Capítulo 4. "Declaración de odio."
Al levantar sus cargantes parpados, Kim KiBum se encontró con unos gráciles rayos de sol que achicaron su pupila, tuvo que poner el largo de su brazo sobre su frente para evitar encandilarse, pero al hacerlo rápidamente sintió un pequeño dolor punzante que provenía de uno de los golpes que había recibido el día anterior.
Se levantó con ciertas complicaciones, y al observar que no se encontraba en su habitación, formó una expresión de espanto.
-¿Dónde estoy?- Se preguntó a sí mismo en voz alta.
Su vista recorrió el lugar donde estaba, las paredes se tornaban de colores tenues, las cortinas eran demasiado clarividentes, y apenas y había un par de cuadros colgados, era una decoración muy minimalista para su gusto.
-Así que ya te has despertado-
La puerta de madera oscura se abrió para dejar ver a un apacible Kim RyeWook, quien se adentraba con una charola entre sus manos, la cual llevaba un desayuno sencillo de huevos fritos y jugo de naranja.
-¿Qué ha pasado?-
Interrogó mirando como el mayor colocaba la charola sobre el mesón junto a él y se sentaba en el borde de la cama.
-Te desmayaste ayer. Debiste decirnos que la intensidad de tus golpes eran graves, pero no te llevamos al hospital debido a que el agente Choi insistió en que era algo innecesario, por lo que decidimos que era una buena idea que pudieras pasar la noche en mi casa para darte los cuidados necesarios-
KiBum suspiró luego de aquella explicación.
-Gracias doctor, pero debo ir a la academia, tengo unos trabajos pendientes que entregar-
El médico miró preocupado como el pelinegro se levantaba con increíble esfuerzo y tomaba sus cosas.
-¿Estás seguro? Yo recomiendo que descanses un poco más, aparte ni siquiera has comido algo-
El de gafas de aumento sonrió sutilmente.
-Compraré cualquier cosa en la estación, nuevamente gracias doctor-
Y en menos de un instante KiBum había desaparecido ante los ojos del forense.
…
HeeChul divagó por aquella avenida principal, aquella donde había tenido el placer de conocer al hombre de recia tristeza y corazón desamparado, el de orbes de piedra y labios fríos, de quemantes manos y orgullosos movimientos, el de monstruos invisibles y humildades dulces.
Quería verle de nuevo, acariciarle y besarlo con brutalidad, esperaba porque apareciera en cualquier momento para lanzarse a sus brazos y no salir de ahí jamás, porque esa era su única oportunidad, porque era su último día de libertad, y pasara lo que pasara, debía encontrarlo.
-¿HeeChul? ¿Kim HeeChul?-
El pelirrojo escuchó una voz grave a sus espaldas e inmediatamente se giró para ver a esa persona que le llamaba.
-¿Kyu-KyuHyun?-
Subió sus párpados y dejó caer su mandíbula, mostrando toda la palabra sorpresa repleta en la expresión de su rostro. Por otra parte, el recién conocido solo elevó sus mejillas y dejó ver sus dientes blancos y bien alineados en una alegre sonrisa.
-Pensé que nunca te volvería a ver-
Cho estiró sus brazos y Kim avanzó para aceptar su invitación y envolverlo en un gratificante abrazo.
-Vayamos a otro lugar, hay un lugar turístico cerca de aquí y tiene un pub muy bueno ¿Te apetece?-
HeeChul sonrió nervioso y terminó con el contacto.
-Vale, así podremos platicar más cómodamente-
Ambos caminaron por la acera un par de cuadras y llegaron a su destino, subieron al segundo piso, avanzaron un poco y por fin dieron con su establecimiento hostelero al estilo inglés.
-Ha pasado bastantes años, desapareciste de repente y créeme cuando digo que nos preocupaste terriblemente a todos-
El pelirrojo se removió incómodo en su asiento, y pidió al bar-tender un Martini doble.
-A mí me da otro, con muchas aceitunas- KyuHyun procedió también para pedir.
-Bueno sucedieron muchas cosas que sinceramente, ya ni vale la pena contar, pero dime sobre ti ¿Qué haces ahora?-
El menor le mostró una mueca extrañada, ser alguien que analizaba frecuentemente a las personas por su expresión corporal en algunas ocasiones era muy beneficiario, pero en otras resultaba inoportuno. Para él no era inadecuado descubrir que su antiguo conocido estaba totalmente nervioso y angustiado, pero el problema radicaba en que quería saber el porqué.
-Bueno, ahora soy el jefe del departamento de inteligencia de la policía nacional-
HeeChul sintió toda su máscara desecha y mostró un rostro agónico. Su mente comenzó a maquinar información y recordó cuando DongHae le mencionaba a YeSung los integrantes del equipo de investigación, y esa persona que estaba sentado frente a él, era el dirigente.
