Summary:.:: Él, era su perdición, un pecado andante que la deslumbraba con solo una mirada, pero también, era quién le rompía el corazón, día tras día, con su cinismo e hipocresía. Él, era un monstruo, él… era Sasuke Uchiha::.
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto (adoro a este hombre, me ha iluminado la existencia xD)
Nota: Esta historia me pertenece, no permito que nadie la tome sin mi consentimiento, ni que la publiquen en otras páginas, lo cual si vamos al caso es lo mismo.
Advertencia: Pues, habrá lemon (juju *¬*) bueno, ya lo saben, si lo quieren leer léanlo, pero no me hago responsable de nada. Además, la historia cuenta mucho el dolor del protagonista en el transcurso de la historia, así que si son muy sensibles quizá se sientan afectados por algunas cosas (en realidad no lo creo, solo lo digo por las dudas xD), desde mi punto de la vista no es nada traumático ni nada por el estilo. Pero bueno… en fin, las dejo para que lean la historia.
..::The boy is a monster::..
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Capítulo 4
Tocando fondo
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Estacionó su elegante vehículo a tan solo unos metros de la casa de su hermano, no entendía por qué Sasuke se había ido a mudar a una casa él solo. Bueno, en realidad sí lo sabía, era porque él quería estar más cerca de la universidad, no tener que escuchar a los alborotados sirvientes de la mansión donde anteriormente vivía con sus padres y, principalmente, para tener más intimidad. Sonrió levemente ante tal pensamiento, con un aire pícaro, provocando que las dos mujeres que pasaban cerca de él exhalaran de golpe todo el aire que estaban conteniendo desde que lo vieron pasar. Era muy apuesto.
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Caminaba con paso agraciado y cada poro de su piel desprendía autoridad, intimidando a cualquiera que lo viera; su imponente altura, su porte elegante, le hacían sobresalir entre los demás y hacían notar que él no era igual a ellos. Llevaba puesto una camisa de un color gris-azulada con finas líneas de color azul oscuro; un pantalón de vestir color negro, y unos zapatos de igual color. Su brillante y lacio cabello recogido en una simple colita baja, que ataba su abundante melena color azabache. Tenía en su cara una expresión neutra, como si lo que pasara a su alrededor le fuera irrelevante, pero sus ojos lo veían todo. Él sabía lo que sucedió, lo que ocurre en ese momento y lo que ocurrirá más tarde con respecto a su entorno. Nada se le escaba de las manos. Siempre se caracterizó por poseer una astucia innata y gran intelecto. Siempre fue elocuente, siempre sabía lo que había que decir y cuándo había que decirlo. Él lo sabía todo.
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Pero cuando sacó una copia de las llaves de la casa de Sasuke y abrió la puerta, nada lo preparó para lo que vió.
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Una mujer… bueno, una muchacha. Calculaba que de la misma edad que su hermano. No tuvo tiempo de analizarla mucho más. Lo que principalmente le llamó la atención era que esa muchacha estaba a punto de cometer un atentado contra ella misma.
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-"¡¿Pero qué demonios estás haciendo?!"-su estridente voz hizo eco en toda la casa, sacando a Sakura de su transe y provocando que la navaja que tenía en su mano cayera al suelo. Miró entre sorprendida y asustada a quien había interrumpido en una situación muy bochornosa.
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Itachi seguía incrédulo, quería morirse, ella quería morir. ¿Quién era esa chica y porqué estaba a punto de suicidarse en el living de su hermano? No lo sabía, eso no lo sabía.
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Sakura permanecía en un estado de estupefacción total, si no fuera porque su pecho subía y bajaba al compás de su agitaba respiración, parecería de piedra. No podía moverse. La atraparon en el momento justo, antes de cometer la peor locura de su vida. Dios… casi se quita la vida por culpa de ese maldito.
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Esa mañana, cuando despertó, Sasuke no estaba. Igual que siempre… había pensado. Pero luego, su cabeza comenzó a palpitar y le dolió, como cada vez que recordaba algo doloroso. Y lloró, lloró incluso más de lo que alguna vez lo había hecho. Ella no se merecía eso. Le había dado todo, cambió su estilo de vida, su forma de ser y le dio todo el cariño y amor que pudo. Pero a él no le importó. Cada lágrima derramada servía para inflar su ego y para que sepa que nunca iba a ser importante en su vida. Ella no era muy diferente a lo que era una simple puta. Porque así se sentía, como una puta.
