía exactamente una semana, a esas horas, había ido al club para "conocer" a Harry.
Hacía una semana que Harry la había besado y tocado, y dejado tocar… sintió la familiar oleada de calor en su cuerpo de sólo recordar esa única noche, recuerdos que la persiguieran durante toda la semana.
¡Oh! Aventó su pluma en frustración, por primera vez, sin importarle haber volteado el frasco de la tinta y manchando su antes prístino pergamino. Tenía que abstenerse de pensar en esa noche, de revivir cada momento. Dejar de arrepentirse. Había tenido una sola noche de pasión y eso tenía que ser suficiente.
Determinada en realizar su reporte, levantó la pluma de nuevo y se inclinó de nuevo sobre su tratado aunque bastante irritada.
Podía superarlo y lo haría. Ya tenía años de práctica manteniendo sus sentimientos por Harry a raya y aceptando que fuera sólo su amigo. Con el tiempo se haría más fácil, estaba segura de ello.
Mientras tanto, tenía demasiado trabajo con lo cual mantenerse ocupada.
Hermione trabajó con diligencia, su pergamino rápidamente lleno de su perfecta caligrafía. Frunció el ceño ligeramente mientras masticaba la orilla de su pluma inconscientemente. Las conclusiones del tratado le intrigaban, especialmente si se combinaba con otro artículo que recientemente había leído. Bajó la pluma y miró su organizado escritorio para revisar entre sus pape…
El llamado a la puerta rompió con su frágil concentración como si de cristal se tratara y desconcertada se levantó de su asiento con un rápido suspiro. No sabía quién sería a estas horas en viernes, pero la persona tenía que ser alguien que la visitara antes o las alarmas se hubieran activado. Creyó que sería Adelaide, una de sus compañeras en San Mungo y una de sus mejores amigas del trabajo porque Addy vivía cerca y ya antes había ido con ella sin previo aviso.
Y abrió la puerta con una sonrisa congelada en sus labios.
Era Harry. La sorpresa alteró su respiración ante la vista de su familiar rostro; esa sonrisa que se torcía de lado siempre lograba acelerar su corazón.
-¡Oh! Hola, Harry- apenas si pudo articular de la manera más casual posible. –No te esperaba.
-Hola, Hermione ¿Estas ocupada? ¿Puedo pasar?- dio un paso adelante con la confianza de que lo dejaría pasar puesto que nunca se lo había negado.
La chica dio un paso atrás, manteniendo su distancia y haciéndose a un lado tan rápido como podía sin parecer tan obvia.
-Sólo estaba leyendo unos reportes del trabajo, es todo- le dijo con una leve sonrisa. ¿Cuando dejaría de portarse así cada vez que lo veía? ¡Era ridículo! No es como si hubiera dicho o hecho algo fuera de lo normal (era el mismo Harry, la misma sonrisa, los mismos ojos que ella había visto cada día de su vida durante años ya) y aún reaccionaba, sin poder evitarlo, con el corazón desbocado y lleno de amor en su pecho. O sería la urgencia de devolver la sonrisa, de hacerlo sonreír y ver sus ojos brillar con alegría. La misma urgencia que la hacía besarlo en la mejilla rápidamente, como el día de su fiesta de cumpleaños en la Madriguera aún cuando se había jurado no tocarlo si podía evitarlo, excepto que había visto un atisbo de vulnerabilidad, de incertidumbre, en sus ojos cuando le preguntó si estaba molesta con él y entonces sí no pudo evitarlo porque tenía la necesidad de asegurarle que no era así, mayor aún que la necesidad de respirar.
-¿Una cerveza de mantequilla, Harry?- ofreció como medio de escape, pero la detuvo.
-No gracias, Hermione. No tengo sed.
-Me sorprende verte esta noche ¿Por qué no estás con Ron? ¿No sabes que Ron es más propenso a meterse en problemas de lo usual si no estás ahí para echarle un ojo?- dijo intentando bromear.
Sabiendo a lo que se refería, Harry rió pero sacudió un hombro.
-Le dije a Ron que esta noche tendría que ir sin mí porque tenía una cita.
Una cita. Harry tenía una cita. Hermione se contuvo de respingar tratando de ignorar un leve dolor. Por supuesto que Harry tenía todo el derecho de ir a citas y, la verdad, no era de su incumbencia.
El hecho de que Harry tuviera una cita con alguien más una semana después de haberse acostado con ella –Helena- sólo enfatizaba que realmente Harry había pensado que sólo había sido un desliz y nada más.