-¿Estás bien? Parece que has visto a un fantasma-
Ignoró las palabras de su compañero y paseó sus grandes rojos por los alrededores, habían aproximadamente cinco hombres que lo vigilaban, y uno de ellos ya se encontraba hablando por teléfono, era su pérdida.
-Aquí tienen sus tragos-
El bar-tender se los colocó sobre la barra y les sonrió engañosamente, mostrando el amarillento de su gesto y un diente de oro que relucía como una cegante luz.
-Lo-lo siento KyuHyun, de repente no me siento bien- Tomó su bebida de un jalón y agarró su bolso.
-¿Qué te pasa? ¿Quieres que te lleve a tu casa?- Se levantó preocupado y le siguió de cerca.
-¡No!- El pelirrojo dio un grito ronco de miseria, uno que hizo estremecer e impactar a su viejo amigo.
-No es necesario, me pondré en contacto contigo después ¿Vale?-
Después de compartir sus números de contacto, KyuHyun le vio irse apresuradamente.
-No cambiarás nunca, Kim HeeChul-
Pensó en voz alta, para después regresar a su antiguo lugar y comenzar a beberse ese trago.
…
SungMin entró con pasos sigilosos a la habitación de YeSung con un botiquín de primeros auxilios entre sus manos.
-Chula es un hijo de puta, se las ha apañado para escaparse de mi castigo-
El de máscara blanca gruñó molesto al momento en que se sentaba en la extensa cama del de cabellos brunos.
-Lárgate-
Esa corta palabra no logró su cometido, porque Lee se aproximó para ver de cerca las heridas en su desnudo cuerpo.
-Eres bastante idiota, dices ser el más astuto pero tus acciones son tan impulsivas, al final solo tratas de arreglar tus putos desastres y crees que el resolverlos te hace el mejor, pero no es así, serías el más astuto si evitaras los líos desde un principio-
JongWoon no objetó contra su lógica, no emitió ni un solo sonido, simplemente desvió su roja mirada hacia la ventana oscura de su habitación, deseando por poder observar un cielo azul.
El otro respiró profundo y comenzó a limpiar sus heridas. El lugar se quedó con un cómodo silencio.
El mayor no mostraba ninguna reacción, a pesar de que el dolor era hasta cierto punto insoportable, no dejó mostrar su vulnerabilidad, porque lo sabía, que en aquella casa era una especie de humillación que carcomía tu pecho.
-HeeChul se escapó y dicen que fue en busca del jefe de la investigación, ahora DongHae me ordenó que me quitará esto- Apuntó a su máscara imparcial. –Y que me acercara a ese poco importante Cho KyuHyun-
-El amo está tomando decisiones apresuradas, por eso mismo te digo que debemos tomar precauciones e investigar al tal KiBum ¿Has visto la golpiza que recibió EunHyuk? Y solo porque le mencionó ese nombre-
-Ya lo he hecho- Los ojos de YeSung se abrieron desmesuradamente.
-Pero no lo hice por voluntad propia, el amo lo ordenó-
El mayor se reincorporó como pudo, interrumpiendo la curación de sus heridas.
-Cuéntame-
-No hay nada que contar, sólo es un simple chiquillo que tiene un buen cerebro, le metieron a la investigación del caso y es por eso que el amo se ha estado acercando a él-
-¡Pero menciono su nombre durante el sexo!-
-Bien, pudo ser un error, ¿Por qué le das tanta importancia?-
El hombre lastimado acercó su sombrío rostro al del otro, y le miró con desespero.
-Porque es importante, ¿Qué más hay? Porque hay algo más-
Lee soltó un largo suspiro y con fuerza le obligó a que se recostara, se colocó en cuatro patas sobre él y a los pocos segundos presionó ese miembro flácido con su rodilla izquierda.
-¡Ah!- Gritó con un tono áspero.
-No es asunto tuyo, así que mantente lejos de ese mocoso, porque si no terminaras peor-
SungMin levantó su máscara hasta dejar ver los poros de su nariz, y con violencia acercó su rostro al herido de Kim.
-DongHae no confía en ti, no confía en EunHyuk y mucho menos en HeeChul ¿Sabes por qué? Porque todos son una bola de reinonas, dejándose llevar por sus emociones tan fácilmente, cuando debieron haberlas extinguido hace mucho-
YeSung sentía como el aliento de esa persona quemaba sus labios agrietados, y sin darse cuenta, su pene que era presionado con fuerza comenzaba a ponerse duro.
-Quítate de encima Sung, o me veré obligado a saltar los límites-
-Debes de tener poder sobre tus deseos y sentimientos-
El enmascarado se acercó incluso más, deshaciéndose de esos milímetros que los separaban y rozó sus belfos contra los de él, incitándolo a caer.