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Entró a bañarse y se refregó el cuerpo tantas veces como pudo, hasta el punto de lastimarse, solo porque aún lo sentía en su piel. Sentía sus besos ardientes y sus escurridizas manos tocándola por todos lados, de la misma manera que lo hizo con Karin y con quién sabe cuantas más. No lo soportó. Una parte de su cerebro dejó de funcionar. Y cuando menos se dio cuenta, terminó recostada contra el sillón en el living y con una navaja en la mano.
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No fue consciente de lo que hacía, no tenía ni idea. Solo sabía que quería que eso acabara de una buena vez, no podía seguir permitiendo que Sasuke la lastimara más de lo que ya lo hizo. Y buscó la solución más rápida a todos sus problemas. Si no hubiera sido por ese sujeto ella ya estaría en el suelo muriéndose desangrada.
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Ahogó una exclamación cuando él entró por la puerta y le gritó, soltó la navaja por el susto y lo miró por largo tiempo.
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Por un momento creyó que era Sasuke, que él había ido a rescatarla. Pero no; no fue así, él nunca haría eso. Sasuke nunca sería su príncipe azul ni su salvador, él le gustaba el papel de verdugo.
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La persona que tenía frente a ella, si bien era muy parecida a Sasuke, sabía diferenciarlos perfectamente.
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Ese individuo era más alto que Sasuke, y eso era decir mucho; su contextura física era mucho más maciza; más corpulento. Se notaba a través de la fina tela de su camisa sus bien definidos músculos. Tenía el cabello mucho más largo y dócil que el de Sasuke, además el suyo poseía un tinte levemente azulado y el de ese tipo era de un negro intenso, completamente oscuro, al igual que sus ojos. Pero en eso no eran tan diferentes, Sasuke tenía el mismo color de ojos, pero de un negro tal vez un poco más fuerte, además de la palidez de su rostro, era extremadamente blanco, y dos marcas le surcaban el rostro muy cerca de su nariz, hasta los elevados pómulos. Lo que sí era muy diferente a Sasuke, era su mirada. Sasuke tenía una mirada alterna y tan arrogante que te hacían sentir inferior a él, te denigraban y te penetraban profundamente en lo más hondo de tu ser. Pero en cambio, la mirada de ese hombre era un poco más suave, como más pasivo, muy enigmático, misterioso, no podía ver nada en ellos, por un momento mostró algo de incredulidad ante la situación, pero inmediatamente se recompuso y volvió a un estado aparentemente imperturbable, pero se le notaba un poco tenso.
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-"Y-yo…"-no pudo articular palabra; porque el llanto le impidió hablar. Cayó de rodillas al suelo comenzó a golpear con los puños el piso, impotente, frustrada, decepcionada de sí misma. No le interesaba lo que ese sujeto pensara de ella, seguramente la creería una loca. No era para menos, la encontró en a punto de matarse y ahora lloraba como una histérica en el piso.
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No entendía. Ella siempre fue sana, jamás se le pasó por la cabeza que alguna vez fuera a terminar así y todo por culpa de un hombre. ¡Todo era culpa de Sasuke!
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Se cubrió con las manos el rostro, como un acto reflejo para ocultar su vergüenza de aquel desconocido.
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Estaba encorvada en una posición muy parecida a la de un feto, se abrazaba a sí misma, brindándose algo de calor. Cuando salió de bañarse solo se colocó su ropa interior y una de sus camisas; no la de Sasuke, porque ya no quería sentir su olor pregnado en la prenda. Así que se puso una camisa que ni siquiera le cubría el trasero.
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De repente la invadió algo cálido, se sintió rodeada de una enorme paz. No… eso era una simple sensación, algo a estaba rodeando y la estrechaba contra sí. Levantó un poco a vista, y aunque no pudo ver bien a causa de las lágrimas, pudo reconocer la inmensa figura del desconocido. Se sorprendió un poco, pero luego se entristeció, debía darle mucha lástima. Pero no le importó. Se acurrucó en el pecho del hombre y entrujó la camisa entre sus dedos, llenándola de lágrimas. Solo quería eso. Alguien que la contuviera, que no le preguntara porqué. Que solo sea una presencia que la acompañara en su dolor silenciosamente. Eso era todo lo que necesitaba en ese momento.