Por supuesto que sí y lo supo todo el tiempo, Hermione se dijo a sí misma. Pero por todo eso, no podía ni mirarlo así que, en lugar de eso, se ocupaba de sus papeles sobre el escritorio, pretendiendo buscar algo mientras que sistemáticamente revolvía toda su ya organizada columna de documentos en un intento de mantener ocupadas las manos y los ojos.
-Oh, ¿de verdad? Tu cita debió haber terminado muy pronto para que hayas venido-. Hermione estaba muy orgullosa de lo indiferente que había sonado, pero seguía con la vista en otro lado.
-Mmh- Harry hizo un sonido neutral.
-¿Fue con Meredith o alguien más?
-No era Meredith. Ya te había dicho que ella y yo sólo somos amigos.
-Bueno, entonces ¿te gusta esta chica?- no sabía exactamente cómo le hizo pero se felicitó por haber logrado mantener el nivel de amistosa curiosidad en su tono.
Esperaba un sonido tan neutral como el anterior puesto que Harry no era del tipo que habla sobre sus conquistas –con Cho o Ginny nunca expresaba sus pensamientos acerca de ellas y sus sentimientos sólo eran evidentes por la forma en que las veía- a diferencia de Ron quien era más de los que hablaban de las chicas que capturaban su interés (y la mayor parte de las veces, los comentarios de Ron eran acerca de sus atributos físicos). Pero Harry la sorprendió esta vez.
-Me gusta mucho- declaró. Pero, como si no fuera suficiente, continuó, no muy fluido pero seguía siendo increíble (increíble y doloroso) para Hermione quien nunca lo había escuchado hablar de nadie en esos términos, mucho menos si es sobre una chica. –Me siento… muy cómodo con ella. Como si llevara años de conocerla. Siento como si pudiera confiar en ella desde el momento en que la conocí.
-Oh- fue la escueta respuesta de Hermione, sus dedos se cerraban, arrugando inconscientemente alrededor de uno de los pergaminos que sujetaba, y entonces se ocupó de alisarlo y disque arreglar el revoltijo de pilares que acababa de hacer sobre su escritorio en un intento de parecer que estaba tan arreglado como siempre, empero, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo y sabía que tendría que reorganizar todo de nuevo. Tenía que hacerlo para ocuparse de algo y mantenerse calmada. No lloraría. No podía llorar.
-Y me hace reír.
-Oh- contestó la chica de nuevo. Por primera vez deseó que Harry se fuera, que simplemente se largara. No quería estar escuchando esto por más tiempo ni quería saber nada más de ésta chica que aparentemente había capturado completamente el interés de Harry.
Harry estudió la aparente calma de Hermione. Cualquiera hubiera pensado que la chica se encontraba indiferente a lo que escuchaba, que le preocupaba más los papeles en su escritorio –bueno, cualquiera, menos él. Conocía demasiado bien a Hermione como para no darse cuenta de la falta de precisión en su supuesta organización, podía escuchar el tono amargo de sus respuestas –y más aún, sabía que lo hacía para mantener su rostro enfocado en otra parte y por su muy calmada postura.
Y desistió de la idea de seguir fastidiando a Hermione –no podía-, debía haber sabido que no podía hacerlo. Su vago plan para vengarse de ella por su farsa de repente le pareció pesado y grosero; era Hermione y después de todo lo que ella había hecho por él, no podía lastimarla, ni siquiera por un momento.
-¿No quieres saber cómo se llama?- preguntó con calma.
Esto logró que Hermione volteara y sus ojos se fijaran en su rostro –sin embargo, notó que no lo miraba a los ojos, sino como si viera a un punto entre sus cejas antes de bajar la mirada otra vez.
-Por supuesto, Harry ¿Cómo se llama?
Harry se acercó un paso más a ella y se detuvo.
-A decir verdad la historia de su nombre es graciosa- intentó sonar divertido y dio otro paso más hacia ella. -¿Sabes? Me dijo que su nombre era Helena Watson.
Al escuchar, Hermione ahogó un grito y su mirada se fue directo, ahora sí, hacia los ojos verdes de Harry mientras le sonreía y terminaba de acercase a ella. Ambos ojos se encontraron y con una de sus manos el chico le tocó una mejilla muy ligeramente con los dedos. –Pero su verdadero nombre- terminó suave y tiernamente –es Hermione Granger.
-Harry… yo… cómo… cuándo…- se trababa, algo muy impropio de ella, y él la detuvo rosando su pulgar sobre sus labios, haciéndola tomar aire y luego detenerse.