-¡Puta mierda!-
JongWoon tomó con fuerza sus brazos y le besó pasionalmente, formó una pequeña danza salvaje con esos mustios labios e introdujo su lengua forzosamente, le mordió los labios y le hizo sangrar.
-Te voy a follar-
Le murmuró jadeante y cambió las posiciones en un movimiento.
-Demuéstrame que tan insensato puedes llegar a ser-
En cuanto terminó su frase fue atacado por esa bravía boca, esa que no podía saciarse y degustaba cada centímetro de sus apretados belfos. Las manos inquietas de YeSung comenzaron a abrirse paso entre sus ropas, se metieron por debajo de su ajustada camiseta negra y masajearon su vientre plano, desabrocharon sus vaqueros y bajó sus calzoncillos para después tomar su miembro duro y empezar por masturbarlo.
-¡Mmmh!- El menor gimió con placer y encajó sus uñas en la espalda descubierta de él.
-¡Necesito metértelo! –Bramó y dejó su trabajo a medias para luego obligarlo a ponerse de espaldas.
-Ponte condón imbécil-
SungMin ordenó y prefirió ignorarle. Justo cuando la punta de su erección estaba por tocar esa cavidad estrecha, el de máscara blanca se levantó y se subió los pantalones.
-Te dije que te pusieras un puto condón o me llenarás de infecciones-
-Aguanta, me lo pondré-
Le miró suplicante y Lee sonrió victorioso.
-¿Lo ves? No pudiste abstenerte, zorra-
Bajó su capuchón y salió de la cama.
-Date una ducha fría y ve al hospital, esas heridas te van dar problemas-
Y sin agregar más, se fue dando un portazo, dejándolo solo en ese cuarto solitario y oscuro, con una enorme erección y un embrollo en su mente.
…
KiBum entró al aula de literatura con paso lento, los golpes le molestaban, el medicamento le causaba sueño y la cabeza le dolía.
-¡Bummie! ¿Qué te ha pasado?- ShinDong se levantó de su pupitre para acercarse totalmente alertado, mirando el mal estado de su amigo.
-Nada importante, ¿Podrías por favor no montar un escándalo?- Habló con voz suave, no tenía ganas de levantar la voz siquiera.
Con total calma se encaminó hasta su butaca situada al lado de la ventana, mientras era seguido por el de cuerpo relleno quien no paraba de preguntar acerca de lo que había pasado, pero justo cuando dejó su mochila de un lado y estuvo a punto de tomar asiento, colocarse los audífonos e ignorar al mundo entero, sus ojos cansinos observaron a un DongHae de perfecta apariencia.
-Ven conmigo, debemos hablar-
Pronunció el castaño al momento en que tomaba su mano con fuerza y lo forzaba a levantarse.
-No tengo nada de qué hablar contigo, suéltame-
Kim se resistió y quiso soltarse, pero el agarre de cierto modo era muy fuerte, tanto que le ocasionaba un dolor incluso mayor que el de su cabeza.
-No te lo he preguntado-
KiBum tuvo una reacción lenta, porque cuando menos se lo esperó ya se encontraba sobre la azotea de la escuela, con su cuerpo sufriendo debido al movimiento rápido que tuvo.
-¿Qué demonios quieres?- Cuestionó con su respiración acelerada y su corazón latiendo a mil por hora.
-Debes dejar el caso infinito-
Lee ordenó sin titubear.
-¿Qué?- Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro.
-¿Estás sordo? ¡Deja el estúpido caso!-
-¿Quién eres tú para venir a decirme lo que debo hacer?- Kim se estaba molestando, por cada segundo que pasaba la ira comenzaba a controlar sus expresiones faciales, sus movimientos y sus pensamientos.
-Soy la persona que te gusta- Levantó su barbilla y dejó mostrar sus blancos dientes en una sonrisa cruel, una que se burlaba de sus malditos sentimientos.
-¡Maldito idiota insensible!-
KiBum escuchó su voz quebrarse, y sintió como esas lágrimas despreciables comenzaban a abundar su demacrado rostro.
-¿Tanto daño te causo? ¿Realmente me quieres? Porque mira que dejarte golpear de esa manera dice mucho de ti-
-Vete a la mierda, no te quiero-
DongHae se aproximó hasta él y lo agarró del cuello de su camisa.
-Vuelve a decirlo, mentiroso-
El pelioscuro elevó sus aguados ojos y le sonrió débilmente, de una manera en que mostraba su dolor y tristeza.
-No te quiero, te amo, porque soy feliz incluso cuando te veo pasar, porque lloro por ti, porque espero por ti, porque quiero abrazarte, quiero besarte, quiero tenerte, porque pienso en ti siempre, y a pesar de que sé que son sentimientos de un adolescente entusiasta e inmaduro que algún día se detendrán y desaparecerán, te amo-
No esperaba por una segunda declaración, mucho menos así de sincera y natural. Sus sentimientos fueron conmovidos, se removieron dentro de sí y se embellecieron por un breve instante. Sus manos se aflojaron y su rostro se acercó, su mejilla acarició la de él y sus palmas se posaron sobre su cintura.
