Disclaimer: League of Legends y sus personajes no me pertenecen, solo estoy escribiendo esto porque me acabo de levantar a cepillarme los dientes, me he visto en el espejo y he dicho "Por Dios, que linda" y me calenté… y aquí estoy… que encima de rara soy Argentina.
-Capítulo 4-
-Pensando en lo que seriamos-
Y entonces te das cuenta del hermoso ser que tienes debajo de ti.
Te detienes porque algo en tu cabeza te exige que lo hagas, un respiro para verla, y eso haces.
Su habitual amable rostro esta contrario, con los ojos cerrados. La ves jadear con la boca semi-bierta, también necesitaba una pausa.
Su pecho sube y baja de manera profunda y acelerada, no tardar en coordinar el mismo ritmo.
Nota que no te mueves, te sonríe al ver como la observas y estira una mano hasta tocar tu mejilla.
Esta tibia y su tacto es suave, como todo el que sientes pegado a ella.
Su mano desciende por tu cuello, pasando el pecho, hasta llegar a acariciar tu abdomen.
Sientes el cosquilleo al mismo tiempo que te contraes, cerrando los ojos para poder experimentarlo más.
Apoyas una mano sobre la almohada, a la par de su cabeza, buscas estabilidad, pero al abrir tus ojos y encontrarte de nuevo con esa criatura tan amable, no lo logras.
Terminas pegando tu rostro al suyo, presionando con fuerza sus labios. Te llenas de satisfacción cuando su boca se abre, tomando la invitación.
La punta de tu lengua no tarda en encontrar lo húmedo de la suya, y te entretienes con los tímidos movimientos con la que esta parece reconocerte.
El momento distendido comienza a cortarse para ti. Ella tiene una de sus manos en tu cadera, tratando de acercarte.
Entiendes la necesidad, tú también la sientes, y retomas el movimiento.
Tratas de empujar más tu centro contra ella, pero lo ves imposible, ya estas totalmente ahí. Te alejas un poco y te acercas, rozando, empujando, buscando la forma de llegar aún más adentro, más cerca.
Te pierdes en esa búsqueda al momento que esa fricción que estas generando le manda olas de placer a tu cuerpo.
Ya no la besas, prefieres concentrarte solo en la sensación baja, acelerando el ritmo, empujando más fuerte.
Lo sientes venir, como si se concentrara en algún punto de tu vientre. Entonces ya no haces un vaivén, simplemente presionas contra ella lo más que puedes, aguantando la respiración cuando la sensación te envuelve.
Ahora, aunque tu cabeza se atonta, vuelves a moverte, lento esta vez, acompañando las ondas de placer que van disminuyendo a medida que te detienes.
Deseas derrumbarte ahí mismo… porque ya está. Llegaste y ahora solo quieres descansar, sabes que lo harás con una sonrisa de satisfacción que no podrás disimular.
Es cuando sientes de nuevo movimientos sobre tus labios, es ella la que te besa, está feliz, lo has hecho muy bien.
Te alejas para volverla a contemplar, tratar quizás de decirle lo hermosa que es… pero ella se te adelanta.
Te habla en palabras que no puedes entender porque aun la calma no regresa a ti. Te acaricia detrás de la oreja, vuelve a hablarte.
Te llama.
—Ezreal.
Oh no… ese no es tu nombre.
Caitlyn se giró, revolviéndose en su cama, sintiendo como la frustración la dejaba cansada pese a estarse recién despertando.
No quería levantarse hoy, pero la idea de volver a soñar con algo parecido a lo que acababa de vivir no le gustaba tampoco.
Estiró su mano y se quitó la almohada de la cabeza, llevándola a su pecho y abrazándola.
Dejó de resistirse a todas las emociones que luchaban por aparecer y fue cuando se sintió desafortunada, agobiada… y sola.
Llegar temprano era lo habitual para Jayce, llegar antes que Caitlyn no tanto, pero esta vez le pareció que la sheriff había hecho un mérito extraordinario.
Cerró la puerta de la sala de investigación con cuidado y cuando levantó su vista al pasillo se topó directamente con unos ojos de ámbar intenso.
Soraka lo veía con paciencia, primero a los ojos, luego a los papeles que llevaba con él, y finalmente a su costado, donde los vidrios de la sala atrás de él no llegaban a ocultar el interior de la misma.
—Por favor, no vayas a pensar mal—pidió de inmediato el hombre, viendo como la curandera concentraba su vista en el interior— al juzgar por la ropa, que es la misma que llevaba ayer, me temó que no ha vuelto a casa.
Soraka ahora volvía su mirada a él.
— ¿No volvió a casa?— preguntó sin entender.
-En estos últimos días la he visto quedarse hasta tarde, trabajando, insistiendo a su personal para que duplicaran sus esfuerzos. Vi cómo se quedaba hasta fuera de su horario ayer… bueno, al parecer decidió pasar de largo de un horario a otro.
Jayce se giró para ver el interior de la sala también.