-Me di cuenta la semana pasada en la Madriguera.
Hermione abrió los ojos como platos.
-¡¿La Madriguera? ¿Pero có… por qué no dijiste nada?
-Pude haberme dado cuenta de que eras Helena pero no quiere decir que supiera lo que tenía que hacer. Estaba tan sorprendido que no pude pensar en otra cosa durante días. Pero ya sabes que siempre he sido denso en estas cosas- le respondió ligeramente.
Ese comentario la hizo sonreír.
-Lo sé- contestó la chica un poco más como ella misma.
Harry le dio una fingida mirada de ofensa.
-Puede que sea denso, pero eventualmente me di cuenta de quién era Helena.
-¿Cómo lo supiste?
Harry le dio una exagerada mirada lasciva.
-Reconocí tu cuerpo, por supuesto.
Bromeando, le dio un leve golpe en el brazo lo que le ayudó a componer su postura incluso si Hermione se había ruborizado al escuchar sus palabras.
-¡Honestamente, Harry!
Harry le sonrió divertido; adoraba ver a Hermione sonreír con un coqueto brillo en los ojos y más aún se deleitaba verla sonrojarse porque no recordaba haber provocado nunca semejante reacción en ella.
-Pues honestamente reconocí tu esencia, el aroma de tu shampoo y tu jabón y lo demás. Tu esencia estaba en mi almohada por la mañana y pensé que el aroma me era familiar pero no podía recordar de dónde hasta que me besaste en la mejilla en la fiesta y entonces lo supe… después de eso fue obvio- su sonrisa se aligeró mientras se ponía serio. –Cuando te miré más de cerca, reconocí tu oreja- dijo suavemente mientras tocaba el lóbulo de Hermione con los dedos en una ligera caricia –y la curva de tu cuello- añadió, enfatizando con acciones a sus palabras –y por supuesto, el contorno de tu boca.
Los ojos de la chica se oscurecieron al simple contacto en una creciente excitación y Harry tuvo una repentina oleada de deseo a su reacción, pero tuvo que menguarla por el momento.
-Y entonces recordé que el nombre de tu abuela era Watson y de verdad fue más que obvio.
-¿Conoces el nombre de mi abuela? Nunca la conociste y no creo haber hablado mucho sobre ella.
-Me la mencionaste cuando la fuiste a visitar por una semana alegando que casi no tenías tiempo para visitarla.
-¿Lo dije? Ni siquiera lo recuerdo.
Harry se encogió de hombros.
-Pues lo mencionaste. Debería haberme dado cuenta desde antes. ¿Recuerdas cuando le dije a Helena que me recordaba a alguien?- Hermione asintió emitiendo un sonido en aceptación. –Estaba hablando de ti. Helena me recordaba a ti aún cuando no tenía ni idea del porqué en ese momento y después se me olvidó pensar cuando empezamos a hablar y…- hizo una pausa sugestiva y Hermione se sonrojó mientras su mirada se desviaba por un momento para encontrar sus ojos de nuevo. –Porque Helena no miró mi cicatriz primero; me miró a mí- la sonrisa de Harry se desvaneció del todo pero su expresión se hizo más tierna mientras que con una mano retiraba un mechón del cabello de Hermione de su mejilla en una caricia. –Tú eres la única persona que he conocido que no pone atención a mi cicatriz desde el primer momento, ¿sabes?
-No, no lo sabía- respondió suavemente. –Nunca se me hubiera ocurrido.
Hubo un breve momento de silencio antes de que ella preguntara:
-Pero Harry, si lo averiguaste la semana pasada, ¿Por qué esperaste tanto tiempo para decirme? ¿Estas… no estás enojado conmigo?
-Estaba molesto- admitió –pero no por mucho. Al principio estaba demasiado confundido como para sentirme enojado pero en cuanto comencé a pensarlo mejor ya no podía enojarme contigo. Sabía que nunca lo hubieras hecho para jugar una broma y luego reírte a mis espaldas o porque quisieras tener sexo con el Niño Que Vivió o algo así. En cuanto al porqué esperé tanto, pues fue porque quería que despertaras en cama la mañana siguiente.
Hermione arqueó las cejas.
-¿Así que supones que todavía vas a estar ahí por la mañana?
Harry sintió que el calor se le iba al rostro –estaba sonrojado, maldición- e irritado dejó caer su mano.