-¿Por qué me amas?- Soltó un suspiro embriagante.
-Porque soy muy estúpido-
KiBum rodeo su cuello con sus brazos y le propinó un pequeño beso casto muy cerca de sus labios, para después alejarse con rapidez.
-No voy a hacer que actúes de una manera de la cual te vas a arrepentir después, yo lo sé, que no soy para ti y que el deseo carnal siempre puede ganar, pero si tú no sientes lo mismo que yo, no puedo seguir aquí-
El de cabellos castaños relamió sus labios y negó con la cabeza.
-Vete- Apretó sus puños con fuerza.
KiBum no dijo nada, simplemente se dio la vuelta y se fue del lugar con su dignidad entre sus brazos y un alivio esparcido por su corazón.
Cuando DongHae se encontró en medio de la soledad, su boca se llenó de extraña amargura y sus ojos de patéticas lágrimas saladas. Y se dejó caer sobre sus rodillas, cuando la dulce sombra de una nube ensombrecía su lamentable figura.
…
SiWon enfocó con su vista aquellos documentos que le había dejado KangIn. El perfil de Henry Lau era bastante bueno, a pesar de ser muy joven tenía una experiencia increíble en incontables casos, y en todos había salido ganando, era un historial muy sorprendente, aparentemente. Choi sabía que aquello era una cortina de humo, porque esos casos no existían, porque esa identidad era falsa y porque ese hombre al parecer se empeñaba en establecer contacto con él. Lau formaba parte de la organización pez blanco, lo sabía y no tenía ni una sola prueba.
-¿Entonces? ¿Cree que podrá hacerlo?-
El más alto frunció sus labios y duro un segundo en silencio, pareciendo que pensaba acerca del asunto, pero no era así, lo que realmente pensaba era acerca de cómo iba a decirle a YoungWoon que su mejor amigo era un impostor.
-Me lo pensaré-
-Agente Choi, lamento si soy imprudente pero ya no puedo aguantarlo, ¿Por qué no nos cuenta con exactitud del incidente de hace cinco años?-
Ante su pregunta directa solo pudo ceñir ligeramente el entrecejo y mirarle enojado.
-No quiero hacerlo-
Un bufido perceptible se escuchó en la extensión del lugar.
-Solo deje su estúpido orgullo de lado y contribuya, si es que realmente quiere ver a su hermano vivo-
El menor soltó una risotada fingida y negó con la cabeza.
-¿Orgullo? ¡Sí que eres gracioso! ¿Dices que no hablo de eso por mi puto orgullo?-
Se levantó de un salto, con una expresión descompuesta que solo mostraba el cólera que estaba sintiendo, pero KangIn no se asustó ni un poco, se mantuvo con una pose firme, con los brazos cruzados y una mirada intensa.
-¿Sabes si quiera lo que dices? ¡Idiota!-
-¡Sí! ¡Sé lo que digo, maldita sea! ¡Obviamente no va a ayudarme con lo de Henry porque se cree demasiado, piensa que es un asunto sin importancia en el cual su distinguida presencia no puede aparecer porque sería rebajarse! ¿¡Cree que no lo sé!? ¡La clase de persona despreciable que es!-
Choi acorraló a Kim en una esquina, colocó cada uno de sus brazos a la altura del rostro del otro.
-¡No tienes ni puta idea! ¡Eres un inútil! Ni siquiera sabes escoger a tus amistades, ese tal Henry Lau es un estafador, y se nota a leguas, el que tú no te des cuenta no es mi asunto, pero yo no voy a involucrarme en embrollos cuando puedo evitarlo-
-¿Qué dices?-
-¡Que te engañó!-
Y esa fue prácticamente la señal para que el mayor dejara escapar lo que había contenido en un solo golpe, uno donde su puño se estrellaba con la cara iracunda de SiWon. Y con su labio sangrando, el agente especial irascible le copió la acción y le golpeó.
Ambos iban a iniciar con una ardua pelea, pero un asustado RyeWook se interpuso tirando las bolsas de comida al suelo.
-¡Paren!- El recién llegado se colocó entre los dos cerrando los ojos con fuerza, y fue entonces cuando los dos detuvieron los que iban a ser sus siguientes ataques.
YoungWoon suspiró y miró a su aterrado compañero que no podía recuperarse del espanto.
-Ya, tranquilo-
Le susurró mientras le acariciaba uno de sus hombros, tratando de reconfortarlo con esa acción.