—Aún es muy temprano, dejémosla así unos minutos más— recomendó y comenzó a caminar, alejándose, esperando que su acompañante le siguiera, pero no fue así.
Soraka no esperó a recibir ningún tipo de permiso, entró con el mismo cuidado que el hombre había cerrado la puerta y repitió el acto del lado de adentro.
La sala estaba escasamente iluminada, pero se abrió paso sin ningún problema hasta llegar a la mesa de investigación que le interesaba.
En ella, sentada en la silla más próxima, estaba Caitlyn. Apoyaba ambos brazos en la mesa y dejaba caer su cabeza sobre estos. Su sobrero descansaba a un lado y al juzgar por la respiración profunda y calmada con la cual su espalda se elevaba y descendía, dormía plácidamente.
Al acercarse más comenzó a notar otros detalles.
En la mesa había papeles, informes, fotos, todos relacionados a ella y el báculo robado. El medio le decía que, en efecto, la sheriff había estado trabajando, pero no en cualquier otro caso, sino en el de ella.
Volvió a poner atención a la chica dormida.
Aun en la posición en la que estaba, que se podía apreciar, una muy incómoda, le pareció una muñeca.
Sin medirse mucho, estiró su mano hasta tocar los cabellos oscuros de la oficial. Le habían parecido llamativos desde la primera vez.
Eran suaves y pesados, lo suficiente como para que se deslizaran entre sus dedos hasta caer de nuevo en la piel de su hombro.
Aunque la intervención había sido mínima, Caitlyn despertó, abriendo los ojos de a poco, y estirando su espalda mientras se apoyaba en el escritorio.
Apenas supo que no estaba sola en la sala, se tensó y puso de pie.
—Perdón— dijo de inmediato cuando distinguió a Soraka.
Mirando a su alrededor, notó con molestia que alguien había apagado las luces. Estiró su mano a una pequeña lámpara de escritorio y la luz amarillenta ilumino los papeles en los que antes había estado descansando.
Se apresuró a recogerlos y guardarlos en una carpeta.
—Debí quedarme dormida en algún momento, lo lamento— volvió a excusarse sin mirar a la curandera— No es lo que parece, no vayas a pensar que descuidadamente decidí tomar una siesta en mi trabajo…
—No pensé eso— se apresuró a interrumpir. La sheriff simplemente asintió— ¿No volviste a tu casa?
— ¿Al apartamento? No…
— ¿Por qué?
— Quería…— comenzó a decir, sin saber cómo terminar— adelantar unos asuntos.
— ¿Te quedaste trabajando en mi caso más allá de la hora que te corresponde?— preguntó sin dar vueltas, la otra chica no se lo negó— ¿Por qué?
—Porque…— volvió a decir, tomando coraje— yo te he faltado el respeto— confesó mirándola— y estoy muy avergonzada de eso. No tengo otro deseo que no sea el que sepas que te tomo en serio, a tu caso y a ti.
Agachó la cabeza apenada, aun perfilada hacia la otra chica.
—Pedir perdón por mi forma de desenvolverme no basta—siguió diciendo— así que, por favor, déjame resolver tu caso, le entregare toda mi dedicación hasta cerrarlo. Tiene mi absoluto servicio y entrega.
—No es necesario que te exijas tanto…
— ¡Si, si lo es!— contestó con contundencia—Lo que dije… lo lamento mucho… todo.
Soraka notaba la espalda tensa de la oficial, aun miraba al suelo y la culpa que traía se sentía con facilidad.
Inclusive ella se sentía mal por todo lo ocurrido, por cómo se dieron las cosas, aun siendo consiente que en gran parte era su culpa también.
Contempló la mano libre de la sheriff, con el puño firmemente apretado. No encontró otra forma que conectar con ella más que tomarlo con su mano, haciendo que el agarre se afloje y abrazando sus dedos con los de ella.
—Gracias—terminó diciendo con amabilidad, y le sonreía, pese a que la oficial aún mantenía su vista abajo— todo está bien entre nosotras.
La curandera tomó el leve apretón que sus dedos recibieron como una buena señal de que se le había entendido.
—Creo…—comenzó a decir, soltándose del agarre con incomodidad, buscando su sombrero como excusa para un distanciamiento
No estaba acostumbrada a tener contactos tan amigables y privados, invasivos, como los que demostraba Soraka a veces, la cual parecía más acostumbrada a ese tipo de tratos.
—Creo que encontré algo que podría ayudarnos en tu caso.
Nota del autor:
Sooo…. Septiembre es el mes del NoFap… está este desafío que pusieron de no tocarse… … … … … jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajjajajajajajaa.
I'm in, men, I'm fucking accept the challenge!
Y… ¿Qué tal la narración en segunda persona? ¿Eh? ¿Eh? ;)
Iba a ser más largo este cap, pero me cague enfermando y cuando estoy enferma no me da gana de…. No me da gana de nada ¿Qué va? :,(