-Yo… eh… bueno, quiero decir... no tenemos que… tu…- y por fin pudo ver el destello de diversión en los ojos de Hermione y una sonrisa que comenzaba en la comisura de sus labios. El chico dejó escapar una exhalación en un intento de reír pero no tanto. –Bruja-. Levantó una mano para tirarla de la barbilla ligeramente, en broma, en un habitual movimiento al que se acostumbró cada vez que Hermione le hacía burla, pero entonces ella lo miró y su mano se detuvo ahí sobre su piel. Abruptamente se dio cuenta, en toda su extensión, qué era lo que significaba: que Hermione ya no era sólo su mejor amiga, nunca más volvería a ser sólo-su-mejor-amiga.
Se preguntó ausentemente si ella siempre se había visto tan hermosa al sonreír, si sus labios siempre han sido tan tentadores cuando se curvan en una sonrisa, si acaso las comisuras de sus labios siempre parecen pedir que les bese. Si era así, se preguntaba cómo era posible haber estado ciego por tanto tiempo.
La sonrisa de la chica se fue desvaneciendo mientras el aire se hacía denso a su alrededor. Su respiración se entrecortaba y salía de sus labios nerviosamente y un intenso deseo golpeó a Harry de lleno. Deseo físico –oh, Dios, sí era físico- pero ahora se añadía un elemento que iba más allá de eso. Quería besarla –completamente-, quería acariciarla, quería probar el sabor de su piel. Quería verla sonrojarse de pasión, quería ver sus ojos oscurecerse con excitación y saber que era por él. Deseaba verla –a Hermione- en la cumbre del placer físico.
La conocía tan bien… la ha visto sumida en tristeza y enojo, en alegría y paz, en dolor y en confusión; la había visto dormir. Pero nunca la había visto en éxtasis y lo deseaba. Lo deseaba con una intensidad que nunca antes había sentido por ninguna otra cosa o persona. Jamás.
Y aún cuando sentía que había más que quería decirle –no podía recordar exactamente qué porque su mente se puso en blanco por el deseo, pero había más- tomó el rostro de la chica con sus manos y la besó con fuerza, con la suficiente pasión como para lastimar sus bocas y Hermione hizo un sonido que salía de su garganta mientras se arqueaba sobre él, sus brazos rodeando sus hombros. Lujuria, y algo parecido a la felicidad, hicieron explosión dentro de él mientras su lengua exploraba las profundidades de la boca de la chica –la familiar sensación de su boca- el familiar sabor de su boca, sentir toda su pasión. Recuerdos y realidad se fundieron en su mente; él no podía ya recordar las facciones de Helena, sólo verla como Hermione –toda la atracción de esa noche, el intenso deseo, todo el erotismo y pasión de esa noche, todo eso era Hermione. Lo había sabido, pero ahora también podía sentirlo. Era Hermione a quien él quería, era Hermione quien lo había tocado, era Hermione a quien había amado…
Apartó sus labios de los de ella para bañar de besos el rostro de Hermione, memorizando la ya familiar curvatura de sus labios, encontrando ese divino punto bajo su oreja y escuchó vagamente un suave gemido en respuesta.
-Harry…- el sonido de su jadeo llegó hasta él como si una corriente hubiera atravesado su cuerpo.
Hermione lo tomó del rostro para besarlo nuevamente, su lengua aventurándose en la boca del chico, en un duelo de lenguas entre juego y deseo. Arqueó su cuerpo contra el de Harry, haciéndolo consiente de su creciente deseo bajo la trusa. Harry gruñó y su mente hizo explosión cuando Hermione enredó una pierna alrededor de las suyas, frotándose deliberadamente contra su excitación.
El chico no estaba seguro de quién había dado el primer paso para llegar a la habitación chocando contra todo en su desesperado intento por llegar mientras se besaban con pasión desenfrenada, pero no le importaba. Iban botando las prendas en el camino, desperdigadas por ahí donde pasaban: las sandalias de ella, los zapatos de él, la blusa, la playera, el cinturón, el sostén… y Harry se detuvo en seco por un momento que pareció eterno. Antes de que pudiera siquiera enfocar la mirada sobre Hermione, ésta se oprimió contra él y al chico se le olvidó, al menos por el momento, el placer de observarla para disfrutar del placer de sentir sus senos contra su pecho desnudo. Dio un par de pasos atrás sólo para que la chica lo acorralara contra la pared, arqueándose contra él. Harry los giró a ambos para presionarla contra el muro pero, en su lugar, se encontró entrando a trompicones en la recámara de Hermione cuando la espalda de la chica empujó la puerta, abriéndola, así que en lugar de besarla en los labios, el beso terminó contra su mejilla.