-¿Qué-qué les sucede?-
SiWon exhaló hastiado y sin responder, salió del lugar furioso, sin dedicar una última mirada, conteniendo toda su rabia en el rechinamiento de sus dientes, todo para no volver y golpear a ese inconsciente ex miembro de las fuerzas especiales.
…
El muchacho de hebras morenas como cabello se deshizo de su simbólica máscara blanca y dejó ver un maravilloso rostro. Se trataba de un par de fanales eclipsados y desiertos que veían fastidiosas masas, seguidos de una nariz pequeña y recta que respiraba vicios, y de una boca rosada de comisura tiesa que emitía enturbiadas mentiras y vulgaridades desgastadas.
Luego de verse durante pocos santiamenes en el espejo, tomó un conjunto de ropa azulosa y se vistió con ella, se colocó una loción dulce y tomó unas llaves con las que empezó a juguetear.
Salió de aquella mansión con la imagen de un chicuelo y se metió en un auto de lujo blanco, para después arrancar a toda velocidad.
SungMin siempre fue el especial entre sus compañeros, nunca se desaparecía y causaba problemas como HeeChul, o se metía en la bebida y las drogas como EunHyuk, o simplemente adquiría una actitud obsesiva y traumatizada como YeSung. Todos ellos recurrían a esas acciones desesperadas, se aferraban a ellas y se descargaban con ellas. Él no requería de eso, no lo necesita, porque su pútrido corazón negro carecía de emociones volubles, su mente podía controlarlo todo.
Él es un asesino a sangre fría, no cavila, no duda, no se debilita, no puede darse esos lujos, no pude permitírselo. Por eso es que DongHae confía en él más que en nadie, porque sabe que es inteligente y que no tiene pensamientos individualistas, solo se mantiene siguiendo sus órdenes y no aspira a más alto. Eso es lo que es Lee SungMin, una categoría única de ruin que se abandona a sí mismo.
Sus pies pisaron aquel enorme centro comercial, y sin haberlo planeado, se paseó por él, se metió en cada una de sus tiendas y se mostró como un joven mascullando su tedio, una dócil fiera de sedienta esperanza y sueños silenciosos.
Y se detuvo frente a una curiosa tienda de antigüedades, con extraños objetos excéntricos que supuestamente hacían despertar su curiosidad.
Una sonrisa disimulada se escapó de sus labios de cerezas cuando escuchó como una persona se colocaba a su lado.
-¿Te gusta?-
Sus ojos fríos captaron a un hermoso hombre alta estatura, cabellos cafés y mirada sedosa, de sonrisa clara y manos herméticas.
-Bastante-
Respondió de forma concisa mientras volteaba su ver al frente.
-De pocas palabras, me gusta-
-A ver si también te gusta cuando me encargue de patearte el culo sino me dejas en paz ahora mismo-
El de cegadora sonrisa se inclinó hasta él y dejó escapar una molesta risita.
-Te estoy seduciendo y no me voy a rendir hasta hacerte caer- Musitó a su oído, tan cerca que le hizo ponerse con piel de gallina.
-Soy Cho KyuHyun, ¿Cómo te llamas?-
Se reincorporó mientras desbrochaba un botón de su saco con un mano, y con la otra le inducía a saludarle.
-SungMin, Lee SungMin-
Estrechó su mano y su corazón emitió un fuerte latido, uno que le hizo sorprenderse y asustarse. Y como si estuviese viendo a una bestia, se alejó brutalmente cortando el contacto.
-¿Estás bien?-
-¡No! No te me acerques-
KyuHyun quiso tocarle pero él no se lo permitió al momento de crear una distancia considerable.
-No te haré daño, te lo prometo-
Lee se expuso como una persona tímida que se aproximó con lentitud hasta volver a estar cerca de ese hombre.
-No te preocupes-
Le sonrió de una manera que hizo desaparecer su pesar, y le contagió de una forma que logró hacerle sonreír con júbilo. Pero dentro de SungMin se encontraba un asesino que saldría a flote en cualquier momento, uno que se escondía detrás de ese gesto inocente, y que usaba su corazón para disparar.
…
Las clases terminaron y un apresurado KiBum intentó salir corriendo del aula, pero Shin DongHee se lo impidió cuando se colocó en el marco de la puerta con sus brazos extendido.
-¡ShinDong!-
Kim lo miró molesto, pero conocía a su amigo, y sabía que no se quitaría hasta que lograra su cometido.
-Jura que no irás a trabajar hoy, y te dejo pasar-
El pelinegro negó con la cabeza.
-Es mi obligación ¡Yo quiero ir! ¡Además son solo insignificantes golpes!-
El gordito sonrió con nostalgia y se hizo a un lado.
-Cuídate, don terquedad, pero no digas que no te advertí-
Kim asintió completamente feliz para después irse corriendo, para a los pocos segundos perderse entre la concurrencia de estudiantes.
