Capítulo 4.
-Bueno, vamos a ver cómo va evolucionando ¿de acuerdo?- decía un tipo con una túnica de color azul- No sabemos si va a recuperar la memoria, pero haremos todo lo posible para que así sea,
Sirius se obligó a esbozar una sonrisa. Era muy extraño, pero no recordaba nada de su vida. Todos sus recuerdos comenzaban cuando se despertó en una habitación de paredes blancas con unos hermosos ojos marrones contemplándolo. Cuando los vio sintió un vuelco en el corazón, seguramente por encontrarse en una habitación extraña, rodeado por gente a la que no conocía de nada.
-¿Me ha comprendido?- preguntó de nuevo el hombre.
-Sí, claro- respondió él.
El hombre lo miró arqueando una ceja y sonrió.
-Bien, hay algo que debemos contarle, algo que debe saber- suspiró cansinamente y dijo- ¿usted cree en la magia?
-Magia- dijo Sirius. ¿Ahora le iba con esas?
-Sí, magia- dijo él.
-Pues… no sé- contestó Sirius- La verdad es que ahora no estoy seguro de nada,
-Entonces hay algo que tiene que ver- sonrió el hombre. Medimago Finnigan, o eso decía la túnica.
El hombre se metió una mano en el bolsillo de la túnica y saco un palito de madera. El gesto se le hacía conocido. No sabía por qué pero notó la sensación de un palito de madera en su mano y un agradable calor saliendo de su mano al palito. A la… varita.
-¿Sabe que es esto?
-Una… varita- murmuró él.
El medimago, o lo que fuera ese hombre, sonrió con satisfacción.
-Muy bien. ¿Sabe para qué es?
-No… no estoy seguro- dijo Sirius, pasándose una mano por la frente.
-Sirve para hacer magia, ¿comprende?
-¿Qué demonios…?- empezó a decir Sirius.
El hombre hizo un movimiento con la varita y el vaso con agua que reposaba sobre la mesiolla al lado de la cama de Sirius empezó a levitar. Sirius soltó un grito ahogado y se alejó de forma brusca de él, cayéndose de la cama en el proceso.
-Auch- se quejó.
-¿Estás bien?- preguntó el medimago, volviendo a depositar el vaso en la mesilla.
-Sí, pero… pero ¿Qué ha sido eso?
-Magia, ya se lo he dicho- sonrió Seamus- Verá, la magia existe en todas las personas y algunas pueden canalizarla y hacer una serie de cosas que las personas corrientes no pueden. Yo soy un médico mago, un medimago. Esto es un hospital mágico y usted está aquí porque también es mago y desapareció hace algún tiempo por circunstancias mágicas.
-¿Entonces yo también puedo hacer magia?- dijo, repentinamente entusiasmado.
-Sí, puede- dijo Seamus.
-Espere, ¿Cómo que desaparecí?- preguntó Sirius.
-Verá, hace diez años hubo una batalla entre magos. Un grupo estaba liderado por un mago llamado Voldemort, que lo que querían era gobernar sobre las personas no mágicas, considerándolos una raza a eliminar, o por lo menos, prevalecer sobre ellos. El otro grupo eran los que nos oponíamos a ellos. Tú estabas en ese segundo grupo y… caíste a través de un velo que al parecer te llevó a alguna dimensión que desconocemos. Creímos que estabas muerto, pero apareciste esta mañana.
Sirius lo miraba con los ojos abiertos como platos.
-¿Yo… en una guerra?
-Sé que ahora mismo estará confuso, pero ahora dejaré pasar, con su permiso, a alguien que se lo aclarará todo. Una persona muy cercana a usted… antes.
-¿Quién?- murmuró Sirius.
-Su ahijado- contestó Seamus.
-¿Tengo un ahijado?
Seamus sonrió y abrió la puerta, dejando pasar a un joven de unos veintitantos años que se le hacía conocido. De repente, como un fogonazo, le vino a la memoria las imágenes de un hombre muy parecido al que tenía enfrente. El hombre sonreía y lo abrazaba, mirando muy contento a un lado, donde había una cama con una pelirroja muy hermosa acostada y con un bebé en brazos. La imagen se fue tan pronto como vino, dejándolo confuso, pero dejándole un amago de recuerdo muy agradable. De pronto, un nombre le vino a los labios.
-James- pronunció.
El chico se quedó parado y miró al medimago, arqueando una ceja.
-¿Ha recuperado la memoria?- preguntó.
-No- respondió el medimago.
El chico se volvió hacia él y le sonrió.
-No soy James, soy Harry, su hijo, tu ahijado- explicó- Mis padres, James y Lily, eran muy amigos tuyos y tú eres mi padrino.
-¿Eran?- preguntó Sirius- ¿Qué pasó? ¿Discutimos?
-No… ellos murieron hace un tiempo- dijo Harry agachando la cabeza. Eso no estaba bien, ese chico tenía que sonreír.
-Lo siento, chico- murmuró él.
-Lo sé- dijo él, consiguiendo una medio sonrisa.
-¿Quién ganó la guerra?- preguntó Sirius.
Harry le miró con expresión indescifrable. Al fin sonrió.
-Nosotros.
-Bueno, chico- dijo Sirius- Tienes que contármelo todo desde el principio.
S&H
Harry no podía recordar cuando fue la última vez que habló tanto. Esa misma tarde empezó a contarle a Sirius la historia de su vida, desde el principio, tal y como él la sabia. Se lo contó todo, menos la parte de su vida con Hermione, ya que ella se lo había pedido así antes de que él pasara a la habitación. Quería contárselo ella, o eso decía. Aun así, Harry decidió respetar su decisión y no le contó nada de ello.
Cuando acabó (era cerca de medianoche) Sirius se recostó en la cama y dijo:
-Vaya, menuda historia. Parece sacada de una novela.
-Si, la verdad es que sí- comentó Harry.
-Parece difícil de creer, pero el caso es que… mientras me lo explicabas, notaba una sensación de… como de que sabía de una forma subconsciente que lo que dices es cierto- sonrió Sirius.
-Es verdad que el día ha sido u n poco intenso para ti. Si quieres te dejo solo para que descanses y mañana vendré a verte de nuevo con mis amigos.
-Ron y Hermione- sonrió Sirius.
-Exacto- rio Harry.
-Hasta mañana pues- dijo Sirius.
-Hasta mañana- dijo Harry. Deseaba abrazarlo, pero no se atrevía. Aun no tenían la confianza de antaño.
Harry se levantó y le tendió la mano a Sirius, que se la estrechó con fuerza.
-Gracias.
-De nada.