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Itachi no sabía qué lo llevó a hacer eso, no fue lástima, él no sentía lástima, tampoco compasión ni ningún otro sentimiento parecido. Él solo quería ayudarla, algo no muy propio en su persona, no es que fuera malo, solo que no acostumbraba a regalar abrazos a todo el mundo. Ni siquiera abrazaba a su madre. Pero la situación lo ameritaba.
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Ignoraba cuánto tiempo habían estado así. La escuchó llorar amargamente sobre su pecho durante mucho tiempo y aunque se le hizo muy extraño e irreal… le gustó. Le gustó tenerla entre sus brazos, acurrucada en su pecho y susurrándole cosas de las que realmente no estaba consciente de haberlas dicho. Se sorprendió a sí mismo acariciándole su extravagante melena rosada. Un color muy raro, pensó. Pero no se le hizo desagradable, no era de lo más normal pero a ella le quedaba bien, y tenía un olor muy agradable. No le prestó mucha atención a cómo iba vestida hasta que la sintió dormida y tuvo que llevarla hasta la alcoba.
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De momento, ahora que ella no lloraba y permanecía en el mundo de los sueños, se puso a analizar la situación, como lo hacía con todo.
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La jóven estaba en la casa de su hermano y con muy poca ropa. No le costó mucho entenderlo, lo que sí no entendió fue porqué le disgustó tanto pensar que ella sea una de las muchas amantes de su hermano. A él le importaba un comino que Sasuke se revolcara con media población femenina, era su vida y podía hacer lo que quiera (mientras no se saliera de sus límites). Pero esa chica no parecía una… una ramera, de hecho, le pareció todo lo contrario, tenía muy en claro que las apariencias engañan, aunque nunca antes una mujer había hecho tal cosa por su otouto, ya que normalmente si este las trataba mal ellas seguía insistiendo o no les importaba que las usara. La muchacha parecía muy sufrida. Conocía la manera en la que Sasuke trataba a las mujeres y ella seguramente no era la excepción, la única diferencia es que tal vez no estaba hecha para ese tipo de relaciones como las que mantenía Sasuke con otras. Tal vez… realmente lo quería.
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Negó con la cabeza, intentando quitar esos pensamientos. Y la recostó con una delicadeza totalmente desconocida por él en la cama de Sasuke. Cuando iba a retirar las manos de su espalda, la muchacha abrió los ojos dejando a la vista unos enormes y hermosos ojos de color jade. Se quedó duro como roca.
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-"N-no te vayas… por favor."-rogó, en un inaudible lamento.
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Lo desconcertaba, desde que la vió, dejó de pensar con claridad, todas las ideas se amontonaban en su cabeza y luego desaparecían como por arte de magia. Ya no se sentía tan sabedor de todo lo que ocurría, lo había tomado por sorpresa, como pocas cosas en su vida lo hicieron. Y aunque lo frustraba, no por eso se negó a la petición de la ojijade.
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Con mucha cautela, se recostó a un lado de la chica, pero manteniendo cierta distancia, la vio hacer un gesto muy gracioso, parecido al que hace una persona como cuando está disgustada. Y tomándolo por sorpresa (nuevamente) se acercó hasta que las distancias que había entre ellos se hizo inexistente. No había lujuria ni tampoco dobles intenciones en aquel acercamiento, solo quería sentir algo de calor contra su cuerpo, sentir que había alguien más allí con ella; y eso le pareció un gesto lo más inocente. Correspondió (de manera dudativa) aquella muestra de necesidad que tenía hacia su persona y la rodeó son una brazo, ya se le estaba haciendo costumbre.
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Y antes de que volviera a caer dormida, la vió sonreír.
Sasuke entró a su hogar de un portazo, estaba con un humor de perros. La zorra de Karin le tenía las pelotas llenas, estaba arto de esa mujer, no paró de fastidiarlo durante todo el día en la universidad y se la pasó vanagloriándose con que se habían acostado. No le molestaba lo que dijera, le importaba un comino, de hecho ya lo habían hecho veces anteriores. Pero estaba arto de todas las mujeres, principalmente Sakura. ¿Quién se había creído esa mujer para desafiarlo de esa manera?