El chico de cabellos oscuros y gafas de aumento tomó material de su casillero y cuando estuvo a punto de salirse del Instituto, lo vio a él, una sonrisa surcó de sus labios y se apresuró a ir en su encuentro.
-¡Hyung!-
Se lanzó a los brazos abiertos de LeeTeuk.
-Perdóname Bummie, ¿¡Y qué rayos te pasó!?-
El menor asintió mientras le envolvía en un fuerte abrazo.
-Estaba pensando en ir a buscarte Hyung, te he extraño muchísimo-
El abrazo era confortable y la escena gratificante, pero aquel hermoso momento fue interrumpido cuando una ola de risas crueles se escuchó muy cerca de ellos, haciendo que ambos rompieran el contacto con rapidez.
-Mira DongHae, parece que tu mierda la recogen otros-
El chico popular de Universidad se paró y miró con recelo al de mejillas regordetas, desoyendo las burlescas palabras de sus seguidores.
-¿Quién jodidos son esos imbéciles?-
Un JungSoo furioso se dirigió al menor.
-No es nada, solo vámonos-
Y aunque KiBum rezó porque su Hyung le obedeciera, ya lo había supuesto el que éste caminara hasta ellos y se plantara con su pecho sobresaliendo y su mandíbula alzada.
-Les doy cinco segundos para que se disculpen y se vayan con la cola entre las patas, mocosos hijos de puta-
Su mirada se encontró con la gélida de Lee y sintiendo una extraña sensación de envidia, ante su notorio desafío, se volvió hacia Kim y pasó su brazo por sus hombros, emanando celos, posesión y protección al mismo tiempo.
-¿Escuchaste lo que dijo ese pringoso?-
-Vamos a darle su merecido-
Ese tipo de comentarios no se hicieron esperar, y sintiendo como el peligro avanzaba hacia ellos, KiBum tomó con fuerza la mano de su amigo y con sus ojos oscilantes le dio una señal que le suplicaba porque huyeran.
Por su parte, DongHae avanzó unos pasos mientras miraba con sus orbes como espigas a ese desconocido, a juzgar a simple vista, era demasiado desagradable, con unos pantalones rotos vistiéndole, acompañados de un camisón grisáceo que se cubría con una chamarra que le llegaba hasta los muslos, su cabello como trigo era tomado en una pequeña coleta y su rostro lucía como el de un drogata. Le calculaba unos veinte y tantos, suponía que fumaba cigarrillos debido al ligero amarillo en su dentadura, se aseguraba de que abundaba por las calles debido a su personalidad agresiva, sabía que se trataba de un hombre sufrible que había optado por el camino de cuidar de sus semejantes.
-Enserio Hyung, vámonos-
Vio como ese crío que hacía un rato le había dicho que le amaba ahora tomaba con tanta fuerza a ese otro sujeto, lo vio y sintió como un abrazador fuego quemaba su garganta, porque lo sospechaba, porque lo veía en esa expresión soberbia, que ese Hyung quería algo que ya había clasificado como su propiedad, y no solo lo quería, ya imaginaba que se trataba de sentimientos muchos más fuertes.
Cuando el par estuvo dispuesto a irse, Lee tomó un hombro del mayor haciendo que voltease para al segundo propinarle un avinagrado derechazo que lo hizo delirar.
-No sabes con quién te has metido, asqueroso guarro-
El castaño sonrió de lado, para después darse la vuelta y levantar su mano derecha, siendo el signo para su séquito de que atacaran.
KiBum ayudó a un rabioso LeeTeuk a reincorporarse, pero el tiempo que tuvieron para que se recuperara del impacto fue escaso, porque enseguida captaron el cómo una gran muchedumbre se lanzaba contra los dos, para comenzar a golpearles sin piedad.
Park regresaba los golpes, se deshacía de los agarres, empujaba a cualquiera que se le viniera encima, pero no se dejaba caer, porque más que preocupado por su propio bienestar, le interesaba evitar que le hicieran daño a su amigo, y para ello, él no podía rendirse.
DongHae ya estaba dispuesto a marcharse, pero esa incertidumbre en su pecho no lo dejó en paz, y con una rara curiosidad se giró en sus talones y decidió observar. Sus ojos se encontraron con una asombrosa escena conmovedora en dónde el vago cubría con su cuerpo a su compañero.
El de cabellos castaños lo comprendía, por qué ese hombre actuaba de esa forma.
-Estúpido Kim KiBum-
Dijo entre dientes, con el cólera abundando su mente.
-Basta-
Apenas se escuchó y todos pararon en seco, borraron sus bobas sonrisas y detuvieron sus movimientos.
KiBum abrió sus ojos húmedos, completamente impactado.
-¿Estás bien? ¿Te has lastimado?-
El mayor tomó su rostro entre sus adoloridas manos, y le miró con tanta ternura que lo hizo desconcertarse.