Ambos pares de ojos se encontraron con humor mientras reían; la urgencia de sus cuerpos se rompió por un momento.
-Eres ágil, ¿verdad?- bromeó Harry, aunque su tono de humor apenas se notó con su ronca voz.
-Bastante- aceptó la chica con un destello de diversión en sus ojos antes de que su mirada se enfocara en el pecho de Harry y toda noción de gracia fuera reemplazada por deseo. –Me parece que tienes demasiada ropa- murmuró justo antes de que sus manos se dirigieran a su pantalón para desabrocharlos y poder introducir sus tibias y hábiles manos y bajarle ambas prendas de una sola vez. Harry no pudo evitar gruñir de satisfacción al sentir su erección libre de las prendas que lo aprisionaban para luego terminar de quitárselas el resto del camino junto con sus calcetas.
Apenas se había incorporado cuando una mano de la chica ya lo había cogido, rodeándolo con sus dedos mientras cerraba los ojos y gruñía de placer. La dejó acariciarlo por un momento antes de que éste la detuviera deteniéndola por al muñeca y retirara su mano.
-Espera. Ahora es mi turno- y llevando sus palabras a la acción, Harry se movió para desabrochar el pantalón de la chica permitiéndole a sus manos acariciar la piel de su cintura y caderas mientras llevaba la prenda hacia abajo junto con sus pantaletas pasando por los muslos hasta que la chica estuvo desnuda ante su ávida mirada.
Con la boca seca la admiró. Merlín, era tan hermosa. No sabía porqué no se había dado cuenta antes de la hermosa figura que Hermione tenía y pensó que había estado ciego, estúpido o deliraba… o las tres juntas. Pegó su cuerpo al de ella, abrazándola para sentirla completa contra él, mientras sus labios encontraban los de Hermione nuevamente. La chica caminó hacia atrás y éste la siguió sin despegar sus labios hasta que sus pantorrillas chocaron contra la orilla de la cama y cayeron sobre esta rebotando en el colchón y haciéndolos reír suavemente sin razón aparente antes de que sus ojos se encontraran y la risa se difuminó hasta desaparecer. En su lugar, sus miradas se llenaron de pasión y algo más profundo que eso.
Estaba en la cama con Hermione. No sabía porqué ese pensamiento estaba tan presente y parecía estar cargado de un enorme significado; era irracional, dadas las circunstancias, y aún así, de alguna manera, sí tenía gran significado. Era como si todos los momentos previos de su vida condujeran a éste resultado.
-Hermione…- suspiró Harry su nombre como una plegaria y cargado de ternura y una caricia a la vez.
La más suave de las sonrisas iluminó el rostro de Hermione, las comisuras de sus labios se curvaban levemente pronunciando con un casi imperceptible tono:
-Harry.
El chico tomó una de sus mejillas y la besó con toda la ternura que hasta ahora no había tenido ninguno de sus besos, pero casi con tanta pasión como los anteriores.
El beso había comenzado suave hasta que Hermione abrió sus labios para él y sus brazos se apretaron alrededor del cuello de Harry, profundizando el beso con la misma desinhibición que él recordaba tan bien, con la misma vehemencia de la que se había enamorado.
Harry se movió hasta acomodarse completamente sobre ella, oprimiéndola contra las almohadas mientras que con una mano repasaba el cuello de Hermione hasta su hombro y luego un brazo justo antes de ir en reversa haciendo un camino sobre su estómago y un seno, explorándola en una larga caricia. La chica se estremeció bajo el suplicio de sus caricias calentando su piel en el proceso. Harry tomó uno de sus senos, moviendo el pulgar para acariciar su rígido pezón una, dos veces, hasta que la chica rompió el beso para dejar escapar un grito ahogado haciendo su cabeza hacia atrás mientras se arqueaba hacia él en una muda petición por más. Y Harry así lo hizo. Con su mano tomó completamente el seno mientras se deslizaba su cuerpo sobre ella dejando un camino de suaves y húmedos besos desde la línea de su mandíbula hasta su cuello, haciendo una pausa para lamer el hueco en su garganta.