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Pasada su frustración, sonrió, alterno. Mph… había conseguido lo que quería, le demostró quién mandaba. Ella no era más que un simple objeto, no era más que un capricho.
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Un flash le pasó por la mente, recordando porqué hacía lo que hacía. Y se regocijó de satisfacción al saber que cumplió su tarea de humillarla. De pisotearla en donde más le duele. Supo conocerla bien, y no le costó saber que ella era la típica niña tonta que creía en los cuentos de hadas y los príncipes azules. Era tan infantil, tan inocente. Incluso a él le daba lástima que sea tan ingenua, que se confiara de todo el mundo y no pensara las cosas detenidamente, por eso había terminado como estaba.
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Cuando entró notó que algo no andaba bien. Sintió que había algo diferente en la atmosfera del lugar pero no sabía qué. Intrigado, comenzó a caminar por el living, dejó su mochila cerca del sofá y cuando fijó su vista es éste. Notó que algo brillaba en el suelo. Se puso de cuclillas y lo tomó entre sus dedos. Era una navaja. ¿Qué hacía una navaja tirada en el piso? Seguramente la agarró Sakura, pero ella no era tan despistada como para dejar esas cosas por ahí. ¿Acaso…? No… era ridículo, si no el cuchillo estaría lleno de sangre al igual que el suelo. Pero no descartó la idea, porque aunque le resultaba algo inquietante, le parecía muy posible que Sakura haya querido acabar con su vida. La lastimaba, y mucho, pero no era para tanto.
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Dejó la herramienta sobre la mesa que tenía a un lado y subió las escaleras, seguramente ella estaría en su habitación llorando o lamentándose, así que podría preguntarle.
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Caminó por el pasillo hasta quedar frente a la puerta, cuando la abrió, sus ojos casi se salen de sus órbitas por la impresión que se llevó. Debía estar soñando.
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Frente a él estaba Sakura, durmiendo, y con rastros de lágrimas en su rostro, tal y como pensó que estaría, pero lo que lo desconcertó, fue que no estaba sola. A su lado, estaba Itachi, su hermano mayor, abrazándola, en la misma cama que él compartía con su novia.
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Apretó los puños, sus dientes rechinaron de furia y todo su cuerpo se tensó cuando Itachi le miró a los ojos directamente sin inmutarse y la mano que reposaba sobre la cintura de Sakura afianzó su agarre, y mientras con la otra mano le acariciaba los cabellos de ella. Explotó.
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-"¿Qué mierda estás haciendo con mi mujer?"-siseó. Cuando Sakura, gustosa, relajaba su pose e intentaba sentir a Itachi aún más cerca de lo que ya estaban, obviamente, seguía dormida.
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Pero sin duda, lo que más le molestó, fue lo que él le dijo.
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-"Y tú… ¿Hasta cuándo vas a seguir con toda esta mierda?"-dijo en el mismo tono, su mirada se volvió dura.
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-"No sé quién te has creído para venir a decirme estas estupideces. No te interesa. Es mi problema, no el tuyo. Y sácale tus mugrosas manos de encima antes de que te las corte."-no lo soportaba, ¿quién se creía? No solo estaba tocándola, sino que también la defendía.
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-"No."-respondió simplemente.
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-"¿No?"-dijo al borde de la historia.-"¡¿cómo que no?! ¡Suéltala ahora mismo Itachi si no quieres que te mate!"-ese hijo de puta… lo estaba disfrutando, le gustaba verlo en ese estado, y no le gustaba seguirle la corriente, pero no podía controlarse. Él no tenía derecho a nada, tal vez Itachi sea el niño preferido, el prodigio, el que se quedaba con todo, la gloria, la fama, el amor se sus padres. Pero no a Sakura, ella era suya. Sólo de él. No permitiría que también le quitara eso. Se acercó hasta la cama dispuesto a quitársela a la fuerza si era necesario. Pero antes de llegar siquiera a un par de metros cerca de esta, escucharon un quejido. Dos pares de ojos negros dirigieron su vista la pelirrosa.
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Sakura había despertado.
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