-E-estoy bien Hyung, el que está muy mal eres tú-
El de cabellos oscuros se levantó primero y dirigió su destruida mirada hacia esa persona que era el dueño de sus tormentos y de sus suspiros, aquel que se encontraba a un par de metros de ellos, con los brazos cruzados y con todos sus perros que le rodeaban con cohibimiento.
-¿Qué le sucede a ese bastardo? Que le encierren en un manicomio a ese demente-
LeeTeuk se pudo de pie con algo de dificultad.
-Vámonos- Fue su única respuesta.
Y temblando, sus fanales rezumaron lágrimas penosas.
-Bu-Bummie-
Cuando quiso abrazarle, consolarle, apoyarle, Lee se interpuso entre ellos luego de haber prácticamente corrido a toda velocidad.
-Tenemos que ir a trabajar- Y sin darle tiempo a nada, arrastró al chillante muchacho con él hasta su motocicleta.
El castaño le dio el casco con ansiedad mientras veía como sus amigos y JungSoo se acercaban presurosos.
-¡Rápido si no quieres ver sangrar a tu amiguito!-
Y sintiéndose amenazado por sus palabras le hizo caso y se subió con torpeza, colocándose el casco en el proceso.
-¡Sujétate!-
El menor colocó sus convulsivos brazos alrededor de su cintura, y él sintió una corriente eléctrica recorrer todo su cuerpo, los latidos retumbaron y su mente se subió a nebulosa.
-Di mi nombre-
-¿Qué?-
-¡Apúrate!-
-Do-DongHae-
Su voz de chuchillo dominó sus nervios, le ocasionó una sonrisa de fiesta, le produjo un misterioso amor del que no estaba consciente, uno que crecía por cada instante y que lo abundaría en un cortísimo instante, como un caliente aliento, como una agria carcajada, como una perfecta muerte.
Su motocicleta arrancó y fue llevada al rumbo del viento, justo cuando el gentío había llegado hasta ellos.
-¡Kim KiBum! ¿¡Que estás haciendo!?-
Kim escondió su angustioso rostro en la espalda de su secuestrador, con vergüenza.
Y así, desaparecieron en el horizonte, en el ruido de la locura, como un insignificante polvo de suciedad.
…
RyeWook miró como su jefe entraba a la oficina con una sonrisa de oreja a oreja que delataba su estado de ánimo demasiado alegre.
-¿Kyu?-
El pequeño doctor se acercó a él, y el mayor en cuanto se sintió observado, rápidamente recobró la compostura.
-¿Dónde están los demás?-
KyuHyun vio cómo su trabajador suspiraba con pesadez colocando una cara de lamento.
-El agente Choi y KangIn estuvieron a punto de molerse a golpes, no sé muy bien lo que pasó pero el Agente Choi dejó su carta de renuncia-
Cho suspiró pesadamente y se tiró sobre el sofá, deshaciendo en el acto del nudo de su corbata.
-Hoy llega el nuevo integrante ¿Cierto? –
Kim se sentó a su lado pasándole un vaso de agua y una aspirina.
-Sí, quería que Choi estuviera aquí, ¿Cómo los dos pueden ser tan obstinados? ¿Dónde está KangIn?-
Se expresó con molestia mientras tomaba su pastilla y daba un trago a su bebida.
-Bueno… está dormido en tu oficina-
KyuHyun se encendió al escuchar aquello, y con sus mejillas rojas de coraje aventó el vaso de vidrio lejos haciendo que se impactase contra alfombra, y con pasos decisivos caminó hasta su pieza personal.
-¡Grandísimo animal! ¡Mueve tu enorme trasero fuera de aquí!-
YoungWoon se despertó sobresaltado y rápidamente se levantó lleno de pavor.
-¡Jefe, tranquilícese! ¡Su santidad!-
A KyuHyun le valió un comino sus halagos y le sacó con patadas y golpes.
-¡Solo causando problemas y más problemas! ¿¡Que mierdas pasó con el agente Choi!?-
El corpulento formó una expresión ambigua en su rostro ante la pregunta ejercida.
-Solo discutimos, porque él no quería colaborar con lo de Henry-
-¿Y tú tienes mierda en el cerebro? ¿Por qué no ves lo obvio? ¡Henry Lau es un criminal que se hace pasar por agente heroico!-
El lugar se quedó en completo silencio, el ex miembro de las fuerzas especiales se quedó perplejo ante las palabras marcadas de su jefe, un terrible caos se formó en su mente y entró en una momentánea locura.
-Escucha, no planeaba que esto resultara así, pero debiste analizarlo minuciosamente-
-Jefe, a diferencia de usted y de Choi, yo soy una persona que cuida sus amistades y las valora, ¿Usted cree que yo me atrevería a desconfiar de alguien a quien llevo conociendo por años? Y no lo haré solo porque ustedes vengan a decirme sus estúpidas especulaciones de hombres traumados y desconfiados-
Con sus manos empuñadas y sus venas resaltadas, alzó su feroz mirada y demostró toda una determinación y seguridad en aquel gesto.