Pero Hermione no se mantuvo quieta mientras aceptaba sus caricias, sino que lo alentaba con la forma en que se movía, la manera en la que lo tocaba moviendo sus manos con avidez e incansablemente sobre sus hombros bajándolas hasta su espalda y de regreso. Enredó sus dedos en el cabello de Harry cuando éste llegó a su destino: los labios del chico se cerraron alrededor de su erecto pezón saboreando el gutural sonido en respuesta a sus atenciones. Harry probó, lamió y succionó adorando cada sonido que Hermione sacaba, cada gemido, la manera en que se arqueaba hacia su boca, la forma en que los dedos de la chica lo sujetaba del cabello para que se quedara justo donde estaba.
Harry se movió levando sus labios sobre el pecho de la chica para prodigar la misma atención al otro seno hasta que la respiración de Hermione comenzó a acelerarse y su piel estaba tan caliente que parecía quemar. Él sintió y reaccionó a su respuesta como una droga que lo intoxicara. Tenía tanta pasión, tanta sensualidad natural en ella…
Indiluible lujuria lo atrapó hasta apagar por completo el cerebro. Necesitaba aprender todo de ella, necesitaba conocer la forma de su cuerpo de la misma forma que conocía su mente y su carácter.
Entonces, Harry se deslizó más abajo, seguido de sus manos que acariciaban su cintura, su estómago, sus muslos, antes de que su boca siguiera el mismo camino recorrido, explorando con más intimidad el cuerpo de su compañera. Con su lengua hizo círculos alrededor de su ombligo antes de introducirlo en este, probando el sabor de su piel, respirando el almizclado aroma de su intimidad mezclado con una esencia que es sólo de ella, esa esencia que ya conocía.
-Harry- su nombre salió en un gemido mientras se movía incesante bajo la atención que le prodigaban sus manos y labios.
El chico la tomó de las caderas suavemente y levantó la vista hacia ella para encontrar sus ojos desde su posición y la vista que le regalaba en ese momento fue como un golpe directo al corazón quitándole el aliento. Dios, es tan adorable… esos montes y valles y hermosas curvas, esa piel que, sabía, era tan suave como se veía, ahora sonrojada y ligeramente húmeda de excitación y placer…
Harry quería sonreír, debería haber sonreído pero sentía como si cada uno de los músculos de su rostro hubieran olvidado cómo por estar tan concentrado en ella y sólo ella.
-Tu hiciste esto por mí- musitó con la voz ronca y deleitado por el hecho de hacerla sonrojar. Y adoraba verla así, nunca lo hubiera esperado de Hermione, pero era atrevido y precioso.
Bajó la cabeza nuevamente para resumir su camino de besos más abajo aún del ombligo por la curva de sus muslos antes de ir más al sur, pasando al interior de sus piernas. Apenas era consiente de escucharla ahogar un grito y luego gemir de nuevo, las caderas de la chica se movían en sus manos y ella no pudo evitar arquear su cuerpo hacia él. Y finalmente, por fin, pudo besar el lugar más íntimo de Hermione. Lamió, succionó, y adoró cada parte de ella con sus labios y lengua, aprendiendo y saboreando su placer y su sabor hasta que la chica temblara y se retorciera bajo sus atenciones y su respiración saliera entrecortada. La besó una última vez y Hermione se estremeció lanzando un grito al aire mientras sus caderas se arqueaban una vez más.
Admirarla en su momento de éxtasis le robó el aliento y el pensamiento. Sólo podía mirarla, deseando recordar por siempre la vista que le obsequiaba –la visión más erótica que hubiera podido imaginar. La piel de Hermione ahora húmeda brillaba mientras jadeaba y dejaba caer su cuerpo sobre las cobijas.
Lentamente, Harry se movió hacia arriba de la cama hasta recostarse a un lado de ella, apoyándose en un codo para observarla. Los ojos de Hermione se encontraban cerrados mientras ella estaba acostada ahí; se veía como si se hubiera transportado a un paraíso apartado del mundo. Podía sentir ligeros temblores que emanaban del proceso de placer que experimentaba mientras ponía una de sus manos sobre el estómago de la chica, dejando a sus dedos vagar sobre su piel en una suave y casi imperceptible caricia. El podía estar casi completamente contento con sólo recostarse ahí y admirarla así, en el clímax. Casi, excepto que no podía ignorar la creciente urgencia que su adolorido cuerpo demandaba.
Hermione abrió los ojos, oscuros y un poco nublados por deseo, con una sonrisa que curveaba sus labios ensoñadores al encontrar sus ojos con los de él. Era una mirada, una expresión que nunca había visto en ella, ahí estaba, esa expresión sólo por él. Ese pensamiento, el saberlo, inundó su mente y su corazón con una rara mezcla de orgullo masculino y ternura con una pizca de asombro.