-Sí, puede que sea tú amigo y que confíes en él, pero no es el de SiWon, y él no puede confiar en Henry, así que deja de involucrar tus sentimientos personales con el trabajo y de arrastrar a tus compañeros contigo-
KyuHyun habló severamente, sin importarle el estado descontrolado de su empleado.
-Jefe, usted…-
Sus palabras fueron interrumpidas cuando la puerta se abrió y se mostró a un KiBum palidezco.
-Pensé que hoy no te pararías por aquí-
Cho se acercó con una pequeña sonrisita en su rostro.
Y cuando KangIn se tragó su orgullo, se relajó y forzó una tonta sonrisa estando dispuesto a mostrarle su mejor imagen a ese chiquillo, para ir a abrazarle con fuerza y despeinar sus cabellos, apareció él, un muchacho castaño y de mirada tan caliente como el fuego abrazador, de sonrisa engreída y vestimenta fina.
-Bu-bueno, él es DongHae-
El pelioscuro lo presentó encogiendo sus brazos, y enseguida observó las expresiones notoriamente disgustadas de los dos mayores.
-Soy Kim RyeWook, un placer- Fue el primero en reaccionar y acercarse extendiéndole la mano, la cual fue estrechada de inmediato.
-Igualmente-
Su tono de voz fue como siempre, altanero, con burla, sarcástico, molesto.
-Bueno, te doy la bienvenida a nombre de todos, yo me encargaré de que mientras trabajes bajo mis órdenes, te sientas cómodo y protegido-
-¿Cómodo y protegido? ¿De qué manera lograrás eso?-
Una fuerte e inusual rivalidad se formó entre los dos, Lee se mantenía mirándole jactancioso, y Cho le respondía con sequedad.
-¿Para qué saberlo? Con que lo cumpla es más que suficiente, lo demás no te importa-
-Eres más impetuoso y agrio de lo que imaginaba, te recuerdo que las primeras impresiones son las más importantes, y si no te ganas el respeto de tus menores desde un principio, no lo obtendrás nunca-
-Lo mismo digo para ti, si te muestras como una persona fanfarrona desde un principio, créeme cuando te digo que me encargaré de ponerte extremas limitaciones, de hacerte el trabajo muy pesado y de volverme en un hombre mucho más impetuoso y agrio que no podrás soportar-
-Veamos quien es incapaz de soportar a quien-
El asunto se quedó ahí, porque el jefe no pronunció más palabras, porque el castaño se dio media vuelta y sacó su cajetilla de cigarros para fumárselos en la esquina. Y nadie se atrevía a actuar, KangIn simplemente se tiró sobre el sofá y exhaló profundo, RyeWook se sentó sobre una silla con una incomodidad intercalada en su ánimo, y KiBum sonrió nervioso tratando de planear su próxima acción.
-¿Y dónde está el agente Choi?-
Preguntó deliberadamente, haciendo que la tensión fuera incluso más.
-Renunció esta tarde-
YoungWoon respondió despreocupado mientras se miraba las uñas.
-¿Es enserio?-
El pequeño Kim miró a KyuHyun quien suspiró sin decir nada, y se sorprendió, se preocupó, y se asustó. Sus esperanzas, su fe, todo estaba puesto en ese hombre perspicaz y audaz que había conocido el otro día, porque confiaba en esa mirada negruzca, en esas palabras seguras y en ese hombre de porte seguro y mente impenetrable.
-Claro, es una jodida mierda-
DongHae musitó, y solo él pudo escucharlo. Y lo vio, con sus ojos turbios y sus cejas fruncidas, mordisqueaba su tabaco con desespero y el fuego de su encendedor no aparecía por más que sus revolucionadas manos trataban de hacerlo posible.
-¿DongHae?-
Se acercó y colocó una de sus manos sobre su hombro, le vio con extrañeza y el otro reaccionó.
-Me siento usado, humillado, aplastado-
Le susurró al oído y pasó sus ardientes manos chamuscadas por su cuello, acariciando las hebras como noche de su cabello.
-¿De qué hablas?-
KiBum se mostró confuso y quiso apartarse, pero aquella persona le tomó con fuerza y hundió su rostro en su pecho.
-Por mí mismo, me he degradado yo mismo, me he despreciado y ofendido-
Lee sonrió con paranoia, apretó y pellizco la piel de ese cuello blanquecino, mordió sus labios bárbaramente, parpadeó con excentricidad y se mostró vulnerable ante ese chicuelo de fanales absurdos, esos que no hacían más que ver como se revolcaba entre su propia mierda.
Continuará.