Hermione estiró una mano hacia él para con los dedos rodear la erección de Harry mientras que con la otra mano lo acercaba hacia ella y el chico dejó escapar un gruñido, casi sin aliento, anticipando lo que vendría ahora: sumirse en su húmeda calidez. Su miembro empujó un poco hasta deslizarse entre la carne de la chica y sus ojos casi salen de sus órbitas del puro placer erótico del acto, antes de entrar completamente en ella con un solo movimiento de sus caderas.
Ambos gritaron ante la abrasadora intimidad de aquello, la manera en que el cuerpo de la chica lo rodeaba y se adaptaba a él.
-Hermione- apenas logró musitar con el poco aliento del que disponía justo antes de besarla profundamente, su lengua penetrando su boca en una inconsciente imitación al movimiento de sus caderas mientras empezaba a moverse.
Los brazos de la chica lo rodearon por los hombros y sus manos se aferraban a él; sus piernas se enredaron en las caderas del chico mientras se arqueaba contra su cuerpo, animándolo, impulsándolo a penetrarla más, acercándolo a ella, encontrando su ritmo hasta emparejarlo con el de él en cada embestida. Ella jadeando, él con su rasposas exhalaciones, el sonido del corazón de Harry a galope, todo mezclado en segundo plano como una orquestada pasión.
Y entonces Hermione apartó sus labios de los de Harry para lanzar un grito, casi un alarido, mientras sus músculos se convulsionaban alrededor de él y al sentirla atraparlo en su cavidad, el chico fue arrastrado hasta el abismo del placer junto con ella, explotando en el interior de su amante con una última estocada. La visión de Harry se nubló y abría la boca en un ronco grito mientras se dejaba ir dentro de ella, sintiendo como si le diera todo lo que tenía, su vida, su mismísima alma, a su cuidado.
Se dejó caer sobre ella sin aliento, con el cuerpo flojo y casi sin sentido. No podía pensar, apenas si podía respirar; sólo podía estar ahí recostado sobre Hermione. Ella era su lazo con la realidad, la única cosa existente para él en esos momentos, el calor de su cuerpo contra el suyo, el sonido y la sensación de su aliento contra su oído.
Sin embargo, gradualmente recobró suficiente coherencia como para darse cuenta de que probablemente la estaba aplastando y giró su pesado cuerpo sobre su espalda, usando la poca energía que le quedaba para rodear a Hermione con un brazo y llevarla contra su cuerpo. De ninguna manera, pensó, la dejaría ir de nuevo, nunca más. Para acabar pronto, no tenía la más mínima intención de moverse de ahí.
Cerró los ojos y se permitió fluir, relajándose sobre la cama. No estaba completamente dormido pero tampoco estaba muy despierto; su mente andaba en un estado de semiconsciencia hasta que la chica se movió, efectivamente distrayéndolo.
-¿Harry?
Le tomó casi un ridículo esfuerzo abrir los ojos y enfocarlos en Hermione.
-Hmm.
-¿Qué fue esto?
El chico parpadeó un poco confundido y bastante divertido.
-Creo que se le llama una "fabulosa follada"
Hermione no se rió, sino que le dio un golpe sobre el pecho.
-Honestamente, Harry, eso no es lo que yo quería decir y tu lo sabes.
-¿Qué quieres decir?- ahora ya parecía más despierto.
-Yo... yo no soy una chica cualquiera que conoces en un pub y con la que sólo tienen un desliz- espetó ella.
Pero Harry rió. A pesar de todo, a pesar incluso de lo serio del asunto y del tono en su voz y su expresión, no pudo evitar reír. Pero luego suprimió el resto de su humorístico comentario al mirar sus ojos; empero, no pudo borrar completamente la sonrisa en su rostro.
-¿Acaso crees que no lo sé? Estamos hablando de ti y de mí, Hermione. Nosotros no tenemos deslices.
-La semana pasada sí.
-¡¿Qué?- esto lo sorprendió tanto que todo rastro de letargo se esfumó y recargó su cuerpo sobre su hombro para poder mirarla al rostro. –La semana pasada no fue un desliz. Fue… otra cosa- respondió con poca convicción ya que no podía pensar en otra forma de describirlo.
Hermione frunció el ceño ligeramente.
-Pero… pero Harry, tu dijiste… después de que Ron sugiriera… pensé que tú…- pero ya no terminó porque Harry interrumpió su tartamudeo con un beso.
-Dije que lo pensaría y eso sólo fue para que Ron dejara de acósame- respondió con una sonrisa. –Encuentro que, por lo general, es mejor no hacer lo que Ron dice que debo hacer- la respuesta le ganó una sonrisa por parte de Hermione. –Y por lo de la semana pasada, no lo pensaba sobre Helena como si fuera un desliz; pensé que era… un comienzo. Sucedió más rápido de lo que estas cosas suelen suceder pero ella realmente me gustaba. Me gustó sentirme cómodo con ella, me gustó que no me alabara y que realmente pudiera tener una conversación con ella. Y terminé increíblemente decepcionado al despertar la mañana siguiente y no encontrarte.
-Oh, Harry ¿En serio? Yo… yo no lo sabía. Pensé…
Con una mano, Harry tomó ligeramente una de sus mejillas.
-Hermione, si hubiera pensado que Helena era sólo un desliz de ocasión, no te hubiera dejado llegar más debajo de mi cintura- Hermione se sonrojó furiosamente y el chico se permitió sonreír con un dejo de autosuficiencia machista por provocar esa reacción antes de componer su rostro. –Me gustaba Helena pero no fue sino hasta después cuando me di cuenta de que era porque me recordaba a ti. Todo el tiempo fuiste tú. Te quería a ti, te amaba a ti. Fue sólo que no me percaté hasta que Helena me abrió los ojos. Afortunadamente, siempre has sido más lista que yo.
Hermione apenas pudo ahogar la risa y casi se abalanza sobre él. Sus brazos rodeando el cuello del chico mientras se oprimía contra su cuerpo deleitándose en sentir su piel desnuda contra la de él.
-Oh, Harry. ¡Yo también te amo! Pero pensé que nunca me verías de esa manera.
Harry se dejó caer sobre la cama de nuevo, rodeando con sus brazos el cuerpo de Hermione y disfrutando la sensación de sus senos desnudos contra su pecho cuando ésta quedó encima de él.
-Lo sé. Fue por eso que interpretaste a Helena, ¿verdad?
Hermione levantó la cabeza lo suficiente para mirarlo con una expresión de pena –algo incongruente dado dónde estaban y lo que tenían puesto, o mejor dicho lo que no llevaban puesto.
-¿Adivinaste?
Las palmas de sus manos quedaron sobre la piel expuesta en la espalda de la chica.
-Me imaginé que sería eso porque ninguna otra cosa tenía sentido- sus dedos paseaban sobre la espalda de Hermione en una caricia mientras encontraban las miradas. –La verdad es que me agradó que pretendieras ser Helena o quién sabe cuánto tiempo me hubiera llevado darme cuenta de que la razón por la que ninguna otra chica de las que he conocido me han gustado es porque me la pasaba comparándolas contigo.
Por la respuesta, fue recompensado con una sonrisa cuyo brillo llegó a los almendrados ojos de Hermione y suavizaron su expresión, una sonrisa muy parecida a las que ella le da cuando aprueba algo que haya hecho, una sonrisa que le recordaba a la que Helena le había dedicado y que atrapó su corazón y comprendió que se estaba enamorando de ella –excepto que, esta vez, no escondía nada. Esa sonrisa le demostró todo el amor y toda la lealtad y la profundidad de los sentimientos que, sabía, albergaba. Era una sonrisa que le hacía darse cuenta, sino es que ya lo había hecho, que él realmente estaba enamorado de su mejor amiga, enamorado de su Hermione.
Entonces ella lo besó, deliberadamente con pasión, frotándose contra él en una forma que, efectivamente, distrajo su mente de cualquier otra cosa que no fuera ella. Y el último pensamiento coherente, mientras devolvía el beso y sus caricias, fue: es esto. Y es para siempre.
Esto –este deseo, este amor- era para siempre. Ella era su por siempre.
FIN
N/A: Awwww, qué tal? A que está genial? Cuando lo leí la primera vez me emocioné; tan es así que lo he leído varias veces y pues, como pueden darse cuenta, pensé que sería buena idea hacer la versión en español. Perdón por la demora, pero había estado ocupada. De hecho, lo terminé hace una semana, pero de plano no encontré el momento, jejejeje... sorry. De nuevo aprovecho para agradecer al autor por haberme permitido hacer la traducción y postear el fic. Yo que más quisiera que traducir todos los que ha hecho, sin embargo de plano no tengo ni el tiempo.
Thank you, Bingblot, for letting me do this. I love your fics!
Si quieren encontrar su trabajo, búsquen en portkey(punto)org/fanfiction
